Sociedad y poder

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El escarnio vende más

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La observación de los medios de comunicación se ha convertido en necesidad de la democracia. En la medida en que se les puede analizar y discutir a partir de los contenidos que hacen públicos, los medios tienen una fuente de contrapesos y evaluaciones que resultan de la mayor utilidad política, académica y desde luego ciudadana.

Como espectadores de ellos, todos justipreciamos cotidianamente a los medios de comunicación. Gracias al contexto, a la experiencia, al afán complaciente o crítico con que consumimos sus mensajes, cada uno de nosotros decodifica de manera diferente, de acuerdo con la circunstancia de cada quien, los contenidos de los medios a los que estamos constantemente expuestos. Pero una cosa es evaluar de manera personal los medios cuyos mensajes miramos, leemos y escuchamos y otra, contar con datos específicos de ese comportamiento. Allí radica el mérito del examen sistemático de esos contenidos. Las observaciones profesionales de medios cuantifican, comparan, discuten y hacen públicos esos resultados.

En América Latina, los observatorios de medios cada vez se consolidan mejor y ganan mayor autoridad ética y cívica en sus respectivos países. En México, aunque todavía no disponemos de observatorios de medios que hagan un seguimiento constante y amplio de los contenidos de la televisión y la radio, desde hace dos décadas hay evaluaciones académicas y ciudadanas acerca de la cobertura que recibieron las campañas electorales. En esa tarea, los equipos a los que desde hace 15 años han encabezado Miguel Acosta y Sergio Aguayo han tenido un desempeño frecuente y valioso. Con metodologías y objetivos específicos que han ido evolucionando, esos estudiosos han mantenido la atención puesta en el comportamiento de los medios delante de diversos procesos electorales.

Anoche fue presentado el estudio que Aguayo y Acosta, ahora en la organización Propuesta Cívica, A.C., junto con un grupo de acuciosos observadores, realizaron acerca de las campañas federales que culminaron en la elección del 5 de julio pasado. A partir de la preocupación por la calidad de las campañas, examinaron 2043 spots y videos que localizaron tanto en la televisión abierta como en YouTube. La gran mayoría de esos materiales, 2008, circuló en ese sitio en Internet.

Muchos de esos videos tenían una producción que puede considerarse profesional. Sin duda ello solo fue posible gracias a la decisión de los partidos para, además de en los medios convencionales, desplegar sus campañas en Internet. La sola contabilidad de los videos de acuerdo con las simpatías partidarias que quienes los hicieron, resulta significativa. La tercera parte de ellos (666 documentos) apoyaba a candidatos del PRI o a la campaña nacional de ese partido. Otros 393, eran proclives al PAN. En respaldo al PRD o a sus candidatos, hubo 240.

La coalición formada por Convergencia y el Partido del Trabajo tuvo 180 videos. El Partido Social Demócrata, 143. Nueva Alianza, 66 videos y el Partido Verde, que posiblemente no se interesó demasiado en esa opción para hacer propaganda porque contó con el ostensible y en ocasiones ilegal respaldo de las televisoras, tuvo 44  videos. Hubo, además, 275 mensajes colocados por ciudadanos sin identificación específica.

En ese universo, conformado por videos anónimos y/o sin preferencia específica por algún partido, estuvieron los mensajes más agresivos en el inventario que reunió Propuesta Cívica. 209 de los 2008 videos fueron considerados como “negativos” por esos analistas. 201 de ellos, fueron materiales no atribuibles a partidos políticos.

Lo que a los partidos les interesaba, mal que bien, por lo menos en los contenidos claramente inducidos por sus dirigentes o simpatizantes, era exponer puntos de vista. De los 1731 materiales identificados con partidos, 1108 son considerados como de “posicionamiento” y 573 como de “propuesta”.

Sin embargo los videos más exitosos fueron, como es de suponerse, los más agresivos. Sus índices de audiencia, registrados a partir de los datos de descargas que ofrece YouTube, confirman que la descalificación, el escarnio y la confrontación resultan mucho más atractivos que la exposición de programas o trayectorias.

Nada hay de sorpresivo en esa conclusión, pero el estudio de Acosta, Aguayo y compañía, tiene el valor de las verdades que son demostradas de manera irrefutable. Quizá no lo son tanto algunas de las conclusiones de esos autores cuando dicen, preocupados por la orientación de los contenidos más exitosos:

“Los mensajes negativos, sin importar su origen o autoría, encuentran en el electorado mexicano un público más interesado en los insultos y ataques que en las propuestas o programas de acción. Aunque no puede definirse qué tanto esa conducta se debe a la pobreza de las propuestas mismas o a la falta de creatividad en su transmisión, sí es posible concluir, a la luz de los resultados arrojados por el monitoreo, que los spots negativos tuvieron mucha más audiencia, lo que significó que fueron más efectivos que los anuncios apegados a los lineamientos legales”.

¿Es posible suponer que la conducta de los ciudadanos puede ser evaluada por el comportamiento de quienes miran los videos más políticamente escandalosos en la Red? Y más aún, ¿el hecho de mirar esos videos, es indicio de que el ciudadano que se solaza o se preocupa con ellos tiene bajos índices de cultura política? ¿Qué es y cómo puede establecerse la eficacia de un mensaje electoral? Esas son algunas preguntas suscitadas por el nuevo trabajo de Acosta y Aguayo del que aquí solamente hemos mencionado algunos datos y hallazgos.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Septiembre 30, 2009 a 4:31 am

Escrito en Elecciones 2009, Medios

Noticieros sin política

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La radio y la televisión hicieron una cobertura exigua de las campañas políticas durante la más reciente temporada electoral. Desplazadas por la discusión en torno a los spots que colmaban los tiempos estatales en los medios electrónicos, las noticias acerca de las actividades proselitistas de los partidos pasaron a segundo plano. Ese relegamiento no se debió necesariamente a la ausencia de interés periodístico de las informaciones que surgían de los actos de campaña sino, al menos en casos notorios, a una política informativa destinada a minimizar la cobertura de los eventos partidarios.

Algunos noticieros de la televisión nacional destinaron únicamente 3 o 4 minutos a esas informaciones en el transcurso de los dos meses de duración que tuvieron ahora las campañas electorales. Los noticieros que transmiten de lunes a viernes pudieron difundirse en 43 ocasiones durante el periodo de campañas, del 3 de mayo al 1 de julio. Algunos de ellos transmitieron, en promedio, menos de 5 segundos diarios de noticias electorales. En otros, particularmente en la radio, hubo más de 10 minutos diarios de noticias electorales.

