Archivo para Junio 2008
Razzias
Mostrador
Revista emeequis, 30 de junio de 2008
Aun no se sabía ni siquiera cuántas personas habían muerto en la News Divine cuando el jefe de la policía arrojaba la primera disculpa: el culpable había sido el dueño que irresponsablemente asustó a los más de 600 muchachos que colmaban la discoteca, insistía Joel Ortega Cuevas. No hacía falta demasiada suspicacia para encontrarle flancos débiles a esa versión, entre otros motivos porque pronto abundaron los relatos de algunos de los muchachos que padecieron aquella tragedia.
Gases lacrimógenos, golpes, empujones e incluso burlas y extorsiones por parte de muchos de los policías, fueron algunos elementos del escenario que se conjuntó para causar la catástrofe del viernes 20 de junio.
En los siguientes días nos enteraríamos de la impericia policiaca, la improvisación de las autoridades, sobre todo de las expectativas truncadas de aquellos muchachos que murieron asesinados por la incompetencia desplegada en un “operativo” innecesario.
Aquellos jóvenes iban a la discoteca a bailar, conversar, escaparse aunque fuese un rato de la ciudad que los atosiga y cerca incesantemente. No le hacían daño a nadie. Ni siquiera a sí mismos, como se pudo comprobar cuando nadie o casi nadie resultó con trazas de droga alguna.
Entonces abundaron las preguntas. Cada fallido y desdichado paso en la actuación policiaca de aquella tarde y luego, en el equívoco desempeño del gobierno de la ciudad de México, ameritaría numerosas y detalladas respuestas. ¿Por qué y a quiénes se les ocurrió encerrar a los muchachos en esa trampa en la que se convirtió la discoteca? ¿A qué procedimiento o a cuál rutina obedeció esa maniobra policiaca? ¿Qué respaldo legal existía para detenerlos a todos ellos y, por añadidura a golpes e injurias, llevarlos a la delegación? ¿Qué delito se presumía habían cometido? Y sobre todo ¿con qué derecho las autoridades de la ciudad de México siguen perpetrando razzias en discotecas y otros sitios de reunión?
La razzia es el secuestro imprevisto, indiscriminado y por lo tanto arbitrario de un grupo de personas. Se trata de una expropiación ilegal de la libertad, de un levantón a cargo de la policía. Razzias, se han practicado en regímenes dictatoriales cuando hay reuniones de cuya disidencia sospechan los gobernantes autoritarios: los montoneros argentinos, los allendistas chilenos, los socialistas españoles, padecieron razzias cuando se conjuraban por la democracia.
Razzias, las hubo en México en épocas supuestamente políticamente peores que la actual. Ernesto Uruchurtu, regente “de hierro”, se ufanaba de aprehender masivamente a los muchachos que se reunían en las ahora cándidas discotecas de los años 60 en la ciudad de México. Dos décadas más tarde, las detenciones colectivas volvieron durante alguna época pero muy pronto fue evidentísimo que resultaban contradictorias con la transición política que el país quería emprender hacia fines de los años 80.
Las razzias suponen que todo un colectivo, al que por eso se arresta de manera indiscriminada, está perpetrando una ilegalidad. En una definición rastreada en Internet encontramos que razzia viene del árabe ghazawa que significa “batalla” y que se utilizaba en referencia a las guerras del profeta Mahoma. En otra, en francés, se le equipara con una incursión rápida en territorio extranjero para hacerse de un botín.
Las razzias se emprenden contra el adversario, para neutralizarlo y de ser posible arrebatarle algo. Son acciones drásticas, en la contundencia radica su eficacia.
En México en los años recientes las razzias han sido expresión de intolerancia. Se han realizado en Guadalajara, para capturar supuestos camorristas como sucedió en mayo de 2004 después de un enfrentamiento entre la policía municipal y grupos de manifestantes. Las hubo antes en diversos sitios para aprehender homosexuales.
Si se quiere evitar el tráfico de drogas tendría que haber supervisión y sobre todo sanciones auténticas. Si se quisiera proteger a los jóvenes habría seguridad plena en los recintos donde se reúnen.
Las razzias, en cambio, son recursos de gobiernos dominados por el fanatismo y el sectarismo. Su sola aplicación, confirma que el de la ciudad de México es un gobierno muy lejano del respeto a la sociedad y de la reivindicación de los derechos humanos que son distintivos de las izquierdas. ¿Ciudad de la esperanza? Parece ciudad de la venganza por la saña con que los policías trataron a los muchachos que acudían a la discoteca News Divine.
Indispensable Pereyra
La granja
Nexos, junio de 2008
Sus amigos más antiguos le decían filósofo y lo era en el sentido más pleno: amigo de la sabiduría, entendida no como conocimiento escolástico sino como avidez constante para observar y, así, entender la realidad. Carlos Pereyra estudió y enseñó Filosofía, campo en el que se le reconocía por su interés crítico en el marxismo y más tarde en la reflexión sobre la democracia. Pero la búsqueda de la verdad lo llevó a interesarse, cada vez con más agudeza, en las fuerzas de la sociedad.
Tensiones en el sindicalismo, vicisitudes políticas en los estados, corrientes renovadoras en la iglesia, fundamentalismos de las derechas y desde luego extravíos de las izquierdas y antes que nada arbitrariedades del régimen priista, formaron parte del pertinente elenco de preocupaciones que Pereyra documentaba, con ostensible rigor crítico, en sus abundantes colaboraciones en diarios y revistas.
Hijo de emigrados argentinos, Carlos Alberto Pereyra Boldrini –Tuti, le apodaron desde niño– nació México en agosto de 1940. Murió el 4 de junio de 1988. Estudió en el Colegio Alemán. Todavía no entraba a la Universidad cuando presencia las movilizaciones de los ferrocarrileros y maestros que pugnaban por la autonomía sindical. Inicialmente se inscribe en la Facultad de Economía de la UNAM pero luego cambia, en 1961, a la de Filosofía y Letras. El vallejismo y la revolución cubana animan y condicionan la política de izquierdas en aquellos años. Pereyra participa en la Juventud Comunista, a la vez que en grupos de solidaridad con luchas latinoamericanas.
Pereyra pasa por el entonces perseguido Partido Comunista y luego por la heterodoxa Liga Comunista Espartaco. En esos y otros espacios constata cuán resistentes a la autocrítica y al cuestionamiento de los grandes dogmas llegan a ser simpatizantes y militantes de izquierdas cuando se consideran amparados por una coartada histórica.
En aquellos años de transición cultural al tiempo que de cerrazón política, afianza la convicción en la democracia que más tarde sería eje de su pensamiento teórico y político. A diferencia del marxismo dogmático que proponía la inevitabilidad de la Revolución siempre y cuando hubiera contradicciones suficientemente recrudecidas entre las clases antagónicas de la sociedad, Pereyra supo entender que el cambio social y político era resultado de la conjugación de circunstancias complejas. No hay un agente capaz de, providencialmente, determinar el rumbo de la historia. Ese reconocimiento, que ahora puede resultar elemental, no lo era tanto en épocas en las que la izquierda, atomizada en sectas tan voluntaristas como mutuamente enemistadas, creía disputar la conducción de la clase obrera como vía infalible a la transformación socialista.
Pereyra aborrecía ese clima de autocomplacencia pero trataba de entenderlo como parte de una cultura política que las izquierdas no superaban. Desde entonces, como relataría más tarde su camarada de toda la vida Adolfo Sánchez Rebolledo, “critica cuantas veces puede esa paulatina degradación del fondo ético e ideológico de quienes se autocalifican representantes de una vanguardia esclarecida, cuyo radicalismo tampoco será vacuna infalible contra el oportunismo más vulgar, si la hora se ajusta”.
La alternativa a esas limitaciones Pereyra las encuentra en el sindicalismo democrático. A mediados de los años 60 comienza a escribir en la revista Solidaridad, del entonces Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana. No dejaba de ser algo extraño encontrar, entre reseñas de movilizaciones y discursos de líderes sindicales, textos sobre el concepto de hegemonía en Gramsci o acerca de la idea de sociedad civil. Pereyra escribía esos artículos con el seudónimo “Manuel Gálvez”.
Desde entonces cultiva una relación de afecto y respeto mutuos con Rafael Galván, el dirigente de aquel sindicato que años más tarde sería la columna vertebral de la Tendencia Democrática de los electricistas. Su relación con ese movimiento le daba aire frente al enrarecimiento de las izquierdas. En 1972 participa en la creación de Punto Crítico, revista y a la vez grupo político con el que se identificaban los dirigentes no comunistas del movimiento de 1968, varios de los cuales acababan de ser excarcelados. Sin embargo se aparta de esa publicación, aunque no de la amistad con varios de sus promotores, cuando la revista difunde comunicados de la guerrilla que surgía en algunos sitios del país.
Años más tarde “Tuti” Pereyra contribuye a la reflexión que daría lugar al Movimiento de Acción Popular, efímero grupo que reunía a dirigentes sindicales y de los movimientos universitarios, entre otros. Si el MAP tuvo notoriedad fue porque apostaba al debate de ideas, terreno en donde las aportaciones de Pereyra eran fundamentales pero muy pronto desapareció para, en 1981, formar parte del nuevo Partido Socialista Unificado de México.
