Sociedad y poder

La personalidad autoritaria

with 3 comments

La Crónica, 6 de junio de 2004

La personalidad autoritaria ha sido tema de atención tanto para el pensamiento político como desde los estudios de psicología social. El comportamiento de aquellos que se comportan de manera intolerante ante situaciones que no controlan puede exacerbarse –y constituir un riesgo para las sociedades– cuando quienes lo padecen se encuentran en posiciones de poder.

   Hace algo más de medio siglo el pensador alemán Theodor W. Adorno encabezó en la Universidad de Berkeley una indagación acerca de ese síndrome (T. W. Adorno,  Else Frenkel-Brunswik, Daniel J. Levinson y Nevitt R. Sanford,  The authoritarian personality. Harper, Nueva York, 1950).

   Se trata de un comportamiento paradójico: una formación conformista, sometida a presiones autoritarias, tiende a suscitar conductas proclives a la sumisión. Pero cuando los individuos que han estado sujetos a esa enseñanza alcanzan posiciones de mando, entonces pueden manifestar una intolerancia excesiva. En otras palabras: “Cuando hablamos de personalidad autoritaria debemos saber que esta se caracteriza por unos rasgos tales como: disposición a la obediencia esmerada a los superiores, respeto y adulación de todos los que detentan fuerza y poder, disposición a la arrogancia y al desprecio de los inferiores jerárquicos y, en general, de todos los que están privados de fuerza o de poder. También aparecen rasgos como la aguda sensibilidad por el poder, la rigidez y el conformismo. La personalidad autoritaria tiende a pensar en términos de poder, a reaccionar con gran intensidad ante todos los aspectos de la realidad que afectan las relaciones de dominio: es intolerante frente a la ambigüedad, se refugia en un orden estructurado de manera elemental e inflexible, hace uso marcado de estereotipos en su forma de pensar y de comportarse; es particularmente sensible al influjo de fuerzas externas y tiende a aceptar todos los valores convencionales del grupo social al que pertenece”.

   La definición de Adorno y sus colaboradores ha sido muy discutida, especialmente por la equiparación casi mecánica que hace entre autoritarismo y conservadurismo. Sin embargo resulta útil para entender las conductas de algunos personajes históricos. Hay quienes la han aprovechado para describir al fascismo y a los populismos de distintos momentos en la historia del siglo pasado. También puede ser sugerente para interpretar el comportamiento de dirigentes políticos singularizados por la exaltación de sí mismos, la descalificación a priori de quienes sostienen puntos de vista distintos a los suyos, el desprecio por la legalidad cuando no se ajusta a sus proyectos y la convocatoria a las movilizaciones como coartada para desatender el cumplimiento del orden jurídico.

 

Chávez, espejo y advertencia

   En América Latina, hoy en día, el venezolano Hugo Chávez puede ser considerado arquetipo de personalidad autoritaria. Su discurso maximalista no reivindica, en el fondo, más proyecto que el acaparamiento del poder por encima de marcos legales, contrapesos políticos o reclamos sociales.

   En México, Andrés Manuel López Obrador pareciera esmerarse cotidianamente para que su comportamiento encaje en la descripción clásica de personalidad autoritaria.

   El jefe de gobierno del Distrito Federal acata las leyes solamente cuando considera que le conviene. De otra manera, desprecia expresamente el orden jurídico y se ufana de incumplirlo con pretextos aparentemente sociales o políticos.

   El populismo como recurso para obtener y mantener consenso en algunos segmentos de la sociedad y la construcción de grandes obras que resulten vistosas aunque su utilidad pública sea discutible, son dos de los ejes del desempeño autoritario de López Obrador.

   El otro, es su manifiesta incapacidad para entender –y admitir– a quienes critican su comportamiento.

