Sociedad y poder

Las mejores novelas

Publicado en Cultura by rtrejo en Abril 9th, 2007

Publicado en Crónica el jueves 5 de abril 

La encuesta de la revista Nexos confirmó la diversidad y dispersión pero, sobre todo, la estrechez y el estancamiento de la literatura mexicana de nuestros días. No tenemos grandes obras que sirvan como punto de referencia y condensen paradigmas o rumbos en materia de gusto literario. Tal circunstancia, que ante una producción literaria ambiciosa y próspera sería expresión de pluralidad y contraste creativo, en el panorama actual es signo de escasez en esa materia. 

   Nexos envió a 123 escritores, no todos mexicanos ni residentes en el país, una invitación para que cada uno de ellos seleccionara las que, a su juicio, son las tres mejores novelas mexicanas en los últimos 30 años. El periodo y la lista de convidados a ese ejercicio eran tan arbitrarios como cualquier selección de esa índole –esos son los años que Nexos cumplirá en enero próximo–. Sin embargo, los organizadores de ese experimento hicieron un esfuerzo para que entre los invitados hubiera escritores de distintas perspectivas culturales, creativas y generacionales. La revista tomó providencias para garantizar la confidencialidad en la selección que hicieran sus convocados. Cédulas que serían enviadas de manera anónima a un apartado postal, el compromiso de eficiencia por parte del servicio de correos y la presencia de un notario público para recoger, abrir y contabilizar los votos, fueron parte de esa operación cuyos resultados aparecen en la edición de abril. 

   El primer contratiempo fue la modesta participación que se registró. De 123 invitados solamente respondieron 60. Sin embargo 11 de los envíos postales no llegaron a sus destinatarios, de tal suerte que los convidados fueron en realidad 112. Se trata de una participación del 54% –y no del 48.8% como dice la revista–. La relación de autores que aceptaron mencionar anónimamente las que consideran mejores novelas mexicanas desde 1977 es muy interesante: Luis Miguel Aguilar, René Avilés Fabila, Gerardo de la Torre, Héctor de Mauleón, Christopher Domínguez, Gabriel García Márquez, Anamari Gomís, Vicente Leñero, David Martín del Campo, Silvia Molina, Rafael Pérez Gay, Alejandro Rossi, Álvaro Ruiz Abreu, Enrique Serna, Juan Villoro y Jorge Volpi entre otros. Esos y el resto de los participantes ratificaron fue que en gustos, se rompen géneros. Es decir, que no hay acuerdo amplio acerca de las mejores novelas mexicanas recientes. 

   La obra que recibió más menciones fue Noticias del imperio, de Fernando del Paso. Veintitrés de los participantes estimaron que esa es una de las tres novelas más destacadas. Esa cantidad de votos es alta y es baja, según se le aprecie. 

   Es alta si se toma en cuenta que la novela que le siguió en votación, Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco, fue mencionada por 10 de los participantes. Es baja, si consideramos que únicamente el 38% de quienes enviaron sus votos incluyeron a la novela de Del Paso entre sus favoritas. 

   Desde su publicación en 1987, Noticias del imperio ha sido una novela que suscita lo mismo aplausos vehementes que reparos irremediables. A quienes les gusta, les parece que es de una energía que raya con la genialidad –la elección misma de la emperatriz Carlota para mirar desde su atalaya postrera al país que su marido no pudo gobernar, fue un recurso impar para describir al México de fines del XIX con el bagaje, además, de una meticulosa indagación histórica–. A quienes no, les desesperan sus largas parrafadas y el extravío que parecieran conferirle a ese libro sus trastornados personajes. Pero más allá de sus rasgos peculiares, resulta significativa la ausencia de una adhesión más enfática en torno a esa y el resto de las novelas que quedaron arriba en la lista de Nexos. 

   El ejercicio de esa revista no es, evidentemente, una clasificación categórica. Sin embargo la semana pasada, cuando Nexos dio a conocer los resultados, a Del Paso le llamaban de los noticieros de radio para preguntarle cómo se sentía ante ese nuevo reconocimiento. Como premio literario, a la encuesta de Nexos le faltaría contundencia. Como diagnóstico, quizá no de la literatura mexicana pero sí de las apreciaciones que sus autores y lectores tienen de ella, resulta más útil. 

   Entre todos los participantes, fueron mencionadas 79 novelas. Son demasiadas, si se recuerda que se les pidió elegir a las tres mejores en las tres décadas recientes. Si en ese lapso se hubieran publicado Pedro Páramo, Al filo del agua o La sombra del caudillo, es altamente posible que las novelas más referidas hubieran alcanzado una votación mayor. Incluso, para no recordar solamente a Rulfo, Yáñez o Guzmán, se puede señalar que las mejores obras de algunos de nuestros mejores novelistas vivos se publicaron antes de 1977. Ese es el caso, muy especialmente, de Carlos Fuentes. El autor de La región más transparente fue mencionado solamente por cinco de los participantes: dos de ellos votaron por Cristóbal nonato, dos por Gringo viejo y uno más por Los años de Laura Díaz. 

   Los contrastes entre las novelas más nominadas también son notorios. Frente a la desmesura, la complejidad y la coartada histórica de la novela de Del Paso, Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco (1981) es ejemplo de precisión, brevedad y sencillez narrativas en la nostalgia sentimental por una edad y una ciudad que ya no son.   

   La tercera novela más citada en la encuesta, con 8 votos, fue Crónica de la intervención (1982) la más ambiciosa y desde luego la más extensa novela de Juan García Ponce. Las conocidas obsesiones de ese narrador del cuerpo y el erotismo aparecen contrastadas allí con la intensidad de la política y los vericuetos de la religiosidad. Es una gran novela aunque quizá los admiradores de García Ponce preferimos sus libros más concisos, en donde la búsqueda de opciones para las relaciones personales –o la fatalidad que las determina– aparece claramente como el centro de la trama. 

   Elsinore del recientemente fallecido Salvador Elizondo y El desfile del amor del espléndido narrador Sergio Pitol, fueron seleccionadas cada una por siete de los participantes. Porque parece mentira la verdad nunca se sabe de Daniel Sada y La guerra de Galio de Héctor Aguilar Camín tuvieron seis votos cada una. Y así, el resto de la lista es más un catálogo útil que una serie de recomendaciones. Una novela (En busca de Klingsor, de Jorge Volpi) recibió 5 menciones. Cinco más, cuatro votos cada una. Hubo cuatro con tres votos y 14 con dos. Y 48 obras tuvieron un solo voto cada una.  

   Algunos autores fueron mencionados por varias de sus novelas. A García Ponce lo nombraron diez participantes, ocho de ellos por la ya citada Crónica, en tanto que otros dos prefirieron recordar De Ánima y Pasado presente. De Aguilar Camín, además de las 6 menciones a La guerra de Galio hubo cuatro para Morir en el Golfo.  

   Tanto o más atractivo que esos resultados, es el ensayo de José Joaquín Blanco con el cual Nexos le da contexto a su encuesta. Reflexión sobre el sentido de la novela y su circunstancia en México, esa pieza del autor de La vida es larga y además no importa pone a discusión algunas conclusiones de la propia consulta pero, sobre todo, examina rumbos de nuestra narrativa contemporánea. Se trata de una literatura a la que acaso resulte trillado considerarla en transición –imagínense: ¡ahora tendríamos transitólogos de las letras!– pero que evidentemente ha tenido mejores momentos a la vez que está colmada de géneros, estilos, autores y títulos a los que hacen falta, sobre todo, más y mejores lectores.

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El efecto espejismo

Publicado en Cultura, Izquierdas, López Obrador by rtrejo en Diciembre 4th, 2006

Publicado en Nexos, noviembre 2006.

Una de las debilidades de nuestra vida pública que afloró en la reciente y desastrada temporada electoral fue la pobreza del análisis crítico. Desplazada por el encono que se prodigaron los principales partidos y condicionada por un sistema mediático empeñado en privilegiar altercados de los candidatos presidenciales, la opinión crítica –o las expresiones que en otros tiempos podríamos haber identificado con ella– quedó marginada, cuando no allanada a las principales corrientes políticas. 2006 quedará singularizado, entre otras cicatrices, como un año de indigencia crítica.