Pereyra decidió que su contribución al PSUM consistiría fundamentalmente en colaborar con el órgano de prensa del partido, llamado Así Es, nombre reveladoramente imperioso. Cada semana lo veíamos llegar puntualísimo a las oficinas del periódico en donde elegía un rincón en la mesa de redacción, sacaba algunos recortes de prensa, encendía uno de sus infaltables cigarrillos y se ponía a escribir a lápiz columnas de incomprensibles símbolos taquigráficos. El texto así pergeñado, él mismo lo mecanografiaba en impecables cuartillas. Sus temas eran los de actualidad nacional: movimientos sociales, el debate político, las grandes asignaturas en la educación, la economía, los medios.
A Pereyra no le interesaba especialmente influir en las discusiones dentro de la izquierda sino contribuir a crear un contexto de mayor amplitud, capaz de ensanchar las miras del quehacer político. Sin embargo, como describió José Woldenberg, seguía las vicisitudes partidarias con entereza más que franciscana: “Recuerdo a Carlos Pereyra en las reuniones del Consejo Nacional del PSUM. Escuchaba las interminables listas de oradores con atención y, de vez en vez, emitía un comentario sarcástico sobre el nudo de la discusión. Era, si no mal recuerdo, el único que sin formar parte del Consejo Nacional acudía, casi sin falta, a esas dilatadas sesiones en donde se procesaba aquel original proyecto de unificación de la izquierda mexicana”.
Aunque las había conocido hasta el hartazgo, a Pereyra quería entender las pulsiones y contradicciones de esas izquierdas que en aquellos años, por lo demás, parecían capaces de construir una alternativa dentro del escenario político mexicano. Ese apego, lejos de cancelar, nutría su cuestionamiento crítico entre otros motivos debido a la miopía que las izquierdas mexicanas habían decidido tener respecto del llamado bloque socialista. Carlos Monsiváis lo explicó de manera tan clara que pareciera que no se refería solamente al Tuti sino a muchos pensadores más, frecuentemente encajonados entre la solidaridad y la realidad: “A Pereyra ciertamente le resultó costoso, anímica y políticamente, trabajar dentro de una izquierda que asimiló con tal lentitud la monstruosidad del socialismo real. Se distanció del sovietismo de los comunistas… se opuso a la consigna sacra del proletariado, ‘única clase revolucionaria’, y fue muy crítico del marxismo oficial y las represiones a su nombre, pero no obstante eso debió cargar con una limitación severa, no culpa suya sino de la izquierda, que al no criticar frontalmente el universo totalitario en Moscú o La Habana, desbarataba su vertiente humanista, algo central en el pensamiento de Pereyra”.
Cuatro libros condensan las claves del pensamiento de Pereyra. Política y violencia (FCE, 1974) polemiza con las concepciones instrumentales del Estado y con las posiciones fatales acerca del cambio social. Configuraciones. Teoría e historia (Edicol, 1979) entiende a la historia como un proceso ajeno a determinismos y sometido a múltiples influencias. El sujeto de la historia Alianza Editorial, Madrid, 1984, profundiza esa discusión contra las concepciones teleológicas de la historia. Sobre la democracia (Cal y Arena, 1990) reúne, póstumamente, una selección de sus ensayos teóricos y políticos.
En el campo académico Pereyra coordinó, en los años 80, el Colegio de Filosofía de su Facultad. Además de autor riguroso, era profesor diligente. Uno de sus alumnos, Carlos Castillo Peraza, escribió hace dos décadas: “Pereyra era cumplido y puntual. Jamás aprovechó la cátedra para otra cosa que no fuera la entrega seria, serena y magistral de las lecciones que le estaban encomendadas”.
Pero el mejor testimonio de esa retroalimentación que buscaba en la realidad cotidiana para nutrir su reflexión teórica, se encuentra en sus artículos de prensa. Pereyra encontró en el periodismo la holgura que le negaba la política. Adolfo Sánchez Rebolledo lo ha dicho de manera puntual: “la claridad de Carlos es el resultado de un paciente trabajo, acompasado al ritmo de un razonamiento instruido y lógico. Pero es también expresión de una necesidad interior igualmente temprana y auténtica: Carlos aspira a insertarse en el mundo de las ideas, en este caso de la palabra escrita, para intervenir directamente en el movimiento real de las cosas” (subrayado en el original).
La pasión de Pereyra por el periodismo comenzó a mediados de los 60, cuando hizo reseñas
cinematográficas para la revista Política que dirigía Manuel Marcué Pardiñas. Muchas de sus colaboraciones aparecían sin firma, pero en los ejemplares de 1965 y 1966 es posible encontrar algunas notas suscritas con las iniciales CP. A la película “El día y la hora” de René Clement –acerca de una mujer adinerada que se ve involucrada en la resistencia francesa durante la Segunda Guerra– aquel comentarista la consideró demasiado distante del argumento: “La mera estructuración coherente de un relato, por más escenas bien logradas que tenga, no es suficiente para conseguir que sea acertada la narración de una anécdota. La peculiar forma con que el arte capta la realidad exige cierta totalización, una capacidad del artista para hacer trascender su relato y aprehender alguna dimensión humana”.
Desde fines de los años 60 Pereyra había colaborado, con reseñas de libros, en “La cultura en México” de la revista Siempre!. En marzo de 1972, cuando Carlos Monsiváis se hace cargo de ese suplemento, Pereyra se integra al consejo de redacción en donde permanece casi 10 años. Entre agosto de 1972 y marzo de 1975 colabora semanalmente en Novedades, de donde sale para incorporarse a Excélsior hasta los acontecimientos que desplazan de ese diario a Julio Scherer. Pereyra escribe para el semanario Proceso entre noviembre de 1976 y fines de 1981, primero cada semana y luego con ensayos que aparecían cada mes y en los cuales dejaba de padecer las limitaciones de espacio del artículo estrictamente periodístico.
En 1974 aparece Cuadernos Políticos, revista trimestral de Editorial Era en donde Pereyra, tanto en el comité editorial como en ensayos polémicos y pioneros, aporta notables dosis de amplitud e inteligencia. En 1978 participa en la fundación de Nexos en donde “miembro del consejo editorial, autor, promotor, crítico, nos acompañó siempre con una cercanía entrañable que nunca dejó de lado el rigor intelectual” según rezaba la presentación a una selección de contribuciones suyas a la revista, publicada a la muerte del filósofo (Nexos 127, julio de 1988).
También en 1978 surge unomásuno en donde Pereyra escribe hasta 1983, cuando junto con otros periodistas y colaboradores sale de ese diario para fundar La Jornada un año más tarde. En esos diarios, así como en el semanario Punto en donde escribió entre 83 y 84, Pereyra despliega la crítica rotunda que harían a sus textos indispensables para entender rutinas y rezagos del cambio político.
Pereyra no transigía con demagogias ni dogmatismos de ninguna índole. Lo mismo cuestionaba las prácticas corporativas del priismo que de algunos movimientos pretendidamente populares; le inquietaban los autoritarismos de las derechas confesionales y mediáticas tanto como los que encontraba en partidos y agrupaciones de izquierdas. Su último artículo en La Jornada apareció el 4 de mayo de 1988.
Polemista inclemente en las discusiones políticas y académicas, Pereyra sabía entender a las circunstancias en sus contextos, sin estridencias y con una serenidad que en los momentos más difíciles contrastaba con la costumbre, tanto de la política como del periodismo, a exagerar los conflictos. Sus textos tenían la contundencia del dato duro y la argumentación ordenada. Tanto que, según relata Sánchez Rebolledo, el poeta Efraín Huerta alguna vez le encareció: “un adjetivo, Tuti, un adjetivo de vez en cuando”.
Seguramente Pereyra, igual que acostumbró años más tarde, habrá contemplado a su interlocutor con una mirada juguetona, le habrá dado una reposada bocanada al Raleigh, se habrá encogido de hombros y habrá proseguido su discusión, que cuando se trataba de asuntos políticos era severa pero que en cuestión de deportes –era un filósofo con inteligencia suficiente para interesarse en el futbol– resultaba implacable.
Referencias
-Carlos Castillo Peraza, “Carlos Pereyra: In Memoriam”. La Jornada, 7 de junio de 1988.
-C.P., “El día y la hora”. Política, número 124, 15 de junio de 1965.
-Carlos Monsiváis, “Carlos Pereyra: ‘compañero, gracias por el ejemplo’ ”. Masiosare, suplemento de La Jornada, 21 de junio de 1998.
-Adolfo Sánchez Rebolledo, “Carlos Pereyra. Trazos desde la utopía”. Economía informa. Números 174 y 175, Facultad de Economía de la UNAM, mayo y junio de 1989.
-José Woldenberg, “Carlos Pereyra”. etcétera, número 279, 4 de junio de 1998.
