Lucía Morett, víctima del aventurerismo
La Crónica de Hoy, jueves 13 de marzo
Ni heroína ni engañada, y tampoco ingenua: Lucía Andrea Morett Álvarez fue víctima, si acaso, de su propio ofuscamiento. Sólo con una apreciación intensamente distorsionada de la realidad política latinoamericana, alguien puede considerar que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia luchan por la justicia. Sólo con un insensato fundamentalismo, alguien puede internarse en la selva en busca de un campamento guerrillero sin entender los riesgos que corre.
Ahora, esa ex estudiante de literatura dramática y teatro, junto con sus padres y algunos de sus profesores, sostiene que se encontraba en el reducto de las FARC en Ecuador, como parte de una investigación académica. Ni siquiera ellos se lo creen. Es natural que sus allegados quieran proteger a la joven mexicana, sobre todo mientras se resuelve su situación jurídica después de la violenta incursión del Ejército de Colombia, el 1 de marzo pasado, al campamento en donde dormían ella y los miembros de las FARC, con quienes se encontraba. Pero tanto su biografía política como la decisión misma de acudir a ese reducto, sugieren que Lucía Morett y el resto de sus acompañantes mexicanos hacían algo más que turismo revolucionario.
Ella se llevó un susto terrible y algunas heridas. Pero al menos varios de sus compañeros están muertos. Uno se puede preguntar, siempre sin entender plenamente su contexto, qué rabias e insatisfacciones convencieron a esos muchachos para secundar una causa tan sombría como la que representan las FARC. La indigencia de opciones para involucrarse en la vida política en nuestro país, la hostilidad que suelen encontrar los jóvenes cuando incursionan en asuntos públicos, el descrédito de partidos e instituciones, forman parte de ese panorama calamitoso y pesimista.
Pero también habrán influido la complacencia política y la charlatanería intelectual que han campeado en México respecto del aventurerismo político. Cuando Lucía Morett tenía 12 años estalló la revuelta neozapatista, a la cual se rindieron acríticamente todas las izquierdas. Cuando tenía 16 y estaba en la Preparatoria le gritó consignas en respaldo al EZLN al entonces presidente Ernesto Zedillo, durante un acto público en Texcoco. Cuando cumplía 18, había ocurrido la extensa cuan absurda huelga en la UNAM.
No sabemos qué impronta dejaron acontecimientos de tal corte en la formación política de esa estudiante de Literatura Dramática que a los 26, estaba en un campamento clandestino de la guerrilla colombiana. Pero varios de sus acompañantes a Ecuador se habían enredado con el zapatismo y más tarde, en el apoyo a grupos latinoamericanos como el que constituyen las FARC.
En ese compromiso personal y político se puede apreciar una actitud solidaria, generosa quizá, que llevó a tales jóvenes a respaldar la lucha armada mucho más allá de las actitudes testimoniales y en un país distinto del suyo. Pero junto con ello, hay una lamentable y en este caso, costosa miopía política cultivada en el estruendo que define todos los días a la vida pública mexicana y muy especialmente en la atonía deliberativa que —en contraste con el rebumbio mediático— impera en el campus universitario.
El hecho de que se familiarizaran con esas luchas y encontrasen cauces para respaldarlas dentro de la Universidad Nacional, ha suscitado opiniones apresuradas y prejuiciadas. Desde hace muchos años distintos movimientos políticos y sociales, de las más variadas latitudes, encuentran eco en la heterogénea comunidad universitaria.
La Universidad no sería eso —universal, abierta, plural— si no acogiera la diversidad e incluso la intensidad de esas expresiones políticas. El problema, entre otros, no es que estén presentes y obtengan adeptos sino que en algunas ocasiones el proselitismo alrededor de ellas ha ocurrido en contra del interés e incluso del patrimonio de la mayoría de los estudiantes y profesores.
Algunos medios de comunicación han difundido, escandalizados ante un hecho en absoluto nuevo, la existencia de cubículos, en algunas facultades del campus universitario, en donde se reúnen los simpatizantes de grupos política y militarmente beligerantes como las FARC. Que se manifiesten, no es inadecuado. Pero que los adherentes de esos grupos se apropien de espacios de reunión y salones de clase no es tanto indicio de pluralidad y tolerancia sino de temor o negligencia por parte de los universitarios.
Es grave que en la Universidad haya espacios académicos embargados por motivos políticos, pero lo es más el desinterés para recuperarlos. Desde hace una década el auditorio “Che Guevara” dejó de constituir el escenario privilegiado para la deliberación académica, la difusión cultural y también, claro, la discusión política, que había sido durante casi medio siglo. Desde la huelga de hace una década se encuentra ocupado por grupos aislados de la mayoría de los estudiantes y profesores.
Pero es más delicada y onerosa la abstinencia crítica que se ha mantenido respecto de esas acciones y, en general, del aventurerismo político independientemente de que tenga siglas zapatistas, colombianas, cegehachistas u obradoristas entre otras vertientes. Allí es donde la Universidad ha fallado como espacio de examen analítico de las realidades políticas contemporáneas.
Por convicción y adhesión políticas en algunos casos, pero en la mayoría de las ocasiones por pachorra intelectual, los universitarios no han sabido propiciar —salvo en unas cuantas y excepcionales ocasiones— la discusión concienzuda de esas y otras expresiones de la lucha política. La inercia y la aprensión se han combinado para inhibir el escrutinio puntual de esos temas. De tal manera, en ausencia de discusión crítica suficiente el aventurerismo político ha encontrado campo fértil en el espacio universitario, siempre hospitalario pero también incauto con las expresiones políticas más disímbolas.
Ése, y no la presencia de pancartas o grafitis de apoyo a intereses tan cuestionables como los que promueven las FARC, es el problema central en la presencia de tales grupos en el campus. La Universidad ha sido congruente con sus mejores tradiciones de apertura y solidaridad al recibir expresiones de esa índole. Pero ha sido inconsecuente respecto del ejercicio crítico, que siempre forma parte del auténtico quehacer académico, al eludir el examen riguroso de tales manifestaciones.
Por otra parte, el hecho de que en algunos espacios universitarios se encomie al aventurerismo político no significa que así ocurra en todas las aulas o en todas las escuelas de la UNAM. Sin embargo, algunos malquerientes de la Universidad han preferido ver, en este caso, a una institución postrada ante tales expresiones. Y esa no es la situación de la Universidad en nuestros días. Un columnista de asuntos financieros, Carlos Mota, escribió en Milenio que la Filosofía, tal y como se enseña en esa institución, resulta inútil porque cuando fue a ofrecer una conferencia los estudiantes de esa disciplina no comprendieron su insistencia en que la Universidad debe formar cuadros para las grandes empresas. Desde luego que puede y debe hacerlo, pero eso no implica que todos los egresados de la universidad pública tengan como único horizonte un cargo en Nokia o Cemex como quisiera ese columnista.
A su vez, en su colaboración de antier en El Universal el presidente nacional del PAN, Germán Martínez, con motivo de las vicisitudes de Lucía Morett y sus compañeros se refirió a “la UNAM, campus Ecuador”. Las correrías sudamericanas de esos alumnos y egresados de la Universidad Nacional fueron de una irresponsabilidad trágica que nos obliga a formularnos muchas preguntas e, insistimos, a refrendar la necesidad de la crítica dentro y fuera de los espacios académicos. Pero una comparación como la que hace el principal dirigente del partido en el gobierno, solamente puede ser tomada como expresión de pésimo gusto para no considerarla signo de patética ignorancia sobre la situación de las universidades públicas en este país.
Las FARC son un grupo indefendible que ha secuestrado a centenares de personas, que mantiene en vilo a Colombia y otras naciones en esa región y cuya equidistancia de cualquier causa social se demuestra en el papel que desempeña en la distribución regional de estupefacientes. Con toda razón, hace un par de días la experimentada periodista española Maite Rico escribía en El País: “Por su componente mafioso y el poder del narcotráfico, las FARC no son una guerrilla convencional. Consciente de ello, el objetivo del Gobierno no es tanto liquidar a las FARC, tarea harto improbable, como forzarla a negociar sin condiciones. Pero el apoyo logístico y político prestado a la guerrilla por Ecuador y Venezuela (que ha enviado armas y dinero) puede dificultar el empeño de Colombia de poner fin a casi cuatro décadas de horror”.
Los documentos localizados en la computadora portátil de “Raúl Reyes”, el dirigente de las FARC a quien buscaban y mataron los militares colombianos que asaltaron el campamento en donde además estaban los jóvenes mexicanos, están contribuyendo a evidenciar esa relación perversa entre guerrilla y narcotráfico. El bombardeo y luego el asalto militar al campamento, instalado más allá de la frontera de Colombia, constituyó sin lugar a dudas una transgresión a la soberanía de Ecuador. Pero el gobierno ecuatoriano tampoco puede ofrecer cuentas claras en este episodio porque resultó claro que alojaba en su territorio a un grupo armado de otro país.
Está probado que las FARC son una pandilla de traficantes y secuestradores. Con tales individuos se comprometieron los jóvenes mexicanos que, como Lucía Morett, acudieron a ofrecer in situ el respaldo que le dispensaban a ese grupo dentro de nuestro país. La agresión que sufrieron en Ecuador es condenable, pero no resultó sorprendente. Fueron víctimas de un engaño expresamente consentido, de un tergiversado voluntarismo, de un exasperado —y a la postre provocador— aventurerismo.
Adiós Fidel, adiós
emeequis, 24 de febrero
Llegué a La Habana la mañana del 23 de junio de 2001. Justo cuando aterrizó el avión de Mexicana, no muy lejos de allí Fidel Castro se desmayaba delante de 60 mil personas y de las cámaras de la televisión cubana que difundieron el incidente a todo el país. Fueron el calor al comienzo de verano, la fatiga y la tensión, pero seguramente también era la edad del Comandante que en aquellas fechas estaba por cumplir 75 años.
Nunca antes Fidel Castro había tenido un tropiezo así. Resistió amagos estadounidenses y exigencias soviéticas, salió vencedor cuando todos los países americanos –excepto México– se coaligaron en contra suya, se impuso a innumerables aunque quizá mitificados intentos de asesinato. Lo que no pudo someter fue al tiempo y aquel desvanecimiento, que primero dejó estupefactos y de inmediato aterrados a sus asistentes y a los funcionarios que lo acompañaban en el mitin en el barrio habanero de El Cotorro, confirmó que también para él los años pesaban.
Aquella mañana en el aeropuerto de La Habana dominaba un pesado silencio. Apenas bajé del avión alcancé a mirar en los televisores el desconcierto de quienes aguardaban a que el Comandante se recuperase. El ministro de Relaciones Exteriores Felipe Pérez Roque, se acercó a los micrófonos para demandar algo así como “calma y valor, en nombre del partido y del gobierno”.
Aquel incidente no le impidió al Comandante volver a las extensas peroratas. Tampoco fue obstáculo para que al año siguiente, en abril de 2002, exhibiera la torpeza del presidente Fox cuando lo invitó a que viniera a un encuentro en Monterrey, estuviera en la cena y se fuese de inmediato para no importunar a Mr. Bush. Ni lo fue para que en la primavera de 2003 el gobierno de Cuba encarcelara a 75 personas, algunos de ellos escritores, con acusaciones tan peregrinas como tener en sus casas libros de autores extranjeros o haber consultado sitios de movimientos anticastristas en Internet.
