Sociedad y poder

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Juanito: el descontón y el agandalle

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“Juanito” transita de una estación radiofónica a otra, acepta entrevistas de medios lejanos a los que no conocía, se vuelve estrella de la veleidosa pero notoria farándula política y, en cada declaración, se recrea a sí mismo como personaje lenguaraz y picaresco.

Gracias a la curiosidad mediática y a la heterodoxia que ha significado en un escenario político tedioso y plano, el delegado electo en Iztapalapa ocupa frecuencias radiofónicas y páginas en los diarios. El desafío que mantiene hacia los dirigentes del círculo obradorista que esperaban beneficiarse con su dimisión, prorroga por varios días sus 15 minutos de fama.

Salió respondón, en contraste con la actitud sumisa que había manifestado aquella tarde de junio cuando, para enfrentar la decisión judicial que dejó a Clara Brugada sin la candidatura perredista en esa delegación, Andrés Manuel López Obrador propuso votar por “Juanito”, que ya era candidato del PT, y lo instruyó en público para que en caso de ganar renunciara a ese cargo en beneficio de la fallida candidata. Aquella demostración de autoritarismo, dibujó con toda transparencia el talante mandón y grosero de López Obrador y mostró a un “Juanito” cuya reverencial mansedumbre ha sido desplazada ahora por un personaje de intereses y voluntad propios.

Ese es el viraje que convoca la atención mediática y que ha convertido a Rafael Acosta Ángeles en creador y protagonista de un personaje inesperado. Se habla de él y se le ve y escucha más que si se tratara de un candidato en campaña. Y candidato no es, porque ya ganó, y por mucho, la elección delegacional. Pero de alguna manera se puede reconocer que se encuentra en campaña: no por una posición política sino para afianzarse a sí mismo como actor de la vida pública. Acosta se encuentra en campaña para vender lo más cara posible su renuncia a la jefatura delegacional.

En estos días se ha reinventado a sí mismo. Dejó de ser el individuo plano y resignado que se había supuesto y se mostró con ambiciones y voluntad propias. Hizo a un lado el porte contestatario que antes lo llevó a servir como reventador de reuniones políticas e incluso a ser utilizado como carne de cañón en acciones de provocación ordenadas por alguna de las tribus perredistas. Ahora es un político institucional, que de repente se convirtió en usufructuario de la alianza de varios partidos en Iztapalapa y ganó la delegación más poblada y conflictiva del DF.

Hasta ahora Juanito era personaje de reparto, tanto en los mitines y zipizapes callejeros, como en la película de ficheras en donde apareció bailando con Lyn May. De pronto, dejó de ser instrumento de otros para trocarse en intérprete de un guión que él y sus amigos más cercanos están imponiéndole a la coalición obradorista.

En realidad no hay transformación, sino transfiguración. Se modifica la apariencia, más no el fondo en el comportamiento de Acosta Ángeles. Juanito se ha forjado en el convenencierismo y el pragmatismo. Como seguidor de causas políticas, ha sido saboteador pero nunca constructor de opciones. Como beneficiario de la economía informal, ha sido tianguista y vendedor ambulante. Lo que hace ahora es cacarear sus posibilidades políticas con la misma locuacidad con que vendía sus productos en las calles.

A cambio de renunciar para que se inicie el proceso que podría desembocar en la designación de Brugada, Juanito quiere disponer de la mitad de las plazas de confianza de la Delegación Iztapalapa. Primero dijo que esas chambas serían para sus cuates. Ahora sostiene que las distribuiría entre militantes del PT, aunque ese partido asegura que no le interesan tales plazas sino la renuncia de su renegado candidato.

En ese afán, es el mismo de siempre: simulador, exagerado, hecho a la argucia y al embuste. Nada de eso le daría notoriedad, de no ser porque además exhibe el atractivo que siempre tienen los personajes repentinamente vencedores.

Juanito parece, como ha escrito José de la Colina, surgido de “uno de los más sarcásticos cuentos de Mark Twain o de Ambrose Bierce o de Jorge Ibargüengoitia”. De pordiosero a millonario. De tianguista a delegado. No es un personaje de ideas, ni de principios, sino de actitudes y poses. Cuando estaba en campaña respondía a las preguntas de los reporteros después de consultar unas tarjetas de las que no se apartaba y que le habían escrito sus amigos que lo asesoran. Ahora no requiere de tales respaldos y deja fluir una elocuencia demagógica y tintanesca pero profundamente atractiva en la planicie mediática.

Constructor de su propio personaje, Acosta Ángeles habla de Juanito en tercera persona, como de alguien que no le es ajeno pero que tampoco es él mismo.

Otrora provocador y tianguista, la cultura política de Juanito es la del descontón y el agandalle. Por eso no le ha importado insistir en que podría dejar de cumplir el compromiso que tiene con los partidos que lo respaldaron. En tal actitud, ha tenido que pensar en las chambas, el sueldo, los cuates y la fama antes que en cualquier obligación política. En ese terreno, mantiene dos posibilidades: el regreso del Juanito disciplinado que honrará su compromiso con el Peje renunciando a la delegación, o la consolidación del Juanito que considera suyos los 180 mil votos que recibió el 5 de julio.

La primera opción, propiciaría el desplazamiento de Juanito para que Rafael Acosta Ángeles vuelva a ser actor de reparto, quizá merced a un atractivo arreglo financiero. La otra, rompería los acuerdos obradoristas para Iztapalapa, podría propiciar el retorno a esa delegación del grupo del PRD desplazado por Brugada y aliados pero además sería un desastre político y administrativo. Juanito puede ser simpático para algunos, pero da miedo imaginarlo a cargo de la delegación más pobre, peligrosa y peliaguda de la ciudad de México. (El gobierno de Brugada no sería necesariamente mejor y confirmaría el enquistamiento delegacional de una camarilla resentida y embaucadora).

