Archivo para Agosto 2007
El suicidio de la transición
La Crónica de Hoy, jueves 30 de agosto de 2007
Cuando diseñaron las reglas para la autoridad electoral todos los partidos políticos estaban de acuerdo en que tenía que ser independiente respecto de cualquier otro poder. Soberanía, solidez, albedrío, fueron adjetivos reiterados tanto en las difíciles discusiones para elaborar la iniciativa de reformas constitucionales como en los discursos que la respaldaron en la tribuna de la Cámara de Diputados. En los últimos días de julio de 1996 desde todos los ámbitos del entramado político había coincidencia en que la reforma era provechosa porque, entre otros temas, garantizaba la autonomía de los consejeros electorales que encabezarían al IFE.
Esa autonomía ha sido uno de los valores fundamentales de la normatividad electoral. Y en ella, como tanto se ha dicho, ha radicado la clave inicial de la transición política mexicana de los años recientes. Gracias a esa autonomía, la autoridad electoral ha podido organizar los comicios sin injerencias como las que antaño imponían el interés y la discrecionalidad del gobierno. Y ha estado en capacidad de sancionar a los partidos cuando han infringido las reglas de las elecciones.
Tal autonomía de la autoridad electoral está a punto de ser quebrantada, de manera quizá irremediable, por la torpeza y la obcecación en algunos casos, o por la pusilanimidad o la avidez en otros, de los dirigentes y legisladores de nuestros partidos políticos. Será un error histórico, de cuyas dimensiones no pueden o no quieren darse cuenta aquellos que hoy, con demasiada ligereza, insisten en destituir a todos o algunos de los consejeros electorales.
Es natural que a los partidos no les gusten muchas de las decisiones del IFE. En esa tensión inevitable entre la autoridad electoral y los actores que compiten en los comicios se encuentra una de las claves que garantizan comicios limpios y confiables. Los partidos compiten bajo el escrutinio de un árbitro cuyas decisiones pueden no agradarles pero que tienen que respetar –y respecto de las cuales pueden inconformarse ante el Tribunal Electoral–. En los 11 años que llevamos con ese régimen de equilibrios y recursos ha sido frecuente que los partidos discrepen de las decisiones que toman las autoridades electorales. Pero las han tenido que acatar y ese respeto, aunque sea mantenido a regañadientes, ha sido garantía de democracia.
Ahora sin embargo, los partidos quieren remover a los consejeros electorales. El PRD quiso echarles la culpa del desenlace de la elección presidencial del año pasado; inicialmente aquel desplante contra el Consejo General podía entenderse como la reacción del que está tan seguro de ganar que de pronto, enfrentado a la realidad de la derrota, no encuentra mejor justificación que desquitarse con el árbitro. Ya hemos comprobado, no sin tristeza, que ese partido es notoriamente refractario a la reflexión y a la sensatez. Pero aun así, sacrificar a los consejeros del IFE solamente porque han sido vistos como chivos expiatorios del fracaso que ese partido tuvo en las urnas, constituye un nuevo error mayúsculo de los perredistas.
Durante años el PRD peleó por la independencia de la autoridad electoral. La autonomía del IFE respecto del gobierno y otros poderes fue elemento fundamental en las propuestas de reforma electoral de ese partido. Ha sido, sobre todo, garante de la capacidad del Instituto para tomar decisiones al margen del interés de las fuerzas políticas.
Gracias a esa autonomía, el IFE pudo sancionar al PRI cuando se comprobó que en la campaña de ese partido en 2000 había ingresado dinero de manera ilegal. Y pudo multar al PAN debido a los manejos irregulares del grupo Amigos de Fox.
Ahora el PRD es el primero en promover la destitución de los actuales consejeros. Y no porque hayan cometido irregularidad alguna. A esos funcionarios electorales los quieren hacer víctimas de una revancha política.
Lo peor es que se trata de una venganza equivocada. Si los consejeros del IFE hubieran cometido alguna ilegalidad, seguramente los partidos afectados los habrían sometido a juicio político. Ciertamente se equivocaron en algunos momentos después de las votaciones del 2 de julio del año pasado, pero se trató de yerros magnificados por la estridencia del PRD cuando se empeñaba en propalar la versión de un fraude electoral que nunca pudo demostrar.
El PRI, por su parte, ahora tampoco quiere a los consejeros pero también debido al discurso ideologizado y falaz que construyó acerca de ellos. Los líderes de ese partido consideran que Luis Carlos Ugalde, el presidente consejero, es un alfil de Elba Esther Gordillo y a fuerza de repetirla le han conferido a esa versión una verosimilitud que no tiene suficiente respaldo en los hechos. Si el presidente del IFE guardara algún aprecio por la “maestra” ese sería problema suyo mientras tal propensión no afectara el cumplimiento de sus obligaciones. Y nadie ha demostrado que Ugalde haya tomado o propiciado decisiones favorables a esa señora o al partido del que se hizo propietaria. La versión de que entre los funcionarios designados para encabezar las casillas de la elección de 2006 había una gran proporción de líderes del SNTE jamás fue comprobada y, en todo caso, dejaba a un lado el hecho de que tales designaciones fueron resultado de un amplio proceso en el que participaron todos los partidos.