Los nuevos beatos cristeros
La historiadora Laura Campos, que ha tenido un persistente y fructífero interés para desmitificar la historia de los presuntos mártires a quienes homenajea ahora el gobierno de Jalisco (véase nuestro comentario sobre el gobernador González Márquez como promotor del odio) ha puesto en línea su
libro Los nuevos beatos cristeros. Seguramente, ahora en la Red, esa autora y su trabajo de investigación histórica seguirán contribuyendo para atajar el fanatismo y afianzar los valores cívicos de la separeción entre Estado y creencias religiosas.
El desprecio
La Crónica, jueves 26 de junio.
Ninguna destitución, aunque merecida, remediará el asesinato de 12 personas el viernes pasado en la discoteca News Divine. Esas muertes se debieron a una sucesión de torpezas mayúsculas, brutales, criminales. Pero también y por encima de la incompetencia y la imbecilidad policiacas, en ese desdichado episodio se puede reconocer un abusivo desprecio a los jóvenes.
La policía llegó a detener a todos los muchachos que estaban en la discoteca. No había orden judicial, ni siquiera una acusación específica. Los arrestarían porque se habían reunido a bailar y escuchar música y porque esa conducta, a los zafios personajes que toman decisiones relevantes en las corporaciones policiacas les parece indebida.
Hay quienes dicen que la aprehensión de jóvenes en recintos como ése se ha vuelto rutinaria y que de esa manera la policía trata de atajar el tráfico de estupefacientes. En News Divine no encontraron drogas ni personas consumiendo algo ilícito. Aunque así hubiera sido, el consumo de drogas no es un delito. Venderlas sí, pero difícilmente se podrá atrapar a los desdichados que hacen negocio promoviendo la adicción a las drogas con operativos tan absurdos como el del viernes. Los muchachos son víctimas, no cómplices de los traficantes de drogas.
No era en defensa de esos jóvenes que actuaba la policía. Al contrario, y de allí los rasgos más agraviantes en la retahíla de tonterías que fue evidente el viernes, la policía llegó para importunar, acosar, maltratar y vejar a los muchachos. Nueve de ellos, y tres policías, murieron en esa operación.
Ilegal y absurda la aprehensión de todos, además se realizó con inexcusable violencia. Dentro y fuera de la discoteca, muchos jóvenes fueron golpeados. En ocasiones, al parecer, ese maltrato tuvo consecuencias criminales: “Rafael Morales, de 18 años, no soportó la serie de ‘cachazos’ que le propinaron el viernes granaderos de la SSP-DF durante el operativo en la discoteca News Divine. El joven se desplomó. Cayó al piso y de nada le sirvieron los primeros auxilios que le dieron sus amigos, porque horas después murió por contusiones en el hospital de La Villa”. Ese y el resto de los testimonios que transcribimos en los siguientes párrafos aparecieron en los reportajes de Hilda Escalona y René Cruz el sábado 21 de junio; Hilda Escalona, Vania Arroyo y Jonathan Villanueva el domingo 22; Israel Yáñez G. el lunes 23 y Jonathan Villanueva el martes 24, todos en La Crónica de Hoy.
“Hubo más de cinco adolescentes que relataron que los policías utilizaron toletes y pistolas para sacarlos del lugar”. Las huellas las llevan en el rostro. “ ‘A todos los que no agarraban nos subían al transporte oficial y nos empezaban a agarrar a cachazos’, decía Luis ‘N’, alias El Babo de 14 años, al momento que mostraba su cara con dos heridas, que dijo que eran cachazos”.
Dentro de la discoteca el aire se volvió irrespirable cuando, también de acuerdo con muchos testimonios, la policía aventó gases lacrimógenos. “ ‘Sí lo echaron… los chavos tuvieron que romper las ventanas y tirarse desde un segundo piso porque no podían respirar’, contó Jesica Jazmín Hernández Carranza, quien ayer fue dada de alta del hospital La Villa”.
¿Qué impresión de esos jóvenes tenían los jefes policiacos que ordenaron el desalojo de esa manera? ¿Qué imagen de ellos tienen los agentes que golpeaban, ofendían e insultaban a discreción? Una muchacha asegura “que los uniformados la amenazaron… ‘Hija de tu puta madre, te vamos a madrear hija de la chingada, súbete al camión culera. No mereces nada ni siquiera tu libertad ni tú ni tu pinche bola de amigos delincuentes’, recuerda la menor de edad. 16 años”.
El desprecio contra los jóvenes, la prepotencia machista, el abuso gandul, se desplegaron contra las muchachas indefensas. “ ‘A mí me manosearon los policías, cuando según me querían sacar, nada más me estaban manoseando… después una policía me jaló de los cabellos y me subió a un camión, y en la desesperancia (sic) empezamos a romper los vidrios del camión’, dijo la adolescente de 16 años”.
Quienes pudieron salir al comienzo del desalojo fueron amontonados en vehículos que llevaba la policía. “Nos agarraron y nos subieron a una camioneta y nos echaron boca abajo uno por uno, casi no podíamos respirar”.
Cuando los vehículos se llenaron, la policía bloqueó la puerta principal de la discoteca. Esa fue, como ahora se sabe, la mayor insensatez. ¿Qué supusieron los jefes policiacos que harían los muchachos, sobre todo cuando otros policías los hostigaban desde dentro del recinto? “ ‘No nos dejaron salir, porque cerraron las puertas’, agregó entre sollozos”.
Afuera de la discoteca no había asistencia médica. Nunca se sabrá si algunos de los muertos pudieron haberse salvado de haber recibido primeros auxilios.
Ya en el Ministerio Público, a muchos les robaron sus pertenencias. “Llegamos a la agencia de San Juan de Aragón, nos quitaron celulares, carteras, dinero que ya no lo regresaron, ya no tengo celular”.
A varias muchachas las desnudaron y vejaron. “ ‘Para hacernos el examen médico nos quitaron toda la ropa, nos ponían así con los brazos arriba a dar vueltas, con dos oficiales hombres en la sala y un doctor…, habíamos 13 mujeres dando vueltas, nos sentimos incómodas ante las miradas de los policías’, explicó Ceci ‘N’ en entrevista”. Tiene 16 años.
También se ha sabido que a varias muchachas y muchachos los marcaron en un brazo, para numerarlos.
A los familiares de todos esos jóvenes, más de 600, las autoridades los tuvieron varias horas en una incertidumbre de pesadilla. No proporcionaban listas de fallecidos o lesionados. A los padres de varios de los muertos tardaron mucho más en permitirles acercarse a los cuerpos.
Pero esa negligencia para dar cuenta a los directamente afectados de lo que había sucedido con sus hijos, el jefe de la policía no la tuvo para improvisar una a la postre fallida justificación ante los medios de comunicación. El viernes por la noche Joel Ortega Cuevas tenía mucha urgencia para propalar una versión mañosa sobre las causas de la tragedia.
Según el secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, la culpa había sido del dueño de la discoteca que al avisar que la policía estaba presente provocó la fuga en masa. Sin embargo el video que con tanta diligencia Ortega les entregó esa noche a las televisora desmentía esa versión. Después del anuncio del propietario del establecimiento los muchachos reaccionaron con natural enojo porque la fiesta terminaba repentinamente pero no se veían ni escuchaban reacciones de miedo. El terror vendría después, pero de eso no hubo constancia en la grabación censurada.
Las autoridades del DF dicen que los videos completos no serán mostrados en consideración a los familiares de las víctimas. Esa deferencia no la tuvieron durante muchas horas después de la tragedia. Y por lo general las autoridades policiacas no suelen tener miramientos para difundir e incluso improvisar grabaciones de sus operativos. Con cuánta frecuencia se presentan escenas de supuestos o reales criminales, que en todo caso no han sido sentenciados, a quienes se muestra junto con armas o artículos que han sido decomisados.
Una, y otra, y otra y otra vez, los muchachos de la News Divine fueron amagados, violentados, humillados. No fueron casualidades. En la tragedia en la Nueva Atzacoalco tenemos los resultados de una sistemática actitud de desdén hacia los jóvenes y sus problemas.
Para los muchachos de la News Divine y muchísimos más como ellos, la ciudad es un entorno permanentemente hostil. Padecen la agresividad urbana en sus colonias, cuando se trasladan a la escuela, cuando se les hace noche, dondequiera que estén. Sus ganas de diversión no pueden desahogarlas mas que en recintos también incómodos pero en donde al menos están juntos, como ocurre en las discotecas. Ahora, también allí llega la policía no para protegerlos (¡qué ingenuo resulta creer que podría ser así!) sino para importunarlos y ultrajarlos.
Si los jóvenes les importan a las autoridades y, descendiendo en el escalafón burocrático, a la caterva de delegados, directores, inspectores y demás funcionarios que lucran transigiendo con ilegalidades e irregularidades, es como pretexto para hacer negocio. Se trata del vasto y rentable negocio de la corrupción.
¿Qué imagen de la justicia, de las autoridades, van a tener esos muchachos y muchos otros de su generación que han tenido que crecer primero con temor y ahora con resentimiento hacia la policía? ¿Qué opinarán del inicial intento auto exculpatorio de Joel Ortega? ¿Qué del ahora ex delegado Francisco Chíguil que hizo ostentación de insensibilidad y vulgaridad al acarrear a un grupo de aplaudidores? ¿Qué dirán esos muchachos agraviados de la ausencia que en principio tuvo Marcelo Ebrard y luego de su afán para encontrar un chivo expiatorio en vez de procurar soluciones de fondo a la violencia contra los jóvenes?