La aparente traición de Juanito, si se consolidara, ha sido entendida en diversos medios como una derrota para López Obrador. Pero hay otras interpretaciones. Francisco Báez Rodríguez sugiere que, de ser delegada, Clara Brugada no sería incondicional de López Obrador e incluso podría estar más dispuesta a alinearse con el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard. Juanito como delegado por otra parte, dice ese comentarista, constituiría un problema constante para la gobernabilidad de la ciudad de México y dificultaría las posibilidades de Ebrard para alcanzar la candidatura perredista dentro de algo más de dos años.
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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Agosto 28, 2009 a 4:23 am

El mérito de “Juanito”

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Humillado en público por el dirigente por quien se ha batido incluso a golpes, servil hasta negarse a sí mismo, Rafael Acosta Ángeles, “Juanito”, es paradigma de las huestes que todavía siguen a López Obrador.

Carente de principios porque las convicciones que lo sostienen varían según el antojo del líder al que sigue, obedece y por quien se sacrifica, el candidato del PT a la delegación Iztapalapa está hoy en el centro de una disputa política que podría depender de su disciplina a los caprichos de su dirigente. Cuando López Obrador le dijo que renunciará apenas gane la Delegación, Acosta asintió sumiso, para que su lugar quede Clara Brugada, cuya candidatura fue cancelada por el Tribunal Federal Electoral.

Antes de que ese momento llegue falta que “Juanito” gane la elección; que Marcelo Ebrard, jefe de Gobierno del DF, esté dispuesto  a proponer a Brugada para reemplazarlo; que el Asamblea Legislativa del propio DF –que estará dividida entre partidarios de la dirección del PRD y lopezobradoristas– quiera aprobar esa sustitución. Y hará falta que Acosta Ángeles mantenga hasta ese momento la subordinación que ha manifestado. Ya en el cargo si es que llegase a ganar –lo cual no será sencillo, en vista de la fuerza que tienen en esa demarcación los grupos que apoyan a Silvia Oliva, la candidata del PRD– “Juanito” podría decidir que prefiere gobernar durante tres años la delegación más nutrida y con mayor presupuesto de la Ciudad de México antes que merecer el beneplácito de López Obrador, quien lo avergonzó delante de millares de personas al tratarlo como simple polichinela suya.

Ese desplante de soberbia y prepotencia ha llevado a muchos ciudadanos, entre ellos algunos comentaristas, a considerar que, ahora sí, ha resultado evidente el talante autoritario de Andrés Manuel López Obrador. Esta vez se excedió, dicen algunos. Mostró su verdadero rostro, se preocupan otros.

Pero no hay un solo rasgo nuevo en el López Obrador del mitin en donde puso en evidencia la subordinación de “Juanito” y el dirigente mandón, berrinchudo y fundamentalista que hemos conocido desde hace años. La misma ofuscación que lo invade cuando las circunstancias no se amoldan a sus preferencias, el mismo fanatismo con el que se considera depositario y beneficiario de la verdad y los designios históricos en tanto que quienes no comparten sus ensimismadas paranoias son todos miembros o títeres de la mafia como ha dado en llamar a la conspiración de todos los demás contra él, ya eran notorias cuando fue jefe de Gobierno del DF y aún antes.

Hace 5 años, el 6 de junio de 2004, esta columna se publicaba en La Crónica y allí me referí a los rasgos que me parece definen puntualmente el comportamiento, de raíces sicológicas pero de implicaciones políticas, que afecta a López Obrador. Aquel texto comenzaba de la siguiente manera:

“La personalidad autoritaria ha sido tema de atención tanto para el pensamiento político como desde los estudios de psicología social. El comportamiento de aquellos que se comportan de manera intolerante ante situaciones que no controlan puede exacerbarse –y constituir un riesgo para las sociedades– cuando quienes lo padecen se encuentran en posiciones de poder.

“Hace algo más de medio siglo el pensador alemán Theodor W. Adorno encabezó en la Universidad de Berkeley una indagación acerca de ese síndrome (T. W. Adorno,  Else Frenkel-Brunswik, Daniel J. Levinson y Nevitt R. Sanford,  The authoritarian personality. Harper, Nueva York, 1950).

“Se trata de un comportamiento paradójico: una formación conformista, sometida a presiones autoritarias, tiende a suscitar conductas proclives a la sumisión. Pero cuando los individuos que han estado sujetos a esa enseñanza alcanzan posiciones de mando, entonces pueden manifestar una intolerancia excesiva. En otras palabras: ‘Cuando hablamos de personalidad autoritaria debemos saber que esta se caracteriza por unos rasgos tales como: disposición a la obediencia esmerada a los superiores, respeto y adulación de todos los que detentan fuerza y poder, disposición a la arrogancia y al desprecio de los inferiores jerárquicos y, en general, de todos los que están privados de fuerza o de poder. También aparecen rasgos como la aguda sensibilidad por el poder, la rigidez y el conformismo. La personalidad autoritaria tiende a pensar en términos de poder, a reaccionar con gran intensidad ante todos los aspectos de la realidad que afectan las relaciones de dominio: es intolerante frente a la ambigüedad, se refugia en un orden estructurado de manera elemental e inflexible, hace uso marcado de estereotipos en su forma de pensar y de comportarse; es particularmente sensible al influjo de fuerzas externas y tiende a aceptar todos los valores convencionales del grupo social al que pertenece’.

“La definición de Adorno y sus colaboradores ha sido muy discutida, especialmente por la equiparación casi mecánica que hace entre autoritarismo y conservadurismo. Sin embargo resulta útil para entender las conductas de algunos personajes históricos. Hay quienes la han aprovechado para describir al fascismo y a los populismos de distintos momentos en la historia del siglo pasado. También puede ser sugerente para interpretar el comportamiento de dirigentes políticos singularizados por la exaltación de sí mismos, la descalificación a priori de quienes sostienen puntos de vista distintos a los suyos, el desprecio por la legalidad cuando no se ajusta a sus proyectos y la convocatoria a las movilizaciones como coartada para desatender el cumplimiento del orden jurídico.

“En América Latina, hoy en día, el venezolano Hugo Chávez puede ser considerado arquetipo de personalidad autoritaria. Su discurso maximalista no reivindica, en el fondo, más proyecto que el acaparamiento del poder por encima de marcos legales, contrapesos políticos o reclamos sociales.