Esas son algunas apreciaciones que se pueden hacer a partir del Monitoreo de noticieros que hizo la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM por encargo del Instituto Federal Electoral. Los resultados del Monitoreo, publicados por el IFE en su sitio en Internet, muestran la cantidad de minutos y segundos que ocuparon las informaciones electorales de cada partido durante el mencionado lapso. Con esa información, calculamos el total de minutos de una decena de noticieros de televisión y una veintena de radio, originados en la ciudad de México.

En la radio matutina todos los noticieros analizados, excepto tres, le dieron más tiempo a las campañas del PAN que a otros partidos. La diferencia más notoria estuvo en el noticiero que conduce Eduardo Ruiz Healy en Radio Fórmula, con casi 40% de su espacio para noticias de esa índole destinado al partido en el gobierno.

Los noticieros más priistas, si se les evalúa por el espacio a cada partido, fueron los de Pedro Ferriz de Con en el Grupo Imagen (33.6%) y Óscar Mario Beteta en Radio Fórmula (22.4%). Pulso de Radio Educación, que conduce Hilda Saray, destinó el 22.4% a notas sobre el PRD.

De todos los programas considerados en esta evaluación Antena Radio, que conduce Mario Campos en el IMER, fue el que más tiempo destinó a la cobertura de campañas con un total de 584 minutos. Allí, la asignación de tiempos a los partidos fue notoriamente equilibrada.

El más favorable al Partido Verde fue el noticiero de Carmen Aristegui en MVS Radio, en donde ese partido ocupó 118 de los 361 minutos dedicados a campañas políticas, el 32.7% de dicho espacio.

En los noticieros de media tarde, Fórmula de la Tarde conducido por Ciro Gómez Leyva dedicó 40.7% de esos espacios al PAN, en tanto que Joaquín López Dóriga, también en Radio Fórmula, destinó 33.7% al mismo partido.

En noticieros seleccionados y que se difunden a partir de las 6 de la tarde, las preferencias fueron más variadas. José Cárdenas Informa, en Radio Fórmula, le dio el 42.5% de su espacio a las noticias del PAN y solo 13% al PRD. La tercera emisión de Hoy por Hoy en W Radio, con Salvador Camarena, asignó al PRD casi el 39% de tales informaciones.

Todos estos datos han sido calculados a partir de la información del IFE. Colocada en línea desde mediados de julio, esa información no había sido desmentida por ninguna empresa de comunicación.

De los noticieros de televisión que elegimos para este cotejo, el más interesado en las campañas fue Primero Noticias, que conduce Carlos Loret de Mola por las mañanas en el canal 2 de Televisa. Ese programa les dio a las informaciones electorales 102 minutos; de ellos, algo menos del 31% fue para el PAN y una cantidad casi idéntica para el PRI. El noticiero matutino de Canal Once le dio más espacio al PAN (26.9%) que al PRI (22.6%).

Por las tardes, la televisión ignoró las campañas. Info7, de Televisión Azteca, se interesó en las notas sobre ese tema únicamente durante 3 minutos. El Noticiero con Lolita Ayala, en canal 2, destinó 4 minutos a ese asunto durante los dos meses de campañas. Dos de esos minutos fueron para el PRI, pero tratándose de universos tan limitados los porcentajes pueden ser escasamente significativos.

Por las noches, los noticieros de televisión ofrecieron algún contraste. Casi el 30% de las informaciones en el espacio de Joaquín López Dóriga en el canal 2 fueron para el PRD y el 23% para el PRI. Menos del 21% del espacio de esa índole en el noticiero emblemático de Televisa reseñó la información de las campañas panistas.

En cambio las notas en Hechos, que conduce Javier Alatorre en canal 13, fueron en un 27% para el PAN y solamente en 16.8% para el PRI. Las Noticias con Adela, de Adela Micha en el canal 9 de Televisa, destinó al PRD el 39.9% de sus espacios de campañas, al PAN 38.4% y al PRI únicamente 14.1%.

Este texto forma parte de un artículo más amplio publicado en la revista Zócalo del mes de septiembre.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Septiembre 18, 2009 a 11:46 am

Escrito en Elecciones 2009, Medios

Juanito: el descontón y el agandalle

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“Juanito” transita de una estación radiofónica a otra, acepta entrevistas de medios lejanos a los que no conocía, se vuelve estrella de la veleidosa pero notoria farándula política y, en cada declaración, se recrea a sí mismo como personaje lenguaraz y picaresco.

Gracias a la curiosidad mediática y a la heterodoxia que ha significado en un escenario político tedioso y plano, el delegado electo en Iztapalapa ocupa frecuencias radiofónicas y páginas en los diarios. El desafío que mantiene hacia los dirigentes del círculo obradorista que esperaban beneficiarse con su dimisión, prorroga por varios días sus 15 minutos de fama.

Salió respondón, en contraste con la actitud sumisa que había manifestado aquella tarde de junio cuando, para enfrentar la decisión judicial que dejó a Clara Brugada sin la candidatura perredista en esa delegación, Andrés Manuel López Obrador propuso votar por “Juanito”, que ya era candidato del PT, y lo instruyó en público para que en caso de ganar renunciara a ese cargo en beneficio de la fallida candidata. Aquella demostración de autoritarismo, dibujó con toda transparencia el talante mandón y grosero de López Obrador y mostró a un “Juanito” cuya reverencial mansedumbre ha sido desplazada ahora por un personaje de intereses y voluntad propios.

Ese es el viraje que convoca la atención mediática y que ha convertido a Rafael Acosta Ángeles en creador y protagonista de un personaje inesperado. Se habla de él y se le ve y escucha más que si se tratara de un candidato en campaña. Y candidato no es, porque ya ganó, y por mucho, la elección delegacional. Pero de alguna manera se puede reconocer que se encuentra en campaña: no por una posición política sino para afianzarse a sí mismo como actor de la vida pública. Acosta se encuentra en campaña para vender lo más cara posible su renuncia a la jefatura delegacional.

En estos días se ha reinventado a sí mismo. Dejó de ser el individuo plano y resignado que se había supuesto y se mostró con ambiciones y voluntad propias. Hizo a un lado el porte contestatario que antes lo llevó a servir como reventador de reuniones políticas e incluso a ser utilizado como carne de cañón en acciones de provocación ordenadas por alguna de las tribus perredistas. Ahora es un político institucional, que de repente se convirtió en usufructuario de la alianza de varios partidos en Iztapalapa y ganó la delegación más poblada y conflictiva del DF.

Hasta ahora Juanito era personaje de reparto, tanto en los mitines y zipizapes callejeros, como en la película de ficheras en donde apareció bailando con Lyn May. De pronto, dejó de ser instrumento de otros para trocarse en intérprete de un guión que él y sus amigos más cercanos están imponiéndole a la coalición obradorista.

