Sociedad y poder

Carlos Hank González

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La Crónica de Hoy, 12 de agosto de 2001

“¿Por qué te atacan tanto?” le preguntó Fernando Benítez a Carlos Hank González.

-“No lo sé, tal vez porque no me conocen o por mala fe; o quizá porque ese es el precio que se paga por el éxito”, respondió el profesor que siempre se ufanó de haber nacido pobre y que hace algunos años, según la revista Forbes, tenía una fortuna de mil 300 millones de dólares.

Aquella respuesta al ahora también fallecido escritor describía con toda transparencia la imagen que intentó propiciar de sí mismo el ex gobernador del Estado de México.

Político indudablemente exitoso si los laureles en la actividad política han de medirse según las posiciones de influencia y poder que se alcancen, Carlos Hank González tuvo, en esos triunfos, también su principal fracaso.

Ejerció el poder, de manera formal lo mismo que a través de otros, como muy pocos mexicanos en el último medio siglo. No solo fue destacadísimo miembro de la clase política priista sino además patriarca de uno de sus grupos más destacados. Intervino, a veces de manera decisiva, en la designación de presidentes municipales, diputados, senadores, e incluso en el triunfo de varios presidentes de la República. En el terreno económico amasó una fortuna que se cuenta entre las mayores en este país.

Sin embargo Hank González nunca consiguió tener una fama pública respetada por la sociedad, o al menos por importantes sectores de ella.

 

Imputaciones

Sobre Carlos Hank González pesaron acusaciones de corrupción, negocios turbios e incluso complicidad en célebres casos criminales. En honor a la verdad hay que advertir que ninguno de esos cargos ha podido ser probado. Las hemerotecas y la Internet están repletas de imputaciones de esa índole, pero al menos en vida al ayer fallecido patriarca del Grupo Atlacomulco esos cargos nunca se los comprobaron fehacientemente.

No obstante en la trayectoria de Hank se entrecruzan su afición por la acumulación financiera y la presunción de tráficos de influencia. El así lo advertía en aquella conversación con Fernando Benítez que forma parte de una larga entrevista que el escritor publicó hace un par de años.

Hank quiso explicar ese dudoso prestigio suyo asegurando que se debía a la maledicencia delante de su éxito.

Pero a menudo intentó moldear otra imagen de sí mismo. El generoso patrocinio que dispensaba a artistas y escritores, lo mismo que a políticos y otros personajes, era parte de su actividad político-empresarial.

Sabía –dicen– ser buen amigo de sus amigos. Demasiado generoso en ocasiones, a ese personaje que falleció ayer sábado a los 73 años le gustaba que su esplendidez se la retribuyeran con adhesiones e incondicionalidades.

 

Política y negocios

Política y dinero hacen una mezcla explosiva. Por eso uno de los principios de cualquier sistema político civilizado consiste en establecer separaciones entre una y otro.

A pesar de sus defectos y autoritarismos, el sistema político mexicano tuvo durante largo tiempo la virtud de deslindar las atribuciones de los hombres de negocios y de los políticos. Era impensable que un empresario llegase a secretario de Estado y menos aun que pudiera ocupar una responsabilidad mayor.

La política y los negocios estaban separados por pragmatismo y necesidad, aunque quienes ocupaban posiciones en uno y otro de esos campos tuviesen tratos intensos e incluso complicidades ilícitas.

Pero las formas se mantenían. Los políticos no se metían de empresarios ni viceversa.

La gran excepción a esa costumbre fue Carlos Hank González.

Su capacidad para articular redes de poder regionales y más tarde nacionales le permitió nutrir el crecimiento de sus negocios. Pero además, el poder que consolidó lo hizo necesario para los políticos más importantes durante casi tres décadas.

De alguna manera Hank fue precursor de los tiempos actuales cuando se ha perdido completamente la antaño sutil distancia entre empresarios y políticos.

