Sociedad y poder

Dos discursos en el PAN

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La Crónica, 12 de marzo de 2002

Únicamente la traslación al plano político de rencillas que no han podido resolverse en el terreno personal y la estrecha visión que muchos panistas aun tienen de su partido explican la cerrada votación que el sábado favoreció a Luis Felipe Bravo Mena para reelegirse como presidente nacional del PAN frente a la postulación de Carlos Medina Plascencia.

   En cualquier partido del mundo se hubiera premiado sin duda la gestión de la dirigencia que lo encabezó hasta obtener el mayor triunfo político de su historia. Sin embargo parecía que muchos panistas no reconocían méritos sino defectos en Bravo Mena, que dirigió a esa organización en la fase de mayor crecimiento orgánico y cosecha electorales que haya tenido en sus casi 63 años. La autonomía sin rupturas que supo darle al PAN delante del gobierno de Vicente Fox fue vista como equivocación y el retroceso que ese partido ha tenido en algunos comicios locales le fue atribuido, por distintos segmentos de sus militantes, a la dirección del partido y no al gobierno federal.

   Para oponerse a Bravo Mena un grupo muy destacado de funcionarios y legisladores panistas apoyó a Medina Plascencia. El libre juego que se dio entre ellos, sin línea explícita del presidente, indica un comportamiento saludable para el PAN y el país. La votación a cargo de los miembros del Consejo Nacional de ese partido fue muy cerrada y se resolvió en orden y civilidad.

   Después de los votos, quedan las propuestas de ambos candidatos. Entre las alocuciones de Medina y Bravo frente a sus compañeros consejeros hay una distancia enorme.

   El discurso de Carlos Medina fue ampuloso, anclándose en la tradición panista con citas a costa del fundador de ese partido, Manuel Gómez Morín y sin relación con los problemas actuales del PAN y el país. Por ejemplo:

   “En el presente para el futuro, con la tan anhelada conquista del poder, después de someternos al más indignante de los abusos, el del silencio forzado, debemos entonces acudir a la cita como personas; debemos, como partido, acudir ya a la cita con la historia”.

   Se necesita algo de cara dura para decirles a los dirigentes de un partido que si por algo se ha singularizado es por su capacidad de denuncia, que han estado silenciados. O para decirle al  partido que ganó la votación de julio de 2000 que ya es tiempo de hacer historia.

   Medina apostó a la retórica y se enredó en ella. Llegó a decir que no se conforma “sólo con la política, que es academia” (sic). Sus propuestas carecieron de horizonte: “la defensa de nuestro partido, de nuestros principios… la no claudicación…”.

   El de Luis Felipe Bravo Mena fue, en cambio, un mensaje político pensado para su partido pero en el contexto del país actual. Después del imprescindible recuerdo de Gómez Morín, sin cuyas frases los panistas estarían desamparados a la hora de hacer sus discursos, precisó tres coordenadas en su análisis: “revalorizar la política, consolidar el sistema democrático y fortalecer la cultura democrática”.

   En la descripción de esos ejes Bravo Mena ofreció un tono autocrítico: “hemos de reconocer que en nuestro país, como en el resto del mundo, el sentido de la política tiende a degradarse. El aprecio social por la política, los políticos, los gobernantes y los partidos es bajo y provoca el sentimiento de que la política es prescindible por inútil”.

   A nombre del PAN y asumiendo que ese partido y el gobierno tienen los mismos interlocutores Bravo Mena ofreció: “Queremos la eliminación de los desgarramientos y confrontaciones innecesarias en la búsqueda de las soluciones a los problemas del país.
Pero aquello no significa admitir un trueque de diálogo por impunidad, ni tolerancia con la regresión autoritaria que se está dando en varios estados de la República, en franca perversión del federalismo”.

   Luego esbozó “cuatro ejes estratégicos” en el quehacer de su partido: definir para el PAN y el gobierno un plan político conjunto, el “impulso a la vertebración democrática de la sociedad”, la “expansión de la capacidad política del partido” y la construcción de un nuevo discurso político: “Muchas cosas han cambiado en México y en el mundo. Nuestro partido requiere de poner al día sus tesis doctrinales y programáticas para orientar con una nueva tonalidad la acción del panismo. Es primordial elevar el debate político con tesis y posiciones que superen trivialidades y cuestiones insustanciales y así contribuir también a la revitalización de la política”.

   A Bravo Mena se le pueden cuestionar muchas de sus declaraciones y decisiones de ayer y ahora. Pero en las alocuciones del sábado la suya destacó en su búsqueda de un horizonte político más allá de las menudencias internas de su partido. Finalmente, como se sabe, Bravo fue reelecto como presidente nacional por 152 a 124 votos. Pero todavía hoy sorprende que tantos y tan destacados panistas hayan avalado a la otra opción.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 12, 2005 at 12:23 am

Publicado en PAN

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