Sociedad y poder

Archive for the ‘Estados Unidos’ Category

Redes, espionaje y ciudadanos

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Manifestaciones en defensa de Snowden

Publicado en Zócalo, julio de 2013

Gracias a la revolución digital sabemos mucho más de cada vez más cosas. Nuestra computadora conectada a la Red puede conducirnos a sitios y datos de la más variada índole. Pero nosotros mismos también somos más visibles.

Cada entrada que escribimos en las redes sociales tiene el propósito de ser conocida por otros. A veces lo olvidamos pero Twitter y Facebook son espacios públicos que, por definición, están abiertos al escrutinio de otras personas. Aunque decidamos bloquear o condicionar el acceso a nuestros contenidos, la información digital puede ser vista, reproducida y adulterada incluso sin nuestro conocimiento. Los textos e imágenes que colocamos en tales espacios pueden ser inspeccionados, antes que nada, por los administradores de esas redes. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

julio 27, 2013 at 4:21 pm

Tráfico de armas, patética inacción

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Publicado en eje central

Disgustado por los reportes que el embajador Carlos Pascual enviaba a Washington, el presidente Calderón le hizo saber al presidente Obama su inconformidad con la presencia en México de ese funcionario. Publicitados por WikiLeaks, en esos informes el embajador estadounidense no hacía revelación, ni cometía infidencia algunas. Simplemente se limitó a decir lo que mucha gente comenta en México acerca de las disputas entre los partidos, las tensiones dentro del gobierno y los errores en el combate al crimen organizado.

El agente Dodson, entrevistado por CBS News

Esa pequeña tempestad en un vaso de agua, resultado de la intolerancia o la magnificación de pequeños problemas que hace el presidente Felipe Calderón, contrasta con la falta de energía, la tardanza y la sorpresa del gobierno mexicano para reclamar ante el tráfico ilegal de armas que fue favorecido por una corporación policiaca de Estados Unidos. A más de una semana de la divulgación de esa práctica, el gobierno mexicano apenas ha acertado a difundir una tímida solicitud de aclaraciones.

El jueves 3 de marzo, un reportaje de la periodista Sharyl Attkisson reveló el retorcido procedimiento de la Agencia para Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos, ATF, para averiguar qué grupos criminales mexicanos adquirían rifles en Estados Unidos. Una semana antes, el 23 de febrero, la misma periodista había informado que el agente Brian Terry, de la Patrulla Fronteriza, fue asesinado en diciembre pasado con un rifle de asalto comprado en Arizona. La ATF había monitoreado la venta de grandes dotaciones de armas, confiando en rastrear su traslado hasta México. Pero una de ellas fue utilizada para matar a un agente estadounidense. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

marzo 11, 2011 at 6:30 am

Breviario de Julian Assange

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Publicado en emeequis

No pasará mucho tiempo antes de que alguien lleve al cine la biografía de Julian Assange. El creador de WikiLeaks asistió a seis universidades en donde tomó clases de física, matemáticas, filosofía y neurociencia;  a los 16 años hackeaba sitios de universidades australianas y de empresas canadienses. Nació en Australia el 3 de julio de 1971. Sus padres eran teatreros itinerantes y se divorciaron. El nuevo marido de su madre era miembro de un grupo New Age. Assange vivió más tarde en sitios tan disímiles como Tanzania e Islandia y en 2006 creó su hoy celebérrimo sitio de Internet destinado a recibir filtraciones políticas. Leer el resto de esta entrada »

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 11, 2010 at 3:57 pm

Publicado en El mundo, Estados Unidos, Medios

La construcción del suspenso

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La angustia en torno a la suerte posiblemente trágica del pequeño Falcon Heene mantuvo en vilo el jueves pasado a los medios de comunicación en Estados Unidos –y, con ellos, en buena parte del mundo–. La sospecha de que el niño de 6 años estuviera volando a la deriva en un globo aerostático fabricado por su padre en un pueblo de Colorado, hizo temer que pudiera sufrir un accidente.

Compasión y solidaridad, pero sobre todo sensacionalismo y espectacularidad, concentraron la atención de televidentes e internautas y especialmente de las empresas mediáticas. Ahora, la cada vez más acreditada posibilidad de que todo haya sido un engaño prefabricado por el padre del niño, desata la ira de los medios pero podría suscitar, también, una reflexión aunque sea breve acerca de la ligereza con que se construyen los acontecimientos en la hiper conectada sociedad actual.

