Sociedad y poder

El país que apoyó a Bush

Publicado en Estados Unidos by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 7 de noviembre de 2004

Ahora no fue la economía –como en aquella famosa y maltratada frase, “it’s the economy, stupid!”, explicaba un asesor de Bill Clinton el éxito de su primera campaña presidencial–. Tampoco fue la guerra, aunque el miedo tuvo algo que ver. La decisión de la mayoría de los votantes del martes 2 de noviembre en Estados Unidos estuvo definida por una compleja colección de creencias y circunstancias. Mayor seguridad interna, rechazo al terrorismo, estabilidad a pesar de las vicisitudes económicas y sobre todo la búsqueda de certidumbres, fueron algunos de los motivos de quienes reeligieron a George W. Bush.

   El alma conservadora que anima a la mitad de los estadounidenses tuvo un papel muy importante en esa decisión. Pero los valores tradicionales que imperan en la sociedad de ese país no parecen haber sido la causa principal de la derrota del senador John Kerry y el Partido Demócrata.

   Conforme los números de las estadísticas se decantan y el pasmo después del martes abre espacio al análisis, cada vez parece más claro que entre los motivos centrales del triunfo de Mr. Bush estuvieron las adhesiones que ganó en dos segmentos fundamentales de la población en ese país: los hispanos y las madres que trabajan.

 

Religión y votación

   Ayer sábado en The Washington Post el especialista en encuestas Mark J. Penn, que hace varios años trabajó para la campaña de Clinton, se negaba a considerar a la religión como uno de los elementos principales en el resultado de la votación presidencial. Y explicaba: “Así que si la elección no puede ser explicada por un incremento masivo de los votantes evangélicos, ¿qué sucedió realmente? En esta elección, Bush recibió 3.5 por ciento más de los votos que tuvo en 2000. Las encuestas de salida muestran que ese desplazamiento se debió casi por completo al resultado de los cambios en dos distintos grupos: los hispanos (que fueron del 35 por ciento para Bush en 2000 al 44 por ciento este año –suficiente para mover el voto popular entero en un punto porcentual–) y las mujeres blancas (que fueron del 49 por ciento para Bush en 2000 al 55 por ciento este año –suficiente para mover todo el voto popular en 2.5 puntos porcentuales–).  Parece que el grueso del desplazamiento en el voto de las mujeres blancas estuvo entre mujeres casadas, particularmente las que tienen niños, que pudieron haber llegado a estar 2 a 1 a favor de Bush”.

   El factor religioso le permitió a Bush mantener una clientela sólida en la que, incluso, ganó pequeños márgenes de popularidad. Pero cuando se les considera de acuerdo con sus costumbres religiosas resulta que el voto pro Bush creció más entre los estadounidenses menos comprometidos con prácticas de esa índole.

   La encuesta de salida de casilla de la CNN muestra que entre los estadounidenses que van a la iglesia más de una vez a la semana o cada semana, Bush tuvo el 64% y el 58% de preferencias. Esos porcentajes solo aumentaron un punto en comparación con la votación de hace cuatro años. Pero entre los ciudadanos que solo van a la iglesia unas cuantas veces al año o que nunca acuden a servicios religiosos el voto para Bush fue del 45% y el 36%, cuando en las elecciones de 2000 en esos segmentos del electorado había tenido el 42% y el 32% respectivamente.

 

Armas y terrorismo 

   La posesión de armas ha sido motivo de intensa polarización en ese país. El voto a favor de Bush aumentó 2% entre la gente que tiene armas de fuego en su casa –pasó, en comparación con la elección de 2000, del 61 al 63%–. Pero ese crecimiento fue mayor en un 4% entre los estadounidenses que no tienen armas de fuego (aumentó del 39, al 43%). 

   La polarización de la sociedad en torno a varios temas clave afianzó los bloques de ciudadanos que ya se consideraban partidarios de uno u otro candidatos. El tema del matrimonio entre homosexuales le restó más votos de los que le dio a Kerry. Del 37% de los estadounidenses que está en contra de cualquier tipo de reconocimiento legal a las parejas del mismo sexo, el 70% votó por Bush y el 29% por el demócrata. Y entre el 25% de los ciudadanos en ese país que están a favor de la legalización del matrimonio para homosexuales y lesbianas, el 77% votó por Kerry y el 22% por Bush.

   La inquietud por el terrorismo desde luego estuvo presente pero no parece haber influido demasiado en la definición del voto. 22% de los estadounidenses dicen estar “muy preocupados” por el terrorismo. Sin embargo la mayoría de ellos no votó por Bush sino, en un 56%, por Kerry.

