Sociedad y poder

Drama, tragedia, sainete

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La Crónica, 15 de septiembre de 2002

A veces parecería que el teatro puede ayudar a entender la realidad. La retahíla de trompicones, desencuentros e intimidaciones entre distintas fuerzas y personajes que hemos presenciado en los días recientes quizá tienen más aspecto de representación dramática que de acontecimientos políticos.

   Por eso es pertinente establecer a qué género teatral podrían ser adscritos esos relevantes sucesos de la semana que ha terminado.

   Comedia es una: “Obra dramática, teatral o cinematográfica, en cuya acción predominan los aspectos placenteros, festivos o humorísticos y cuyo desenlace suele ser feliz”.

   El diccionario añade esta definición: “Suceso de la vida real, capaz de interesar y de mover a risa. Farsa o fingimiento”.

   Así que no resulta muy escrupuloso llamar comedia a la decisión del PRI para defender a toda costa a los desprestigiados líderes petroleros o a las acusaciones hasta ahora sin sustento claro que el gobierno les hace.

   Cualquiera que sea, el resultado de todo ese asunto no resultará venturoso para el país. Si las imputaciones del gobierno prosperan y el sistema judicial las reconoce como válidas, será a costa de un desgaste de muchos meses para el sistema político. Al final, las sanciones quizá resulten muy leves en comparación con las expectativas que se habrán levantado alrededor del que algunos han llamado Pemexgate. 

  

Improbable farsa

   La decisión del gobierno para enfrentar de esa manera al principal partido de oposición tendría que haber estado respaldada por una impecable averiguación policiaca que luego se tradujera en un sólido expediente judicial.

   Hasta ahora lo que se ha visto es una indagación salpicada de irregularidades, entre ellas la indebida publicidad que recibió cuando todavía no ofrecía conclusiones.

   El gobierno federal se queja de la politización que ha recibido ese asunto pero quienes lo identificaron como un tema de índole política fueron, antes que nadie, importantes funcionarios de la actual administración, comenzando por el presidente Vicente Fox.

   Así que no parece que a ese y otros litigios recientes se les pueda calificar como farsa, la cual se define así:

   “Pieza cómica, breve por lo común, y sin más objeto que hacer reír”. Y también: “Enredo, trama o tramoya para aparentar o engañar”.

   Como cortina de humo el llamado Pemexgate ya estaría resultando más oneroso que cualquier asunto que pretendiera desplazar de la atención pública.

   Y aunque algunas de sus consecuencias anecdóticas susciten sonrisas, la pena que también provocan es mucho mayor.

 

Dramáticos errores

   El miércoles por la noche la PGR presentó ante la Cámara de Diputados la solicitud de desafuero de tres dirigentes del sindicato petrolero que además, son legisladores. Esa medida era esperada desde varios días antes gracias a las filtraciones que la anticiparon, con una consiguiente e intensa expectación mediática.

   Si no se quería que ese trámite fuese entendido como una medida de promoción política del gobierno, entonces esa búsqueda de reflectores era innecesaria.

   Pero la denuncia contra el diputado federal Antonio Romero Deschamps, el senador Ricardo Aldana Prieto y el diputado del Congreso de Tamaulipas Jesús Olvera Méndez, fue presentada en un momento peculiarmente propicio para que tuviese intensas consecuencias políticas.

   Unas horas más tarde estaba programada la comparecencia del secretario de Gobernación, precisamente, ante la Cámara de Diputados.

   Solo con una perspectiva muy estrecha o con un gran desconocimiento del panorama político se pudo haber pensado que la solicitud de desafuero no afectaría la presentación del secretario Santiago Creel.

   Al titular de Gobernación se le considera uno de los miembros del equipo gobernante que más interés ha demostrado en la construcción de puentes con todas las fuerzas políticas. Esa es su obligación institucional, pero además la ha mantenido como divisa de su actitud personal en la escabrosa situación política del México actual.

   Sin embargo los propósitos no son suficientes. La descortesía que el secretario Creel padeció el miércoles en el Palacio Legislativo confirma el enorme trecho que hay entre los dichos y los hechos políticos, así como la dificultad que ese personaje experimenta para traducir sus declaraciones, en logros.

   La política, además de proyecto y propuestas es, en primer lugar, una constante labor de persuasión, conciliaciones, diálogo. A juzgar por los resultados nada de eso existió en los preparativos para la comparecencia del secretario Creel.

   Y si eso le sucede al titular de Gobernación en su propia presentación ante la Cámara de Diputados, no es descabellado abrigar temores sobre la ausencia de oficio político en la atención de otros asuntos públicos.