 

A pesar suyo

Hank González aseguraba que cuando quiso dejar de ser empresario se lo impidió el presidente de la República.

El periodista Arturo Cano glosó un fragmento del libro de Fernando Benítez en La Jornada del 26 junio de 1999. Allí se cuenta que Hank:

“En enero de 1977 le informa al presidente José López Portillo que va a vender sus empresas. López Portillo le pide que no se las venda ‘a Monterrey’, sino al gobierno, y encarga el asunto a José Andrés de Oteyza, quien tiempo después se reúne con Hank: ‘Carlos, como sabes ya terminaron los avalúos, pero te traigo un recado del presidente: te pide que no vendas este grupo; él cree que hay que multiplicar este tipo de grupos’.

“Hank trata el asunto nuevamente con el presidente: ‘Don Carlos ­dijo López Portillo­, yo le pido que no venda su grupo de empresas, al contrario, hay que fomentar grupos empresariales… No lo venda, déjelo en manos de su hijo. Y aprovecho para decirle: no quiero que se deshaga de sus empresas por razones políticas. Se lo digo con toda honestidad: no voy a reformar el artículo 82 constitucional’.

“Hank le pidió a López Portillo que lo declarara públicamente: ‘Yo voy a hacer obras importantes y resolver problemas de peso en la ciudad de México. Los que aspiran a la Presidencia se pueden encelar de mí; entonces, es mejor que sepan que yo no puedo ser presidente”.

 

Imperio empresarial

La fama de Hank no es solamente la que él se quiso crear. Las conjeturas sobre sus abusos de poder crearon una leyenda cuyos aspectos reales aún están por dilucidarse.

Más allá de las presunciones, en la biografía del ex alcalde, ex diputado, ex gobernador, ex regente, ex secretario de Estado en varias ocasiones, hay datos suficientes para reconocer el sitio clave que ocupó en la manufactura de las decisiones claves en este país durante muchos años.

Es difícil encontrar recuentos articulados de la trayectoria de “el profesor”. En la prensa mexicana abundan declaraciones suyas y ocasionalmente alguna entrevista. Hay, desde luego, numerosos juicios, en todos los tonos, acerca de él.

También en medios del extranjero la personalidad de Hank despertó interés, casi siempre crítico.

Un intenso retrato de Hank lo hizo la periodista Julia Reynolds en la edición verano / otoño de 1999 de la revista El Andar que se publica en Santa Cruz, California en el reportaje “La pandilla del TLC” (The NAFTA gang):

“De 71 años, Carlos Hank González es el legendario self-made man, a pesar de que él mismo sabe que ningún hombre triunfa por sí solo. Hijo de padre alemán y madre mexicana, Hank comenzó su carrera como maestro de escuela. Es difícil entender su transformación de maestro que vendía dulces para complementar su salario a Don Carlos, uno de los hombres más poderosos de México, alguien quien se dice ha elegido presidentes.

“Hank cambió sus pequeños negocios por negocios más grandes, todo mientras añadía nombres a su catálogo de contactos políticos. Ha servido como gobernador del estado de México, como congresista, secretario de agricultura y de turismo, y regente del Distrito Federal. Hank ha fundado un imperio empresarial de compañías banqueras y transportistas, incluyendo la aerolínea Taesa, la cual él fundó…

“Al profesor se le corteja como al líder de los dinosaurios del PRI, el partido en poder. Hank amasó gran influencia en los últimos años de la década de los 80s y los primeros años de los 90s al lado del presidente Carlos Salinas de Gortari. Es difícil decir quien ayudó a quien a llegar al poder: Salinas claramente contribuyó para que Hank amasara su fortuna y su poder, pero se dice que Hank eligió a Salinas para el puesto…

“El año pasado, el grupo Geopolitical Drug Watch basado en Paris reportó que Carlos Hank González es ‘intocable y probablemente continuará en la misma posición en los Estados Unidos y México’.

