Sociedad y poder

La ministra está embarazada

Publicado en El mundo by rtrejo on Abril 17th, 2008

La Crónica, 17 de abril.

Madrid. La ministra de Defensa está embarazada. Esa frase resume el cambio político, no sin bemoles y contradicciones, que impulsa el presidente José Luis Rodríguez Zapatero al iniciar un segundo periodo de gobierno. En su gabinete, integrado por 17 ministros, hay nueve mujeres. Ese solo dato hubiera sido suficiente para enfatizar que, más allá de la equidad de género, existe una simbólica apuesta por la heterodoxia política. Pero Defensa, que es la cartera proverbialmente más identificada con la hegemonía masculina, ha sido ocupada por una mujer. Que además es joven. Que además es catalana. Y que está esperando un hijo.

Ese dato, que en cualquier otra circunstancia sería tema exclusivamente de la vida personal de doña Carme Chacón y su marido el periodista Miguel Barroso –ex vocero de Rodríguez Zapatero y ahora director de la Casa de América– se ha convertido en clave de la deliberación española en estos días. Chacón ya despertaba el interés de las publicaciones consideradas como femeninas desde que, siendo ministra de Vivienda, se casó embarazada a fines del año pasado. En la revista Elle apareció un reportaje en donde esa abogada de 37 años, que desde muy joven milita en el Partido Socialista de Cataluña, consideraba que no le resultaría imposible ejercer su nueva maternidad sin descuidar los deberes que le impone su pertenencia al gobierno de Rodríguez Zapatero. “Siempre tengo en mente que mucho más complicado es estar embarazada y tener que trabajar como, por ejemplo, cajera en un supermercado“, dijo con sensatez pero también consciente de la carga simbólica que adquiría desde entonces como figura pública.

Pero una cosa es lidiar con empresas constructoras, sociedades de crédito y acaparadores de predios y otra, encabezar a las tres fuerzas armadas (tierra, mar y aire). Y de tales dimensiones ha sido el encargo que hace unos días le asignó el Presidente de Gobierno a esa concejal del ayuntamiento de un suburbio de Barcelona que, además de todo ello, se da tiempo para dar clases de Derecho.

Diputada en dos ocasiones, Carme Chacón se instaló el lunes en sus nuevas oficinas en el Ministerio de Defensa. Su mensaje inicial a los generales con quienes trabajará cotidianamente fue claro, sencillo y firme. La condición de género de la ministra no debería dificultar el trato entre el gobierno y los militares ya que en España desde hace buen rato, y como una de las consecuencias de la institucionalización de la democracia, las fuerzas armadas tienen una presencia disciplinada y discreta. Sin embargo solamente 12% de los efectivos militares en España son mujeres.

La protesta de la nueva ministra de Defensa y el resto del gabinete de gobierno ante el Rey Juan Carlos y al día siguiente su alocución inaugural en el patio central del Ministerio que ahora encabeza fueron transmitidas en vivo por la televisión. Al encuentro con los militares Carme Chacón acudió con un atuendo que una periodista especializada en modas describiría como “discreto traje de chaqueta negro con blusón premamá blanco de rayas y unos zapatos negros con bastante tacón, que disimulaba con el largo del pantalón”.

Si el ministerio de Defensa hubiera seguido en manos de un hombre su indumentaria jamás hubiera sido motivo de comentarios. Pero así son las novedades: la primera vez suscita el interés de lo inédito y en esta ocasión se trata de una ruptura histórica. De ese calado fue hace cuatro años la decisión de Rodríguez Zapatero para designar vicepresidente de su gobierno a la abogada María Teresa Fernández de la Vega, que ahora repite en ese cargo.

No puede decirse que los españoles acepten todos, de buena gana, el nuevo cambio. Un lector sevillano le escribió esta semana a Rafael Reig, columnista del diario Público que desde hace medio año aparece (por cierto, con notable lozanía y agudeza periodísticas) en la capital española: “La guerra, que yo creía que había sido siempre un brutal juego de intereses orquestado por unos pocos hombres poderosos, una manera más de seguir haciendo negocio con la muerte de los pobres, será también cosa de mujeres, que son y han sido siempre las únicas que han mantenido la dignidad y la razón de los pueblos entre las guerras. ¿Por qué llamamos igualdad a hacerlas a ellas como a nosotros? ¿No deberíamos ser quizás nosotros como ellas?”.