En el PRI se les olvida que la postulación de Ugalde fue, precisamente, sugerida por ese partido. Elba Esther Gordillo era coordinadora de los diputados priistas. Pero si recordamos la zarandeada y en varios momentos vergonzosa sesión del 31 de octubre de 2003 en San Lázaro, cuando fueron designados los actuales consejeros electorales, podremos advertir que el doctor Ugalde no era el principal candidato de la maestra Gordillo para ocupar la presidencia del IFE. Los regateos entre partidos, no alrededor de los méritos académicos o políticos sino acerca de las fidelidades que se les adjudicaban a los candidatos para llegar al IFE, definieron la lista finalmente aprobada por el PAN y el PRI. El PRD había promovido una conformación más diversa para el Consejo General del organismo electoral pero cuando sus diputados se empecinaron en un solo candidato para la presidencia del Instituto terminaron marginándose de esa votación. Al despotricar contra los consejeros los líderes priistas tratan de exorcizar el fiasco electoral y las querellas internas de su partido. En ambos casos se equivocan. Y en ese error, resquebrajan la institucionalidad electoral que el PRI tuvo el gran mérito de admitir y contribuir a edificar.
El PAN, por su parte, se ha dejado convertir en rehén de la animosidad de los otros dos partidos. La necesidad del gobierno para que se aprueben algunas reformas fundamentales y ahora, antes que nada, la prisa para que se definieran las condiciones del informe de pasado mañana, han llevado a Acción Nacional a aceptar caprichos y revanchas perredistas y priistas. El PAN ha perdido la perspectiva que permite distinguir entre lo inmediato y lo indispensable. Si el presidente Calderón está detrás de ese comportamiento timorato que consiente en la destitución de los consejeros con tal de evitar abucheos en la ceremonia del sábado, habrá privilegiado la aclamación por encima de la transición.
La remoción de todos o algunos de los consejeros no sucedería como resultado de una reforma electoral articulada y coherente, porque ninguna de las medidas que se proponen para actualizar las reglas de la competencia política en México hacen necesario el desplazamiento de los actuales directivos del IFE. Si en ese proyecto de reforma queda incluida la sustitución de los consejeros se deberá, exclusivamente, a la rabieta del PRD y el PRI.
De ocurrir así, resultará imposible seguir hablando de autonomía de la autoridad electoral. Sería muy difícil que las nuevas autoridades del IFE, cualesquiera que sean sus nombres y prendas, se aventurasen a sancionar a los partidos sin temer por la estabilidad de sus cargos y de la institución toda.
Lo mismo en otros órganos formal o pretendidamente autónomos: después de este episodio a ver quiénes son los valientes que en instituciones como el IFAI, o la CNDH, se animan a desafiar el interés de los partidos políticos a riesgo de fraguar su propia destitución.
Las reformas legales son plausibles cuando permiten adecuar el sistema jurídico a las nuevas realidades de la sociedad. En este caso, sin embargo, estaríamos ante una medida sin más propósito que desahogar rencores de la élite partidaria. Se trataría, por sus implicaciones, del suicidio de esta transición política.
Todos iguales en el PRD
La Crónica, 23 de agosto de 2007
El único ganador en el Congreso del PRD fue Andrés Manuel López Obrador. Por encima de las discusiones prolongadas y reñidas, el ex candidato presidencial impuso su voluntad en las decisiones más importantes de esa reunión.
A pesar de que eran mayoría los delegados de la corriente que aparentemente disiente del liderazgo de ese personaje, finalmente todos coincidieron en ratificar el sometimiento del partido a los caprichos de López Obrador.
Las huestes manejadas por caciques como Dolores Padierna y que en alusión a su tristemente célebre marido se califican a sí mismas como bejaranistas para que no haya duda sobre las lealtades que las condicionan, vitorearon y abuchearon de acuerdo con el ánimo que imponían las instrucciones de López Obrador. Pero también los delegados de la Corriente Nueva Izquierda, conocida por el sobrenombre de sus dirigentes Jesús Ortega y Jesús Zambrano, terminaron aprobando resoluciones que no tienen otro propósito que complacer al ex candidato presidencial.
Bejaranos y chuchos se dividieron durante los cuatro días del Congreso que comenzó el pasado jueves 16 de agosto. Y terminaron conviniendo en el tema fundamental tanto para las definiciones políticas del partido como, antes que nada, para los afanes de enfrentamiento que animan a López Obrador: el próximo 1 de septiembre el PRD impedirá, aseguran, que el presidente Felipe Calderón presente su informe de gobierno.
A esa coyuntural y confrontacionista medida redujeron las corrientes del PRD su decisión más significativa. Nueva Izquierda había logrado definiciones relevantes –como el mecanismo para que a la próxima dirección nacional del partido la elijan los militantes y no los ciudadanos que acudan a urnas abiertas y sin padrón como querían los bejaranistas– pero sus líderes se sobresaltaron cuando las corrientes más radicales los tildaron de gobiernistas.
El domingo 19, Nueva Izquierda y otros grupos habían conseguido que se aprobara una resolución que propone: “sustitución del llamado informe presidencial por un debate parlamentario y republicano entre poderes sobre el estado de la nación, en el marco de un nuevo régimen político”.
Esa, después de todo, ha sido una aspiración de los partidos de izquierda durante muchos años: garantizar condiciones para que el titular del Ejecutivo Federal entable una discusión abierta con los senadores y diputados no sólo fortalecería al Legislativo y al equilibrio de poderes sino, junto con ello, sería un paso importante en el avance hacia un régimen de corte parlamentario.
El mismo PRD, a través del diputado Francisco Javier Santos, presentó recientemente una iniciativa para que cada primero de septiembre, después del mensaje que debe rendir por mandato constitucional, el presidente de la República abra una discusión con legisladores. Todavía hace dos semanas ese diputado insistía en la Comisión de Reglamentos y Prácticas Parlamentarias para que tal iniciativa fuese aprobada.
