Archivo para la categoría "Ciudad de México"
Juanito: el descontón y el agandalle
“Juanito” transita de una estación radiofónica a otra, acepta entrevistas de medios lejanos a los que no conocía, se vuelve estrella de la veleidosa pero notoria farándula política y, en cada declaración, se recrea a sí mismo como personaje lenguaraz y picaresco.
Gracias a la curiosidad mediática y a la heterodoxia que ha significado en un escenario político tedioso y plano, el delegado electo en Iztapalapa ocupa frecuencias radiofónicas y páginas en los diarios. El desafío que mantiene hacia los dirigentes del círculo obradorista que esperaban beneficiarse con su dimisión, prorroga por varios días sus 15 minutos de fama.
Salió respondón, en contraste con la actitud sumisa que había manifestado aquella tarde de junio cuando, para enfrentar la decisión judicial que dejó a Clara Brugada sin la candidatura perredista en esa delegación, Andrés Manuel López Obrador propuso votar por “Juanito”, que ya era candidato del PT, y lo instruyó en público para que en caso de ganar renunciara a ese cargo en beneficio de la fallida candidata. Aquella demostración de autoritarismo, dibujó con toda transparencia el talante mandón y grosero de López Obrador y mostró a un “Juanito” cuya reverencial mansedumbre ha sido desplazada ahora por un personaje de intereses y voluntad propios.
Ese es el viraje que convoca la atención mediática y que ha convertido a Rafael Acosta Ángeles en creador y protagonista de un personaje inesperado. Se habla de él y se le ve y escucha más que si se tratara de un candidato en campaña. Y candidato no es, porque ya ganó, y por mucho, la elección delegacional. Pero de alguna manera se puede reconocer que se encuentra en campaña: no por una posición política sino para afianzarse a sí mismo como actor de la vida pública. Acosta se encuentra en campaña para vender lo más cara posible su renuncia a la jefatura delegacional.
En estos días se ha reinventado a sí mismo. Dejó de ser el individuo plano y resignado que se había supuesto y se mostró con ambiciones y voluntad propias. Hizo a un lado el porte contestatario que antes lo llevó a servir como reventador de reuniones políticas e incluso a ser utilizado como carne de cañón en acciones de provocación ordenadas por alguna de las tribus perredistas. Ahora es un político institucional, que de repente se convirtió en usufructuario de la alianza de varios partidos en Iztapalapa y ganó la delegación más poblada y conflictiva del DF.
Hasta ahora Juanito era personaje de reparto, tanto en los mitines y zipizapes callejeros, como en la película de ficheras en donde apareció bailando con Lyn May. De pronto, dejó de ser instrumento de otros para trocarse en intérprete de un guión que él y sus amigos más cercanos están imponiéndole a la coalición obradorista.
En realidad no hay transformación, sino transfiguración. Se modifica la apariencia, más no el fondo en el comportamiento de Acosta Ángeles. Juanito se ha forjado en el convenencierismo y el pragmatismo. Como seguidor de causas políticas, ha sido saboteador pero nunca constructor de opciones. Como beneficiario de la economía informal, ha sido tianguista y vendedor ambulante. Lo que hace ahora es cacarear sus posibilidades políticas con la misma locuacidad con que vendía sus productos en las calles.
A cambio de renunciar para que se inicie el proceso que podría desembocar en la designación de Brugada, Juanito quiere disponer de la mitad de las plazas de confianza de la Delegación Iztapalapa. Primero dijo que esas chambas serían para sus cuates. Ahora sostiene que las distribuiría entre militantes del PT, aunque ese partido asegura que no le interesan tales plazas sino la renuncia de su renegado candidato.
En ese afán, es el mismo de siempre: simulador, exagerado, hecho a la argucia y al embuste. Nada de eso le daría notoriedad, de no ser porque además exhibe el atractivo que siempre tienen los personajes repentinamente vencedores.
Juanito parece, como ha escrito José de la Colina, surgido de “uno de los más sarcásticos cuentos de Mark Twain o de Ambrose Bierce o de Jorge Ibargüengoitia”. De pordiosero a millonario. De tianguista a delegado. No es un personaje de ideas, ni de principios, sino de actitudes y poses. Cuando estaba en campaña respondía a las preguntas de los reporteros después de consultar unas tarjetas de las que no se apartaba y que le habían escrito sus amigos que lo asesoran. Ahora no requiere de tales respaldos y deja fluir una elocuencia demagógica y tintanesca pero profundamente atractiva en la planicie mediática.
Constructor de su propio personaje, Acosta Ángeles habla de Juanito en tercera persona, como de alguien que no le es ajeno pero que tampoco es él mismo.
Otrora provocador y tianguista, la cultura política de Juanito es la del descontón y el agandalle. Por eso no le ha importado insistir en que podría dejar de cumplir el compromiso que tiene con los partidos que lo respaldaron. En tal actitud, ha tenido que pensar en las chambas, el sueldo, los cuates y la fama antes que en cualquier obligación política. En ese terreno, mantiene dos posibilidades: el regreso del Juanito disciplinado que honrará su compromiso con el Peje renunciando a la delegación, o la consolidación del Juanito que considera suyos los 180 mil votos que recibió el 5 de julio.
La primera opción, propiciaría el desplazamiento de Juanito para que Rafael Acosta Ángeles vuelva a ser actor de reparto, quizá merced a un atractivo arreglo financiero. La otra, rompería los acuerdos obradoristas para Iztapalapa, podría propiciar el retorno a esa delegación del grupo del PRD desplazado por Brugada y aliados pero además sería un desastre político y administrativo. Juanito puede ser simpático para algunos, pero da miedo imaginarlo a cargo de la delegación más pobre, peligrosa y peliaguda de la ciudad de México. (El gobierno de Brugada no sería necesariamente mejor y confirmaría el enquistamiento delegacional de una camarilla resentida y embaucadora).
La aparente traición de Juanito, si se consolidara, ha sido entendida en diversos medios como una derrota para López Obrador. Pero hay otras interpretaciones. Francisco Báez Rodríguez sugiere que, de ser delegada, Clara Brugada no sería incondicional de López Obrador e incluso podría estar más dispuesta a alinearse con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. Juanito como delegado por otra parte, dice ese comentarista, constituiría un problema constante para la gobernabilidad de la ciudad de México y dificultaría las posibilidades de Ebrard para alcanzar la candidatura perredista dentro de algo más de dos años.
Publicado en eje central
PRD, atrapado en Iztapalapa
En Iztapalapa se condensaban las ventajas y los éxitos del PRD. Quizá en ningún otro municipio o delegación del país ese partido ha tenido una clientela tan sólida, con una fidelidad acerada en las penurias y aderezada en la esperanza. En la elección delegacional de 2003 ese partido alcanzó el 55.8% de los votos. En 2006, el 60.54%. El PRD gana prácticamente en todas las secciones de Iztapalapa.
Pero en esa delegación se concentran, al mismo tiempo, las limitaciones y las miserias políticas del PRD. El clientelismo y la demagogia, la utilización de recursos públicos a favor de intereses privados, el acarreo y los amagos, se han convertido en situaciones cotidianas. Lo peor, para los vecinos de esa delegación, es el deterioro de su entorno urbano. Allí se padecen las peores escaseces de agua en una ciudad de por sí agobiada por la sed. Allí delinquen, pero además se refugian incluso en zonas que llegan a ser territorios inaccesibles para las fuerzas de seguridad pública, algunas de las pandillas delincuenciales con mayor impunidad.