En México no tenemos auténticas políticas de atención a los jóvenes. Por negligencia o indiferencia, hemos permitido que a los muchachos se les imponga esa impolítica del desprecio. Eso es lo que hubo tras la decisión criminal que les cerró el paso a la salida de la discoteca. Y es lo que se manifestó cuando sacaron, trasladaron, despojaron, revisaron y retuvieron ilegalmente a esos jóvenes.
La indignación ante tales acontecimientos es significativa por su extensión. Y también lo son algunas ausencias en esa reacción de la sociedad. Hay quienes buscan lucrar políticamente, como si la caída de un funcionario torpe o la desventura del escurridizo Marcelo Ebrard fueran realmente importantes. Hay otros que reaccionan con una discreción que no existiría si las autoridades responsables de esta desgracia hubieran formado filas en otro partido político. Se ha dicho que en el PRD y en las supuestas izquierdas que convergen en ese partido hay una doble moral: condenan cuando les conviene, callan cuando de otra manera comprometerían a los suyos. Allí no hay doble moral: se trata simplemente de una llana, ostensible y vergonzosa inmoralidad.
Algunos harán cuentas sobre la manera en la que votarán esos muchachos el año próximo, o dentro de cuatro años. No importa. Ellos desde ahora han confirmado que da lo mismo. Los dejarán de despreciar cuando crezcan. Mientras, se resignan a vivir con miedo y rencor. Doce muertos aplastados en la discoteca. Asesinados todos. Tres de ellos, agentes que fueron llevados por ineptos jefes policiacos. Nueve, eran muchachos que nada más querían divertirse. Hace 40 años, por menos que eso comenzó el movimiento del 68.
Monsiváis y La cultura en México
Ver también: Monsiváis, pedagogo y periodista
Zócalo, junio de 2008
Siempre merecidos, nunca suficientes, en la gran mayoría de los abundantes homenajes que se le han dedicado a Carlos Monsiváis con motivo de sus 70 años se ha omitido una de sus facetas más creativas, valiosas e incluso política y culturalmente innovadoras y pedagógicas. Me refiero a su papel como editor del suplemento que mantuvo durante 15 años en la revista Siempre!
Él mismo ha subestimado la importancia de aquel suplemento pero sus lectores de entonces no podríamos hacerlo. En una entrevista en 1998 le preguntaron y contestó:
-A Benítez se le acusó de mafioso, a Octavio Paz… ¿Cómo respondió usted cuando lo acusaron de lo mismo? -¿Qué se responde a eso? Los que se sienten excluidos elaboran su infierno o su paraíso perdidos. En mi caso me parece obvia la imposibilidad de ser siquiera un modesto cacique. Mi etapa desdichada fue como director de un suplemento cultural, porque no es un trabajo para el que yo sirva. Tengo espíritu de colaborador, no de editor, y cuando dirigí (o algo similar) el suplemento La Cultura en México entonces cometí numerosos errores, precisamente por no percatarme de las funciones del editor. Pero tuve suerte, o como se le diga, al haber colaborado antes con personas de gran generosidad y ausencia de autoritarismo: el doctor Elías Nandino, en la revista Estaciones; Fernando Benítez, en los suplementos; Jaime García Terrés, en Difusión Cultural. Y también el trabajo en el suplemento La Cultura en México fue posible gracias a Héctor Aguilar Camín, José Joaquín Blanco, Rolando Cordera, Carlos Pereyra, Adolfo Castañón, José María Pérez Gay, Alberto Román, Roberto Diego Ortega y Antonio Saborit, entre otros. Los cito porque lo valioso de esa empresa fue el trabajo en equipo [i].Él, con ese equipo, se tomó muy en serio su labor como editor del suplemento cultural más útil e influyente que ha existido en la prensa mexicana. En marzo de 1972, Carlos Monsiváis se hizo cargo de “La Cultura en México”, el suplemento de la revista Siempre! que Fernando Benítez había iniciado diez años antes, cuando encontró la hospitalidad de José Pagés Llergo para proseguir la publicación de un espacio semanal que le había sido clausurado en Novedades. En la primera fase de su gestión a cargo del suplemento, Monsiváis estuvo acompañado por David Huerta, Rolando Cordera y Carlos Pereyra.
[i] Armando Ponce, “La implacable crítica de Carlos Monsiváis en defensa de una sociedad ’sacrificada’ “. Entrevista en Proceso, 10 de mayo 1998.
[ii] Carlos Monsiváis, “No por mucho madrugar amanece más temprano”, en La Cultura en México, suplemento de Siempre!, no. 708, 3 de septiembre de 1975.
[iii] Ibid.
[iv] “Quinceañeros”, en La Cultura en México No. 800, 24 de junio de 1977.
[v] “800 números 800″, ibid.
[vi] “Presentación” en La Cultura en México, número 853, junio 28 de 1978.
[vii] Carlos Monsiváis, “No quisiera ponerme muy solemne pero…” La Cultura en México, número 1000, 27 de mayo de 1981.
[viii] El 21 de enero de 1987 se anuncia, sin más explicación, la salida del consejo de redacción de Luis Miguel Aguilar, Sergio González Rodríguez, Roberto Diego Ortega, Rafael Pérez Gay, Alberto Román y Antonio Saborit. Se quedan únicamente José Joaquín Blanco, Enrique Mercado, José María Pérez Gay y, como coordinador, Carlos Monsiváis.
[ix] A partir del siguiente número Paco Ignacio Taibo II se hace cargo del suplemento iniciándose así una larga serie de cambios en su conducción .
[x] Carlos Monsiváis, “25 años de La Cultura en México”. La Cultura en México, número 1300, 5 de marzo de 1987.
[xi] José Woldenberg, “¿Dicen que no se siente la despedida?, en La Jornada, 28 de febrero de 1987.
[xii] Fernando Solana Olivares, “Veinticinco años de La Cultura en México”. La Jornada Semanal, La Jornada, 28 de febrero de 1987.
Los derrotados de Alternativa
La Crónica, jueves 19 de junio.
A regañadientes, tratando de ocultar tropelías que han sido evidentes pero además reincidiendo en simulaciones y mentiras, los actuales dirigentes del Partido Alternativa Socialdemócrata han tenido que convocar a una nueva asamblea en el Distrito Federal para sustituir a la que fue saboteada por golpeadores que los apoyaban.
El fallo que aprobó el 11 de junio pasado el Tribunal Federal Electoral rectifica una sentencia absurda e inicua del Tribunal Electoral del Distrito Federal y dispone la reposición de aquella asamblea que, cuando estaba realizándose el domingo 16 de marzo, fue interrumpida por el grupo que llegó a golpear y amedrentar a los simpatizantes de Patricia Mercado, la fundadora y el personaje más notorio de ese partido.
La incursión de los golpeadores impidió que los miembros de la corriente de Mercado pudieran permanecer en la asamblea. Aun así los delegados que permanecieron en dicha reunión, y que forman filas en la corriente antagónica, designaron dirigentes locales del partido y representantes a la asamblea nacional que tendría lugar dos semanas después. Debido a que esos representantes fueron nombrados sin participación de todos los delegados de Alternativa que habían sido electos para la asamblea del Distrito Federal, también la asamblea nacional tendrá que volver a celebrarse.
La decisión del TRIFE rectifica sólo en parte la cauda de irregularidades cometidas por los dirigentes del Alternativa a los que encabeza Alberto Begné. Las asambleas local y nacional se realizarán de nuevo (el próximo domingo 22 de junio y el 12 de julio, respectivamente) pero habrán sido organizadas por dirigentes locales y nacionales que fueron electos o ratificados en asambleas inválidas. Por otra parte, el TRIFE no sancionó los hechos de violencia que impidieron la reunión del 30 de marzo.
Será difícil que la nueva celebración de esas reuniones restaure la descomposición que padece ese otrora promisorio y muy interesante partido político. Las corrientes encabezadas por Mercado y Begné tuvieron diferencias acerca de la conducción de Alternativa, especialmente respecto de la política de alianzas. Mientras la ex candidata presidencial consideraba que Alternativa debía mantener un perfil propio, a fin de ir construyendo una opción de izquierda distinta a las que ya existen, para Begné lo más importante era que el partido ganara posiciones locales aunque fuese a costa de aliarse con grupos antagónicos a los principios de su propia organización.
Esas discrepancias podían haberse discutido y resuelto dentro del partido mismo, que ya había enfrentado el acoso de vivales como los que quisieron hipotecarlo a los intereses y al dinero de Víctor González Torres, que se presenta como el “doctor Simi”. Sin embargo las dos corrientes en disputa prefirieron llegar a una confrontación de la que solo podría resultar la supremacía de una de ellas en la dirección del partido.