“ ‘La gratitud que genera es increíble’ , declaró el legislador Adolfo Aguilar Zinser a la revista Insight después de investigar a los Hank. Gratitud tal vez sea la clave de la impunidad que gozan Hank y sus hijos. Es la moneda con la que negocian. Y si no existe agradecimiento, siempre se puede cambiar por miedo”.

Ganar el poder

Inteligente y encantador según aseguran muchos de quienes los conocieron, Hank González entendía el valor del dinero pero también la presencia pública desfavorable de personajes como él. En la extensa auto apología que le dictó a don Fernando Benítez explicaba:

“Si creen que es cierto eso de que los políticos son malas personas, que roban y matan, ustedes suponen que un día van a llamar a los hombres buenos y puros y les van a decir: ‘aquí tienen el poder’. ¡No! ¡El poder hay que ganarlo! Y hay dos maneras de ganarlo: una es peleando por él y la otra es con habilidad. En 1999 México no está para hacer revoluciones. Entonces hay que hacerlo con habilidad”.

Hank era hábil. Sabía seducir a aquellos cuya adhesión le interesaba cultivar.

En ese mismo libro considera:

“Mis amigos opinan que soy muy generoso… porque son mis amigos. Será porque jamás he amado el dinero; siempre pensé en ganar dinero y ya has visto que desde niño hice negocitos, y ya después negocios y más tarde negociotes. No amo el dinero, pero me gusta vivir bien, y vivir bien cuesta dinero. A mí no me pesa desprenderme ni de dinero ni de las cosas. Entonces, si puedo obsequiar a alguien, lo hago con mucho gusto”.

 

Agradecimientos

Abundan los testimonios de gratitud hacia gestos que Hank tuvo con sus amigos.

En sus memorias anunciadas en agosto de 1997 el ex gobernador de Yucatán, Víctor Manzanilla Schaffer, recuerda:

“Yo le estoy agradecido al Prof. Hank González por un rasgo de verdadera amistad que tuvo para conmigo. A mi regreso de Yucatán me preguntó que si me había hecho una revisión médica completa, a lo que respondí negativamente. Me expresó que era patrocinador de la Clínica La Joya, en California, y que debía hacerlo, pues periódicamente era conveniente conocer el estado de salud. Me envió junto con quien había sido mi director de protocolo en el gobierno del estado para acompañarme. Se realizó el chequeo médico del cual salí, de acuerdo con los resultados, muy bien. ¡Cómo le agradezco a Hank González este gesto amistoso y su preocupación por mi salud!”.

En Excélsior del 13 de febrero de 1999 el escritor Carlo Coccioli refiere:

“Hace muchos muchos años, un día en la calle de Vallarta el director de la revista Siempre!, José Pagés, me dijo: ‘A usted le falta, Carlo, conocer a quien es quizá el más extraordinario hombre de México: Hank González’. Fueron pasando meses o años, no sé, pero un día el entonces regente Hank González me dio la impresión de que mataba árboles por sus ‘ejes viales’. Se lo reproché en un artículo. El me buscó para que fuera a tomar un café en su oficina. Café no tomamos, pero sí hablamos. Salí de allí convencido de que no sólo no mataba árboles, sino que los sembraba. Y convencido de muchas cosas más.

“Pasaron, ahora sí, años, y un día se me cayó el mundo encima. Se me diagnosticó un cáncer. En mi desamparo sentí necesidad de una mano amiga y fuerte. Lo busqué a él, Carlos Hank González en la Secretaría de Agricultura no lejos de mi casa. Me recibió inmediatamente… y casi, con una sonrisa solar, se adueñó de mí. Al día siguiente salí para Texas: él lo había organizado todo. Fui operado… Al atardecer me llamaba él personalmente a esa choza tejana; y hablaba. Insuflaba en mí optimismo, valor, gentileza, inteligencia; me volvía a dar todo lo que en mí la enfermedad había debilitado. Ahora no lo veo casi nunca, pero es como si lo viera siempre. Para mí es realmente el ‘gran hombre’ de México, ¡que Dios siga haciéndolo prosperar como una aún joven sólida palmera, para el bien de todos!”.

