Sociedad y poder

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De nuevo a clases (a pesar de los profesores faltistas)

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Para decenas de miles de jóvenes, hoy ha sido uno de los días más memorables de su vida porque han entrado a la Universidad. Cada uno de ellos sabe que la oportunidad que tienen no la han alcanzado muchos más que se han quedado sin ingresar a la educación superior –o, en el caso del bachillerato, media superior–. La expectación y la alegría de hoy son plenamente justificadas y se han ganado el derecho a ellas. Lo seguirán teniendo en la medida en que perseveren. De ellos depende, pero también hay que reconocer que las universidades también están obligadas a comprometerse con los jóvenes de la misma manera que les exigen compromiso a ellos.

prepa 4

Lamentablemente no siempre nuestras instituciones educativas están a la altura de tan nobles expectativas. Una amiga me cuenta el desengaño que sufrió este lunes una joven a la que conoce y que hace pocas semanas celebró haber sido seleccionada para ingresar a la Prepa 4 de la UNAM.

La joven (me reservo el nombre porque lo que importa es el episodio que padecieron ella y varias docenas de muchachos más) aguardó con emoción que llegara este día. Sus padres le compraron con similar alborozo los primeros útiles escolares. A la muchacha le ilusionaba entrar a una institución con historia y prestigio como nuestra Escuela Nacional Preparatoria. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

agosto 5, 2013 at 10:04 pm

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Gordillo: viraje, desmemoria… y plagio

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Mostrador

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Los arbitrarios reproches de Elba Esther Gordillo contra las mujeres a las que acusa de que, por trabajar, descuidan la formación de sus hijos, fueron tan escandalosos que desplazaron la discusión de otros puntos de vista del sindicato de los maestros y su extravagante lideresa.

Distintas voces han señalado la parcialidad de aquellas opiniones que culpan a las mujeres que trabajan de la “crisis moral”  de nuestro país. En el mismo documento misógino, Gordillo reniega además de la televisión y las nuevas tecnologías.

Juan Díaz de la Torre, secretario general del SNTE, con la dueña del sindicato

La tesis Gordillo sobre tales medios sostiene que, cuando la familia dejó de ser “el centro de formación de los valores”, ese sitio “fue ocupado por otros sistemas de comunicación”. En vez de “crecimiento espiritual” tenemos entretenimiento sin valores a causa de “el excesivo consumo de televisión chatarra y el abusivo uso de instrumentos lúdicos envueltos en ropajes de tecnología también chatarra”.

El embate sin más argumentos contra el entretenimiento y la reivindicación también inopinada del núcleo familiar, parecen más propios de un documento confesional que de la tradición liberal que, con todo y su déficit democrático, ha tenido el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

octubre 21, 2012 at 8:44 pm

El hombre que siempre llegaba temprano

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Por mucho que me apurase, Fallo Cordera llegaba antes. Aunque por lo general él estaba más ocupado, o tenía horarios más rígidos que yo, se las ingeniaba para estar minutos antes de la hora que habíamos convenido. Así ocurrió durante varias décadas de encuentros frecuentes, por lo general para conversar durante el desayuno o la comida pero también cuando lo visitaba en su entrañable Manzanillo o las muchas ocasiones que trabajamos juntos ya fuese en tareas políticas o académicas.

Esa puntualidad era parte del respeto que solía demostrarle a todo el mundo. La muerte de Rafael Cordera Campos el 26 de noviembre pasado nos dejó atónitos y desconsolados. Hablo en plural, porque Fallo era un hombre queridísimo por sus muchos amigos. Tuve –tengo– la fortuna de haberme contado entre ellos. Nuestras coincidencias y complicidades se extendieron, no obstante vicisitudes políticas o laborales, a lo largo de quizá tres décadas y media. No me acuerdo cuándo lo conocí, pudo haber sido en Punto Crítico, aquel grupo de ex militantes de 1968 (yo no lo fui, pero él sí) que trataba de enderezar una política de izquierdas más allá de la ortodoxia. O fue en los afanes para impulsar el sindicalismo universitario, en la segunda mitad de los 70. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 24, 2010 at 9:44 am