   Sólo uno de los partidos políticos que protagonizaron la disputa nacional contó con un respaldo explícito y constante entre la amalgama de personas, grupos, tendencias y actitudes que en aras de la sencillez descriptiva suele ser denominada como la comunidad intelectual. En rigor, los intelectuales no forman una comunidad sino varias –y muchos de ellos no se encuentran en ninguna–. Para ser estrictos habría que reconocer que en tales grupos, corrientes y espacios de expresión intelectuales no están todos los que son y viceversa. En todo caso dentro o fuera de esos grupos y espacios –periodísticos, académicos, etcétera– quienes se dedican a trabajar con ideas, o pretenden que así lo hacen, suelen tener aficiones y afectos políticos que los singularizan. Por lo menos desde las primeras décadas del Siglo XX en México los intelectuales, o algunos de aquellos que tienen mayor presencia pública, sostuvieron una actitud de exigencia crítica respecto de la política y los políticos. Más que el peso moral de ese comportamiento, respecto del cual con frecuencia se tejen especulaciones y exageraciones (como si el hecho de dedicarse a las letras, a la reflexión o a la ciencia les confiriera una calidad ciudadana superior a la de otros mortales) los intelectuales tuvieron influencia por el filo crítico de sus puntos de vista. La opinión intelectual señalaba yerros y ayudaba a encontrar rumbos pero, sobre, todo ponía en contexto las dificultades coyunturales. Todo eso, en buena medida, quedó ausente durante el vendaval electoral de este año.

 

Conocida intolerancia

   Con los intelectuales el PAN ha tenido una relación acongojada, cuando no inexistente. Ha comprendido en sus filas a escritores y pensadores, sobre todo de convicciones conservadoras, pero ese partido nunca ha sido especialmente receptivo a la circulación de ideas. En el PRI han militado intelectuales importantes, que en ocasiones alcanzaron cargos de dirección partidista y en el gobierno, pero casi todos debieron subordinar las ideas a los intereses políticos del momento. No entramos aquí a la perenne discusión sobre la independencia que los intelectuales, para desplegar con toda libertad su creatividad analítica y crítica, tendrían que mantener respecto de la política activa. Simplemente recordamos que esa independencia supone limitaciones y oportunidades. Ceñido por la militancia o la simpatía partidarias, quien trabaja con ideas tiene menos libertad para desarrollarlas y manifestarlas pero se encuentra en un contexto que le permite socializarlas con más eficacia e incluso ponerlas en práctica.

   El PRD, a diferencia de sus competidores principales, sí ha contado con el respaldo activo, constante y público de ciudadanos destacados por su trabajo intelectual. Pero al menos en la temporada reciente, el apego a ese partido no fue ocasión para desarrollar y esparcir ideas sino para que tales intelectuales, dimitiendo de su responsabilidad crítica, estuvieran al servicio de una causa política constatablemente reñida con las ideas y el pensamiento crítico.

   Esa ha sido una de las consecuencias más tristes de la resignación de no pocos escritores, analistas, artistas y científicos a los intereses –y por lo tanto a las frecuentes veleidades– del candidato presidencial del PRD. El comportamiento público de Andrés Manuel López Obrador se encuentra en la antípoda de los valores que podríamos identificar con el trabajo y el compromiso intelectuales. No es un hombre de proyectos sino de conveniencias. La única congruencia que mantiene es con su desbordado apetito para alcanzar el poder a toda costa. No está hecho a la discusión de ideas sino a la arenga placera. No admite la diversidad ni le interesa garantizar la libertad que son requisitos de la creación artística y científica.

   En los intelectuales López Obrador no busca interlocutores; simplemente exige incondicionalidades. Cada vez que sus ambiciones tropiezan con la realidad, inventa conjuras para las que encuentra cómplices en todos aquellos que no comparten sus puntos de vista. Es profundamente intolerante.

   Todo eso se sabía incluso antes de que ocupase el gobierno de la ciudad de México. Varios de esos rasgos se acentuaron a raíz de la persecución que el gobierno federal y sus aliados políticos emprendieron contra López Obrador en el episodio del desafuero y empeoraron después de la campaña electoral. A diferencia del respeto a la diversidad, el diálogo de ideas y la tolerancia que son condiciones insustituibles para el trabajo intelectual en la vida pública, antes y después de las elecciones de julio ese personaje exigió sumisión a su pensamiento limitado, al rechazo a toda apreciación que no se ajustase a las que decía sus convicciones y a un rígido fundamentalismo.

 

Un coro obnubilado

   No obstante esa conducta política, antagónica con la naturaleza del quehacer intelectual, muchos escritores, pensadores y artistas respaldaron a López Obrador y algunos lo han seguido en su aventura post electoral. ¿Qué es lo que encontraron tantos y antaño tan lúcidos y reflexivos autores y creadores en ese candidato? Hubo quienes lo apoyaron como expresión de rechazo al conservadurismo con el que identificaron al PAN y a Felipe Calderón, así como contra la corrupción preponderante dentro del PRI y simbolizada por Roberto Madrazo y su discutible trayectoria. Era la tesis del mal menor: frente a la mochería panista y el oportunismo priista, no pocos de esos ciudadanos prefirieron a López Obrador incluso a costa de disimular ante sus evidentes defectos.

   Aquellas apreciaciones cojeaban en algunas de sus premisas. La que representa Calderón es una derecha capaz de reconocer la diversidad de preferencias y convicciones, en todos los planos de la vida pública y privada, que hoy cruza por la sociedad mexicana. En cambio el de López Obrador es un modelo ideológicamente entumecido y políticamente excluyente, que no consiente discrepancia alguna. (Cuando supo que los funcionarios de casilla a los que ya había calumniado al culparlos de introducir votos fraudulentos eran miembros de su partido los calificó de traidores y vendidos, por recordar un solo ejemplo). A comienzos de su campaña Calderón manifestó opiniones contrarias a la libertad de elección en asuntos como el aborto y la píldora del día siguiente. Luego dijo que se había equivocado. López Obrador, en cambio, sistemáticamente eludió asuntos como esos. Su gazmoñería es irreductible. Y jamás está dispuesto a admitir que se equivoca.

   Con el PRI, López Obrador no ha tenido una sola discrepancia de fondo. El mismo clientelismo (o quizá peor porque el suyo está sustentado en redes de corrupción y conveniencia como las que durante su gobierno proliferaron en varios servicios públicos de la ciudad de México), la misma utilización de recursos fiscales para apuntalar proyectos políticos, la misma ideología de fachada estatista pero cada vez que hace falta disimulada para favorecer intereses privados, los mismos rasgos que hicieron aborrecibles y desgastaron a los gobiernos priistas, se advirtieron en el desempeño de quien luego sería candidato presidencial del PRD. Aparentemente no se ha enriquecido personalmente, pero varios de quienes lo han rodeado sí se beneficiaron de transacciones dudosas como las que fueron difundidas en célebres y a la postre inocuos videos.

   Así que aquellos que se adhirieron a la candidatura de López Obrador para combatir lacras panistas o priistas, apoyaron una opción peor o al menos no necesariamente mejor que las que decían rechazar. Ese error, como ciudadanos, fue refrendado vistosamente por algunos escritores y artistas que en la campaña electoral y después de ella se mimetizaron tanto con el absolutismo de López Obrador que llegaron a tener posiciones de similar y antiintelectual intolerancia. Los novelistas que para impedir el cuestionamiento a la propaganda del PRD proclamaron “¡No pasarán!” como si defendieran una trinchera ante el espectro fascista cuando solamente se trataba de una confrontación entre dos opciones ubicadas ambas en la competencia política institucional; las escritoras cursis que para ensalzarlo quisieron ver a López Obrador con anteojeras que no utilizaron cuando descalificaban a otros candidatos; los científicos y artistas que denunciaron fraude donde no lo había; aquellos que desacreditaban al candidato panista a partir de lo que decidieron suponer que quería y pensaba como si para cuestionarlo no hubiera suficientes motivos en lo que realmente hacía y decía, formaron parte de un coro obnubilado en donde las razones estuvieron ausentes, o al menos se convirtieron en un bien patéticamente escaso.

 

Enajenación intelectual

   Hubo, desde luego, escritores y artistas que se rehusaron a participar del en apariencia políticamente correcto lopezobradorismo, aunque ello implicase ir a contracorriente de esa moda pretendidamente intelectual. Muchos más se comprometieron con ese candidato. No discutimos su derecho para adoptar la posición política que prefieran sino la ausencia de rigor en sus apreciaciones sobre esta fase de la vida pública mexicana.

   Apoyar a López Obrador para enfrentar otras opciones o porque le adjudicaron atributos que no tenía, implicó una abdicación del análisis crítico que condujo a enmascarar sus defectos. Pero respaldarlo por convicción en sus propuestas, sólo fue posible como resultado de un proceso de enajenación intelectual y política.