“En México, Andrés Manuel López Obrador pareciera esmerarse cotidianamente para que su comportamiento encaje en la descripción clásica de personalidad autoritaria”.

Así que no debiera haber sorpresa: López Obrador ha sido así, y sus rasgos autoritarios y antidemocráticos han sido evidentes al menos desde que ejerce el poder de manera relevante. Otra cosa es que muchos de sus simpatizantes de entonces no hayan querido advertir esa patología política. Al menos ahora, gracias a Rafael Acosta la personalidad autoritaria de López Obrador ha resultado mucho más patente –y patética–.

Así es López Obrador. Ese es el dirigente al que algunos mexicanos, cada vez menos pero todavía muchos, le siguen dispensando apego y en ocasiones incluso una obnubilada devoción. Ese es el líder que maneja, sojuzga y encandila a personajes como “Juanito”, un golpeador contagiado de la intolerancia que propala López Obrador y que ahora podría ganar las elecciones en Iztapalapa, la demarcación más poblada del país.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Junio 22, 2009 a 4:44 am

Los diputados de Lopez Obrador

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La discutible decisión  –propiciada por el Tribunal Federal Electoral– para duplicar la multa que ya le había impuesto al PAN por su anodina “sopa de letras” contra el PRI, le restó atención a otras decisiones del Consejo General del IFE el viernes pasado. Por eso se ha pasado por alto el registro de las candidaturas a diputados federales de varios antiguos y nuevos adherentes de Andrés Manuel López Obrador.

Como ya se sabe, en ejercicio de esa esquizofrenia política a la que antes se denominaba y sancionaba como doble militancia y que hoy en día casi todos consideran solamente como signo de los tiempos, ese ex candidato presidencial ha decidido no respaldar a su partido, el PRD. En vez de ello, apoya al Partido del Trabajo y a Convergencia, cuyas posibilidades para conservar el registro electoral resultarían casi inexistentes de no ser porque se apuntalan en la imagen del propio López Obrador.

Las antipatías que ese frustrado candidato presidencial suscita hoy en la sociedad mexicana son mayoritarias. Pero al PT y Convergencia les basta el voto de pequeños porcentajes de ciudadanos para conservar el registro y para llevar a la próxima Legislatura a un puñado de diputados por cada partido.

Por eso son relevantes los aspirantes registrados por el principio de representación proporcional cuyos registros aprobó el IFE el 8 de mayo. La lista del Partido del Trabajo en la primera circunscripción la encabeza Enrique Ibarra Pedroza, un inteligente y antiguo priista que durante largo tiempo esperó en vano la candidatura por ese partido en Jalisco y que renunció al PRI en 2005 para ser, entonces, aspirante a la gubernatura por el PRD. Con sólida trayectoria legislativa y experiencia en asuntos electorales, Ibarra será uno de los diputados más conspicuos.

En las circunscripciones segunda y tercera los candidatos que encabezan las listas son Pedro Vázquez González y Francisco Amadeo Espinosa, actualmente senadores por el PT. En la cuarta, está Porfirio Muñoz Ledo cuyos biógrafos están en riesgo de perder la cuenta de los partidos y alianzas por los que ha transitado: del PRI al PARM, al PRD, a la coalición foxista, al lopezobradorismo… lo que a él le interesa es que será diputado. La maestra Ifigenia Martínez, también ex priista y ex perredista, ocupa el segundo sitio en esa lista. Igualmente se encuentran Agustín Escobar (miembro del PT), Laura Itzel Castillo (ex secretaria de Desarrollo Urbano en el DF) y Jaime Cárdenas Gracia, ex consejero del IFE e investigador en asuntos jurídicos.  Para la quinta circunscripción el PT propone a uno de sus dirigentes, Óscar González Yáñez.

Convergencia también postula a varios colaboradores de López Obrador: Bertha Luján, perspicaz abogada laboral que fue asesora en el gobierno de la ciudad de México, tiene el primer sitio en la primera circunscripción. Las siguientes tres, están encabezados por sendos dirigentes de Convergencia: Armando López Velarde, de Aguascalientes; Pedro Jiménez León y Jaime Álvarez Cisneros dirigente en Morelos. Pero en la cuarta circunscripción también es candidato José Agustín Ortiz Pinchetti, que fuera secretario de Gobierno en la administración de López Obrador en la ciudad de México.

En la quinta circunscripción destaca la candidatura de Alejandro Gertz Manero, que fue secretario de Seguridad Pública de la ciudad de México tanto en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas como con Rosario Robles para luego ocupar la misma responsabilidad a comienzos del gobierno de Vicente Fox. Actualmente rector de la Universidad de las Américas en la ciudad de México, la opinión de Gertz Manero es frecuentemente consultada en asuntos relacionados con la persecución a la delincuencia. Más que a López Obrador, Gertz Manero se ha acercado al dirigente nacional de Convergencia, Dante Delgado, que lo invitó a formar parte del consejo consultivo de ese partido. Martha Pérez Bejarano, que fue secretaria de Desarrollo Social en el gobierno de la ciudad de México, se encuentra en el cuarto sitio de esa lista.

Así que López Obrador no será diputado, pero contará en San Lázaro con voceros comprometidos con él. Varios de esos legisladores no serán representantes de un partido sino de la amorfa y veleidosa pero vigente fuerza política acaudillada por el que a estas alturas prácticamente nadie denomina como “presidente legítimo”. Ha perdido fuerza, pero sigue allí. Como el dinosaurio de Monterroso.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Mayo 11, 2009 a 4:01 am

Tres obviedades cortesía de Ahumada

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Ansiosos de escándalo, a los medios les urgía un tema escabroso para reemplazar a la epidemia cuyo rating noticioso había comenzado a menguar. Dos semanas hubieran sido demasiadas para mantener una tensión que era agobiante y se estaba volviendo aburrida tanto para los comunicadores como para el resto de los ciudadanos. Por eso tantos medios, impresos y electrónicos, se han aferrado a las revelaciones que, según dicen, ofrece el libro del empresario Carlos Ahumada. Y allí lo tienen, acaparando aunque sea por un par de días el centro de la agenda pública. ¿Es para tanto? ¿Qué revela esa obra acerca de los manejos del poder? ¿Qué, de la naturaleza de notorios personajes públicos?

