Sociedad y poder

La maestra, mito y contexto

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Nexos, marzo de 2008

Las redes de conveniencia que Elba Esther Gordillo ha construido durante dos décadas y que involucran a políticos y partidos de diversas y hasta contradictorias filiaciones pero también a periodistas, intelectuales y dirigentes sociales, le han permitido ejercer una notoria influencia. Su poder descansa en la representación –y el manejo de las cuotas sindicales– de más de un millón de maestros. Pero también se debe a la imagen de ascendencia indudable que se ha creado en torno suyo. Los socios de Elba Esther (Planeta, México, 2007, 336 pp.) de Ricardo Raphael, ayuda a entender el poder excesivo que la negligencia del Estado y la complacencia de los profesores le han conferido a Gordillo. Además, de manera involuntaria, contribuye a mitificar ese poder.

Catástrofe educativa

En uno de los momentos más expresivos del libro se relata cómo, en abril de 1989, el presidente Carlos Salinas le comunicó a Carlos Jonguitud que debería dejar la conducción del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. La designación de Gordillo, que entonces pudo parecer saludable porque significaba el desplazamiento de un líder abusivo y antidemocrático, daría lugar a un poder caciquil tan autoritario y discrecional como el que ejercía Jonguitud.

Gordillo no arribó a la dirección del SNTE para impulsar un proyecto democrático sino para promoverse a sí misma. Raphael explica que las cuotas sindicales, equivalentes al 1% del salario de cada profesor de educación básica, junto a otras prestaciones, ascienden a casi 11 mil millones de pesos en el transcurso de varios sexenios durante el liderazgo de “la maestra”. Pero si se añaden aportaciones a fondos de vivienda y otras fuentes de ingreso gremiales, a partir de 1991 el SNTE habría recibido “alrededor de 200 mil millones de pesos”. Esa suma, que el mismo Raphael calcula equivale a casi a la décima parte del Presupuesto de Egresos federales en 2007, es tan desmesurada que amerita mayor investigación y precisiones.

Gordillo dispone de cuotas, designa y revoca a líderes locales y nacionales, trafica con la representación política de los maestros. Pero esas capacidades no implican que pueda suplantar las convicciones políticas de los profesores, como a menudo se cree.

Con una conducta equidistante de los principios esa dirigente ha sido priista destacada, foxista indispensable y promotora de su propio partido –Nueva Alianza– casi de manera simultánea. Sólo la confusión dominante en un escenario político sin coordenadas ideológicas claras explica esa versatilidad. El libro narra con detalle la cercanía de Gordillo con políticos del PRI como, entre otros, Manuel Camacho y Marcelo Ebrard desde que formaban filas en ese partido. También relata cómo acostumbraba acercarse a escritores e intelectuales en busca de sus servicios o adhesión.

Ricardo Raphael describe el círculo vicioso que va de la politiquería sindical a la catástrofe educativa y que constituye el daño mayor que el SNTE y su lideresa le han propinado al país. El funcionamiento autoritario del sindicato ha sido posible gracias al manejo que los líderes gremiales ejercen sobre concesiones y prestaciones que reciben los maestros. Y ellos a su vez, adheridos a una estructura en donde la carrera magisterial no depende sólo de su capacitación real sino también de los méritos que hagan para la burocracia del SNTE, reproducen prácticas educativas que mantienen estancada la capacidad de reflexión de niños y jóvenes en las escuelas mexicanas: “¿Cómo sería posible que los maestros enseñaran a sus alumnos el valor de la autonomía, si ellos mismos están atrapados en un sistema de mafiosas dependencias? ¿Con qué convicción pueden inculcar el principio de la superación personal –a través del estudio y la adquisición de conocimientos– si para progresar en su carrera como maestros lo importante es ligarse sumisamente con la cúpula sindical?”.