La alerta en torno a Falcon Heene, pero sobre todo la rápida reacción de medios y autoridades en Colorado, se convirtió en noticia global en unos cuantos minutos. La conferencia de prensa que ofrecía el presidente Barack Obama en Nueva Orleans, recordando el desastre ocasionado por el huracán Katrina, fue desplazada en los canales de noticias televisivas por las imágenes de la angustiada familia en Fort Collins, Colorado, y luego por las desesperantes escenas del globo de helio que comenzaba a caer mientras millones de televidentes suponían que allí iba el pequeño Falcon, quizá en sus últimos instantes de vida.

No pasó mucho tiempo para que se supiera que el niño estaba escondido en el ático de su casa, al parecer temeroso del regaño de su padre por haberse acercado al globo. De la sorpresa y el alivio, el comportamiento de muchos medios y de no pocos televidentes e internautas, transitó a la contrariedad e incluso al reproche. En pocos minutos, que parecieron eternos para quienes seguían a través de la televisión mundial las peripecias de helicópteros y avionetas rastreadoras, se había construido un intenso y exigente acontecimiento. La inermidad del niño de 6 años, cuya fotografía era mostrada en las pantallas junto a la aflicción de sus padres, era mayúscula cuando se le imaginaba en aquel globo con forma de platillo volador que surcaba los cielos de Colorado a más de 30 kilómetros por hora y a unos 3 mil metros de altitud.

La zozobra de la audiencia planetaria se puso en tensión cuando el globo llegó a tierra, sin rastros del niño. El suspenso, fabricado minuto tras minuto, parecía desembocar en tragedia. Pero el final feliz que significó esa tarde del jueves 15 de octubre la aparición del contrito Falcon Heene, se trocó en reproches y amargura. Los medios internacionales le habían dedicado dos largas horas a seguir a un globo con forma de platillo volador y que iba absolutamente vacío. Había sido, literalmente, una noticia hueca, insustancial, inflada. No fue más que una  aparatosa volada, como se les dice a las mentiras en el argot de la prensa mexicana.

Más tarde, las sospechas sobre la posibilidad de que el padre del niño falsamente aeronauta hubiera fraguado todo el episodio, terminaron de exacerbar el disgusto mediático. Aunque inicialmente se le presentó como un científico aficionado que se interesaba en estudiar asuntos climáticos, pronto se supo que Richard Heene tiene actitudes bastante extravagantes y una conocida proclividad por los reflectores mediáticos. El solo hecho de que el globo de propósitos presuntamente investigativos tuviera forma de platillo volador, tendría que haber desatado algunas sospechas. Pero además, los Heene eran conocidos porque participaron en un reality show de madres que intercambian familias durante un par de semanas.

Aquellas desconfianzas encontraron mayor asidero esa misma noche cuando, en una entrevista para el programa de Larry King en CNN, el pequeño Falcon explicó, mirando a su padre: “tú dijiste que hiciéramos esto por el show de televisión”.

El viernes, evidentemente agobiado, el niño de 6 años vomitó durante dos entrevistas en cadena nacional para la televisión estadounidense. Tanta y tan excesiva atención a ese asunto iba más allá de los parámetros profesionales o noticiosos de las corporaciones mediáticas. Pero el espectáculo televisivo seguía encontrando una viciosa fascinación en aquel frágil y azorado niño.

El affaire del niño del globo podemos leerlo como una metáfora, en varios sentidos, de la liviandad mediática de nuestros días. Después de dos horas de persecución en vivo y en directo, no quedaba más que un globo desinflado. Al lado de asuntos de relevancia y densidad indudablemente mayores, la agenda de los medios había estado dominada por un episodio literalmente volátil.

Pocos acontecimientos recientes subrayan, como ese, la en ocasiones insustancial globalización creada por la instantaneidad de las comunicaciones contemporáneas.

Ahora se dice que la policía está pensando fincarle cargos al padre del niño por engañar a las autoridades. Por lo pronto ya se venden camisetas y tazas que proclaman “Salven al niño del globo”.

Y en Internet, desde este fin de semana hay un juego que muestra al niño del globo colgado de un platillo volador y lidiando con gaviotas que lo atacan. El sitio, llamado Balloonboygame.com, tiene como subtítulo “¿cuándo dinero de los contribuyentes crees que puedes desperdiciar?”.

Hay quien considera que este asunto se parece a un capítulo de los Simpson. Pero no se trató de un travieso Bart sino, si se confirman las versiones más recientes, de un padre manipulador y sinvergüenza al estilo de Homero Simpson. Antes nos llamaban la atención las situaciones que oscilaban de la tragedia, a la comedia. Ahora estamos ante una realidad que imita a la caricatura.