   Muchos distinguidos escritores y artistas quisieron encontrar en ese candidato la reivindicación de los asuntos sociales que los partidos conservadores ignoraron, o por lo menos no reivindicaron con toda la importancia que tienen. López Obrador, en efecto, se ocupó intensamente del tema de la pobreza. Pero para él los pobres no eran el eje de una nueva política económica sino simple pretexto para aparentar una preocupación social que no tenía correspondencia en su, por lo demás, endeble propuesta de gobierno. No es cierto, como algunos dicen, que la campaña de López Obrador recuperó para el debate público el tema de la pobreza. Ese asunto no ha dejado de estar en la discusión y en las ofertas de cada una de las opciones políticas gracias, entre otros factores, a la perseverante insistencia de algunos de los intelectuales que ahora quisieron ver en ese candidato la personificación de la cuestión social.

   Tampoco puede afirmarse, como escribimos en estas páginas en diciembre pasado, que López Obrador representaba cabalmente a una opción de izquierda si por tal corriente, modelo o utopía, entendemos la lucha por la igualdad y la defensa de los derechos humanos. Pocos liderazgos en la historia reciente de México han sido tan autoritarios, así como desdeñosos de los derechos de las personas, como el de López Obrador.

   Muchos de los intelectuales que lo apoyaron, igual que quizá la mayoría de los mexicanos, estaban tan convencidos de que el candidato del PRD iba a ganar las elecciones que cuando se supo que no había sido así se resistieron a admitir ese resultado. El compromiso de algunos de ellos con la democracia quedó en entredicho cuando se sumaron a las denuncias contra un fraude que no pudo ser documentado porque nunca había ocurrido. Junto al desconcierto y la impremeditación de no pocos abajo firmantes filo perredistas, destacaron las mentiras de algunos simpatizantes de López Obrador con falacias pretendidamente científicas como cuando dijeron que había engaño en la publicación de los resultados electorales cuando el único dolo era el de ese partido. Hubo una suerte de efecto espejismo: muchos adherentes de ese candidato vieron en él lo que querían ver. En otros, el voluntarismo les llevó a no ver lo que en otras condiciones hubieran advertido y cuestionado.

   Cuando han aludido a cuestionamientos como los que aquí se presentan, algunos de esos escritores y pensadores lo han hecho con retruécanos y subterfugios. Otros, más imbuidos en el talante del candidato al que apoyaron, sostienen que cuestionar esa adhesión es una manera de defender a Calderón y al PAN. La defensa que tendría que interesarnos es la del pensamiento crítico respecto de todos los protagonistas de la vida pública, incluyendo a los intelectuales.

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Educación: qué debe cambiar

Publicado en Cultura, Universidad by rtrejo en Abril 7th, 2006

Respuestas publicadas por la revista Educación 2001 en abril de 2006

¿CUÁLES SON LOS 5 FACTORES QUE DEBEN CAMBIAR EN LA EDUCACIÓN NACIONAL?

 

 

   1. Las prioridades de la educación. Por mucho que se dice lo contrario, seguimos teniendo una educación que, al menos en sus etapas básicas, sigue siendo fundamentalmente memorista, reiterativa, monótona y plana. A los niños en Primaria se les sigue requiriendo el aprendizaje de largas listas de nombres, sitios, fechas y fórmulas sin que se les inculque, antes que nada, el entendimiento acerca de la utilidad de esos datos.

   Nuestra enseñanza, en todos los niveles, debería estar primordialmente orientada para pensar y para investigar. Hoy en día nadie aprende, salvo para salir del paso en el examen del día siguiente, una extensa relación de nombres si no comprende cuáles son su significado y utilidad. Y allí se encuentra una de las rémoras de nuestro sistema educativo. Contenidos y mecanismos de enseñanza suelen ser espeluznantemente aburridos. Niños y jóvenes bostezan aun antes de entrar al salón de clases porque saben que se encontrarán con una retahíla de discursos y exigencias a los que no les encuentran sentido. Por supuesto hay excepciones, cuando tienen la fortuna de encontrarse con profesores entusiastas e imaginativos. Pero esos son dos atributos por desgracia escasos en el magisterio de nuestro país –y, en general, en la vida pública mexicana–.

 

   2. La evaluación. Evaluar escuelas, planes de estudio, maestros y al sistema escolar mismo se ha convertido en una moda pero casi nunca los evaluados y los evaluadores se preguntan para qué tendrían que servir esos ejercicios de revisión, cotejo y apreciación. La evaluación, cuando la hay, tiende a ser una rutina y no el momento sobresaliente que podría constituir en la relación entre la escuela y la sociedad.

   En la enseñanza básica, la evaluación suele servir fundamentalmente para resolver expedientes de promoción laboral o para nutrir informes burocráticos a los que, por añadidura, la sociedad no suele tener acceso. En las universidades la evaluación por lo general es un mecanismo de autocomplacencia, simulaciones y eventualmente incluso de represalias pero pocas veces constituye una oportunidad para identificar y enmendar insuficiencias de carácter académico.

   Para una gran cantidad de funcionarios y profesores universitarios la evaluación, cuando la hay, se ha convertido en monserga admisible sólo porque de ella dependen reconocimientos y financiamientos. A la evaluación no se la reconoce como ejercicio indispensable que tendría que formar parte de la autocrítica que debiera acompañar al desempeño de las tareas universitarias. Hace dos décadas, cuando la UNAM realizó su Congreso Universitario, una de las propuestas que más antipatías suscitó fue, precisamente, la que sugería que hubiera mecanismos de evaluación regulares para estimar el desempeño del personal académico. Y la misma UNAM ha sido una de las pocas universidades relevantes en el país que ha expresado reticencias a la evaluación por parte de instituciones como el CENEVAL.

 

   3. El empleo de nuevas tecnologías. A las computadoras, la Internet y otros recursos que amalgaman la digitalización de los contenidos con su teletransmisión se les ha mitificado de dos maneras en nuestro sistema educativo.

   Por una parte hay quienes por ignorancia o temor, o por una suerte de fundamentalismo didáctico, descalifican a esos que no son mas que instrumentos que de la misma manera que facilitan la socialización y la propagación de informaciones, también pueden facilitar la enseñanza. Con frecuencia, profesores de todos los niveles y especialmente con varias décadas de experiencia docente desprecian la utilización de tales recursos a veces simplemente porque nadie les ha enseñado a aprovecharlos y, en otras, porque se sienten tan distantes de ellos que prácticamente llegan a considerar que compiten con su propio trabajo. La ausencia de proyectos de capacitación razonables, razonados y accesibles para los profesores, desde la primaria hasta la Universidad, mantiene a muchos de ellos en la creencia de que esas tecnologías sirven sólo para encauzar el ocio e incluso para propiciar la haraganería de los estudiantes jóvenes y no como herramientas de aprendizaje.

   La otra forma de fundamentalismo en este campo es la de quienes, en el extremo opuesto, ensalzan de tal manera a la Internet y a la computadora que llegan a considerar que en ellas y con ellas se resuelven los déficit de nuestro entramado educativo. La expresión más patética, costosa y bochornosa de ese fanatismo tecnofílico ha sido la manera como el presidente Fox y su gobierno promovieron, con propósitos propagandísticos más que didácticos, el proyecto Enciclomedia. Apoyado en una plataforma tecnológica innecesariamente costosa, subordinado al menos en sus inicios a los contenidos que había diseñado la empresa Microsoft, emprendido sin un plan de capacitación para los profesores que hipotéticamente habrían de aprovecharla y cerrada a la diversidad de contenidos que hay en la Internet la Enciclomedia, a pesar de los esfuerzos de sus propagandistas, se está convirtiendo en prematuro y dispendioso elefante blanco de este sexenio.

   Las computadoras y la Internet son instrumentos formidables cuando están en manos de profesores y estudiantes con aptitud y calificación para aprovecharlas. En México no hemos contado con un plan nacional para que la sociedad –y en primer lugar los jóvenes, los niños y sus maestros– se beneficien de esa plétora de información y conocimiento. En el terreno de la enseñanza no hemos comenzado a construir una auténtica sociedad de la información. Lo que tenemos, en vez de ella, es una patética sociedad de la simulación.

 

   4. Los profesores y su sindicato. Los maestros son el patrimonio más importante del nuestro y de cualquier sistema educativo. Pero en México se han convertido, al mismo tiempo, en el más oneroso lastre para que tengamos una educación a la altura de las exigencias que imponen el desarrollo cultural y social del nuevo siglo.