Y hay reacciones en la antípoda de esa opinión, tan recargada de corrección política que contraviene la búsqueda de equidad, reconocimiento, justicia terrena o al menos retórica, según se le quiera ver. “Ahora los españolitos vamos a decir ooohhh qué bonito, está embarazada y es eco pacifista… dentro de nada en vez de fusiles llevarán florecitas” escribió un sarcástico visitante del blog en donde se hacía la descripción del vestido negro con blusón blanco a rayas. Aquí, donde el machismo es aun tan intenso como las reivindicaciones de género que se le oponen, la designación de Chacón –que en efecto es conocida defensora de causas ecológicas y de la convivencia de Cataluña con el resto de España— esa decisión del presidente Rodríguez Zapatero divide opiniones y sentimientos.

Por eso la nueva ministra sabía de qué se trataba cuando al cabo de su breve discurso se dio tiempo para tomar una nerviosa bocanada de aire y, tan ostensibles el abultado embarazo de siete meses como cierto nerviosismo, ordenó al jefe de la escolta militar: “¡Capitán: mande firmes!” para que se produjeran los honores marciales.

Además de Chacón y otras siete mujeres, forma parte del gobierno Bibiana Aído, parlamentaria andaluza que el mes pasado cumplió 31 años. Doctorada en Economía en Cádiz, de donde es originaria, Aído es ministra de Igualdad, una nueva cartera que está claramente destinada a la defensa de las mujeres. Si ese ministerio hace falta o no y sobre todo si consigue atemperar diferencias de género ya se verá. Pero por lo pronto la nueva ministra, junto con la carga de inexperiencia que implica su juventud, ocasiona inquietudes y algunos chascarrillos.

La designación de Aído y la creación del ministerio de Igualdad ha sido considerada una “medida orwelliana” por la prensa hostil al gobierno socialista. Representa “una manera de hacer política basada en la preferencia por los prejuicios ideológicos frente a los intereses generales. La igualdad, como la libertad, es un principio común a toda acción de gobierno y no sólo debe enfocarse desde la perspectiva de la situación de la mujer… Zapatero siempre se ha definido como feminista, y lo que ha hecho es satisfacer el concepto que tiene de sí mismo”, consideró en su editorial el diario ABC.

La descalificación más tajante la ofreció, en ese mismo periódico, el columnista Antonio Burgos. Rodríguez Zapatero “ha organizando su Batallón de Modistillas Ministeriales, donde las señoras superan ya a los caballeros”, escribió con descaro. A la ministra Aído, ese columnista la llama “nueva modistilla de la igualdad”. Y la juventud de esa andaluza destaca en numerosos comentarios. Al menos, dicho sea en descargo suyo, no se sabe que la joven Aído haya tramitado contratos en beneficio de negocios personales y familiares como sucedió en nuestras tierras con el secretario de Estado cuya mocedad y cercanía al presidente fueron postuladas como causas fundamentales –y a la luz del panorama mexicano desdichadamente fallidas—para colocarlo al frente de Gobernación.

Una ministra que espera a un hijo y otra que cuando nació ya había transcurrido más de un año después de la muerte de Francisco Franco: ese es el perfil de una vida pública cuyas novedades quiere reconocer Rodríguez Zapatero en la conformación de su equipo de trabajo. No se trata de cuotas de género sino de reconocer la aptitud como elemento fundamental para ocupar cargos públicos.

Así, mientras en España las mujeres que destacan en política ejercen las responsabilidades más altas, en México se les denigra o manipula. Qué emparentada con el despropósito acerca de las “modistillas de Zapatero” resulta la declaración aquella sobre las piernas de la presidenta de la Cámara de Diputados en México. Los símiles de López Obrador en otras latitudes no son precisamente personajes de izquierda populista sino voceros de las derechas más prejuiciadas y atrasadas. Y qué lejana del respeto a las mujeres que hacen política resulta su utilización al servicio no de una causa sino de un caudillo, como sigue ocurriendo con las “adelitas” del Peje que, junto con los adocenados legisladores perredistas, contribuyen a paralizar la discusión que quiere el país.

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