La educación y sus rémoras

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Imagen tomada de crisolplural.com

Elba Esther Gordillo personifica el abuso caciquil, así como el atraso cultural que el sindicato de maestros ha impuesto a la educación en México. La presidenta del SNTE se asocia con el gobernador Peña Nieto y la empresa Televisa con el mismo desparpajo que le permite regalar camionetas Hummer y firmar artículos en los que, sin pena alguna, se refiere a la calidad en la educación.  Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

noviembre 30, 2010 at 7:38 am

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Héroes y huesos, la historia fúnebre

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La primera gran ceremonia de las Fiestas del Bicentenario tuvo como protagonistas a varias cajas con huesos. Se trata, desde luego, de osamentas ilustres que permanecían en la Columna de la Independencia a salvo de averiguaciones y entremetimientos. Una extravagante decisión las puso a desfilar por Paseo de la Reforma, las mantendrá sujetas a un incierto examen en el Castillo de Chapultepec y luego las llevará para ser contempladas por los mexicanos durante todo un año en Palacio Nacional.

Habrá multitudes para presenciar esa insólita exhibición. Si hay quienes admiran las Momias de Guanajuato, con mayor expectación a difuntos tan distinguidos. Allí estará la mandíbula de Allende, por acá el cráneo del cura Hidalgo, ese parecerá el fémur de La Corregidora, por allá las costillas de Guadalupe Victoria… chicos y grandes se maravillarán ante una exposición de la cual obtendrán lecciones seguramente insólitas, pero muy posiblemente distantes de los propósitos patrios que expresan las autoridades encargadas de esta egregia operación osamental.

Hay algo de provincianismo de caricatura, y muy poco de reivindicación histórica, en este homenaje a los huesos de los héroes patrios. Pero, sobre todo, hay mucho de aberración política, y nada de claridad ni siquiera para aprovechar creativamente la oportunidad que le ofrecía el Bicentenario, en esta decisión del gobierno federal.

Los héroes no son sus huesos. Tener que recordarlo a estas alturas, tendría que resultar innecesario de no ser por la estrafalaria celebración en la que nos han embarcado el presidente Felipe Calderón y quienes le hayan aconsejado en este asunto. Venerar las osamentas es una manera de exaltar a Hidalgo, Allende, Aldama, Morelos y compañeros de viaje, pero una de las peores maneras.

El Bicentenario tendría que ser ocasión para reiterar y refrendar valores nacionales: cohesión en torno a propósitos fundamentales, responsabilidad y solidaridad, una idea actual de soberanía, identidad en la historia y otros rasgos comunes, etcétera. Pero ninguno de esos principios está representado en varias cajas con huesos, por muy venerables que sean sus propietarios originales. A los héroes los queremos recordar vivos, como hombres y mujeres con pasiones y convicciones que tomaron decisiones memorables en circunstancias difíciles. Pero nada de eso ocurrirá cuando nos asomemos a osamentas como las de Mariano Matamoros, Francisco Xavier Mina, Andrés Quintana Roo o Leona Vicario.

El historiador José Manuel Villalpando, uno de los responsables del rescate óseo, considera con demasiada grandilocuencia que a nuestros héroes hay que ponerlos a la vista del público de tal manera que “el ánimo de quien visita se conmueva, que propicie el recuerdo agradecido, pero también la reflexión comprometida, que nos haga recordar sus hazañas y anécdotas —todas formadoras de la patria— pero que también nos motive a cumplir y asumir el compromiso de mantener vivos los ideales por los que ellos lucharon…” Pero los niños, jóvenes y adultos que recorran las salas de Palacio Nacional destinadas a esa exhibición se quedarán con un recuerdo petrificado y fúnebre de la revolución de Independencia.