Me atengo a las numerosas informaciones en la prensa porque me he resistido a buscar el libro de Ahumada y a gastar algunos pesos y un par de horas en él. Pero a partir de la tarde del miércoles se ha dicho y escrito tanto acerca de lo mismo que tenemos reseñas suficientes para considerar que entre otras cosas, ese trabajo del señor Ahumada confirma tres grandes realidades de la política mexicana reciente.

1. La fragilidad del Partido de la Revolución Democrática ha sido tanta que sus dirigentes resolvieron apoyarse en un empresario de dudosa confiabilidad a cambio del dinero contante, sonante y atrayente que les dispensó de manera tan pródiga. O, para decirlo de otra manera, los perredistas que aceptaron los préstamos o donaciones de Ahumada a sabiendas de que con esas ayudas él buscaba apoyo para sus negocios con el gobierno de la ciudad de México son tan convenencieros y políticamente amorales como los priistas a los que tanto han cuestionado.

Habrá quien diga que eso sucedió hace más de un sexenio, cuando el PRD tenía otros dirigentes.  Pero ¿en dónde estaban los actuales líderes de ese partido cuando el respaldo financiero de Ahumada era conocido por numerosos miembros de la nomenklatura perredista? Y ¿qué explicación fehaciente ha ofrecido Rosario Robles para que hoy en día haya quienes la consideren comentarista autorizada acerca de los más variados asuntos públicos? La señora Robles no ha sido una mujer ofuscada por el amor y engañada por un vivales como han querido mostrarla algunos de sus defensores. Ha sido y es una mujer que hace política y que siempre conoció –aceptándolas a pesar de ello– las consecuencias de admitir privilegios y dinero, para su partido y para ella, provenientes de un personaje de reputación que ahora se confirma lesionada por negocios tramposos. Si sus negocios hubieran sido limpios Ahumada nunca habría necesitado del respaldo que esperaba encontrar en la nueva clase política perredista.

2. Ahumada era, y no hay evidencias para considerar que haya dejado de ser, un personaje indefendible. Fue preso político por venganza del gobierno de la ciudad de México después de que se conocieron los videos que grabó y filtró. Al parecer no le encontraron delitos suficientes para mantenerlo en prisión. Y es que sabía documentar las fallas de otros pero tuvo el cuidado suficiente para que no hubiera registro de las suyas. Más que por sus negocios, se le puede entender a partir del trato que tenía con sus más cercanos. Un señor que graba en video a todos los que van a su oficina, incluso a su novia, es un paranoico o un chantajista. Y en cualquiera de esas posibilidades, se trata de un personaje tan perverso, o tan desesperado, que está dispuesto a traficar exhibiendo las debilidades de los demás sin importarle que con ellas se exhibe a sí mismo.

3. A Carlos Salinas de Gortari le han adjudicado tantos complots que alguna vez tenía que aparecer uno con visos de credibilidad. No es nueva la versión de que él envió a Televisa los videos que mostraban a Ponce y Bejarano jugando en Las Vegas o embolsándose los dólares con todo y ligas. El único ingrediente adicional que ofrece Ahumada es la versión de que el ex presidente le pagó por esos videos. Quizá Carlos Salinas haya buscado con esos videos la aquiescencia presidencial para sacar de la cárcel a su hermano Raúl, aunque el asunto estaba en manos del Poder Judicial y no del Ejecutivo. En todo caso no hay que olvidar que Raúl Salinas fue encarcelado sin pruebas sólidas, con testimonios hechizos y que fue sometido a un vergonzoso cuan frágil proceso judicial.

Aquel apotegma sobre la tragedia y la comedia se repite con tanta frecuencia que suena manido traerlo a colación pero el comportamiento circular de Ahumada hace irresistible esa metáfora. Primero decidió acercarse a López Obrador para, apoyándolo, beneficiarse de los negocios que haría con su administración. Luego, acosado por los perredistas que no eran amigos suyos pero tampoco socios confiables, Ahumada golpea a todos juntos suministrando los escandalosos videos. Ahora, termina haciéndole a López Obrador el servicio de confirmar sus denuncias más estentóreas.

Habilitado como indeseado pero útil aval de López Obrador, Carlos Ahumada se encuentra al final del círculo o ha iniciado ya, luego de la tragedia, un vistoso acto de comedia. Durará tanto como tarde en aparecer una nueva carnada capaz de inquietar a los medios.

ALACENA: Mensaje de Jesús Silva-Herzog Márquez

En un amable recado que dejó al calce de esta columna en eje central, Jesús Silva Herzog Márquez –o, bueno, alguien que firma con sus iniciales– considera: “Enlazar mi texto con la sugerencia de que sostengo que el gobierno ‘exageró’ es impreciso”.

Aquí se escribió, a propósito de la suspicacia que se ha desarrollado acerca de las acciones gubernamentales para enfrentar la epidemia, que hay quienes consideran que el gobierno exageró. Para ejemplificar tales opiniones coloqué en esa frase un enlace al artículo de Jesús publicado el lunes anterior en Reforma y compendiado en su blog.  En su breve mensaje él precisa: “Mi artículo cuestiona la argumentación del gobierno, no su acción”.

Vamos a ver. En ese texto, Silva-Herzog Márquez escribe: “percibo un abismo entre el daño, la advertencia del riesgo y la reacción de los gobiernos” refiriéndose a los gobiernos federal y de la ciudad de México.

Y luego: “Coincido con las autoridades de que, frente a la duda hay que extremar las precauciones. Si poco sabemos de la capacidad mortífera del bicho, mejor excederse en la precaución y no en la indolencia”.

Después de releer esas y otras frases, me convenzo de que no distorsioné las apreciaciones de Jesús al considerar que el gobierno exageró en su respuesta a la epidemia.