En realidad no hay transformación, sino transfiguración. Se modifica la apariencia, más no el fondo en el comportamiento de Acosta Ángeles. Juanito se ha forjado en el convenencierismo y el pragmatismo. Como seguidor de causas políticas, ha sido saboteador pero nunca constructor de opciones. Como beneficiario de la economía informal, ha sido tianguista y vendedor ambulante. Lo que hace ahora es cacarear sus posibilidades políticas con la misma locuacidad con que vendía sus productos en las calles.

A cambio de renunciar para que se inicie el proceso que podría desembocar en la designación de Brugada, Juanito quiere disponer de la mitad de las plazas de confianza de la Delegación Iztapalapa. Primero dijo que esas chambas serían para sus cuates. Ahora sostiene que las distribuiría entre militantes del PT, aunque ese partido asegura que no le interesan tales plazas sino la renuncia de su renegado candidato.

En ese afán, es el mismo de siempre: simulador, exagerado, hecho a la argucia y al embuste. Nada de eso le daría notoriedad, de no ser porque además exhibe el atractivo que siempre tienen los personajes repentinamente vencedores.

Juanito parece, como ha escrito José de la Colina, surgido de “uno de los más sarcásticos cuentos de Mark Twain o de Ambrose Bierce o de Jorge Ibargüengoitia”. De pordiosero a millonario. De tianguista a delegado. No es un personaje de ideas, ni de principios, sino de actitudes y poses. Cuando estaba en campaña respondía a las preguntas de los reporteros después de consultar unas tarjetas de las que no se apartaba y que le habían escrito sus amigos que lo asesoran. Ahora no requiere de tales respaldos y deja fluir una elocuencia demagógica y tintanesca pero profundamente atractiva en la planicie mediática.

Constructor de su propio personaje, Acosta Ángeles habla de Juanito en tercera persona, como de alguien que no le es ajeno pero que tampoco es él mismo.

Otrora provocador y tianguista, la cultura política de Juanito es la del descontón y el agandalle. Por eso no le ha importado insistir en que podría dejar de cumplir el compromiso que tiene con los partidos que lo respaldaron. En tal actitud, ha tenido que pensar en las chambas, el sueldo, los cuates y la fama antes que en cualquier obligación política. En ese terreno, mantiene dos posibilidades: el regreso del Juanito disciplinado que honrará su compromiso con el Peje renunciando a la delegación, o la consolidación del Juanito que considera suyos los 180 mil votos que recibió el 5 de julio.

La primera opción, propiciaría el desplazamiento de Juanito para que Rafael Acosta Ángeles vuelva a ser actor de reparto, quizá merced a un atractivo arreglo financiero. La otra, rompería los acuerdos obradoristas para Iztapalapa, podría propiciar el retorno a esa delegación del grupo del PRD desplazado por Brugada y aliados pero además sería un desastre político y administrativo. Juanito puede ser simpático para algunos, pero da miedo imaginarlo a cargo de la delegación más pobre, peligrosa y peliaguda de la ciudad de México. (El gobierno de Brugada no sería necesariamente mejor y confirmaría el enquistamiento delegacional de una camarilla resentida y embaucadora).

La aparente traición de Juanito, si se consolidara, ha sido entendida en diversos medios como una derrota para López Obrador. Pero hay otras interpretaciones. Francisco Báez Rodríguez sugiere que, de ser delegada, Clara Brugada no sería incondicional de López Obrador e incluso podría estar más dispuesta a alinearse con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. Juanito como delegado por otra parte, dice ese comentarista, constituiría un problema constante para la gobernabilidad de la ciudad de México y dificultaría las posibilidades de Ebrard para alcanzar la candidatura perredista dentro de algo más de dos años.
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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Agosto 28, 2009 a 4:23 am

Product placement (o la camiseta de Raúl Araiza)

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El actor Raúl Araiza fue, junto con la señorita Maite Perroni, la imagen del Partido Verde en la reciente campaña electoral. Sus retratos luciendo el emblema del Tucán, la promoción que hicieron de la pena de muerte e incluso después de los comicios el agradecimiento a los despistados ciudadanos que votaron por ese partido, no dejan dudas sobre la identificación de ese actor con el PVEM.

Araiza no es un hombre especialmente interesado en la política. Tampoco es militante del Partido Verde. En alguna entrevista admitió que aparecía en los spots de ese partido por indicaciones de Televisa, la empresa para la que trabaja.

Esa televisora respaldó al PVEM con tanto ahínco que, para ello, violó la legislación electoral de varias maneras. Semanas antes de las elecciones, Televisa difundió anuncios de la revista TV y Novelas en donde se entrevistaba a Araiza y Perroni haciendo elogiosas declaraciones sobre el Partido Verde. La autoridad electoral sancionó esos anuncios no porque tales actores no tengan derecho a expresar sus preferencias políticas sino porque aquellas entrevistas eran pretexto para mostrar emblema y lemas del PVEM en televisión.

El respaldo de Televisa al Partido Verde llegó al extremo de presentar a Araiza, en una telenovela en la cual actuaba, vistiendo una camiseta en donde anunciaba “Soy Verde”. Durante varios días el personaje interpretado por Araiza en la telenovela “Un gancho al corazón” apareció con esa indumentaria. En capítulos precedentes, se había presentado con una camiseta idéntica pero con otra leyenda.

El afán para hacer propaganda política con ese telenovelesco recurso resultó evidente. El actor conocido por ser promotor del PVEM, cuya imagen asociada a ese partido fue intensamente publicitada por Televisa, apareció en una telenovela de esa empresa con una leyenda que recordaba tal identidad política.

El IFE discutió antier, miércoles, un proyecto de resolución para sancionar esa propaganda ilegal del PVEM y Televisa. De acuerdo con la síntesis que leyó Edmundo Jacobo Molina, secretario ejecutivo de esa institución y autor del proyecto, “el actor Raúl Araiza en el tiempo del proceso electoral se convirtió en icono de los promocionales, los espectaculares, los carteles y en general, de toda la propaganda que desplegó el Partido Verde Ecologista de México en este año electoral. Su figura devino claramente distintiva del partido, a todo lo largo y ancho del país y en plena actuación, acabó apareciendo dentro de una telenovela, transmitiendo a las cámaras y al público una de las frases inequívocas de la campaña y que a su vez, fueron utilizadas simultáneamente por el Verde Ecologista dentro de su propia estrategia electoral”.