   La frecuente reticencia para actualizar sus conocimientos –o la exigencia para, a cambio de ello, lograr promociones como si la instrucción constante tuviera solamente propósitos escalafonarios–, la resistencia a la innovación didáctica y tecnológica, el desgano que contagian a sus alumnos, son defectos frecuentes en no pocos profesores. Se puede reconocer, en su defensa, que los salarios son bajos, las cargas de trabajo abrumadoras y los estímulos infrecuentes. Se puede y se debe advertir que hay notables excepciones y que, desde luego, no todos los maestros padecen esa mezcla de indolencia burocrática y abulia profesional. Son excepciones honrosas que confirman la triste regla de la desidia magisterial.

   Sobre todo se puede recordar que en la educación básica, cuando las hay, muchas de las expresiones de iniciativa, empuje y vivacidad entre los profesores suelen tropezarse con esa muralla forjada en el tráfico de privilegios, cimentada en el viejo corporativismo y afianzada en la corrupción que es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Cuando Educación 2001 pregunta qué debe cambiar en la educación nacional lo primero que se me ocurre contestar es “el SNTE”. Si en vez de 5 me hubieran solicitado una respuesta única esa habría sido, sin lugar a dudas, la que hubiera entregado a esta revista.

   Tengo la certeza, porque lo conozco y lo he estudiado, porque he examinado la trayectoria de sus dirigentes y sé de las vicisitudes de sus agremiados, de que ese sindicato no sólo se ha convertido en el mayor estorbo para el desarrollo de la educación sino en uno de los más costosos y abrumadores defectos del país. Los profesores, a veces por convenencieros y en otras ocasiones por condescendientes, han permitido la permanencia de un sindicato que para la sociedad mexicana se ha vuelto sinónimo de compraventa de influencias y de abusos ilícitos. No me refiero sólo a una sino a varias de las facciones que lo encabezan. La otrora disidencia democrática se ha mimetizado, en buena medida, al clientelismo y a la demagogia del viejo sindicalismo. Y la dirección nacional actúa más como grupo de presión política que como el liderazgo gremial, con responsabilidad, que los maestros y el país merecen. Elba Esther Gordillo pudo haber sido una dirigente capaz de reconocer y alentar la diversidad y el recambio indispensables en un sindicato de esas dimensiones. En vez de ello, movida por una acaparadora ambición, ha hecho del sindicato un instrumento político y se ha convertido, ella misma, en uno de los personajes más desagradables de la incierta transición política por la que atraviesa nuestro país.

 

   5. Los medios de comunicación. El sistema educativo mexicano no ha reconocido a los medios de masas, especialmente a la televisión y a la radio, como instrumentos indispensables en la enseñanza de y para la sociedad. No pretendemos que esos medios sirvan como apoyo directo a las tareas docentes –aunque, por otro lado, México se sigue debiendo a sí mismo la existencia de un auténtico y ambicioso sistema de enseñanza a distancia, apuntalado en los medios masivos, como los que desde hace décadas existen en la Gran Bretaña y Costa Rica entre otros sitios–. Más allá de los contenidos específicamente curriculares, los medios tendrían que ser puertas siempre abiertas para inculcar valores en y de la sociedad mexicana.

   El civismo, por ejemplo, podría aprenderse en sus rudimentos básicos en el salón de clases pero tendría que ser cotidianamente ratificado en los programas de televisión. Como todos sabemos, lo que a diario sucede es exactamente lo contrario. La televisión no sólo tiende a competir con los contenidos que se les imparten a niños y jóvenes en el aula. Además, por lo general induce valores antagónicos a los que pretende arraigar el sistema educativo.

   Necesitamos una educación que contemple entre sus escenarios imprescindibles al de los medios de comunicación de masas. Sin embargo el de los medios ha sido relegado por la sociedad, pero también por el Estado mexicanos, como un asunto que compete a empresas privadas o, en su defecto, a iniciativas oficialistas. Ese alejamiento es tal que, en el régimen legal para la radiodifusión, la Secretaría de Educación Pública no tiene una auténtica participación. La regulación de la televisión y la radio corre a cargo de las secretarías de Gobernación y de Comunicaciones y Transportes, como si los contenidos y la influencia de tales medios fuesen únicamente asuntos políticos o técnicos y no con las dimensiones educativas que alcanzan todos los días, a toda hora.

 

Spots contra la intolerancia

Publicado en Cultura by rtrejo en Diciembre 15th, 2005

La Crónica, enero 31 de 2005

Decía Albert Einstein –en estas fechas justamente conmemorado por el centenario de la teoría de la relatividad– que es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. La ciencia suele superarse a sí misma e introduce elementos de progreso en las sociedades. En cambio las creencias llegan a ser fuentes de estancamiento e incluso de involución.

   Cuando cada quien las resuelve de manera personal, las creencias son asunto de la esfera privada y pueden ser, incluso, respetables. Cuando se traducen en conductas que afectan y hasta lesionan los derechos de otros, estamos ante expresiones de intolerancia que puede llegar al fanatismo.

   De esa índole es la actitud de la Unión Nacional de Padres de Familia y su actual dirigente, el señor Guillermo Bustamante Manilla, que ahora dedica sus esfuerzos a censurar la campaña de la Secretaría de Salud para promover el uso del condón y el respeto a las preferencias sexuales de los ciudadanos.

   Hoy en día los especialistas en prevención del SIDA coinciden, en todo el mundo, en que el empleo del preservativo es el mejor recurso contra esa pandemia. Pero la UNPF se empeña en perseguir a las autoridades mexicanas que cumplen con su obligación de explicar e impulsar el empleo del condón.

   Esa organización, de acuerdo con una nota publicada el miércoles 26 de enero en Crónica, considera que la campaña sobre el condón, “conlleva el mensaje de usarlo en coitos con personas desconocidas como son las prostitutas o parejas casuales que pueden ser incluso del mismo sexo, lo que significa que junto con la promoción del condón se invita a prácticas sexuales irresponsables y, entre los jóvenes se convierte en un ataque frontal hacia la familia”.

   El deber de la autoridad sanitaria es explicarle a la gente qué opciones tiene para protegerse en las relaciones sexuales. Con quién las practique es asunto de cada individuo. Sin embargo grupos como la mencionada Unión pretenden que a los jóvenes y adultos se les oculte esa información. Si esas objeciones tuvieran éxito el resultado sería, literalmente, criminal. Al carecer de indicaciones claras, miles de mexicanos podrían ser víctimas del SIDA.

   Esa Unión Nacional tiene, como se decía antes, un rancio conservadurismo no solo por la vieja y autoritaria moralidad en la que dice respaldar sus posiciones sino porque dentro de dos años cumplirá nueve décadas de promover actitudes retardatarias y en contra de las responsabilidades del Estado hacia los ciudadanos.

   Ahora, junto con la cruzada contra el condón, la UNPF quiere vetar los mensajes patrocinados por el Centro Nacional para la Prevención y el Control del VIH/SIDA (CENSIDA) y el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED).

   El primero de esos spots, llamado “La cena”, reproduce una conversación entre una madre y su hijo:

   –Te veo enamorado mi hijito, ¿cuánto llevan?

   –Ya cinco meses.

   –¿Y le gustó la idea de venir a cenar con la familia?

   –Sí, le encantó. Es más: preparó un postre que te va a fascinar.

   –Mmmm. Espero que le guste lo que yo cociné. Y por cierto, ¿cómo me dijiste que se llama?

   –Oscar mamá, ya te lo había dicho, se llama Oscar.

   A continuación se escucha a un locutor que dice: “¿Te parece raro? En nuestra sociedad cada vez es más común vivir esta situación. La homofobia es la intolerancia hacia la homosexualidad. La igualdad comienza cuando reconocemos que todos tenemos el derecho a ser diferentes”.

   El otro mensaje, titulado “Preguntas”, dice a una sola voz: “Si ves a un homosexual o lesbiana en la calle, ¿ves para otro lado? ¿Sientes ganas de ofenderlo o que desaparezca? Si una persona cercana a ti es gay, ¿le dejas de hablar? ¿Sientes odio por los diferentes a ti? ¿Sabias que lo que tienes es homofobia, es decir, un odio irracional? La tolerancia a la diferencia sexual es más sana que el odio. Acéptalos”.

   Los dos mensajes reconocen como adultos a sus destinatarios y no promueven conducta sexual alguna. Simplemente parten de la existencia de opciones y preferencias sexuales que son una realidad, cada vez menos escondida, en la sociedad mexicana.

   Sin embargo el presidente de la UNPF considera que la homosexualidad es una “desviación sexual” y que las autoridades de Salud lo que deberían hacer es ofrecer tratamientos a quienes la padecen. Mientras más insiste Bustamante en esas posiciones,  más evidente resulta que los mensajes contra la intolerancia y la homofobia son necesarios.