Al grupo de Patricia Mercado se les podrían reconocer insuficiencias y quizá, en algún momento, una actitud jactanciosa. Pero no hay que olvidar el enorme esfuerzo que sus integrantes hicieron para rescatar al partido de los intentos para neutralizarlo o cooptarlo hace dos años y la inteligencia con que ella misma se desempeñó durante la campaña electoral que transcurría en aquellas fechas. En todo caso, aunque les faltara vocación conciliatoria con el grupo rival, Mercado y sus simpatizantes se han conducido dentro de la legalidad que establecen los estatutos de Alternativa y la normatividad federal.
No ha sido ese el comportamiento de Begné y del grupo de dirigentes que, junto con él, usufructúan hoy la representación nacional de Alternativa. Ya desde la creación de los grupos de base en distintas entidades se habían advertido irregularidades, que fueron señaladas por autoridades encargadas de fiscalizar ese proceso dentro del propio partido. La contratación del grupo de golpeadores levado a sabotear la asamblea del 30 de marzo pasado, confirmó la decisión de violentar la legalidad interna.
Esa es la diferencia cardinal entre quienes encabezan a los grupos de Mercado y Begné. Los primeros han apostado a la discusión y la lucha política, al amparo de las reglas del partido. Los segundos, acudieron a la confrontación y a la violencia aun a costa de quebrantar la legalidad que ellos mismos habían contribuido a establecer.
A Mercado y sus partidarios se les pueden señalar errores políticos. Al grupo que llevó a los golpeadores del 30 de marzo no se le puede sino condenar por haber pervertido el proyecto que significaba Alternativa. Equiparar a esas dos corrientes, como hacen algunos comentaristas que deploran la incapacidad de ambas para ponerse de acuerdo, elude el problema central en Alternativa que no son las diferencias tácticas, ni la colisión de personalismos, sino la decisión de uno de los grupos en pugna para ganar a cualquier precio.
En su resolución de hace 8 días, el Tribunal Federal Electoral tomó en cuenta el acta notarial y diversos testimonios de la asamblea del 30 de marzo, así como los videos tomados por las cámaras del hotel en donde se verificaba esa reunión y que registraron episodios de la agresión. En aquella asamblea los simpatizantes de Mercado iban vestidos con playera roja y los partidarios del grupo a cargo de la dirección nacional vestían de blanco. El TRIFE, entre las consideraciones que forman parte del documento de 142 páginas que contiene la mencionada resolución, explica:
“De la valoración conjunta de los medios de prueba antes mencionados, se concluye que la Asamblea en cuestión fue interrumpida intempestivamente por diversas personas, identificadas todas ellas con una vestimenta similar (gorras y/o playeras blancas) que removieron violentamente el mobiliario, aventaron objetos y alteraron el orden de las personas y los documentos utilizados durante la asamblea, al grado de que muchas de ellas abandonaron el recinto para evitar enfrentamientos o asegurar su integridad personal”.
Tales sujetos, añade el análisis del TRIFE, “entraron agresivamente, comenzaron de inmediato a empujar a los asambleístas y arrojaron objetos con la intención de ahuyentar a los presentes. Estos acontecimientos generaron que mucha gente abandonara el recinto, como se asentó en el acta notarial ya referida y como se observa de los vídeos descritos, destacándose en el acta notarial que algunas personas abandonaron el lugar para evitar daños físicos. Ahora bien, dichos indicios permiten inferir que las personas que agredieron y hostigaron a los que inicialmente estaban presentes provocaron que una gran cantidad de estos últimos se retiraran del lugar del evento. Estos acontecimientos violentos son suficientes para invalidar la asamblea, pues impidieron que un numeroso grupo de representantes registrados pudieran ejercer con libertad su voto, lo cual está debidamente comprobado con las documentales antes valoradas”.
Esa argumentación fue definitoria para la decisión del TRIFE porque los agredidos en aquella asamblea habían impugnado la resolución del Tribunal Electoral del DF que la consideró válida con argumentos de escándalo. Para los magistrados del tribunal local, los miembros de Alternativa que fueron agredidos debieron haberse quedado en la multicitada asamblea porque las amenazas nomás duraron un ratito. Después de la incursión de los golpeadores, los simpatizantes de Mercado se congregaron en un sitio cercano a donde se había realizado la asamblea. Según el Tribunal del DF, esa actitud demostró que no habían resultado suficientemente amedrentados y por eso podrían haber regresado a seguir con la reunión.
En su resolución, el Tribunal Electoral del DF apuntó entre otras consideraciones: “Del material probatorio no se desprende que dichos actos violentos se hubieran reanudado, ni que hubieran afectado el ánimo de los asistentes a la asamblea, de tal manera que indefectiblemente pudieran traducirse en presión u hostigamiento que haya evitado el ejercicio libre del derecho al sufragio… Ello es así, porque las máximas de la experiencia indican que por lo general, ante hechos violentos, las personas agredidas huyen del lugar, anteponiendo su seguridad e integridad física, antes que el ejercicio de cualquier otro derecho; no obstante, en el caso, ambos grupos de personas manifestaron su intención libre de tomar sus decisiones partidarias en las instalaciones del hotel sede, esto es, en el mismo lugar en el que acontecieron los hechos de violencia”.
Tonterías como esa invocación a las “máximas de la experiencia” y sobre todo el menosprecio a la violencia que impidió las condiciones indispensables para deliberar y tomar decisiones, llevaron al Tribunal Federal a enmendar la grotesca resolución del Tribunal del DF.
Al opinar sobre la resolución del TRIFE el dirigente de Alternativa, Alberto Begné, ha dicho que a pesar de la cancelación de las asambleas local y nacional, los magistrados federales reconocieron que la violencia fue provocada por simpatizantes de Patricia Mercado. Pero también en esa apreciación miente el actual presidente de ese partido. Durante uno de los momentos más álgidos de la asamblea en el DF uno de los militantes de Alternativa que traía playera roja, Miguel Conde, tuvo un injustificable exabrupto y tiró la mesa tras la que estaba la presidencia de debates. Pero la apreciación del TRIFE sobre ese incidente es contrapuesta a la que ha querido propalar Begné:
“Si bien es cierto que en los incidentes del Acta de Asamblea y en el acta notarial se asienta que Miguel Conde tomó la tribuna y la arrojó al piso, lo cierto es que dicho acto, por sí mismo, no generó el tipo de violencia que provocó, como causa inmediata, el retiro de más de la mitad de los integrantes de la Asamblea, pues como ya se vio, el motivo determinante de la desintegración consistió en la posterior intervención repentina de un grupo de personas, con vestidura blanca, que interrumpieron la Asamblea en forma violenta”.
Algún día habrá que reflexionar sobre el efecto perverso que tiene el quehacer político sobre personas respetables, que habían tenido un comportamiento público honorable, como algunas de las que prefirieron violentar una deliberación antes que perder una votación como sucedió en aquella asamblea en Alternativa. De todo este asunto, junto con el deterioro acaso irreversible en la presencia pública de un partido que suscitó tan convencidas adhesiones, lo más lamentable ha sido la mimetización de dirigentes como Begné y sus adherentes con prácticas de la vieja política atrabiliaria y antidemocrática. Pase lo que pase en Alternativa los derrotados de antemano, remolcados por una triste concepción del quehacer político que ha destrozado la respetabilidad que tenían, han sido esos dirigentes.
El humor presidencial
Mostrador
revista emeequis, 16 de junio de 2008
Dicen que se exaspera con facilidad. También aseguran que se le advierte una nueva arrogancia, correlativa a una también reciente indisposición a discutir sus decisiones. Es de esperarse. Los problemas del país son para encrespar a cualquiera. Y a pesar de la desacralización que ha experimentado en los sexenios recientes, El Poder Presidencial sigue siendo eje, vértice y símbolo del sistema político mexicano.
En el presidente no solo se concentran mayores recursos para gobernar que en cualquier otro de los poderes institucionales. Además, en torno suyo sigue habiendo una corte de aduladores pocas veces dispuestos a matizar o replicar ante acciones y dichos del titular del Ejecutivo Federal.
Quizá por eso, según cuentan, Felipe Calderón de ha vuelto más distante y aparentemente menos dispuesto a escuchar opiniones discordante con las suyas. Acaba de llegar a la cuarta parte de su mandato constitucional. Año y medio sometido a rituales oficiales y rutinas oficiosas, pero además a costumbres en donde la veneración y la postración no han desaparecido del todo, son para ofuscar a cualquiera. Sobre todo, cuando la cantidad y densidad de los problemas que debe afrontar alcanzan la gravedad que padecen las zonas más difíciles de la sociedad y la economía mexicanas.
Cuando aparece en público se le advierte preocupado. Sería mala señal que no lo estuviera pues todavía es incierta la manera como México será afectado por la crisis económica internacional y, a pesar de insistentes esfuerzos, seguimos sin remedios suficientemente eficaces ante las carencias sociales más urgentes. Calderón prometió más empleos y aquel compromiso no solamente sigue sin ser alcanzado. Además, las cifras sobre ocupación laboral que manejaba el gobierno resultaron amañadas debido a un aparente error en los criterios para contabilizar puestos de trabajo que utilizaba el Seguro Social.