El proyecto de resolución les proponía a los consejeros electorales “dilucidar si en la transmisión, los días 22, 23 y 24 de junio, de la telenovela ‘Un gancho al corazón’ con el actor portando una ostensible playera con la leyenda ‘Soy Verde’, infringía o no la normatividad electoral. Y si era el caso, debíamos determinar a quién le es imputable la violación”.

Al parecer esa propaganda, impresa de tal forma en la vestimenta del actor, no solamente apareció en los días antes mencionados. La proclama verde de Araiza en la telenovela se difundió además en otras fechas, por ejemplo el 18 de junio, como se puede apreciar en el ubicuo YouTube.

En todo caso, habría bastado un día para que se pudiera acreditar la transgresión a la ley electoral. Las normas actuales, como es sabido, prohíben la contratación de propaganda política en radio y televisión. Si pagó por esos anuncios en la telenovela, el PVEM violó la ley lo mismo que Televisa por aceptar esa contratación. Si se trató de publicidad otorgada de manera gratuita, habría sido una forma de contribución no legal a la campaña de ese partido.

Sin embargo, displicentes como han decidido ser con las televisoras, cinco de los 9 consejeros del IFE decidieron que la exhibición de la playera verde sí constituía una falta pero no les impusieron multas sino únicamente una simbólica amonestación pública al PVEM y a Televisa.

Los mercadólogos de Televisa denominan “integración de producto” a la exhibición o mención de productos o marcas dentro de escenas que forman parte de la programación normal. Esa es una práctica cada vez más extendida dentro de la televisión internacional, aunque la posibilidad de que constituya motivo de engaños contra los televidentes ha llevado a distintos Estados a crear normas para regularla. La propuesta de dictamen del IFE hace referencia, por ejemplo, a las disposiciones en la Unión Europea que han autorizado la publicidad insertada dentro de contenidos televisivos pero siempre y cuando se le avise al telespectador que se trata de menciones pagadas por un anunciante.

Televisa no solamente no advierte a sus televidentes cuando la mención o inclusión de un producto o un nombre se deben a un acuerdo comercial, sino que enmascara intencionalmente esa práctica.

El empleo del “product placement”, o emplazamiento de producto, ha suscitado intensas discusiones en la industria de la televisión y entre los espectadores más inquisitivos de ese medio. Hace un año, en la Gran Bretaña, los directivos de la cadena de televisión privada ITV anunciaron que utilizarían dicho procedimiento para difundir publicidad y, de inmediato, las acciones de esa empresa cayeron varios puntos. En aquella ocasión el entonces secretario de Cultura británico, Andy Burnham, declaró que el product placement ponía en riesgo la ya de por sí deteriorada confianza en la televisión. El televidente “no quiere sentir que el argumento ha sido escrito por el director de mercadotecnia comercial”, dijo ese funcionario.

En México, ahora los espectadores de Televisa saben que sus telenovelas pueden estar escritas ya no solamente por publicistas de productos comerciales, sino por los propagandistas del detestable Partido Verde.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Agosto 21, 2009 a 4:48 am

Qué debería cambiar

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Quieran o no, instituciones y gobernantes tendrán que responder a los resultados electorales del 5 de julio. Algunos lo hacen ya magnificando o menospreciando, según les haya ido, las consecuencias de esa votación. Otros, prefieren aparentar que están más allá de las coyunturales decisiones en las urnas.

1. Calderón. El semblante hosco, el discurso severo, hacían evidente la desazón que experimentaba el presidente de la República la noche del domingo electoral cuando ofreció un mensaje por televisión. El saldo de la votación fue, para el gobierno, peor de lo que se había esperado. El presidente Felipe Calderón tendrá que restablecer puentes y hacer política fina, algo que en otros tiempos se le daba bien pero a lo que pareció renunciar hace uno o dos años cuando se dejó aislar para encerrarse en una apreciación complaciente de sus propias acciones y en un discurso monotemático.

El combate a la inseguridad es indispensable, pero evidentemente no bastó para suscitar la confianza de los ciudadanos. El viraje en el discurso tendría que ir acompañado por una reestructuración en el equipo de gobierno, una vez que se ha confirmado que los más amigos no son necesariamente los más eficientes.

El dilema es si Calderón tendrá la agudeza política que hace falta para entender las señales del 5-J, si sabrá renunciar al ensimismamiento en el que se ha sumergido en los años recientes, si será capaz de rescatar los resortes democráticos que a pesar de sus resabios conservadores ha tenido el PAN y si, en consecuencia, querrá y podrá sacudirse la costosa tutela de poderes fácticos en los que ha querido cobijarse (la maestra, las televisoras, el sindicalismo descompuesto) y con resultados tan contraproducentes.

2. El PAN. El talante bravucón terminó por envolver y hacer políticamente ineficaz a Germán Martínez, pero su principal yerro fue aislarse del PAN realmente existente. En vez de convocarlos, el inminente ex presidente panista combatió (incluso utilizando trampas y engaños) a dirigentes, corrientes y grupos que no se le subordinaban dentro de ese partido.

Inhábil para ser partido en el gobierno, el PAN tendría que recuperar la vitalidad que antes supo desplegar en la oposición. No le resultará extraño, puesto que lo fue largo tiempo, actuar como minoría en la Cámara de Diputados. Para ello tendría que sacudirse los intereses que se han enquistado en las cúpulas blanquiazules. Es difícil que lo consiga.

3. El PRI. Sus líderes y adláteres se equivocarían si creen que al PRI no le hacen falta ajustes después del éxito en las urnas. El partido supo funcionar como maquinaria electoral y capitalizó el descontento ante errores e insuficiencias del gobierno. Pero eso no le bastará para mantenerse cohesionado en la designación de su candidato presidencial.

Los priistas aprenderían de sus propios tropiezos si recuerdan los costos que les significó la división de hace cuatro años, cuando sus principales grupos entraron en colisión por esa candidatura. Las ambiciones suelen arrasar con los compromisos. Y a un partido sin principios, si algo lo mueve es la codicia.

La otra dificultad que enfrenta el PRI radica en convencer a los ciudadanos de que es un partido suficientemente renovado para evitar los abusos y autoritarismos que le conocimos durante largas décadas. Por mucho maquillaje que utilicen, será inevitable advertir que se trata de los mismos dirigentes, que proponen el mismo discurso y que practican la misma política del mismo PRI de siempre.