Gordillo misma fue subordinada de esa burocracia sindical. Su historia personal, de profesora rural en Chiapas a cacique gremial con residencia en San Diego, California, sería fascinante de no estar resultando tan costosa para la educación pública y el país todo. Raphael describe la relación despótica y atrabiliaria, pero también de coacción emocional que, a imitación de las vicisitudes que ella padeció cuando joven, suele desarrollar Gordillo con sus subordinados. También ofrece datos importantes acerca de la colocación de familiares y allegados de esa dirigente en posiciones sindicales y políticas, así como para usufructuar contratos de construcción de vivienda magisterial.

Operación electoral

No son desdeñables el poder político y la capacidad de influencia que Gordillo ha logrado. Pero en varios pasajes del libro, Raphael exagera esas posibilidades de “la maestra”. La más destacada de tales magnificaciones le atribuye a Elba Esther Gordillo haber modificado los resultados de la elección presidencial de 2006.

Desde 2000, apoyada en el sindicato, Gordillo dispuso la construcción de un aparato para supervisar las elecciones en todo el país. Gracias a la participación de varios miles de profesores, asignados para registrar la votación en casillas previamente seleccionadas, podía tomarle el pulso a las elecciones de manera constante.

De acuerdo con versiones que recoge el autor del libro, al contar con datos a cada momento Gordillo podía acercarse a los principales candidatos y ofrecerles importantes caudales de votos. Así lo hizo, según tal información, al mediodía del 2 de julio de 2000 con Vicente Fox y, aparentemente también, con Felipe Calderón la víspera de las elecciones de 2006.

La posibilidad de que Elba Esther Gordillo indujera una cantidad de votos suficiente para cambiar el resultado de una elección en la que participaron 42 millones de mexicanos, constituiría un factor de poder descomunal. Sin embargo esa suposición tiene flancos inciertos que no son esclarecidos en el libro. El mismo Ricardo Raphael admite, con precaución, que esa habilidad para movilizar centenares de miles de votos: “Podría ser falsa, pero también podría no serlo. Todo depende de una sola cosa: de que la profesora Gordillo Morales sea capaz de instruir a tantos miles de adultos mexicanos sobre el sentido que deben darle a su voto, cuando se encuentran solos –y en plena conciencia de sí mismos– frente a la boleta electoral”.

Esa presunta aptitud para alterar el resultado electoral tendría dos variantes. Una, la posibilidad de convencer a varios centenares de miles de electores para que estuvieran dispuestos a votar por uno u otro candidato independientemente de las preferencias, convicciones e intereses de cada uno de ellos. Estaríamos ante un caso de alienación –o al menos de alineación– colectiva no solamente único en la historia sino, además, del que no existe huella o testimonio alguno. En el mismo libro se indica que 7 de cada 10 profesores de educación básica consideran que la actuación de Gordillo al frente del sindicato ha sido mala o pésima. Sería muy remoto que decenas de miles de esos maestros, luego de tener tal opinión, se dejaran manipular en la elección federal.

Raphael explica que aparato electoral de Gordillo está formado por 150 mil profesores que participan en el levantamiento de datos y quizá en tareas de persuasión de los votantes el día de los comicios. Sin embargo no se conocen evidencias de las dimensiones reales de esa estructura. ¿No estaremos ante una versión no confirmada que a fuerza de repetirse una y otra vez termina por parecer cierta, aunque no haya pruebas de su verosimilitud?

La otra posibilidad es que los operadores electorales al servicio de la dirigente magisterial hubieran podido alterar, ya en el cómputo de los votos, una cantidad de sufragios suficiente para trastocar los resultados de los comicios presidenciales. Ricardo Raphael se interesa en la versión de Noé Rivera, antiguo colaborador en asuntos informáticos y luego fallido operador político de la presidenta nacional del SNTE.

Rivera dice que en la elección de 2006, 70 mil profesores trataron de colocarse como funcionarios en las casillas tanto durante el proceso de selección como el día de los comicios. Asegura que con dos funcionarios en cada casilla confabulados para hacer trampa es posible alterar el escrutinio.