   La difusión pocos días antes de las elecciones del video en donde Osama Bin Laden amenaza a los Estados Unidos no parece haber tenido una influencia definitoria. Para el 56% de los estadounidenses esa grabación era “importante”, en tanto el 44% consideró que no tenía importancia. Entre los primeros, el voto se dividió mitad y mitad para cada uno de los principales candidatos. Y entre aquellos que le restaban importancia el 56% votó por Bush. Es decir, el hecho de que el líder de Al Qaeda los amenazara no incrementó el voto a favor del candidato republicano.

 

Aborto y dólares

   En cambio el aborto sí fue un tema con fuerte influencia en la elección presidencial. En casi todos los estados en donde estaba a votación el derecho de las mujeres a abortar, los sufragios para Kerry fueron considerablemente menores.

   Entre el 21% de los estadounidenses que considera que el aborto debería ser legal en todas las circunstancias el 73% votó por Kerry. Entre el 34% que considera que podría ser legal en algunos casos el 61% respaldó al senador demócrata. Pero del 44% de los ciudadanos que consideran que ese recurso debe ser ilegal alrededor del 75% apoyaron a Bush.

   Ese fue uno de los asuntos que movilizó, en contra, a más grupos ciudadanos que aportaron tiempo y sobre todo recursos financieros para influir en las campañas. El Centro para una Política Responsable estimaba el miércoles pasado, apenas transcurridas las votaciones, que el auténtico gran ganador de los comicios había sido el dinero.

   De acuerdo con esa institución, el 96% de las competencias para llegar a la Cámara de Representantes y el 91% de las elecciones para el Senado fueron ganados por los candidatos que gastaron más dinero.

   Lo mismo sucedió en la carrera por la Casa Blanca. Bush gastó 306.3 millones de dólares, según datos todavía provisionales que no incluyen las cantidades que gastaron directamente los partidos políticos y los grupos de respaldo a campañas y candidatos. En contraste, el costo directo de la campaña de Kerry fue de 241.7 millones de dólares.  

   No se puede asegurar que el dinero haya sido el factor determinante de las elecciones del martes pasado en la Unión Americana. Pero algo tuvo que ver en los resultados.

   Con ese dinero y especialmente gracias a la intervención de organizaciones interesadas en atribuir o subrayar defectos de los candidatos, a los estadounidenses se les sometió a una contienda de estridencias y vituperios. La construcción de un estado de estremecimiento fue, por parte de ambos bandos, la constante de las recientes campañas.

   Con razón, el analista E.J. Dionne –autor del libro Por qué los americanos odian la política– escribía el viernes pasado en The Washington Post:

   “Seamos honestos. Estamos pasmados por el éxito de una campaña basada en crueles ataques personales, la explotación de fuertes sentimientos religiosos y un esfuerzo para crear la apariencia de liderazgo exitoso que habría enorgullecido a Hollywood. Estamos alarmados de que muchos de nuestros conciudadanos pudieran ver la otra vía y no encontraran a Bush responsable de suma incompetencia en Irak y por decir falsedades en defensa de la guerra. Estamos sorprendidos de que una mayoría no se haya preocupado por el crecimiento de una enorme deuda que pesará sobre nuestros niños solo para darles grandes reducciones de impuestos a los ricos”.

 

Las soccer moms

   En ese panorama, los medios de comunicación propagaron, reprodujeron y magnificaron las posiciones de la coalición que respaldaba a Bush. Los principales diarios de la Unión Americana habían expresado su simpatía por Kerry. La CBS llegó a difundir reportajes que develaban inconsecuencias del presidente como aquella fallida pieza sobre la manera como hace tres décadas consiguió que no lo enviaran a Vietnam. Pero quizá por esa polarización, en el trecho final de las campañas algunos de los medios más importantes dejaron de difundir material periodístico que comprometiera al presidente.

   Unos días antes de las elecciones –de acuerdo con el grupo de escrutinio mediático fair.org–  The New York Times decidió no publicar las evidencias que tenía sobre el aparato que Bush llevaba oculto en la espalda en uno de sus debates con Kerry y que la oficina de prensa del candidato republicano insistió en que era simplemente una arruga en el traje.

   El candidato republicano se apoyó, fundamentalmente, en una combinación de intereses corporativos con el conservadurismo que se mantiene en amplios segmentos de la sociedad estadounidense. Pero el empujón final, que acabaría por darle el triunfo debido a la marcada polarización de los votos, se los debe a las mujeres de clase media que trabajan y atienden a su familia, así como a los hispanos.

   Las soccer moms, como desde hace algunos años se le denomina a esa porción del electorado integrado por mujeres que además de ir a una oficina recogen a los niños en la escuela y los llevan a los partidos de futbol, habían sido identificadas como un grupo influyente y definitorio. A convencerlas, se dirigieron algunos de los esfuerzos más insistentes tanto de Kerry como de Bush. Todo parece indicar que finalmente, entre esas ciudadanas prevalecieron los valores que representa el presidente republicano por encima de la aventura que para muchos significaba un nuevo liderazgo en ese país.