El poder de la familia

Publicado en Cultura, Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 15th, 2005

La Crónica, 6 de marzo de 2005

Las familias mexicanas se festejan a sí mismas cotidianamente, en el solo hecho de seguir juntas. Pero hoy, prácticamente por disposición presidencial, es Día de la Familia.

   De las abundantes y en varios casos innecesarias fechas que abruman hoy a nuestro calendario social, con homenajes impuestos que los ciudadanos practican más por inercia que convicción, esta es de las pocas conmemoraciones que han sido establecidas con anuencia expresa del gobierno de la República.

   Eso hizo el presidente Vicente Fox el 13 de enero pasado, al firmar el documento llamado “Compromiso de Fomento a la Unidad Familiar” que estableció el primer domingo de marzo de cada año como “Día de la Familia Mexicana”.

   Esa celebración fue formalmente propuesta por el Consejo de la Comunicación, la asociación civil formada por empresas mediáticas y anunciantes que antes convergían en el Consejo Nacional de la Publicidad. El afán por tener una imagen menos supeditada a los intereses mercantiles que determinan las relaciones entre anunciantes y medios llevó a ese grupo a cambiar de nombre hace tres años. Las campañas que suele realizar, independientemente de la utilidad social que puedan tener, forman parte de esa tarea permanente para remozar la presencia pública de las empresas dedicadas a lucrar en y con los medios de comunicación.

 

Interés de la señora Fox

   La más reciente de esas iniciativas es el Día de la Familia. Pero no se trata solo de una propuesta de los empresarios mediáticos y sus anunciantes. La conmemoración que hoy congrega el entusiasmo televisivo ha sido promovida –así lo confirman diversas puntualizaciones en los medios– por la esposa del presidente de la República.

   A la señora Marta Sahagún de Fox el tema de la familia le ha permitido acercarse, con cierta eficacia, a las preocupaciones cotidianas de los mexicanos. El apego a la familia, la defensa de sus integrantes, los lazos de solidaridad que se reproducen en ella con naturalidad, el papel que desempeña en la propagación de valores y costumbres y el hecho de ser referencia entrañable de las relaciones sociales, forman parte de la centralidad que tiene en este como en todos los países.

   Por eso el discurso tradicional del poder político ha recalado de manera importante en la reivindicación de la familia. En la construcción de la ideología post-revolucionaria la idea de la familia era uno de los ejes que el Estado proponía para cohesionar y nutrir de identidad a los mexicanos.

   Además de implicaciones políticas, la insistencia en la integración y la consistencia familiares tuvo connotaciones morales y religiosas. Por lo general, cuando se hablaba de familia se aludía a la estructura convencional –padre, madre, hijos– sin reparar en las modalidades, cada vez más frecuentes, que asumen los núcleos familiares.

   La esposa del presidente Fox aprovecha la simpatía que despierta la idea de familia y la incorpora prácticamente en cada una de sus cotidianas alocuciones. Habitualmente se refiere a las familias en general, sin reconocer los rasgos específicos que tienen en la sociedad contemporánea. En unas cuantas ocasiones la señora Sahagún ha recordado la existencia de familias de corte no tradicional.

 

Nueva idea de familia

   Un estudio sobre la presencia de las mujeres en el discurso y las políticas públicas en nuestro país recordaba, recientemente: “En la cultura política hegemónica del México posrevolucionario, el  ciudadano era pensado en masculino. A las mujeres se les concedía importancia, eso sí, (el ejemplo más claro es el pedestal que se les erige en el día de la madre) pero no como sujetos activos, diferentes y dotados de razón, sino como meros receptáculos. Como ‘depositaria (s) de nuestra nacionalidad’, para decirlo en las palabras del presidente Miguel de la Madrid. Prosigue el ex presidente: ‘Nuestra nacionalidad es fuerte porque tenemos una familia fuerte que debemos a una mujer admirable y responsable’. Aparte de que los intereses de las mujeres solían subsumirse a los intereses de la familia, existen paralelas entre el discurso oficial acerca de la mujer (la madre) y el de la familia mexicana. Ambas, la mujer y la familia, han sido instrumentalizadas como pilares de la ‘identidad nacional’, y ambas han sido homogenizadas y des-historizadas a este efecto por el discurso oficial”.

   Esas son algunas de las conclusiones de la investigación de Miriam Lang, que hizo un doctorado en Sociología en la Universidad Libre de Berlín y que hace un lustro estuvo en México investigando el papel de la mujer desde la perspectiva del poder político.

   La doctora Lang identificó cambios importantes en ese tema: “Los discursos que se manejan hoy en las políticas públicas mexicanas sobre el tema de la violencia hacia las mujeres difieren fundamentalmente de esta visión, que sin embargo influyó en la construcción de los géneros desde el oficialismo durante décadas. Obviamente, esta construcción tradicional de los géneros se encuentra actualmente en un proceso de transición, al igual que el proyecto nacional en el cual se inscribía. Durante los dos últimos gobiernos PRIistas, los sexenios de Carlos Salinas (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000), el recurso discursivo tanto a la Nación histórica como a la Revolución, mito fundador de aquella, perdió en importancia. Fueron reemplazados en la retórica oficial por promesas de modernización y de democratización del país, y de su entrada económica al ‘primer mundo’. Es en el marco de este nuevo proyecto nacional, que se inscribe en la globalización neoliberal y también incluye una renovación de las formas de interacción política, que la participación de mujeres como ciudadanas se hizo pensable por primera vez. Este contexto de la modernización neoliberal de México también conforma el marco de referencia para mi análisis”.

 

Moderno discurso político

   Denominada “¿Mujeres vulnerables o ciudadanas plenas?”, la investigación de Lang sobre políticas públicas, violencia de género y feminismo en el México de los años recientes considera que a fines del siglo XX el discurso gubernamental toma en cuenta a las mujeres ya no solo como madres y esposas sino como profesionistas, electoras e individuos. Eso ocurre tanto en los textos programáticos del PRI y el gobierno de Zedillo, como en documentos del PRD y el gobierno de la ciudad de México.

   “Hasta mediados de los 90 –explica– los textos elaborados por entidades públicas partían de un modelo inalterable y normativo de familia patriarcal, a pesar de que éste correspondía cada vez menos a las realidades sociales mexicanas. Daban prioridad a la preservación de la unidad de esta familia y automáticamente descalificaban otras formas de convivencia como ‘anormales’ o inferiores”.

   Eso comienza a cambiar en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal cuyos textos, “fueron los primeros en distinguir diferentes tipos de familias: la familia extensa, la familia nuclear, la familia monoparental, etc. La definición de familia que propone la Dirección General de Equidad y Desarrollo Social evita valoraciones: ‘Es un grupo de personas unidas por un parentesco (consanguíneo, afinidad o adopción), quienes generalmente conviven en un mismo espacio hogar’. En un hogar también pueden convivir varias familias o personas sin consanguinidad. En estos textos, la importancia que se le da a la familia proviene de una valoración social y no es ‘natural’ ”.

   Más adelante, ya casi al final de los años 90, esa autora identificó documentos del gobierno federal en donde “el espacio social familiar es mucho menos idealizado y mistificado, ya no es considerado el pilar de la identidad nacional o la célula básica de la organización social, y por ende del poder estatal. Ya se habla mucho menos de él – como solían hacerlo los textos de tinte católico o nacionalista hasta hace pocos años atrás – como de un espacio de protección especial y como instancia transmisora de valores esenciales”.

 

Más allá de la pareja

   Desde luego no hay una definición oficial de familia pero en la propaganda para la conmemoración de este domingo prevalece una idea tradicional acerca del núcleo familiar. La pareja presidencial misma, al aparecer alternándose en la lectura de un breve mensaje para promover esta fecha, privilegia –y aprovecha– esa imagen convencional de la familia.

   Aunque no suele hacer precisiones sobre la existencia de familias que no se ciñen al modelo tradicional, en unas cuantas ocasiones la señora Fox se ha referido a ellas. El 7 de noviembre de 2003, en un congreso llamado “La Familia Hoy, derechos y deberes” realizado en la ciudad de México, la esposa del presidente aludió a las nuevas formas de organización familiar de la siguiente manera: “hoy la familias, sin duda alguna, tienen que ser consideradas así, las familias. Quizás no bajo escenarios ideales, no bajo lo que representa, lo que en algún momento fue realmente nuestra propia convicción, sino que tenemos que respetar a las familias, no solo a la familia tradicional”.

   Señaló entonces la señora Sahagún: “dentro de las familias se han ido rompiendo paradigmas para conformar nuevos modelos que nos imponen nuevos retos, a los que no escapamos los gobiernos ni las organizaciones de la sociedad civil”.