Parecía que Fidel Castro había emprendido un intencional proceso de aislamiento. Las esperanzas de apertura política quedaron diferidas a cada encarcelamiento de cubanos disidentes y con cada balandronada de supuesta autarquía respecto del resto del mundo. Como el retraimiento no ha sido completo, turistas y familiares que visitan la isla dan cuenta de las proverbiales carencias sin resolver, del desánimo que entristece el talante bullanguero de los cubanos, de la difícil pero constatable batalla que dan algunos para que se reconozca su derecho a la diversidad en todos los terrenos.
Vinieron la enfermedad que obligó a Castro a someterse a varias operaciones por lo menos a partir de mediados de 2006, la separación de los numerosos cuan todopoderosos cargos que ejercía en el gobierno y el Partido, la sustitución del uniforme verde olivo por el pants con todo y logotipo de Adidas.
El anuncio, el 19 de febrero pasado, del apartamiento formal de cualquier responsabilidad tanto en la estructura del gobierno, podría permitirle a Fidel Castro retirarse con tranquilidad del mando político que él mismo admite ya no está en condiciones de ejercer. Pero en esa decisión todos reconocen una maniobra para dominar a trasmano o, en todo caso, resolver su propia sucesión sin haber permitido flexibilización alguna en el sistema político. Como dijo aquel otro controvertido personaje, se va pero no se va.
A Fidel Castro lo llegamos a considerar emblema de entereza ante los poderosos y de dignidad en condiciones adversas y como adelantado del mundo que hemos querido construir. Pero también ha sido ejecutor de represiones, el culpable de la cerrazón política, el autócrata que dispone su propia sucesión. Quisiéramos quedarnos con el Fidel de la empeñosa expedición del Granma, con el que reivindicó la soberanía de su país, el que resolvió carencias sanitarias y logró la alfabetización de los cubanos. Por desgracia la realidad prácticamente nunca se ajusta a nuestras ilusiones. No hay dos sino un Fidel Castro y su obra bienhechora no justifica los excesos y fundamentalismos.
A fuerza de esperado, el retiro de Fidel casi no produjo sorpresas. Quienes lo sucedan, seguirán exigiéndoles a los cubanos calma y valor en nombre de una revolución marchita. Adiós, Fidel. Gracias por las ilusiones. Lástima por las inconsecuencias.
Democracia con horizontes
La Crónica, 25 de abril de 2004
Hay quienes consideran que el escenario de escándalos y descomposición política que experimentamos en nuestros días es consecuencia de la democracia. Pero también se puede estimar que nos encontramos, más bien, ante insuficiencias e incluso distorsiones de la democracia que hemos construido en los últimos años. Se trata de una discusión que sobrepasa los linderos de la academia y que tiene la mayor relevancia política.
Con frecuencia, quizá más por el entusiasmo que produce saber que hemos arribado al final de una etapa y por un frecuente apresuramiento para dictaminar la conclusión de periodos históricos, no pocos especialistas y dirigentes políticos consideran que en México hemos arribado a la democracia y que las tareas próximas son para consolidarla. Todo depende de qué entendamos por democracia. Al respecto existe una cada vez más copiosa discusión que sin duda será espoleada por la aparición del espléndido documento La democracia en América Latina que fue presentado el miércoles, en Buenos Aires, por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano, PNUD.
Esa documentada investigación fue dirigida por el ex canciller argentino Dante Caputo y está compuesta tanto por una extensa reflexión conceptual y política acerca de los alcances de la democracia, como por el resultado de varias indagaciones estadísticas para conocer las percepciones de los latinoamericanos acerca del régimen político en sus países.
Política y conceptos en crisis
En toda América Latina se advierte el desasosiego de la gente respecto de los asuntos públicos. La investigación del PNUD encontró que el 64.6% de los ciudadanos consideran que los gobernantes no cumplen con las promesas que hacen en las campañas políticas porque, en ellas, “mienten para ganar las elecciones”.
El 11.6% opina que los gobernantes no cumplen porque el sistema no los deja y el 9.5% atribuye ese incumplimiento a la necesidad que los gobernantes tienen para atender problemas de mayor urgencia.
El 10.3% cree que no cumplen porque cuando hacen promesas los gobernantes ignoran lo complicado que son los problemas. Y solamente el 2.3% de los ciudadanos estima que sus gobernantes sí cumplen con lo que han prometido en las campañas.
Ante esa imagen social de la política y el poder, el estudio hace un esfuerzo para encontrar definiciones amplias y realistas. Allí se recuerda que hasta ahora, con frecuencia, en distintos ámbitos se incurría en concepciones limitadas: “La democracia fue observada esencialmente en su dimensión electoral; la política vista a través de la crisis que expresaban sus partidos, las estructuras clientelísticas, la corrupción o los regímenes electorales; la problemática del Estado se centró en la cuestión de los equilibrios fiscales, la modernización burocrática y la disminución de su interferencia en la economía; la economía tuvo como tema casi excluyente la cuestión de sus equilibrios y las reformas estructurales supuestamente necesarias para lograrlos; y, finalmente, la globalización fue vista ya sea como el origen de males inevitables o como fuente de beneficios inmensos, poniendo incluso en duda el sentido de la continuidad de los Estados nacionales en un mundo que marchaba hacia ‘la aldea global’. Como dijimos, esos debates eran, en su momento, imprescindibles. Ahora son insuficientes. El desarrollo de la democracia es mucho más que la perfección de su sistema electoral”.
“La crisis de la política –añade el documento– se expresa tanto en la baja credibilidad y prestigio de los partidos como en la poca eficacia de los gobiernos para abordar las cuestiones centrales que se detectan como déficit de ciudadanía, en particular los referidos a los derechos civiles y sociales. Ambas dimensiones de la crisis de la política –instituciones y contenidos– son vitales, dado que es la política la que debe formular opciones, representar a los ciudadanos y generar los nexos entre Estado y sociedad para gestar poder democrático”.
Lidiar con la condición humana
El deterioro de la política es palmario en nuestras naciones. Aunque en toda América Latina –la excepción cubana no se comenta en el estudio– hoy existen gobiernos que han llegado al poder a través de elecciones democráticas, el malestar ciudadano con sus dirigentes, representantes e instituciones, resulta cada vez más extendido. Las insuficiencias de la democracia así construida o, dicho de otra manera, las limitaciones de la democracia entendida solamente como una colección de reglas electorales, agobian hoy a las sociedades en toda esta región del mundo.
En la presentación del estudio que dirigió, Dante Caputo recuerda que la política es una actividad realizada por mujeres y hombres que, como todos, tienen defectos, ambiciones y virtudes: “La construcción democrática se plasma a través de la política. Y aquí sucede algo similar a lo que acabo de señalar: también la política tiene graves carencias, lo que ha producido un rechazo creciente en nuestras sociedades hacia quienes la ejercen. Este Informe no es benévolo a la hora de mostrar la gravedad de la crisis de la política y los políticos. Pero estos políticos son los que han dado las luchas, los que han optado entre costos, los que han pagado con su prestigio u honor sus defectos o faltas. No tienen la pureza de quienes sólo asumen el riesgo de opinar. Muchos tienen la sencilla valentía de pelear en un escenario donde, las más de las veces, lo que se confronta no son grandes ideas, sino pasiones y miserias”.
Tales luces y sombras del quehacer político hacen indispensable la existencia de reglas e instituciones pero también ameritan una constante exigencia delante del poder público. Añade Caputo: “Algunos temen y abandonan, otros cometen errores y –de una u otra manera– pagan por ellos, pero una mayoría hizo algo más que opinar acerca de cómo deberían ser hechas las cosas. Lo intentaron, apostaron, perdieron, y muchos volvieron a intentarlo. Algunos con éxito. Nada hay aquí de reivindicación sentimental de los políticos, sino la sencilla advertencia de que la democracia no es una construcción idílica. Requiere mujeres y hombres dispuestos a luchar en ese turbulento territorio donde se desenvuelven los intereses y las pasiones, las luchas reales, que son las luchas del poder. La democracia se hace con la política, la única actividad que puede reunir la dura y maravillosa tarea de lidiar con la condición humana para construir una sociedad más digna”.
Un fin y un instrumento
El documento, que en las siguientes semanas será presentado en otros países latinoamericanos, incluyendo el nuestro, incluye datos sobre la situación social y opiniones de dirigentes políticos de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana, Uruguay, Venezuela. Además fueron consultados centenares de expertos.
En sus definiciones iniciales la investigación establece las siguientes ideas clave acerca de la democracia:
“La democracia se ha convertido en un sinónimo de libertad y justicia. Es, a la vez, un fin y un instrumento. Contiene, básicamente, una serie de procedimientos para el acceso y el ejercicio del poder, pero es, para los hombres y las mujeres, también el resultado de esos procedimientos. En esta perspectiva, la democracia excede a un método para elegir a quienes gobiernan, es también una manera de construir, garantizar y expandir la libertad, la justicia y el progreso, organizando las tensiones y los conflictos que generan las luchas de poder”.
En un esfuerzo para no quedarse en una definición instrumental o limitada de la democracia, pero también para no desdeñar los evidentes avances políticos que ha experimentado América Latina en los años recientes, el texto precisa el papel indispensable que tienen el Estado, los partidos y los ciudadanos:
“Las libertades que hoy poseemos son un bien invalorable; ésta es una conquista lograda con el impulso, la lucha y el sufrimiento de millones de seres humanos. Somos testigos del avance más profundo y amplio que la democracia ha tenido desde la independencia de nuestras naciones. Pero, como se verá en este Informe, lo conquistado no está asegurado. La preservación de la democracia y su expansión no son hechos espontáneos. Son construcciones voluntarias, formuladas en proyectos, modeladas por liderazgos e investidas del poder que proviene del apoyo popular. Requieren partidos políticos que construyan opciones sustantivas, un Estado con poder para ejecutarlas y una sociedad capaz de participar en una construcción que exceda los reclamos sectoriales. Una política que omite los problemas centrales, vacía de contenido las opciones ciudadanas; un Estado sin poder transforma el mandato electoral en una expresión de voluntades sin consecuencias, y una sociedad sin participación activa lleva, tarde o temprano, a una peligrosa autonomía del poder, que dejará de expresar las necesidades de los ciudadanos”.
Democracia, pobreza, desigualdad
El documento, que fue patrocinado por el PNUD pero además contó con la colaboración de instituciones internacionales y grupos de varios países, está organizado en tres partes. El informe central, titulado La democracia en América Latina. Hacia una democracia de ciudadanas y ciudadanos, presenta los resultados de la investigación en un texto de 255 páginas.
Además se ha puesto a circular un documento complementario, El debate conceptual sobre la democracia (240 páginas) que contiene las discusiones centrales entre una veintena de especialistas a partir de un texto del politólogo argentino Guillermo O’Donell, responsable del marco teórico de la investigación. Un tercer documento, de 283 páginas, ofrece el Compendio estadístico que muestra los resultados de una encuesta y varios estudios más acerca de la opinión que los latinoamericanos tienen de la democracia, así como varios indicadores sobre la situación política y social en los países estudiados.
Al establecer el momento actual y los contrastes que vive esta zona y sin cuyo reconocimiento cualquier descripción de la democracia sería insuficiente, el texto central indica: “En América Latina, construir y ampliar los derechos ciudadanos es una tarea que se desenvuelve en un contexto novedoso. En estos últimos veinte años se ha producido un conjunto de grandes transformaciones. Por primera vez en la historia, una región en desarrollo y con sociedades profundamente desiguales está, en su totalidad, organizada políticamente bajo regímenes democráticos. Así se define, en América Latina, una nueva realidad sin antecedentes: el triángulo de la democracia, la pobreza y la desigualdad”.