Esa hipótesis tiene varios flancos débiles. En primer término sería necesario que los presuntos usurpadores lograran incrustarse en las mesas directivas de las casillas, cuyos integrantes son designados primero por insaculación entre todos los ciudadanos y luego a partir de un curso de capacitación que organiza el IFE. Si consiguieran superar esos candados, alguien tendría que explicar de qué manera solamente dos pueden alterar un cómputo en el que participa una docena de personas atentas a cada boleta que sale de las urnas.

Luego, suponiendo que pudieran confundir a todos los presentes en el cómputo, tendrían que “sustraerle votos a un partido político con el objeto de transferírselos a otro” como dice Raphael en su explicación del supuesto fraude. Sin embargo el mismo Rivera, entrevistado por ese autor, descarta que dicha operación “haya generado votos a favor de Felipe Calderón, yo estoy seguro de que le quitó votos al PRI, le perdió votos al PRI y al PRD”.

Fraude hipotético

Aunque admite que esa hipótesis puede sonar “descabellada” el autor examina, junto con el investigador Javier Aparicio, las casillas ubicadas en las “Secciones Electorales de Atención Especial 2”, en donde la autoridad electoral supuso que podría haber algún conflicto. De entre ellas, elige las casillas en donde fueron reemplazados uno y dos funcionarios y compara los resultados con los votos en las casillas sin sustituciones. Así encuentra que, en donde fue sustituido el secretario, hubo una diferencia de 49% a favor del Partido Nueva Alianza.

En realidad se trata del 94% porque los porcentajes, sintetizados en la página 293 del libro, están mal calculados. Ya fuese 49, o 94, pareciera ser un porcentaje demasiado alto. Pero si se atiende a las cifras reales no lo resulta tanto. En las casillas donde no hubo sustitución de secretario el PANAL obtuvo 1.7 votos en promedio. Donde sí la hubo, recibió 3.3. Se trata de una diferencia de 1.6 votos por casilla. Pero en las casillas con cambio de secretario la coaliciones encabezadas por PRI y PRD perdieron, juntas, 26.2 votos. Entre las dos, obtenían 142 votos en las casillas sin esa sustitución de funcionario electoral y recibieron 115.8 en donde sí la hubo. Si esos votos fueron sustraídos por ciudadanos tramposos ¿en dónde quedaron?. Y ¿cómo se explica que entre unas y otras casillas el PAN haya perdido 5.5 votos en promedio? No hay relación entre la disminución de votos para los candidatos del PRI y el PRD y los que recibieron PAN y PANAL en esas casillas.

Vale la pena recordar que, según datos del IFE, el 2 de julio de 2006 solamente 3.8% de los más de 518 mil funcionarios electorales fueron seleccionados de la fila de ciudadanos formados afuera de las casillas. Con ese procedimiento se designó al 0.15% de los presidentes de casilla, al 1.43% de los secretarios y al 3.98% de los primeros escrutadores. Si, como dice Rivera –citado por Raphael– para hacer trampa es fundamental la coptación del secretario de la casilla, habrá que tomar en cuenta que solamente en 1877, de 130477 casillas, al secretario se le designó seleccionándolo de la fila.

De acuerdo con el cómputo del IFE, Felipe Calderón recibió 244 mil votos más que Andrés Manuel López Obrador. Si hubiera existido la operación que dicen Raphael y Rivera, cada uno de los secretarios de casilla presuntamente embaucadores –suponiendo que absolutamente todos los funcionarios designados como reemplazos para esa posición hubieran estado confabulados– tendría que haberle sumado 130 votos más al candidato del PAN. Las cuentas no salen porque se trata, precisamente, de una hipótesis descabellada.

Sobresaliente retrato

Los socios de Elba Esther ofrece un acercamiento relevante para conocer y entender la red de alianzas pragmáticas, traiciones políticas y simulaciones que ha mantenido a la señora Gordillo a la cabeza de la organización social más grande e importante de México. El libro señala rumbos de indagación periodística y académica que será preciso profundizar. Es fundamental no soslayar la importancia de Gordillo en el mantenimiento lo mismo que en la demolición del viejo sistema político. Por ello, es necesario que no se magnifiquen sus capacidades políticas.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 23, 2008 at 1:51 am

Publicado en Sindicatos

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