Sin embargo el día anterior el presidente Felipe Calderón les movió el piso –o quizá, más bien, dejó sin plataforma– a los dirigentes del PRD. El 6 de agosto, como puede recordarse, Calderón recordó que no sólo está dispuesto “sino que me gustaría poder debatir y dialogar con los legisladores”.
Esa anuencia al diálogo, que en otras circunstancias tendría que haber sido entendida como reconocimiento a una exigencia histórica del PRD y de muchos de sus dirigentes, se convirtió en pesadilla cuando en ese partido fue tomada como tema de inflexión de los grupos más fundamentalistas.
Toda la semana anterior al Congreso, el PRD se entrampó alrededor de la anuencia o el veto al diálogo con el presidente de la República. Esa, en cualquier democracia, sería una actitud esquizofrénica. El Partido de la Revolución Democrática cuenta con gobernadores, senadores, diputados y muchos representantes y funcionarios más que todos los días mantienen tratos institucionales y políticos con el gobierno del presidente Calderón. Pero como López Obrador insiste en que fue él quien ganó las elecciones del año pasado, cualquier barrunto de acercamiento a esa administración es tenido como apostasía dentro del PRD.
En este caso, más que ante un cuadro de esquizofrenia nos encontramos con un comportamiento autista. Puede ser comprensible que para López Obrador, como parte del empecinamiento autoritario que le impide entender la decisión en contra suya de un considerable segmento de los ciudadanos, las elecciones hayan estado amañadas. Ya se sabe que atender a razones y sobre todo esgrimirlas no es el fuerte de aquel político tabasqueño. Pero en un partido que hace política todos los días pero que destina su congreso nacional a ensalzar el liderazgo de ese caudillo auto derrotado, tal actitud es de un ensimismamiento prácticamente suicida.
En eso está el PRD. En la mezcolanza de clanes, claques y clientelas manifiestamente incondicionales a López Obrador es difícil encontrar posiciones reflexivas. Algunos comentaristas que miran desde fuera las vicisitudes de ese partido creyeron identificar una actitud distinta en Nueva Izquierda y sus dirigentes. Pero en esa apreciación había, sobre todo, un obnubilado voluntarismo. Ortega, Zambrano y compañía, indudablemente son dirigentes políticamente más sólidos que sus rivales dentro del PRD. Pero, igual que a aquellos, más que los principios los domina un incontenible pragmatismo.
En virtud de ese pragmatismo, los chuchos y correligionarios que los acompañan prefirieron refrendar la subordinación antes que crear una interlocución seria con López Obrador. El episodio que más claramente manifestó esa actitud tuvo lugar durante las últimas horas del Congreso.
Los más devotos a ese ex candidato habían propuesto que, al párrafo acerca de la conveniencia de convertir al informe presidencial en un ejercicio de discusión parlamentario y republicano, se añadiera la frase: “manteniendo nuestro rechazo a debatir con quien usurpa la Presidencia de la República”.
La contradicción así incorporada era muy clara. Es imposible pretender diálogo con aquel a quien se repudia de esa manera. La decisión de modernizar el informe presidencial para que abra espacios a nuevas formas de relación entre los poderes quedaba como simple propósito emblemático pero sin efectos reales.
Por eso Nueva Izquierda y sus aliados se opusieron a esa frase. Ganaron por 660 contra 447 votos. Esa votación fue la más emblemática del Congreso porque manifestó claramente la correlación de fuerzas políticas que lo definieron. Con el 60% de los delegados el grupo de Ortega, Zambrano y compañía no hubieran tenido problema para sacar adelante otras decisiones.
Pero se asustaron y temieron perder la anuencia de López Obrador. Encrespados por esa votación, cerca de 170 delegados obradoristas abandonaron el salón del Hotel Sheraton donde se realizaba el Congreso. Delante de las cámaras fotográficas y de televisión mostraron sus boletas para votar y las rompieron. “Es una burla, una claudicación…es un agandalle” decía Martí Batres de acuerdo con la reseña que publicó CRÓNICA.
Esa misma tarde, al final de la reunión, Nueva Izquierda presentó una resolución que contradecía la importante votación ganada poco antes y que ofrecía plenas satisfacciones a los incondicionales de López Obrador. EL PRD se opondrá a que el presidente Calderón llegue a la tribuna de San Lázaro el 1 de septiembre “pues no cuenta con la legitimidad que da una elección limpia” dice la moción aprobada sin que muchos de los delegados se enterasen.
Al día siguiente, lunes 20, los principales dirigentes del partido se reunieron con López Obrador para darle certezas de que el ensimismamiento respecto del gobierno se mantendrá. Convertida en vocera del ex candidato, Dolores Padierna informó que López Obrador “recibió con muy buena cara” esas explicaciones.
Durante esos días hubo confusión acerca de los alcances de la decisión del PRD. No era para menos: la votación más importante del Congreso auspiciaba el diálogo en la ceremonia del informe presidencial. Y el acuerdo presentado en letras pequeñitas la desmentía.
El martes, los coordinadores parlamentarios del PRD tuvieron que ofrecer una conferencia de prensa para explicar esas resoluciones. El rechazo a Calderón y a dialogar con él se mantiene. La idea de que un nuevo formato para el informe presidencial sea parte de la renovación del régimen político queda como intención a mediano plazo.