Esa tríada contiene la realidad de estos países en donde hemos avanzado en la liberalización del régimen político pero sin abatir carencias sociales fundamentales y es descrita en los siguientes términos:
“El primer vértice del triángulo es la difusión de la democracia electoral en la región. Todos los países que la integran satisfacen los requisitos básicos del régimen democrático. Sólo los países agrupados en la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) comparten este rasgo.
“El segundo vértice es la pobreza. En 2003, la región contaba con 225 millones de personas (o un 43,9 por ciento) cuyos ingresos se situaban por debajo de la línea de pobreza. Por cierto, esta situación varía de país en país. A pesar de estas diferencias, comparada con las
otras grandes regiones democráticas del mundo, América Latina ofrece la singularidad de la cohabitación de las libertades políticas con las severas privaciones materiales de muchos. Democracia y riqueza, democracia y pobreza son dos combinaciones que generan necesidades, dificultades y riesgos diferentes.
“El tercer vértice es la desigualdad. Las sociedades latinoamericanas son las más desiguales del mundo. Como en el caso de la pobreza, no sólo se observa la profundidad de la desigualdad en la región en comparación con el resto del mundo, sino también su persistencia a lo largo de las últimas tres décadas.
“Por primera vez conviven estos tres rasgos, y la democracia enfrenta el desafío de su propia estabilidad coexistiendo con los retos
de la pobreza y la desigualdad. Los riesgos que derivan de esta situación son distintos y más complejos que los tradicionales del golpe
militar de Estado, que, por lo demás, tampoco han desaparecido totalmente”.
Una idea plena de ciudadanía
En su balance de la situación latinoamericana, el estudio del PNUD toma en cuenta siete indicadores básicos: reformas estructurales en la economía, reformas democráticas, evolución del producto interno bruto por habitante, pobreza, indigencia, concentración del ingreso y situación laboral. La comparación de esos rubros conforma un mapa descarnado y contrastante de nuestros países.
Junto a esos datos, se ofrecen los resultados de estudios de opinión en los que destaca la preocupante tendencia de una gran cantidad de ciudadanos a considerar que, puesto que la democracia no siempre resuelve las necesidades sociales básicas, podrían estar dispuestos a respaldar regímenes autoritarios. El viernes pasado en Crónica el periodista Rubén Cortés ofreció algunos de los resultados más impresionantes de la indagación del PNUD sobre la apreciación que los latinoamericanos tenemos de nuestras democracias electorales.
En una de sus tesis cardinales, el estudio considera que solo habrá democracia plena cuando los ciudadanos tengan y ejerzan derechos no únicamente en el terreno político sino, junto con ello, en el acceso a requerimientos sociales básicos.
Esa idea de ciudadanía plena, se dice, “implica un estatus para cada persona como miembro de pleno derecho de una comunidad, y abarca diversas esferas que se expresan en derechos y obligaciones. La expansión de la ciudadanía es una condición del éxito de una sociedad y de la satisfacción de sus aspiraciones. Es en torno a esto que se debe juzgar la calidad de la democracia”.
Más adelante, el Informe distingue entre ciudadanía política, ciudadanía civil y ciudadanía social.
La primera de ellas incluye el derecho al voto, limpieza en las elecciones, diques al clientelismo, oportunidad para acceder a cargos públicos a través del proceso electoral.
La ciudadanía civil requiere de la igualdad legal y la protección contra la discriminación, así como el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, las mujeres, los indígenas y los menores. El derecho a la vida, a la integridad física, la administración de justicia, la libertad de prensa y el derecho a la información están incluidos en este rubro.
Sobre la otra, se explica: “Los derechos a la salud y a la educación son considerados componentes básicos de la ciudadanía social. A su vez, la falta de empleo, la pobreza y la desigualdad han sido ampliamente reconocidas como aspectos que obstaculizan la integración de los individuos en la sociedad. En condiciones de extrema pobreza y desigualdad se dificulta la efectividad de un presupuesto clave de la democracia: que los individuos son ciudadanos plenos que actúan en una esfera pública donde se relacionan en condición de iguales”.
Predisponer a la opinión pública
Además de la percepción de los ciudadanos acerca de asuntos públicos como los antes mencionados, el Informe del PNUD buscó la opinión de 231 personas “que ejercen funciones de liderazgo en América Latina”. Entre las causas que limitan la democracia en esta región, los dirigentes mencionaron las presiones de grupos de interés –fundamentalmente empresariales–; en segundo lugar al narcotráfico y en tercero, a los medios de comunicación.
Sobre el papel político y el poder formidable de las empresas de comunicación, el Informe explica: “Esta gran influencia de los medios es vista como parte del aumento de los controles que han permitido democratizar el ejercicio del gobierno, pero también, según lo perciben principalmente los políticos consultados, como una restricción al proceso democrático. Los medios tienen la capacidad de generar agenda, de predisponer a la opinión pública a favor o en contra de diferentes iniciativas y de erosionar la imagen de figuras públicas mediante la manipulación de denuncias. Existe amplio consenso entre los consultados en cuanto a que la gran influencia de los medios limita el poder de las instituciones políticas. En realidad, siempre tuvieron mucha influencia y los políticos intentaron servirse de ella. Lo nuevo, además de la mayor exposición del público a los medios, es que se ha salido de una época en la que estaban mayoritariamente vinculados a los partidos políticos y, en algunos casos, éstos ejercían cierto control sobre aquéllos; actualmente muchos medios se han independizado de las estructuras partidarias y han pasado a formar parte de grupos económicos no subordinados al poder político y con intereses muy diversificados”.
Poner en el centro a la política
Los actores sociales y políticos cuyo desempeño es discutido en el Informe, ocupan una constelación amplia. De los partidos, tanto la opinión de ciudadanos registrada en encuestas como el sondeo entre dirigentes seleccionados para el estudio, resulta sintomáticamente ácida. Además de reconocer el extendido desgaste y el desprestigio, se recuerda que son instituciones insustituibles en cualquier democracia.
En sus conclusiones, entre otras observaciones, el Informe reitera “que la democracia entendida en forma minimalista, como la posibilidad de ejercer el derecho del voto periódicamente para elegir gobernantes, dentro de un marco donde esté plenamente vigente el estado de derecho, no sólo es importante sino una condición sine qua non para poder calificar a un régimen de democrático”.
Ese es, sin embargo, solamente un punto de partida. El diagnóstico del PNUD busca ser más ambicioso. “Considera que debe ampliarse el horizonte de la democracia perfeccionando no sólo los mecanismos institucionales de la política y la implementación efectiva de los derechos civiles para todos los ciudadanos, sino atendiendo a la expansión efectiva de la ciudadanía social”.
En otros términos, se pretende “avanzar hacia una ciudadanía integral, lo que supone poner en el centro a la política como forma de que el ciudadano y más precisamente la comunidad de ciudadanos, pueda participar en decisiones sustanciales”.
Más adelante se subraya: “Crear una visión integral de la ciudadanía, articular el funcionamiento de la economía con las decisiones políticas de la comunidad de los ciudadanos son algunos de los temas que emergen de este Informe para suscitar una nueva forma de debatir la democracia en la región Latinoamericana”.
Si la murmuración y el escándalo no nos tuvieran tan abstraídos y alejados de lo importante, esa sería una de las discusiones básicas que tendríamos que emprender en México. Pero parece imposible que podamos arribar a una ciudadanía cabalmente deliberativa cuando el escenario público está dominado por ambiciones, querellas y confrontaciones como las que nos entretienen y aturden a diario.
Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx
Página web: http://raultrejo.tripod.com/
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“Sin pan y sin palabras” en Cuba
La Crónica, 18 de abril de 2004
El acoso que padecen en Cuba los periodistas independientes podía ejemplificarse, hasta hace poco, en el caso de Jesús Labrador Arias. Corresponsal de un servicio de noticias autónomo, una mañana ese cubano que vive en Manzanillo, al sureste de la isla, recibió una información que lo hizo pedalear seis kilómetros en su bicicleta. Así llegó a una finca rural en donde la noche anterior alguien se había robado tres vacas. Allí mismo las sacrificaron y las destazaron. Episodios como ese aparentemente son frecuentes en Cuba y Labrador quería documentar, con él, la pobreza que consume a su país. Pero no pudo cumplir con esa tarea informativa. Cuando llegó estaban esperándolo varios policías que lo apresaron.
“Yo sólo vine a verificar la información. ¿Por qué no están buscando a los ladrones?”, reclamó el periodista. Y preso quedó.
Al narrar ese episodio el también periodista Raúl Rivero, que es además uno de los poetas cubanos más prestigiados en la actualidad, explicaba: “Es sólo una anécdota pero puede ilustrar a los lectores desprevenidos acerca del entorno en que realiza su trabajo la prensa cubana que se desempeña fuera de los medios oficiales”.
Labrador no estuvo preso mucho tiempo. En otra ocasión su casa fue apedreada por vecinos que lo consideran “antisocial”, que es el término que el gobierno de Fidel Castro utiliza para calificar a sus opositores. Luego, fue acusado por el padre de una muchacha de 16 años a la cual, según se aseguró, el periodista le aconsejó que rompiera la propaganda que había en los tableros murales de su escuela. Por ese delito Labrador estuvo a punto de ser condenado a un año de cárcel.
Fox y Bush al teléfono
Mucho peor que a ese periodista en Manzanillo, les ha ido a 75 informadores, escritores y dirigentes sociales que fueron encarcelados hace un año, en la oleada represiva más importante que se ha desatado en Cuba durante los tiempos recientes.
Las condenas de entre 12 y 27 años para esos opositores y periodistas independientes fueron cuestionadas en la resolución que esta semana tomó en Ginebra la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas.
El voto mexicano para respaldar esa propuesta ha sido muy discutido. Hay quienes consideran que, con esa definición, nuestro gobierno se subordina a las exigencias de la Casa Blanca cuya animosidad contra el régimen de Fidel Castro es obsesiva. La versión del vocero del presidente George W. Bush acerca de la conversación telefónica que habían sostenido los presidentes de México y Estados Unidos espoleó la desconfianza y puso en aprietos al gobierno de nuestro país.
Sobre esa charla telefónica hay dos versiones. Washington dice que el presidente mexicano se comprometió a votar como finalmente lo hizo en la Comisión de Derechos Humanos. El gobierno de México sostiene que no hubo tal acuerdo.
En realidad el presidente Vicente Fox no tenía por qué modificar la posición mexicana que ya se había manifestado hace un año, cuando la misma Comisión aprobó una resolución muy similar a la que se votó el jueves pasado. Aquella vez, y ahora nuevamente, la Comisión le pide al gobierno de Cuba que permita que un representante suyo visite la isla y examine las condiciones de los derechos humanos en ese país.
Resolución en Ginebra
La resolución que México respaldó “lamenta los hechos ocurridos el año pasado en Cuba en relación con algunas condenas a disidentes políticos y periodistas”. También “expresa su esperanza de que el gobierno de Cuba continuará esforzándose por robustecer la libertad religiosa y de que pondrá en marcha medidas con el fin de facilitar la transición hacia el establecimiento de un diálogo fructífero con todas las corrientes de pensamiento y grupos políticos organizados de su sociedad, a pesar del precario ambiente internacional, con el propósito de promover el desarrollo pleno de las instituciones democráticas y de las libertades públicas”.