Después de considerar “La conglomeración humana más grande del planeta apenas ha registrado un manojo de muertes. En el país, apenas unos cuantos decesos más”, subraya: “Desde el mismo mirador de mi ignorancia me atrevo a decir que la desproporción de la reacción oficial ha sido inmensa”.

Como quiera que sea, agradezco la lectura y el cordial comentario de Silva-Herzog Márquez con cuyo artículo del lunes no estoy de acuerdo pero que es una de las voces más inteligentes en la prensa que tenemos.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Mayo 8, 2009 a 4:42 am

El reventador

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emeequis, 2 de noviembre

Mostrador

Si López Obrador hubiera sido presidente, es altamente posible que el gobierno hubiera aceptado la participación de inversionistas privados en tareas de expansión y modernización de Pemex. Así lo anticipaba su “Proyecto Alternativo de Nación”. Pero como la iniciativa legal para que esa inversión fuera posible la presentó por Felipe Calderón, entonces se le tildó de antipatriótica, neoliberal y embaucadora.

No es esa la única, ni la más importante, de las inconsecuencias del cada vez menos denominado “presidente legítimo”. Pero permite ilustrar las torceduras de la discusión que se libró durante varios meses en torno a la reforma petrolera.

Las propuestas del gobierno fueron ideologizadas. Más que opciones técnicas y financieras, se discutieron escenarios maniqueos. Ante la indolencia argumental del gobierno que pretendió defender sus posturas a golpes de spots pero sin explicaciones ni datos claros, terminó por predominar el activismo retórico y callejero de sus antagonistas. Tanto así, que ahora el presidente Calderón festeja la reforma que aprobaron los partidos y que es notablemente más limitada y modesta en comparación con la que él propuso en abril pasado.

La reforma tiene avances que no son desdeñables. Pemex podrá desarrollarse sin que el país signifique un lastre para esa empresa y tendrá nuevos espacios de supervisión y gestión. Pero no se ha precisado de qué manera compensarán las finanzas públicas el boquete que abre la ausencia del respaldo hasta ahora otorgado por la renta petrolera.

Tampoco es claro si los recursos que deje de entregarle al Estado serán suficientes para que Pemex –sobre todo ahora que se desplomó el precio del crudo– emprenda las tareas de exploración y expansión a las que se pretendía apuntalar con inversión privada. Varios de quienes, dentro y fuera del gobierno, sostuvieron durante varios meses que únicamente la asociación con empresas privadas le permitiría a Pemex buscar y extraer crudo en aguas lejanas y profundas, ahora se dicen satisfechos con la reforma. Exageraron antes, o mienten ahora.

Para mentiras, sin embargo, las de López Obrador. Nunca quiso promover reformas de ley. Por varios meses, apostó a un discurso remolón y equívoco. Su único afán era bloquear las propuestas del gobierno y hacer de este largo y complejo episodio un nuevo fracaso para Felipe Calderón. Por eso, como relata el espléndido reportaje publicado la semana pasada en emeequis, cuando le explicaron los avances que el PRD y la propuesta diseñada por varios especialistas habían logrado en la negociación con otros partidos, el ex candidato presidencial insistió: “¿Y no hay manera de reventar la reforma?”.

Esa, la de reventador, es la vocación en la que ha resuelto encasillarse López Obrador. A los dirigentes de la corriente renovadora dentro del PRD, que promovieron cambios importantes en la reforma petrolera, les costó varios desencuentros y desaires constatar que con ese personaje es imposible hacer política. Aun está por verse, sin embargo, si se hacen cargo de ese aprendizaje o terminan disimulándolo como han hecho en otras ocasiones.

También aprendieron algo de la reticencia de López Obrador y los suyos para respetar acuerdos los diputados que aceptaron recibirlo el martes 28 de octubre, horas antes de aprobar la reforma petrolera. Quizá llegaron a suponer que la comparecencia en San Lázaro del personaje que dos años antes mandó al demonio a las instituciones, tendría un pedagógico simbolismo. Sin embargo la cara dura de López Obrador está a prueba de cualquier ejercicio de memoria y congruencia. Llegó a endosarles a los legisladores un rosario de exigencias y amenazas. Más tarde, los diputados que le siguen siendo incondicionales ocuparon la tribuna para entorpecer los trabajos de la Cámara.

Hay quienes consideran que, gracias a la intensa exposición pública y a la docilidad con que los medios de comunicación se mimetizaron a su agenda en los días recientes, quien más réditos políticos cosechó en este proceso fue López Obrador. Pero si recordamos que al “presidente legítimo” no le interesaba promover modificaciones legales sino impedir cualquier reforma, quizá se pueda advertir que, en realidad, López Obrador es el gran perdedor de este episodio. Por lo menos, y a pesar de la vocinglería de sus seguidores más exaltados, parece claro que se está quedando cada vez más solo.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Noviembre 3, 2008 a 2:01 pm

Ridículo, marrullería, perplejidad

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La Crónica, jueves24 de abril

Quizá es impropio de su investidura y sobre todo políticamente impertinente que lo diga, pero será difícil que alguien, sensatamente, ponga en duda la afirmación del presidente de la República acerca de la imagen del PRD y sus aliados: sus comportamientos recientes, “simple y sencillamente los ponen en ridículo”.

Es cierto, aunque no hacía falta que lo dijera. Pero se trata de una verdad parcial. El PRD y socios en esta aventura no son los únicos que están quedando en ridículo.

Al atraco político que cometen esos partidos, se opone el escarnio mediático de la ultraderecha. Frente a la intolerancia cerril de los lopezobradoristas, ha destacado la generalización maliciosa de quienes los comparan con el fascismo corriente. Se trata de exageraciones tan mayúsculas que resultan grotescas, estrafalarias.

La ocupación de las tribunas parlamentarias ha constituido una reiteración, cruda y dura, del talante antidemocrático que impera en el PRD así como de la inhabilidad del gobierno, el PAN y el PRI para asumir las responsabilidades políticas y jurídicas que les asignaron los ciudadanos. Pero ese asalto a los recintos legislativos no ha sido golpe de Estado, ni secuestro del Congreso, como se ha dicho con ligereza.