   En aquella ocasión la esposa del presidente recordó que, en México, solamente seis de cada diez hogares descansan en el núcleo conyugal. Pero no se aventuró a mencionar otros tipos de familia, entre las que se encuentran aquellas cuyo núcleo lo forman parejas del mismo sexo.

 

Papel de las mujeres

   El creciente peso de la responsabilidad familiar sobre las mujeres y la existencia de núcleos familiares a cargo de mujeres solas han sido las dos variantes principales en el discurso del gobierno actual –y especialmente de la esposa del presidente– en este asunto. El 27 de octubre de 2004, en el congreso panamericano “La Familia: base del desarrollo integral del niño, la niña y el adolescente” celebrado también en la capital del país, Sahagún recordó que cada vez tenemos más familias distintas del esquema tradicional:

   “Las familias monoparentales, las familias en las que las mujeres representan el principal sustento económico o las familias en las que los hijos han tenido que abandonar la escuela para contribuir al gasto, son sólo tres ejemplos que iluminan la magnitud de las transformaciones irreversibles que se ha experimentado en las últimas décadas”.

   Es importante que se reconozca el papel activo, y a veces único, que tienen las mujeres en la conducción y el sostenimiento de numerosas familias. Allí hay un avance, sobre todo porque los ajustes en el discurso resultan necesarios para que, entonces, haya cambios en las políticas públicas.

   Pero otros rasgos en la conformación de las familias, originados por preferencias sexuales heterodoxas o por la simple decisión de varias personas para vivir juntas aunque no tengan relaciones de pareja, todavía no suelen ser admitidos entre los lazos de integración familiares.

   Según el INEGI, encargado de nutrir al país de información estadística, no todos los hogares son familiares. Para que lo sean, es preciso que están formados por un “conjunto de personas que residen habitualmente en la misma vivienda y se sostienen de un gasto común para la alimentación, en el que por lo menos uno de los integrantes tiene relación de parentesco con el jefe del hogar”.

   Se trata, por supuesto, de una definición de trabajo. Pero delimita el alcance de la idea de familia que hay en numerosos documentos y posiciones oficiales.

 

Uno de cada cinco

   En México, según el Censo de 2000, el 69% de las familias mantienen la organización tradicional: una pareja con sus hijos. El 17.3% están encabezadas por uno de los padres y el 10% las constituyen parejas sin hijos.

   De los 22 millones 269 mil hogares que teníamos hace 5 años, el 20.6% –4 millones 597 mil– estaban encabezados por mujeres. Se trata de uno de cada cinco hogares en México.

   En 1960 los hogares con jefa de familia eran el 13.7%. En 1970, así como en 1990, los hogares encabezados por una mujer eran el 17.3%.

   Ese cambio en la responsabilidad familiar –y con ello social y laboral– de las mujeres constituye la principal fuente de transformaciones en la definición sobre núcleo familiar que se abre paso en nuestro país. Sin embargo la imagen que se impulsa en la conmemoración de hoy es únicamente la de la familia convencional. Tres de cada siete familias en México tienen formas de organización y cohesión diferentes.

 

Convenenciera iglesia

   La celebración de este día, forzada pero ampliamente publicitada, ha sido apoyada por conveniencia, más que por convicción. En la Iglesia Católica, que promueve la idea tradicional de valores y estructura familiares, esa iniciativa provocó sorpresa y cierta incomodidad pero, a final de cuentas, la decisión de subirse al tren del festejo para no quedarse al margen de él.

   En un comunicado a los cardenales, arzobispos y obispos de esa corporación en México el obispo de Matehuala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, Rodrigo Aguilar Martínez, dispuso el 22 de enero pasado:

   “Teniendo en cuenta que es un hecho la declaración del primer domingo de marzo como el Día de la Familia en México; teniendo en cuenta también que no dejará de haber riesgos de que esto se tergiverse por diferentes grupos, sea con promoción de enfoque consumista o sea con posturas divergentes a la doctrina de la Iglesia Católica, conviene ser proactivos y aprovechar la fecha para difundir nuestro mensaje según el Evangelio del matrimonio, la familia y la vida”.

   El obispo Aguilar les recordó a sus colegas que el establecimiento del primer domingo de marzo como Día de la Familia, era una “iniciativa que el Presidente Vicente Fox ha aceptado y apoyado al hacer la declaración respectiva el pasado día 13 de enero”.

 

Celebración y promoción

   No es censurable –al contrario– que a la familia se la festeje y reivindique. Pero hacerlo sin recordar la variedad de prácticas y expresiones familiares que hoy forman parte de la diversidad mexicana y con el propósito esencial de promover intereses mercantiles y políticos, da cuenta de la parcialidad de esa iniciativa.

   Aficionada a reivindicar a la familia en sus discursos, aunque al mismo tiempo contribuye a la privatización de la política social y de esa manera a la desprotección de muchas familias, la señora Sahagún de Fox parece especialmente interesada en mostrarse como campeona de los valores familiares. Las empresas mediáticas y publicitarias han avalado, interesadamente obsequiosas, esa iniciativa.

   Si la señora Sahagún de Fox, como es inocultable propósito suyo, contrae nupcias religiosas, esa reivindicación publicitaria de la familia le ayudaría en sus aspiraciones políticas. Si se casa o no por la iglesia tendría que ser asunto concerniente solo a su vida privada y la de su marido. Pero la pareja presidencial insiste tanto en exhibir intimidades suyas que esos proyectos personales han adquirido inevitable connotación pública.

 

El Día de la Mujer

   Con o sin día marcado por las televisoras y las ambiciones políticas, cada familia se celebra de la manera y en las fechas que a sus integrantes les parece posible o pertinente. No hacía falta un día especial para ello.

   Aparte de otras implicaciones, no deja de ser sintomático el hecho de que esta festividad se encuentre tan cerca del Día Internacional de la Mujer que pasado mañana, como cada año, se recuerda el 8 de marzo. Inevitablemente, el empeño publicitario e institucional invertido en el Día de la Familia –que el presidente Fox, manifestando la visión que tiene de la sociedad y sus protagonistas, promovió ayer en su programa de radio acompañado por Chabelo y César Costa– le restará presencia pública al día de las mujeres.

   Claro, todo ello se entiende cuando estamos en vísperas de decisiones políticas y electorales en las que cada quien –la señora Marta y su marido no son la excepción– querrá beneficiarse del poder de la familia.

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Henrique González Casanova

Publicado en Cultura, Democracia, Letras, Universidad by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 28 de diciembre de 2004

Desde su fallecimiento, el viernes 17 de diciembre, se han publicado docenas de agradecidos testimonios acerca de la bonhomía y la generosidad del maestro Henrique González Casanova. Este es uno más de esos reconocimientos ante el deceso de uno de los profesores más queridos y respetados de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La de don Henrique, que hace poco cumplió 80 años, fue una vida consagrada a la Universidad Nacional pero de ninguna manera encerrada dentro de ella. Entendió que el aislamiento de esa institución y sus integrantes era uno de sus riesgos más grandes. Profesor siempre, se dio tiempo para cumplir con responsabilidades en el servicio público y opinar en la prensa.

Fue embajador en Yugoslavia y Portugal y colaborador, desde fines de los años 30, en diarios y suplementos culturales. Fundó hace medio siglo la Gaceta de la UNAM y en esa institución fue director de Información y de Publicaciones, entre otras tareas.

No son pocos los periodistas y escritores que deben a la insistencia de don Henrique la publicación de sus primeros textos. Además contribuyó a la formación de docenas de generaciones de periodistas. A comienzos de los años setenta estuvo a cargo de la carrera de Periodismo y Comunicación.

El magisterio de González Casanova (“Enrique con hache” le decían en alguna época para subrayar la singularidad de su nombre propio) fue notable en las aulas y constante fuera de ellas. Quienes lo tuvieron como profesor en alguna asignatura recuerdan la explicación, siempre antecedida de ejemplos históricos, que solía dedicar a sus estudiantes. Nunca llevé clase con él pero puedo decir que en varios sentidos fue uno de mis maestros más apreciados.

A don Henrique le debo la oportunidad de trabajar como profesor de carrera en la Universidad Nacional. Ya era ayudante de investigación pero con una situación laboral precaria cuando en 1975, poco después de que presenté mi tesis de licenciatura, el maestro González Casanova se interesó en ella y gestionó la apertura de un concurso de oposición con ese tema. Gracias a ello gané mi primera plaza de tiempo completo.