Iztapalapa, ahora, sin chistar siquiera, es motivo del enfrentamiento dentro del Partido de la Revolución Democrática.
El diferendo por la candidatura delegacional que ha propiciado una drástica resolución del Tribunal Federal Electoral y una nueva exhibición de ese partido, es resultado de la incapacidad del PRD para resolver sus conflictos internos.
La disputa dentro de ese partido se tradujo en dos candidaturas antagónicas para la nominación delegacional. Clara Marina Brugada Molina, identificada con Andrés Manuel López Obrador y René Bejarano, obtuvo 99 890 de los 205 153 votos en la elección interna del 15 de marzo. Silvia Oliva Fragoso, de la corriente de la que forman parte los actuales dirigentes nacionales perredistas, recibió 94 560 votos.
Eso dijo la comisión electoral del PRD. Sin embargo ambas candidatas presentaron impugnaciones. Las de Oliva Fragoso fueron mejor documentadas y a la postre más eficaces. El Tribunal Electoral del DF convalidó el triunfo de Brugada, pero en el Tribunal Federal campeó una posición distinta. Los ministros del TRIFE encontraron elementos suficientes para disponer la anulación de los votos emitidos en 34 casillas y la anulación de otras 47 casillas.
Los motivos del TRIFE para anular esos votos y casillas fueron sobre todo de forma. Los votos emitidos en la elección interna eran válidos, pero algunos aspectos de la organización de tales comicios no se ajustaron a los Estatutos del PRD. Una de las causas principales para la anulación parcial de la votación fue que algunos funcionarios de casilla no radican en la sección electoral en donde estuvieron presentes, o no son miembros de ese partido como requieren los estatutos.
El TRIFE fue en exceso formalista en esa revisión de la elección de Iztapalapa. Pero no podía dejar de serlo porque actuaba a exigencia de Oliva Fragoso –y en menor medida de Brugada– que impugnó esas irregularidades.
Ese Tribunal atendió seis reclamaciones, que se tradujeron en otras tantas sentencias acordadas el viernes 12 de junio por la madrugada. La más importante de ellas ocupa 196 páginas. Entre todas, las seis sentencias tienen 453 páginas.
Como resultado de esa revisión, en donde incluso corrigió errores aritméticos del Tribunal del DF, el TRIFE estableció un nuevo resultado. El 48.7% de Brugada y el 46.09% que tenía Oliva, cambiaron a 38.8% y 39.16%, respectivamente.
A las dos les anularon votos, pero más a Brugada que, al final, quedó con 79 582 votos. Oliva, tuvo 80 353 votos de acuerdo con la decisión del Trife.
El problema del PRD, ahora expresado en Iztapalapa, no es únicamente de pandillas políticas, ni porque sea incapaz de organizar una elección interna que resulte confiable. El problema es de índole más general y se deriva de la ausencia de acuerdos fundamentales en ese partido. Los mecanismos de conciliación y fiscalización interna no funcionan. Los liderazgos, lejos de cohesionar, escinden al PRD.
Iztapalapa es la nueva piedra de toque en el pleito que López Obrador tiene contra la dirección de ese partido.
La dirección nacional del PRD ha buscado una nueva candidatura, aunque ello lesionara los derechos de Brugada y eludiera la decisión del Tribunal.
Todo ello de nada, absolutamente nada, le sirve a la gente de Iztapalapa. Las rencillas políticas y las sentencias de la justicia electoral no influirán un ápice en la escasez de agua, en la precaria infraestructura urbana o en la irremediable inseguridad que padece esa delegación.
Publicado en eje central
Crisis, reparos, oportunidades
Con frecuencia se dice que para los chinos el término crisis es sinónimo de peligro pero también de oportunidad. Al parecer esa equiparación es resultado de cierta lectura indulgente pero equivocada porque los ideogramas para esos términos son parecidos pero no iguales. Las crisis siempre están repletas de riesgos. Cuando son económicas obligan a restringir inversión, concentran la atención en lo más urgente y llevan a descuidar otras áreas, las desigualdades se acentúan y quienes tienen menos padecen más que el resto de la población. Cuando las crisis son políticas, aparentemente se benefician de ellas los adversarios de quienes se encuentran en el poder; pero una auténtica crisis trastoca valores, instituciones y convicciones comenzando por aquellas en las que se sustentan todos los partidos.
A la situación que hemos vivido durante casi dos semanas resulta prematuro denominarla crisis en términos económicos y políticos, aunque desde luego lo ha sido en el terreno sanitario. Aún en ese plano, la epidemia de influenza es demasiado reciente para que conozcamos ya sus alcances. Pero cualesquiera que sean, resulta evidente que para México han significado nuevos, mayores y complejos problemas.
Hasta ahora el saldo, si nos apartamos de anteojeras catastrofistas, ha sido positivo. Quizá nunca sabremos con precisión qué habría sucedido si el gobierno federal no hubiera dispuesto la suspensión de actividades escolares primero y luego en otras áreas de la sociedad y la economía. Pero entre el riesgo de que la epidemia se extendiese y los sacrificios que han tenido que hacer los mexicanos en estos días, la segunda opción parece más razonable y menos costosa.
Esa apreciación es contradictoria con la suspicacia que se ha venido propagando en la opinión mediática y en algunos segmentos de la sociedad, particularmente en la ciudad de México. Han quienes consideran que el gobierno exageró. Algunos de ellos fincan su escepticismo respecto de las disposiciones oficiales en el relativamente bajo número de víctimas de la influenza. Se trata de un criterio un tanto peregrino para medir la acción del gobierno. Si hubiéramos tenido centenares de defunciones se habría dicho, entonces, que tales acciones no fueron suficientes.
Esos desacuerdos se mantendrán en el balance que decidamos hacer acerca de los extraños días que están concluyendo. La opinión de los científicos especializados en epidemiología tendría que ayudarnos y hasta ahora ha sido de respaldo a las medidas sanitarias. De no haberse tomado esas disposiciones la epidemia podría haber crecido. Pero la declaración de un epidemiólogo diciendo que se ha hecho lo correcto seguramente merecerá menor atención que las quejas de algún funcionario internacional por la tardanza del gobierno mexicano en responder a la emergencia.
Las crisis pueden convertirse en desbarajuste si no tenemos una apreciación clara de ellas. En el examen de las decisiones públicas de estos días será preciso distinguir entre la oportunidad de las autoridades para reaccionar y las disposiciones que, cuando lo hicieron, tomaron ante el riesgo de epidemia. También será útil reconocer la respuesta de la sociedad, de la llamada clase política y de los medios de comunicación. Y por otra parte, nos resultará provechoso atender a las omisiones, indolencias e indigencias que la emergencia epidemiológica ha enfatizado.