Las precisiones conceptuales no son, en este caso, florituras académicas. Hace falta definir qué está ocurriendo para entender de qué se trata. Lo que hemos presenciado desde hace dos semanas es un abusivo caso de extorsión política que ha tenido como propósito demorar el debate acerca de la reforma energética. En aras de ese objetivo Andrés Manuel López Obrador, y sus abiertos o vergonzantes seguidores, se han desplegado en tres terrenos simultáneos.

El primero ha sido el ámbito de los recintos legislativos gracias a la adocenada disciplina de senadores y diputados perredistas que, independientemente del bando que asuman dentro de la encarnizada disputa dentro de su partido, resolvieron ceñirse a los dictados del caudillo que hoy por hoy sustituye cualquier decisión o voluntad dentro del PRD.

Su segundo territorio es el de la calle, que no resulta ajeno a las prácticas de las izquierdas pero que en esta ocasión ha sido ocupado no para defender una reivindicación popular y mucho menos democrática –como solían hacer los agrupamientos de esa vocación ideológica– sino para impedir la discusión y en todo caso la decisión nacionales sobre el petróleo. En empleo de las “adelitas” ha sido por sí mismo suficientemente autoritario, caudillista –e incluso machista– para describir la índole antidemocrática de ese movimiento.

El tercer ámbito donde López Obrador y los suyos despliegan influencia y presencia es el de los medios de comunicación. Con la especie de que se les margina y censura, mantienen atemorizados a muchos de los medios y operadores mediáticos más relevantes que, entonces, se esfuerzan para darles cabida con tal de no resultar políticamente incorrectos o, en este caso, propagandísticamente condenables por parte del lopezobradorismo.

En esos tres frentes, los adversarios de las iniciativas presidenciales para la reforma de la industria petrolera han alcanzado un triunfo inicial. Lo que querían antes que nada era impedir la discusión de esas propuestas antes de que terminase el actual periodo de sesiones del Congreso y así lo consiguieron. Un logro adicional para esa controvertible causa ha sido la densa nube de confusión que se ha cernido sobre las propuestas del presidente Felipe Calderón y, en general, acerca de la cuestión petrolera.

Estamos, hasta ahora, ante un triunfo de la marrullería y el atropello políticos. No se trata de un recurso habitual en el litigio parlamentario como se ha querido decir en descargo de los legisladores perredistas. Ocupar la tribuna para defender su derecho a expresarse puede ser legítimo cuando a un diputado o senador se le quiere marginar en la discusión o la decisión legislativas. En ocasiones, la presentación de largas peroratas se convierte en recurso para dificultar la discusión parlamentaria. Lo que hacen ahora los legisladores del PRD, sin embargo, es impedir cualquier intercambio, cualquier debate en los recintos por excelencia adecuados para ello.

Se trata de un atentado a la política, a la deliberación y al desempeño del Congreso. Pero eso no es golpe de Estado como no lo constituyó, tampoco, el desafuero de López Obrador que hace tres años fue considerado de esa manera por algunos apologistas de ese personaje. Tampoco estamos ante un secuestro del Congreso porque, como a pesar de incomodidades y limitaciones ha demostrado la mayoría de sus integrantes, ambas Cámaras han seguido trabajando.

Esa expresión de marrullería política ha prosperado ante la perplejidad del resto de las fuerzas políticas y la confusión de buena parte de la sociedad. En ese río revuelto algún exaltado tuvo la ocurrencia de comparar a López Obrador con Hitler, Pinochet y Victoriano Huerta y, además del beneplácito de las televisoras, obtuvo recursos para comprar tiempo en ellas.

Se trata de un completo despropósito. Si nuestro ambiente público no estuviera tan crispado, el conocido spot habría pasado con más pena que gloria y sería reconocido como expresión de barbaridad e intolerancia. Pero con los ánimos políticos tan soliviantados, hay quienes han querido encontrar razonable la equiparación que se hacía en ese anuncio realizado para denostar a López Obrador y a los partidos que lo respaldan. Más allá de todo eso, el spot es ilegal de acuerdo con las normas aprobadas a fines del año pasado para la difusión de propaganda política.

El anuncio de marras viola la Constitución. No hay vuelta de hoja. Y esa transgresión constitucional ha sido alentada o dispensada por los grupos o personas que hayan contribuido a la difusión del spot, por las empresas de televisión y radio que lo transmitieron, por los medios de comunicación que aplaudieron esa difusión y, hasta ahora, por las autoridades del Instituto Federal Electoral que asisten extrañadas y apocadas ante esa violación de la ley que tienen la responsabilidad de hacer cumplir.

Tendría que ser innecesario, pero a menos de medio año de su promulgación hace falta recordar la más importante de las disposiciones de esa reforma al artículo 41 de la Constitución Política:

“Los partidos políticos en ningún momento podrán contratar o adquirir, por sí o por terceras personas, tiempos en cualquier modalidad de radio o televisión.

“Ninguna otra persona física o moral, sea a título propio o por cuenta de terceros, podrá contratar propaganda en radio y televisión dirigida a influir en las preferencias electorales de los ciudadanos, ni a favor o en contra de partidos políticos o de candidatos a cargos de elección popular”.

El artículo 41 constitucional se refiere a la propaganda política en cualquier momento y no solamente cuando hay campañas electorales, como se ha llegado a suponer. El Código Federal Electoral, a partir de las reformas recientes, ratifica esas disposiciones y señala sanciones muy precisas para quienes las infrinjan.

En este caso el grupo que suscribe y que aparentemente pagó la difusión del spot, pero además las televisoras y radiodifusoras que lo transmitieron, tendrían que ser sancionados por el Instituto Federal Electoral. Al incumplimiento de la ley en el que ya había incurrido, Televisa añadió una infracción más al seguir transmitiéndolo después de que, el viernes pasado, el IFE había dispuesto que fuera suspendido.