En numerosos momentos de la vida de la Universidad coincidí –muy ocasionalmente para intercambiar discrepancias– con el maestro González Casanova. Lector atento pero además amable, de cuando en cuando tenía la generosidad de comentarme alguno de mis textos. Hace como tres años tuve el privilegio de coincidir con él en una mesa redonda. Repleto el auditorio principal de Ciencias Políticas, para referirse a la influencia de las nuevas tecnologías y la enseñanza de la comunicación don Henrique dio un enorme e intensamente pedagógico rodeo que lo llevó hasta las épocas de Sierra, Vasconcelos y otros momentos sobresalientes en la historia de la Universidad.

A don Henrique los méritos de la Universidad le enorgullecían y sus pesadumbres lo afligían profundamente. Entendió a tiempo los apuros que implicaba la prolongada huelga que un grupo impuso en 1999 y participó de los esfuerzos para resolverla.

Un año después del término de aquel conflicto, en febrero de 2001, varios profesores de la Facultad fueron vejados por algunos de los antiguos huelguistas. En solidaridad con esos académicos y para demostrar que la comunidad de Ciencias Políticas repudiaba el atentado se organizó un mitin al que cada asistente debía acudir con un libro en la mano. Aquella concentración estuvo encabezada por don Henrique. La transcripción de su discurso en esa ocasión comienza:

“¡Universitarias y universitarios! Quiero votar por la palabra como fundamento de la democracia. Quiero afirmar que la mayoría de los votos decide dentro de la ley la designación de representantes públicos, pero no resuelve los problemas que competen al conocimiento y a la razón. Por mayoría de votos se llevó a cabo la condenación de Galileo (permítanme recordar su nombre); por mayoría de votos llegó Mussolini y el fascismo a Italia; por mayoría de votos llegó Hitler y el nazismo a Alemania; por mayoría de votos, armados, llegó Francisco Franco con la Falange a España”.

Interrumpido por gritos de miembros del CGH y aplausos de alumnos y profesores el discurso continuaba: “Voto por la comunicación como medio indispensable para el aprendizaje como adquisición del saber, como aplicación y extensión del saber… Voto por el diálogo y la conversación; voto por la concordia entre los universitarios y el respeto mutuo. Estoy con Justo Sierra cuando afirma: ‘la palabra es el fundamento de la democracia’… Admito el derecho a equivocarse de todos los aquí presentes, incluyéndome a mí mismo. Pero no admito que se use la libertad de la Universidad para violarla en su derecho social, en su derecho individual y como institución nacional, a ser una institución pública a la que tenga acceso todo el que quiera ejercer la libertad dentro de las libertades universitarias”.

A esa concentración don Henrique no llevó uno sino tres libros que mostraba con orgullo: los Escritos sobre educación de José Martí, el México social y político de Justo Sierra y la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

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Harry Potter, éxito y provecho

Publicado en Cultura, Letras by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, febrero 23 de 2004

Los 11 mil ejemplares de Harry Potter y la Orden del Fénix que llegaron a Montevideo se agotaron en unas cuantas horas. En Buenos Aires había filas desde la noche anterior para adquirir una de las 60 mil copias que los argentinos recibieron de esa obra. En Madrid las librerías organizaron festivales para coincidir con la aparición del quinto volumen de la saga escrita por J.K. Rowling. A México llegaron 198 mil ejemplares que el sábado ya se exhibían por todas partes.

   Lejos de cesar después de cuatro tomos –cada uno más abultado que el anterior– la fiebre global por las aventuras del mago matriculado en el Colegio Howarts de Magia y Hechicería parece crecer con cada libro.

   La pottermanía, naturalmente, ha sido espoleada por la propaganda. Sus lectores han podido enterarse de la aparición del nuevo título gracias a la publicidad, respaldada por una poderosa estructura editorial. Los libros son una mercancía. Pero casi nunca estamos ante libros que se vendan de esta manera.

   En junio pasado, cuando apareció la edición en inglés de La Orden del Fénix, en un solo día se vendieron 14 (sí, catorce) millones de ejemplares. Un millón de ellos estaba comprometido antes de que el libro comenzara a circular. Hasta ahora, en diversos idiomas, se han vendido más de 250 millones de copias de ese título.

   De la edición en español, que circula desde antier, se imprimieron 950 mil ejemplares. 500 mil de ellos se quedaron en España y el resto llegó por barco a diversos puertos en América Latina. La operación para ponerlos a disposición de los lectores el mismo día no debe haber sido sencilla. Las ventas están compensando tal esfuerzo.

   Hay tres películas sobre las andanzas de Potter. La más reciente, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón, se estrenará el verano próximo. La cuarta comenzará a rodarse en breve. Alrededor de ellas y del personaje de las gafas redondas y la bufanda amarillo y magenta se ha desarrollado una versátil industria que va desde utensilios escolares hasta juegos electrónicos, todos con la imagen de Potter y comercializados por la Warner Bros.

   Pero la mercadotecnia intensiva y expectación de los medios no bastan para explicar el interés, que cruza fronteras y rebasa idiomas, por esos libros. Centenares de millones de lectores, muchos de ellos menores de 15 años, buscan los textos de Ms. Rowling con un ahínco que constituye, por sí solo, uno de los grandes acontecimientos culturales y sociales de nuestros días.

   Las frecuentes descalificaciones a esos libros no llegan a explicar el arrebato que provocan en niños y adolescentes –y en no pocos adultos– de todo el mundo. No son literatura barata, si de esa manera se define a la que explota la sensiblería con recursos dramáticos y retóricos muy elementales.

   Tampoco son de lectura rápida. La versión en español de La Orden del Fénix tiene 893 páginas (casi tantas como la primera edición en inglés que, en otro formato, alcanzó 877 páginas). El título anterior, El cáliz de fuego, tenía 635 páginas. Su éxito no se debe a una simple moda. Ya han pasado casi 7 años desde que apareció La piedra filosofal, el primer libro de la serie, y sus aficionados no se cansan.

   Parte de la magia de Potter se encuentra, precisamente, en la fantasía que desbordan esos relatos. Los hechiceros con los que aprende y de los cuales desciende Harry Potter viven en el mismo mundo que el resto de las personas pero tienen escuelas, formas de transporte, tiendas, torneos deportivos, periódicos e incluso gobiernos propios. En cada uno de esos espacios hay personajes y comportamientos –afectos, envidias, traiciones, afinidades– similares a los que todos conocemos y experimentamos.

   El de los magos, en tales relatos, no constituye un universo distinto al nuestro. Esa imbricación con su realidad es uno de los atractivos que cada lector identifica en tales novelas. Los niños, además, encuentran asideros de complicidad al ver que alguien de su edad, mago por añadidura, es regañado, se entristece, juega, se regocija e incluso quiere y desea.

   Gracias a Potter y su creadora, millones de niños y muchachos han dejado de considerar a la lectura como un ejercicio ajeno y pesado. Los gobiernos y organismos internacionales tendrían que estar diseñando programas para profundizar esa afición a la letra impresa en vez de presenciar, con incómoda estupefacción, el éxito global del joven Potter.  

 

ALACENA: También música

   En diciembre pasado un concierto de la Filarmónica de la Ciudad de México estuvo atestado de jovencitos, muchos de ellos vestidos como Harry Potter, porque entre las interpretaciones anunciadas estaban los temas de las películas de ese personaje. La fama del mago de la cicatriz en la frente también sirve para promover la música de calidad.

He tenido que cerrar los comentarios a este texto porque la gran mayoría de las entradas que colocaban eran de publicidad y/o spam. Lo siento.

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Julia Carabias, Premio Cosmo

Publicado en Cultura, Universidad by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 4 de noviembre de 2004

Llama la atención que no se haya conocido en México aunque más de una agencia de noticias informó de este acontecimiento pero no es tarde para aplaudir la entrega, el pasado 30 de octubre en Osaka, Japón, del Premio Internacional Cosmos 2004 a la bióloga Julia Carabias Lillo.

Se trata, quizá, de la distinción mundial más importante en el campo de la preservación ambiental y la convivencia de los seres humanos con la naturaleza. Creado hace doce años, el premio es entregado en Japón por un comité internacional que encabeza Akito Arima, ex ministro de educación y presidente de la Fundación de Ciencias de ese país. Esta vez, de entre 122 candidatos de 19 países, ese comité seleccionó a la mexicana Carabias, profesora en la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Es pertinente traducir y reproducir las consideraciones de quienes discernieron el Premio y que se explican por sí solas.

“La profesora Julia Carabias Lillo nació en 1954 en la ciudad de México. Después de estudiar biología en la Universidad Nacional Autónoma de México, dio cursos de ciencia ambiental en la UNAM mientras continuaba su investigación acerca de la regeneración de bosques tropicales, administración de recursos naturales y conservación ambiental. Mientras tanto, estableció su propia política de investigación básica: ‘ver siempre los asuntos y concebir el futuro desde la perspectiva de las naciones en desarrollo’ ”.