Publicado en eje central

Written by Raúl Trejo Delarbre

octubre 19, 2009 at 4:27 am

Publicado en Estados Unidos, Medios

Gritarle al presidente

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Washington. Quizá haya sido en parte el calor ­­–persistente, aturdidor— que se desparrama sin tregua en estos días últimos del verano, pero cuando el representante republicano Joe Wilson le gritó al presidente Obama en plena sesión del Congreso, estaba expresando algo más que un desacuerdo momentáneo.

“¡Está mintiendo!”, dijo ese político de Carolina del Norte cuando el presidente de Estados Unidos explicaba su importante programa de salud pública. La propuesta de Barack Obama ha sido intensamente cuestionada y distorsionada por el ala conservadora de la política estadounidense que no es pequeña y que ha dejado de sentirse derrotada después del resultado electoral de hace casi un año.

Hace unos días, decenas de miles de airados ciudadanos llenaron las calles aledañas a la Casa Blanca para manifestarse contra Obama. La crisis económica, paliada por una urgente inyección de recursos públicos a las empresas con mayores dificultades, ocasionó un desempleo que ya tiene costos sociales y políticos. Esa irritación ha sido exacerbada por los predicadores de derechas que pululan en la radio y que todos los días, desde noviembre pasado cuando Obama ganó la elección, diseminan persistentes dosis de odio.

De allí a los shows en los canales de noticias y poco después a las calles, el discurso del odio ha transitado velozmente. En la manifestación en la Avenida Pennsylvania aparecieron carteles que mostraban a Obama vestido como dictador africano. Algunos más, desfiguraban el rostro del presidente para que se pareciera al Guasón de las películas de Batman; bajo esa caricatura aparecía una sola palabra: “Socialismo”.

La especie de que el presidente Obama está conduciendo a su país a un sistema distinto de la economía de mercado no se sostiene. Al contrario, quizá a la postre será reconocido como el gobernante que encabezó el salvamento de ese sistema económico en una de sus crisis más agudas. Pero en la murmuración cotidiana de una sociedad aturdida, hay tonterías que calan y que acentúan divisiones históricas.

En aquella concentración, a juzgar por los videos que se han presentado a diario en televisión, había muchos estadounidenses blancos pero no latinos o negros. Otras pancartas aclamaban al representante que vociferó delante de Obama: “Necesitamos más Joes Wilson”.

Por eso en estos días proliferó una hipótesis repetida en los medios de talante liberal y en declaraciones de varios políticos: si no fuera negro, al presidente Obama el representante Wilson no le hubiera gritado como lo hizo en el Capitolio. Así lo han sugerido, entre otros, el ex presidente James Carter y una nota de portada de The Washington Post. Uno y otro, no han hecho más que poner en blanco y negro (dicho sea sin racismo alguno) esa inquietud que pulula desde hace casi un año. La madurez de la sociedad estadounidense permitió que un político negro fuera candidato y ganara la elección presidencial. Pero la inmadurez de un segmento de esa sociedad no quiere asimilar dicha decisión y estaba esperando cualquier pretexto para sabotearla.

Se trata, sí, de una sociedad plural. Pero la impaciencia por juzgar a Obama como si estuviera a punto de cumplir su mandato presidencial y no apenas 8 meses desde que tomó posesión, enfatiza la necesidad para que haya decisiones eficaces y rápidas ante la tormenta económica. Y esa ansiedad es reflejo, también, del retintín mediático que acelera la percepción y el enjuiciamiento de las sociedades contemporáneas respecto de los asuntos públicos.

La misma sociedad que en noviembre pasado eligió a Obama como presidente, hoy le confiere sus 15 días de fama al irrespetuoso representante Joe Wilson que aunque se lo pidieron los dirigentes del Partido Republicano, se negó a ofrecer disculpas. El martes 15 por la noche, mientras los mexicanos se disponían a festejar la Independencia, la Cámara de Representantes aprobó una amonestación contra Wilson.

El exabrupto de ese legislador fue aprovechado para aguijonear el disgusto contra Obama pero además, en los dos partidos políticos fundamentales, fue cuestionado como expresión de incivilidad política. De allí las condenas, un tanto tardías, pero enfáticas contra Wilson.

Quizá en México no hubiera ocurrido lo mismo. En nuestro país, si alguien llega a gritarle al presidente también se vuelve personalidad mediática pero, además, es posible que lo hagan delegado en Iztapalapa.