También prometió hacer más y mejor política y también en esa asignatura, en la que presuntamente estaba mejor capacitado, los resultados son inferiores a las expectativas con las que fue electo. Los principales acuerdos políticos en lo que va del sexenio no los ha procurado directamente el gobierno federal aunque haya participado en el cabildeo para alcanzarlos. La reforma fiscal del año pasado, que está resultando de mucha menor profundidad de lo que sus propagandistas habían alardeado, fue consecuencia de un responsable acuerdo entre legisladores, fundamentalmente del PAN y el PRI. También de allí, con la participación del PRD, surgió la reforma constitucional que entre otras cosas modificó las reglas para la difusión de mensajes electorales en los medios electrónicos y que, por otro lado, condujo a la destitución de varios de los consejeros del IFE.
Calderón les ha dejado a los partidos ese proceso de acercamientos pero ahora pareciera negar los avances en ese terreno. Santiago Creel, el operador político más importante del PAN en el Congreso, fue destituido como coordinador de los senadores de ese partido en lo que parece una operación que mezcla la revancha política con la aceptación a una exigencia de Televisa.
El senador Creel les resultaba molesto a los magnates de los medios porque auspició la reforma constitucional que dejó a televisoras y estaciones de radio sin varios miles de millones de pesos en las épocas de campaña electoral. Pero quizá les resultaba especialmente incómodo porque ha estado comprometido con una revisión integral a la legislación para los medios de comunicación.
La remoción de Creel no es la única concesión que el presidente les está dispensando a algunos de los poderes fácticos. Además ha sido anuente con las exigencias de las enmohecidas pero agresivas corporaciones sindicales.
La pretendida reforma en la enseñanza, el presidente aceptó sujetarla a las condiciones y supervisión de Elba Esther Gordillo y la burocracia que junto con ella maneja al SNTE. En la reforma petrolera (respecto de la cual hay numerosas y contradictorias opiniones) Calderón se ha negado a menoscabar los intereses del sindicato de Pemex.
El presidente ha resuelto tolerar a los poderes mediático y sindical e incluso se alía con ellos. Quizá busca acumular sus recursos, políticos y de toda índole, en el combate a otro y mucho más amenazador poder fáctico, el de la delincuencia organizada. Acaso justiprecia los males menores frente a la necesidad de atajar al mal mayor que es el narcotráfico. Pero no vaya a ocurrir que, por concentrarse en la batalla más importante, el presidente esté descuidando todo lo demás. No son decisiones sencillas. Es entendible que el presidente Calderón esté preocupado. Nosotros también.
Al capricho del poder mediático
La Crónica, 12 de junio
Al destituir a Santiago Creel, el PAN y el presidente Calderón se sometieron a un capricho de Televisa. Ni las desmañadas aunque ampulosas explicaciones de Germán Martínez, ni la extendida murmuración mediática, permiten llegar a otra conclusión. La remoción del coordinador de los senadores de Acción Nacional se dio a conocer y fue resuelta de manera inusitadamente descomedida. La insistencia en que se busca dar “un nuevo impulso” a la reforma petrolera confirma la estrecha apreciación que Martínez y su jefe inmediato, el presidente Felipe Calderón, tienen del trabajo legislativo.
La reforma para desarrollar la industria petrolera se encuentra en marcha, aunque por derroteros inciertos. De ello no tienen la culpa los senadores panistas sino la hasta ahora eficaz tarea de entorpecimiento que han desplegado los opositores de esa reforma, especialmente en el ajetreado PRD pero también en convenenciero PRI. Aparentemente el líder nacional del PAN, y quizá también el Presidente de la República, están insatisfechos con el debate sobre la cuestión petrolera que organiza el Senado. Pero el aburrimiento de esas discusiones y especialmente la marginación que en ellas ha tenido la iniciativa presidencial no se ha debido a indolencia de los legisladores panistas sino a circunstancias que los trascienden. El propio Germán Martínez hizo una exaltada pero fútil defensa de la propuesta de reforma presentada por el presidente Calderón.
La organización de ese debate no fue, como algunos han querido creer, resultado de la ocupación de los recintos parlamentarios que mantuvieron durante dos semanas los senadores y diputados del PRD. El debate ya había sido previsto, y anunciado, horas antes de ese bloqueo al trabajo legislativo. Por lo demás, si la iniciativa del presidente Calderón ha dejado de ser referencia central en las discusiones sobre el petróleo no se debe a ineficiencia de los legisladores panistas sino a las dificultades que el gobierno y su partido han tenido para articular una negociación satisfactoria con otras fuerzas políticas.
Si hay reforma petrolera, tendrá que ocurrir merced a un proceso de acercamientos entre posiciones ahora encontradas. Por eso la sustitución del coordinador de los senadores panistas resulta aun más absurda. En varios temas y momentos, especialmente en los meses recientes, Santiago Creel ha demostrado aptitud para negociar –es decir, para hacer política–. Así lo han reconocido, además de correligionarios suyos, legisladores de otros partidos. Así lo confirmó el aplauso que recibió ayer cuando llegó a presidir la sesión de la Comisión Permanente.
De tal forma, si no es por la vía de la concertación y los compromisos como el gobierno y la dirección del PAN confían en lograr la reforma petrolera, y si carecen de las mayorías legislativas necesarias para que sus propuestas avancen sin negociación con otros partidos, entonces no cabe sino suponer que esperan hacerlo respaldados en el poder de los medios de comunicación. Se trata de una apuesta aventurada y en realidad más bien ingenua, porque figurarse que la presión mediática basta para forzar a los legisladores implica olvidar algunas de las lecciones recientes en la relación entre empresas comunicacionales y quehacer político. Cuando los partidos se allanaron a la égida de las televisoras y aprobaron la Ley Televisa, terminaron arrepintiéndose mientras presenciaban el revés que la Suprema Corte imponía a aquellas arbitrarias reformas. Y cuando esas mismas televisoras desplegaron una arrebatada campaña de amedrentamiento contra la reforma en materia de medios y elecciones, los partidos tuvieron motivos adicionales para apoyar dichas modificaciones constitucionales.
De entonces viene la malquerencia que las televisoras le tienen a Santiago Creel. A los dueños de Televisa y Azteca no les bastaron, malagradecidos e insaciables como son, las decisiones de Creel que los favorecieron cuando era Secretario de Gobernación. Al contrario, con ese resentimiento que algunos cultivan contra quienes les han sido más cercanos y deciden distanciarse –y como si considerasen que quien se alínea con ellos debe seguirlo haciendo siempre– las televisoras le tomaron al senador Creel un encono tan público como rústico.
Primero lo sacaron de sus pantallas. Pero aun vetado en la televisión abierta, Creel siguió haciendo política y manteniendo e incluso incrementando la notoriedad que ya tenía. Antes que él algunos otros personajes públicos habían superado la prueba del veto televisivo. Censurado por Azteca y Televisa Santiago Creel es, de acuerdo con varias encuestas, el panista que más adhesiones tendría como candidato presidencial dentro de 4 años. Se trata de ejercicios demasiado anticipados y que valen sobre todo por la nombradía actual que tienen algunos personajes públicos. Y Creel cuenta con ella. Más aun, por lo menos en el mediano plazo esa fama pública muy posiblemente habrá sido reforzada gracias a la represalia que le han impuesto sus dos presidentes –el de su partido Germán Martínez y el de la República, Felipe Calderón–.
La destitución ocurre días después de que las televisoras emprendieron una sucia campaña contra Creel cuando se supo, de manera oficial, que es padre de una niña que no estaba registrada como suya. Ese asunto fue magnificado en numerosos medios, no en atención a la presencia pública del senador sino como venganza por el activo desempeño que ha tenido en la legislación para los medios de comunicación.
Al destituir a Creel de la coordinación senatorial panista inmediatamente después de ese episodio, los dirigentes de su partido y el Presidente de la República se muestran, por decirlo de manera elegante, poco solidarios con ese correligionario suyo.
Pero como además la remoción sobreviene también después de la publicación de varias encuestas acerca de la popularidad de ese legislador no ha sido aventurado sostener que, entre otros motivos, sus malquerientes dentro de Acción Nacional quieren atajar la carrera política de Creel.
Quedan lastimados el propio Creel y las causas con las que se ha comprometido, entre otras la reforma del régimen legal de la radiodifusión y las telecomunicaciones. Pero queda maltratada también la reforma petrolera porque si esperan que el respaldo de la televisión será suficiente para crear un contexto de exigencia social a favor de la apertura a la inversión y otros cambios en PEMEX, el gobierno y su partido están olvidando que más allá de presiones mediáticas y aun sociales, quienes van a decidir esas modificaciones son los senadores y los diputados.
Algunos de ellos están de tal manera embrollados construyendo sus propios compromisos que difícilmente compartirán, al menos de manera espontánea, los requerimientos del PAN y sus presidentes. El senador Manlio Fabio Beltrones presentó una iniciativa para dotar de espacios en Frecuencia Modulada a los radiodifusores que solamente tienen concesiones en Amplitud Modulada. Hay quienes consideran que esa es una pretensión justa porque, se dice, la AM ya no es negocio. Pero otorgar a un particular una concesión adicional simplemente porque la rentabilidad de la concesión que ya tiene no le resulta suficiente, equivale a suponer que el Estado debe resarcir con nuevos privilegios el déficit en los negocios de quienes ya cuentan con alguna licencia para usufructuar un bien nacional.