   Formado en el priismo arbitrario, el jefe de Gobierno del DF tiene como paradigma al viejo sistema político en donde la figura presidencial era eje articulador y árbitro paternal de todos los conflictos. Hoy en día, ante una circunstancia nacional distinta a la que conoció en sus años de aprendizaje político, López Obrador pretende reproducir, a su manera, aquel absolutismo.

   Una de las expresiones de esa nostalgia autoritaria es la frecuente descalificación que el jefe de Gobierno hace de los medios y los periodistas que discrepan con comportamiento. También en esa actitud se parece al venezolano Chávez.

   No parece fortuito que la reciente andanada que López Obrador ha querido enderezar contra La Crónica de Hoy, un periódico cuya línea editorial es enfáticamente crítica hacia su administración, haya comenzado cuando un reportero del diario le recordó que recientemente se le había comparado con el presidente de Venezuela.

 

“Déjense de estar metiendo”

   Hace dos semanas estaban muy recientes las declaraciones del embajador de Venezuela, Lino Martínez, que al comentar la expresión del reportero que lo entrevistaba convino en que el mexicano López Obrador y el presidente Hugo Chávez son “un rayo de luz para que las masas se organicen”.

   A partir de esa discutida frase, el martes 25 de mayo el reportero Raymundo Sánchez, en la diaria conferencia de prensa que ofrece el jefe de Gobierno, le preguntó a López Obrador qué pensaba de tal comparación.

   La respuesta del político tabasqueño fue de una espontaneidad tan reveladora como admonitoria:

   “Déjense de estar metiendo en eso ustedes, déjense de estar metiendo en eso”.

   Pocas veces el jefe de Gobierno había contestado de manera tan malhumorada a las preguntas de un periodista. No solo eludió el tema, sino que de inmediato exigió que no se le comparase con Chávez.

   El reportero, desde luego, le recordó que se trataba de una frase del embajador de Venezuela.

   López Obrador, entonces, reclamó:

   “No, dile al que te dio la orden que me hicieras esa pregunta, que, respetuosamente también, yo le recomendaría que no se metan en eso, que ya no le hagan tanto caso al innombrable, que la línea editorial del periódico tenga un poquito de independencia, hay que rebelarse”.

   En vez de enfrentar el tema que se le planteaba, el jefe de Gobierno apeló al trillado expediente de la conspiración en contra suya. Al sugerir que el diario cuyo reportero le hacía esa pregunta obedece a instrucciones del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, a quien López denomina “el innombrable”, el titular de la administración del DF intentaba esquivar la comparación entre sus estilos autoritarios y los del presidente de Venezuela.

   Además, hizo una sugerencia insidiosa:

   “Por qué no los trabajadores de La Crónica ejercen a plenitud su libertad y tienen la arrogancia de sentirse libres y le pintan la raya al innombrable y dicen: nada de injerencia en la línea editorial. Sería extraordinario”.

   De esa manera, sin ofrecer evidencia alguna, López Obrador calumnió a quienes trabajan en Crónica al sostener que han hipotecado su libertad a los designios del mencionado ex presidente.

   Esa afirmación ofende a los periodistas de este diario. Pero además, la convocatoria a que se modifique la línea editorial del periódico constituye una inusitada intromisión de un funcionario público en contra de la independencia crítica de un medio de comunicación.

 

Al calumniar, convalida

   La Crónica ha sostenido una política editorial e informativa insistentemente crítica con el jefe de Gobierno del DF. Se puede discutir la pertinencia periodística de esa postura, pero no el derecho que los directivos del diario tienen para hacer de ella un elemento sobresaliente en el perfil de su publicación.

   La Crónica, como cualquier otro, es un periódico con posiciones políticas. Todos los medios de comunicación, y sus editores, tienen convicciones y posiciones –incluso, desde luego, simpatías y antipatías– que los singularizan ante sus públicos. Pero a diferencia de algunos otros, La Crónica no esconde sus definiciones editoriales. En el caso de López Obrador ha sido evidente que este diario mantiene una postura crítica, pero no como resultado de caprichos sino a partir de indagaciones periodísticas habitualmente rigurosas.