Ayer miércoles, en carta a La Jornada, Martí Batres podía ufanarse: “Ya todos los líderes del PRD dicen que no habrá diálogo con Calderón, ni ahora ni después. Qué bueno. Que así sea. Eso quiere decir que la salida de los delegados del congreso no fue una ‘escaramuza de tribus’, como algunos superficialmente la vieron. De lo que se trataba era de cuidar la línea del partido”.
La línea que con tan estruendoso celo cuidaron ese y otros dirigentes de los grupos fieles a López Obrador fue la que prosperó en el Décimo Congreso. Obradoristas y chuchos quizá tienen apreciaciones, bases políticas y actitudes distintas. Pero todos ellos coinciden en seguir los dictados del caudillo. Para unos y otros, aunque nunca pudieron demostrarlo, en la elección de 2006 hubo fraude. Para todos ellos hay un presidente legítimo. Y a él se someten.
El berenjenal minero
Publicado en La Crónica de Hoy el 16 de agosto de 2007
Reynaldo Hernández González fue despedido el año pasado después de la huelga que se mantuvo durante varias semanas en la mina de Nacozari, en Sonora. El sábado por la noche él y cerca de 80 de sus compañeros, también despedidos, estaba preparando un mitin que planeaban realizar al día siguiente en la plaza principal del municipio. Entonces, fueron atacados por docenas de trabajadores aparentemente recién salidos de la mina y que iban protegidos por gente armada. Se escucharon varios disparos. Los mineros despedidos echaron a correr pero Hernández González ya había sido alcanzado por un balazo.
Raymundo Hernández quedó muerto. Sus compañeros y familiares aseguran que se debió a un disparo de bala. Las autoridades judiciales de Sonora y la Compañía Minera México sostienen que recibió una pedrada.
La empresa, que mantiene un peculiar activismo convertida en vocero tanto del gobierno estatal como de la corriente que se opone a la dirección nacional del Sindicato Minero Metalúrgico, insiste en que los despedidos querían asaltar la mina de Nacozari y que cuando se encontraron con trabajadores que salían de ella sobrevino el enfrentamiento. En otras versiones se involucra a los mineros de la vecina Cananea, que están en huelga desde el 29 de julio y respaldan a los despedidos de Nacozari.
La prontitud la empresa para insistir en la versión de la pedrada contrasta con las dificultades de los familiares y compañeros de Reynaldo Hernández para tener un dictamen confiable sobre las causas de la muerte. Algunos de ellos estuvieron detenidos durante más de 48 horas sin que hubiera motivos para que les fincaran cargo alguno. Varios diarios de Sonora que han ofrecido versiones del conflicto laboral notoriamente apegadas a las posiciones de la empresa, aseguraban el lunes que la muerte de Reynaldo Hernández había sido causada por sus propios compañeros con el propósito de escalar el conflicto en beneficio de la dirección nacional del sindicato.
Esa ridícula versión no se sostuvo. Pero es significativa de la polarización y la confusión que dominan al conflicto entre el Sindicato Minero Metalúrgico y el Grupo México.
El año pasado, como puede recordarse, el gobierno del presidente Vicente Fox quiso congraciarse con esa poderosa empresa desplegando una insólita persecución contra el dirigente nacional del sindicato, Napoleón Gómez Urrutia. La Secretaría del Trabajo avaló la designación de una nueva dirigencia sindical sin que se cumplieran los procedimientos que establece la ley. De manera simultánea, arreciaron las acusaciones judiciales contra ese líder por el manejo de 55 millones de dólares que integraron un fondo para los trabajadores de cuatro minas –entre ellas Cananea– privatizadas años atrás.
En desacuerdo con el reconocimiento gubernamental a una dirigencia a la que no respaldaban, miles de trabajadores iniciaron paros en distintos sitios del país. Varios centenares fueron despedidos, entre ellos el hoy fallecido Reynaldo Hernández y sus compañeros de Nacozari. El nuevo gobierno federal enderezó parcialmente el entuerto que había perpetrado la administración anterior y reconoció como dirigente nacional de los minero metalúrgicos a Gómez Urrutia –un personaje que jamás habría sido líder obrero de no ser por el nepotismo de su padre que lo puso en lugar suyo a la cabeza del sindicato pero que es respaldado por la mayoría de los trabajadores–.
Aunque fue resuelto el litigio por la dirección gremial, se han mantenido tres causas de tensión entre sindicato y empresa. El encausamiento judicial contra Gómez Urrutia sigue vigente al grado de que él vive en Toronto para no ser aprehendido. Los paros del año pasado dejaron una secuela de división y despidos que no han sido resueltos. Y el Grupo México está empeñado en minar el liderazgo de Gómez Urrutia con recursos que van desde la promoción de uno o varios sindicatos blancos hasta una dispendiosa campaña de propaganda en televisión.
Aparentemente esas tres circunstancias precipitaron el estallamiento de otras tantas huelgas –en Taxco, Sombrerete y Cananea– a fines de julio pasado. La dirección del sindicato asegura que las huelgas se deben a la reticencia de Grupo México para firmar un nuevo contrato colectivo con las secciones 17, 201 y 65 que representan a los trabajadores de esas minas. En esos tres sitios los trabajadores se quejan de que las condiciones laborales son tan deficientes que corren el riesgo de padecer un accidente como el de hace año y medio en Pasta de Conchos, en una mina que también es propiedad de Grupo México.