Extendidas sospechas

En su reciente libro Ojos vendados. Estados Unidos y el negocio de la corrupción en América Latina el periodista Andrés Oppenheimer menciona a la familia Hank entre los grupos que han sido acusados de tener manejos ilícitos a través de instituciones financieras como el Citibank.

“¿Cómo podía ser que un hombre que había nacido pobre, que había empezado a trabajar como maestro de escuela primaria en el campo, que nunca había recibido una herencia y que había transcurrido la mayor parte de su vida adulta en el gobierno lograra amasar una fortuna de 1 300 millones de dólares? se preguntaban en voz alta los opositores del gobierno mexicano. La sospecha generalizada era que, como muchos otros políticos mexicanos, Hank González se había enriquecido a costa de contratos estatales y tráfico de influencias. También en Washington D.C. había serias dudas sobre la legitimidad de la fortuna de Hank González. Cuando le pregunté a un alto funcionario del Departamento de Estado en Washington D.C. qué pensaba de Hank González, me señaló que el salario oficial del ex gobernador del Estado de México nunca había superado los 80 000 dólares. ‘Hank se ha convertido en el símbolo de todos los problemas de México’, fue su comentario”.

Hombre de una frase

Hank fue político, antes que nada. Se hizo empresario a consecuencia de la política y no al revés.

En muchas ocasiones dijo que para él los negocios eran una forma de respaldar su capacidad para hacer política.

De allí la brutal y soez pero tremendamente descarnada frase con la que describió la relación de necesidad entre la política y el dinero.

Hank dejó que esa frase corriera y que a él mismo se le conociese por aquella sentencia.

Más aun, fue la personificación de su propio apotegma.

Hizo una enorme fortuna que le permitió seguir haciendo política.

Pero nunca resolvió la distancia que era pertinente establecer entre los negocios, y la gestión pública.

Su trayecto de profesor pobre a político adinerado estuvo sembrado de audacias y oportunidades. Al magisterio lo dejó muy joven cuando a los 28 años, en 1955, fue presidente municipal de Toluca. Desde entonces transcurrió cuatro décadas en diversas posiciones en la administración pública.

Al mismo tiempo hizo negocios. Su riqueza aumentó de manera paralela a su ascensión por distintas posiciones en el Estado de México y el gobierno federal.

Nunca separó los campos de la política y de los negocios.

Al contrario, hizo de ambas actividades un proyecto complementario que tenía por propósito fundamental la construcción de redes de influencia y dominio para alcanzar un más eficaz y prominente ejercicio del poder.

A Carlos Hank la política le sirvió para acumular dinero y no al revés, como postulaba en su autojustificatorio aforismo.

“Un político pobre es un pobre político”.

Hank sostenía que el dinero era un recurso para hacer política. Pero su conducta personal desmintió su frase más famosa.

Para Carlos Hank González la política fue un recurso para hacer dinero.

Política y dinero, le permitieron acumular poder.

El mismo, en su desfachatada frase, expresaba los temores que debió haber padecido cuando joven.

Si no hubiera tenido tanto dinero, habría sido un pobre político.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 11, 2005 at 1:35 am

Publicado en PRI

2 comentarios

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  1. siempre se habla y se escribe de jorge hank rohn y de sus hermanos y hermanas que, donde estasn a que se dedican que ya no hay mas familia?, porque solo hablar de uno si hay varios

    felix

    octubre 4, 2007 at 5:24 am

  2. ME HUBIERA ADOPTADO EL PROFE…

    luis ortiz ramirez

    enero 14, 2011 at 7:06 pm


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