4. El PRD. Algunos de sus líderes más perspicaces han sugerido que, de plano, de los escombros que les dejó el 5-J lo mejor será que surjan dos partidos. Uno, comprometido con el discurso de reformas sin confrontación y con tantos compromisos políticos (con caciques regionales, con las televisoras, con otros partidos, etcétera) que casi se ha vuelto políticamente inocuo y que despliega el grupo de Jesús Ortega. Otro, el de la agresiva pedacería anti institucional de la que forman parte el viejo priismo y el nuevo clientelismo a los que cohesiona López Obrador y con el que coinciden personajes como René Bejarano y Juanito el de Iztapalapa. Sea cual sea su respuesta al resultado que redujo a la mitad sus votos en comparación con la elección de hace tres años, el PRD y sus aliados de antes y ahora tendrían que emprender una reconstrucción mayor si quieren ser competitivos en 2012.

Texto publicado en emeequis

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 12, 2009 a 7:20 am

Para entender el saldo electoral

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Si se les compara con los resultados que obtuvieron en la anterior elección intermedia, los votos del domingo muestran a un PAN estancado, un PRI que duplica su fuerza y un PRD tan debilitado que retrocede en números reales. Los votos nulos también aumentaron al doble y la abstención fue similar en ambos comicios.

Esas son algunas conclusiones que se pueden obtener al cotejar los resultados de la elección para diputados federales en 2003 y los saldos iniciales de la votación del reciente 5 de julio. Hace un sexenio Acción Nacional obtuvo, en números redondos, 8 millones 190 mil votos. Ahora habrá alcanzado 9 millones 685 mil.

El Programa de Resultados Preliminares ofrecía ayer por la tarde cifras de casi el 99% de las actas, a partir de las cuales se podían estimar las cifras finales. Si, por otra parte, se considera que entre 2003 y 2009 el padrón electoral aumentó 16.6% (de 64 millones 711 mil a 77 millones 482 mil ciudadanos)  se puede decir que los votos panistas de hace seis años equivalían a aproximadamente 9 millones 550 mil, añadiendo solamente el porcentaje de incremento de los electores posibles. Es decir, el domingo pasado Acción Nacional alcanzó prácticamente los mismos votos que en la elección intermedia durante el gobierno de Vicente Fox. Pero como otros partidos aumentaron su caudal electoral, en 2003 el PAN obtuvo el 30.73% de la votación total y ahora únicamente el 28%.

Respecto de la elección de hace tres años, el PAN cayó 5 puntos porcentuales y perdió más de 4 millones de votos. Para esta comparación hemos tomado los datos de la elección de diputados federales y no de la votación presidencial.

En cambio el PRI duplicó su votación de hace seis años. En 2003, el Revolucionario Institucional tuvo 6 millones 166 mil votos y ahora alrededor de 12 millones 695 mil. La comparación con la votación para diputados de hace tres años se complica porque en esas elecciones el Revolucionario Institucional compitió en todos los distritos en alianza con el Partido Verde.

La coalición de esos dos partidos ha sido crecientemente redituable. En 2003 se aliaron en algunos distritos. Los votos de ambos partidos en toda la elección sumaron casi 10 millones 868 mil, que significaron el 40.78% de la elección.

En 2006, la alianza PRI – PVEM tuvo casi la misma cantidad de votos: 11 millones 620 mil, o el 28%.

Este 2009, jugaron juntos en pocos distritos pero sus votos, sumados todos ellos, ascienden a 15 millones 93 mil aproximadamente. Eso representaría el 43.6% de la elección.

En otros términos, en seis años la alianza del PRI con el Verde creció alrededor del 50% en números absolutos.

El PRD, si se le evalúa en los mismos términos, es uno de los grandes perdedores en la jornada electoral de hace tres días. En 2003 alcanzó 4 millones 694 votos, que eran el 17.6% de la elección. Si se le asigna el porcentaje de incremento de la lista nominal de electores, esos votos tendrían que haber ascendido a 5 millones 473 mil en 2009. Sin embargo este año el PRD únicamente logró 4 millones 223 mil votos.

En 2006, como todos recordamos, el Partido de la Revolución Democrática participó en alianza con el Partido del Trabajo y Convergencia. Juntos, en la elección para diputados lograron 11 millones 942 mil votos, equivalentes al 29% de la votación nacional. Tres años antes, en 2003, esos tres partidos habían alcanzado, por separado, un total de 5 millones 937 mil votos. Si a esa cantidad le aumentamos el porcentaje de crecimiento del padrón, que como hemos indicado es del 16.6% en un lapso de seis años, aquella votación de PRD, PT y Convergencia equivale a 6 millones 923 mil votos en 2009. Sin embargo los tres partidos, que ahora compitieron por separado e incluso enfrentándose dos de ellos al PRD, alcanzaron 6 millones 361 mil sufragios.

Sin duda puede resultar forzado comparar el resultado de una elección presidencial y otra de medio término. Pero si ese cotejo se hace con los datos de varios partidos entonces permite establecer contrastes legítimos sobre todo si encontramos que mientras algunos se estancaron o retrocedieron, otros más experimentaron avances notables en el mismo lapso.

Así, como hemos señalado, entre 2006 y 2009 el PAN recibió 4 millones de votos menos. En ese lapso, la alianza PRI / PVEM tuvo tres millones y medio de votos más. Y PRD, PT y Convergencia perdieron, todos juntos, 5 millones y medio de votos de una elección a otra.

Hay que tener en cuenta que en 2006 votaron 41 millones 196 mil ciudadanos y ahora 34 millones 608 mil aproximadamente. Se trata de una disminución de 6 millones y medio menos ciudadanos que en la elección presidencial de hace tres años.

Nueva Alianza mantuvo su registro pero, en comparación con la elección para diputados en 2006, tuvo una disminución del 35%: de un millón 872 mil a un millón 181 mil votos.

El Partido Social Demócrata alcanzó apenas 358 mil votos, equivalentes al 1.03%. y se quedó sin registro. Fueron menos de la mitad en comparación con los 846 mil votos que en 2006 tuvo –siempre en la elección para diputados– Alternativa Socialdemócrata. Pero fueron más que los 242 mil que logró México Posible, antecedente del PSD, en 2003.

Los votos nulos en esta elección fueron el 5.4%, con un millón 866 mil sufragios. Son, como se ha dicho, más que los votos alcanzados por 4 de los 8 partidos políticos –PT, Convergencia, Nueva Alianza y PSD recibieron, por separado, menos de esa cantidad de votos–. Fueron más que el millón 34 mil votos nulos de la elección de 2006, cuando constituyeron el 2.51%.  Y ascendieron a más del doble en comparación con los votos nulos de 2003 (897 mil, o el 3.36% de aquella elección).