Es altamente probable que los riesgos de trabajo en esas minas sean mayúsculos. Si la mencionada empresa no tomó previsiones suficientes para evitar el desastre que causó la muerte de 65 trabajadores en la tristemente célebre mina en Coahuila, es posible que tampoco lo hiciera en las canteras de Guerrero, Zacatecas y Sonora que están en huelga desde hace 18 días.
Pero quizá esa no es la única causa de tales huelgas. Tanto la empresa como el mismísimo Secretario del Trabajo, Javier Lozano, aseguran que en las negociaciones, una vez estalladas las huelgas, la principal demanda del sindicato es que el gobierno auspicie la suspensión de las órdenes de aprehensión contra Gómez Urrutia. Es decir, de acuerdo con esa versión las huelgas en Taxco, Sombrerete y Cananea serían un recurso del sindicato para presionar, aunque sea de manera oblicua, por la exoneración judicial de su dirigente.
Seguramente esa interpretación influyó para que, a una semana de iniciadas, las tres huelgas fuesen calificadas como ilegales por la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje. El sindicato obtuvo sendos amparos ante esa decisión y ayer un juez le otorgó la suspensión definitiva en los casos de Taxco y Cananea (el caso de Sombrerete será resuelto hoy jueves). En otras palabras, las huelgas son legales y van a proseguir. Pero sólo podrían servir para mejorar condiciones y prestaciones laborales. La exigencia para que merced a esa suspensión de labores se aligere la causa judicial contra Gómez Urrutia difícilmente obtendrá resultados. Sería políticamente inadmisible que el gobierno se dejara presionar de esa manera. Y las denuncias contra ese líder no están en manos del Ejecutivo sino del Poder Judicial.
Hayan tenido las causas que fuesen, las huelgas y el diferendo entre los trabajadores y la empresa cuentan ya con una víctima. Reynaldo Hernández no habría tenido que reunirse con sus compañeros para protestar si no hubiera sido despedido. Y hoy estaría vivo si esa reunión no hubiera sido confrontada por un grupo armado.
El enfrentamiento del sábado por la noche en Nacozari pudo haberse evitado. Ayer en Milenio el presidente de ese municipio, Samuel Álvarez Araujo, asegura que desde varios días antes intentó comunicarse con el gobernador Eduardo Bours para alertarle sobre el empeoramiento de las tensiones entre los mineros que tienen trabajo y aquellos que fueron despedidos. Los funcionarios del gobierno estatal a quienes pudo comunicarles esa preocupación lo trataron con desinterés. Hoy ni siquiera son claras las circunstancias en las que murió Hernández. El presidente municipal de Nacozari es del PRD y el gobernador de Sonora es del PRI.
El conflicto entre Grupo México y el sindicato está desbordando al gremio pero también a las autoridades. Los mineros se han dividido. El gobierno de Sonora y en alguna medida el gobierno federal se han alineado con la empresa, repitiendo el error que hace un año cometió el presidente Fox. Se trata de un asunto extraordinariamente enmarañado en donde danzan intereses prepotentes, alianzas sombrías y millones de dólares. Tras ese asunto están las condiciones ingratas y ahora las asechanzas brutales que sufren los trabajadores mineros. Si alguien merece justicia en este berenjenal, son precisamente ellos. Una forma de comenzar esa justicia sería esclarecer y castigar el asesinato de Reynaldo Hernández González.
ALACENA: Error en el IMER
Sin ofrecer explicaciones al auditorio, esgrimiendo una peregrina concepción del rating y la competitividad que debe tener la radio considerada como pública y reproduciendo actitudes que han sido muy cuestionables en la radiodifusión comercial el director del Instituto Mexicano de la Radio, Héctor Villarreal, despidió repentinamente a los comentaristas del programa “Café encuentros” que se transmitía todos los días a las 9 de la mañana en dos de las estaciones del IMER. Entre los comentaristas de esa serie, que era un espacio de diversidad política y análisis inteligente, se encuentran Ricardo Becerra y Jorge Javier Romero, colaboradores de este diario.
Derrota del dinero… y de las izquierdas
Publicado en La Crónica el jueves 10 de agosto de 2007
La derrota del PRI en Baja California tendría que dejar lecciones persistentes: el dinero no basta para ganar una elección. La capacidad de los recursos financieros cuantiosos para comprar publicidad, adhesiones, votos inclusive, tiene límites y la mayoría de los electores en aquella entidad los señaló. Por muy extendida que sea la influencia de Jorge Hank Rhon especialmente en Tijuana (en donde se encuentra más de la mitad de los electores de esa entidad) el derroche de recursos y regalos no fue suficiente para permitirle ganar las votaciones del domingo. Hay algunas cosas que el dinero no compra y entre ellas se encuentra, al menos en ocasiones como la elección reciente, la voluntad de la gente. O al menos, en este caso, a una ajustada mayoría de los bajacalifornianos.
Casi el 51% votó por el candidato de Acción Nacional, José Guadalupe Osuna Millán, que se benefició del activismo que desplegó en su favor el actual gobierno de la entidad pero, también, de la animosidad que suscitaba el aspirante priista. Una encuesta del diario Reforma encontró que dos semanas antes de las elecciones el 43% de los bajacalifornianos aseguraba que jamás votaría por Jorge Hank.