“En 1982 –añade ese documento– en respuesta a una petición del gobernador de Guerrero que se dice es el estado más pobre de México y sufre una severa destrucción ambiental, echó a andar un programa de investigación práctica para ayudar a mejorar los parámetros de vida de los residentes, sin agotar los recursos naturales. Trabajó en un grupo con economistas y ecologistas, asumiendo un acercamiento multidisciplinario para cumplir con ese programa de cuatro años que tuvo un gran éxito.

“El éxito del programa atrajo la atención del presidente de México, que le pidió que desarrollara programas para cumplir tanto la meta del desarrollo como la conservación de los recursos en cuatro estados del país… En reconocimiento a esos logros, el gobierno mexicano designó a Carabias secretaria de Desarrollo, Recursos Naturales y Pesca; ella desempeñó ese cargo durante seis años entre 1994 y 2000.

“También colaboró como miembro principal de la Comisión que publicó el reporte ‘En defensa de la Tierra’ durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro en 1992. Ella se ha esforzado para encontrar soluciones a tareas desafiantes, incluyendo lograr un equilibrio entre el desarrollo y la conservación ambiental… Como parte de tales esfuerzos, ha planteado activamente opiniones desde la perspectiva del Sur en muchos foros mundiales sobre temas ambientales, como el Programa Ambiental de Naciones Unidas”.

La explicación del Premio añade que al terminar su encargo ministerial Carabias regresó a su tarea como profesora de tiempo completo en la UNAM, en donde “sigue activa como experto sobresaliente en el campo de la protección al ambiente y la naturaleza en México”. La investigadora, “se encuentra entre los pioneros que han pavimentado el camino, tanto en términos académicos como prácticos, para la coexistencia armoniosa de la naturaleza y la humanidad rumbo a un mejor futuro para nuestro planeta. En vista de las sobresalientes actividades antes mencionadas, la profesora Julia Carabias merece eminentemente el Premio Cosmos Internacional”.

Para entregar el premio no hubo una sola sino varias ceremonias. El 25 de octubre en Tokio, Carabias ofreció una conferencia magistral sobre el cambio global y el desarrollo sustentable en el nuevo siglo. Allí mismo comenzó un simposio titulado “El mundo de la profesora Carabias” con participación de cuatro expertos japoneses, entre ellos el director de la Oficina para el Ambiente Natural del gobierno de ese país. El simposio continuó tres días más tarde en Osaka con otros cuatro especialistas. El sábado 30 en el Izumi Hall de en esa ciudad y ante 400 invitados la profesora mexicana recibió la distinción.

El premio, que en ocasiones anteriores ha sido entregado a especialistas como Sir Ghillean Prance, director de los Jardines Botánicos Reales en la Gran Bretaña y Richard Dawkins, profesor de la Universidad de Oxford, consistió en un diploma y 40 millones de yenes (unos 4 millones de pesos). Carabias decidió donar ese monto para la creación de un Centro Latinoamericano de Capacitación para la Conservación de la Biodiversidad.

El Centro será establecido en la zona de la Selva Lacandona –a cuya preservación Carabias ha contribuido con tesón y abnegación ejemplares– y allí se pretende capacitar, en los próximos cinco años, a cerca de 500 lideres en conservación ambiental.

Plausible el premio y admirable el destino que su beneficiaria decidió darle, también sería digno de encomio que otros mexicanos comprometidos con la defensa del ambiente respaldaran al Centro que Julia Carabias, como continuación de su afanoso y acreditado esfuerzo, ha resuelto crear.

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El brillo del diamante

Publicado en Cultura by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 27 de julio de 2004

Tengo la obligación de iniciar este comentario con un rapto de honestidad. El beisbol nunca me ha gustado. No consigo entender la seducción que despierta en los aficionados la monótona rutina del lanzador que se ubica –mirada de águila y gesto bravucón– en el montículo desde donde busca anonadar al señor que sostiene el bat. De cuando en cuando alguien pega una carrera y los espectadores disfrutan el gozo esporádico que mueve la pizarra.

   Siempre me ha parecido que es un deporte suficientemente parsimonioso para que se transmitan los comerciales de la televisión sin que el público se pierda algo importante. Pero reconozco que en el beisbol hay un encanto que no entiendo. Gracias a él sus fanáticos son legiones y comparten –como toda cofradía– códigos, usanzas y leyendas a las que no tenemos acceso los legos en estos asuntos.

   Esa pasión por el juego y su liturgia recorre las páginas de El brillo del diamante (Universidad Veracruzana y Ficticia Editorial) el conciso y gustoso libro que escribieron Ramón y Jorge Hernández. No eran parientes pero los hermanó el beisbol –uno como jugador extraordinario y mítico, el otro como espectador conspicuo y bullicioso–.

   Ramón El Abulón Hernández jugó en más de mil 700 partidos con los Diablos Rojos del México –equipo en donde transcurrió 15 de sus 22 años como beisbolista profesional–. Sus marcas como bateador permanecieron inimitadas por más de dos décadas. En 1980 –tomo estos datos de la solapa del libro– en 88 juegos solamente fue ponchado en 7 turnos al bat. Los expertos sabrán apreciar estos hechos: con los Diablos Rojos estuvo en más de 6 mil 500 turnos al bat y conectó mil 904 jits. 

   Mi confesada ignorancia en estos asuntos me exime de explicarlos. Pero en cambio hace un cuarto de siglo seguí de cerca las otras hazañas de El Abulón Hernández en el beisbol: su participación en la creación de la Asociación de Beisbolistas Profesionales, la cual presidió entre 1979 y 1985.

   Organizar a los beisbolistas para que defendieran sus derechos laborales constituyó un desafío ante la relación caciquil y autoritaria que los dueños de la mayor parte de los equipos de beisbol mantenían con los jugadores. En castigo por afiliarse a la Anabe los propietarios del Tigres despidieron al joven receptor Vicente Peralta. La solidaridad en favor de ese beisbolista consolidó a la nueva agrupación.

   A comienzos de los años ochenta los mejores beisbolistas mexicanos estaban en la Asociación. Muchos más fueron despedidos. Entonces la Anabe creó una liga paralela de calidad deportiva notablemente mayor a la que mantenían los empresarios.

   El resentimiento de quienes se consideran dueños del beisbol llegó a tal punto que en algunas recopilaciones estadísticas e históricas han sido borrados los nombres de los jugadores que estuvieron más comprometidos con la Anabe. Por eso, entre otros motivos, es útil el libro de los dos Hernández que rescata parte de las experiencias que hacen del beisbol acontecimiento y pasión colectivos.

   Al coautor del libro, Jorge Hernández, le dicen El Biólogo porque esa es la profesión que estudió en la Facultad de Ciencias de la UNAM, donde fue profesor durante largo tiempo. Su desempeño fructífero en varias áreas del servicio público no ha sido sustantivo para la afición beisbolística que se expresa en El brillo del diamante. Aunque en la información sobre sus autores que proporciona el libro se dice que juega beisbol desde hace décadas, la verdad es que las actividades físicamente extenuantes que le conocemos sus amigos son de otra índole: las tertulias de política y poesía, la exaltada y siempre entrañable discusión y, antes, las sesiones de rumba y jaibol en antros de insólita catadura.

   Amparado por una consagratoria cita del novelista Philip Roth (que enaltece virtudes del beisbol  como “su sabiduría, su leyenda, su poder cultural… sus reglas simples, sus estrategias transparentes, su interminabilidad, su emoción…”) el libro de los Hernández recupera gestas y desniveles de algunos personajes emblemáticos del beisbol mexicano. “Es –dicen– un juego pausado que demanda endiablados relámpagos de velocidad para practicarlo y es el único deporte en el cual la defensiva siempre tiene la pelota”.

   Si algo queda claro aparte de la especializada ilustración de esos autores es que, al beisbol, sus fanáticos suelen ensalzarlo sin moderación. No en balde Yogi Berra dijo que “el beisbol es 90% mental, la otra mitad es física”.

   El escritor californiano Robert Frost dijo que “Los poetas son como los pitchers de beisbol. Ambos tienen sus momentos. El problema son los intervalos”. Ahora sabemos que a esos intervalos están habitados por historias como las que se narran en este libro.

   El brillo del diamante será presentado mañana miércoles 28 de julio a las 19.30 en “La embajada jarocha” (Zacatecas 138, colonia Roma). Además de los autores estarán Gerardo de la Torre, José Woldenberg, Leo Mendoza y Pedro Armendáriz.

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Barras, porras y violencia

Publicado en Cultura by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 14 de mayo de 2004