Sociedad y poder

Políticos de Power Point

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Publicado en emeequis

En Suiza acaban de crear el “Partido Anti Power Point”. Sus promotores cuestionan las aburridas presentaciones que suelen mostrarse en universidades y empresas y exigen que el empleo del Power Point deje de ser costumbre. Sugieren en cambio la utilización del rotafolio, ese atril con grandes hojas en donde el conferencista puede ir escribiendo con un plumón.   Parece descabellado, pero los activistas suizos esperan llegar a un referéndum sobre el uso del Power Point.

Ese programa sugiere esquemas de acuerdo con el asunto que deseemos presentar. Hay plantillas para disertaciones sobre arquitectura o astrología, para anunciar un plan de marketing o mostrar en la escuela un proyecto de ciencias. Se les utiliza tanto que de pronto todas las presentaciones son idénticas, o demasiado parecidas, porque se han ceñido a la estructura propuesta por ese software

Desde luego hay maneras creativas para utilizar el Power Point. Se pueden tomar sus plantillas y organizarlas de otra manera, o aprovecharlas para presentaciones más complejas. Pero en todo caso la centralidad de la imagen que establece el Power Point (aunque sea la imagen de algunas frases que para no resultar deslucidas tenemos que resaltar en colores o con efectos de movimiento) ha desplazado a la exposición oral, tal y como se le conocía en las conferencias tradicionales.

Como el Power Point está de moda, cuando nos invitan a ofrecer una conferencia en vez de un texto de 20 páginas tenemos que preparar una presentación que será preciso mostrar como si platicáramos y no con el tono profesoral que ahora muchos consideran políticamente incorrecto. En ocasiones, sin duda, las imágenes ayudan a respaldar una explicación. Pero con frecuencia sustituyen las ideas centrales de la disertación.

Así como con ese programa, el discurso contemporáneo se ha estandarizado. Los políticos, pareciera que casi todos atienden a los mismos guiones, o que hubieran asimilado las mismas presentaciones de Power Point. Suelen decir, diagnosticar, proponer y desde luego acostumbran pedir lo mismo. Escucharlo a uno es como haber oído a casi todos.

La estandarización de la política se debe en parte a la difuminación de las antiguas coordenadas ideológicas. Hoy en día nadie puede o quiere ser de izquierdas y a las derechas nunca se les ha visto bien, de tal suerte que todos resultan ser de centro.

En segundo lugar los problemas sociales y económicos son tan evidentes –y urgentes– que los políticos no pueden dejar de enumerarlos, de tal suerte que todos lamentarán la violencia, condenarán  la corrupción y prometerán menos pobreza.

Las soluciones a esos problemas, en tercer lugar, se encuentran tan acotadas que todos proponen lo mismo: depurar los cuerpos policiacos, castigar la venalidad de los empleados públicos (por supuesto hasta-las-últimas-consecuencias), llevar drenaje, hospitales y escuelas a las zonas más depauperadas.

Una cuarta causa de esa homogeneización es el encuadramiento del discurso político en la retórica de los medios, especialmente la televisión. Las frases breves y contundentes sustituyeron hace rato a la argumentación lógica, que para ser tal necesita tomarse su tiempo.

Así que, sometidos al mismo esquema, todos dicen y ofrecen prácticamente lo mismo como acaba de suceder en el Estado de México. Allí los ciudadanos votaron por conveniencias e inercias coyunturales, muy lejos de cualquier definición ideológica. En medio de esa monotonía cuando hay políticos que despotrican unos contra otros, como hicieron recientemente la desprestigiada Elba Esther Gordillo y su antiguo socio Miguel Ángel Yunes, pareciera que hay novedades aunque se trate del mismo tráfico de conveniencias que hemos padecido siempre.

En otros casos, cuando hay personajes de retórica heterodoxa o con rasgos formales que rompen el hastío del quehacer político, los ciudadanos voltean a verlos aunque sea por curiosidad. Allí está la oportunidad para una renovación del discurso político, pero también el caldo de cultivo para los demagogos. Aquellos que se dicen antipriistas luego de toda una vida en el PRI, los que se proclaman demócratas pero tienen una veladora encendida con las televisoras, quienes se auto califican como ciudadanos para no decirse políticos, son parte de esa legión de embaucadores que medran con el desprestigio de la política. Quizá los impulsores del partido anti Power Point formen parte, en código suizo, de esa caterva.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

julio 12, 2011 at 1:48 pm

Publicado en Cultura política, Partidos

Una respuesta

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  1. Podemos moderar el uso del ppower point en las clases del CUCEA?

    Francisco Garcìa Romero

    agosto 10, 2011 at 1:57 pm


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