   Además de insuficiencias en la búsqueda de acuerdos con los diputados, el episodio del miércoles revela ausencia de acuerdos dentro del gobierno mismo en la aplicación de las decisiones políticas.

   Ir a tocar la ventanilla de la oficialía de partes de San Lázaro el martes por la noche para denunciar a varios legisladores del PRI y presentarse horas más tarde en la tribuna del salón de sesiones parece una operación política algo esquizofrénica –o por lo menos bastante extraña– por parte del gobierno federal.

   Ni comedia ni farsa: ese episodio y hasta donde puede esperarse los que seguirán en las semanas próximas tienen mucho de drama, al cual se le caracteriza como:

    “Obra de teatro o de cine en que prevalecen acciones y situaciones tensas y pasiones conflictivas”.

   Drama también es: “Suceso de la vida real, capaz de interesar y conmover vivamente”.

 

Conductas trágicas

   Por lo pronto ese incidente ha tenido repercusiones más desfavorables para el PRI que para el titular de Gobernación. El desaire que le hicieron los diputados de ese partido fue expresión de la política primitiva que sigue definiendo muchas reacciones y decisiones entre los priistas. Se trató de una actitud incompatible con las responsabilidades del Congreso que está obligado a parlamentar, no a dar la espalda a sus interlocutores institucionales.

   Algunas versiones indican que el abandono del salón de sesiones había sido discutido por los diputados priistas y sus dirigentes y que tal medida fue expresamente descartada porque se prevenían las desfavorables consecuencias públicas que tendría para ese partido. Si así fue, entonces la situación del PRI es peor a la que se ha podido apreciar en estos días. Un partido en donde las decisiones no se cumplen y los dirigentes no tienen capacidad de convencer a sus legisladores, es una organización de discutible eficacia política.

   Al salirse del salón de sesiones dejando sin audiencia ni quórum al secretario de Gobernación los diputados del PRI cometieron una explícita desatención. Pero sobre todo al defender a los líderes petroleros con ese gesto, que es propio de las desavenencias extremas en los litigios parlamentarios, esos legisladores antepusieron la reivindicación de privilegios clientelares y corporativos por encima de la aplicación de la justicia.

   El panorama dentro del PRI es demasiado grave para suponer que es fársico y su capacidad de riesgo supera los alcances del drama. Todo parece indicar que se le puede describir como trágico.

  Tragedia, de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española, es: “Obra dramática cuya acción presenta conflictos de apariencia fatal que mueven a compasión y espanto, con el fin de purificar estas pasiones en el espectador y llevarle a considerar el enigma del destino humano, y en la cual la pugna entre libertad y necesidad termina generalmente en un desenlace funesto”.

   ¿Tendrá la situación en el PRI esa capacidad catártica y reparadora? Si así fuese habría que pensar que no hay crisis que por bien no venga. Pero determinaciones como las que ha tomado ese partido en los días recientes, en acrítica defensa del sindicalismo descompuesto que padecen los trabajadores petroleros –igual que el que existe entre los trabajadores del gobierno del Distrito Federal, a cuyos líderes también ha reivindicado el PRI– indican que más que purificación lo que existe es una involución hacia la vieja y sucia política del clientelismo y el tráfico de influencias.

   Y no solo en el PRI hay comportamientos trágicos. La comparecencia del miércoles fue expresamente desairada por los diputados priistas, pero sus colegas del PAN tampoco se esmeraron para mantener el quórum en el Palacio Legislativo. Si fue simple descuido de sus dirigentes parlamentarios que no previeron la necesidad de contar con todos los legisladores atendiendo a la presencia del secretario de Gobernación –y además correligionario suyo– se trató de un vistoso descuido. Si la fuga de los diputados panistas no fue casual y estuvo relacionada con desacuerdos dentro de ese partido entonces la situación es peor.

   En todo caso el comportamiento trágico no es monopolio del PRI. Parece extenderse a todo el sistema político.

 

Colorido sainete

   En otras circunstancias el grosero desencuentro y luego el inverosímil abrazo del ahora subsecretario de Relaciones Exteriores y el embajador en Cuba, habrían sido simplemente deplorables y ridículos. Pero en un panorama político determinado por repetidos desaciertos y en una secretaría tan intencionalmente expuesta a la atención de la sociedad y los medios como ha sido la de Relaciones Exteriores, ese incidente ha tenido señaladas repercusiones.

   En un servicio exterior determinado por las normas de respeto y civilidad más elementales, las expresiones que el señor Mauricio Toussaint le dirigió al embajador Ricardo Pascoe tendrían que haber ocasionado su destitución inmediata.