Lo peor será cuando se conozca el resultado del análisis de los huesos para acomodarlos y determinar características como edad, sexo y estatura de aquellos a quienes pertenecieron. Dígase lo que se diga, habrá márgenes para suponer que no se trata de los restos auténticos de los doce próceres que hasta ahora se suponía en la Columna de la Independencia.

El Bicentenario podría haber sido ocasión para construir, ya que no lo tenemos hoy, un proyecto de nación afianzado en la historia pero con una sólida y compartida visión de futuro. En vez de ello, el gobierno federal permanece atascado en una conmemoración aldeana pero a la que, mirada desde otro punto de vista, también se le puede considerar autoritaria. El historiador Enrique Florescano ha equiparado la exhibición de los huesos que hace el gobierno del presidente Calderón con las prácticas déspotas y centralistas de Porfirio Díaz.

Estamos transitando, ha dicho con oportuna ironía el analista Alfonso Zárate, de la narcopolítica a la necropolítica. La primera es tragedia; la otra, nomás comedia.

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Ilustraciones de José Guadalupe Posada realizadas en 1900 para la Biblioteca del Niño Mexicano, editada por los Hermanos Maucci y preparada por Heriberto Frías. Tomadas del sitio de la Colección Jean Charlot de la Biblioteca de la Universidad de Hawaii.

Written by Raúl Trejo Delarbre

junio 4, 2010 at 7:10 am

Una agenda para Lujambio (final)

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En los últimos nueve días, desde que Alonso Lujambio fue designado secretario de Educación Pública, no he leído un solo comentario sobre ese tema que no subraye el reto que significa el contrapoder que ejercen el SNTE y su lideresa en la gestión educativa. Hay quienes incluso han encontrado contradictorio el elogio que hizo Lujambio de la dignidad en la política con la promesa que también formuló para que haya continuidad en la política educativa de la actual administración.

El gobierno y su nuevo secretario de Educación tienen que resolver: política digna con cambios que entonces tendrían que ser de fondo, o continuidad que mantenga la injerencia del sindicato y su lideresa.

El lunes pasado iniciamos la descripción de los 5 grandes retos que a nuestro juicio encara Alonso Lujambio. Estos son los dos faltantes.

4. Los profesores y su sindicato. Los maestros son el patrimonio más importante del nuestro y de cualquier sistema educativo. Pero en México se han convertido, al mismo tiempo, en el más oneroso lastre para que tengamos una educación a la altura de las exigencias que imponen el desarrollo cultural y social del nuevo siglo.

La frecuente reticencia para actualizar sus conocimientos –o la exigencia para, a cambio de ello, lograr promociones como si la instrucción constante tuviera solamente propósitos escalafonarios–, la resistencia a la innovación didáctica y tecnológica, el desgano que contagian a sus alumnos, son defectos frecuentes en no pocos profesores. Se puede reconocer, en su defensa, que los salarios son bajos, las cargas de trabajo abrumadoras y los estímulos infrecuentes. Se puede y se debe advertir que hay notables excepciones y que, desde luego, no todos los maestros padecen esa mezcla de indolencia burocrática y abulia profesional. Son excepciones honrosas que confirman la triste regla de la desidia magisterial.

Sobre todo se puede recordar que en la educación básica, cuando las hay, muchas de las expresiones de iniciativa, empuje y vivacidad entre los profesores suelen tropezarse con esa muralla forjada en el tráfico de privilegios, cimentada en el viejo corporativismo y afianzada en la corrupción que es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Cuando Educación 2001 pregunta qué debe cambiar en la educación nacional lo primero que se me ocurre contestar es “el SNTE”. Si en vez de 5 me hubieran solicitado una respuesta única esa habría sido, sin lugar a dudas, la que hubiera entregado a esta revista.