   Es entendible que el contenido de La Crónica no le guste a López Obrador. En las páginas del diario se han documentado excesos de autoridades y elementos policiacos, irregularidades en la construcción de obras, abusos de funcionarios de todos los niveles, el clientelismo y la demagogia del gobierno de la ciudad de México, entre otros asuntos.

   Es explicable que esos contenidos periodísticos no sean del agrado del jefe de Gobierno. Pero en lugar de refutarlos con pruebas, López Obrador ha intentado descalificar al diario en donde esas denuncias e investigaciones se han publicado.

   Al preferir la difamación y la insidia en lugar de la rectificación con pruebas y la discusión de argumentos, López Obrador convalida los contenidos de La Crónica acerca de su gobierno.

   En muchas ocasiones se puede decir que el que calla, otorga. Pero cuando además de callar acerca de los cuestionamientos sustantivos que se le hacen López Obrador intenta desviar las preguntas de los reporteros con falsedades y arrebatos, en la práctica está ratificando esas críticas que se le hacen.

 

Ofender para confundir

   El martes 1 de junio un reportero le preguntó al jefe de Gobierno acerca de la renuncia del panista Felipe Calderón a la secretaría de Energía. Simultáneamente, otro periodista le interrogó sobre el juicio de procedencia que la Cámara de Diputados podría hacerle a López Obrador para desahogar los señalamientos de la PGR por el incumplimiento de las instrucciones judiciales para suspender la obra en el predio El Encino.

   Desatendiendo ambos temas, López contestó de manera inopinada: “Yo, nada más dije, la vez pasada, de que hicieran una protesta cívica, respetuosa, a los dueños, a los editores de La Crónica, que se manifestaran en rebeldía de brazos caídos, cuando les estuviesen dando línea de estar torciendo la verdad, de estar mintiendo y se armó todo un alboroto de que, si era de buena fe. Vamos a cambiar mejor la propuesta, que les den mejor sueldo”.

   Sin que viniera a cuento –y revelando, de paso, una preocupante confusión– López Obrador volvió al tema del diario que tanto abomina. Era evidente que estaba pensando en ese tema y no en las preguntas que le hacían sus interlocutores.

   A continuación insistió: “Mejores sueldos y que por cada ataque al gobierno del Distrito Federal, un porcentaje adicional, un extra, pues ¿se imaginan? se van a rayar porque ahí se…pero que no se lo tomen tan en serio, lo digo respetuosamente, les deben pagar mejor”.

   Raymundo Sánchez, el reportero de Crónica replicó:

    -Nos pagan bien.

   Pero López Obrador no estaba satisfecho. No le preocupaba la situación laboral de los periodistas. Lo que quería era agraviar, descalificar.

   -¿Sí pagan bien? porque se vende la fuerza de trabajo, no la conciencia.

   El reportero, con sentido profesional, no lo dejó salirse del tema:

   “Oiga señor, pero yo le estaba preguntando que el día hoy le notifican los de la Cámara de Diputados lo del juicio de procedencia, ahora va a tener siete días a partir de hoy. ¿Ya tiene su informe ya listo? ¿ya lo está pensando o más o menos por dónde le va a seguir?”

   López Obrador eludió nuevamente la pregunta:

    “Vamos, aquí con el taller, a sacar ahí las ideas básicas”, aludiendo a las sesiones que dedicaría, en los siguientes días, a dar su versión sobre el paraje El Encino.

 

Debilidad argumental

   El recurso de López Obrador para rehuir los señalamientos críticos de La Crónica y las preguntas de sus reporteros, es tan elemental como autoritario. En vez de responder con información y argumentos, intenta propagar la especie de que el diario es movido por intereses que no son periodísticos. En ese afán, ha injuriado a los trabajadores de esa empresa editorial, entre quienes se encuentran profesionales de muy distintas posiciones y convicciones políticas.

