Sociedad y poder

Archivo para Marzo 2009

Hace medio siglo, represión contra los ferrocarrileros

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Este fin de semana se cumplieron 50 años de la represión contra los trabajadores ferrocarrileros. La tarde del 28 de marzo de 1959 el dirigente nacional de ese gremio, Demetrio Vallejo, fue detenido junto con otros líderes sindicales. Poco después, elementos del ejército mexicano ocuparon las instalaciones en varios lugares del país que se encontraban en huelga desde tres días antes.

La represión que el gobierno del presidente Adolfo López Mateos emprendió contra los ferrocarrileros desbarató la experiencia democrática que desde varios meses antes había logrado colocar al frente de aquel sindicato a un dirigente respaldado por los trabajadores. Desde entonces, parecía claro que los intentos por la democracia sindical solamente podrían prosperar si tenían la aquiescencia del poder político –el cual, desde aquellos años, se encadenaba cada vez más a los intereses de los líderes charros–. Aquella represión se tradujo, además, en enormes injusticias. Demetrio Vallejo y algunos de sus compañeros, entre ellos Valentín Campa, permanecieron encarcelados durante once años.

El encono presidencial contra Vallejo y los ferrocarrileros de ánimo independiente había comenzado cuando, en 1958, ese dirigente ganó de manera arrasadora las elecciones para el comité ejecutivo del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana. Posiblemente tenga algo de exageración, pero la versión que prevalece sobre aquella elección relata que el cómputo fue suspendido cuando la planilla de Vallejo llevaba 59 mil votos y sus contrincantes solamente nueve.

Meses más tarde, la nueva dirección sindical tuvo que ocuparse de las revisiones salarial y del contrato colectivo que vencían en febrero para los trabajadores de los Ferrocarriles Nacionales y varias semanas después en los Ferrocarriles del Pacífico y Mexicano. Las movilizaciones del sindicato para difundir sus reivindicaciones fueron enfrentadas con una intensa campaña macartista. “Conjura roja”, exclamaban personeros del gobierno y numerosas voces en la adocenada prensa de aquel último trecho de los años 50. Cuando el sindicato anunció que realizaría una manifestación el 22 de febrero, el gobierno la prohibió y únicamente autorizó un mitin. El 25 de febrero los trabajadores estallaron la huelga, pero unos minutos más tarde la Junta Federal de Conciliación la declaraba inexistente. Ante la posibilidad de mayores represalias, la dirección sindical aceptó las propuestas de la empresa y levantó la huelga.

Aún estaban por resolverse las peticiones de los trabajadores en las otras dos empresas ferroviarias. El 25 de marzo el sindicato estalló sendas huelgas en los ferrocarriles Mexicano y del Pacífico. La pretensión salarial era idéntica a la que habían conseguido los trabajadores de Ferrocarriles Nacionales –16%– además de algunas prestaciones. Pero no era económico el significado principal de aquellas huelgas, que además ponían a prueba la capacidad de un sindicato apartado de la órbita de influencia oficialista para defender los intereses de sus agremiados.

Aquel 25 de marzo era miércoles de Semana Santa. La coincidencia de la huelga con la afluencia de vacacionistas en todo el país fue aprovechada por los medios de comunicación que enderezaron una cruzada contra el sindicato ferrocarrilero acusándolo de trastornar el asueto de la sociedad mexicana. Junto con esa campaña, menudean los amagos. Horas antes de que la huelga estallase, fueron despedidos los trabajadores más activos por su militancia sindical. Igual que la anterior, la nueva huelga fue declarada inexistente pero el sindicato obtuvo un amparo que le permitía mantenerla.

En todo el país, las secciones del sindicato estallan paros en solidaridad con sus compañeros en huelga. Esas acciones, y la huelga misma, propician el despido de centenares de ferrocarrileros y la detención de docenas de ellos. El 27 de marzo los dirigentes nacionales, encabezados por Demetrio Vallejo, visitan al secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, para explicarle que ahora la huelga exige la reinstalación de los despedidos, además del aumento salarial y reparación a diversas violaciones contractuales.

La espiral del enfrentamiento era irrefrenable. A cada muestra de fortaleza del sindicato, cuya huelga concitaba enorme interés y solidaridad en otros gremios, se enardecía la respuesta del gobierno. A cada medida autoritaria, el sindicato no podía responder sino manteniendo su huelga. El 28 de marzo Vallejo y los dirigentes Hugo Ponce de León y Alejandro Pérez Enríquez fueron detenidos en un restaurante contiguo al edificio sindical. El procurador de la República, Fernando López Arias, aseguró que los detenidos “desarrollaban un plan de agitación y de graves daños a la economía del país, guiados por comunistas”.

Detenidos sus principales dirigentes, la huelga se mantuvo unos días. En su libro Mi testimonio, Valentín Campa relata: “Todo el ejército fue movilizado. Se estableció el estado de sitio en los barrios en donde vivían los ferrocarrileros. En las colonias Guerrero y Vallejo, del Distrito Federal, se prohibía reunirse en la calle a más de tres personas. Sin embargo, las divisiones del sureste no pudieron ser controladas por el ejército. En ellas las pequeñas guarniciones no eran capaces de evitar el movimiento, por lo que la huelga general continuó hasta el 12 de abril”.

Miles de trabajadores fueron despedidos. El sindicato fue entregado a una dirigencia espuria. Vallejo y Campa fueron presos políticos hasta 1970. Su liberación fue una de las banderas del movimiento estudiantil del 68.

Absurda y emblemática, la represión contra el movimiento ferrocarrilero expresó límites y obcecaciones del Estado mexicano. Si algo han cambiado desde entonces las cosas en este país, se debe en buena medida al empeño de mexicanos como aquellos trabajadores que a pesar de la intolerancia gubernamental se empeñaron en defender derechos gremiales y ciudadanos que resultan fundamentales. Aquellos ferrocarrileros de 1959 se encuentran entre nuestros héroes cívicos.


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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Marzo 30, 2009 a 3:26 am

Escrito en Democracia, Sindicatos

La ira de Nery Castillo

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A un futbolista no hay que pedirle que sepa alternar con elegancia y sagacidad en el debate público sino que pueda meter goles. De los periodistas deportivos, no habría que esperar indiscreciones y anécdotas menores sino hechos. Sin embargo el afán de notoriedad que abruma y con frecuencia define a los futbolistas y muy especialmente el ansia de espectacularidad que obsesiona al futbol mexicano, ha convertido a ese deporte en permanente escenario de estrépito.

El interés que no suscitan las frecuentemente grises actuaciones en la cancha, es tristemente reemplazado por una feria de episodios a veces impostados y en otras, como sucedió con Nery Castillo, consecuencia de esa confusión entre el espectáculo deportivo y el espectáculo circense.

Al joven y en ocasiones brillante delantero del Shakhtar Donetsk, de Ucrania, le ha ido mal con los medios a consecuencia de que no le ha ido del todo bien en el futbol. Los traspasos de un equipo a otro, el vagabundeo por media Europa y quizá el jet lag acumulado por los recorridos trasatlánticos, junto con alguna pregunta impertinente, lo llevaron a la intolerancia pendenciera el miércoles pasado cuando participaba en una conferencia de prensa. Cuando un reportero le recordó los cuestionamientos que ha recibido en diversos medios mexicanos Castillo se exaltó y exhibió una desmañada concepción de las diferencias que a su juicio deben mantenerse entre informadores y futbolistas.

Los medios en México, se quejó, critican a los jugadores cuando fallan y no los arropan cuando tienen éxito. Los periodistas destinados a informar sobre ese deporte, insistió, no tienen autoridad suficiente para opinar de futbol porque no han sido jugadores destacados. Y como esas declaraciones comenzaron a suscitar silbidos entre los reporteros y camarógrafos, Castillo les recordó que no han podido sino conformarse con permanecer en México cuando él y otros de sus compañeros juegan y viven en Europa.

Si la doctrina Castillo funcionara en otras áreas, solamente podrían escribir de cine personajes como Francis Ford Coppola o Steven Spielberg y, entre nosotros, Felipe Cazals, Paul Leduc o Alejandro González Iñárritu. Y en materia de asuntos políticos, las columnas de esa índole solamente podrían estar firmadas por mujeres y hombres como Beatriz Paredes, Jesús Ortega, Germán Martínez y (¡horror!) Elba Esther Gordillo o Porfirio Muñoz Ledo.

La idea de que para opinar sobre un asunto hay que haber sido artesano o profesional en ese campo, suele ser coartada para eludir la crítica. Pero en algo quizá tiene razón el iracundo joven que nació en San Luis Potosí pero cuya ascendencia uruguaya también le hubiera permitido jugar en la selección futbolística de aquel país sudamericano. En los medios, los personajes públicos no suelen encontrar reconocimiento por sus logros sino en sus tropiezos. Vende más, mediáticamente, un altercado callejero que una jugada magistral en el terreno de juego. A la postre, y con excepciones que son eso, la prensa electrónica y escrita recuerda más los dislates verbales que, cuando ocurren, los méritos profesionales de los deportistas. Y lo mismo puede decirse para cineastas, políticos, actores y cualquier otro gremio con visibilidad mediática frecuente.

Las fanfarronadas de Neri Castillo son inaceptables –especialmente el burdo reto que formuló a un reportero de La Afición para dirimir sus diferencias a trancazos–. También resulta algo lacrimoso el coro de indignaciones que, en parte auspiciadas por la solidaridad gremial entre los reporteros y que, al mismo tiempo, construyen un nuevo villano en este contexto de maniqueísmo mediático. Pero no son más que expresión de un futbol agobiado por el nerviosismo y en donde la supremacía del negocio y el espectáculo desplazan a la calidad deportiva.

Ojalá que Castillo se reivindique mañana sábado, no delante de los micrófonos sino en la cancha del Azteca, en el partido contra Costa Rica. Y ojalá que el resultado, sea cual sea, no conduzca a olvidar que el encuentro realmente difícil para la selección mexicana será el del miércoles siguiente, el 1 de abril, contra Honduras en San Pedro Sula.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Marzo 27, 2009 a 3:44 am

Escrito en Medios

Videodiatriba vs. deliberación

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La bravuconería de Germán Martínez amplificada por los medios, la torpeza del PRI para explicar con claridad sus posiciones legislativas, la prácticamente completa ausencia del PRD en una discusión del mayor interés nacional y –claro– la inminencia de la temporada electoral, se han conjugado para hacer de la iniciativa de Ley de Extinción de Dominio un acontecimiento publicitario en vez del tema de deliberación nacional que hubiera sido necesario.

En varias ocasiones el gobierno federal ha insistido en que esa iniciativa sea aprobada. La extinción de dominio es la facultad de la autoridad judicial para despojar a un presunto delincuente de los bienes obtenidos como resultado de un delito, o en los cuales se ha apoyado para cometer un hecho ilícito. De esa manera, durante la averiguación judicial el Ministerio Público podría decidir la confiscación de propiedades o recursos que, de otra forma, la delincuencia organizada seguiría usufructuando en su beneficio.

La extinción de dominio ha sido exitosa en países como Colombia. Pero implica riesgos que es indispensable tomar en cuenta, sobre todo la posibilidad de que con ese instrumento legal el Estado actúe de manera autoritaria violentando derechos de las personas y, junto con ello, el riesgo de que en la persecución a los delincuentes se afecten los intereses de personas inocentes.

Cuando el presidente Felipe Calderón envió al Congreso su iniciativa de Ley Federal de extinción de dominio, diversas voces expresaron reparos por los riesgos que implicaría tal y como fue presentada. El presidente se desesperó y aunque aquella propuesta fue turnada a mediados de septiembre, pocos meses después comenzó a culpar a los legisladores por demorar su aprobación.

Ese reproche se volvió cantinela del Partido Acción Nacional en contra del PRI, con más afán de disputa política que de construir instrumentos sólidos para enfrentar a la delincuencia organizada.

Antes del 10 de marzo, tres comisiones del Senado acordaron convocar a un par de audiencias públicas para discutir la ley de extinción de dominio y otra más, relacionada con el narcomenudeo. Había una ruta de análisis acerca de ese tema y un calendario legislativo inicialmente contemplado por los partidos. Es difícil suponer que el presidente del PAN, Germán Martínez, no estuviera enterado de esa ruta cuando, el jueves 19 de marzo, aprovechó la reunión de los banqueros en Acapulco para despotricar contra el PRI por no aprobar leyes como, precisamente, la que haría posible la extinción de dominio.

Una semana antes, el 12 de marzo, se había realizado la audiencia en donde varios especialistas en derecho expresaron reparos fundados acerca de la propuesta de Calderón. Aunque ellos reconocieron que la Ley de Extinción de Dominio puede ser un instrumento útil en el combate a la delincuencia, los investigadores convocados por el Senado subrayaron dificultades legales y prácticas de esa iniciativa.

El Dr. Sergio López Ayllón, del Centro de Investigación y Docencia Económicas, consideró que, a diferencia de la propuesta presidencial, la declaración de extinción de dominio tendría que ser resuelta por ministerios públicos especializados y solamente después de previo acuerdo con el Procurador General de la República. Incluso sugirió que, así como sucede con algunas leyes similares en otros países, la de extinción de dominio estuviera a prueba durante un lapso específico para que solamente se ampliara su vigencia en caso de haber tenido resultados favorables en el combate al crimen organizado. Esa y el resto de las opiniones recabadas en la audiencia están disponibles en el sitio web del Senado.

A sabiendas de que estaba en marcha la discusión de ese tema en las comisiones senatoriales, el presidente del PAN insistió en que el Congreso, y especialmente los priistas, tenían que definirse: al lado del presidente Calderón en el combate a la delincuencia, o en otro flanco. Aquella exigencia era esquemática y tramposilla, porque ni hay vías únicas para combatir a los delincuentes ni el presidente de la República es el único responsable de esas acciones. Martínez insistió en ello en un video que colocó el domingo 22 de marzo en el sitio del PAN en Internet. Varios correligionarios suyos repitieron esa maniquea exhortación exigiendo a los legisladores de otros partidos que se definieran: con Calderón o con los delincuentes.

Tardías, desarticuladas e insuficientemente claras, las explicaciones del PRI se produjeron desde una posición defensiva. Así, la reunión que tendrían ayer por la noche las comisiones senatoriales que estudian las iniciativas en materia de seguridad pública era leída en algunos medios como un triunfo de Germán Martínez. La videodiatriba del presidente del PAN se oponía, así, a la deliberación de los legisladores.

Muy pocos de esos medios tuvieron la precaución, hace dos semanas, de reseñar las reticencias que subrayaron los especialistas convocados a discutir la extinción de dominio y que obligan a un trabajo legislativo escrupuloso en ese tema.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Marzo 25, 2009 a 3:28 am

Escrito en Justicia, PAN, PRI

Colosio… y Clapton

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Cada vez que escucho Tears in heaven me acuerdo de Luis Donaldo Colosio. Tres meses y medio antes de ser asesinado en Tijuana, el ya para entonces candidato presidencial del PRI llegó a casa de unos amigos con un disco que llevaba de regalo. Se trataba del álbum “Unplugged” de Eric Clapton que incluye aquella melodía, conmovedoramente melancólica, dedicada a su hijo Conor, de cuatro años, que había muerto al caer de un rascacielos en Manhattan.

No recuerdo si conocíamos el origen de aquella letra lastimada y triste. Pero varias horas y algunas botellas de tinto después de haber comenzado la reunión, Luis Donaldo pedía que se repitiera una y otra vez.

Era una tarde de sábado, a comienzos de enero de 1994. Pocos días antes había estallado la rebelión zapatista en Chiapas. Unas horas después, Colosio iniciaría su campaña electoral en una paupérrima población hidalguense. Pero se dio un rato para conversar con media docena de amigos y conocidos que habíamos publicado un documento llamando a una solución negociada del desafío del EZLN.

De ese encuentro escribí algunas líneas en el semanario etcétera, en marzo de 1995. José Woldenberg, anfitrión de la reunión, se refirió al mismo episodio, un año antes, en la misma publicación. En el transcurso de 15 años he escrito centenares de cuartillas sobre Colosio y su asesinato. El episodio que siempre recuerdo, a pesar de todos esos textos, es aquel encuentro de enero del 94.

Colosio estaba preocupado. Conocía las dimensiones de la desigualdad social de este país y entendía que allí se encontraba su reto principal. Quería articular un discurso distinto del priismo tradicional –y nos lo decía a un grupo de interesados en los asuntos públicos que teníamos clara y pública distancia respecto de ese partido– y trataría de hacer una campaña de propuestas.

Se podía dar el lujo de explayarse en diagnósticos e ideas, incluso con un sesgo crítico, porque no tenía rivales de cuidado. Una vez conquistada la candidatura priista, Colosio era casi seguro ganador de la elección presidencial. Las primeras encuestas de ese año le reconocían el 68% de intención de voto, frente a 11% y 18%, respectivamente, de PAN y PRD. Así que no era ganar más votos, sino consolidar un proyecto de gobierno, lo que le inquietaba a ese candidato.

Quería hacerlo bien. Con seriedad. Pensando en el futuro. Le preocupaba la disrupción que podía significar en las campañas un discurso que se mimetizara con el radicalismo del Ejército Zapatista por parte del Partido de la Revolución Democrática. Lejos del encono que la candidatura de izquierdas en la anterior elección presidencial suscitó en el gobierno federal en el que había sido secretario de Desarrollo Social, Colosio tenía respeto por Cuauhtémoc Cárdenas y así nos lo manifestó, interesado en encontrar puentes de interlocución con él. La posibilidad de contribuir a un diálogo civilizado entre los dos principales candidatos nos entusiasmó a algunos de los asistentes a esa reunión.

De eso y otras cosas conversamos hasta ya entrada la noche. Transcurrida la charla política, Luis Donaldo se empeñaba en escuchar otra vez, y otra y otra, el disco de Clapton con la dolorida canción sobre las lágrimas en el cielo.

Aquella noche nadie imaginaba, ni hubiera querido imaginar, lo cerca que estábamos de Lomas Taurinas y la catástrofe política que ocurrió entonces. No sé cómo hubiera sido el gobierno de Colosio si no lo hubieran matado. Estoy seguro de que, igual que había ocurrido hasta entonces, habríamos discrepado respecto de muchas de sus acciones y coincidido en otras. Supongo que, igual que lo había hecho en varias ocasiones desde que fue dirigente del PRI, Luis Donaldo habría procurado espacios de interlocución con opiniones críticas.

Ahora muchos de quienes lo conocieron dicen que fueron amigos de Luis Donaldo. Quizá el talante afable junto con el interés para escuchar, ambos parte de sus atributos políticos pero antes que nada como persona, dejaban con frecuencia esa impresión. Yo no puedo decir que fui amigo suyo porque en nuestras conversaciones, a veces en compañía de otros, en ocasiones en privado, nunca trascendimos la frontera de los asuntos políticos. Siempre con respeto, siempre con diferencias, Luis Donaldo era respetuoso de las opiniones distintas a las suyas pero, a diferencia de tantos políticos convencionales, no se quedaba sin decir sus verdades y puntos de vista.

No sé cómo hubiera sido México gobernado por Colosio. Nadie lo sabe. El país que hoy tenemos se ve tan distinto al que comenzó a cambiar hace 15 años que esa especulación, además de ociosa, resulta extravagante. También es inútil idealizar a Colosio, que como todos los hombres tenía contraluces.

Lo que sé sin duda alguna es que se trataba de un hombre bueno, movido por una vocación de servicio que trascendía el mero afán de poder que agita a todos los políticos. Por eso, y por aquella sesión cuando la escuchamos obsesivamente, siempre me acordaré de Luis Donaldo cuando oiga Tears in Heaven.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Marzo 23, 2009 a 3:39 am

La disyuntiva del PAN

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Asediado por una realidad política que le resulta cada vez más inmanejable, inhábil para definirse como partido en el gobierno sin ser por ello el partido del gobierno, Acción Nacional se enfrenta, en las elecciones próximas, a la prueba crucial de la primera mitad del sexenio actual. La impericia de sus dirigentes actuales para tomar distancia respecto del gobierno, convierte la votación que el PAN reciba en los comicios de julio en una suerte de plebiscito acerca de la gestión del presidente Felipe Calderón.

Ante esas elecciones el PAN tiene la posibilidad de solidificarse como un partido cuya vitalidad le permitiera contar con diversidad y equilibrios internos, o como una organización vertical y subordinada a los antojos del presidente Calderón y de sus operadores dentro del propio partido, encabezados por Germán Martínez.

Esas son las opciones que se dirimen, antes que nada, en la designación de candidatos panistas a diputados federales. Como se comentó aquí hace varios días, únicamente en 105 de los 300 distritos electorales el PAN designará a sus candidatos en elecciones primarias. El resto están siendo designados por los órganos de gobierno de ese partido. Pero incluso en los procesos abiertos a la participación de miembros activos y adherentes del PAN, hay indicios de que la dirección nacional de ese partido está procurando que sean electos candidatos a diputados que no pongan en cuestión, en lo más mínimo, los intereses de la cúpula panista ni del presidente de la República.

Así está sucediendo en Chihuahua, al menos de acuerdo con apreciaciones difundidas en la prensa local. El próximo domingo 22 de marzo en esa entidad habrá elecciones panistas para elegir propuestas de diputados plurinominales. La semana siguiente, el domingo 29, serán electos los candidatos a diputados de mayoría relativa y se definirán las posiciones de los panistas chihuahuenses en la lista regional de diputados plurinominales.

En las semanas recientes, en Chihuahua, la precampaña más vistosa e intensa ha sido la que llevó adelante Javier Corral Jurado, que busca un sitio en la lista plurinominal del PAN. Corral tiene méritos indiscutibles para representar a su estado y a su partido en la próxima Legislatura federal. Su idoneidad para el trabajo parlamentario quedó de manifiesto desde hace una década cuando fue diputado y, más recientemente, como senador. Las simpatías que despierta dentro y fuera de su estado no son pocas. Sin embargo su postulación podría estar suscitando un inopinado rechazo en la cúpula panista.

Comprometido con la reforma de los medios de comunicación, la valentía y la capacidad de propuesta de Javier Corral le han ganado animosidades en las televisoras privadas. Esa posición podría parecerles incómoda al presidente Calderón y a Germán Martínez, el presidente nacional del PAN, sobre todo si privilegian la aquiescencia con Televisa y TV Azteca antes que la reivindicación de principios históricos de ese partido como el combate a los monopolios y la libertad de expresión.

Hace unos días la columna “Balcón”, firmada con el seudónimo “Don Mirone” y que apareció en la edición del domingo 15 de marzo de Norte de Ciudad Juárez, reseñó con detalle algunas de las reticencias de la dirección partidaria y el gobierno federal que podrían entorpecer la decisión de los panistas de Chihuahua.