Ya sabíamos que las instituciones de salud pública enfrentan enormes carencias. La mayoría de los mexicanos padece con regularidad el abrumador burocratismo, los dilatados plazos de atención, la negligencia e ignorancia y sobre todo la insuficiencia de hospitales y centros de salud para atender a quienes requieren de tales servicios. Poco o mucho, lo que se ha logrado en estos días ha sido a pesar de esas ingentes penurias. Si de esta experiencia aprendemos a reconocer con mayor interés las necesidades de la salud pública, comenzando por aumentar sustancialmente los recursos fiscales que recibe, al menos habremos encontrado una oportunidad en esta crisis. A pesar de los chinos.
Publicado en eje central.
Tapabocas
El tapabocas es nueva señal nacional de identidad. Tiene una función profiláctica pero también social y simbólica. Usarlo, desde el punto de vista que campea en las calles y los medios, es santo y seña de responsabilidad. A quienes prescinden del tapabocas se les considera negligentes o, peor aún, contaminadores potenciales. La epidemia de influenza ha mostrado algunas de las mejores virtudes de los mexicanos pero también, detonadas por el desconcierto y el miedo, propicia expresiones de intolerancia.
Traer tapabocas denota compromiso con los demás. Es una manera de asumirse parte de los amenazados pero también de los que resisten al riesgo. “Tras el tapaboca se puede leer si se asume el reto colectivo de reconstruir la salud pública o se milita en la indiferencia” escribió Rodrigo Morales. Millones de mexicanos se han aferrado al tapabocas como barrera entre el virus y la salud que todos queremos preservar. De las medidas de higiene que las autoridades sanitarias recomendaron desde el primer momento de la emergencia, el tapabocas se convirtió en recurso indispensable y, por eso, ha sido tan encarecido.
Repartir tapabocas fue tarea encomendada a miembros del Ejército Mexicano desde la semana antepasada. Podría suponerse que nuestros soldados tienen deberes más relevantes pero sobre todo más especializados. No es usual ver al Ejército en las calles de la ciudad de México pero nadie cuestionó esa labor que, al contrario, suscitaba sorprendidos agradecimientos.
La especulación con los tapabocas llegó al grado de que algunos vivales los vendían hasta en 50 pesos cada uno. Las autoridades judiciales dijeron que perseguirían la venta ilegal de ese producto pero ¿desde cuándo es legal la venta de cualquier artículo en la calle?
Los especuladores más avispados han sido los que, con propósitos políticos, se suben al tren de la angustia ciudadana poniéndose e incluso repartiendo tapabocas. El gobernador veracruzano Fidel Herrera, a pesar de las exigencias que enfrenta para que explique la contaminación en las Granjas Carroll, se dio tiempo para mostrar el “tapabocas jarocho”: un paliacate con cordones amarrados a cada lado. En varios estados, ahora que comenzaron las campañas formales rumbo a las elecciones de julio, hay quienes se han propuesto distribuir tapabocas con emblemas partidarios. Y en Ciudad Victoria, por hacer una broma insulsa al colocarse dos tapabocas simulando que eran un sostén, el diputado local Raúl Bocanegra desató la furia de los dirigentes del Partido Verde que aseguraron que lo van a expulsar por haber “faltado el respeto a la sociedad mexicana”.
Si se tratase de respetar a la sociedad, los líderes del PVEM tendrían un amplio inventario de faltas tan sólo con mirarse al espejo de sus acciones cotidianas. Pero la reacción arrebatada que tuvieron es emblemática de la mitificación que se hace del tapabocas. De instrumento para coadyuvar en la higiene contra la influenza, se ha convertido en emblema de la nueva idiosincrasia mexicana.
Afortunadamente la sociedad misma, acaso sin dejar de usarlo, hace del tapabocas motivo de ocurrencias y humor como se aprecia en chispeantes maneras para decorarlos. Los tapabocas con figuras, colores, diseños y gracejadas de lo más variadas, son muestra de la personalización que muchos, sobre todo jóvenes, hacen de ese instrumento. Y son expresión del rechazo a resignarse a la masificación que la emergencia subraya.
Los tapabocas son motivo de solidaridad, cuando se les obsequia o al menos en las comedidas recomendaciones para hacer tapabocas caseros. También han sido utilizados para engañar y robar, como ocurre con un misterioso asaltante en León al que se le imputan varios atracos.
Recurso de protección, distintivo en la contingencia, prenda de moda, el tapabocas para algunos es recurso incuestionable y casi mágico. Por eso causaron tanta desazón las declaraciones del doctor Miguel Ángel Lezana, director general del Centro Nacional de Vigilancia Epidemiológica y Control de Enfermedades y que ha sido uno de los especialistas más comprometidos en el combate a esta epidemia.
Cuando el reportero Pablo Ordaz, de El País, fue a entrevistarlo a su oficina, encontró que nadie en esa área de la Secretaría de Salud usaba tapabocas. Es que son demasiado porosos para impedir el paso de las partículas pero, además, “es muy poco viable que el virus pueda transmitirse por el aire sin estar en contacto con ninguna superficie”, explicó el epidemiólogo. ¿Por qué entonces el gobierno ha repartido millones de ellos?, replicó el periodista. “Bueno, es más una demanda de la población. La gente se siente más segura llevándolas, más tranquila, y no les hace ningún daño” respondió el doctor Lezana.
No lo hubiera hecho. La reacción mediática brincó pronto del asombro al disgusto. ¿Cómo que los tapabocas no sirven? Lezana dijo simplemente que no bastan para contener al virus y reiteró las recomendaciones fundamentales: lavarse las manos, no tocarse el rostro, etcétera. La declaración del doctor Lezana era científicamente adecuada pero, en el clima de sobresalto y confusión que seguimos viviendo, resultó políticamente incorrecta. El tiempo le dará la razón aunque por lo pronto haya sido considerado, casi, como apóstata de esa nueva devoción nacional al tapabocas.
Por lo pronto la discusión ha llegado a espacios de seriedad incuestionable como el servicio en español de la BBC de Londres que se pregunta “¿Sirven para algo las mascarillas?” (y en donde las respuestas de varios científicos coinciden con la apreciación del doctor Lezana). El tapabocas es útil, pero no basta.
Más allá de tales aprensiones, o como expresión retozona de ellas, ya se conoce la Cumbia del tapabocas que hizo un grupo musical de San Luis Potosí. Y también, en ritmo de rap, mejor producido y más politizado, el video Ponte tapabocas. Están en YouTube y se pueden mirar… sin tapabocas
Asombros en la emergencia
Texto publicado en emeequis
A lo que nadie ha sido inmune es a la avalancha de datos, avisos, alarmas. Días enteros delante del televisor, al lado de la radio, enganchados a la computadora –a veces todo al mismo tiempo– y somos improvisados pero constantemente actualizados expertos en asuntos epidemiológicos.
A los auténticos especialistas, que transitan con estoicismo de un programa televisivo a otro, los hemos visto más que a cualquier estrella de telenovela. Armados de paciencia indestructible, responden una vez y otra también a las mismas, machaconas dudas. Lavarse las manos, prohibirnos los besos, evitar aglomeraciones… Si las llamadas a radiodifusoras y televisoras proclaman las mismas incertidumbres, es porque no toda la gente está adosada a los medios o, acaso, porque escuchar reiteradamente la cantinela preventiva es una manera de admitir una realidad que abruma y trastorna. Es un recurso para sabernos parte de una pesadilla real y no de un mal sueño del que quisiéramos despertar en cualquier momento.
