Sociedad y poder

Ninguno de los cuatro

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Publicado en emeequis

A menos que un vendaval político modifique las preferencias de un segmento importante de los electores, Enrique Peña Nieto será presidente de México. Quienes abominamos del viejo sistema político, recelaremos ante el retorno de un PRI que dista mucho de haberse renovado. Autoritarismo y clientelismo, mancuernas proverbiales en los recursos de la antigua elite política y que han sido aprovechadas por todos los partidos, serán tentaciones constantes del nuevo gobierno pero, sobre todo,

Ilustración tomada de http://www.centraluno.com

referencias indeseables para millones de ciudadanos que permanecerán atentos ante cualquier abuso del próximo presidente.

Los vicios del antiguo priismo serán acotados por la nueva circunstancia mexicana. Una sociedad vigilante y exigente, de la que han surgido expresiones como el movimiento #yosoy132, dificultará excesos del nuevo gobierno. Los medios de comunicación de ninguna manera estarán dispuestos a abandonar el talante crítico que, si bien con insuficiencias y con un agraviante déficit de calidad en sus contenidos, han adquirido respecto del poder político.

El contrapeso más importante delante del Ejecutivo tendría que ser el Congreso. Si en las cámaras de senadores y diputados los partidos nacionales quedan representados con fuerza suficiente, el gobierno federal se encontrará obligado a construir acuerdos en vez de imponer decisiones. En otras palabras: la mejor posibilidad que tenemos para acotar el autoritarismo presidencial está en nuestros votos para el Poder Legislativo.

Votar por un partido para el Ejecutivo y por otro para el Congreso manifiesta la convicción de que la democracia es reconocimiento de la pluralidad y, jamás, carro completo. Uno de los indicadores de la madurez cívica que podremos apreciar en la elección del 1 de julio será el voto diferenciado con el propósito de auspiciar la diversidad política en el Congreso.

La ilusión de muchos está cifrada en López Obrador. Las ganas de echar del gobierno al PAN –cuya ineptitud ha sido sumamente costosa para el país– sin tener que aceptar de regreso al abusivo PRI, ha conducido a no pocos ciudadanos a invertir sus esperanzas en el candidato perredista. Pero López Obrador no constituye una opción democrática. Su proclividad al caudillismo patriarcal, la ausencia de compromiso con reglas e instituciones democráticas y su manifiesta costumbre para decir mentiras o negar la realidad, hacen tan indeseable su hipotético triunfo como de cualquiera de los otros candidatos.

La modestia de ideas del candidato de la llamada coalición de izquierda empeora con su reticencia a escuchar. Por muy notables que sean los colaboradores de los que pudiera rodearse (y entre los personajes que menciona como miembros de su eventual gabinete hay varios que tampoco se han singularizado por sus  compromisos con la democracia) López Obrador gobernaría orientado por una maniquea concepción de la realidad en donde quienes no le son incondicionales siempre son infames y, por añadidura, conspiradores en su contra.

La candidata del continuismo desplegó una campaña gris, atrapada entre la inevitable supeditación a un gobierno fallido y sus propias limitaciones que, como ha resultado evidente, no son pocas. Josefina Vázquez Mota no pudo encontrar una línea argumental sólida a lo largo de su campaña, no entusiasmó a nuevos segmentos de electores y su proclividad hacia poderes fácticos como las corporaciones mediáticas o la iglesia contradice cualquier discurso de renovación política.

Gabriel Quadri no es opción. La pertinencia de cualquiera de sus propuestas se contradice con el partido que lo cobija. Cada voto por Nueva Alianza es un voto para Elba Esther Gordillo.

Así el desastrado panorama que mostrará la boleta presidencial, para algunos ciudadanos como el que escribe este desesperanzado texto no hay opción. La sugerencia para que votemos por el menos malo no resuelve este dilema porque cada uno de los candidatos presidenciales me resulta indeseable, por distintos motivos. Anularé mi voto por la presidencia y posiblemente votaré para el Congreso por candidatos de partidos distintos a la mayoría previsible en ambas cámaras. Me parece que apostar a la democracia es, en estas circunstancias, hacerlo por la diversidad y los contrapesos.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

junio 24, 2012 at 6:22 pm

Publicado en Elecciones 2012

4 comentarios

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  1. Compárese este texto con el de Volpi http://www.reforma.com/editoriales/nacional/662/1323452/ . Trejo Delarbre en realidad está inclinándose ante el sistema

    Alejandro Peláez

    junio 24, 2012 at 6:30 pm

  2. Te podrán ser indeseables, pero en tu escrito hay elementos para concluir que Peña es el mejor, sino es que el único, capaz de sacar adelante las reformas legales, que el país requiere para despegar y mantener un crecimiento conómico sostenido, indispensable para todo lo demás.
    El PRI otorgó autonomía al Banco de México, soberanía a la SCJN y los ciudadanos electores al poder legislativo en 1997, también con el PRI en el gobierno ejecutivo federal. Asimismo, creó e impulsó el IFE ciudadano. Desde 1994 no hay fraudes en las elecciones presidenciales al menos.
    Zedillo reconoció igual que Francisco Labastida, el triunfo de Fox en el 2000, sin regateos. El PRI evitó la crísis constitucional que Obrador pretendió en 2006.
    Ahora mal (diria el gran Gamés) si no se le reconoce nada a ese partido; al menos señalas que el país, los ciudadanos y sus circunstancias, no son los mismos.
    Habrá que fortalecer al IFAI a la Contaduría Mayor de Hacienda, etc y sobre todo: a la sociedad civil.
    P.D. El #132 no tiene nada de democrático. Ni en su origen, ni en su proceder.

  3. El presidencialismo en México se debe acabar, los mexicanos requerimos de un nuevo sistema de gobierno que surja verdaderamente del pueblo con representantes de colectivos populares que auténticamente velen por los intereses de un pueblo urgido de educación, de seguridad y en general bienestar social

    José I. Espinosa

    junio 25, 2012 at 6:57 am

  4. Don Raúl, el sistema es el sistema, y nadie contra de él, trátese del Institucional o del de la alternancia, es el sistema lo que hay que cambiar, yo estoy de acuerdo con usted, una posible salida sería la de intentar democratizar lo inevitable y buscar los contrapesos en el congreso votando ahí por el balance, y porqué no como usted lo propone la anulación de la papeleta de presidente como en los años setentas lo hicimos aquellos otrora jóvenes del movimiento del 68 cuando el sistema impuso a Echeverría como candidato por los favores hechos al anterior régimen. La memoria temprana es escaza por desgracia para las masas y es proclive a ser engañada, comprada y manipulada por los revanchistas que son parte aún del Sistema.

    Carlos Mendoza Ugalde

    junio 25, 2012 at 12:18 pm


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