Definida por los excesos, la personalidad de ese empresario ha sido claramente repulsiva para la opinión publicada en todo el país. La ostentación grotesca de una riqueza de orígenes fundadamente dudosos, la jactancia ofensiva que apenas era simulada con una cobertura de paternalismo dadivoso, el machismo vulgar, las acusaciones de complicidad criminal que él mismo pareciera ratificar como cuando ha protegido a la familia del asesino material del periodista Héctor Félix, han sido rasgos de un perfil público que nos retrotrae a las peores épocas de la vieja política mexicana. O que, mejor dicho, nos recuerda la vigencia, al menos en algunos casos y segmentos, de esa política clientelar, autoritaria y caciquil.
Lo más escandaloso no fueron las intenciones de Hank Rhon para ser gobernador sino el respaldo que encontró tanto en las anteriores como en las actuales autoridades de su partido. Promovido por Roberto Madrazo, el hijo del “profesor” mexiquense fue el candidato apoyado, inevitablemente, por Beatriz Paredes. Ante la postulación de Hank Rhon cualquier renovación priista –para no hablar de congruencia, que es un valor prácticamente en extinción en ese y el resto de los partidos– es inverosímil.
Hay quienes consideran que, con la derrota de ese ex alcalde de Tijuana, el PRI sale ganando porque se han demostrado las crecientes dificultades que enfrentan candidaturas como la que en esta ocasión perdió en las urnas. Pero a esa lectura optimista, es pertinente contrastar dos realidades. La primera, es el hecho de que el PRI nacional movilizó operadores, experiencia y recursos políticos en busca del triunfo de Hank. No se trató de un candidato aislado ni menospreciado por su partido. Y la segunda circunstancia radica en la votación, finalmente minoritaria pero de ninguna manera desdeñable, que alcanzó ese empresario de las apuestas y otros entretenimientos.
El candidato panista ganó la gubernatura por una diferencia de algo más de 54 mil votos, que constituyeron casi el 7% de los sufragios emitidos el domingo –de acuerdo con la información no definitiva, pero con más del 99% de las casillas contabilizadas, que ofreció el último corte del programa de resultados preliminares–. Osuna recibió casi 400 mil votos y Hank 345 mil, en números redondos. Fueron a las urnas alrededor de 800 mil bajacalifornianos, que constituyeron el 38% de los ciudadanos registrados en la lista de electores.
El año pasado, en la elección para diputados federales votaron 925 mil bajacalifornianos, es decir 15% más que en esta ocasión. Pero aunque hubo menos votantes, los sufragios a favor del PRI se incrementaron alrededor de 50%. En 2006 ese partido, aliado con el Verde Ecologista, recibió 231 mil votos en la elección para diputados en Baja California. Ahora, como hemos señalado, la misma coalición tuvo 345 mil.
En cambio los votos para Osuna Millán, postulado por el PAN junto con Nueva Alianza, fueron un 15% menos que los sufragios para esos partidos en la misma elección de 2006. Si recordamos que en los comicios del domingo pasado votó también un 15% menos de bajacalifornianos podríamos considerar, para estar en condiciones de comparar los resultados de ambas elecciones, que los votos para PAN y Nueva Alianza fueron prácticamente los mismos. Es decir, la fuerza electoral de esos partidos resultó prácticamente idéntica a la que alcanzó en la elección del año pasado para diputados federales.
En esa elección de 2006 los votos por Nueva Alianza fueron 60 mil. Si suponemos que la capacidad electoral de ese partido se ha mantenido sin cambios importantes, es factible considerar que, ahora, 50 mil de los 400 mil votos para Osuna fueron proporcionados por ese partido.
Si atendemos a esos datos podría considerarse que una parte de triunfo el nuevo gobernador se la debe a Nueva Alianza. Pero no hay que olvidar que, ante todo, Osuna recibió una votación que se mantiene fiel a Acción Nacional. Los votos de Nueva Alianza le permitieron a ese candidato afianzar un margen más holgado frente a Hank Rhon. Pero, si seguimos con tales estimaciones, se puede afirmar que aun sin esos sufragios Osuna hubiera ganado, con un margen de uno o dos puntos y no de casi del 7% con el que superó al candidato del PRI.
El crecimiento electoral del Revolucionario Institucional solamente puede explicarse con el declive del PRD. El año pasado en la elección de diputados federales la alianza perredista, junto con el PT y Convergencia, alcanzó 179 mil votos. Si le restamos el 15% que resulta de la disminución en la participación ciudadana, esos sufragios podrían haber sido 152 mil. En esta ocasión el PRD se presentó solo y, con otra fórmula, compitieron PT y Convergencia. Entre todos, esos partidos alcanzaron menos de 25 mil votos en la elección para gobernador. Es decir, descontando el descenso en la participación ciudadana, los partidos considerados de izquierda y que el año pasado compitieron juntos recibieron 127 mil sufragios menos. También disminuyó la votación de Alternativa, que cayó de 23 mil entre la mencionada elección del año pasado a poco más de 7 mil votos en los recientes comicios para gobernador. Si seguimos con este ejercicio y a la reciente votación de Alternativa le restamos el 15% tenemos que ese partido sufrió una merma neta de 12 mil 500 votos. PRD, PT, Convergencia y Alternativa perdieron, en suma, cerca de 140 mil votos.
En proporción con la participación del año pasado, en esta ocasión la votación por el PRI y el PVEM podría haber sido de 197 mil votos (descontando 15% a los sufragios de 2006) si hubiera mantenido la misma adhesión electoral. Pero ahora esa coalición, con Hank como candidato, alcanzó 345 mil votos. No es aventurado suponer que la mayor parte de los votos que en comparación con los comicios anteriores perdieron las izquierdas, se trasladó de manera masiva para beneficiar al PRI. Los 140 mil votos que de acuerdo con este ejercicio dejaron de recibir los partidos de ese signo, bastan casi para explicar la votación del candidato priista.
