Sociedad y poder

Colosio, veinte años. Un recuerdo personal

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   La conmemoración, cuando se trata de hechos trágicos, suele ir de la mano de la especulación. Con Luis Donaldo Colosio cada 23 de marzo, y especialmente cuando como ahora se cumple una década más del asesinato en Lomas Taurinas, menudean las suposiciones.

 

   La primera de ellas imagina qué habría ocurrido si a ColosioColosio no lo hubieran asesinado. Hubiera sido presidente, sin lugar a dudas. Pero más allá de ese hecho convalidado por las encuestas nunca sabremos cómo habría sido su gobierno.

 

   Sin duda muchos de los tropiezos de la administración del presidente Ernesto Zedillo los habría cometido un  Ejecutivo encabezado por Colosio. Pero es altamente posible que dos de los episodios más relevantes al comienzo de aquel sexenio, hubieran tenido desenlaces diferentes. El primero de ellos es la crisis económica que se desencadenó entre diciembre de 1994 y enero de 1995. Los funcionarios del área económica del gobierno que sugerían soluciones distintas a las que tomó Zedillo probablemente habrían sido escuchados por Colosio. Las decisiones políticas que desencadenaron la devaluación a fines del 94 habrían sido mejor explicadas en el plano internacional y acaso la salida masiva de dólares que casi deja en la lona al peso mexicano habría sido manejada de otra forma.

 

   El otro episodio en donde es de suponerse que el presidente habría tenido una actitud distinta fue el enfrentamiento con Carlos Salinas de Gortari. Es difícil imaginar a Colosio dejando en manos de un procurador panista, como hizo Zedillo, la averiguación del crimen de José Francisco Ruiz Massieu y permitiendo una indagación contra la familia Salinas como la que se desató en 1995. Quizá, en tal escenario, las fracturas dentro del PRI habrían sido distintas.

 

   Pero todo eso no es mas que imaginación. Las conjeturas acerca de lo que hubiera ocurrido en vez de lo que ya padecimos y sabemos, son siempre un ejercicio atractivo pero superfluo. Podemos entretenernos bosquejando escenarios suponiendo que no se habrían producido giros históricos como el del 23 de marzo de 1994 pero siempre sabremos que la historia, Perogrullo dixit, fue como fue.

 

   La otra forma de especulación que se reedita en cada uno de estos aniversarios propone que el asesinato de Colosio se debió a una maquinación del poder. Las grandes tragedias requieren grandes explicaciones. Y cuando es asesinado un personaje de tanta relevancia como el que estaba destinado a ser presidente de México en el último sexenio del Siglo XX, muchas personas se resisten a creer que ese acontecimiento infausto se debió solamente al delirio de un desdichado llamado Mario Aburto.

 

   En los años posteriores tuve ocasión de conocer de cerca las investigaciones que desarrollaron varios de los fiscales del caso Colosio, especialmente el amplísimo documento que entregó el licenciado Luis Raúl González Pérez después de más de cuatro años de investigaciones.  Escuché y leí una y otra vez detalladas explicaciones y millares de páginas de los informes,. En esa extensa tarea, como aquel fiscal ha vuelto a recordar, no se encontraron indicios que sugirieran que Aburto actuó en complicidad con alguien más.

 

 

   Con frecuencia los hechos son más difíciles de aceptar que las ilusiones o las conjeturas. Es entendible que hoy en día muchos mexicanos, especialmente quienes nacieron después de la muerte de Colosio, crean que ese crimen se debió a una confabulación política porque esa conseja ha sido reiterada desde entonces en la sociedad mexicana. Pero resulta inexcusable que entre quienes conocieron los resultados de esas investigaciones (entre ellos no pocos de quienes habían sido próximos a Colosio) haya todavía aquellos que, sin prueba alguna, siguen diciendo que al entonces candidato priista lo mandaron asesinar por motivos políticos.

 

   En esa hipótesis faltan, además de pruebas, motivaciones. El asesinato de Colosio constituyó el golpe más fuerte que pudo haber recibido el proyecto político del presidente Carlos Salinas de Gortari. Luis Donaldo habría sido clara y personalmente impulsado como sucesor suyo por Carlos Salinas. El discurso del 6 de marzo de 1994, en donde algunos quisieron leer (a posteriori) una ruptura con el gobierno, era una buena pieza oratoria, que ofrecía plausibles compromisos democráticos, pero de ninguna manera significaba alejamiento respecto del presidente Salinas.