Nos intoxicamos de información porque el estupor no lo aliviamos con las certezas que da la ciencia. Enorme la sorpresa de sabernos población en riesgo de esta epidemia, tratamos de encontrar explicaciones que no surgen con la sencillez y rapidez que necesitamos. Y no aparecen esas explicaciones porque no las hay del todo, ni siempre a tiempo. Se sabe de qué virus se trata, a dónde viaja, de qué manera se propaga. Conocemos las normas básicas para evitarlo. Pero una semana después de que se desató la alerta seguíamos ignorando si estábamos en la cresta o el ocaso de la infección. Había versiones contradictorias sobre los plazos de la incubación. Persistían las dudas iniciales sobre la eficacia de la vacuna del año pasado –no se puede afirmar que ayuda pero tampoco que no lo hace, dictaminaron salomónicos y sin duda justos los epidemiólogos–.
Y recorría tertulias de Internet así como los asombrados medios internacionales una pregunta incómoda: ¿por qué todas las víctimas iniciales –las únicas hasta varios días después de que se declaró la emergencia– son mexicanos? Es la pobreza, fue el diagnóstico meridiano. Si esa es la respuesta, ofrece márgenes no solamente para lamentarnos por nuestros muchos atrasos sino además para la discusión y la impugnación política. Después de todo, y eso no lo difumina ni siquiera la emergencia sanitaria, estamos cerca de las elecciones federales.
La conmoción trastoca inercias también en el mundo político. El partido que más podría aprovechar la inminencia de los comicios para cobrarle en ellos al gobierno una presunta ineficacia en la atención a la epidemia, sugirió que las elecciones de julio fueran aplazadas. El PRD se comporta con responsabilidad, aunque no faltará quienes supongan que con el aplazamiento trataría de colocarse en medio del PAN acosado por la emergencia y el PRI que reivindica tiempos pasados como si allí estuviera la mejor solución a esta contingencia.
La sensatez resplandeció por varios días en el escenario político. Dirigentes y legisladores se abstuvieron de la cháchara aturdidora y las insidias mutuas que suelen propalar. Es un tanto ingenuo esperar que estas enseñanzas de la epidemia fuesen aprovechadas por nuestra llamada clase política pero la esperanza nunca se esfuma del todo. En estos días difíciles, al menos en la primera fase de ellos, la prudencia de los partidos, la respuesta del gobierno –que puede haber tenido insuficiencias pero que ha sido esforzada y persistente– y la disciplina temerosa pero consciente de la sociedad, articularon una cohesión pocas veces vista en nuestra historia reciente.
No sólo hemos sabido privilegiar un asunto fundamental por encima de numerosas diferencias. Antes que nada, hay una respuesta ordenada y amplia. Quizá el tapabocas no es del todo indispensable, como supimos más tarde. Pero la enorme cantidad de gente que se lo impuso, sin duda movida por el miedo pero también como señal de identidad común en la emergencia, confirma esa capacidad para la cohesión. Y los tapabocas decorados, coloridos y juguetones que hemos visto por las calles, son carcajada optimista que también forma parte de las defensas necesarias ante la influenza.
Para compromiso el que han mostrado médicos, enfermeras y el personal de servicios de salud. Hay excepciones lamentables, sí. Por encima de ellas y a pesar de carencias ingentes y del omnipresente miedo, están haciendo su trabajo. De eso se trata: que cada quien haga lo suyo y que haga lo posible por hacerlo bien.
Medios ante la influenza / Blog de la AMEDI
La Asociación Mexicana de Derecho a la Información, AMEDI, ha abierto un blog para discutir, intercambiar experiencias y expresar inquietudes y hallazgos acerca del desempeño de los medios de comunicación ante la epidemia de influenza. Se encuentra en este domicilio:
http://mediosantelainfluenza.wordpress.com/
Se puede participar de dos maneras. La primera, es colocando comentarios a las entradas que ya existen y las que iremos agregando. La otra, consiste en enviar un texto al correo blogamedi@gmail.com para que lo insertemos como nueva entrada en el blog.
Ojalá nos ayuden a dar a conocer la existencia de este espacio reenviando este mensaje a sus contactos de correo electrónico.
Primeras lecciones
El miedo, en sociedad, se nutre de la ignorancia, de lo incontrolable y de lo imprevisible. Por eso ha resultado fundamental que ante la epidemia de influenza se reiteren una vez y muchas más las explicaciones necesarias: cómo actúa el virus, qué síntomas lo evidencian, cuándo hay que ir al médico, qué capacidad curativa tienen los fármacos sugeridos.
El desconocimiento inicial del virus que se estaba enfrentando redobló los temores porque sin haber identificado la cepa era imposible combatirla. Entre el anuncio del gobierno federal para suspender actividades escolares la noche del jueves y la noticia de que se trata de un virus de origen porcino transcurrió casi todo un largo, desconcertante día.
En los días siguientes no han faltado sobresaltos pero a pesar de precauciones inéditas, de la cancelación de buena parte de la vida social y la abolición de formas de afecto que son parte de la idiosincrasia nacional, no hemos tenido más que esperar la evolución de la epidemia. Nuestra ignorancia ha estado acotada por explicaciones reiteradas. La decisión para suspender actividades y poner en práctica medidas de emergencia sanitaria no debe haber resultado sencilla y allí se puede identificar un acierto del gobierno federal. Lo contrario, podría haber resultado catastrófico. A la administración del presidente Calderón se le pueden formular numerosos reproches. Pero en este caso, hasta donde puede apreciarse, ha tenido decisiones a tiempo y ha informado con claridad.
Las instituciones de salud, aunque limitadas por viejas carencias presupuestales, están actuando de manera organizada. Los médicos en todas ellas actúan con responsabilidad. Los avisos de la autoridad federal llegan a tiempo a los ciudadanos. Indispensables o no, la gran mayoría se incorporó a la cultura de los tapabocas que al menos dan testimonio insoslayable de la emergencia y su respuesta generalizada. Las decisiones de la autoridad local quizá arrancaron con lentitud pero son evidentes y se cumplen a pesar de los costos que impliquen como ayer cuando el gobierno del DF dispuso la suspensión del servicio en los restaurantes.
Nada de eso debiera sorprendernos, pero en un contexto de frecuente ineficacia de las instituciones públicas, de distanciamiento entre el poder político y la sociedad, de insuficiente coordinación entre gobiernos federal y locales y sobre todo de inagotable politización de cualquier asunto, la respuesta ante la epidemia ha resultado meritoria.
El gobierno federal informa y la sociedad, en términos generales, atiende y entiende. Los dirigentes políticos –ni modo, con excepciones– evitan la ideologización vulgar y se cuidan de achacar culpas o reprochar deslices en el comportamiento de las autoridades. Ayer los senadores, muchos de ellos con cubrebocas, desahogaron parte de sus muchos asuntos pendientes –entre ellos la ley de salarios máximos para los funcionarios– sin caer en la tentación de reprochar a sus adversarios políticos la propagación de la influenza. Los medios de comunicación, salvo unos cuantos, han eludido el tremendismo y ofrecen información a pasto, modifican sus formatos para atender dudas de la gente, cumplen con sus obligaciones de servicio público.