   Aparentemente, entre esas votantes fue significativo el hecho de que el candidato demócrata apoyase el matrimonio entre personas del mismo sexo. Muchas de ellas están de acuerdo en que los homosexuales tengan relaciones de pareja reconocidas por la ley. Pero no quieren tener que explicarle a sus hijos el significado de ese derecho.

   Otras, aunque no estaban primordialmente inquietas por el terrorismo, consideran que con Bush el país en el que viven y vivirán sus hijos está más seguro que con otro dirigente. El ex presidente Bill Clinton lo explicó gráficamente hace un par de días: la mayoría de los estadounidenses consideró que no era necesario cambiar de jinete a estas alturas del combate al terrorismo.

 

“Culpa de los mexicanos”

   Un importante grupo de electores de origen hispano –la mayoría de ascendencia mexicana– compartió algunas de esas convicciones. Con ironía y haciendo una comparación entre el retroceso que para muchos ha experimentado la vida pública en Estados Unidos con la situación política mexicana, el comentarista Jorge Mújica Murias dijo hace un par de días en el acreditado semanario La Raza –que tiene gran influencia entre los mexicanos que radican en Chicago­– que el resultado electoral no se debía esencialmente al conservadurismo en ese país:

   “a la mejor la culpa no es de ninguno de todos los anteriores, sino del que sigue: de los latinos que forman el famoso gigante dormido, y que no le negaron su voto al priísta George W. Bush. En Florida, donde uno de cada seis habitantes son latinos, Bush se llevó el 52 por ciento de los votos. En Texas, donde uno de cada tres son latinos, Bush arrasó con el 61 por ciento del voto. En Nuevo México, con su 42.1 por ciento de latinos y pese a tener un gobernador mexicoamericano que hasta fue rumoreado como posible candidato a la vicepresidencia, Bill Richardson, el 50 por ciento del voto se fue para Bush. Y Nevada, sede de Las Vegas y su creciente población latina, que hoy llega casi al 20 por ciento, le dio también uno de cada dos votos a Bush. Claro que quedan las dignas excepciones de Illinois, Nueva York, California, con sus respectivos 12, 15 y 30 por ciento de latinos, que se fueron mayoritariamente con Kerry. Cabe aquí recordar que casi el 70 por ciento de todos los latinos en Estados Unidos son mexicanos o de origen mexicano, así que la conclusión lógica es una y única: ¡la culpa es de los mexicanos!”.

   Mújica remata sus consideraciones con cierta esperanza: “Claro que no faltará el ultraoptimista que diga que el gigante despertó y efectivamente eligió al presidente de Estados Unidos. Sin los latinos, Bush nunca hubiera sido presidente”. Ese articulista no lo dice, pero en otras publicaciones hechas por y para hispanos en Estados Unidos están apareciendo comentarios que sugieren que ahora Bush podría corresponder a ese voto designado en su gabinete a varios ciudadanos de origen latino.

 

Malo por conocido

   Aun así, no queda del todo claro por qué los hispanos, y especialmente un numeroso grupo de ciudadanos de origen mexicano, habrían votado por Bush. Parte de ese sufragio se explica en la histórica cercanía que tienen el Partido Demócrata y los grupos sindicales que rechazan la contratación de trabajadores extranjeros. Pero sobre todo, parecen haber influido el atemorizamiento inducido por la propaganda estridente y el deseo de estabilidad de esos ciudadanos.

   Varios elementos para esa explicación los ofreció el comentarista Jaime Olivares en La Opinión de Los Ángeles, el diario más importante en la prensa hispana en Estados Unidos: “la gran mayoría de los latinos se opone a la guerra, apoya la legalización de los indocumentados y anhela tener cobertura de salud para ellos y sus familias, así como más oportunidades de educación y acceso a vivienda propia. Lamentablemente, todas estas aspiraciones se han visto frustradas en los primeros cuatro años de Bush”.

   Añade Olivares: “Pero una gran cantidad de votantes latinos parecieron no prestar mucha atención a lo que Bush hizo o dejó de hacer durante su desempeño en la Casa Blanca. Cayeron en la trampa de la campaña del miedo. Terminaron creyendo que Bush era el único capaz de ganar la guerra contra el terrorismo y evitar que este país fuera atacado otra vez por las huestes de Al Qaeda. Como dice el proverbio español, prefirieron ‘al diablo conocido, que al santo por conocer’. Kerry no logró convencerlos de que era suficientemente fuerte como para enfrentar al terrorismo y tampoco de que tenía una agenda mejor para los hispanos”.