Ese párrafo ha sido cuestionado por el gobierno cubano, que lo considera expresión de injerencia en los asuntos internos de ese país. Sin embargo el solo hecho de que una formulación tan cuidadosa –que no hace mas que proponer que el gobierno y la sociedad de un país tengan interlocución permanente y formal– le pueda preocupar, indica el grado de autoritarismo al que ha llegado, muy lamentablemente, el régimen de Castro.
En el punto central de la resolución, la Comisión: “Insta al gobierno de Cuba a que coopere, dentro del pleno ejercicio de su soberanía, con la Representante Personal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, facilitándole el cumplimiento de su mandato, como otros Estados soberanos deben hacerlo en cumplimiento de los Propósitos y Principios consagrados en la Carta de las Naciones Unidas”.
Represión y privaciones
Ese es el documento que México avaló esta semana en Ginebra y que ha merecido la condena tanto del régimen de Castro como de quienes, en nuestro país, quieren cerrar los ojos a la cotidiana transgresión que se comete contra las libertades individuales y sociales en Cuba.
Esa situación ha sido documentada, a pesar de que no ha podido visitar la isla, por la Alta Comisionada para los derechos humanos en Cuba, Christine Chanet. Hace tres semanas esa funcionaria internacional presentó el informe sobre su primer año en tal responsabilidad y subrayó la preocupación por las detenciones que hubo en Cuba entre marzo y abril de 2003.
La mayor parte de las acusaciones contra los 75 periodistas y opositores detenidos en ese lapso se referían a su trabajo profesional y a las relaciones que algunos de ellos tienen con organismos internacionales de defensa de derechos humanos. En juicios sumarios y sin posibilidad de elegir a sus abogados, esos ciudadanos recibieron condenas que están cumpliendo en cárceles lejanas e insalubres.
Chanet, que hace siete años fue la primera mujer en presidir la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, recordó también en su Informe los fusilamientos del 11 de abril de 2003 contra tres cubanos que, para salir de la isla, habían secuestrado a una embarcación con turistas: “El secuestro no había causado ningún derramamiento de sangre. No obstante, los tres acusados fueron enjuiciados con un procedimiento sumarísimo…. En el plazo de una semana se agotaron todas las vías de recurso y las tres personas fueron ejecutadas, pese a que en Cuba regía una moratoria de la pena de muerte desde abril de 2000. Ante esta situación, la Representante Personal del Alto Comisionado insta a las autoridades de Cuba a que no sometan a su pueblo al sufrimiento que supone la privación de los derechos humanos y las libertades fundamentales y que se suma a los sufrimientos económicos y sociales que vienen padeciendo desde hace tanto tiempo”.
La magistrada Chanet no ha ignorado las condiciones políticas y económicas que afectan a los cubanos. En su Informe también dice: “No se pueden pasar por alto los desastrosos y persistentes efectos en las esferas económica y social, así como en lo relativo a los derechos civiles y políticos, del embargo del que es víctima el pueblo cubano desde hace más de 40 años. En efecto, la tensión extrema entre Cuba y los Estados Unidos de América crea un clima poco propicio para el desarrollo de las libertades de expresión y de reunión. Las leyes estadounidenses y los fondos destinados a la ‘edificación’ de la democracia en Cuba hacen que se considere a los opositores políticos de la isla simpatizantes del extranjero y brindan a las autoridades cubanas la oportunidad de intensificar la represión contra ellos”.
Artefactos subversivos
Quizá el más emblemático de los 75 periodistas y disidentes cubanos que han cumplido un año en la cárcel es el ya mencionado Raúl Rivero, fundador de la agencia CubaPress y promotor de la prensa independiente en ese país. Nacido en Morón el 23 de noviembre de 1945, Rivero es autor de nueve libros de poesía y cuatro de crónicas. Estudió periodismo en la Universidad de La Habana y durante años escribió en prácticamente todos los medios importantes en su país, entre ellos la agencia Prensa Latina. Fue asesor de Nicolás Guillén en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
En 1991 Rivero suscribió el documento conocido como Carta de los Diez en donde se le pedía al gobierno cubano que ampliara los espacios para las libertades democráticas. El régimen comenzó a perseguirlo. Debido a esa defensa del derecho a la expresión, en 2000 el Instituto Internacional de Prensa incluyó a Rivero entre los 50 Héroes de la Libertad de Información en la segunda mitad del Siglo XX.
El escritor fue detenido el 20 de marzo de 2003. Dos semanas más tarde estaba condenado a 20 años de cárcel. La fiscalía lo acusó, entre otras cosas, de haber fundado una agencia de noticias, enviar al extranjero informaciones que aparecían en páginas web y participar en “el ilegal lanzamiento en La Habana de un libro con ideas y estrategias desestabilizadoras y subversivas”.
El acta del encausamiento contra Rivero señala que en su domicilio fueron decomisados un radio y una grabadora, una máquina de escribir, una computadora portátil, varios casetes y algunos libros de los que es autor. Un video presentado en la sala del tribunal mostraba esos artículos, considerados sediciosos por los acusadores del escritor. Allí se podían apreciar los casetes, que contenían música de Joan Manuel Serrat, José Luis Rodríguez El Puma y algunos cantantes cubanos.
Rivero cumple su sentencia en la prisión de Canaleta en Ciego de Ávila, a más de 400 kilómetros de La Habana. Allí, ocasionalmente, puede escribir algunos poemas. Varios de ellos han aparecido en publicaciones como El País de Madrid y en la revista mexicana Letras Libres.
Liberado por cuenta propia
El acta de la acusación contra Raúl Rivero aparece como apéndice a su libro Sin pan y sin palabras. A favor de la libertad en Cuba, que se publicó hace algunos meses en España. Allí se reúne una veintena de artículos que Rivero publicó en los años recientes acerca de la vida cotidiana y el ejercicio de la prensa independiente en su país.
Prologado por el escritor Eliseo Alberto, que radica en la ciudad de México y es distinguido colaborador de La Crónica, el libro muestra que la única subversión de la que Rivero ha sido capaz es la de pelear por la libertad de las palabras.
En uno de esos textos admirables y contundentes, titulado “Monólogo del culpable”, Rivero cuestiona las disposiciones legales que prohíben la publicación, en Cuba, de impresos que no hayan pasado por la anuencia del gobierno:
“La letra de la ley sobre la protección de la independencia nacional y la economía de Cuba les permite a las autoridades de mi país condenarme por el único acto soberano que he realizado desde que tengo uso de razón: escribir sin mandato. El camino que inicié hace unos pocos años con la ruptura total con los medios de prensa y cultura del gobierno me ha ido convirtiendo en un ser humano distinto, alguien que se ha liberado por cuenta propia, alguien que en un entorno amenazado y hostil pudo empezar el viaje hacia la libertad individual”.
El escritor relata, más adelante: “Para el brazo en alto de esta nueva ley, así como para los insultos de los oscuros funcionarios del periodismo oficial, las llamadas amenazadoras a mi casa, para el sobresalto de cada día yo tengo –me doy cuenta cuando me quedo solo con mi máquina– el regocijo de saberme libre. La certeza de que informar con objetividad y profesionalismo y escribir mi opinión sobre la sociedad en que vivo no puede ser un delito muy grave”.
Sin embargo lo fue, según la estrecha y medrosa perspectiva de las autoridades cubanas. Por escribir textos como ése, Rivero está condenado a dos décadas de prisión.
Exangües y extenuadas
En otro texto, titulado “Matar la palabra”, Rivero hace un inventario de los vocablos que en Cuba “perdieron la vida, los contenidos, el vigor en los últimos 40 años”.
“Los esplendorosos y mágicos fonemas que forman el vocablo libertad encabezan el cortejo. Allá va, vacía, hueca y estrujada, la palabra que los grupos de poder han exprimido aquí hasta convertirla en su antónimo”, manifiesta ese texto inicialmente aparecido en diciembre de 2000 en El Nuevo Herald. Continúa:
“Allí está descendiendo en el alfiler de la corbata del milenio el vocablo democracia, con todos sus ecos griegos, sucio y gastado, hacia el fondo de la sepultura.
“Dígale alguien a un jubilado de Alacranes o a un joven desempleado de Centro Habana la noción exacta de dignidad.
“Que se le explique el poderío de resistencia a un ama de casa, madre de tres hijos, sin familia en el extranjero y sin contactos con una empresa mixta.
“Los ampulosos profesores de español que dediquen un turno de clase a la palabra cultura, a ver cómo apagan los fantasmas de los artistas censurados, los rehenes, los marginados, los excluidos y los expulsados”.
De esa amargura y realismo es la prosa de Rivero, que muy posiblemente no ha tenido en su manos el libro, publicado por Península de Barcelona, en donde aparecen estos textos. “Se marcha la palabra prensa en su única y aseada acepción, porque en Cuba lo que se publica es propaganda latosa y desconcertante”, dice. “En el cortejo van palabras que, para quedarse, necesitan adjetivos, prótesis y andadores. Allá van, exangües y extenuadas, fraternidad, familia, derechos, apertura, evolución, justicia, patriotismo, verdad, fervor, elecciones, parlamento y sociedad”, deplora el ahora encarcelado poeta.
Prisioneros y símbolos
Aún en prisión y sin escribir, Rivero lucha contra el autoritarismo en su país. Al recluirlo, el gobierno de Cuba lo hizo más célebre que nunca. Cada día que Rivero y los otros 74 periodistas, escritores y dirigentes sociales encarcelados hace un año pasan en prisión, es motivo para que aumente y se extienda la protesta internacional contra los excesos del gobierno de Fidel Castro. Gracias a tales reclamos uno de esos prisioneros, Julio Antonio Valdés, fue llevado el jueves pasado a un hospital para ser tratado de la enfermedad renal que padece hace tiempo y que se agravó con el encarcelamiento.
Con el voto en Ginebra, el gobierno de México apoyó causas democráticas como las que han defendido Raúl Rivero y muchos de quienes, como él, llevan un año encarcelados. Suponer que ese voto fue de adhesión al gobierno estadounidense implica apreciarlo con una mirada muy estrecha.
Ningún argumento respetable justifica el encarcelamiento de quienes, como Rivero, no han hecho mas que ejercer y defender sus derechos de pensamiento y expresión. Oponerse a la resolución de la Comisión de Derechos Humanos implica convalidar la persecución a esas libertades. Callar ante esa situación porque se trata de Cuba, un país cuya resistencia y entereza ha sido tan entrañable para muchos de nosotros, nos haría cómplices de tales abusos.
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Un anacronismo
La Crónica, 2 de mayo de 2004
La actitud de Fidel Castro en su reciente diferendo con México sigue siendo difícil de comprender. Al deportar a Carlos Ahumada en vez de extraditarlo, el gobierno de Cuba manifestó una extraña y repentina prisa para deshacerse de ese visitante incómodo. Al empresario, conocido por su perseverancia corruptora, las autoridades cubanas lo habían mantenido en prisión durante todo un mes.
Durante esas más de cuatro semanas el gobierno de Cuba no advirtió que Ahumada podía ser un riesgo para aquel país, como aseguró el Ministerio de Relaciones Exteriores. Tampoco le pareció relevante el hecho de que el empresario no hubiera cometido delito alguno en Cuba, según informó el miércoles pasado.
Repentinamente Castro resolvió que le resultaba más útil deshacerse de Ahumada que seguir reteniéndolo.
Posiblemente los interrogatorios a cargo de la policía política cubana fueron tan intensos que, después de todo abril, ya no había revelación o confesión algunas que pudieran exprimirle al empresario acusado de defraudar al gobierno de la ciudad de México.
