Sociedad y poder

Plagios

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Columna publicada en emeequis

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Quizá más desfachatados que los plagios que cometió Sealtiel Alatriste, hayan sido los intentos para menospreciar las denuncias contra ese escritor y, más tarde, el esfuerzo de algunos de sus amigos para defenderlo. Hubo quien desafió

el que esté libre de plagio que tire la primera piedra… y llovieron las pedradas en las redes sociales.

A una obra de tantos años y libros como la de ese escritor, habrá que evaluarla más allá de los plagios que con tanta meticulosidad y oportunidad demostró Guillermo Sheridan en un blog de la revista Letras Libres. Pero las que cometió Alatriste fueron faltas inexcusables. En vez de disculparse, primero les restó importancia. La evidencia era demasiado contundente y les hizo un buen servicio –algo a destiempo– a la UNAM y al Rector al renunciar a la Coordinación de Difusión Cultural cuando el escándalo ya tenía varios días en los medios de comunicación.

La respuesta de las autoridades de la UNAM fue demasiado parsimoniosa y tibia. La creencia de que la ropa sucia se lava en casa sigue definiendo las reacciones institucionales cuando la Universidad es cuestionada. En esos casos, se olvida que no hay institución con mayor deber de transparencia que la Universidad. Para evaluarse a sí misma, reconociendo yerros por muy incómodos que sean, debería ser una caja de cristal.

No siempre lo es. El plagio, más allá de los traspiés o abusos del hasta hace poco titular de Difusión Cultural, es una práctica extendida mucho más de lo que quisieran reconocer no pocos funcionarios de nuestra Universidad.

El plagio, al que podemos entender como la reproducción de un texto ajeno sin citar la fuente, siempre ha existido en la vida cultural y académica. No por eso es disculpable, en ninguna circunstancia. La digitalización de documentos, junto con la posibilidad de consultarlos en línea, beneficia la propagación y la democratización de la información. Pero además se convierte en tentación para quienes buscan la ruta del menor esfuerzo al preparar tareas escolares o incluso trabajos de investigación. Cortar y pegar es más simple que indagar, comparar y reflexionar acerca de cada texto.

Hace varios años fui designado para revisar una tesis de licenciatura relacionada con la ética y el periodismo. Cuando pasaba página tras página, me sorprendían las numerosas coincidencias que tenía con ese texto. Pronto entendí que estaba leyendo, línea por línea, la copia de un capítulo de un libro mío sobre temas de prensa mexicana. La alumna había transcrito, con admirable fidelidad, el capítulo entero. Cuando le dije que eso era plagio me respondió con seriedad que no porque en la bibliografía, al final de la tesis, citaba esa libro mío. La Facultad nunca me informó que sucedió con esa tesis.

En otra ocasión me tocó revisar una tesis de maestría. Intrigado por la cita que hacía su autora a un investigador que conozco bien, busqué esa frase en Internet y encontré que formaba parte de un largo texto que había sido copiado en esa tesis, sin anotar referencia alguna. Así, hallé hasta una veintena de sitios de donde la alumna había copiado centenares de páginas. Toda la tesis estaba hecha a partir de plagios sucesivos. Nunca supe, a pesar de mis preguntas en el Posgrado, qué destino tuvo esa tesis la cual, por supuesto, me rehusé a aprobar.

En esos y en otros casos idénticos, la reacción de autoridades de distintos rangos ha sido la misma: en vez de sancionar el plagio tratan de ocultarlo. Echarle tierra, enloda más la ropa sucia pero eso no parece importar. Miedos burocráticos o, de nuevo, la solución aparentemente más sencilla, prevalecen sobre el cumplimiento de la legislación que sanciona esas conductas.

Podría narrar muchos otros casos. Abundan. Me temo que la impunidad también. Los alumnos no comprenden que pueden tomar información a granel de Internet pero que, como con cualquier otra fuente, tienen obligación de citar de dónde obtuvieron cada frase y dato.

En nuestras instituciones escolares no existe una ética de la investigación que proscriba el plagio de manera contundente. No es culpa sólo de la Universidad. La mayoría de los alumnos, al menos en mi experiencia reciente, llegan al campus habituados al copy and paste sin anotar fuentes y de esa manera suelen resolver sus trabajos escolares.

Podría parecer un asunto menor frente a problemas descomunales que tiene el país. Pero la frecuencia del plagio revela una mezcla de desinterés y descaro que, hasta donde estoy enterado, nuestras universidades hacen poco para atajar. De todo ello, por supuesto, no tiene la culpa el escritor Alatriste.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

febrero 18, 2012 at 12:34 pm

Publicado en Cultura, Universidad

4 comentarios

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  1. El plagio se da y aprece que no es fácil eliminarlo; el problema, como lo plantea, es cuando las instituciones sean universidades o no, se quedan calladas.