Así que el PRI no solamente desplegó una cuantiosa, suntuosa y en varios sentidos agresiva campaña electoral. El dato más importante es el efecto que ese proselitismo alcanzó, muy probablemente, entre las que hace un año fueron clientelas de los partidos de izquierda y de manera fundamental del PRD.
El domingo pasado en Baja California fue derrotada, por un margen de varios puntos porcentuales, la capacidad del dinero para hacer política. Pero la fuerza del dinero, aunque haya sido exhibida de manera tan ordinaria como hicieron Hank Rhon y su partido, fue capaz de seducir y definir el voto de quienes hace pocos meses simpatizaron con el PRD y otros partidos habitualmente apreciados como de izquierdas. La inconstancia, el desconcierto y el hastío de esos ciudadanos que cambian de opción electoral de manera tan inopinada es una de las lecciones menos atendidas pero, nos parece, más significativas de los comicios en Baja California.
ALACENA: Radio matutina
Mientras sigue sin resolverse la situación de José Gutiérrez Vivó y su noticiero el panorama de la radio informativa por las mañanas, ya muy competido con opciones tan diversas como las que constituyen Carmen Aristegui (W Radio), Leonardo Curzio (Radio Mil) y Óscar Mario Beteta (Radio Fórmula) se enriquece con el retorno, a ese horario, de Javier Solórzano en Radio 13.
Pottermanía
La Crónica de Hoy, jueves 2 de agosto de 2007
Déjenme confesarles, con la condición de que no se lo digan a nadie, que no resistí la tentación de asomarme al final de Harry Potter antes de leer el séptimo libro de la célebre saga. Unos días antes de la aparición de Harry Potter and the Deathly Hallows encontré en Internet varias versiones sobre el esperado desenlace. Ahora que, una vez publicado el libro, doña J.K. Rowling se ha referido en público al final y ha explicado por qué no dejó morir al joven mago que gracias a esa indulgencia crece, tiene familia y ve a sus hijos acudir al Colegio Howarts, no hago revelación ni traición alguna a los lectores si menciono ese episodio. Es precisamente el que leí en varios sitios en la Red, gracias a la indiscreción de alguno de los muchos impresores, intermediarios y libreros que manejaron centenares de miles de ejemplares antes de que pudieran salir a la venta con el primer minuto del sábado 21 de julio.
Aunque la versión que encontré parecía verosímil, nunca dejé de tener cierta suspicacia y contaba las horas que faltaban para confirmar si ese era, en verdad, el final de Harry Potter. Después de haber leído los seis volúmenes anteriores con una fidelidad alimentada por la trama perspicaz que mantuvo en vilo la curiosidad de varias generaciones de lectores, no éramos pocos los que queríamos saber si el enfrentamiento último entre los paradigmas del mal y el bien, cuya evolución conocimos libro tras libro, favorecería al abusivo Lord Voldemort o al simpático aunque cada vez más angustiado Potter.
Así que el sábado 21 por la mañana mi hijo Rafael y yo, que hemos leído juntos la serie de Potter durante varios años, fuimos a un Sanborns a comprar el nuevo libro. A ese establecimiento habían llevado 100 copias y cuando llegamos quedaban solamente 20. Aunque se trata de un libro en inglés en México vendió, en un solo día, más ejemplares que la gran mayoría de los libros editados en nuestro país.
De inmediato puede comprobar que el capítulo que había leído días antes era el que ocupaba las últimas páginas –de la 753 a la 759– del libro postrero de esa dilatada serie. Pero conocer el final no le quitó un ápice al interés por leer el séptimo volumen. Aunque ya no hay partidos de quiditch –el deporte que practican los jóvenes magos trepados en escobas para darle caza a una pelotita escurridiza– y la vida en la escuela de hechicería deja de ser importante porque todo el mundo mágico está por colapsarse ante el progresivo poder del-que-no-debe-ser-nombrado, los ingredientes más arrebatadores de la serie Potter aparecen con una intensidad que resulta de especial eficacia gracias a las numerosas referencias que toma de la vida contemporánea.
La disputa por el poder en el gobierno de los magos, que ya se había manifestado desde tres volúmenes antes y fue tomada como el eje de la película más reciente (Harry Potter y la Orden del Fénix) recuerda mucho las que presenciamos a diario en el escenario público de cualquiera de nuestros países. La tirantez entre las normas que los funcionarios más rígidos aplican con espíritu burocrático y la gana de innovación y libertad, existen lo mismo en nuestras instituciones políticas que en el venerable Colegio Hogwarts.
El allanamiento de mayorías mentecatas a versiones disparatadas pero que están de moda o son políticamente correctas, se aprecia en la historia de Rowling con tanta claridad como en circunstancias que nos resultan mucho más cercanas. A Harry Potter, en la novela, lo hacen víctima de la incredulidad indocumentada de muchos e incluso lo calumnian y difaman con tanta alevosía como les ocurre en la vida fuera de la literatura a no pocos personajes públicos. En el séptimo volumen la periodista Rita Skeeter, cuyo cinismo ya ha padecido el joven mago y que se refocila en inventar versiones sensacionalistas que son exitosas en el diario donde escribe, anuncia que ahora publicará un libro que tiene todo un capítulo, desde luego repleto de falsedades, acerca de Potter.
