Sociedad y poder

Rectoría tomada

Publicado en Universidad by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, febrero 24 de 2004

Tan preocupante como la ilegal ocupación durante varias horas de las principales oficinas de la UNAM, ha sido la explicación que la Rectoría ofreció para ese hecho. En un comunicado de su oficina de prensa, las autoridades universitarias calificaron como “burda provocación” el allanamiento de la Torre de Rectoría por parte de 20 o 30 encapuchados que la mantuvieron cerrada durante toda la mañana.

   El propósito de tal medida era, según rezaba una manta que colocaron, el “Desprocesamiento de todos nuestros compañeros”.   Con ese término los asaltantes del edificio más emblemático de la Universidad Nacional exigían la suspensión de los procesos judiciales que persisten contra estudiantes y profesores acusados de diversos delitos. Específicamente, según dijeron, demandaban la libertad de Guillermo Pardo Hernández, profesor del plantel Sur del Colegio de Ciencias y Humanidades, acusado de robar papelería oficial de la Universidad durante la huelga de 1999.

   La falta por la que se acusa a Pardo Hernández ocurrió durante uno de los episodios más enconados de aquel conflicto. El 4 de agosto de 1999 varias docenas de miembros del Consejo General de Huelga quisieron evitar la inscripción de alumnos de nuevo ingreso a la Universidad que habían sido citados en las instalaciones del Conalep ubicadas en la Calzada de las Águilas. Como se recordará en aquel tiempo el secuestro de la UNAM –que finalmente duró 10 meses– mantenía cerradas las instalaciones en el campus principal.

   Después de varias horas de insultarse, estudiantes partidarios de la huelga y antagonistas de ella se enfrentaron a golpes. En la gresca un funcionario de la Universidad fue despojado de 31 paquetes con recibos de cuotas para la inscripción a primer ingreso.

   El enfrentamiento suscitó la intervención de 150 granaderos que detuvieron a un centenar de personas. Entre ellas estaba Pardo Hernández, de quien se dijo que tenía 54 años y era profesor de Física en el CCH. Acusado de sustraer aquellos recibos, Pardo quedó en libertad después de pagar una fianza.

   Aquel asunto, según parece, siguió la lenta marcha que suelen experimentar los procesos judiciales. El viernes pasado Pardo fue detenido y a eso se debió la ocupación de la Rectoría, organizada por amigos o compañeros suyos.

   El robo de las boletas de inscripción, que en 1999 fue considerado como un delito, ahora las autoridades de la UNAM lo califican como infracción baladí. El comunicado de prensa de la UNAM anunció ayer mismo que Pardo, “detenido por un presunto ilícito menor cometido en 1999, quedará libre en las próximas horas”.

   El interés de las autoridades de la Universidad por restarle importancia a aquel suceso, es congruente con la desatención que han tenido respecto de los procesos legales para sancionar atentados como el secuestro de las instalaciones universitarias hace cinco años.

   Al llegar a Rectoría el Dr. Juan Ramón de la Fuente tenía que conciliar con los sectores más diversos de la Universidad Nacional. Sin embargo, la avenencia con algunos de los grupos más agresivos llevó a las autoridades universitarias a consentir infracciones contra el patrimonio y la vida académica de esa institución.

   Cuatro años después de aquella triste y costosa huelga, todavía hay instalaciones de la Universidad que siguen en manos de los grupos que secuestraron a la institución o de otros similares. El auditorio Che Guevara (o Justo Sierra) ha permanecido ocupado. En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales varios salones de clase funcionan como dormitorios y oficinas de los grupos que los tomaron hace años. La desaparición de mobiliario y equipo es frecuente. Los profesores vejados hace tres años, cuando una noche fueron desnudados por ex dirigentes del CGH, nunca recibieron el apoyo legal que requerían para presentar las denuncias judiciales que esos hechos ameritaban.

   Ese interés para evitar o mermar la acción de la justicia dentro de la Universidad pareciera repetirse, ayer, ante la ocupación de Rectoría. A la oficina de prensa de la UNAM le parece que la decisión judicial que ocasionó la detención de Pardo Hernández “da mucho que pensar”. El viernes pasado, se dice en otro comunicado, ese expediente “se revivió, por órdenes de ‘alguien’ ”. Si sospechan que hay una maquinación política, los funcionarios universitarios tendrían que ser más precisos en sus imputaciones. Cuando se dice víctima de una provocación la Rectoría no aclara si se refiere al asalto por parte de varias docenas de enmascarados o a la decisión de un juez federal.

 

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