Acaso, también, con la deportación se buscó propinarle un desaire más al gobierno mexicano, en represalia por la torpe e injustificable descortesía que Castro padeció hace dos años en Monterrey, la cual se ha encargado de cobrar con tenacidad y rencor.
Repentina deportación
La posición mexicana en la reunión en Ginebra de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, hace un par de semanas, enardeció el disgusto del gobierno cubano contra la administración del presidente Vicente Fox. Esa molestia ha sido mencionada como la causa principal del desdén manifestado por La Habana en la deportación de Ahumada. En vez de aguardar a que se cumplieran el envío del expediente mexicano para justificar la extradición y la resolución que tendría que formular entonces el Estado cubano, el gobierno de Castro asumió una vía más expedita –pero diplomática y políticamente cuestionable porque estaba en marcha la petición para extraditar a Ahumada–.
La expulsión fue preparada por el régimen cubano como un acontecimiento político. Al tiempo que el avión de Cubana de Aviación volaba a la ciudad de México, la Cancillería en La Habana daba a conocer un comunicado inusualmente agresivo.
Además de sugerir que el gobierno de México había sido negligente en la conducción del proceso de extradición –lo cual no es cierto, porque esos trámites se realizaban dentro de los plazos legales– en ese documento se dijo que Ahumada confesó haber preparado una conspiración para influir en asuntos políticos de nuestro país.
Si eso dijo, o si no lo hizo, tendría que ser irrelevante. No hay que olvidar que estuvo un mes en manos de autoridades cubanas, que no son conocidas precisamente por el comedimiento para tratar a sus prisioneros.
Después de cuatro semanas bajo custodia de la policía política de aquel país es altamente posible que hasta el criminal más duro admita cualquier cosa.
Ahumada dice –según las versiones de sus primeras declaraciones en México– que nunca aceptó haber preparado un complot. Pero eso es lo de menos. Lo que haya expresado a las autoridades de otro país, especialmente en las condiciones en que fue interrogado en La Habana, no tiene peso en el proceso judicial que se le sigue en México.
No sería raro que cualquier tarde de éstas el gobierno de Cuba muestre algún video en donde Ahumada declara cualquier cosa acerca de sus ligas y pretensiones en la política mexicana. Tampoco sería sorprendente que, de pronto, aparecieran más videograbaciones de los sobornos o negocios sucios que ese empresario promovía.
Si, como es posible, Ahumada viajó a Cuba con ejemplares de los videos que tanto le gustaba grabar, las autoridades cubanas deben haberse apresurado a copiarlos. Cuando les sean útiles, los darán a conocer.
Posible obsequio al PRD
En tal escenario, la decisión del miércoles sigue resultando paradójica. Al deportar a Ahumada, el gobierno de Cuba permite que en México se le encause por diferentes delitos, incluso por aquellos que no hayan sido documentados hasta ahora. Si se hubiera optado por la extradición, solamente podría haber sido juzgado por las faltas demostradas en el proceso previo a esa medida.
Por eso se ha comentado que la decisión de La Habana pudo haber estado influida por el Partido de la Revolución Democrática, algunos de cuyos principales dirigentes se entrevistaron en varias ocasiones con funcionarios de la embajada de Cuba en México para discutir las opciones que había respecto a la situación jurídica de Ahumada. Se ha dicho, incluso, que alguno o varios de esos dirigentes podrían haber viajado a Cuba para insistir en que el empresario no fuera extraditado, sino deportado.
La expulsión de Ahumada le confiere gobierno de la ciudad de México más libertad para organizar el o los procesos judiciales contra el empresario. Sin embargo no cancela la eventualidad de que las autoridades federales puedan requerirlo para que responda por delitos de ese ámbito –como, entre otros, lavado de dinero–.
En todo caso, el gobierno mexicano –tanto la Cancillería, como la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Gobernación– actuaron con ostensible impericia e improvisación en este episodio. Sin capacidad para prever el comportamiento del gobierno cubano, sin información suficiente siquiera acerca de la deportación, el desconcierto de nuestro gobierno era palmario –y penoso–.
Apuesta por López Obrador
No es aventurado suponer que, al comprobar que el gobierno del presidente Vicente Fox no transigirá en el cuestionamiento a la violación de derechos humanos en Cuba, Fidel Castro haya resuelto mirar hacia otro flanco de la política mexicana.
México ha tenido una importancia fundamental, no solo como aliado sino como presencia histórica y cultural –y de no poco peso económico– en la vida social y política de Cuba. Sería difícil que Castro se resignara a distanciarse de nuestro país sin hacer nada para procurar o reforzar lazos de diversa índole con la sociedad y la política mexicanas.
Así que una vez que confirmó que con el gobierno del presidente Fox no encontrará demasiado respaldo, el dirigente cubano privilegia la interlocución que tiene con Andrés Manuel López Obrador y con el PRD. Con esa definición, Castro no solo mantiene el respaldo de un sector importante de la política mexicana. Además, se coloca en primera línea para respaldar la candidatura presidencial del jefe de Gobierno de la ciudad de México.
Por eso el gobierno de Cuba no se limitó a deportar al empresario Ahumada. Junto con ello, emitió un comunicado malicioso que en términos diplomáticos, pero además en cualquier código político, significa un abierto desplante contra el gobierno de México.
Extraña jugada política
Aun así, sobre todo si se recuerda que en muchas ocasiones Fidel Castro ha demostrado una fría sagacidad para desenvolverse en las relaciones internacionales, el comportamiento de esta semana resulta extraño.
Es entendible que Castro le guarde rencor al presidente Fox por aquella grosera invitación a que se ausentara de la Cumbre en Monterrey para que el presidente George Bush no se fuera a tropezar con él. Pero ningún dirigente político con la astucia que se le puede reconocer al caudillo cubano, se ancla en resentimientos personales.
También es comprensible –aunque fuese discutible– que simpatice más con López Obrador que con cualquier otro de los aspirantes a la presidencia de México. Sin embargo apostar a una sola opción en medio de un panorama tan inquieto e imprevisible como el que define hoy a la política mexicana sería una manera de atarse las manos, contradictoria con la holgura que Castro suele buscar en su trato con las élites políticas de otras naciones.
Por todo ello, la jugada política del comandante cubano no es del todo clara. A menos que se crea la retórica con la que trata de justificar ante sus compatriotas las privaciones y el autoritarismo que los han sometido, sería normal que Castro reconociera el aislamiento en que se encuentran él y su país.
Las dificultades de Cuba son crecientes. La inversión que han llevado empresas europeas a sectores como el turismo y algunas manufacturas, ha sido notoriamente insuficientes para paliar los enormes rezagos económicos que se padecen en toda la isla. Además, de paso, el hecho de que esos dólares y euros sean tan poco significativos demuestra que el bloqueo estadounidense no es el único, ni el más grave problema de los cubanos. El estancamiento de la economía parece ir de la mano con el deterioro de la vida social y la inexistencia de libertades políticas.
¿Por qué, en ese panorama, Castro insiste en enemistarse aun más con México? Podrá decirse que nuestro país no se agota en el gobierno federal. Pero en esa autoridad radican la representación mexicana y, sobre todo, las decisiones en materia de política exterior.
El aislamiento que el mismo Castro provoca con desplantes como la deportación y especialmente el comunicado del miércoles pasado, parecieran indicar que no son la astucia y la visión de Estado sino el berrinche y la auto legitimación de corto plazo los parámetros que orientan hoy en día al gobierno de Cuba.
Trillado primero de mayo
Ayer, primero de mayo el comandante Castro encabezó, como cada año desde hace más de cuatro décadas, la conmemoración por el primero de mayo. La Plaza de la Revolución estuvo colmada de gente que llegó incluso antes de que saliera el sol. Antes de Castro hablaron tres o cuatro oradores de otros países, todos de bajo perfil político. Entre ellos estuvo José Braulio García Ávila, secretario del Interior del Sindicato Mexicano de Electricistas. Otros participantes fueron un dirigente sindical de Venezuela y Juan José Gutiérrez, a quien se identificó como “dirigente sindical mexicano-norteamericano radicado en Estados Unidos”. Todos, incluido Castro, cuestionaron la avidez militar del presidente George W. Bush y ensalzaron la resistencia de la revolución cubana.
Las circunstancias adversas, que no son pocas, estrechan el margen de maniobra del gobierno cubano en el plano internacional. Pero Castro no parece estar especialmente preocupado por evitar que ese contexto empeore. Al mismo tiempo que intensifica la represión contra los disidentes en Cuba, aumenta el enclaustramiento internacional de su gobierno.
Ayer también el diario Milenio, en el suplemento cultural “Laberinto”, publicó un fragmento del artículo “Una cena con Fidel Castro” que el dramaturgo estadounidense Arthur Miller escribió acerca de la visita que hizo a Cuba hace tres años. El autor de La muerte de un vendedor, entre muchas otras obras, fue invitado en marzo de 2000 para una “visita cultural” a la isla. Allí, coincidió con los escritores William Styron y Gabriel García Márquez en una reunión con el gobernante cubano.
Una cena con Castro
Miller describe así el momento en que se encontró con el principal ocupante del Palacio de la Revolución: “Fuimos conducidos a un hall que llevaba al comedor y de repente nos topamos con Castro, no en uniforme, como siempre aparece en las fotografías, sino en un traje rayado azul, cuyo planchado, dejaba ver que no era usado con mucha frecuencia. A pesar del traje, mi primera impresión fue que, si no hubiera sido un revolucionario, bien pudo haber sido una estrella de cine. Poseía ese total egocentrismo, esa necesidad de amor y de alianza y la opresiva sed de poder que se acompaña a la aprobación general. En el atiborrado hall, los miembros de su entourage, como sucede en todos lados con gran parte de los líderes, mostraron suma cordialidad y era inmediatamente perceptible su absoluta sumisión al líder. Como quiera que sea, Castro, (en esa época tenía setenta y cuatro años) es un persona fascinante y quizá hubiera tenido éxito en la pantalla”.
El relato, que inicialmente fue publicado en enero de este año en la revista The Nation, incluye varias observaciones de Miller sobre la personalidad de Castro que no aparecieron en el mencionado suplemento. Al día siguiente de la cena, el grupo de escritores volvió a reunirse con el caudillo cubano. El dramaturgo neoyorquino recuerda:
“Mirándolo en el almuerzo –se comió dos hojas de lechuga– uno veía a un anciano solitario, hambriento de un nuevo contacto humano, que solo podía conseguir más y más difícilmente en tanto envejecía. Él bien podría vivir activamente por diez años, quizá incluso más de lo que se dice que vivieron sus padres, y me encontré a mí mismo preguntándome ¿qué podría haberlo mantenido alejado de un retiro elegante que hubiera podido ganarle la gratitud de sus compatriotas?”
Hermoso y viejo reloj
Miller aventura, entonces, varias hipótesis para explicarse la reticencia de Castro a dejar el gobierno y propiciar así la renovación política que Cuba necesita: “¿El cuasi-sexual encanto del poder? Quizás. Más probablemente, en vista de su historia, estaba su compromiso con la imagen poética de la revolución mundial, el levantamiento de los miserables de la tierra encabezados por él. Y en realidad, como jefe de una sola isla, él había logrado encumbrarse a sí mismo a esa sobresaliente condición en millones de mentes. Tanto más ahora, después de que todos los demás contrincantes habían desertado y las condiciones en América Latina y África fueron de mal en peor, solo hacía falta el momento adecuado para una nueva erupción. Después de todo, él había lanzado a las fuerzas cubanas a la acción en muchos países alrededor del mundo a pesar de la pobreza en su nación y la obstinada resistencia de su patrocinador principal, el ahora abominado liderazgo soviético”.