Tengo la certeza, porque lo conozco y lo he estudiado, porque he examinado la trayectoria de sus dirigentes y sé de las vicisitudes de sus agremiados, de que ese sindicato no sólo se ha convertido en el mayor estorbo para el desarrollo de la educación sino en uno de los más costosos y abrumadores defectos del país. Los profesores, a veces por convenencieros y en otras ocasiones por condescendientes, han permitido la permanencia de un sindicato que para la sociedad mexicana se ha vuelto sinónimo de compraventa de influencias y de abusos ilícitos. No me refiero sólo a una sino a varias de las facciones que lo encabezan. La otrora disidencia democrática se ha mimetizado, en buena medida, al clientelismo y a la demagogia del viejo sindicalismo. Y la dirección nacional actúa más como grupo de presión política que como el liderazgo gremial, con responsabilidad, que los maestros y el país merecen. Elba Esther Gordillo pudo haber sido una dirigente capaz de reconocer y alentar la diversidad y el recambio indispensables en un sindicato de esas dimensiones. En vez de ello, movida por una acaparadora ambición, ha hecho del sindicato un instrumento político y se ha convertido, ella misma, en uno de los personajes más desagradables de la incierta transición política por la que atraviesa nuestro país.

5. Los medios de comunicación. El sistema educativo mexicano no ha reconocido a los medios de masas, especialmente a la televisión y a la radio, como instrumentos indispensables en la enseñanza de y para la sociedad. No pretendemos que esos medios sirvan como apoyo directo a las tareas docentes –aunque, por otro lado, México se sigue debiendo a sí mismo la existencia de un auténtico y ambicioso sistema de enseñanza a distancia, apuntalado en los medios masivos, como los que desde hace décadas existen en la Gran Bretaña y Costa Rica entre otros sitios–. Más allá de los contenidos específicamente curriculares, los medios tendrían que ser puertas siempre abiertas para inculcar valores en y de la sociedad mexicana.

El civismo, por ejemplo, podría aprenderse en sus rudimentos básicos en el salón de clases pero tendría que ser cotidianamente ratificado en los programas de televisión. Como todos sabemos, lo que a diario sucede es exactamente lo contrario. La televisión no sólo tiende a competir con los contenidos que se les imparten a niños y jóvenes en el aula. Además, por lo general induce valores antagónicos a los que pretende arraigar el sistema educativo.

Necesitamos una educación que contemple entre sus escenarios imprescindibles al de los medios de comunicación de masas. Sin embargo el de los medios ha sido relegado por la sociedad, pero también por el Estado mexicanos, como un asunto que compete a empresas privadas o, en su defecto, a iniciativas oficialistas. Ese alejamiento es tal que, en el régimen legal para la radiodifusión, la Secretaría de Educación Pública no tiene una auténtica participación. La regulación de la televisión y la radio corre a cargo de las secretarías de Gobernación y de Comunicaciones y Transportes, como si los contenidos y la influencia de tales medios fuesen únicamente asuntos políticos o técnicos y no con las dimensiones educativas que alcanzan todos los días, a toda hora.

Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 15, 2009 at 4:58 am

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Una agenda para Lujambio

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Hombre culto, conocedor del trabajo académico, con experiencia política y cercanía al grupo en el poder, Alonso Lujambio despacha ahora en la mítica oficina que antes fue ocupada por José Vasconcelos pero también por Fausto Alzati. Su reciente compromiso con la transparencia define una de sus obligaciones iniciales al frente de la Secretaría de Educación Pública. La confianza que le tiene Felipe Calderón permite suponer que tendrá el respaldo suficiente para enfrentar los abundantes cuan añejos rezagos que enfrenta la SEP. Pero el temor del mismo Calderón al poder caciquil que sigue enquistado al frente del sindicato de maestros es fuente, al mismo tiempo, de augurios adversos para la gestión de Lujambio.

Ya se verá. Hace tres años la revista Educación 2001 nos preguntó a varios autores cuáles son los cinco grandes factores que debieran cambiar en la educación nacional. El texto que sigue parte de las respuestas que entregué en aquella ocasión, actualizándolas y ampliándolas. All se encuentra una agenda nada original pero necesaria, precisamente por elemental.