En 2003 se abstuvo el 58.3% de los ciudadanos que tenían derecho a votar. En 2006 la abstención fue del 41.45%. En 2009, del 55.32%. El domingo pasado, solo 4.5 de cada 10 ciudadanos quisieron y pudieron ir a votar.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 8, 2009 a 4:17 am

Escrito en Elecciones 2009

La sonrisa del PRI

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Con 4 de cada 10 votos válidos, el PRI estará en condiciones de cogobernar el país durante los próximos tres años. Las alianzas que pueda entablar especialmente con el Partido Verde, la atonía y dispersión de los partidos reputados como de izquierdas y el descalabro experimentado por el PAN, se conjugan para que el Revolucionario Institucional tenga una cómoda y sin duda influyente mayoría relativa en la Cámara de Diputados.

Se trata de una espléndida noticia para los priistas aunque no necesariamente para la democracia mexicana. Ese es, desde luego, el resultado de una elección razonablemente limpia si se descuentan episodios de violencia como los suscitados en Ecatepec. Pero no puede soslayarse que se trata de una votación condicionada por campañas peor que grises, sin deliberación política alguna, en donde los programas políticos estuvieron ausentes y sometidos a la intervención de las corporaciones mediáticas.

Así es como ayer ganó el PRI, en condiciones que no fueron sustancialmente distintas a las que propiciaron los triunfos del PAN en las elecciones anteriores. Habrá que esperar a disponer de información más extensa para saber con cuántos votos el Revolucionario Institucional consumó esa hazaña y cuántos de ellos se los debe al sufragio duro de quienes siempre respaldan a ese partido. Por lo pronto, en el terreno muy indicativo pero limitado que ofrecen los datos porcentuales, el alrededor de 40% que anoche le reconocían varias encuestas al PRI, comparado con el 29% que se le adjudicaba al PAN, dan cuenta de una voltereta en las preferencias fundamentales de los ciudadanos.

La victoria priista es directamente proporcional al fracaso del PAN. Las dificultades para enfrentar la crisis económica y las consecuencias de enfocar el discurso gubernamental casi exclusivamente en el tema del narcotráfico, parecen estar alcanzando sus primeros efectos en la caída del consenso para ese partido. El presidente Felipe Calderón tendrá ahora, en el PRI, un interlocutor más poderoso pero también acotado por mayores responsabilidades.

El PRI, salvo que tuviera una estrategia suicida, no podrá comportarse como un partido motinero ni podrá apostar simplemente al fracaso del Poder Ejecutivo. Los dos partidos con más adherentes en el país tendrán demasiados flancos en donde la decisión de ambos será definitoria para que haya avances o estancamientos.

Con una mayoría como la que se construirá en San Lázaro, los temas cardinales de la economía tendrán que ser resueltos entre Legislativo y Ejecutivo. Y en otros campos, como la ya mencionada seguridad pública pero también en terrenos como la política social, la educación e incluso la política exterior, tendrá que pensarse en políticas de Estado y no únicamente en políticas de gobierno.

Todo ello implica mayores márgenes de influencia pero también compromisos públicos ineludibles para el PRI. La sonrisa que desde anoche exhibían muchos dirigentes de ese partido tendrá que dar paso a una actitud más reflexiva y a un ejercicio político más responsable.

La caída de casi el 36% que alcanzó hace tres años al 29% que se estimaba anoche, tendría que suscitar ajustes serios en Acción Nacional. La subordinación de ese partido a poderes privados como el que ejercen las corporaciones mediáticas ha sido evidentemente fallida, entre otras cosas porque las televisoras han tenido sus propias apuestas políticas.

La supeditación panista a una dirección nacional que se alejó de algunos de los principios cardinales de ese partido no ha sido un buen negocio político para el presidente Calderón. La gestión de Germán Martínez tendría que modificarse en breve si en ese partido hubiera sentido de la autocrítica.

En donde no lo hay, a la luz de sus vicisitudes recientes, es en el PRD. Los partidarios de la actual dirección nacional querrán entender como un éxito el fiasco de sus ex aliados pero tendrán dificultades para admitir el profundo desprestigio que ha dejado al perredismo con aproximadamente el 14% de la votación nacional.

El 3% o 4% del Partido del Trabajo y el 2% o menos de Convergencia, señalan los límites de la influencia de López Obrador o, dicho de otra manera, las dimensiones de su decadencia política al menos en estas elecciones. Hace 3 años ese candidato alcanzó más del 35% de los votos. Ahora, los partidos que lo respaldaron en aquella aventura apenas arañan el 20% y aquellos que siguen subordinados a él no llegan al 6%.

También quedan acotadas las presencias y clientelas de los partidos-negocio. A pesar de numerosas infracciones legales que aún no han sido del todo juzgadas, el Partido Verde obtiene entre el 5% y el 7% de la votación nacional según las encuestas iniciales. Nueva Alianza apenas lograría superar la barrera del 2% para mantener su registro. El Socialdemócrata se quedaría apenas en 1% y sin registro legal con lo cual nadie perderá excepto el puñado de comerciantes de la política que se apropió de la dirección de ese partido.

Los resultados de la disputa por las gubernaturas, la confirmación de las tendencias que le daban al PAN tres delegaciones del DF y la publicación de los resultados completos en donde se aprecie la presencia testimonial del voto nulo y el peso de la abstención, permitirán tener un panorama más completo de una elección que ocasiona importantes aunque acotadas redistribuciones del poder político en este país.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 6, 2009 a 4:32 am

Escrito en Elecciones 2009, PAN, PRI

Víctimas de “las mangas del chaleco”

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Hay una imposibilidad estructural, genética diríase, que mantiene a los partidos alejados de los ciudadanos. Pareciera que mientras más se esfuerzan para persuadir acerca de sus méritos, los dirigentes y candidatos de todos los partidos más se distancian de la gente cuyo voto quieren convocar.

Desde luego tenemos excepciones, en ambos flancos de este panorama descrito de manera tan esquemática. En algunos partidos, hay líderes y aspirantes a cargos de representación popular sintonizados con el resto de los ciudadanos porque sienten y viven como ellos. Y entre los ciudadanos, que no son políticamente pulquérrimos, también hay demagogia, tortuosidades y clientelismos.

Pero en términos generales, la incierta pero existente barrera que distancia a los ciudadanos que hacen política en posiciones directivas de los partidos de aquellos que únicamente contemplan la disputa entre los políticos, se sostiene en viejas y nuevas actitudes.

La tradicional politiquería con la que errónea pero inevitablemente se ha identificado a la política y que vive de la simulación para perpetrar constantes tráficos de influencias, atraviesa por todos los partidos. Las ofertas de campaña que nunca se cumplen y los compromisos de aspirantes a diputados a quienes los electores no vuelven a ver sino hasta tres o seis años después cuando regresan a las calles para pedir nuevamente que voten por ellos, son la expresión más evidente de tal comportamiento. Mentiras y exacciones legales para obtener beneficios personales o para algunos de sus socios políticos, son recursos no siempre documentados pero cada vez menos opacos en la conducta de las elites gobernantes.