   Las falsedades de López acerca de La Crónica son refutadas todos los días, en el trabajo informativo y analítico que se publica en sus páginas. No es necesario insistir en la debilidad argumental de los señalamientos que hace el jefe de Gobierno.

   Pero sí resulta enormemente significativo el afán de López Obrador por negar la autoridad profesional de un medio que le resulta incómodo. La insistencia por responder con estereotipos autoritarios y con una intolerancia catártica que se despliega cada vez que encuentra un señalamiento perturbador, parece característica del síndrome que describíamos al inicio de este texto.

 

“Faccioso”, o incómodo

   El “Taller” que ofreció durante tres días a los reporteros estuvo plagado de ese comportamiento. El viernes 4 de junio quiso restarle importancia al expediente que la PGR envió a la Cámara de Diputados para documentar la solicitud de juicio de procedencia en contra suya, diciendo que allí se incluyen varios textos aparecidos en la prensa. Se trata de páginas de periódicos que el abogado de Promotora Internacional Santa Fe, la empresa que reclama la propiedad del Paraje El Encino, entregó el pasado 6 de febrero con el fin de respaldar algunas de sus denuncias contra el gobierno del DF.

   Ya que es un asunto público –y que fue conocido, precisamente, gracias a denuncias en la prensa– es explicable que los demandantes ofrezcan, entre otras evidencias, algunos de los textos que se han difundido acerca de ese terreno en Santa Fe. López Obrador quiso desestimar esos documentos diciendo:

   “Se trata de 34 notas y reportajes de tres periódicos: cuatro publicadas por El Universal; ocho, por el Reforma y 22 de La Crónica . Sin mucho análisis de contenido, es evidente que en el periódico La Crónica el manejo de la información es totalmente faccioso. Éste diario, como es de dominio público, es el preferido de Carlos Salinas de Gortari y se ha dedicado a atacar, sistemáticamente, al gobierno del Distrito Federal”.

   En realidad no son 34, sino varias docenas de notas, reportajes, fotografías, entrevistas, artículos y una caricatura publicados en 33  ediciones distintas de esos periódicos. Ocho de ellas corresponden a Reforma (que así se llama y no “El Reforma”), 4 a El Universal y 21 a La Crónica.

   De este último diario, es discutible que sea el favorito del ex presidente Salinas. Casi todas sus entrevistas y declaraciones a la prensa mexicana en los últimos años, ese personaje ha preferido ofrecerlas a otros periódicos.

   Y el hecho de que tenga una línea editorial muy crítica con el actual gobierno de la ciudad de México, no significa que el comportamiento de La Crónica haya sido “faccioso”.

   (Faccioso, significa “dicho especialmente de un rebelde armado” e “inquieto, revoltoso, perturbador de la quietud pública”. Esas conductas no se le pueden atribuir al periódico, a menos que se considere que la tranquilidad política de López Obrador debiera imperar sobre la quietud en la sociedad).

 

Modesto análisis de contenido

   El hecho de que en un expediente judicial sobre el predio El Encino hayan sido incluidas más notas de La Crónica que de otros diarios, puede ser considerado como consecuencia del interés periodístico que esta publicación ha tenido con ese y otros episodios del gobierno del Distrito Federal.

   Sin embargo no fue ese el diario que inicialmente dedicó mayor atención al tema de El Encino. Por eso en el expediente de la PGR hay cuatro notas aparecidas en El Universal, tres de ellas correspondientes a ediciones de octubre y noviembre de 2000.

   Las notas de Crónica que forman parte de ese expediente fueron publicadas entre el 29 de octubre de 2001 y el 29 de agosto de 2002. Y las de Reforma, entre octubre y diciembre de 2001 y febrero y agosto de 2002.