Si un particular que tiene una franquicia para operar una estación de gasolina exigiera que, solamente por ello, el Estado le asignase otra gasolinera, esa petición parecería excesiva. Pero en el caso de los radiodifusores, ha existido tan escasa apreciación crítica sobre la utilización de las frecuencias que prácticamente se ha vuelto lugar común considerar que, cómo no, los pobrecitos concesionarios de AM se merecen ahora una frecuencia en FM.
Todo ello debiera ser motivo de licitaciones, como sugiere la sentencia que la Suprema Corte dictó hace un año. Pero en vez de abrir concursos para adjudicar nuevas frecuencias (en los cuales el desempeño de quien ya tiene AM podría ser muy importante en la decisión para adjudicarle una FM) la iniciativa de Beltrones propone una asignación automática. Aunque sería necesaria la opinión de la Comisión Federal de Competencia, en esa propuesta no hay reglas para evitar que quienes ya se benefician de muchas concesiones disfruten de otras más. Al contrario, el criterio será darles muchas frecuencias a quienes ya poseen demasiadas.
Magnánima con quienes ya tienen mucho, la iniciativa de Beltrones es discriminatoria con quienes disponen de menos frecuencias o las usufructúan en condiciones más difíciles. En las plazas en donde no haya espacio para darles FM a todos los actuales concesionarios de AM, se dará preferencia a las estaciones comerciales por encima de las radiodifusoras no lucrativas.
La iniciativa Beltrones es de tan grotesca transparencia en esa exaltación de la radiodifusión privada que la incorpora a la Ley Federal de Radio y Televisión: “Dada su estricta dependencia de ingresos por publicidad, los concesionarios tendrán preferencia sobre los permisionarios”.
¡Qué confesión tan vulgar de la preeminencia de la radiodifusión lucrativa sobre la de carácter cultural, de servicio o comunitario! Ni siquiera la Ley Televisa era tan burda en la promoción que hacía del interés privado.
También se propone supeditar el interés público al de los radiodifusores en una adición al artículo 4 de la Ley de Radio y Televisión que compromete al Estado a planear el desarrollo de la radiodifusión “con la participación de concesionarios y permisionarios”. Desde luego cualquier decisión debe tomar en cuenta la opinión de todos los involucrados. Pero con esa adición habría quienes consideren que el Congreso y el Ejecutivo no pueden tomar medidas para la radiodifusión sin el consentimiento de quienes tienen estaciones de televisión o radio.
La desafortunada iniciativa de Beltrones y algunos otros senadores del PRI no parece constituir una medida aislada. Ayer mismo, el secretario de Gobernación anunció el refrendo de 131 concesiones de radiodifusión que no se habían renovado debido a la indefinición legal sobre el procedimiento para hacerlo. La inquietud de los beneficiarios de esas concesiones resulta entendible. Pero la justificación legal para otorgar tales refrendos es inadmisible. Hace un año la Corte estableció que todo refrendo debe realizarse mediante licitación. El mecanismo para ello sigue sin ser definido debido a la indolencia que en este asunto mantienen los legisladores que no han reformado la Ley de Radio y Televisión para atender a las indicaciones de la Corte.
Si realmente estuviera interesado en resolver ese y otros rezagos en los medios de comunicación, el senador Beltrones podría haber invertido más interés en las reformas para la radiodifusión y las telecomunicaciones. Pero solo busca congraciarse con algunos empresarios de la radio. Igual que el líder del PAN y el presidente Calderón, ahora encandilados con el embaucador resplandor del Canal de las Estrellas.
Contra el referéndum petrolero
La Crónica, 5 de junio
Un referéndum permite que los ciudadanos elijan entre dos grandes opciones: sí o no a la integración de varias naciones, sí o no al cambio de moneda, sí o no a la escisión de un país. Los referéndum se han puesto de moda en la medida en que se producen cambios drásticos (alianzas, crisis, rupturas, fundaciones) en distintas latitudes. El referéndum es por definición categórico: aceptación o rechazo. Los que ganan se llevan todo el triunfo. Los que pierden no tienen más opción que admitir su condición minoritaria aunque se haya debido a un pequeño porcentaje. Por eso el referéndum requiere de una cultura política sólida, capaz de preservar la tolerancia lo mismo en la victoria que en la derrota, o de asumir sin más desgarraduras la ruptura o la transformación que supone el éxito de cualquiera de las polarizadas opciones que son sometidas al sufragio popular.
El referéndum que algunos han propuesto para zanjar la disputa sobre la reforma petrolera conduciría a una decisión insuficiente por parcial, inconveniente por disgregadora, insatisfactoria por antidemocrática.
Sí, antidemocrática. En apariencia, someter al voto popular un asunto tan relevante como el destino de nuestros recursos petroleros constituiría el procedimiento más democrático posible. Si se trata de un tema que nos concierne a todos, podría decirse, nada mejor que escuchar la voz de todos. Y para eso está el voto. Pero en el sufragio no nos manifestamos sino acerca de opciones preconcebidas. Por eso constituye el mecanismo idóneo para que resolvamos entre varios partidos, y/o varios candidatos a cualquier cargo de elección. En cambio en un asunto que tiene tantas aristas como son las opciones de exploración, extracción, inversión, infraestructura y otros rubros en litigio alrededor del petróleo, someter la decisión al voto en las urnas resulta democrático solamente en apariencia.
Si la democracia consistiera en resolverlo todo mediante votación, tendríamos que pasarnos la vida delante de la urna. No habría sistemas de representación política porque todo se dirimiría en el voto trivializado hasta la rutina cotidiana. Pero la democracia es –o en sus concepciones más avanzadas se aspira a que sea– otra cosa. Democracia, en una sociedad de masas en donde los problemas resultan cada vez más complejos y los ciudadanos tienen cada vez mayor información y aptitud propositiva, implica un amplio ejercicio deliberativo y, luego, mecanismos capaces de procesar los muchos puntos de vista que surgen acerca de los asuntos relevantes.
Por eso la democracia contemporánea requiere de la esfera pública, que no es una simple arena por la que circulan arengas y eslóganes sino que exige de espacios, formatos, reglas y disposición de la gente para la deliberación. Por eso, también, la esfera pública no se agota, de manera alguna, en los habitualmente simplificadores y estridentes medios de comunicación y se extiende y enriquece, al menos en términos ideales, en la academia, en las organizaciones de la sociedad, en el parlamento.
La democracia de calidad, como actualmente se tiende a denominar a la que resulta deseable, recurre al sufragio para la designación de representantes y en algunos casos para tomar decisiones tajantes y excepcionales. Pero su construcción cotidiana descansa en la creación de ciudadanía. Ciudadanos plenos son aquellos que se reconocen y respetan como tales y para ello es necesario que existan condiciones de equidad suficientes. Información y deliberación son componentes insustituibles de la ciudadanía. Un referéndum puede ser la desembocadura virtuosa de un proceso de acercamientos y precisiones hasta llegar a posiciones tan diáfanas que puedan resolverse eligiendo, simplemente, sí o no en torno a ellas.
No es eso lo que ocurre con el referéndum que algunos han propuesto acerca de la reforma petrolera. Ese ejercicio no ha sido planteado para resolver una diferencia nacional sino para evitar la decisión –y en buena medida la discusión– acerca de ella.
El referéndum es esencialmente simplificador. La vida está llena de momentos de decisión pero también de oportunidades para la mediación. Podemos elegir entre una u otra marca de dentífrico, o entre casarnos con una u otra persona, o entre un partido político u otro (o podemos optar por no tomar decisión alguna al respecto). En cambio en la cuestión petrolera no existen ni sería saludable que existieran posiciones completas y perentorias que puedan presentarse en paquete.
Hay una iniciativa presidencial de reformas legales que, a pesar de algunos rasgos interesantes, prácticamente nadie ha defendido. Quien se esperaba que lo hiciera en la pasarela de opinadores que organizó el Senado y que era el dirigente nacional del PAN, lo hizo de manera tan oblicua y pendenciera que difícilmente puede considerarse a esa participación como apoyo a la propuesta del presidente Calderón. Existen proyectos más o menos generales, como el que ha sostenido Cuauhtémoc Cárdenas, que establecen contrapuntos importantes pero no absolutos respecto de la posición del gobierno federal. Pero la de ese distinguido fundador del PRD no es la postura de su partido aunque, bien a bien, nadie sabe cuál es la propuesta perredista en materia de petróleo. Sabemos lo que no quieren, aunque solamente a partir de consignas que repiten de manera machacona. Pero no está claro lo que sí quieren y mucho menos la viabilidad técnica y financiera de esas eventuales propuestas. De los priistas sabemos que quieren aprovechar esta oportunidad para ganar posiciones, recursos fiscales para los estados que gobiernan, impunidades para sus gobernadores más impresentables, cortinas de humo para que nadie se acuerde del sindicato petrolero. Del interés nacional los dirigentes del PRI no se acuerdan ni para acicalar sus discursos.