Si las historias de Rowling son tan entrañables se debe, en buena medida, a que están plenamente asentadas en la realidad. Los hechizos, las varitas, el sombrero seleccionador, las escaleras movedizas, el espejo de los deseos, los viajes de una chimenea a otra y tantos otros recursos, son parte del universo mágico que constituye el contexto para que la creadora de Harry Potter ofrezca, con las coartadas de esa fantasía, una intuitiva sátira de los nada mágicos defectos y problemas de esta humanidad.
Rowling erigió un mundo quimérico con tantos detalles que resulta plenamente aprehensible para sus seguidores. Pero en él, recrea críticamente compasiones, ambiciones, sevicias, incurias, apetencias –virtudes, defectos, pasiones en fin– que forman parte de la vida misma. Gracias a los pormenores que nutren la narración, los aficionados de Harry Potter cuentan con pródigos asideros para sentirse parte de una cofradía que no por multitudinaria es menos excepcional. Gran parte de éxito de la saga radica en el entusiasmo con que sus admiradores han compartido y ostentado sus símbolos (bufandas, escudos, anteojos, capas, entre la parafernalia que nutre libros y películas de Potter).
La otra parte del triunfo editorial y cultural se debe a la familiaridad que los lectores, fundamental pero no exclusivamente jóvenes, encuentran en la serie de Rowling. No se trata de una simple historia de buenos y malos (aunque, como en la vida real y en las buenas novelas, hay unos y otros). Las personalidades allí descritas suelen ser complejas. Quizá no haya un solo protagonista relevante que se ciña al estereotipo con el que aparentemente quería comprometerlo la autora. El bondadoso Dumbledore es capaz de tener arranques de rabia, la cerebral Hermione incurre en torpezas elementales, el generoso Ron tiene acometidas de envidia contra su amigo Harry, el detestable Snape se revela como uno de los personajes más complejos. El mismo Potter parece condenado, más que favorecido, a tener una heroicidad que nunca busca porque lo que él quisiera es vivir en la serenidad de los desconocidos.
Nada de eso basta para explicar la peculiaridad cultural, que descansa en méritos literarios pero también mediáticos y mercadológicos, que para asombro generalizado ha tenido la serie Potter. Se han escrito toneladas de líneas ágata acerca de los millones de ejemplares, las multitudes en las librerías y la fascinación insospechada por la letra escrita que suscitan las vicisitudes del joven mago. La elección de decenas de millones de muchachos que, más allá de sus respectivos contextos sociales y culturales le roban tiempo y entusiasmo al chat, la tele y el videojuego para zambullirse en la semblanza de Potter, ha despertado perplejidades y esperanzas muy variadas. Si el éxito de Potter y su autora pudiera explicarse con una escueta fórmula el fenómeno de lectura y consumo cultural que significan estos libros no sería tan insólito. Nada garantiza que, después de Potter, los muchachos que han dedicado centenares de horas a leer estos siete volúmenes hayan brincado a otras novelas. Pero sin duda muchos de ellos lo hicieron. Y en cualquier caso, lo leído nadie se los quita.
El de Potter es, incluso a pesar de Ms. Rowling, un fenómeno que pasa por los medios y que en Internet alcanza expresiones de afición, compromiso y enardecimiento que pocas figuras o expresiones contemporáneas despiertan. Debido a la parsimonia que suele padecer la edición de libros pero quizá también a causa de inciertos cálculos mercantiles, después de la aparición de las novelas de Potter en inglés pasan varios meses para que se publiquen traducciones en otros idiomas. La editorial encargada de las versiones en español, Salamandra, anunció poco antes de que comenzara a circular The Deathly Hallows que no tenía fecha para la publicación en nuestro idioma, con la consiguiente desilusión de muchos lectores.
A esa editorial, la semana pasada se le adelantaron varios anónimos y generosos apasionados de Potter que dos días después de la publicación en inglés ya habían traducido, y colocado en la Red, los primeros capítulos. Eso había sucedido en otras ocasiones pero los libros de la serie Potter son tan voluminosos que los desconocidos traductores suspendían esa tarea por cansancio, o presionados por los abogados que defienden los derechos de autor de la señora Rowling.
Ahora sin embargo, cuatro días después de que comenzó a circular en inglés ya había en Internet una versión completa, compaginada a la manera del libro, incluso con las ilustraciones de la edición original y grabada en formato PDF, de Harry Potter y las reliquias de la muerte.
Más que transgresión a los derechos de autor, en ese esfuerzo podemos encontrar una profunda admiración por el trabajo de Rowling y por los personajes y el mundo mágicos que creó en sus novelas. ¡Qué enorme esfuerzo, por añadidura solidario y desinteresado, realizaron esos propagadores de Potter al traducir en unos cuantos días las 896 páginas que alcanzó la versión en español!
Me enteré de ella la semana pasada, cuando encontré en un foro de Internet una escueta referencia que decía: “Aquí Está !!! Tengo todos los libros originales. Tengo todas las películas originales y en edición de 2 dvd’s. De modo que no creo afectar a la economía de JK Rowling si paso este link”.
Con esa convincente coartada por delante, el autor del mensaje apuntaba a uno de los rasgos más sobresalientes del fenómeno Potter: por mucho que la conozcan anticipada en Internet, la gran mayoría de los admiradores de la novela seguramente comprarán el ejemplar cuando aparezca en español. Con dicha certeza, aunque con el temor de que haya sido retirado para cuando esta nota sea publicada, les informo que la versión electrónica del nuevo libro de Potter en español fue colocada en: http://spanishhallows.blogspot.com/
No se lo digan a nadie.