1. Las prioridades de la educación. Por mucho que se dice lo contrario, seguimos teniendo una educación que, al menos en sus etapas básicas, sigue siendo fundamentalmente memorista, reiterativa, monótona y plana. A los niños en Primaria se les sigue requiriendo el aprendizaje de largas listas de nombres, sitios, fechas y fórmulas sin que se les inculque, antes que nada, el entendimiento acerca de la utilidad de esos datos. Se trata de una educación, en palabras de Olac Fuentes Molinar, “que impide a los niños contextualizar el conocimiento que adquieren, por lo que podríamos calificar que en las escuelas con mejor desempeño tenemos estudiantes ‘macheteros’ con muy buena memoria”.

Al conocimiento se le confunde con la acumulación de datos, al discernimiento, con la memoria. El síndrome de los macheteros resulta patéticamente infecundo, pero además pedagógidamente gravoso, en los actuales tiempos de sociedad de la información. Hoy en día los niños y jóvenes se encuentran expuestos a torrentes de datos. Ya no hace falta saber de memoria los nombres de los Niños Héroes, la tabla completa de los elementos químicos o las capitales de los países africanos. Lo que resulta necesario es entender quiénes se dice que fueron los Niños Héroes y en qué contexto histórico se les ubica, para qué sirven los nombres de los elementos químicos y en dónde se encuentran y qué desarrollo social y político han tenido las naciones de África.

A los estudiantes de hoy les resulta indispensable saber discriminar cuál información resulta confiable y, cuál no, de entre los raudales de datos que pueden encontrar en Internet o que les ofrecen los medios de comunicación convencionales. Nuestra enseñanza, en todos los niveles, debería estar primordialmente orientada para pensar y para investigar. Hoy en día nadie aprende, salvo para salir del paso en el examen del día siguiente, una extensa relación de nombres si no comprende cuáles son su significado y utilidad. Y allí se encuentra una de las rémoras de nuestro sistema educativo. Contenidos y mecanismos de enseñanza suelen ser espeluznantemente aburridos. Niños y jóvenes bostezan aun antes de entrar al salón de clases porque saben que se encontrarán con una retahíla de discursos y exigencias a los que no les encuentran sentido. Por supuesto hay excepciones, cuando tienen la fortuna de encontrarse con profesores entusiastas e imaginativos. Pero esos son dos atributos por desgracia escasos en el magisterio de nuestro país –y, en general, en la vida pública mexicana–.

2. La evaluación. Evaluar escuelas, planes de estudio, maestros y al sistema escolar mismo se ha convertido en una moda pero casi nunca los evaluados y los evaluadores se preguntan para qué tendrían que servir esos ejercicios de revisión, cotejo y apreciación. La evaluación, cuando la hay, tiende a ser una rutina y no el momento sobresaliente que podría constituir en la relación entre la escuela y la sociedad.

En la enseñanza básica, la evaluación suele servir fundamentalmente para resolver expedientes de promoción laboral o para nutrir informes burocráticos a los que, por añadidura, la sociedad no suele tener acceso. En las universidades la evaluación por lo general es un mecanismo de autocomplacencia, simulaciones y eventualmente incluso de represalias pero pocas veces constituye una oportunidad para identificar y enmendar insuficiencias de carácter académico.

Para una gran cantidad de funcionarios y profesores universitarios la evaluación, cuando la hay, se ha convertido en monserga admisible sólo porque de ella dependen reconocimientos y financiamientos. A la evaluación no se la reconoce como ejercicio indispensable que tendría que formar parte de la autocrítica que debiera acompañar al desempeño de las tareas universitarias. Hace dos décadas, cuando la UNAM realizó su Congreso Universitario, una de las propuestas que más antipatías suscitó fue, precisamente, la que sugería que hubiera mecanismos de evaluación regulares para estimar el desempeño del personal académico. Y la misma UNAM ha sido una de las pocas universidades relevantes en el país que ha expresado reticencias a la evaluación por parte de instituciones como el CENEVAL.