De aquellos encuentros, Miller obtiene una impresión en parte nostálgica pero también crítica del comandante cubano (que reproducimos, esa sí, del relato traducido en “Laberinto”):
“Hubiera sido esperar mucho que, después de medio siglo en el poder, Castro no se hubiera vuelto, en alguna medida, un anacronismo, un hermoso y viejo reloj que ya no marca la hora correcta y se pone a tocar a tontas y a locas en el corazón de la noche, perturbando la quietud de la casa. Con nosotros se mostró con una melancolía anhelante de cualquier contacto humano. Considerando su genialidad y el espíritu y la audacia de su pueblo, su eterno dominio es comparable a una vid robusta que desarrolla con sus raíces al país y, mientras lo defiende de los elementos, sofoca su crecimiento natural”.
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Chávez, más intolerancia
La Crónica, agosto 17 de 2004
El aval del Jimmy Carter y César Gaviria tuvo ayer, en Caracas, más peso político que todas las expresiones triunfalistas del presidente Chávez y sus seguidores. Con el respaldo del ex presidente estadounidense y el ex secretario general de la OEA, quedaron confirmados los resultados del referéndum anunciados el lunes por la madrugada.
Llama la atención que esos personajes no sólo hayan aprobado el cumplimiento de las reglas del referéndum revocatorio sino también las cifras del consejo electoral. El presidente habría sido ratificado con el 58% en una votación en la que participaron algo menos de nueve millones de venezolanos. La propuesta para destituirlo habría alcanzado el 42% de esos sufragios.
La muy intensa participación que excedió el horario inicial de la jornada electoral había permitido que algunos observadores calcularan que, de los 14 millones de empadronados, habrían votado al menos 11. De inicio, la cifra total de votos que ofreció el consejo electoral ocasionó sospechas entre la oposición venezolana.
Otras estimaciones habían ofrecido resultados distintos a los oficiales desde el domingo por la tarde. El organismo Súmate realizó una encuesta de salida de casillas en donde resultaba que la revocación del mandato de Chávez obtendría el 59% de los votos. Otros sondeos ofrecieron datos similares.
Algunas de las irregularidades señaladas por los partidarios del “sí” a la revocación parecen demasiado serias para que sean desdeñadas sin un examen cuidadoso de la jornada electoral. Al momento en que los resultados fueron sumados, no había representantes de la oposición en el Consejo Nacional Electoral. Tampoco hubo una fiscalización clara de la auditoría a las máquinas de votación electrónica que realizó ese organismo.
Esas y otras anomalías mantenían anoche soliviantado el ánimo de los grupos que impulsaron la revocación de Chávez. Sin embargo también se abría espacio una desencantada y triste resignación ante la posibilidad de que, trampas aparte, la mayoría de los venezolanos haya respaldado al presidente de ese país.
La polarización de la sociedad venezolana era bien conocida. El margen de gobernabilidad que Chávez ha conservado no se ha debido solamente a la transgresión del orden legal, ni al empleo faccioso que hace de los medios de comunicación gubernamentales. Junto con ello y gracias a la utilización de cuantiosos recursos oficiales en su beneficio, el presidente Chávez ha mantenido y quizá ampliado el consenso que inicialmente recibió en las urnas.
¿Por qué una importante porción de la sociedad venezolana respalda a un dirigente de tan subrayadas actitudes clientelares, populistas y mesiánicas? Pues precisamente por eso. La manipulación del ánimo social, ventajosamente aceitada con recursos públicos, tiene eficacia particularmente en sociedades erosionadas por los abusos de la vieja política.
No hay que olvidar la insistencia de Chávez para mostrarse como un político distinto de aquellos que han abanderado intereses oligárquicos y antipopulares. Al acompañar el discurso populista con el cumplimiento de algunas demandas sociales y gracias también a la explotación de una imagen providencial, que lo instala al margen o por encima del litigio político, Chávez ha sido considerado por importantes segmentos como un gobernante preferible a los de viejo cuño.
Las fortalezas de Chávez han sido análogas a las debilidades de la oposición venezolana. La coalición que se le ha enfrentado se nutre del rechazo que, con distintas razones, han sostenido sectores muy diversos de la sociedad en ese país. Se trata de una alianza prácticamente sin proyecto de nación.
La coalición antichavista tampoco ha tenido una figura emblemática, que pueda ser contrastada con el presidente. Tenaces dirigentes de la vieja izquierda, ciudadanos en busca de una opción moderna y poderosos empresarios a la defensa de privilegios, se encuentran entre los componentes principales de esa forzada aunque notable alianza.
En caso de ganar el referéndum la coalición se había propuesto diseñar una transición política en la que tuvieran espacio todas las fuerzas de ese país. En cambio Chávez no ha expresado un compromiso similar. Ahora, con el respaldo de los votos de antier, es altamente posible que el presidente despliegue un comportamiento aun más autoritario y excluyente. Se teme una intensa persecución política, comenzando por los empleados del gobierno que se atrevieron a discrepar y con algunos medios de comunicación.
Esa asechanza estaría respaldada por los núcleos más duros –e intolerantes– del chavismo. El incidente de ayer en un barrio de Caracas, en donde murió una mujer y otros seis ciudadanos quedaron heridos al ser atacados a balazos por simpatizantes de Chávez cuando participaban en una manifestación, es más que una advertencia. Cuando los gobernantes autoritarios reciben el aval de las urnas, sus inclinaciones totalitarias tienden a reforzarse. Por eso el espejo venezolano es tan preocupante cuando nos permite mirar al país que podríamos tener bajo el gobierno de López Obrador.
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El coleccionista de Isla Negra
La Crónica, 21 de septiembre de 2003
Cuando el visitante llega a Isla Negra lo asalta un sentimiento de transgresión y estupor. En ningún otro sitio, salvo en las páginas de sus libros se advierten, a la vez, la desmesura y la ternura de Pablo Neruda. Aquella casa que quiso diseñar para que imitase la forma y los vericuetos de una embarcación era la residencia del poeta en la tierra. La pequeña mesa con mirada al mar que según la leyenda fue construida con el tablón que un día avistó acunado por las olas distantes, la barra del bar tras la cual solía apostarse para preparar cocteles cuando lo visitaban sus amigos, la sala cercada por los famosos mascarones de proa que reunió por todo el mundo y el dormitorio en donde las pequeñas dimensiones de la cama son tan sorprendentes como la modestia del vestuario que permanece allí, están expuestos a las miradas del visitante que ha recorrido los 135 kilómetros que hay entre Santiago de Chile y esta casa de Neruda.
Pasado mañana, la casona en Isla Negra será escenario de algunas de las conmemoraciones por el trigésimo aniversario de la muerte de Pablo Neruda. (Será el inicio de un largo homenaje porque el próximo año, el 12 de julio, se cumplirán 100 años del nacimiento del poeta). Enfermo desde tiempo atrás, Neruda empeoró cuando supo del golpe militar del 11 de septiembre y de la muerte de su amigo el presidente Salvador Allende. Nunca se recuperó de esa congoja. A fin de que recibiera atención médica lo llevaron a Santiago de Chile. Alcanzó a escribir las últimas páginas de sus memorias y falleció la noche del 23 de septiembre de 1973. Era domingo.

Mariposas, caracolas
Ni Isla, ni Negra, a la casona ubicada en una playa de arena muy dorada frente al Pacífico Sur, Neruda la llamó así debido a las grandes y negrísimas piedras que la rodean. Ese espectáculo no es, sin embargo, lo más deslumbrante que allí puede apreciarse. Más que el estudio o los salones de su casa, incluso más emotivos que la tumba a un costado de la casa en donde el poeta reposa junto a su mujer Matilde Urrutia, son los infinitos estantes que guardan las colecciones favoritas de Neruda.
Allí se encuentran, por millares, las mariposas y los escarabajos que reunió en sus 69 años de vida. Algunos pequeñísimos, otros alcanzan tamaños insospechados. Adornadas las primeras con todos los tonos imaginables, oscuros y sólidos la mayoría de los coleópteros, unas y otros son testimonio de la meticulosa paciencia que podía tener, así como de la veneración por la naturaleza que definía a Neruda.
Los sitios de honor son para las caracolas. Conchas de las playas australes y de la Polinesia, de riberas mediterráneas, de litorales mexicanos (“Vagué por México, corrí por todas sus costas, sus altas costas acantiladas, incendiadas por un perpetuo relámpago fosfórico”)
abiertas al rumor oceánico de todos los tiempos y expresión de la vocación marítima del poeta, impresionan por su variedad y abundancia.
También están muchos de los barcos que surcan dentro de botellas y cuya meticulosa fabricación es prodigiosa. Y sobresalen, desde luego, los mascarones de proa, esas figuras de mujeres recuperadas de embarcaciones auténticas para que habitaran en esta casa. “Traje amadas estatuas de madera, mascarones de viejos barcos que en mi hogar encontraron asilo y descanso después de largos viajes”, escribió.
Cinco raíces preferidas
Dicen que también acumulaba juguetes de todas las latitudes y tamaños pero al parecer, por alguna razón, la Fundación que administra la casa de Neruda los retiró de la exhibición al público.

El poeta explicaba en sus memorias: “En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir. El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta. He edificado mi casa también como un juguete y juego en ella de la mañana a la noche”.
Añade: “Son mis propios juguetes. Los he juntado a través de toda mi vida con el científico propósito de entretenerme solo. Los describiré para los niños pequeños y los de todas las edades. Tengo un barco velero dentro de una botella. Para decir la verdad tengo más de uno. Es una verdadera flota. Tienen sus nombres escritos, sus palos, sus velas, sus proas y sus anclas. Algunos vienen de lejos, de otros mares minúsculos, Uno de los más bellos me lo mandaron de España, en pago de derechos de autor de un libro de mis Odas. En lo alto, en el palo mayor, está nuestra bandera con su solitaria y pequeña estrella”.
En Isla Negra están condensadas las pasiones de Neruda. No es difícil encontrar cumplidas las ambiciones que alguna vez (en Estravagario, 195
calificó de esta manera:
“Y sólo quiero cinco cosas, cinco raíces preferidas. Una es el amor sin fin. Lo segundo es ver el otoño. No puedo ser sin que las hojas vuelen y vuelvan a la tierra. Lo tercero es el grave invierno, la lluvia que ame, la caricia del fuego en el frío silvestre. En cuarto lugar el verano redondo como una sandía. La quinta cosa son tus ojos”.
El bardo y el mar
Muchas de sus exuberantes líneas el poeta las dedicó al mar. Es imposible no recordar textos como este cuando uno tiene el privilegio de asomarse a la casona de Isla Negra:
“Durante grandes años compartí mi vida con el mar. No fui navegante, sino observador intransigente de las alternativas del océano. Me apasionaron las olas en sí mismas, me aterraron y me ensimismaron los voluntariosos maremotos y marejadas del océano chileno. Me hice experto en cetáceos, en caracolas, en mareas, en zoofitos, en medusas, en peces de toda la pecería marina. Admiré la tridacna gigante, ostión devorador, y recogí en California los spondylus, góticos y nevados, o la oreja de mar que tiene todo el arco iris en su concha de nácar. Largo tiempo viví junto al mar en Ceilán, y saqué con los pescadores los elementos marinos más extraños y fósforescentes. Por último, me vine a vivir en la costa de mi patria, frente a las grandes espumas de Isla Negra. Aquí los inviernos transcurren con un espacio poblado hasta el infinito por el férreo mar y por las nubes que lo cubren.