Los consorcios mediáticos están poniendo a prueba la capacidad de los actuales consejeros del IFE para hacer cumplir la ley. Todavía está pendiente la sanción que impondrán –si se animan a hacerlo– a Televisión Azteca y a los partidos que conforman el llamado Frente Amplio Progresista por el spot que hace varias semanas anunciaba un mitin de López Obrador y que fue contratado al margen de la autoridad electoral. Después de esa contravención, hace apenas un mes, la difusión del spot que equipara a AMLO con personajes del fascismo histórico es un abierto desafío a los consejeros del IFE. Ellos reaccionan con tanta parsimonia que pareciera que no se enteran, o no entienden lo que ocurre.

Ante los abusos del ex candidato presidencial y su estridente claque, los promotores del engañoso spot promueven la ofuscación y la polarización. Sería igualmente maniqueo considerar que se trata de fuerzas equivalentes. El de Guillermo Velasco Arzac es, independientemente de los apoyos que pueda tener, un exceso cometido por un ciudadano frente al incumplimiento de sus obligaciones constitucionales en el que han incurrido senadores y diputados federales de PRD, PT y Convergencia. La del grupo “Mejor sociedad, mejor gobierno, A.C.” es una campaña mediáticamente vistosa pero nada más que eso, que realiza un pequeño grupo privado frente a omisiones y acciones de esos tres partidos nacionales que están empecinados en estropear el trabajo legislativo.

El saldo, hasta ahora, es que no hay debate sobre el petróleo. Y cualquiera que sea, cuando ocurra, la decisión acerca de las reformas para esa industria habrá quedado oscurecida por suspicacias y distorsiones promovidas por los prosélitos de López Obrador pero favorecidas, también, por la inhabilidad política del gobierno y el PAN. Ah, claro, y por la taimada actitud del PRI que no encuentra provecho en comprometerse con la reforma petrolera.

Así que el ridículo resulta evidente, pero no es patrimonio de una sola fuerza política.

Ahora que, si atendemos a la acepción precisa y advertimos que ridículo es aquello que provoca risa, entonces habrá que reconocer que la situación nacional se encuentra en las antípodas de ese adjetivo. Está, digámoslo claramente, para llorar.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Abril 24, 2008 a 1:50 pm

El PRD en la tragedia nacional

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Revista emeequis, 20 de abril

mostrador

Cuando López Obrador envía a sus adelitas y a los legisladores perredistas a entorpecer la discusión a la que está obligado el Congreso no solamente estamos presenciando la reedición de una escaramuza ya conocida. La tentación de asegurar que transcurrimos de la tragedia a la comedia resulta casi inevitable, aunque aquella frase nos queda cada vez más insuficiente.

Si nuestra vida pública deambulara de la confusión trágica al despropósito cómico, tendríamos cierta evolución o al menos nos entretendríamos. Pero cada vez tenemos más afianzada la sensación de que el país no hace sino recorrer un tortuoso, si bien estridente círculo vicioso. Importa poco si estamos moviéndonos de tragedia en tragedia o de comedia en comedia. Porque, una u otra, el resultado incluye el estancamiento de la deliberación pública, la estupefacción y el hartazgo de la sociedad, así como el refocilamiento de la clase política en la rencilla improductiva.

La responsabilidad del PRD y su ex candidato presidencial sigue siendo fundamental en ese atasco de la vida pública mexicana. Empecinado en una soberbia tan, valga la redundancia, autocomplaciente como auto paralizante, Andrés Manuel López Obrador renunció hace tiempo a ser palanca de cambios para el país y considera que su misión política es fastidiar sin tregua al presidente que le ganó las elecciones hace un par de años. En eso consiste el papel de la oposición, podría decirse. Pero una cosa es mandar al diablo a las instituciones –es decir, renegar de ellas con tanta exaltación que se las considera prescindibles— y, otra, tratar de que la vida política institucional se convierta en un infierno.

Por eso el comportamiento de López Obrador y su partido ha sido tan patéticamente emblemático del estancamiento de una vida pública en donde los desplantes sustituyen a las ideas y los reparos a la deliberación. El problema no es que ese personaje insista, al estilo del priismo autoritario en el que no en balde se formó políticamente, en que no hay más verdades que las suyas. Tampoco que siga denominándose presidente legítimo.

Esas y otras extravagancias serían indicativas de la incapacidad de López Obrador para entender una realidad que le ha sido desfavorable y nada más. El problema radica en la subordinación que la mayoría de sus correligionarios, comenzando por los líderes de esas variadas y a su vez peleoneras corrientes perredistas, siguen teniendo respecto de ese caudillo.

Aun sin haber resuelto la vergonzosa disputa por sus elecciones internas, todos los grupos del PRD cerraron filas no en defensa de un proyecto para reivindicar la soberanía nacional sobre nuestro petróleo sino, simplemente, alrededor de un rechazo tajante, sin argumentos ni matices.

La propuesta que el presidente Felipe Calderón envió al Congreso tiene aristas discutibles y precisamente por ello es preciso que se le examine con todo rigor. Aunque en ella se advierte un esfuerzo para conciliar las posiciones que buscaban una apertura con pocas restricciones con aquellas que sugieren no hacer nada o hacer muy poco para renovar a la empresa petrolera y su capacidad de crecimiento, la iniciativa del gobierno deja sin resolver algunas dudas fundamentales.

Sobre todo sigue faltando información completa, pero además confiable, para saber si la participación de empresas privadas en la búsqueda y la refinación de petróleo es realmente la mejor opción para el país. Hay quienes, como Cuauhtémoc Cárdenas, proponen reforzar las finanzas de Pemex para que la alianza con empresas privadas no sea necesaria. Parece sensato, aunque esa postura deja sin resolver de dónde obtendría el país el dinero necesario para compensar la ausencia del fortísimo respaldo que los recursos petroleros le otorgan al presupuesto nacional. En todo caso allí se encuentra uno de los nudos de la discusión que hace falta.

Esa deliberación ha sido entorpecida por la taimada indefinición del PRI que sigue apostando al corto plazo, sin comprometerse y pensando únicamente en su recuperación electoral y que buscó demorarse para ofrecer una posición acerca de la propuesta del presidente Calderón.