   López Obrador considera que no hace falta un análisis de contenido para dictaminar que la información prevaleciente en esas notas es de carácter faccioso.

   Pero un análisis muy elemental indica que, a diferencia de esa acusación, el manejo informativo de La Crónica tomó en cuenta a los principales actores –y no solo a los denunciantes– del diferendo en torno a El Encino.

   A partir de la descripción que el acta ministerial hace de esas notas periodísticas, inventariadas en 34 apartados de acuerdo con la fecha y el diario en que fueron publicados, es posible identificar las fuentes de las informaciones en cada una de ellas.

   En las notas publicadas en Reforma en 4 ocasiones se toma en cuenta al Poder Judicial, en otras 4 a funcionarios del gobierno del Distrito Federal, en una más a los propietarios de El Encino y en otra a la PGR.

   En las notas de El Universal, el Poder Judicial aparece como fuente de una información, en otra el gobierno del DF y en dos más los propietarios de El Encino.

   En las notas aparecidas en La Crónica e incluidas en el mencionado expediente –cuyo facsímil se encuentra en la página electrónica del gobierno del DF– en nueve ocasiones el Poder Judicial es tomado en cuenta como fuente informativa. En otras nueve se recuperan declaraciones y documentos del gobierno de la ciudad de México. En dos, se mencionan afirmaciones de los propietarios de El Encino. En tres notas, se incluyen informaciones originadas en la PGR. En tres piezas periodísticas se toma como fuente a miembros de la Asamblea del DF (en dos de ellas a un legislador del PAN y en otra a uno del PRD). En cuatro notas se incorporan puntos de vista de abogados independientes. Hay además una caricatura.

 

Diversas fuentes informativas

   De todas las notas de los tres diarios aludidos que son incluidas en el expediente de la PGR, en 14 ocasiones se menciona como fuente al Poder Judicial y en otras tantas al gobierno del DF. En ambos casos, el 64% de esas notas apareció en La Crónica.

   En ese diario, de todas las fuentes informativas mencionadas el 29% fueron miembros del Poder Judicial. En otro 29% la información provino de funcionarios del gobierno de la ciudad de México.

   El 13% de las fuentes consultadas para las notas publicadas en La Crónica fueron abogados ajenos al diferendo sobre El Encino. Otro 10%, asambleístas de varios partidos y el 6% de esas fuentes lo conformaron los dueños de ese predio.

  La posición editorial de La Crónica es contraria a los abusos de autoridad de López Obrador. Pero en la información de esas prácticas el diario toma en cuenta diversas fuentes. El diario tiene posiciones, pero en su información atiende a perspectivas diversas.

   Esas peculiaridades no las advierte una figura proclive a considerar que quienes no le aplauden incondicionalmente son instrumento de conspiraciones, o adversarios suyos que no lo quieren comprender. Pero a diferencia del comportamiento que tiene con los medios, a López Obrador se le comprende cada vez mejor. Su intolerancia, que llega a traducirse en intentos de persecución a la prensa, es evidente. Su temor a la crítica, la tenacidad con que rehúsa el debate, los estereotipos que lo acotan y los que busca endosar a quienes lo discuten, se ajustan demasiado a las personalidades autoritarias que tantos quebrantos han significado a través de la historia.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

–0–

About these ads

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 14, 2005 at 11:10 pm

Publicado en López Obrador

3 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. [...] 5 años, el 6 de junio de 2004, esta columna se publicaba en La Crónica y allí me referí a los rasgos que me parece definen puntualmente el comportamiento, de raíces [...]

  2. [...] 5 años, el 6 de junio de 2004, esta columna se publicaba en La Crónica y allí me referí a los rasgos que me parece definen puntualmente el comportamiento, de raíces [...]

  3. […] desarrollo de Adorno de la personalidad autoritaria, puso sobre la mesa la presencia de culturas autoritarias en las democracias, que determinan sus […]


Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 26.481 seguidores

%d personas les gusta esto: