Sociedad y poder

Archivo para Julio 2009

Quiénes anularon su voto

con un comentario

En los días recientes he escuchado distintas interpretaciones sobre los efectos del voto nulo en las elecciones federales de hace casi cuatro semanas. Un distinguido perredista me dijo que la anulación del voto les había quitado varios puntos porcentuales a su partido y al resto de las izquierdas. A un abnegado panista, le he escuchado quejarse de que a causa del voto nulo su partido perdió casi seis puntos entre la elección anterior y la más reciente. Incluso a un voraz priista le oí comentar que de no haber sido por el voto nulo el llamado partido tricolor había logrado por sí solo la mayoría absoluta, sin tener que afianzar la comprometedora y vergonzosa alianza que ahora tiene que mantener con el Partido Verde.

El voto nulo se ha convertido en pretexto para toda clase de disculpas pero también para algunas ensoñaciones políticas. Algunos de sus promotores han proclamado, ufanos, que en la anulación del voto radican las posibilidades para renovar nuestra democracia. Entre los impugnadores de esa medida, algunos de los cuales fueron especialmente cáusticos antes de la elección, hubo una suerte de alivio cuando constataron que los votos anulados no superaron el 6%.

Los entusiastas del voto nulo dijeron que ese fue un porcentaje alto si se toma en cuenta que se trató de una iniciativa a contracorriente de la propaganda de los partidos. Sus detractores, afirman que es una cifra modesta y recuerdan que tradicionalmente hay 2 o 3% de votos anulados por equivocación de los electores.

Ahora sabemos que quienes anularon su voto no forman parte de un grupo generacional específico, ya que se distribuyen de manera similar a los rangos de edad de la población. El 23% tiene entre 18 y 25 años, otro 23% entre 26 y 35, el 19% entre 36 y 45 años.

Los anulistas fueron casi de la misma manera hombres (55%) que mujeres (45%). En donde hay diferencias es en el ingreso y la escolaridad de quienes eligieron esa opción para votar. El 43% de los que anularon su voto, son ciudadanos que ganan más de 7 salarios mínimos; solamente 37% dice recibir una remuneración más baja. Y el 51% de quienes anularon su voto tiene estudios universitarios.

Estos datos se conocen gracias a que la “Asamblea Nacional por el Voto Nulo”, integrada por los grupos y ciudadanos más activos en esa causa, contrató a la empresa Parametría para que realizara el 5 de julio una encuesta de salida capaz de establecer quiénes y por qué anularon su voto.

En el Informe con esos resultados, que fue presentado la semana pasada en Guadalajara, se indica que el 56% de los anuladores desaprueba la gestión del presidente Felipe Calderón. Pero además, entre quienes radican en la ciudad de México o en la capital de Jalisco, el 60% no está de acuerdo con la gestión del jefe de Gobierno o del gobernador de esas entidades.

Así que se puede decir que los ciudadanos que anularon su voto son, en términos generales, mexicanos de clase media, de alta escolaridad y críticos tanto del gobierno federal encabezado por el PAN como de los gobiernos locales que están a cargo del PRD o del mismo Acción Nacional.

Dos de cada tres ciudadanos que eligieron esa opción –exactamente el 66%– no se identifican con ningún partido. El 12% dijeron que se identifican con el PAN, el 7% con el PRD, el 4% con el PRI y el 6% con otro partido. Solamente el 5% no contestó a esa pregunta de la encuesta.

Sería exagerado considerar que de haber votado por algún partido –es decir, de no haber anulado su voto– esos ciudadanos lo habrían hecho por el partido con el que se identifican. Quizá hubiera sido al contrario. Cuando el simpatizante de un partido encuentra que está perdiéndole la confianza a la opción política por la cual habitualmente se inclina, con frecuencia vota por otras siglas ejerciendo, así, un voto de castigo.

El nulo fue, precisamente, un voto de castigo al conjunto de los partidos. Una buena parte de los casi un millón 900 mil ciudadanos que sufragaron de esa manera, lo hicieron como expresión de rechazo a todos y debido a que el partido o los partidos a los cuales suelen respaldar, los han desilusionado.

La campaña por el voto nulo influyó de manera relevante a favor de esa opción. La encuesta de GEA e ISA levantada también afuera de las casillas del 5 de julio, encontró que de quienes anularon el voto, el 43% tomó esa decisión durante las campañas; el 15% lo hizo durante la semana previa al día de la elección y el 11%, ese mismo día. El 29% manifestó que siempre anula su voto.

Esta columna dejará de publicarse durante la semana próxima. Se reanudará el lunes 10 de agosto.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 31, 2009 a 3:02 am

La provocación de TV Azteca

con un comentario

Los consejeros del IFE demoraron ayer varias horas para discutir las sanciones que debería recibir el desacato reiterado y alevoso que cometió Televisión Azteca al omitir casi 6 mil anuncios de los partidos en las últimas semanas de las campañas electorales. Aunque los difundió en sus frecuencias de televisión abierta, esa empresa suspendió tales mensajes en las señales que envía para ser retransmitidas en sistemas de televisión de paga como Sky y Cablevisión.

Televisión Azteca hizo lo mismo en febrero, al comienzo de las campañas, cuando además de otras faltas privó a los televidentes de la televisión de paga de 192 spots de los partidos políticos. El IFE, después de varios regateos con el Tribunal Electoral, sancionó esa falta con 2 millones de pesos. El dueño de TV Azteca, Ricardo Salinas, declaró que esa multa no le quitaba el sueño.

Quizá la nueva sanción, que será 10 veces mayor, sí altere, aunque sea por un rato, la tranquilidad del propietario de Televisión Azteca. Esa multa, e incluso la deliberación acerca de ella, indica que la villanía de dicha empresa logra conmover incluso en la autoridad electoral en donde, como todos recordamos, hace pocos meses la mayoría de los consejeros era renuente a sancionar a las televisoras.

Todo exceso suscita rechazos. En febrero, los abogados de Televisión Azteca pudieron haber dicho que las nuevas reglas electorales habían tomado por sorpresa a sus técnicos, que la coordinación entre IFE y radiodifusores y entre éstos y las empresas que repiten sus señales no era óptima. Ahora en cambio, la empresa de Salinas Pliego carga con el agravante que siempre significa la reincidencia. Y eso, se tiene que castigar de manera más severa.

Para dilucidar de qué tamaño habrían de tasar, en pesos, esa nueva falta de la llamada televisora del Ajusco, los consejeros se enredaron en una larga disquisición. Los canales abiertos de Azteca reprodujeron los spots de los partidos pero no así la señal en la televisión codificada. Se trata de una infracción reiterada cada vez que Azteca dejaba sin transmitir un spot de los partidos. El Código Electoral establece multas en miles de salarios mínimos pero algunos consejeros, atemorizados por el pleito que iban a amarrar o mimetizados con los intereses de esa televisora, querían que la omisión de todos los spots fuese tomada como una sola falta. Y el problema es que, hasta donde pudo registrar el monitoreo del IFE, los spots que Azteca dejó de transmitir fueron 5734.

Después de enredarse en ese tema toda la tarde y parte de la noche, cinco de los 9 consejeros del IFE aprobaron una multa de casi 22 millones de pesos. Los otros cuatro estaban por una sanción mayor.

Por otro lado, TV Azteca debería restituirle al Estado los anuncios que dejó de difundir y que, como hemos visto, no fueron pocos. En el tiempo en el que debían haberse transmitido esos anuncios de campañas políticas, la televisora difundió otros mensajes y/u otra programación de carácter comercial. Es decir, hizo negocio con recursos que son propiedad del Estado.

Consideraciones como esas abundaron en la extensa y a ratos tortuosa discusión de los consejeros electorales, especialmente por la insistencia de un par de ellos para evitar una sanción onerosa a los intereses de TV Azteca. Más allá de las peculiaridades técnicas y propagandísticas, ha sido evidente que la empresa de Salinas Pliego infringió la ley, que lo hizo de manera deliberada y ostentosa y que se trata de una infracción muy cuantiosa, ya sea que se le mida en número de spots o en horas de transmisión televisiva.

Y es evidente que esa infracción, junto con otros desplantes contra las leyes, los partidos y las instituciones de nuestro sistema político, forman parte de una abierta rebeldía de las televisoras.

El comportamiento de Azteca es más burdo y pendenciero. Televisa presiona en diversos flancos y cuando no le queda más remedio cumple la ley aunque no le guste. Ambas televisoras están en activa campaña para que la próxima Legislatura del Congreso anule las disposiciones de la legislación electoral que les han impedido hacer negocio con la venta de espacios para propaganda política. También quieren refrendos automáticos para sus concesiones, frecuencias de FM para los radiodifusores de AM y otras prebendas que contradicen las resoluciones que hace dos años tomó la Corte acerca de las reformas legales para la radiodifusión y las telecomunicaciones.

Los desplantes de las televisoras no son recientes, ni serán los últimos. El dilema es qué van a hacer los partidos políticos y el gobierno federal. Allanarse a la prepotencia de los consorcios mediáticos, equivaldrá a cederles cada vez más espacio político. De ahí la importancia que tiene la decisión que anoche tomó el IFE, aunque la multa haya sido aminorada por el apocamiento de algunos consejeros.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 29, 2009 a 3:15 am

Escrito en Elecciones, Medios

Cinco a cero

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Al primer gol –un penalti seco, directo, de Gerardo Torrado– comenzamos a confiar. Con el segundo, gracias a la oportunidad de Giovanni dos Santos que no dejó ir el balón después de una angustiosa confusión en la zona penal, recordamos de qué se trata el entusiasmo en estos casos.

El tercer tanto, un disparo cruzado de Carlos Vela, nos dejó saber que todos los pesimismos y desconfianzas podían ser remontados y que la selección tenía capacidad para merecer la adhesión de los mexicanos. El cuarto gol, resultado de la velocidad de José Antonio “el gringo” Castro y del pasmo que para entonces dominaba a sus rivales, suscitó ilusiones que nos durarán al menos varias semanas.

El quinto, obra de Guillermo Franco, confirmaba las ganas de triunfo que ahora sí demostró el equipo tricolor, colocaba a Javier Aguirre de nuevo al filo de las esperanzas nacionales, nos dejaba saber que a pesar de todo a veces hay días buenos y detonaba la peregrinación de millares rumbo al Angel en Reforma.

Habrá quienes digan que no es para tanto. Aunque el entusiasmo que en estos casos resulta por definición estridente y escasamente dialoguista apenas permita que las escuchemos, surgirán voces que nos recuerdan la transitoriedad y la veleidad del júbilo deportivo. Habrá prevenciones políticamente correctas, aunque socialmente desatentas, que subrayen el carácter mercantil del futbol profesional, las metáforas aquellas del pan y el circo, la supeditación de ese deporte al interés mercenario y execrable de las televisoras, la calidad habitualmente infame del balompié que padecemos en México.

Y tendrán razón, esos desplantes de realismo en medio del júbilo que este lunes avasalla las primeras planas y que sobresaldrá durante todo el día en los noticieros. El futbol mexicano se encuentra hipotecado a los negocios de Televisa y Azteca; a los jugadores se les sobredimensiona, lo mismo que se prescinde súbitamente de ellos, de acuerdo con intereses comerciales que no siempre coinciden con el desempeño estrictamente deportivo; la sobre explotación de ese espectáculo ha creado ídolos de papel maché e ilusiones de oropel.

Pero precisamente por ello, el 5 a cero con el que el equipo mexicano le ganó la Copa Oro al de Estados Unidos resulta especialmente meritorio. En medio de un clima deportivo y mediático señaladamente adverso, enfrentando tropiezos recientes en los que habían mostrado un desempeño errático y mediocre y a pesar de estar condicionados por una estructura mercantil que impide su desarrollo pleno porque comienza a hacer negocio con ellos apenas destacan ligeramente, a pesar de todo eso los jugadores mexicanos exhibieron por lo menos cuatro atributos.

Los jugadores de la selección mexicana de futbol supieron jugar como equipo, lo hicieron con decisión, tuvieron madurez suficiente para aprovechar errores de sus adversarios y demostraron una calidad individual que no se sobrepuso al trabajo colectivo.

Esas, tendrían que ser cualidades que distinguieran siempre a nuestros futbolistas. Numerosos resultados y millares de horas de angustia frente al televisor o en el estadio, nos han enseñado que tal comportamiento no es frecuente. ¿Qué cambió ayer? Seguramente, antes que nada, la preparación con que llegaron al estadio de Los Gigantes de Nueva York y ese es mérito sobre todo de Javier Aguirre. Más días de concentración juntos y con posibilidades de entrenar hasta afinar la coordinación y los entendimientos que hacen a un equipo, deben haber influido. Quizá mayor sentido de la responsabilidad, que les permitió no ignorar pero tampoco dejarse avasallar por los tropiezos recientes. Seguramente algo habrá influido la fogosidad de decenas de miles de aficionados mexicanos o de origen mexicano que abarrotaron el estadio y que tuvieron, en el 5 a cero, una merecida gratificación a la convicción con que mantienen vigentes sus raíces nacionales.

Si en el primer tiempo vimos a dos equipos parejos, cuidándose con respeto uno del otro, con sus barreras defensivas bien plantadas y escasamente dispuestos a correr riesgos, en el segundo presenciamos, no sin asombro, el crecimiento de los mexicanos que era correlativo al apocamiento y la turbación de sus rivales.

Jugaron bien. Punto. La tragedia nacional en materia futbolística a menudo nos pesa más porque se encuentra matizada de pequeños y grandes triunfos después de los cuales nuestro equipo vuelve a tropezar. Ese no es motivo para no estar contentos este lunes. El jolgorio no debe hacernos olvidar que la prueba principal con el equipo al que nuestra selección le ganó ayer será el miércoles 12 de agosto, como parte del proceso para la clasificación rumbo al Mundial del año próximo en Sudáfrica. Desde luego, siempre es mejor llegar a un encuentro de esa índole precedidos de un 5 a cero como el de ayer.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 27, 2009 a 4:45 am

Escrito en Cultura popular

Como te ves, me vi

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Cautivado por la tentación de un gobierno personalista, que solamente busque consensos para respaldar al Ejecutivo y no para promover reformas necesarias, el presidente se aísla y dificulta la recomposición del sistema político. El partido en el gobierno, debilitado por sus fracturas, dejó de ser aval suficiente. Un enterado analista de la coyuntura nacional lo explica de manera enfática:

“Más allá de las buenas intenciones aparentes, e incluso creíbles del presidente, su propio partido… se convirtió en el mayor obstáculo a la modernización económica y política de México. En efecto, se generaron algunas fisuras de gobernabilidad respecto de su propio partido…”

El auge de la oposición colocó al presidente de la República en una peliaguda situación. Tiene que pactar con las fuerzas mayoritarias en el Congreso pero no está dispuesto a transferir cuotas de poder. El saldo de esta situación puede ser  el estancamiento nacional. El mismo analista lo dice de forma contundente: “Esta suma de costos políticos de transición por consenso para el sistema político lleva al presidente y a los grupos políticos que lo rodean a una decisión fundamental: cancelar la vía del consenso para la transición. Dar por terminado el esfuerzo compartido por los cambios y concluir también los instrumentos del mismo, los consensos explícitos o implícitos del cambio político”.

Más aún: “La nueva regla de la política es el privilegiar la permanencia en el poder del grupo gobernante e impedir la fractura del sistema político. Se trata claramente de una recomposición de las relaciones hacia adentro de la clase dirigente y sus grupos… La conservación del poder pasó a un primer plano, y la transición y renovación democrática ocuparon un segundo. En la vida nacional comenzaron a aparecer, cada vez con más frecuencia, los signos del viejo régimen que parecían haber sido superados, y claramente se exacerban las resistencias al cambio hacia adentro del aparato”. Todo ello, conduce a “una campaña importante de descalificación y de agresión a lo que amenaza al poder”.

Del ensimismamiento a la intransigencia, hay poco trecho. Los desplantes personalistas del presidente se exacerban ante la expansión del crimen organizado y sus repercusiones en la vida pública: “Junto con esta campaña de descalificación, se operó una polarización de la vida política, impulsada desde la presidencia, contra todo lo que no compartiera el punto de vista presidencial. Se acosó a determinados medios de comunicación. Se lanzaron furibundos ataques contra los pesimistas que no veían la recuperación económica… Junto con esta campaña se genera una gran confusión que se origina en la vida pública. Por si fuera poco, emergen a la misma mayores escándalos sobre la corrupción y el narcotráfico en las más altas esferas de los dirigentes políticos…”

“Estos escándalos, independientemente de la necesaria distinción que debe hacerse entre hechos ciertos y falsos, lo que revelan es que la descomposición del sistema político es más profunda de lo que se pensaba, y que no puede combatirse si persiste el intento de restauración autoritaria”.

El autor de ese lúcido diagnóstico se llama Felipe Calderón Hinojosa y eso es lo que opinaba a comienzos de 1997, cuando era presidente nacional del PAN y estaban por realizarse las elecciones intermedias del sexenio de Ernesto Zedillo. Tales reflexiones las presentó el 26 de febrero en la Universidad de Stanford y fueron publicadas en Palabra, revista doctrinal del PAN, en abril-junio de 1997.

Ante la polarización que podía suscitarse en un Congreso dividido y en donde el partido en el gobierno (en aquel momento, el PRI) no tendría mayoría, el entonces dirigente de oposición exhortaba: “Es indispensable reconstruir consensos nacionales elementales, urgir al gobierno y a otras fuerzas políticas a reconstruir y fortalecer políticas de Estado orientadas a resolver los grandes problemas del país”. El Congreso tendría que ser considerado como “un firme soporte de la alternancia política con estabilidad”.

El mundo y el país dan muchas vueltas. La exigencia conciliadora que hace 12 años sostenía desde la oposición, ahora no es necesariamente atractiva para el licenciado Calderón. La intolerancia que según advertía estaba cercando al presidente de entonces, ahora se puede advertir en el manejo que se hace en Los Pinos de los asuntos del partido en el gobierno. Como te ves me vi, podría decirle Ernesto Zedillo.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 26, 2009 a 9:22 am

Escrito en Calderón

El “Can Mayor”

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La relación entre Carlos Castillo Peraza y Felipe Calderón estuvo cruzada por los afectos profundos y las reconvenciones esporádicas pero intensas. Como suele ocurrir cuando la diferencia de edad, pero antes que nada el respeto intelectual marcan distancias lo mismo que identidades entre quienes comparten proyectos y esperanzas, en algunas ocasiones las desavenencias momentáneas resultaron más vistosas que las coincidencias básicas.

Así sucede con la carta que Castillo Peraza le envió en mayo de 1996 al hoy presidente de la República. Pocos meses antes Calderón, que apenas tenía 33 años, ocupó la presidencia nacional del PAN. Sucedió allí a Castillo Peraza, con quien fue secretario general del partido.

Pocos años más tarde, cuando Castillo Peraza falleció de manera tan sorpresiva y prematura durante un viaje por Alemania en septiembre de 2000, a los 53 años, Calderón recordó aquellos tiempos trabajando juntos:

“El PAN creció como nunca antes en la presidencia de Castillo. Yo era entonces el secretario general, como aprendiz de brujo, como Sancho Panza al lado de un Quijote audaz, inteligente, de gestos adustos en público y de una sonrisa fresca y resonante que explotaba como su ingenio. Y no perdía el amigo oportunidad para adelantar el quehacer, para entrenar al timón, para aconsejar, leer y regalar poemas, como Itaca, de Cavafis, que me hacía verlo como hoy lo veo como un Ulises pleno de vida, en largo trayecto. Porque la vida de Carlos fue un largo y placentero viaje, lleno de ámbar, ébano, coral, madreperlas, playas nunca antes vistas, amaneceres, perfumes voluptuosos puestos en cada libro, en cada palabra, en cada arenga, en cada rasgo de sus letras hermosas escrita con rigor, con disciplina, como la que tenía en su vida y en su rostro”.

Aquel afectuoso recuerdo lo escribió Calderón para la revista etcétera, que todavía se publicaba cada semana. Ahora esa misma revista, en una etapa distinta y en su sitio web, ha dado a conocer otro testimonio de la relación entre esos dos personajes. Se trata de una carta que Castillo Peraza le escribió a su sucesor en la presidencia del PAN después de la que parece haber sido una discusión entre ambos por motivos relacionados con la conducción del partido.

Calderón se habría quejado de la insuficiente eficiencia de sus colaboradores en la dirección panista y Castillo considera que le falta capacidad de mando. Lo dice con suma elegancia, contrastando los méritos intelectuales con la inhabilidad de Calderón para crear un equipo de trabajo:

“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya. Dile al perro de adelante de cada uno de los trineos de tu flotilla que él es el único que ve un horizonte distinto. Tú tendrás así la mirada de todos los horizontes; no tendrás que verle las patas a todos, ni las correas a todos: serás el Can Mayor, vigía de todos los horizontes y patrón de todos los trineos. Presidirás: estarás sentado arriba. Desde allí, vigila y exige  con suavidad; carga sobre tí los errores de ellos. Acertarás con ellos”.

Las metáforas caninas que en esa ocasión empleaba el siempre refinado Castillo Peraza podrían ser discutibles, pero contribuyen a subrayar el mensaje central de aquella carta a Calderón: debía aprender a mandar sin avasallar, tenía que organizar en vez de reemplazar a todos en sus tareas.

“El riesgo –añadía el filósofo Castillo Peraza– es que todas las fallas se te carguen a tí. La oportunidad es que los aciertos serán todos tuyos. Pero con este proceder, lograrás que tus subalternos serán tuyos contigo: no envidiarán tus medallas porque las sabrán de ellos; no te cargarán sus tropiezos porque los sabrán suyos. Serán uno. Crecerá el partido con el crecimiento de sus dirigentes. Serás su líder, la cabeza del cuerpo que sabrán y sentirán suyo; te sabrán su cabeza. Y esto es importante porque nadie te niega que eres cabeza y que tienes cabeza. Yo menos que nadie”.

La publicación de esa carta en el sito de la revista etcétera ha contribuido a la discusión sobre las capacidades y los defectos del presidente Calderón. El estilo metafórico y acaso también el paso del tiempo –13 años son muchos en medio de cambios tan drásticos como los que ha experimentado el país en ese tiempo– contribuirán a que esa carta sea entendida de diversas maneras.

La capacidad de mando de Calderón enfrenta hoy exigencias mucho mayores que las señaladas por Castillo en ese texto de 1996. Crear y mantener un equipo de trabajo no es sencillo. Mucho menos cuando se trata de un equipo que tiene que enfrentar exigencias como una crisis económica extremadamente difícil (que apenas ayer propició un nuevo y costoso recorte en el gasto público) y una expansión delincuencial que pareciera no tener fin.

El conductor de un equipo de gobierno a cargo de tareas como esas no solamente debe mantener la confianza en sus colaboradores. También tiene que reconocer cuando han dejado de funcionar, o cuando no responden de manera suficiente a esa confianza. Ya sea que recuerde o no las recomendaciones de Castillo Peraza, hay motivos suficientes para que Calderón esté reflexionando en estos días acerca de los discutibles méritos y las reconocibles impericias de varios de sus colaboradores.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 24, 2009 a 4:04 am

Escrito en Calderón, PAN