Publicado en emeequis

Written by Raúl Trejo Delarbre

septiembre 20, 2009 at 11:46 am

Obama: símbolo, bonhomía, confianza

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Lo primero que destaca en los grandes acontecimientos es el simbolismo. Gestos y desplantes, sonrisas y evasivas, dicen más o al menos con más claridad que los discursos. De la visita de Barack Obama a México se recordarán más la bonhomía que los compromisos, el previsible y ahora constatablemente ostentoso aparato de seguridad, el empeño de Felipe Calderón para ser anfitrión a la altura de su afamado célebre invitado, los asuntos no resueltos más que los acuerdos.

Se recordará a “La bestia”, el intimidante automóvil blindado cuyos desplantes tecnológicos ocuparon abundantes minutos y páginas en la cobertura previa de una visita tan anunciada como breve. En los anales de esta visita, que es relevante por su protagonista muy por encima que por los acuerdos que implica, se recordará la llegada del Air Force One y el paso grácil de su pasajero cuando descendió por las escalinatas.

Amable y afable, Barack Obama llegó investido de la confianza inusitada que su sola figura despierta en todo el mundo. Ganó la elección estadounidense con una entusiasmante si bien harto riesgosa apuesta por la esperanza. Comenzó su gestión en medio de una descomunal crisis económica que trastocó sus prioridades. Ahora tiene que hacer lo posible para reordenar las finanzas antes de enfrentar otros problemas globales. Pero ha debido reconocer las nuevas y crecientes dificultades que implica la vecindad con México y de las cuales –y ese ha sido un reconocimiento adicional– Estados Unidos es corresponsable.

Por eso su presencia en nuestro país ha sido antes que nada emblemática: de una nueva actitud en el tratamiento que Washington asigna a los asuntos con México, de la aceptación de realidades como el narcotráfico y la migración que no pueden enfrentarse si no es de manera conjunta, quizá de una nueva era como el presidente Calderón se empeñó en denominar a las circunstancias actuales.

La cortesía entre ambos presidentes pareció sobrepasar la limitada calidez de las formas diplomáticas. Los elogios mutuos también. Tanto así que entre las primeras reacciones están despachos de prensa como el que envió a su periódico el corresponsal de El País: “Obama hace suya la guerra contra el narcotráfico”. El presidente de Estados Unidos no escatimó frases solidarias con el empeño de México y especialmente del presidente Felipe Calderón para combatir a las pandillas de la droga. Pero a la exigencia mexicana más importante hoy en día en ese terreno que es el control estricto en la venta de armas para que los cárteles delincuenciales no se aprovisionen en las armerías que encuentran apenas cruzan la frontera, Obama no respondió con un compromiso perentorio.

Ese y otros temas tendrán que esperar a que los equilibrios políticos allá, y quizá la capacidad de persuasión acá, maduren para que el combate a los delincuentes de la droga sea auténticamente bilateral. Lo mismo tendrá que suceder en la consolidación del libre comercio, en donde hubo un gesto significativo de Obama cuando condenó las restricciones que han encontrado los tráilers mexicanos para circular en las carreteras estadounidenses.

Quizá lo más importante junto con las formas y desde luego más allá de ellas, es la manifestación aún tímida, quién sabe qué tan seria, de un cambio substancial en las relaciones entre los dos países. Hasta ahora, ha sido costumbre que el gobierno y la sociedad mexicanos tengan una actitud de exigencia y desconfianza respecto de la Casa Blanca. El trato de acá para allá ha sido de recelo, no solamente por los muchos reclamos que tenemos hacia el gobierno estadounidense sino también como expresión de un talante de bronca y queja permanentes.

Ahora en cambio, la avalancha simbólica y desde luego política y mediática que ha significado la llegada de Barack Obama al gobierno estadounidense ha modificado tales actitudes. Por primera vez en muchísimo tiempo, en México la conducta políticamente correcta en ese asunto no es estar en contra, sino a favor del presidente de Estados Unidos.

Es pronto para saber cuánto durará esa simpatía, que antes que nada quiere ser empatía con Obama. Por lo pronto ha sido suficiente para que se le disculpen pequeños yerros. Ayer por la tarde, cuando los dos presidentes ofrecieron una conferencia de prensa en Los Pinos, Obama dijo que su visita a México era previa a “la Cumbre de las Américas en Bahamas” que comienza este viernes. Pero la Cumbre será en Trinidad y Tobago.