Las nuevas imposturas de la clase política soslayan, pero en ocasiones aprovechan, las condiciones creadas por poderes no institucionales que tienen creciente influencia en las sociedades contemporáneas. Los gobernantes que hablan más de lo que hacen en el combate a la delincuencia, los que procuran el respaldo de las jerarquías eclesiásticas aunque sea a costa de favorecer la intromisión clerical en la política, aquellos que representan y acrecientan el poder del dinero y los que se someten a los dictados de los poderes mediáticos con tal de ganar unos cuantos segundos de exposición televisiva, incurren en esas actitudes que hacen de la política preponderante un instrumento al servicio de intereses facciosos y no de la sociedad.

Los ciudadanos advierten cada vez más esa realidad. Las clientelas inamovibles en los partidos son cada vez más escasas. En un mercado con varias opciones, son pocos los que no procuran beneficiarse ora de una, a veces de otra. El voto duro tiende a menguar y dispersarse a consecuencia de esa variedad de posibilidades pero también gracias a la democracia electoral. La secrecía del sufragio quebranta le inflexibilidad y la unanimidad de la votación corporativa. El ciudadano, en la soledad transitoria pero eficaz de la casilla, puede votar por quien le dé la gana por muchas presiones e incitaciones clientelares que haya padecido –e, incluso, para desquitarse de ellas–.

En otros casos, hay gente que se plantea dar un manotazo en la mesa del diferendo electoral pero con tanta prudencia que no pretende en absoluto prescindir de la mesa misma. Quienes se proponen anular su voto son ciudadanos que, antes que nada, están convencidos de que deben ir a votar. Esa es una singularidad que los dirigentes de los partidos políticos e incluso las autoridades del IFE no fueron capaces de entender. La anulación del voto implica, antes que nada, una reivindicación del sistema electoral: el menú que nos presentan no nos gusta y por eso no elegimos a ninguno; queremos que siga habiendo menú aunque con mejores opciones.

Ese llamado para que se enmienden, los partidos lo dejaron pasar. Los dirigentes políticos eligieron pertrecharse en un discurso auto justificatorio y, de pronto, persecutorio en contra de quienes convocaron a la anulación del voto.

De allí, los líderes nacionales pasaron a la autocomplacencia, como si no estuviera ocurriendo algo nuevo. Decidieron simular que la única realidad política en este periodo preelectoral es la que ellos han construido. Y se ensimismaron en los trillados discursos de siempre.

Cada uno con sus propias inflexiones, los partidos tradicionales igual que aquellos que se postulan como nuevos exhibieron la misma retórica convencional y cansina, las mismas fórmulas discursivas independientemente de las peculiaridades en trayectorias, experiencias y propuestas.

No estamos diciendo que todos esos partidos y dirigentes sean iguales. Sería un despropósito. Pero ninguno de ellos se planteó reflexionar, de manera abierta, por qué para algunos ciudadanos ninguno de tales partidos merece su voto.

El tremendismo que se ha vuelto consustancial a los medios de comunicación, contribuye a esa homogeneización perversa en la imagen de los partidos. En busca de la declaración camorrista y de la actitud de confrontación, los medios subrayan con tanta insistencia los desacuerdos que a final de cuentas todos los partidos y prácticamente todos sus candidatos cuando tienen alguna exhibición pública, resultan igual o similarmente bravucones. Con frecuencia pareciera que todos o casi todos los noticieros son monótona repetición de Las mangas del chaleco.

Ante ese repertorio político, a partir de esa pobreza informativa pero sobre todo discursiva, iremos a votar el domingo próximo. Lograr que los votos cuenten y se cuenten nos ha costado demasiado trabajo para dejar de acudir a las urnas.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 3, 2009 a 4:37 am

Precedentes del voto nulo

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La iniciativa para anular el voto se extendió en Internet, de allí brincó a los medios convencionales, ganó retroalimentación en variados sectores de la sociedad y regresó al ciberespacio para ganar matices, suscitar debates, articular cadenas y sobre todo interesar a muchos jóvenes.

Habrá que emprender el balance de la utilización de Internet en las campañas electorales que terminarán dentro de unas horas. Resulta evidente que no desplazan a la televisión y la radio pero sería imposible dejar de reconocer que algo nuevo hay, aunque sea en los un tanto jactanciosos perfiles de Facebook o en los hasta 140 caracteres que admite cada entrada de Twitter.

Allí podrán ser identificadas las primeras propuestas para anular el voto en la actual temporada electoral. Antes de ella, de cuando en cuando se habló de esa posibilidad. Este columnista, por ejemplo, dio rienda suelta a la imaginación hace exactamente cinco años, el 5 de julio de 2005, cuando esta columna aparecía en el diario La Crónica:

“Parece una aberración y sería incongruente para lo que acostumbramos entender como democracia. Pero ante un panorama como el que tenemos y que, previsiblemente, se mantendrá dentro de dos años, comienza a ser tentadora la posibilidad de votar en blanco.

Eso es lo que hacen los protagonistas de la más reciente y espléndida novela de José Saramago, Ensayo sobre la lucidez. Cansados de respaldar opciones con las que no se sienten representados, los ciudadanos resuelven depositar las boletas electorales sin haberlas cruzado. La estupefacción de los funcionarios en las casillas cuando encuentran las papeletas sin marcar precede a la indignación de la clase política que –como demostración de que en todas partes el autoritarismo experimenta síndromes de persecución– se dice víctima de un complot”.

Eso escribimos hace un lustro. Aquel texto seguía así:

“Los partidos entre los que podían elegir los votantes en la novela de Saramago son estereotipos de los que encontramos en muchos de nuestros países. Derecha, izquierda y centro se disputan cuotas y cotos de poder más que las inquietudes de la sociedad. Las boletas en blanco suscitan una auténtica revolución política. Quizá ningún otro comportamiento de los ciudadanos habría desafiado tan ácida e hirientemente a un sistema político al que habían rebasado.

“En México no acostumbramos votar en blanco porque nuestra boleta podría ser cruzada en favor de cualquier candidato. Cuando los ciudadanos quieren expresar su descontento dejan de asistir a los comicios (y quizá por ello los índices de abstención han crecido en los años recientes), o anulan su voto cruzando los emblemas de más de un partido o anotando alguna imprecación.

“De no existir ese riesgo, votar en blanco sería una posibilidad elegante y simbólica. No se trataría de afrentar al proceso electoral, cuya legitimidad –y capacidad legitimadora– es reconocida por la sociedad. Pero tampoco de sancionar, por inercia o resignación, a candidatos o partidos que no nos convencen”.