Así las cosas, no existe un eje capaz de articular las adhesiones o rechazos que podrían someterse a referéndum. Y es que la reforma petrolera tiene tal complejidad que resulta imposible reducirla a las opciones polares que hay en todo ejercicio de votación popular.
¿Cómo podrían frasearse las posiciones que estarían sometidas a votación de los ciudadanos? Si el referéndum lo organiza el gobierno de la ciudad de México, nadie tendría que sorprenderse si está definido por una pregunta como la siguiente:
¿Está usted de acuerdo en que la Constitución mexicana sea transgredida y en que el patrimonio de la nación y de nuestros hijos que constituye la riqueza petrolera sea entregado a manos extranjeras mediante la concesión a codiciosas empresas trasnacionales de las tareas de exploración de crudo en aguas profundas?
Ese mismo asunto, visto desde otra perspectiva, podría frasearse así:
¿Está usted de acuerdo en que a fin de contar con la inversión indispensable para aprovechar plenamente los yacimientos petroleros en aguas profundas Pemex se asocie con empresas internacionales que cuentan con capital, infraestructura y recursos suficientes para respaldar esa área del desarrollo energético en beneficio de todos los mexicanos?
Cada una de esas preguntas se refiere al mismo asunto. Cada una tiene el mismo número de palabras. Y ofrecen concepciones diametralmente distintas de ese aspecto de la cuestión petrolera. Evidentemente cada una de tales preguntas tiende a suscitar respuestas diferentes.
Lo mismo podría hacerse con cualquier otro de los temas de la agenda petrolera. La posibilidad de recibir capital privado para construir y manejar refinerías, el financiamiento de oleoductos y otras obras de infraestructura, el reordenamiento administrativo de Pemex, la participación del sindicato en la orientación de la empresa, son asuntos susceptibles de presentarse de manera tremendista o benévola, según las intenciones de quienes pregunten.
Cada uno de esos temas involucra una gran cantidad de opciones e incluso de información que no ha quedado clara en el intercambio de posiciones que se ha producido hasta ahora. Aunque parezca inaudito, seguimos sin saber las dimensiones de las reservas probadas y posibles, el monto de la inversión necesaria para la extracción en aguas profundas y la probabilidad de encontrar cuánto petróleo en ellas, el costo de una refinería, etc. etc. En esas condiciones, votar sí o no acerca de tales temas resultaría por lo menos irresponsable. Pero además podría conducir a un suicidio nacional.
La cuestión petrolera requiere de un proceso de discusión, contrastes, acercamientos y decisiones para el cual, antes que nada, el país necesitaría protagonistas políticos dispuestos a comprometerse en la resolución de cada uno de esos temas. Se requiere, para decirlo llanamente, que los legisladores y los partidos hagan política en el sentido más cabal de ese término. Pero los tres partidos nacionales, el PRI por ambición, el PRD por descomposición y el PAN por estupefacción, siguen atrapados en la politiquería.
Si fueran responsables, legisladores y partidos estarían considerando justamente ahora qué aspectos de la propuesta de Calderón son recuperables, cuáles de los temas que señala Cárdenas les parecen insoslayables, cuáles de los vetos de López Obrador pueden (si es que alguno) ser atendidos. Y sobre todo cuáles, de entre los contradictorios datos y enfoques presentados por los ponentes y opinadores de los días recientes, son elementos capaces de contribuir a una reforma auténtica.
Si hubiera referéndum, en cambio, cada uno de esos partidos se preocuparía por acarrear o disuadir a los posibles votantes pero difícilmente se afanaría para convencerlos. En un referéndum, el marketing y el mesianismo pesan más que los razonamientos. No en balde las votaciones sobre temas drásticos han sido preferidas, en varios casos recientes, por gobiernos latinoamericanos que practican diferentes formas de populismo autoritario.
Si lo que queremos es que en la reforma petrolera prevalezca el interés nacional, para eso está el Congreso. Aunque no nos gusten, los que fueron electos y ocupan curules y escaños son los legisladores que tenemos y su responsabilidad es, valga la redundancia, representarnos. Ese es su trabajo. Privarlos de él, llevando a las urnas una decisión política y técnicamente compleja, implicaría someter ese tema fundamental a la ruleta del clientelismo, la polarización y la mercadotecnia.
Y por cierto si hubiera referéndum, de acuerdo con las encuestas recientes, ganarían por mucho las propuestas del presidente Calderón. Así que cuando Marcelo Ebrard anuncia una consulta popular no lo hace para impulsar una posición, y mucho menos en defensa de la democracia, sino para crear más ruido y desconcierto. No le interesa facilitar, sino entorpecer la decisión nacional sobre el petróleo. El referéndum, en ese caso, es instrumento de la demagogia y la politiquería.
Líderes
Mostrador
Revista emeequis, 2 de junio de 2008
Alguna vez los sindicatos nacionales fueron los espacios más sólidos, maduros y participativos de ese segmento privilegiado de la sociedad mexicana al que grandilocuentemente denominábamos movimiento obrero organizado. Cuando los más importantes de ellos nacieron, entre los años 30 y 40 del siglo XX, eran columnas vertebrales de algunas de las empresas nacionalizadas más importantes.
El petrolero, el minero metalúrgico y el ferrocarrilero constituían los sindicatos de mayor relevancia política y económica. No en balde, en parte debido a los codiciables recursos que desde entonces manejaban y también al interés del gobierno para controlarlos, allí surgieron los primeros líderes charros. En empresas privadas que luego serían nacionalizadas (las telefónicas y las de energía eléctrica) hacia los años 50 surgían o se consolidaban sindicatos de industria que dos décadas más tarde habrían de ser los más avanzados en el plano ideológico.
Esos sindicatos eran tan fuertes que las cúpulas gremiales más tradicionales, encabezadas por el desfachatado Fidel Velázquez, guardaban prudente distancia política respecto de ellos. Aunque algunos, como el Petrolero, formaban parte de la CTM, esos sindicatos y sus líderes tenían juego propio dentro del partido oficial. Más tarde, precisamente, renunciar a la CTM se volvió señal de emancipación política. Eso fue lo primero que hizo el Sindicato de Telefonistas cuando, en abril de 1976, se sacudió la dirigencia que lo había manejado durante años.
En aquellas épocas la figura del sindicato nacional, con secciones en todo el país que agrupaban a los trabajadores de una misma rama industrial, pudo ser considerada más moderna que los abundantes, dispersos y por lo general más fácilmente manipulables sindicatos de empresa. Esos sindicatos, de tamaño mediano o pequeños, constituían la membresía fundamental de centrales como la ya mencionada CTM.
A causa de la heterogeneidad con que se desarrollaron los sindicatos en este país, han coexistido dos entramados organizativos. Por un lado están los sindicatos de empresa, muchos de los cuales son indecorosos fantasmas que nada más sirven para vender contratos de protección. Algunos más se encuentran dominados por líderes espurios y unos cuantos, poquísimos, se mantienen independientes frente al sindicalismo tradicional.
En el otro esquema organizativo están los sindicatos nacionales, con cobertura en toda una industria. Gracias a que ejercen la representación de decenas de miles de trabajadores, sus líderes mantienen una significativa pero a menudo perversa influencia en sus respectivas ramas de actividad.
Los agremiados de los sindicatos nacionales de industria suelen tener mayor escolaridad y mejores ingresos que el promedio de los trabajadores mexicanos. Son la élite de la clase obrera mexicana –si es que eso existe–. Y sus líderes son el más persistente resabio de un sindicalismo enmohecido, oneroso, caduco y desprestigiado.
Así en Petróleos Mexicanos el sindicato, que detenta contratos ultra millonarios, trafica con las plazas y se da el lujo de transgredir la legislación electoral sin padecer consecuencia alguna (como sucedió cuando, en 2000, sus dirigentes le entregaron subrepticiamente al PRI 500 millones de pesos). Allí está el obstáculo central para cualquier reforma de esa industria.
En la rama Minero Metalúrgica donde en 2001, antes de morir, el viejo líder Napoleón Gómez Sada le heredó la dirección sindical a su hijo, se mantiene una tajante disputa entre el sindicato y la principal de las empresas de ese ramo en el país. Las autoridades del trabajo, tanto en el anterior como el actual sexenios, han mantenido acosado al Sindicato Minero en donde, sin embargo, los trabajadores insisten en respaldar a Napoleón Gómez Urrutia. Ese dirigente, a su vez indefendible tanto por su trayectoria refractaria a la democracia como por el manejo discrecional que hace de los recursos sindicales, se mantiene fuera del país.
En la educación básica la dirigencia nacional del SNTE, encabezada por Elba Esther Gordillo, mantiene el control de más de un millón de maestros con la utilización de recursos clientelares que forman parte de los más graves rezagos de la enseñanza en nuestro país.
En la telefonía, el sindicato encabezado por Francisco Hernández Juárez se ha interesado más en defender a la empresa de Carlos Slim que la calidad y la competencia en las telecomunicaciones. Hace 32 años Hernández Juárez era abanderado del sindicalismo democrático e independiente. Era. Desde entonces ha sido secretario general del STRM. Dice que se va a retirar. Ya mero. En tres décadas los telefonistas no han sido capaces de tener otro dirigente.