“El mar me pareció más limpio que la tierra. No vemos en él los crímenes diabólicos de las grandes ciudades, ni la preparación del genocidio. A la orilla del mar no llega el smog pustulario, ni se acumula la ceniza de los cigarrillos difuntos. El mundo se oxigena junto a la higiene azul de las olas”.
Porfiado coleccionista, las posesiones más preciadas de Neruda eran las que le permitían acercarse al mar sin abismarse en él. “Yo soy un amateur del mar –escribió alguna vez–. Desde hace años colecciono conocimientos que no me sirven de mucho porque navego sobre la tierra”.
En Isla Negra está el aliento y las querencias de Neruda. Junto a las vitrinas tendría que haber inscripciones como esta (de Maremoto, 1970): “La caracola espera el viento acostada en la luz del mar: quiere una voz de color negro que llene todas las distancias como el piano del poderío, como la bocina de Dios para los textos escolares: quiere que sople su silencio: hasta que el mar inmovilice su amarga insistencia de plomo”.
Funeral del poeta
Cuando Neruda murió, 12 días después del golpe, la dictadura militar había cometido centenares o millares de asesinatos. El saqueo de las viviendas de los más conocidos simpatizantes de la Unidad Popular era asunto de todos los días. El fallecimiento del poeta fue una confirmación de la catástrofe que asolaba a Chile y América Latina.
Unos días antes el embajador de México, Gonzalo Martínez Corbalá, le había ofrecido a Neruda todas las facilidades para que se asilara e nuestro país. Al parecer el poeta rehusó ese apoyo pero su mujer seguía considerándolo como una posibilidad para que Neruda recuperase la salud. El viaje ya no fue posible.
La muerte de Neruda, sin que hicieran falta licencias literarias, es narrada por Isabel Allende en su novela La casa de los espíritus:
“El poeta agonizó en su casa junto al mar. Estaba enfermo y los acontecimientos de los últimos tiempos agotaron su deseo de seguir viviendo. La tropa allanó la casa, dieron vueltas sus colecciones de caracoles, sus conchas, sus mariposas, sus botellas y sus mascarones de proa rescatados de tantos mares, sus libros, sus cuadros, sus versos inconclusos, buscando armas subversivas y comunistas escondidas, hasta que su viejo corazón de bardo empezó a trastabillar. Lo llevaron a la capital. Murió cuatro días después y las últimas palabras del hombre que le cantó a la vida, fueron ¡los van a fusilar!, ¡los van a fusilar! Ninguno de sus amigos pudo acercarse a la hora de la muerte, porque estaban fuera de la ley, prófugos, exilados o muertos. Su casa azul del cerro estaba medio en ruinas, el piso quemado y los vidrios rotos, no se sabía si era obra de los militares, como decían los vecinos, o de los vecinos, como decían los militares. Allí lo velaron unos pocos que se atrevieron a llegar y periodistas de todas partes del mundo que acudieron a cubrir la noticia de su entierro”.
El funeral de Neruda fue una de las primeras demostraciones contra la dictadura. Isabel Allende escribió:
“La gente iba en silencio. De pronto, alguien gritó roncamente el nombre del Poeta y una sola voz de todas las gargantas respondió ¡Presente! ¡Ahora y siempre! Fue como si hubieran abierto una válvula y todo el dolor, el miedo y la rabia de esos días saliera de los pechos y rodara por la calle y subiera en un clamor terrible hasta los negros nubarrones del cielo. Otro gritó ¡Compañero Presidente! Y contestaron todos en un solo lamento, llanto de hombre: ¡Presente! Poco a poco el funeral del Poeta se convirtió en el acto simbólico de enterrar la libertad”.
La Televisión Nacional de Chile tiene en su sitio de Internet un video sin editar que registra el funeral de Neruda. Se encuentra en: http://www.tvn.cl/noticias/especiales/99066/
En voz alta
Hace tres décadas recitar a Neruda en público era una transgresión al régimen impuesto por los golpistas. Hoy, decir en voz alta los versos del poeta se ha convertido en gozosa reivindicación. Este martes 23 de septiembre, durante todo el día, docenas de escritores chilenos y el público que asista a esa demostración se colocarán en diversos sitios de la casa que Neruda tenía en Santiago, llamada La Chascona, para recitar fragmentos de ese poeta. Sin duda este Testamento (en Canto General, 1950) estará entre los versos que se dirán allí:
Dejo a los sindicatos
del cobre, del carbón y del salitre
mi casa junto al mar de Isla Negra.
Quiero que allí reposen los maltratados hijos
de mi patria, saqueada por hachas y traidores,
desbaratada en su sagrada sangre,
consumida en volcánicos harapos.
Quiero que al limpio amor que recorriera
mi dominio, descansen los cansados,
se sienten a mi mesa los oscuros,
duerman sobre mi cama los heridos.
Juez y partidario
Poeta del amor y la esperanza Neruda estaba en contra del culto a quienes, como él, hacían poesía. En su conocido discurso en 1971 cuando recibió el Premio Nóbel de Literatura dijo:
“El poeta no es un ‘pequeño dios’. No, no es un ‘pequeño dios’. No está signado por un destino cabalístico superior al de quienes ejercen otros menesteres y oficios. A menudo expresé que el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios. Él cumple su majestuosa y humilde faena de amasar, meter al horno, dorar y entregar el pan de cada día, con una obligación comunitaria. Y si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también la sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre, la entrega de la mercadería: pan, verdad, vino, sueños. Si el poeta se incorpora a esa nunca gastada lucha por consignar cada uno en manos de los otros su ración de compromiso, su dedicación y su ternura al trabajo común de cada día y de todos los hombres, el poeta tomará parte en el sudor, en el pan, en el vino, en el sueño de la humanidad entera”.
Más allá del populismo y la demagogia pero lindando riesgosamente con ellos, esa posición suscitaba recelos y dudas que se extendían a la obra literaria de Neruda. Su expresa decisión para hacer una escritura comprometida con luchas políticas podía llevar a suponer que la calidad estilística quedaba subordinada a la causa ideológica.
Neruda, que distaba de ser infalible, tuvo errores y excesos que se encuentran entre sus textos más prescindible –por ejemplo aquella pavorosa y apologética oda a José Stalin–. Sería abusivo juzgarlo por esos traspiés, de la misma manera que resultaría equívoco no recordarlos. Uno de quienes más lamentó el dogmatismo político que llegaba a mostrar el poeta chileno fue Octavio Paz. Desde muy joven el escritor mexicano identificó a Neruda entre sus autores fundamentales: “Juez y partidario, para siempre, es el poeta. Ayer testigo y víctima, para siempre también. Cuando quiso dar su testimonio encendido del amor, fue el amor, el amor desesperado. Cuando quiso penetrar la madera, fue la madera. Conciencia del mundo, es el mundo. Su juez, ahora, sus palabras son las de la justicia divina”. Eso escribió en 1938 el deslumbrado joven Octavio Paz, a los 24 años, acerca del compromiso literario y político de Neruda con la República Española.
Décadas más tarde la pluma de Paz no era menos encendida para referirse a su admirado pero también discutido poeta chileno, a quien ubicaba entre los notables autores que habían sido fascinados por el socialismo real: “Casi todos los escritores de Occidente y América Latina, en un momento u otro de nuestras vidas, a veces por un impulso generoso aunque ignorante, otras por debilidad frente a la presión del medio intelectual y otras simplemente por ‘estar a la moda’, hemos sufrido la seducción del leninismo. Cuando pienso en Aragon, Éluard, Neruda, Alberti y otros famosos poetas y escritores estalinistas, siento el calosfrío que me da la lectura de ciertos pasajes del Infierno. Empezaron de buena fe, sin duda. ¿Cómo cerrar los ojos ante los horrores del capitalismo y ante los desastres del imperialismo en Asia y África y nuestra América? Experimentaron un impulso generoso de indignación ante el mal y de solidaridad con las víctimas. Pero insensiblemente, de compromiso en compromiso, se vieron envueltos en una malla de mentiras” (en Plural, marzo de 1974).
Avasalladora obra
Aun en su momento de mayor renombre mundial, a Pablo Neruda se le discutía y no solo por sus convicciones sino por la desigualdad de una obra literaria de apabullantes dimensiones. La Real Academia Sueca, al tanto de esos recelos, formuló un dictamen esmerado pero también crítico cuando le otorgó el Nóbel de Literatura. Allí se decía:
“El motivo por el cual la inventiva de la poesía nerudiana se ha pegado a nuestros oídos se debe a que su masa es avasalladora. Así es que nos podemos preguntar si es que existe cosa igual en la historia de la poesía. A los trece años de edad publicó su primer poema, a los veinte ya era un conocido poeta. A los cuarenta y cinco años, y después de una continua producción, sólo había escrito una pequeña parte de su colección, que alcanzaba en 1962 a dos mil páginas; dos años más tarde, cuando cumplió sesenta años publica cinco nuevos volúmenes de poemas bajo el título de Memorial de Isla Negra. Posteriormente, muchas nuevas obras han visto la luz, entre ellas obras maestras, como La barcarola, y aún ante tal oleaje de poesía, una corta presentación sería suficiente. Que en este mundo sin fin tratemos de presentar un poema o una colección sería ridículo, esto sería como tratar de achicar una embarcación de cincuenta mil toneladas con una cucharita. No podemos sintetizar la obra de Pablo Neruda, esto no lo ha logrado ni él mismo”.
Añadía el jurado que le dio el Nóbel: “Que toda esta gigantesca producción literaria se encontrara en un mismo nivel sería sencillamente inconcebible. Quien desea encontrar el flanco débil en la poesía nerudiana no necesita buscarlo mucho tiempo. Quien desea encontrar el flanco fuerte no necesita buscarlo en absoluto. Desde su primer triunfo literario y hasta su última obra, casi podernos decir que lo encontramos en una riqueza inagotable”.
¿Qué decir ante ese juicio? A Neruda, más que glosarlo hay que recitarlo. En voz alta como a él, con tan monótona dicción, le gustaba decir sus poemas. Podríamos recordar el rotundo comienzo de “Testamento de Otoño” (Estravagario, 195
en donde el poeta se ofrece a su mujer:
Matilde Urrutia, aquí te dejo
lo que tuve y lo que no tuve,
lo que soy y lo que no soy.
Mi amor es un niño que llora,
no quiere salir de tus brazos,
yo te lo dejo para siempre:
eres para mí la más bella.
Eres para mí la más bella,
la más tatuada por el viento,
como un arbolito del sur,
como un avellano en agosto,
eres para mí suculenta
como una panadería,
es de tierra tu corazón
pero tus manos son celestes.
O podrá recitarse aquella bella explicación sobre la manera
como irrumpió la poesía en su existencia (en Memorial de Isla Negra, 1964):
Y fue a esa edad… Llegó la poesía
a buscarme. No sé, no sé de dónde
salió, de invierno o río.
No sé cómo ni cuándo,
no, no eran voces, no eran
palabras, ni silencio,
pero desde una calle me llamaba,
desde las ramas de la noche,
de pronto entre los otros,
entre fuegos violentos
o regresando solo,
allí estaba sin rostro
y me tocaba (…)
Y yo, mínimo ser,
ebrio del gran vacío
constelado,
a semejanza, a imagen
del misterio,
me sentí parte pura
del abismo,
rodé con las estrellas,
mi corazón se desató en el viento.