Si llegan a considerar que el tema de los |medios es prescindible –a pesar de que no hay día en que no aparezca como problema en el escenario público nacional– podría conjeturarse, en expresión de esa columna, que “ni a Calderón ni a Germán les conviene en estas circunstancias que el aguerrido parralense criado en Juárez llegue a la legislatura. De ahí que sean ciertos los rumores de que el Gran Elector –y no estamos hablando de Elías Calles, sino de Felipe Calderón– esté maniobrando para dejar fuera a don Javier”.

Prosigue esa columna: “Otro tema es el ideológico y esto no tiene que ver con las televisoras, sino con la doctrina. La paradoja es que Javier coloque como eje de su discurso el de volver a los principios de Gómez Morín, cuando para un gran espectro del panismo, sobre todo local, les causa roncha, sobre todo a los más derechosos, su acercamiento desmedido a un sector ilustrado de la izquierda en la ciudad de México. De incongruencia no se puede hablar si se toma nota que Corral contendió por la gubernatura en alianza con un PRD casi invisible en Chihuahua”.

“Varios temas pues confluyen para que la candidatura de tan ilustre personaje no convenga a los intereses presidenciales y partidistas: ni el pleito con las televisoras, ni las divergencias ideológicas. Por otra parte Calderón no es Vicente Fox y todos saben que no se mueve ni un papel sin su consentimiento, y don Javier tuvo la osadía de aventarle, prácticamente, la renuncia al CEN…”

En agosto pasado Corral renunció al comité nacional del PAN, después de varios desacuerdos que fueron precipitados por la destitución de Santiago Creel como coordinador de los senadores de ese partido.

Ahora, la operación en contra de Corral consistiría en movilizar a las corrientes panistas de Chihuahua para que en las elecciones de los próximos domingos voten fundamentalmente por personajes de menor presencia pública pero, presumiblemente, mayor docilidad política. Así lo explica el multicitado texto de Norte de Ciudad Juárez:

“Para dejar fuera a Corral la estrategia puede parecer muy burda, quién sabe si efectiva: le quitan los brazos y los pies, y dejan sin andar su campaña. De ahí que el intento a través de la alianza de CEN-CDE con el Dhiac-Yunque sea irse con la fórmula Arturo Urquidi y Velia Aguilar Armendáriz, una pareja más bien mediocre, que pasará desapercibida en la Cámara de Diputados, pero que dejará fuera de la jugada al combativo Corral”.

“La pregunta que queda en el aire –finaliza el comentario– es si Corral Jurado se quedará tranquilo y si por salvar este embrollo Germán Martínez no mete al PAN y a su jefe inmediato en más problemas de los que ya tiene. Lo peor sería que esto proviniera de una entidad que hasta ahora para ellos resulta políticamente aplacada. El dilema no es fácil para los intolerantes dirigentes, porque tienen frente a sí a un beligerante precandidato con aliados importantes por activar… y por otra parte está la presión, esa sí, de las televisoras, y prescindir de ellas en tiempos electorales pudiera parecer suicida. Así está la película”.

ALACENA: PAN, a dos puntos del PRI

Desde luego el PAN tiene motivos de sobra para preocuparse por las elecciones de julio pero también sus competidores principales. La encuesta GEA-ISA, levantada en la primera semana de marzo, encontró que el 41% de los ciudadanos que piensan votar lo haría por el PRI, en tanto que el 39% respaldaría al PAN. Hace cuatro meses el PRI iba adelante en las expectativas de voto, con 43% frente a 35% del PAN. Pero hace diez meses, en mayo de 2008, los panistas llevaban la delantera con 47% frente a 27% de los priistas. Lo único claro es la veleidad que, en estas circunstancias, define a la intención de voto de los mexicanos.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Marzo 20, 2009 a 3:49 am

Escrito en Calderón, PAN