   En ningún ministerio se debería disculpar una expresión grosera contra ningún funcionario público. Pero mucho menos en el de Relaciones Exteriores y en contra de un funcionario cuya designación ha sido dispuesta por el presidente de la República y ratificada por la Cámara de Senadores.

   Al insultar a Pascoe, Toussaint descalificó al titular del Ejecutivo y a los legisladores que avalaron ese nombramiento.

   Se podría suponer que fue un lamentable descuido de Toussaint, que un mal día todo el mundo lo tiene y que no lo volverá a repetir. Aun así, cuenta con experiencia suficiente para haber aquilatado el alcance de sus palabras.

   Pero ni él ni su jefe inmediato parecen haber entendido la gravedad del incidente. Lo peor ha sido que a Toussaint lo premiaron al día siguiente de descalificar a Pascoe.

   El martes 10 de septiembre, en conferencia de prensa Mauricio Toussaint, oficial mayor de la SRE, acusó de manejos ilícitos al embajador mexicano en Cuba y lo llamó “pececito de colores caribeños”.

   El jueves 12 Toussaint fue ascendido a subsecretario para América del Norte.

   El viernes 13, también delante de la prensa, le ofreció sus “más sentidas disculpas” al embajador Pascoe y le pidió perdón.

   Ese episodio tal vez muestra la capacidad de rectificación que tiene el ahora subsecretario. Pero es pésimo indicio de la aptitud política que tanto se echa de menos en la conducción de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

   Ahora, cuando el nuevo subsecretario para América del Norte tome cualquier decisión, habrá que esperar algunos días para constatar si no se desdice de ella. Sus interlocutores, que son nada menos los gobiernos de la región en donde se encuentra ubicado nuestro país, podrán tomar con reservas los anuncios y reclamos del embajador Toussaint. Los medios, ni se diga.

   Y dentro de esa secretaría el ascenso de Toussaint causará confusiones, si no es que zancadillas y puñaladas –retóricas pero hirientes–. Ya que el método del vituperio ha sido tan eficazmente premiado no deberá extrañar que otros funcionarios y embajadores intercambien descalificaciones, por supuesto en público, tan coloridas aunque poco ingeniosas como las que don Mauricio ha sabido expresar.

   Esta definición de sainete parece mandada a hacer para el incidente en la SRE: “Pieza dramática jocosa en un acto, de carácter popular, que se representaba como intermedio de una función o al final”.

   También resulta apropiada esta acepción del mismo término: “Situación o acontecimiento grotesco o ridículo y a veces tragicómico”.

 

En descargo del teatro

   Farsa o comedia, drama y tragedia, sainete: todos esos géneros parecieran reproducirse en el comportamiento de personajes e instituciones políticas. La terminología teatral puede ayudarnos para delimitar acontecimientos como los que destacan en la vida pública del país. Pero, en beneficio del teatro, tenemos que reconocer que no suele padecer, al menos de manera tan determinante, las perversiones de la política.

   Hay diferencias prácticas entre los quehaceres político y teatral. En un clima como el que tenemos en México pareciera que cada uno de los actores políticos atiende a un guión distinto, de manera tan discordante que a menudo presenciamos una sucesión de monólogos que no alcanzan a cristalizar en diálogos.

   Peor aún, con frecuencia los actores políticos se dan de trompicones a la mitad del escenario. A menudo, más que teatro parece espectáculo de lucha libre aunque es difícil establecer quiénes son los rudos y cuáles los técnicos.

   En nuestro tablado político no hay director y parece que nadie tiene idea del desenlace que pueda ocurrir en cada episodio. Por otra parte, si el espectáculo no le gusta el público no puede exigir que le devuelvan las entradas.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 12, 2005 at 3:28 am

5 comentarios

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  1. deberian poner obras de ejemplo de farsa, tragedia, comedia y drama

    YURIDIA

    abril 2, 2007 at 3:02 am

  2. ok los kiero muxxo bay

    gracias¡¡¡¡¡¡¡¡¡******,,,,,,,,,,………..

    YURIDIA

    abril 2, 2007 at 3:03 am

  3. podrian poner ejemplos de todo lo q`sea obra drmatica como de trajedia , humor

    almendra

    mayo 23, 2007 at 11:14 pm

  4. me gustaria que mandaran a mi meil una oba de tearo sobre drama y tragedia

    keira cristal

    agosto 13, 2008 at 8:29 pm

  5. nececito una obra de sainete

    david

    octubre 23, 2008 at 8:45 pm


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