Publicado en ejecentral

Written by Raúl Trejo Delarbre

abril 17, 2009 at 4:09 am

Publicado en Calderón, Estados Unidos

Obama, ojalá…

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emeequis, 25 de enero

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Cambio es la palabra que sintetizó el espíritu predominante en la toma de posesión de Barack Obama. Sin embargo ese vocablo apareció solamente dos veces en su primer discurso como presidente de Estados Unidos. En contraste con la retórica magnética que desparramó durante su campaña, en el mensaje que leyó el martes 20 en las escalinatas del Capitolio y delante de una multitud inédita Obama jugó poco con las palabras.

Al grano: esa debe haber sido la instrucción que Obama le dio a Jon Favreau, el joven de 27 años que le escribe sus discursos. La elegancia de la sobriedad –pocas metáforas, en busca de claridad– en este caso tuvo además el infrecuente mérito político de decirle a las cosas por su nombre.

“Nuestra economía está seriamente debilitada como consecuencia de la avaricia y la irresponsabilidad en parte de algunos, pero también de nuestro fracaso colectivo para tomar elecciones difíciles”, dijo. En una frase el nuevo presidente censuró con elegancia a su antecesor, George Bush, y a quienes junto con él permitieron que los desajustes y la especulación financieros crecieran hasta originar la crisis que está asolando las economías de todo el mundo. Y como no se trataba de estancarse en reproches sino de mirar hacia adelante, Obama insistió en que se deben asumir decisiones. El eje conceptual de su estrategia es la articulación de un Estado capaz de enfrentar la crisis.

Obama no se enredará en discusiones acerca de las dimensiones del Estado. Más bien se preocupará por lo que dicho Estado –y su brazo ejecutivo, el gobierno– sea capaz de hacer. Fue claro cuando dijo: “La pregunta que nos hacemos hoy no es si el gobierno es demasiado grande o pequeño sino si trabaja, si ayuda a las familias a encontrar empleos con un salario decente…”. Si la eficiencia dará la medida del Estado, Obama tendrá que reforzar la política social y recortar redundancias y dispendios.

Así también, respecto de la economía, precisó: “Ni tampoco la pregunta que enfrentamos es si el mercado es una fuerza para bien o para mal. Su poder para generar riqueza y expandir la libertad es insustituible, pero esta crisis nos ha recordado que sin un ojo vigilante el mercado se puede salir de control…”

No arriesgó compromisos con metas ni cifras puntuales. Pero deja ver una idea distinta a la hasta ahora preponderante acerca de las funciones del Estado en la conducción de la economía. La posibilidad de responder sin demasiadas decepciones a la enorme confianza que ha suscitado su llegada a la Casa Blanca, depende en buena medida de la capacidad que tenga para restablecer un Estado benefactor.

No se trata, desde luego, del Estado omnipresente que tan dolorosas consecuencias ha tenido en los regímenes totalitarios, ni del Ogro Filantrópico que tan agudamente describió Octavio Paz para referirse al autoritarismo priista en México. Un Estado moderno tiene que reconocerse como promotor del crecimiento, componedor en los conflictos y redistribuidor de la riqueza.

Habrá que apreciar de qué manera, y en qué medida, el esperanzador Obama logra sortear la incómoda distancia que siempre hay entre los dichos y los hechos. Pero el reconocimiento que hoy se hace en Washington acerca de la emergencia económica y del papel necesario e intenso del Estado, no parece trastornar las apreciaciones complacientes y en buena medida pachorrudas del gobierno mexicano acerca de nuestras propias crisis.

Al presidente Calderón y su administración, les sigue pareciendo que los desequilibrios que ya se experimentan en la economía están sobredimensionados. No han considerado necesario convocar a la sociedad a un auténtico compromiso para guarecernos de la crisis. Y no deja de ser preocupante, porque por muchas expresiones que haya de religiosidad y resignación como las que nuestro presidente se empeña en ofrecerle al poder eclesiástico, las oraciones y la fe no serán suficientes para que la economía produzca ni para ofrecerle certezas a la sociedad.

Obama también hace invocaciones religiosas en sus discursos, pero en un contexto distinto al mexicano. Allá el presidente jura su cargo con la mano sobre la Biblia. Aquí, hemos tenido suficientes razones para construir y preservar un Estado laico. En Estados Unidos, Obama habla de Dios como parte de la retórica para dirigirse a la gente. En México, Calderón lo hace para congraciarse con los jerarcas eclesiásticos.

Es enorme la esperanza que suscita Obama. Digamos en español, con una palabra de raíces árabes: ojalá (oh, Alá) le vaya bien.

Written by Raúl Trejo Delarbre

enero 26, 2009 at 1:32 am

Publicado en Estados Unidos

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