 

   Como muchos, tuve oportunidad de conocer el talante institucional y la sensibilidad política de Luis Donaldo Colosio. No era, para nada, un hombre de rupturas. Era un político del sistema priista y junto con ello era un hombre honesto, bueno y bien intencionado.

 

   Colosio sabía dialogar. Encontraba útil contrastar sus opiniones con otros puntos de vista, aunque no siempre aceptaba razones distintas a las suyas. Lo conocí en mayo de 1989 cuando era dirigente nacional del PRI y lo entrevisté para el primer número del suplemento político que haría durante tres años y medio en El Nacional. Después de aquella charla siguieron muchas más, a veces en los anchos lapsos que había durante algunas giras presidenciales, o en conversaciones a las que de repente me convocaba. “Vente a tomar un trago”, llamó varias veces para invitarme a las oficinas que tenía en la Colonia del Valle.

 

   Aquella tarde del 23 de marzo yo estaba en el Palacio de Gobierno de Chihuahua, en una conferencia sobre los medios y el conflicto en Chiapas. Allí nos enteramos del atentado. A toda prisa terminamos la sesión y desde luego cancelamos otras reuniones que teníamos para esa noche. Durante varias horas, en la habitación del hotel, presencié la confusión inicial, las exigencias de Jacobo Zabludovsky en el Canal 2 para saber si Colosio había sobrevivido, la estupefacción inicial. Durante varias horas, siempre desde el hotel en Chihuahua, conversé por teléfono con el periodista Carlos Ramos Padilla para el noticiero que conducía en Radio 13.

 

   No estoy seguro de qué dije durante aquellas horas pero estoy seguro de que durante esa larga noche recordé la última vez que vi a Luis Donaldo, conversando con varios amigos en una tertulia que he contado demasiadas veces. A la mañana siguiente tomé el primer vuelo al DF. Cuando aterrizaba pude ver el avión gubernamental que venía de Tijuana con el cuerpo del candidato presidencial. Lo miré con mucha tristeza y desde entonces tengo esa sensación cuando recuerdo a Luis Donaldo.

 

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Written by Raúl Trejo Delarbre

marzo 23, 2014 at 9:05 pm

2 comentarios

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  1. Como siempre es muy aleccionador leerlo, yo estuve en Tijuana el año 1994 por el mes de diciembre y había entre los periodistas de allá muchas historias que no sé llegaron a publicar jamás por falta de pruebas, pero una de ellas me llamó la atención, la de que en ese mitin fueron localizados dentro de una casa en la colonia lomas Taurinas pancartas y mantas ya hechas con leyendas donde llamaban a los panistas asesinos, por desgracia el periodista que tomó las fotos me dijo que las imágenes se las hicieron perdedizas en su mismo periódico y que por ello jamás pudo publicar él su nota, carecía de la evidencia. Un abrazo don Raúl, se le estima y mucho
    Carlos Mendoza

    Carlos Mendoza

    marzo 23, 2014 at 11:24 pm

  2. un comentario.- Colosio era el continuador en TODO de Salinas, fue su servil colaborador y así lo dijo claro.
    El discurso es la retórica de los candidatos que simulan el cambio. El informe presenta dos balazos y una versión ridícula del segundo disparo en elipse y elipsis. Salinas en su loca ambición piso muchos callos a intereses mas allá del negocio país. Estos mafiosos ricos dueños de todo sabían lo que seguía con Colosio y Salinas haciéndole al Calles moderno. Le pegaron donde dolía al grado que en 20 años y libros donde describe el paraíso que dejó no le sirvieron para regresar. Ahora mafioso rico. . muy rico. . quien le toque le aplicara lo que le aplicaron como hacia el hermanito para imponer sus negocios. Quien conoce el primer nivel del poder sabe como ocurre. Nosotros aguantamos estatua en Reforma, discursos. comisiones de la verdad, aumento a la gasolina y las ordenes del Imperio. País fallido desde luego.

    epigmenio

    marzo 24, 2014 at 11:08 am


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