María Celeste

Cuando el visitante recorre la casa de Isla Negra repara en una de las mascaronas de Neruda. Se trata de la más pequeña de ellas y está colocada sobre la sala, pendiendo de un barandal del primer piso. Había sido parte de un barco francés y el poeta la llamó María Celeste. “Muchas veces Salvador Allende me (la) ha tratado de arrebatar”, escribió. El mismo Neruda aseguraba –y eso confirman los guías que conducen al visitante por la casa– que todos los años, en invierno, que en el hemisferio sur es de junio a septiembre, los ojos de María Celeste comienzan a llorar. No es descabellado suponer que el martes próximo, 30 años después de la partida del poeta, el hermoso rostro de madera oscura de María Celeste dejará deslizar algunas lágrimas.
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Manifiesto desde América Latina
La Crónica, mayo 9 de 2003
Preocupados por el clima de persecución que se ha desatado en Estados Unidos contra las opiniones críticas a la reciente guerra, tres docenas de investigadores y escritores latinoamericanos mantuvieron durante las semanas recientes un intercambio de opiniones del cual ha sido resultado el documento que reproducimos a continuación.
Promovido por la profesora Rossana Reguillo del ITESO, de Guadalajara, el manifiesto fue enriquecido con propuestas de muchos de los firmantes. El día de hoy se da a conocer en cada uno de los países en donde radican quienes lo suscriben.
Este es el texto:
“Diversos acontecimientos posteriores a las atroces acciones terroristas del 11 de septiembre y, de manera especial, el clima mundial que se vive a raíz de la guerra intervencionista en Irak, han puesto en evidencia procesos estructurales amenazantes. Vemos con preocupación que avanza en el mundo una política autoritaria que no acepta la crítica ni la disidencia y que se abroga el derecho de construir y decretar la inviabilidad de naciones y grupos de personas apelando a la seguridad y haciendo caso omiso de las instancias supranacionales y multilaterales.
“A su vez, profesores, periodistas, y defensores de los derechos humanos en los Estados Unidos de América han visto amenazado su derecho a la disidencia en un clima persecutorio contra todas aquellas expresiones consideradas ‘antiamericanas’. En América Latina, se acrecienta la persecución contra los movimientos sociales y se constata el desmantelamiento de las instituciones y espacios para el ejercicio del pensamiento crítico.
“Dejar pasar la intolerancia, admitir que aun en ámbitos supuestamente democráticos más y más personas sean molestadas por sus opiniones y permanecer silenciosos frente al crecimiento de un ‘pensamiento único’ que no admite crítica ni contestación aumenta el riesgo de un retroceso histórico que vuelva a esclavizar al pensamiento y ate a los intelectuales al poder. En América Latina hemos experimentado en carne propia las consecuencias de poderes dictatoriales y soberbios, cuya consigna ha sido desmantelar cualquier vestigio de crítica interna y la fabricación de enemigos ‘domésticos’ para justificar sus excesos y su carencia de legitimidad, y no queremos que se repitan.
“Frente a esta realidad, juntos, mujeres y hombres, intelectuales, periodistas y trabajadores de la cultura de América Latina condenamos un avance militar que no ha respetado ni vidas ni patrimonios culturales, y conformamos hoy un colectivo que manifiesta:
“a) Nuestro compromiso con la sociedad para permanecer atentos y hacer visibles los actos represivos contra aquellos que en el ejercicio de su derecho al pensamiento libre, sean amenazados y perseguidos. En particular, unir esfuerzos para que nadie sea perseguido por haberse opuesto o haber denunciado esta guerra escandalosa.
“b) Nuestra decisión de continuar con el ejercicio cotidiano del pensamiento crítico en las aulas, en las publicaciones, en los foros en que participamos y en los medios electrónicos, proveyendo insumos reflexivos para el ejercicio de una ciudadanía comprometida.
“c) Nuestra iniciativa de convocar a las instituciones académicas del continente para revisar y replantear las agendas de investigación en vistas de las nuevas urgencias. Convocar también a la comunidad académica para que asumamos decididamente la tarea de promoción y defensa del pensamiento libre y responsable y del patrimonio tangible e intangible de nuestras sociedades y del mundo”.
Los firmantes de este “Manifiesto desde América Latina” son Hugo Achugar (Uruguay), Rosa María Alfaro (Perú), Jorge Alonso (México), Silvia Alvarez Curbelo (Puerto Rico), Mirta Antonelli (Argentina), Benjamín Arditi (Paraguay), Claudia Briones (Argentina), Nicolás Casullo (Argentina), Eliseo Colón Zayas (Puerto Rico), Evelina Dagnino (Brasil), Silvia Delfino (Argentina), Ticio Escobar (Paraguay), Anibal Ford (Argentina), Néstor García Canclini (México), Marcial Godoy Anativia (Chile), Mercedes González de la Rocha (México), Alejandro Grimson (Argentina) y Martín Hopenhayn (Chile).
También lo suscriben Elizabeth Jelin (Argentina), Norbert Lechner (Chile), Jesús Martín Barbero (Colombia), Marita Mata (Argentina),
Daniel Mato (Venezuela), Nora Mazzioti (Argentina), Carlos Monsiváis (México), Guillermo Orozco Gómez (México), Renato Ortiz (Brasil), Carlos Ossa (Chile), Antonio Pasquali (Venezuela), Rossana Reguillo (México), Germán Rey (Colombia), Nelly Richard (Chile), Muniz Sodré (Brasil), Raúl Trejo Delarbre (México), José Manuel Valenzuela (México) y George Yudice (Estados Unidos).
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Pobreza, el desafío mayor
La Crónica, 15 de marzo de 2002
La pobreza en el mundo es responsabilidad de todos, pero los que tienen más cuentan con mayores posibilidades de contribuir a resolverla. Por sí solos, los países pobres nunca saldrán de esa condición de la misma manera que la ayuda externa tampoco es suficiente para reivindicarlos.
El reconocimiento de que la pobreza en el mundo es asunto de todos pareciera evidente pero arribar a él ha costado largos años de regateos e insistencias. La semana próxima en Monterrey tendrá lugar uno de los acontecimientos más importantes en ese proceso. La Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo examinará numerosos ángulos de la pobreza en el mundo y reconocerá el compromiso de todas las naciones para combatir los rezagos en ese terreno.
Más allá de la deliberación se ratificarán un compromiso y un monto: que los países desarrollados destinen por lo menos el 0.7% de su producto interno bruto a la ayuda oficial para el desarrollo del resto de las naciones.
Grupo de Alto Nivel
La radiografía de la miseria en el mundo que ha precedido al encuentro en Monterrey consigna datos estremecedores. Casi la mitad de los seres humanos viven en situación de indigencia. Uno de cada cinco habitantes de este planeta (aproximadamente mil 200 millones de personas) vive con menos de un dólar cada día.
“En los países de bajos ingresos, habitados por 2 mil 500 millones de personas, mueren más de cien de cada mil niños que nacen, frente a apenas 6 de cada mil en los países de altos ingresos. Y en los países de bajos ingresos, cuatro de cada diez personas aún no saben leer y escribir. La distribución de los ingresos en el mundo es cada vez más desigual. Hoy en día el 80% de la población mundial vive con menos del 20% de los ingresos mundiales. La más dolorosa realidad internacional de los tres últimos decenios es el empobrecimiento de países habitados por 500 millones de personas, la mayoría de ellos en el África al sur del Sáhara. Ninguna parte del mundo necesita más que esa región de un compromiso mundial de reducir la pobreza. El África al sur del Sáhara tiene la mayor proporción de personas que viven con menos de 1 dólar diario, y, realmente, sus habitantes son casi tan pobres como 20 años atrás”.
Esos datos forman parte del documento que a solicitud del secretario general de la ONU, Kofi Annan, elaboró el Grupo de Alto Nivel sobre Financiación para el Desarrollo encabezado por el ex presidente Ernesto Zedillo.
Además del ex presidente mexicano en ese grupo participaron, entre otros personajes, el presidente del Fondo Árabe para el Desarrollo de Kuwait, Abdulatif Al-Hammad; el director de Oxfam del Reino Unido, David Bryer; la ex directora de la Organización Mundial del Trabajo Mary Chinery-Hess; el ex presidente de la Comisión Europea Jacques Delors; el ex Secretario del Tesoro estadounidense Robert Rubin y el ex ministro de Finanzas indio Manmohan Singh.
A partir de diciembre de 2000 el grupo encabezado por Zedillo trabajó durante medio año en un amplio documento que el secretario general de la ONU dio a conocer en junio pasado. Ese estudio de la pobreza mundial y de las opciones que los estados tienen para cumplir la obligación de combatirla manifiesta un enfoque realista y sin tremendismos: no se asombra ante la globalización, a la que reconoce como contexto inevitable de la situación de nuestros días, pero tampoco la propone como la solución a los rezagos del mundo.
El documento de ese grupo explica:
“Los éxitos logrados en nuestra era en materia de desarrollo se han debido esencialmente a la mundialización, con el doble impulso de las decisiones políticas explícitas de los Estados nacionales y de un progreso tecnológico sin precedentes. La economía de mercado y la mundialización en general brindan tremendas oportunidades. Pero demasiadas personas, en demasiados países, carecen de la libertad necesaria para aprovechar esas oportunidades, y en consecuencia quedan al margen del proceso de mundialización. Las personas carecen de libertad cuando carecen de alimentos, de educación, de capacitación, de salud, de los derechos humanos y políticos fundamentales, de seguridad, de la infraestructura elemental y de oportunidades de empleo. Si a las personas se les brindan esos elementos —mediante el crecimiento económico y mediante políticas sociales que igualen las oportunidades de los distintos individuos, comunidades y naciones— se verá que quedan en posibilidad de aprovechar nuevas oportunidades y mejorar sus vidas”.
La economía de mercado no basta para resarcir a la gente de esa desigualdad. Si así fuera, resultaría suficiente con auspiciarla para que el desarrollo floreciera.
“Desdichadamente –añade ese informe– la polarización cada vez mayor entre los privilegiados y los desposeídos ha pasado a ser una característica del mundo en que vivimos. Revertir esa vergonzosa tendencia es el desafío moral y humanitario fundamental de nuestra era. Para los habitantes del mundo rico, también se trata de una cuestión de interés propio bien entendido. En la aldea planetaria, la pobreza de los demás se convierte rápidamente en nuestro propio problema: falta de mercados para nuestros productos, inmigración ilegal, contaminación, enfermedades contagiosas, inseguridad, fanatismo, terrorismo”.
El informe fue presentado dos meses y medio antes de los acontecimientos del 11 de septiembre.
Consenso de Monterrey
A partir de ese documento la secretaría general de la ONU promovió un extenso proceso de consultas para encontrar acuerdos en torno al diagnóstico y sobre todo, las medidas que propuso el grupo encabezado por Zedillo. El documento final de ese recorrido fue aprobado en enero de 2002 y ha sido denominado “Consenso de Monterrey”. Los países participantes en la Cumbre que habrá en la capital de Nuevo León ya respaldaron dicho documento y su importancia es clara. Allí se propone una nueva alianza entre los países desarrollados y los que se encuentran en vías de desarrollo. No sería un pacto a partir de declaraciones sino apoyado en medidas para atenuar la pobreza.
“Nos comprometemos a adoptar políticas racionales, promover una buena gestión pública en todos los niveles y respetar el estado de derecho. También nos comprometemos a movilizar nuestros recursos internos, atraer corrientes financieras internacionales, fome