 

Nuevas restricciones

   El pronóstico, en todo caso, no encuentra asideros significativos para ser halagüeño. Si Bush, sabiendo que había sido electo sin la mayoría de los votos en 2000, sostuvo durante tres años una política de prepotencia y amedrentamiento dentro y fuera de su país, no hay que tener mucha imaginación ni ser catastrofista para  prever un endurecimiento de esas actitudes.

   No solo en el terreno militar, sino en campos como la política económica, la salud pública, los derechos humanos y desde luego los asuntos migratorios, el reelecto presidente tiene hoy la posibilidad de un manejo más discrecional –y posiblemente abusivo– que antes.

   James Ridgeway, conocido comentarista político de The Village Voice, se ocupaba ayer de una sola de esas consecuencias. “Cuando Bush dice ‘he ganado capital en esta elección y estoy listo para gastarlo para lo que la gente dice que tengo que gastarlo’, no se está refiriendo a modernizar los impuestos y la seguridad social. Es hora de retribuirles a los conservadores que le dieron votos vitales para ganar la elección y entonces ir a proclamar el éxito de su gestión. Ellos quieren cambios culturales –que el mismo Bush llama ‘cultura de vida’– y que comienzan con el papel de las mujeres en la sociedad. La administración ya ha pretendido limitar el acceso de las mujeres al aborto y la anticoncepción alrededor del mundo y cortar fondos para los servicios de salud reproductiva destinados a las mujeres”.

   “Ahora –considera Ridgeway– es tiempo para más”. Y entre las medidas que le parece que serán impulsadas ahora están “promover leyes y regulaciones federales que usen el término ‘niños no nacidos’ para referirse al feto, abriendo la posibilidad de cargos por asesinato contra los médicos y sus ayudantes involucrados en abortos, así como a las mujeres que los tengan”; prohibir que las adolescentes que quieren abortar viajen de un estado a otro en busca de condiciones legales propicias, “establecer nuevas restricciones para financiar abortos en casos de incesto, violación y cuando la vida de la mujer está en riesgo”.

  

Emigrar a Canadá

   Cierto o no, el empeoramiento de la situación en ese país respecto de los derechos humanos y el autoritarismo que se podría exacerbar en el ejercicio del gobierno está preocupando tanto a algunos estadounidenses que hay quienes consideran la posibilidad de cambiar de país.

   Al día siguiente de las elecciones, el sitio en Internet de los servicios de inmigración de Canadá –que ofrece detalladas indicaciones para la gente que quiere radicar en esa nación– tuvo 179 mil visitantes, seis veces más la cantidad habitual de accesos, casi todos originados en Estados Unidos.

   Quizá no sea mas que una reacción emocional y momentánea, pero entre los grupos de oposición a Bush hay preocupación por los simpatizantes que podrían perder en caso de una emigración masiva. Sarah Anderson, miembro del Institute for Police Studies en Washington acaba de escribir, para el sitio CommonDreams.Org, “10 razones para no irse a Canadá”. Entre ellas se encuentra la necesidad de que las protestas que se han producido  en todo el mundo contra la guerra y las políticas de Bush tengan un asidero sólido en Estados Unidos. “La fortaleza de los movimientos sociales puede ser más importante que quienquiera que esté en la Casa Blanca” dice, con apasionante voluntarismo, la señorita Anderson. Y además, recuerda, ahora con buen humor, sus compatriotas que quieren emigrar deben tomar en cuenta que en enero la temperatura promedio en Ottawa es de menos 12 grados centígrados.

 

Prudencia o disparates

   La otra posibilidad es que Bush, respaldado en el voto del martes, sin necesidad de recabar adhesiones para una reelección que ya no puede buscar y pensando más en el sitio que alcanzará en la historia que en las presiones de los grupos de interés, entendiera el papel que puede tener en la reunificación de la sociedad estadounidense y en la construcción de un futuro con menos incertidumbres para su país y el mundo entero.

   Esa es la perspectiva que, con forzado optimismo, sostiene el cineasta Michael Moore, uno de los más notorios y empecinados adversarios de la reelección de Bush, en un texto que colocó el viernes en su sitio en Internet:

   “Si Bush decide presentarse a trabajar y llevar a este país cuesta abajo por un camino muy oscuro, ocurriría cualquiera de estos dos escenarios: a) ahora que ya no tiene necesidad de alcahuetear otra vez a los cristianos conservadores para ser electo, alguien podría susurrarle que debería gastar estos últimos cuatro años construyendo un ‘legado’ para que la historia tenga un veredicto amable acerca de él y entonces no impulsará una agenda de derecha demasiado agresiva; o b) se volverá tan engreído y altanero –y, entonces, imprudente– que cometerá un disparate de proporciones tan grandes que hasta su propio partido tendrá que removerlo del cargo”.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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