Con todo y el miedo que carga a cuestas y sin librarse de él, las instituciones políticas y la sociedad encontraron una causa común y actúan, cada cual en sus respectivos ámbitos, para alcanzarla. Detener la epidemia, salvarnos de la enfermedad, atender los casos ya declarados y evitar el contagio, se convirtieron en prioridades cohesionadoras de un empeño pocas veces visto. En el transcurso de estos días extraños la demagogia y el convenencierismo de los políticos, las animadversiones que suelen encrespar el espacio público y el desprecio de los medios por sus públicos quedaron desplazados por esa causa común que es la atención a la emergencia.
El Estado funciona, a pesar de los precipitados agoreros que diagnosticaron su agonía. Más aún, los ciudadanos queremos un Estado que funcione. Y nadie, o casi nadie, se inconforma con ello. Y es que aun cuando tengamos información capaz de atajar nuestra ignorancia ante la epidemia, necesitamos instituciones para dominar lo que de otra forma sería incontrolable. Esos, información y gestión gubernamentales, han sido recursos para circunscribir al miedo. Aún hay factores que hoy sabemos imprevisibles. El temor no desaparece. Pero estamos logrando entenderlo.
ALACENA: Besos, ni siquiera en tele
La emergencia sanitaria llegó a las telenovelas. Los productores de Mañana es para siempre, que se transmite en Televisa, anunciaron que restringirán las escenas en donde haya contacto físico entre los protagonistas y evitarán las escenas con besos. Pero no es para evitar que, ante los arrumacos que se prodigan los personajes de esa serie, los televidentes quieran imitarlos. El propósito es proteger a los actores de posibles contagios entre ellos mismos.
Publicado en eje central
Influenza
Sorpresa - desconcierto – miedo – desconfianza: esa ha sido la ruta del ánimo público ante la epidemia de influenza, en una espiral que conduce de regreso al sobresalto.
Una vez que se ha confirmado la gravedad de esta emergencia, nos parapetamos en la intoxicación informativa. De un día para otro nos improvisamos expertos en cepas virales, tipos de influenza, prácticas de inmunización y hasta en historia de las pandemias.
Alertas, datos, sugerencias y exhortaciones, pululan en los medios de comunicación como confirmación de la emergencia pero en una saturación que abruma y atolondra. Después de todo, lo que realmente sabemos es poco.
Dentro de su evidente elementalidad, las recomendaciones básicas han sido ampliamente propagadas. No siempre es fácil ponerlas en práctica porque se contraponen con costumbres sociales harto arraigadas. Estamos tan habituados a saludar estrechándonos las manos, a expresar no sólo afecto sino hasta la más sencilla muestra de reconocimiento con un abrazo –y cuando se trata del sexo opuesto con un fugaz pero tronante beso en la mejilla– que nos resulta difícil crear la nueva distancia que imponen el tapabocas, la precaución, el miedo. Y ¿qué sería del ritual de los políticos sin esos abrazos acompañados de palmadas en la espalda aunque no manifiesten simpatía sino únicamente una complicidad más allá de banderías y convicciones?
El miedo. A esta situación nos ha traído la influenza y de ella recelaban los gobiernos federal y de la ciudad de México porque es antesala de la suspicacia y, eventualmente, del descontrol social. El jueves pasado, 23 de abril, por la tarde, al presidente Calderón le llevó varias horas tomar la decisión de suspender las clases en todas las escuelas. A ningún político le gusta anunciar malas noticias y en estos casos es cuando se opta entre la responsabilidad y la popularidad.
La misma evaluación hizo el gobierno de la ciudad de México aunque con mayor indecisión: desde dos días antes las noticias acerca del brote de influenza habían llamado la atención de algunos medios, especialmente del diario Reforma. Pero nadie quería arriesgarse a reconocer la gravedad de la epidemia. El desconcierto del gobierno de Marcelo Ebrard fue tal que, como ya se ha comentado, el viernes por la mañana, cuando todas las escuelas de todos los niveles educativos en la ciudad de México tenían que estar cerradas, el secretario de Educación del gobierno capitalino ignoraba que había suspensión de clases.
La desinformación de Axel Didriksson es un dato algo más que anecdótico. Aunque desde comienzos de la semana tenía información acerca de la epidemia que se extendía por encima de los controles sanitarios habituales, el gobierno del Distrito Federal no quiso admitir que se trataba de una emergencia fundamental. Tanto así que Ebrard no reunió a su gabinete para preparar un plan de contingencia. Marginado de ese asunto, el responsable de la educación en la ciudad de México hizo evidente, en su desconocimiento, la improvisación del gobierno del que forma parte.
Por eso parecen al menos precipitados los juicios que culpan al gobierno federal por haberse pasmado ante la emergencia. El titular de portada de Proceso (“La influenza. Un país vulnerable. Un gobierno incompetente”) no tiene sustento al menos en el contenido de su edición más reciente en donde se reseñan las primeras horas después de la cancelación de clases.
Habrá tiempo y seguramente elementos para evaluar el desempeño de Calderón y su administración ante esta nueva desventura. Hasta donde hoy puede saberse, las dimensiones de la epidemia se conocieron hasta el miércoles o el jueves, cuando las autoridades sanitarias supieron que se trataba de un virus distinto a los habituales. Solamente entonces la Organización Mundial de la Salud se manifestó abiertamente preocupada, en un comunicado difundido el viernes y en el que acentuaba el carácter trasnacional de la epidemia de la cual ya se habían conocido brotes en Estados Unidos.
El estrechamiento de fronteras y distancias, junto con sus ventajas, propicia la propagación del contagio. Vivimos, informaba ayer domingo The New York Times en su versión electrónica, en un planeta cada vez más pequeño. Ayer también, se informaba de posibles casos de gripe porcina en España y quizá en otros países de Europa. La epidemia es más veloz, pero las posibilidades de enterarnos de ella y tratar de acotarla también pueden marchar más rápido.
Casi al terminar este texto, entrada ya la noche del domingo, recibo un correo en donde junto a varios consejos prácticos para resguardarnos del virus se anota: “No hay mejor estrategia que la defensa. ¡Ah!, y cuiden mucho sus emociones, no caigan en el miedo o en la tristeza, son factores que hacen que el sistema inmune se deprima”.
Esa recomendación se refiere al cuerpo humano. Pero podría extenderse a la sociedad y la política: el miedo y la tristeza deprimen al sistema. Evitémoslos, sin ilusorios optimismos pero eludiendo, además, los desalientos que nos paralizan.
Publicado en eje central
La otra consulta. Una fábula
La Crónica, jueves 31 de julio
Hastiado de una discusión sin coordenadas claras y que mientras más se prolongaba más confusa estaba resultando, el presidente Felipe Calderón decidió convocar a una consulta nacional sobre la reforma petrolera. No importaba que esa figura jurídica no estuviese contemplada en la Constitución, ni que el gobierno careciera de atribuciones específicas para organizarla. Se trataba de una decisión política. “Mi gobierno –declaró el presidente en cadena de televisión y radio– acatará siempre la voluntad del pueblo y ese será el significado de la consulta nacional. Desde luego, en este asunto tenemos una posición y exhortamos a los ciudadanos para que se manifiesten a favor de las iniciativas de reforma que he presentado al Congreso de la Unión”.
