Sociedad y poder

Archivo para Enero 2009

Obama, ojalá…

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emeequis, 25 de enero

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Cambio es la palabra que sintetizó el espíritu predominante en la toma de posesión de Barack Obama. Sin embargo ese vocablo apareció solamente dos veces en su primer discurso como presidente de Estados Unidos. En contraste con la retórica magnética que desparramó durante su campaña, en el mensaje que leyó el martes 20 en las escalinatas del Capitolio y delante de una multitud inédita Obama jugó poco con las palabras.

Al grano: esa debe haber sido la instrucción que Obama le dio a Jon Favreau, el joven de 27 años que le escribe sus discursos. La elegancia de la sobriedad –pocas metáforas, en busca de claridad– en este caso tuvo además el infrecuente mérito político de decirle a las cosas por su nombre.

“Nuestra economía está seriamente debilitada como consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad en parte de algunos, pero también de nuestro fracaso colectivo para tomar elecciones difíciles”, dijo. En una frase el nuevo presidente censuró con elegancia a su antecesor, George Bush, y a quienes junto con él permitieron que los desajustes y la especulación financieros crecieran hasta originar la crisis que está asolando las economías de todo el mundo. Y como no se trataba de estancarse en reproches sino de mirar hacia adelante, Obama insistió en que se deben asumir decisiones. El eje conceptual de su estrategia es la articulación de un Estado capaz de enfrentar la crisis.

Obama no se enredará en discusiones acerca de las dimensiones del Estado. Más bien se preocupará por lo que dicho Estado –y su brazo ejecutivo, el gobierno– sea capaz de hacer. Fue claro cuando dijo: “La pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno es demasiado grande o pequeño sino si trabaja, si ayuda a las familias a encontrar empleos con un salario decente…”. Si la eficiencia dará la medida del Estado, Obama tendrá que reforzar la política social y recortar redundancias y dispendios.

Así también, respecto de la economía, precisó: “Ni tampoco la pregunta que enfrentamos es si el mercado es una fuerza para bien o para mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad es insustituible, pero esta crisis nos ha recordado que sin un ojo vigilante el mercado se puede salir de control…”

No arriesgó compromisos con metas ni cifras puntuales. Pero deja ver una idea distinta a la hasta ahora preponderante acerca de las funciones del Estado en la conducción de la economía. La posibilidad de responder sin demasiadas decepciones a la enorme confianza que ha suscitado su llegada a la Casa Blanca, depende en buena medida de la capacidad que tenga para restablecer un Estado benefactor.

No se trata, desde luego, del Estado omnipresente que tan dolorosas consecuencias ha tenido en los regímenes totalitarios, ni del Ogro Filantrópico que tan agudamente describió Octavio Paz para referirse al autoritarismo priista en México. Un Estado moderno tiene que reconocerse como promotor del crecimiento, componedor en los conflictos y redistribuidor de la riqueza.

Habrá que apreciar de qué manera, y en qué medida, el esperanzador Obama logra sortear la incómoda distancia que siempre hay entre los dichos y los hechos. Pero el reconocimiento que hoy se hace en Washington acerca de la emergencia económica y del papel necesario e intenso del Estado, no parece trastornar las apreciaciones complacientes y en buena medida pachorrudas del gobierno mexicano acerca de nuestras propias crisis.

Al presidente Calderón y su administración, les sigue pareciendo que los desequilibrios que ya se experimentan en la economía están sobredimensionados. No han considerado necesario convocar a la sociedad a un auténtico compromiso para guarecernos de la crisis. Y no deja de ser preocupante, porque por muchas expresiones que haya de religiosidad y resignación como las que nuestro presidente se empeña en ofrecerle al poder eclesiástico, las oraciones y la fe no serán suficientes para que la economía produzca ni para ofrecerle certezas a la sociedad.

Obama también hace invocaciones religiosas en sus discursos, pero en un contexto distinto al mexicano. Allá el presidente jura su cargo con la mano sobre la Biblia. Aquí, hemos tenido suficientes razones para construir y preservar un Estado laico. En Estados Unidos, Obama habla de Dios como parte de la retórica para dirigirse a la gente. En México, Calderón lo hace para congraciarse con los jerarcas eclesiásticos.