3. El empleo de nuevas tecnologías. A las computadoras, la Internet y otros recursos que amalgaman la digitalización de los contenidos con su teletransmisión se les ha mitificado de dos maneras en nuestro sistema educativo.

Por una parte hay quienes por ignorancia o temor, o por una suerte de fundamentalismo didáctico, descalifican a esos que no son mas que instrumentos que de la misma manera que facilitan la socialización y la propagación de informaciones, también pueden facilitar la enseñanza. Con frecuencia, profesores de todos los niveles y especialmente con varias décadas de experiencia docente desprecian la utilización de tales recursos a veces simplemente porque nadie les ha enseñado a aprovecharlos y, en otras, porque se sienten tan distantes de ellos que prácticamente llegan a considerar que compiten con su propio trabajo. La ausencia de proyectos de capacitación razonables, razonados y accesibles para los profesores, desde la primaria hasta la Universidad, mantiene a muchos de ellos en la creencia de que esas tecnologías sirven sólo para encauzar el ocio e incluso para propiciar la haraganería de los estudiantes jóvenes y no como herramientas de aprendizaje.

La otra forma de fundamentalismo en este campo es la de quienes, en el extremo opuesto, ensalzan de tal manera a la Internet y a la computadora que llegan a considerar que en ellas y con ellas se resuelven los déficit de nuestro entramado educativo. La expresión más patética, costosa y bochornosa de ese fanatismo tecnofílico ha sido la manera como el presidente Fox y su gobierno promovieron, con propósitos propagandísticos más que didácticos, el proyecto Enciclomedia. Apoyado en una plataforma tecnológica innecesariamente costosa, subordinado al menos en sus inicios a los contenidos que había diseñado la empresa Microsoft, emprendido sin un plan de capacitación para los profesores que hipotéticamente habrían de aprovecharla y cerrada a la diversidad de contenidos que hay en la Internet la Enciclomedia, a pesar de los esfuerzos de sus propagandistas, se está convirtiendo en prematuro y dispendioso elefante blanco de este sexenio.

Las computadoras y la Internet son instrumentos formidables cuando están en manos de profesores y estudiantes con aptitud y calificación para aprovecharlas. En México no hemos contado con un plan nacional para que la sociedad –y en primer lugar los jóvenes, los niños y sus maestros– se beneficien de esa plétora de información y conocimiento. En el terreno de la enseñanza no hemos comenzado a construir una auténtica sociedad de la información. Lo que tenemos, en vez de ella, es una patética sociedad de la simulación. (Concluirá el miércoles).

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Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 13, 2009 at 3:05 am

Publicado en Educación, Universidad

Vázquez Mota, las manos atadas

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La renuncia de Josefina Vázquez Mota constituye la más palmaria aceptación del gobierno al fracaso que ha tenido en la gestión de la educación pública. La hasta antier titular de la SEP competirá por una curul en San Lázaro. Posiblemente, se dice ahora, coordinará a los diputados de Acción Nacional aunque no es la única en disputar esa posición.

Sea cual sea el destino de Vázquez Mota ninguna curul, por encumbrada y estratégica que parezca, resulta más importante que el despacho por el que pasaron José Vasconcelos, Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Fernando Solana y Jesús Reyes Heroles, que fueron algunos de los secretarios capaces de entender y reivindicar el valor de la educación.

Josefina Vázquez Mota no pudo y todo parece indicar que el estancamiento en la enseñanza que el país ha experimentado en los años recientes no se debió precisamente a ineficiencia o inexperiencia de la ahora ex secretaria sino a que nunca contó con la autoridad necesaria para ello.

Cuando la designó hace 28 meses, al comenzar su gobierno, el presidente Felipe Calderón le entregó a Vázquez Mota la conducción de la SEP pero le ató las manos para reorganizar de manera racional y eficiente a esa enorme institución. La secretaria de Educación tenía instrucciones para no enfrentar el poder, cada vez más aciago y costoso, de Elba Esther Gordillo.

Los desencuentros entre esas damas fueron comidilla de los reporteros gráficos y las columnas políticas. Las muchas ceremonias en donde apenas si se saludaban, indicaron el tamaño de las tensiones entre una secretaria que tenía la obligación de mejorar el panorama educativo pero sin tocar a la lideresa y una dirigente magisterial empeñada en defender privilegios e incluso frecuentes caprichos.

La sumisión que el presidente Calderón ha mantenido respecto de los antojos de Elba Esther Gordillo sigue siendo inexplicable. Por muy afianzada que esté su creencia de que le debe algunos de los votos que le permitieron ganar la elección de 2006 –creencia que es errónea como hemos demostrado en más de una ocasión– Calderón tendría que haber reconocido que mientras más poder le confiere a esa dirigente sindical, más padece y se estruja la situación de la enseñanza pública en México.

Hace menos de dos semanas, en la columna que escribe para el suplemento Campus del diario Milenio, Gilberto Guevara Niebla subrayaba así el daño que la “maestra” Gordillo, con la connivencia o al menos la tolerancia del presidente de la República, le ocasiona a la educación de los niños y jóvenes en este país:

“La lideresa del SNTE es un personaje que no conoce la humildad, de modo que su nuevo poder la ha conducido a asumir actitudes de una prepotencia sin paralelo. Una demostración de esa actitud desmesurada fue la auténtica ‘imposición’ de un nuevo Programa Sectorial a la SEP (cuando ésta ya había dado a conocer el programa oficial). Este nuevo programa cristalizó en el llamado Acuerdo por la Calidad de la Educación (ACE)”.

Cuando fue anunciado en mayo pasado muchos comentaristas, quizá movidos por buenos propósitos o confundidos por la propaganda del gobierno, consideraron que ese Acuerdo era un paso pertinente. En aquella ocasión comentamos que pactar la calidad de la enseñanza con Elba Esther Gordillo equivalía a acordar el combate a la delincuencia con el “Chapo” Guzmán.

El precario desarrollo de ese convenio lamentablemente ha confirmado las expectativas pesimistas. El ya citado Guevara Niebla, director de la revista Educación 2001 y que fue subsecretario de Educación hace dos sexenios, comenta: “El ACE se ha convertido en un dolor de cabeza para la SEP por la sencilla razón de que fue el resultado de una improvisación y de que su ejecución depende en 100 por ciento de la voluntad del SNTE. El caso más visible es el ‘examen de ingreso’ a los nuevos docentes. Aunque el SNTE estuvo en su concepción, el SNTE mismo ha apoyado —cuando así le ha convenido— a docentes que rechazan el examen. Por su parte, la SEP tiene las manos atadas para actuar, dado que la lideresa del SNTE acuerda directamente con el presidente, no con la SEP. Este círculo vicioso no tiene solución a la vista y puede ser que dañe de manera permanente la estructura y el funcionamiento de la educación nacional —a menos que el presidente Calderón decida otra cosa– ” .

Ojalá que Calderón hubiera resuelto algo distinto a la ruta de descomposición que lleva la educación a cargo de la SEP. Pero de haber ocurrido así no habría tenido que aceptar o propiciar la renuncia de Josefina Vázquez Mota, sino darle toda la autoridad que cualquier titular de la SEP necesita para enfrentar el cacicazgo de Elba Esther Gordillo y, sin demérito de los derechos de los profesores, conferirle a la enseñanza un curso distinto del que imponen intereses facciosos, inercias gremiales e incluso negocios de los dirigentes gremiales.

Esta columna dejará de publicarse durante el resto de la semana. Aparecerá de nuevo en este sitio el lunes 13 de abril.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 6, 2009 at 4:15 am

Publicado en Calderón, Educación, Gobierno

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