Inicialmente algunos diputados y senadores del PAN estuvieron en desacuerdo porque una consulta destinada a recoger el parecer de la población acerca de iniciativas que ellos mismos tenían que impulsar, podía ser considerada como una forma de presión ilegítima contra el Congreso. Pero cuando entendieron que de esa manera parecería que tendrían mayor respaldo social, se subieron entusiasmados al carro de la consulta.
El gobierno fue juez y parte porque organizó, promovió, supervisó y contó los votos de esa consulta y, antes, difundió extensamente las posiciones que convocaba a respaldar. El Instituto Federal Electoral, aunque tampoco tiene atribuciones específicas en ese terreno, acordó brindarle asesoría técnica a la Secretaría de Gobernación. “Nuestro compromiso está con la sociedad y la falta de precisiones del Cofipe no será obstáculo para que cumplamos con él”, dijo orgulloso el presidente del IFE.
La consulta iba a contracorriente de la discusión parlamentaria y fue vista como un ejercicio de propaganda por los partidos en la oposición. PRI y PRD se apresuraron a descalificarla porque sabían que la intensa publicidad desplegada por el gobierno federal forzaría los resultados a favor de las iniciativas del presidente.
A fin de evitar confrontaciones en aquellas entidades gobernadas por miembros de partidos de la oposición, el secretario de Gobernación dispuso que la consulta se realizara únicamente en Aguascalientes, Baja California, Guanajuato, Jalisco, Morelos, San Luis Potosí, Tlaxcala y Querétaro, entidades gobernadas por el PAN. También habría urnas en los municipios más importantes que se encuentran gobernados por ese partido, así como en las delegaciones Benito Juárez y Miguel Hidalgo en la ciudad de México.
A convocatoria del gobierno, un grupo de especialistas diseñó el cuestionario de la consulta. Después de largas deliberaciones y con asesoría de la Universidad Iberoamericana, el comité a cargo de esa tarea presentó las dos preguntas que serían puestas a consideración de los habitantes en nueve entidades:
“Actualmente en la explotación, transporte, distribución, almacenamiento y refinación de los hidrocarburos (petróleo y gas) participan empresas privadas como contratistas de Pemex. ¿Está usted de acuerdo o no está de acuerdo en que esa participación pueda regularizarse para que se encuentre plenamente normada por las leyes?
“¿En general, usted está de acuerdo o no está de acuerdo en que se aprueben las iniciativas relativas a la reforma energética que se debaten actualmente en el Congreso de la Unión?”.
Hubo quienes señalaron que esas preguntas eran insuficientes y que estaban formuladas de tal manera que inducían a la confusión de los ciudadanos. Otras voces, recordaron que un asunto de tanta complejidad como la reforma petrolera no debería ser reducido a dos dilemas planteados de manera tan esquemática. Había muchos ciudadanos que no hubieran querido votar “sí” o “no” por esas opciones, sino plantear soluciones intermedias en algunos temas del complejo entramado que significa la cuestión petrolera.
Los organizadores de la consulta desestimaron tales reparos. En busca de legitimidad publicitaria, Gobernación designó un “comité ciudadano”, que según se dijo supervisaría la organización de la consulta y que estuvo integrado por las siguientes personas: Carlos Elizondo, Héctor Aguilar Camín, Francisco Barrio, María Amparo Casar, Sari Bermúdez, Paz Fernández Cueto, Jorge Castañeda, Pablo Hiriart, Kate del Castillo, Leo Zuckermann, David Páramo y Enrique Krauze. No importó que todos ellos tuvieran ya una opinión favorable a las propuestas del presidente. De la misma manera que el gobierno federal actuaba con parcialidad en la organización de la consulta, ellos lo harían como supuestos supervisores de un ejercicio de expresión ciudadana respecto del cual ya tenían una opinión definida.
Durante las semanas previas, los gobernadores, presidentes municipales y delegados panistas se volvieron comprometidos militantes de la consulta. No hubo acto público ni conciliábulo privado en donde no buscaran cómo impulsarla. Aunque el ideario de su partido los compromete con la democracia y habían querido que uno de sus signos distintivos fuese la ruptura con los viejos procedimientos que la cultura política priista le impuso al país durante tanto tiempo, los panistas no vacilaron en utilizar recursos públicos y apremios de toda índole para movilizar votos a favor de las iniciativas presidenciales.
Millares de funcionarios públicos fueron designados para que invitasen a sus amigos y familiares a esa votación. Como si se tratase de campaña electoral y en un derroche de recursos jamás visto, el gobierno federal distribuyó playeras, gorras, tazas, pegotes para los automóviles, pancartas que se colocaron en oficinas públicas, pulseras, botones y otros artículos, todos con lemas como ¡La consulta va!, Defendamos al petróleo, Dile sí al progreso, Vota sí: la consulta es tuya. Los consorcios de radio y televisión se beneficiaron de una generosa derrama financiera que compró spots para difundir esos lemas. No solamente se invitaba a participar en la consulta, sino con clarísimo énfasis se llamaba a votar “sí” en ambas preguntas.
Para el gobierno y su partido, la consulta se convirtió en momento de gran definición política. Las divisiones dentro del PAN se atenuaron ante la necesidad de enfrentar los fundados cuestionamientos de otros partidos. Aunque era apoyada por Nueva Alianza y el Verde Ecologista, resultaba claro que la consulta era iniciativa y compromiso de los panistas y del gobierno federal. En el Congreso, diputados y senadores blanquiazules se esforzaban para enfrentar los reclamos del PRD, especialmente por la nula transparencia acerca del gasto invertido en la consulta.
El domingo en que se realizaría la consulta fue de trabajo obligatorio para decenas de miles de empleados públicos. Pero más allá de quienes tenían responsabilidades específicas como organizadores o propagandistas, las mesas de votación estuvieron casi vacías. Los fotógrafos de prensa se hartaron de tomar placas de jefes de casilla durmiendo o jugando dominó ante la falta de votantes. Y si algo no hubo fue respeto al secreto en la votación. Miles de ciudadanos fueron coaccionados a cruzar las boletas por el “sí”, ante la vista complaciente y exigente de los representantes partidistas.
En varias ciudades se comprobó el acarreo y la presión sobre los votantes. Dirigentes del PRD hicieron algunos esfuerzos para insistir en que la consulta debía ser libre y que toda presión resultaba ilegal. Ese empeño resultó inútil porque, cuando los identificaban como opositores, eran corridos con cajas destempladas de las mesas de votación. En varios casos esos líderes partidarios se hicieron acompañar por notarios que dieron cuenta de las irregularidades y anunciaron que presentarían denuncias legales por la manipulación que perpetraba el gobierno federal.
Hacia el mediodía era evidente que la consulta había sido desairada. Elba Esther Gordillo había prometido la participación de un impresionante número de profesores pero nunca se comprobó que todos ellos hayan asistido y hubo sospechas de que, quienes sí fueron, votaron por el “no”. La dirigente del PAN en el DF, Mariana Gómez, declaró que no importaba cuánta gente acudiese a votar sino el porcentaje de los ciudadanos que preferirían el “sí”.