    Salvador Cruz

    febrero 18, 2012 at 9:27 pm

  2. “La mayoría de las cosas vitales y trascendentes ya fueron dichas, y están escritas, impresas, o deambulan en el anonimato, sin que pierdan jamás un milímetro de su valor esencial.” RoCa.
    “Entre el breve lapso de los tiempos de la lucha entre la razón y la sinrazón, caben ya muy pocas palabras. Solo caduca lo frívolo y lo trivial de las ideas. Sin embargo, los que siempre trascienden son los hechos, y junto con ello, la crónica apegada a estos. Esta es la única manera de ejercer el periodismo veraz.” RoCa.
    Existen y persisten suficientes términos para acomodar, según las conveniencias personales o grupales, los intereses y/o dividendos que se originan de toda producción literaria, periodística, científica y hasta religiosa. Desde la propia autoría; individual o colectiva, hasta el llamado plagio (cuando así conviene), pasando por otros conceptos similares y conexos, como la adaptación, la alusión, lo apócrifo, lo anónimo, el amplificato, la ascesis (Askesis), el auto plagio, la caricatura, el collage, y hasta el más descarado y odioso de todos estos; el vulgar y comercial neoliberalista copyright.
    Desde luego, que quienes se sienten nacidos y tocados por la “revelación divina” de escribir aficionada o profesionalmente, y que se presumen vanamente de inopinables, inimitables e inigualables, y piensan también que, por “derecho celestial”, nadie debe de copiar sus obras. Claro, con excepción de los que paguen una cuota, ya sea en efectivo o en reconocimiento explicito textual de su autoría.
    Y claro, que este tipo de genialidades tan reclamantes de su derecho de autoría, y de ser los descubridores del “agua hervida y del hilo negro”, no son más que plagiarios y “piratas” consumados, pues jamás le retribuyeron nada a los que inventaron el lenguaje e idioma en el que escriben o traducen, ni a los que les educaron en el A,B, C de su lengua parental, y mucho menos a los que les enseñaron el 1, 2, 3 de las matemáticas. Y como generalmente este tipo de personas son Creyentes de alguna Religión (hasta del Neo liberalismo), pues también evadieron olímpicamente los derechos de autor del “Padre nuestro y el “Ave María”, que tan bonitos les salen de sus roncos pechos.
    Del mismo modo, estos maravillosos seres humanos, han estado, están y siguen estando, totalmente al margen de pagar derechos perpetuos de autor por sus cotidianas citas a: La Biblia Cristiana, al Corán, al Libro de Buda, a la Tabla de los Diez Mandamientos, a la Teoría de la Relatividad, al Enunciado de las Leyes de la Física de Newton, a los derechos por utilizar Energía Eléctrica, Calorífica, Eólica, Nuclear y Solar, a las Profecías de los Mayas y de la Gran Pirámide, al Decálogo de Platón y los escritos filosóficos de Aristóteles, Arquímedes, Pitágoras, Hipócrates, Euclides, etc. por decir los menos.
    Seguramente que estas figuras de porcelana y oro tejido, además fueron engendradas en el Olimpo, paridos en el Cielo y formados en el Paraíso terrenal, y por ello, los simples mortales como nosotros, debemos reconocer y pagar derechos de uso a Robespierre, Marat, Engels y Marx, Lenin, Trotsky, Luxemburgo, a Hidalgo por sus “Gritos de independencia”, a Morelos por sus “Sentimientos de la Nación”, a Madero por su “Plan de San Luis”, a Flores Magón por su “Ideología y Programa de la Revolución Mexicana”, por citar solo a uso cuantos; y hasta a “mi mismo” por estar recordándoles esto tan original de los viejos y nuevos tiempos.
    Sin embargo, estoy seguro que la mayoría de estos eunucos literatos, ni siquiera pagan los programas del Sistema operativo que utilizan en sus computadoras. Mucho menos el software aplicado con el que escriben y publican sus maravillosas originalidades. Y peor, seguramente que solo pagaron “Un Peso” de colegiatura en la UNAM o el Poli, por obtener un Título Académico para ejercer, sin derecho de piso, su oficio profesional.
    Y seguramente, que ni el Rector, ni los Directores de Facultad o Escuela, ni la propia SEP, y mucho menos los estudiantes, han pagado un quinto a los descubridores y desarrolladores de las Teorías y Conocimientos Científicos que ahora, en base a libros de Texto y Guías varias de: Leyes, Estructuras, Biología, Química, Medicina, Física, Administración, Filosofía, etc. hechos por otros “autores” que tampoco pagaron nada a sus creadores originales, y que les fueron transmitidos en las aulas y laboratorios escolares.
    Y siendo verdad que existe una Ley sobre Derechos de Autor y Propiedad Intelectual, habría que preguntarles y cobrarles a los Legisladores (y a todos los Poderes en general) por el uso de la Constitución Mexicana, los Códigos y Reglamentos. Aunque en este caso, más bien habría que cobrarles por el NO USO E INCUMPLIMIENTO de las Leyes que comprenden al supuesto!Estado de Derecho que nos debería regir a TODOS los mexicanos.
    Volviendo al punto, en otro comentario subsecuente, nos remitiremos a lo que la legislación mexicana establece, aunque no se cumpla, para los supuestos casos de PLAGIO, y de lo que perversamente (y más por envidia de algunos que por razón de otros) se le acusa a Alatriste, precisamente ahora que recibió el premio Urrutia, y cuyo contenido no tiene relación directa con lo que se dice que se ha “pirateado”.

    NOTA: Autorizo a toda persona viva (o muerta) a plagiarse todo o en parte, sin darme cuota ni reconocimiento alguno, de lo que aquí, en una “revelación divina” he osado comentar.
    De nada.

    ¡Plagio para todos, o muerte!
    RoCa

    Ro Ca

    febrero 24, 2012 at 11:34 am

  3. […] en un intento de enjuiciar al Rector y a la UNAM." Aquí respondí. Raúl Trejo Delarbre cuestiona la reacción de las autoridades universitarias frente a una falta grave y lamentablemente común en […]


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