Es enorme la esperanza que suscita Obama. Digamos en español, con una palabra de raíces árabes: ojalá (oh, Alá) le vaya bien.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Enero 26, 2009 a 1:32 am

Escrito en Estados Unidos

Plan anticrisis, con Estado frágil

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emeequis, 11 de enero de 2009

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El plan anticrisis del presidente Calderón implica la actuación de un Estado fuerte. Pero el Estado mexicano se encuentra debilitado por la incapacidad de sus fuerzas políticas para mirar más allá de sus dimes y diretes.

Pocas escenas tan representativas de esa contradicción como el anuncio, en Palacio Nacional, de las medidas gubernamentales para amortiguar los efectos de una crisis internacional que resulta especialmente ominosa porque nadie acierta a entenderla integralmente ni mucho menos a predecir a cabalidad sus consecuencias.

Allí estaba La República, o la suma de componentes disímiles con los que se le suele identificar desde el poder político. Gobernadores, legisladores, ministros, empresarios. Las medidas que anunció el presidente Felipe Calderón ante esa heterogénea y condescendiente audiencia son pertinentes, aunque también puedan parecer insuficientes: una cuantiosa inversión de 570 mil millones de pesos en infraestructura, reducción en los precios de la electricidad, más financiamiento a pequeñas empresas, posibilidad para que los trabajadores dispongan de mayores montos en sus cuentas de retiro, entre otras.

Aunque se dijo que se trataba de un “Acuerdo Nacional” en realidad es un plan del gobierno, con todas las limitaciones y algunas de las ventajas que eso significa. No hubo un proceso de acercamientos, ni de convencimientos por parte de las fuerzas sociales y políticas. Las medidas para tratar de resanar las primeras grietas que provoca la crisis financiera internacional son tomadas por el gobierno, en un esfuerzo para redistribuir recursos fiscales aunque sin instrumentos sólidos para alcanzar una mayor recaudación.

Y no es Acuerdo, porque ni el Estado que ahora tenemos cuenta con un tejido interno capaz de propiciar las interacciones y decisiones necesarias para volver auténticamente nacional la respuesta a la crisis y porque la sociedad no está suficientemente representada en ese proceso.

Tan débil es esa representación que el pasado miércoles 7 de enero, por parte de los trabajadores mexicanos, en esa ceremonia habló el viejo y desacreditado líder Joaquín Gamboa Pascoe.

Se trata del dirigente que escaló posiciones en la CTM gracias a que era yerno de Jesús Yurén, uno de quienes fundaron esa central en 1936 y a quien reemplazó, para quedarse allí varias décadas, como dirigente de los cetemistas en el Distrito Federal. Conocido por sus excesos para gastar y ufanarse de tales dispendios, hace un cuarto de siglo Gamboa Pascoe no tuvo empacho en regresar de un viaje a la India, a donde acompañó al entonces presidente José López Portillo, cargado de sedas, marfiles y esculturas que contrabandeó impunemente en el avión presidencial.

Señalado como beneficiario ilegítimo de negocios en la industria de la construcción gracias a la injerencia que ha tenido en el Infonavit, heredero del liderazgo sindical que mantuvo anquilosado hasta desfigurar al movimiento obrero mexicano, Gamboa Pascoe ha personificado la antítesis de cualquier concepción moderna, y desde luego de cualquier atisbo democrático, en el sindicalismo.

Y ese líder fue, precisamente, quien supuestamente a nombre de los trabajadores mexicanos se comprometió con el llamado Acuerdo Nacional contra la crisis económica la semana pasada en Palacio Nacional. Parecía ceremonia de sexenios que algunos suponían ya trascendidos, con la única diferencia de que era encabezada por un presidente panista: la misma representación sindical fincada en el autoritarismo y la manipulación, el mismo discurso corporativo y hueco, la misma pose para la propaganda aunque resulte insustancial en el terreno de los hechos. La misma frase que él y sus antecesores dijeron tantas veces con tan convenenciera convicción: “Gracias, señor presidente”, se le oyó resaltar en su alocución a Gamboa Pascoe.