En la capital del país el desaseo fue documentado por miembros y simpatizantes del PRD que se las ingeniaron para votar en varias ocasiones. Alejandra Barrales, dirigente local de ese partido, dio a conocer un video en el que se aprecia con toda claridad a un individuo que votó, en distintas casillas, en ¡35 ocasiones! Evidentemente la tinta que se utilizaba para marcar a quienes habían votado no era indeleble, o los responsables de las casillas se hacían de la vista gorda suponiendo que quienes votaban más de una vez lo harían por el “sí”.
En respuesta a esa y otras denuncias el dirigente nacional del PAN declaró que ni las estratagemas ni la insidia del PRD lograrían demeritar la consulta: “nuestras mesas de votación quedaron instaladas a tiempo, los ciudadanos que han querido hacerlo están participando, la consulta va y es un éxito pésele a quien le pese”, dijo Germán Martínez con su habitual enjundia.
Ya por la noche, el cómputo en casi todas las casillas fue rápido porque en la mayoría habían votado dos o tres docenas de personas. No obstante los resultados no fueron conocidos sino hasta varios días después. Cuando los críticos de la consulta sugirieron que al PAN y al gobierno se les había caído el sistema o que estaban demorándose para maquillar los resultados, el secretario de Gobernación respondió tronante: “esas no son mas que demostraciones de impotencia de la izquierda delirante”.
Con menos de la quinta parte de las casillas computadas y a partir de proyecciones realizadas por Consulta Mitofsky, Juan Camilo Mouriño anunció los resultados iniciales. Casi dos millones de ciudadanos habían acudido al llamado del gobierno y su partido. En la primera pregunta, el 87% respondió a favor del “sí”. En la segunda, el porcentaje por la respuesta positiva fue del 84%.
Esos resultados no sorprendieron a nadie. La intensa campaña de propaganda, la intervención directa del gobierno a favor del “sí”, el traslado forzoso de decenas de miles de personas e incluso la contratación de artistas y conductores para que recomendasen esa opción en programas de televisión y radio, hacían posible anticipar tales porcentajes. Lo que nadie y sobre todo los organizadores de la consulta esperaban, era una participación tan baja.
El número de personas que decidió ir a la consulta era menor a la mitad de los asistentes que previeron el gobierno y el PAN. Sin embargo, habituados a la simulación política, presentaron esos resultados como ejemplo de participación y conciencia cívicas. Manuel Espino, que había sido designado coordinador de la consulta por parte del frente de partidos que la promovían, declaró retador: “No obstante las presiones ilegítimas de la izquierda y de los políticos a la antigua, la sociedad mexicana ha ofrecido una muestra de madurez y responsabilidad. El respaldo abrumador a las iniciativas de reformas presentadas por el presidente Calderón para modernizar a la industria petrolera constituye una exigencia que los legisladores de ninguna manera podrán soslayar. El triunfo del ‘sí’ es un triunfo de la sociedad mexicana”.
Tres días más tarde Juan Camilo Mouriño y los coordinadores del PAN en ambas cámaras federales llegaron al Senado para entregar los resultados de la consulta. Allí los increpó Carlos Navarrete, el líder de los senadores del PRD: “nuestro partido jamás aceptará los resultados de una maniobra espuria como ésa. No se trató de un ejercicio democrático sino de una autoconsulta”, dijo. Similares apreciaciones manifestó Guadalupe Acosta, a nombre del PRD: “No puede tener valor alguno una consulta convocada, organizada y sancionada por el gobierno, con recursos públicos que fueron utilizados de manera facciosa. Los mismos que la organizaron, llamaron a votar por el ‘sí’. Los mismos que contaron los votos fueron los que vigilaron esa caricatura de consulta”, denunció. Sin embargo Gustavo Madero, líder de los senadores del PAN, insistió: “El resultado de la consulta debe ser vinculatorio para todos nosotros. El Congreso tiene que escuchar la decisión del pueblo de México”.
Correo electrónico: trejoraul@gmail.com
Blog: http://sociedad.wordpress.com
–0–
El desprecio
La Crónica, jueves 26 de junio.
Ninguna destitución, aunque merecida, remediará el asesinato de 12 personas el viernes pasado en la discoteca News Divine. Esas muertes se debieron a una sucesión de torpezas mayúsculas, brutales, criminales. Pero también y por encima de la incompetencia y la imbecilidad policiacas, en ese desdichado episodio se puede reconocer un abusivo desprecio a los jóvenes.
La policía llegó a detener a todos los muchachos que estaban en la discoteca. No había orden judicial, ni siquiera una acusación específica. Los arrestarían porque se habían reunido a bailar y escuchar música y porque esa conducta, a los zafios personajes que toman decisiones relevantes en las corporaciones policiacas les parece indebida.
Hay quienes dicen que la aprehensión de jóvenes en recintos como ése se ha vuelto rutinaria y que de esa manera la policía trata de atajar el tráfico de estupefacientes. En News Divine no encontraron drogas ni personas consumiendo algo ilícito. Aunque así hubiera sido, el consumo de drogas no es un delito. Venderlas sí, pero difícilmente se podrá atrapar a los desdichados que hacen negocio promoviendo la adicción a las drogas con operativos tan absurdos como el del viernes. Los muchachos son víctimas, no cómplices de los traficantes de drogas.
No era en defensa de esos jóvenes que actuaba la policía. Al contrario, y de allí los rasgos más agraviantes en la retahíla de tonterías que fue evidente el viernes, la policía llegó para importunar, acosar, maltratar y vejar a los muchachos. Nueve de ellos, y tres policías, murieron en esa operación.
Ilegal y absurda la aprehensión de todos, además se realizó con inexcusable violencia. Dentro y fuera de la discoteca, muchos jóvenes fueron golpeados. En ocasiones, al parecer, ese maltrato tuvo consecuencias criminales: “Rafael Morales, de 18 años, no soportó la serie de ‘cachazos’ que le propinaron el viernes granaderos de la SSP-DF durante el operativo en la discoteca News Divine. El joven se desplomó. Cayó al piso y de nada le sirvieron los primeros auxilios que le dieron sus amigos, porque horas después murió por contusiones en el hospital de La Villa”. Ese y el resto de los testimonios que transcribimos en los siguientes párrafos aparecieron en los reportajes de Hilda Escalona y René Cruz el sábado 21 de junio; Hilda Escalona, Vania Arroyo y Jonathan Villanueva el domingo 22; Israel Yáñez G. el lunes 23 y Jonathan Villanueva el martes 24, todos en La Crónica de Hoy.
“Hubo más de cinco adolescentes que relataron que los policías utilizaron toletes y pistolas para sacarlos del lugar”. Las huellas las llevan en el rostro. “ ‘A todos los que no agarraban nos subían al transporte oficial y nos empezaban a agarrar a cachazos’, decía Luis ‘N’, alias El Babo de 14 años, al momento que mostraba su cara con dos heridas, que dijo que eran cachazos”.
Dentro de la discoteca el aire se volvió irrespirable cuando, también de acuerdo con muchos testimonios, la policía aventó gases lacrimógenos. “ ‘Sí lo echaron… los chavos tuvieron que romper las ventanas y tirarse desde un segundo piso porque no podían respirar’, contó Jesica Jazmín Hernández Carranza, quien ayer fue dada de alta del hospital La Villa”.
