Don Adolfo Sánchez Vázquez
La Crónica de Hoy, 22 de agosto de 2000
Don Adolfo Sánchez Vázquez cumplió 85 años el pasado 17 de septiembre. Con ese motivo el gobierno de la Ciudad de México lo designó “Maestro distinguido” en una ceremonia que se realizó antier.
Don Adolfo es uno de los profesores más queridos en la Universidad Nacional y sus libros de filosofía son lectura necesaria en instituciones de México y el mundo. Nació en Algeciras en 1915 y llegó a nuestro país a los 24 años, exiliado a causa del franquismo en España. Había militado en las juventudes socialistas y después de una misión de guerra que lo llevó a cruzar la frontera francesa ya no pudo regresar a su patria. Fue parte del primer grupo de refugiados españoles que vino a nuestro país en el barco “Sinaia”, gracias a la invitación del general Lázaro Cárdenas.
Sánchez Vázquez había estudiado filosofía en la Universidad Central de Madrid. Encontró empleo como profesor en la Escuela Normal de Morelia en donde estuvo tres años. Luego estuvo a cargo de una de las casas para niños del exilio español en la ciudad de México y más tarde se dedicó a traducir libros del inglés y el ruso. Incluso llegó a escribir un par de novelas a partir de los guiones de las películas Gilda que estelarizaba Rita Hayworth y Kismet de Marlene Dietrich (según relató hace cinco años a los investigadores Paloma Ulacia y James Valender).
En la UNAM, el entonces joven Sánchez Vázquez hizo la carrera de Letras y allí se encontró con otros intelectuales de la migración española. Así comenzó la tarea de reflexión que cristalizaría más tarde en obras como Filosofía de la praxis, Las ideas estéticas de Marx, Ética y su antología Estética y marxismo, publicadas en la década de los años sesenta.
Todos esos libros parten de una reivindicación crítica del marxismo y del trabajo humano, al que el doctor Sánchez Vázquez entiende como actividad creadora y libre. Frente a la estética sustentada en el culto a la personalidad que dominó en Europa del Este, ese filósofo avecindado en México defendió la creatividad y la diversidad de enfoques y formas de expresión muy diversos. El realismo no sería el único criterio para definir o valorar una obra de arte, según el enfoque de Sánchez Vázquez.
Esa concepción de la estética y su propia militancia política en el Partido Comunista Español –en el que participó desde el exilio– condujo a Sánchez Vázquez a una actitud cada vez más crítica, desde la izquierda, a los regímenes del llamado realismo socialista. La disidencia respecto de las vías únicas y la discrepancia con posiciones que en la izquierda comunista eran tomadas como doctrina indiscutible, fueron llevándolo a posiciones heterodoxas. Sin dejar sus principios, fue pionero en el cuestionamiento al gobierno de la URSS y sus satélites.
Apoyado en esas convicciones simpatizó con la revolución cubana. “Mientras en Moscú se encarcelaba a cualquier pintor abstracto que intentara exponer sus cuadros, argumentando que el abstraccionismo iba en contra de los principios del ‘realismo socialista’, en Cuba los pintores abstractos trabajaban con libertad” dice en la mencionada entrevista, recogida en su libro Del exilio en México. Recuerdos y reflexiones (Grijalbo, 1997).
En su ensayo “Vida y filosofía” escrito en 1985 y reproducido en el mismo libro, Sánchez Vázquez hace un descanso en su camino intelectual y político para emprender el siguiente balance: “Muchas verdades se han venido a tierra; ciertos objetivos no han resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y, sin embargo, hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo –vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas– sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo –no obstante lo que en él haya de criticarse o abandonarse– sigue siendo la teoría más fecunda para quienes están convencidos de la necesidad de transformar al mundo en el que se genera hoy como ayer no sólo la explotación y la opresión de los hombres y los pueblos, sino también un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. Y aunque en el camino para transformar ese mundo presente hay retrocesos, obstáculos y sufrimientos que, en nuestros años juveniles, no sospechábamos, nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra juventud, hemos anhelado”.
Un fragmento de esas meditaciones fue citado por Sánchez Vázquez el miércoles pasado, en su discurso al recibir el pergamino y la medalla “Maestro Distinguido de la Ciudad de México”. El filósofo mencionó al exilio español, a la Universidad Nacional y al pensamiento marxista como elementos definitorios en su contexto intelectual y vital. También reivindicó a la izquierda como una forma de hacer política a partir de principios morales.
Es posible preguntarnos si el gobierno del DF, que le entregó ese reconocimiento, atiende a la política con ética por la que tanto ha pugnado Adolfo Sánchez Vázquez. Pero sin duda la distinción que le otorgaron enaltece a la ciudad de México al reconocer a uno de sus habitantes más honorables.