Con aliados como ese, a los que no ha inventado pero a quienes legitima y promueve políticamente, será imposible que el presidente Calderón logre los consensos que necesita para encarar exitosamente las varias crisis que hoy amagan al país. En México se requiere, de la misma manera que se reconoce en casi todo el mundo, un Estado sólido. Pero el Estado que tenemos es genéticamente endeble porque entre sus pilares (o entre los que el gobierno considera como tales) se encuentran resabios del viejo corporativismo como el que representa Gamboa Pascoe. Esa no es la única, aunque sí una de las más patéticas fragilidades del Estado que tenemos hoy en día.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Enero 12, 2009 a 12:49 am

Omnipresencia televisiva persuade a la clase política

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Eduardo Ortega

El Financiero, lunes 29 de diciembre de 2008

  • Candidatos, rehenes de la mercadotecnia: Trejo Delarbre.
  • Ensayan frente al espejo su mejor sonrisa.
  • Se desviven por una pizca de rating.

De cara a las elecciones intermedias de 2009, los candidatos de PAN, PRI y PRD modulan la voz, eligen el color de la corbata y ensayan frente al espejo su mejor sonrisa, la cual actuarán frente al teleprompter.

Rehenes de la mercadotecnia política, los aspirantes a ocupar una curul en San Lázaro o a alcanzar una de las seis gubernaturas en disputa construyen su imagen y preparan sus frases concisas, precisas y, por definición, maniqueas para la televisión.

De acuerdo con Raúl Trejo Delarbre, académico del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, pese a que se ha comprobado que aparecer de manera intensa en los medios no se traduce en más votos, la clase política ha edificado la idolatría por la televisión.

“Por conveniencia, y también por ignorancia, los políticos suelen suponer que hoy en día no les queda otro remedio que, para lograr mantener consensos entre los ciudadanos, someterse ellos mismos a los espacios y las reglas de la televisión.

“La omnipresencia social de ese medio les ha llevado a estar persuadidos de que no hay elección de proyecto público que pueda ganarse si no es con el aval televisivo”, sentenció el especialista en medios de comunicación.

Consecuentemente -agregó- los políticos se desviven por una pizca de rating en ese medio, acceden a sacrificar su discurso y estrujan en unas cuantas frases sus ofertas a los ciudadanos.

Así también, la condescendencia al formato habitual de la televisión no solamente simplifica sino que cada vez más distorsiona y adultera no sólo el discurso de los políticos, sino también el de los intelectuales y los académicos que acuden a los medios de comunicación.

“Aunque se ha demostrado que una presencia mediática intensa no significa necesariamente más votos o mayores índices de aprobación en las encuestas, nuestros políticos con su ignorancia han contribuido a reforzar la idolatría por la televisión.

“Rehenes del mercadotecnia política han vivido en supuesto que la modulación de la voz, el color de la corbata o la sonrisa delante del teleprompter son más importantes que el fondo de lo que le dicen a los ciudadanos”, aseveró.

Constreñidos por el apresuramiento estructural de la televisión, los políticos y analistas convocados por ese medio tienen que optar por esa sentencia tajante tan breve que difícilmente podrá llegar más allá de la adjetivación encomiástica o descalificadora, pero siempre maniquea, indicó.

Además de que se renovará la Cámara de Diputados, el 5 de julio del próximo año se disputarán las gubernaturas de San Luis Potosí, Sonora, Nuevo León, Colima, Campeche y Querétaro.

Gacetillas electrónicas

En otro tema, Raúl Trejo Delarbre opinó que las autoridades electorales deben observar con mucho cuidado las llamadas gacetillas electrónicas, las cuales son anuncios publicitarios comprados por los políticos en televisión, pero disfrazados de notas informativas en los noticiarios.

Tras la aprobación de la reforma electoral, los partidos políticos y sus candidatos tienen prohibido comprar espacios de publicidad en los medios electrónicos, tanto televisivos como radiales.

Además, el investigador de la máxima casa de estudios hizo notar que aunque los gobernadores pueden promocionar en los medios sus acciones de gobierno cinco días antes y cinco días después de su informe, esto sólo puede hacerse en la televisión local.

“Los gobernadores tienen la posibilidad de anunciarse una semana antes y una después de su informe de gobierno, sólo en medios de la región donde gobiernan. El gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, igual que el jefe del Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, se anuncian en televisión nacional y eso es una infracción a la Constitución.

“Es un asunto que hay que observar con mucho cuidado. Estoy convencido de que cuando haya auditorías en el gobierno del Estado de México, la administración de Peña Nieto tendrá mucho que explicar”, señaló.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Enero 3, 2009 a 3:44 am

Escrito en Elecciones, Medios, Partidos