¿Qué impresión de esos jóvenes tenían los jefes policiacos que ordenaron el desalojo de esa manera? ¿Qué imagen de ellos tienen los agentes que golpeaban, ofendían e insultaban a discreción? Una muchacha asegura “que los uniformados la amenazaron… ‘Hija de tu puta madre, te vamos a madrear hija de la chingada, súbete al camión culera. No mereces nada ni siquiera tu libertad ni tú ni tu pinche bola de amigos delincuentes’, recuerda la menor de edad. 16 años”.
El desprecio contra los jóvenes, la prepotencia machista, el abuso gandul, se desplegaron contra las muchachas indefensas. “ ‘A mí me manosearon los policías, cuando según me querían sacar, nada más me estaban manoseando… después una policía me jaló de los cabellos y me subió a un camión, y en la desesperancia (sic) empezamos a romper los vidrios del camión’, dijo la adolescente de 16 años”.
Quienes pudieron salir al comienzo del desalojo fueron amontonados en vehículos que llevaba la policía. “Nos agarraron y nos subieron a una camioneta y nos echaron boca abajo uno por uno, casi no podíamos respirar”.
Cuando los vehículos se llenaron, la policía bloqueó la puerta principal de la discoteca. Esa fue, como ahora se sabe, la mayor insensatez. ¿Qué supusieron los jefes policiacos que harían los muchachos, sobre todo cuando otros policías los hostigaban desde dentro del recinto? “ ‘No nos dejaron salir, porque cerraron las puertas’, agregó entre sollozos”.
Afuera de la discoteca no había asistencia médica. Nunca se sabrá si algunos de los muertos pudieron haberse salvado de haber recibido primeros auxilios.
Ya en el Ministerio Público, a muchos les robaron sus pertenencias. “Llegamos a la agencia de San Juan de Aragón, nos quitaron celulares, carteras, dinero que ya no lo regresaron, ya no tengo celular”.
A varias muchachas las desnudaron y vejaron. “ ‘Para hacernos el examen médico nos quitaron toda la ropa, nos ponían así con los brazos arriba a dar vueltas, con dos oficiales hombres en la sala y un doctor…, habíamos 13 mujeres dando vueltas, nos sentimos incómodas ante las miradas de los policías’, explicó Ceci ‘N’ en entrevista”. Tiene 16 años.
También se ha sabido que a varias muchachas y muchachos los marcaron en un brazo, para numerarlos.
A los familiares de todos esos jóvenes, más de 600, las autoridades los tuvieron varias horas en una incertidumbre de pesadilla. No proporcionaban listas de fallecidos o lesionados. A los padres de varios de los muertos tardaron mucho más en permitirles acercarse a los cuerpos.
Pero esa negligencia para dar cuenta a los directamente afectados de lo que había sucedido con sus hijos, el jefe de la policía no la tuvo para improvisar una a la postre fallida justificación ante los medios de comunicación. El viernes por la noche Joel Ortega Cuevas tenía mucha urgencia para propalar una versión mañosa sobre las causas de la tragedia.
Según el secretario de Seguridad Pública del Distrito Federal, la culpa había sido del dueño de la discoteca que al avisar que la policía estaba presente provocó la fuga en masa. Sin embargo el video que con tanta diligencia Ortega les entregó esa noche a las televisora desmentía esa versión. Después del anuncio del propietario del establecimiento los muchachos reaccionaron con natural enojo porque la fiesta terminaba repentinamente pero no se veían ni escuchaban reacciones de miedo. El terror vendría después, pero de eso no hubo constancia en la grabación censurada.
Las autoridades del DF dicen que los videos completos no serán mostrados en consideración a los familiares de las víctimas. Esa deferencia no la tuvieron durante muchas horas después de la tragedia. Y por lo general las autoridades policiacas no suelen tener miramientos para difundir e incluso improvisar grabaciones de sus operativos. Con cuánta frecuencia se presentan escenas de supuestos o reales criminales, que en todo caso no han sido sentenciados, a quienes se muestra junto con armas o artículos que han sido decomisados.
Una, y otra, y otra y otra vez, los muchachos de la News Divine fueron amagados, violentados, humillados. No fueron casualidades. En la tragedia en la Nueva Atzacoalco tenemos los resultados de una sistemática actitud de desdén hacia los jóvenes y sus problemas.
Para los muchachos de la News Divine y muchísimos más como ellos, la ciudad es un entorno permanentemente hostil. Padecen la agresividad urbana en sus colonias, cuando se trasladan a la escuela, cuando se les hace noche, dondequiera que estén. Sus ganas de diversión no pueden desahogarlas mas que en recintos también incómodos pero en donde al menos están juntos, como ocurre en las discotecas. Ahora, también allí llega la policía no para protegerlos (¡qué ingenuo resulta creer que podría ser así!) sino para importunarlos y ultrajarlos.
Si los jóvenes les importan a las autoridades y, descendiendo en el escalafón burocrático, a la caterva de delegados, directores, inspectores y demás funcionarios que lucran transigiendo con ilegalidades e irregularidades, es como pretexto para hacer negocio. Se trata del vasto y rentable negocio de la corrupción.
¿Qué imagen de la justicia, de las autoridades, van a tener esos muchachos y muchos otros de su generación que han tenido que crecer primero con temor y ahora con resentimiento hacia la policía? ¿Qué opinarán del inicial intento auto exculpatorio de Joel Ortega? ¿Qué del ahora ex delegado Francisco Chíguil que hizo ostentación de insensibilidad y vulgaridad al acarrear a un grupo de aplaudidores? ¿Qué dirán esos muchachos agraviados de la ausencia que en principio tuvo Marcelo Ebrard y luego de su afán para encontrar un chivo expiatorio en vez de procurar soluciones de fondo a la violencia contra los jóvenes?
En México no tenemos auténticas políticas de atención a los jóvenes. Por negligencia o indiferencia, hemos permitido que a los muchachos se les imponga esa impolítica del desprecio. Eso es lo que hubo tras la decisión criminal que les cerró el paso a la salida de la discoteca. Y es lo que se manifestó cuando sacaron, trasladaron, despojaron, revisaron y retuvieron ilegalmente a esos jóvenes.
La indignación ante tales acontecimientos es significativa por su extensión. Y también lo son algunas ausencias en esa reacción de la sociedad. Hay quienes buscan lucrar políticamente, como si la caída de un funcionario torpe o la desventura del escurridizo Marcelo Ebrard fueran realmente importantes. Hay otros que reaccionan con una discreción que no existiría si las autoridades responsables de esta desgracia hubieran formado filas en otro partido político. Se ha dicho que en el PRD y en las supuestas izquierdas que convergen en ese partido hay una doble moral: condenan cuando les conviene, callan cuando de otra manera comprometerían a los suyos. Allí no hay doble moral: se trata simplemente de una llana, ostensible y vergonzosa inmoralidad.
Algunos harán cuentas sobre la manera en la que votarán esos muchachos el año próximo, o dentro de cuatro años. No importa. Ellos desde ahora han confirmado que da lo mismo. Los dejarán de despreciar cuando crezcan. Mientras, se resignan a vivir con miedo y rencor. Doce muertos aplastados en la discoteca. Asesinados todos. Tres de ellos, agentes que fueron llevados por ineptos jefes policiacos. Nueve, eran muchachos que nada más querían divertirse. Hace 40 años, por menos que eso comenzó el movimiento del 68.