En ese texto de julio de 2005 se comentaban las opciones posibles para las candidaturas presidenciales del año siguiente y que todavía se encontraban sin definir en aquel momento. A continuación se consideraba:

“En esas condiciones, votar en blanco sería una manera de expresar un descontento con todas las posibilidades políticas disponibles. Esa es, por cierto, una de las nuevas tendencias de la democracia contemporánea. En una entrevista reciente el politólogo Philippe Schmitter ha reconocido la búsqueda de opciones por parte de los ciudadanos que están cada vez más inconformes con sus sistemas políticos. Recientemente en Moldavia y el algunos distritos de Rusia se ha aprobado incluir en las boletas, junto a los emblemas de los partidos y los nombres de los candidatos, la opción ‘ninguno de ellos’ (none of the above o nota por las siglas en inglés). En varias ocasiones esa ha sido la opción vencedora en las elecciones y ha sido necesario repetir los comicios.

“Con el voto en blanco la realidad alcanzaría a la ficción que con tanta ironía describe Saramago. Por lo pronto no hay que olvidar que en México la demostración política más importante de los últimos años ocurrió al margen de los partidos y fue protagonizada por centenares de miles de personas… vestidas de blanco”.

Si la realidad no alcanzó a la ficción, por lo menos rebasó a la especulación. El voto nulo, versión precavida del voto blanco, se convirtió en el principal tema de discusión en las campañas que han llegado a su término.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 1, 2009 a 4:36 am

Escrito en Elecciones 2009

Del irresponsable AMLO a la lisonjera Paredes

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¿Cómo puede alguien votar por los partidos de López Obrador cuando ese dirigente se empecina cotidianamente en mandar al diablo a todo aquel que no se le somete? Ahora es el Tribunal Electoral: cuando denomina “achichincles de la mafia” a los magistrados del TRIFE que desconocieron las elecciones internas que favorecían a la candidata subyugada a ese líder, López Obrador confirma el síndrome autista que define su percepción de la realidad.

Para él no hay más que los suyos y los otros, los buenos y todos los demás. Ahora, en consecuencia, supone que todos los que no se comportan de acuerdo a sus preferencias forman parte de una aviesa y extendida conspiración en contra suya. La “mafia” a la que culpa de todos sus tropiezos, crece tanto como aumentan personajes e instituciones que discrepan de ese ex candidato presidencial o a los que simplemente ha decidido culpar de estar en contra suya.

En otras zonas del entramado político, la complacencia de los dirigentes también condiciona reacciones y estancamientos. Ayer mismo en Metepec, en un mitin repleto de acarreados que tuvieron que pasar lista, la dirigente nacional del Revolucionario Institucional se explayó en elogios para el gobernador del Estado de México.

“Enrique Peña es un baluarte del PRI y el PRI del siglo 21 tiene cuadros, líderes y personajes para dar y prestar”, dijo Paredes. Y aún más:”Somos un equipo convertido en partido, lo que demuestra que, juntos, nadie nos puede derrotar. El trabajo de Enrique Peña nos enorgullece y nos alienta” expresó, de acuerdo con la edición en línea del diario Reforma.

Tales apreciaciones desbordaron la cortesía que Beatriz Paredes debía tener con el anfitrión de la reunión política a la que asistía en los linderos de la capital mexiquense. Decir que el trabajo de Peña Nieto le causa orgullo, implica respaldarlo precisamente cuando el apoyo que Televisa le brinda al gobernador de esa entidad ha sido motivo de amplia discusión pública.

Paredes considera que Peña Nieto es un puntal del PRI. No es otra la implicación del término baluarte que de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia tiene dos connotaciones. La primera de ellas es “Obra de fortificación que sobresale en el encuentro de dos cortinas o lienzos de muralla y se compone de dos caras que forman ángulo saliente, dos flancos que las unen al muro y una gola de entrada”.

La otra acepción es “amparo y defensa”. En cualquiera de ambas, si al gobernador del Estado de México se le califica como baluarte priista es porque se piensa que hace fuerte a ese partido, lo resguarda y protege y, además, sirve como gozne que lo solidifica.

Se podría suponer, en descargo suyo, que Beatriz Paredes se dejó llevar por el entusiasmo de los mexiquenses –forzado por el acarreo, pero quizá de todos modos contagioso– pero no es una principiante en materia de eventos políticos. Además se trata de una mujer que entiende el significado de las palabras.

Así que el espaldarazo a Peña Nieto no fue repentino, ni improvisado. Paredes sabe de lo que habla y no puede ignorar las implicaciones de esa declaración. Lo que posiblemente desconoce es que hace tres años, también en el Estado de México, el entonces candidato presidencial, Roberto Madrazo, dijo exactamente lo mismo del gobernador Peña Nieto.

El 11 de junio de 2006, en una reunión con presidentes municipales priistas de distintos sitios del país, Peña Nieto manifestó delante de Madrazo “el apoyo irrestricto, el apoyo de los mexiquenses hacia su candidatura”.

Madrazo, a su vez,  “le correspondió al calificar al Mandatario como un baluarte del PRI en procesos electorales y un amigo seguro cuando las horas son inciertas” (Miguel Zacarías, ”Respaldan alcaldes a Madrazo”, Reforma, 12 de junio de 2006).

Así que Peña Nieto es fundamental para el proyecto político que alienta Beatriz Paredes, de la misma manera que lo fue para Roberto Madrazo. Esa versatilidad es indicio de la vigencia, pero también del pragmatismo del gobernador mexiquense.

Y no son menos pródigos en el lenguaje los dirigentes de Acción Nacional. Las invectivas de Germán Martínez contra el gobernador de Sonora, reiteran la política de confrontación de ese partido una semana antes de las elecciones federales. Pero además contradijeron la distensión que buscaba suscitar el secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, cuando dijo unas horas antes que no quería enfrentarse con el gobernador Eduardo Bours.

La agresividad de Martínez Cázares tiene propósitos electorales. Igual que el gobernador sonorense, quiere aprovechar la tragedia en la ABC. Ni el líder del PAN, ni Bours, favorecen la acción de la justicia en su burdo canje de invectivas.

El día de las elecciones, el 5 de julio, se cumplirá un mes de la catástrofe que les quitó la vida a ya casi 50 niños. Para muchos electores será imposible dejar de recordar el entramado de negligencias, complicidades y acusaciones que los dirigentes y funcionarios de varios partidos han tejido antes y después de aquel siniestro.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Junio 29, 2009 a 2:23 pm