También la desmañada táctica del gobierno, que no ha tenido una ruta clara para preparar, cabildear, publicitar y defender su iniciativa de reforma petrolera, influyó en la parálisis política que hemos advertido en las semanas recientes. Es difícil que los acercamientos con otras fuerzas políticas los pueda emprender un secretario de Gobernación que ha gestionado contratos de servicios con Pemex en beneficio de su empresa familiar y que, peor aún, inicialmente se negó a reconocer y a explicar esa situación.

Pero en la perplejidad de esta vida pública acicateada por declaraciones catastrofistas y habitualmente ayunas de ideas y propuestas la responsabilidad del PRD, al que por comodidad, costumbre o ignorancia hay quienes siguen considerando de izquierdas, ha sido esencial. Comedia y tragedia, ese partido nacional sigue sin hacerse cargo de la confianza que pese a tan notorios despropósitos le siguen dispensando muchos ciudadanos. Frenar o estorbar la discusión jamás han sido prácticas reconocidas en la izquierda y mucho menos en la política de índole democrática. Pero a López Obrador y su partido hace rato dejaron de interesarles la congruencia y mucho menos las ideas. Y esa, tragedia o comedia, es una realidad imposible de aceptar.

–0–

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Abril 22, 2008 a 12:49 am

Y los enredos de petróleo el diablo

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Crónica, 10 de abril de 2008

Antes de conocerla, López Obrador descalificó la iniciativa de reforma petrolera que antier presentó el presidente Felipe Calderón. Si hubiera un recetario para esquivar debates, el comportamiento del ex candidato perredista sería paradigmático. Antes que argumentos, la reprobación prejuiciada. Por encima de la deliberación, el asedio a espacios parlamentarios. A falta de razones, desautorizaciones.

La precipitación de los anticipadamente adversos a la reforma petrolera confirmó que, fuese cual fuera, la iniciativa del gobierno encontraría ese flanco antagónico. Signos de los tiempos, resabios de la crispación, secuelas de la política autoritaria: las “adelitas” del Peje convertidas en adeptas maleables e incondicionales en la peor tradición del caudillismo pero, sobre todo, con los más lamentables rasgos de sumisión femenina más allá de las razones; los intelectuales que se declaran contra una privatización petrolera que definieron mal, de prisa y equívocamente, después de suscribir sus desplegados; los legisladores más aptos para asaltar la tribuna que para ocuparla con argumentos y explicaciones. Esos, junto con la simplificación mediática (no en todos los medios, sí en los más refractarios de la misma manera que en los más sumisos al gobierno actual) son rasgos de anti-clima que encuentran las propuestas del presidente Calderón.

Tarde y mal, pero a fin de cuentas de frente, Calderón se animó a presentar su propuesta de reforma legal. En realidad se trata de cinco iniciativas: una nueva Ley Orgánica para Petróleos Mexicanos, modificaciones a la Ley Reglamentaria del artículo 27 Constitucional, la creación de una Comisión del Petróleo, así como reformas a la Ley Orgánica de la Administración Pública y a la Ley de la Comisión Reguladora de Energía. En esos documentos, aun sujetos al escrutinio especializado, se pueden distinguir cuatro coordenadas para el crecimiento de la industria petrolera:

1. La transformación de Pemex en una empresa que trabaje con criterios y decisiones propios. Se trata de que esté regida por un consejo de administración en el que, además de los representantes del Estado y el sindicato petrolero, habría consejeros profesionales. El gobierno no se arriesgó a proponer la exclusión de los representantes sindicales, con lo cual mantiene una de las principales fuentes de favoritismo y desviación de recursos en la industria petrolera. Sin embargo estableció un candado parcial: las decisiones del Consejo de Administración requerirán del voto favorable de al menos dos de los cuatro consejeros profesionales en una primera sesión. Si no hay acuerdo, se decidirá por mayoría simple en una segunda reunión. La empresa tendrá autonomía para el manejo de su presupuesto.

2. La creación de nuevos mecanismos y organismos de regulación y transparencia. En Pemex habrá un Comité de Transparencia y un Comisario que vigilarán las decisiones del Consejo de Administración y del Director de la empresa. Por otra parte se crea la Comisión del Petróleo, organismo técnico asesor de la Secretaría de Energía. Esa Comisión estará integrada por 5 comisionados a los que designará el Presidente de la República. Entre otras obligaciones tendrá la cuantificación de las reservas de hidrocarburos, propondrá lineamientos para proyectos de inversión, exploración y explotación y otorgará y revocará permisos para obras de exploración y explotación. La Comisión Reguladora de Energía recibe nuevas facultades, entre otras la de establecer precios de los derivados de la petroquímica. Además sancionará violaciones a normas de seguridad.

3. Más información pública acerca de la industria petrolera, su situación y proyectos. Además de la información que provean los ya señalados organismos, Pemex deberá rendir cuentas de sus políticas y resultados a quienes tengan “bonos ciudadanos”. Esos títulos de crédito serán expedidos por Pemex y darán rendimientos de acuerdo con su desarrollo pero no implican derechos patrimoniales sobre la empresa. Como figura retórica para subrayar el carácter nacional de Pemex, los bonos son una fórmula llamativa y quizá resulten propagandísticamente eficaces. Pero pueden conducir a un endeudamiento excesivo de Petróleos Mexicanos. Por otra parte, a fin de que no se susciten falsas expectativas, es preciso que el gobierno explique los mecanismos de adquisición, las reglas para evitar su acaparamiento y los réditos posibles de tales bonos.

4. La posibilidad de contratar a empresas privadas para tareas de exploración petrolera, así como en la refinación y transporte de productos petroquímicos, siempre bajo la supervisión de Pemex. Aquí se encuentra el tema que será más debatido de entre los que componen esta colección de propuestas.

El Artículo 4º. que se propone para la Ley Reglamentaria del 27 Constitucional en el Ramo del Petróleo dice:

“Petróleos Mexicanos, sus organismos subsidiarios y los sectores social y privado, previo permiso, podrán realizar las actividades de transporte, almacenamiento y distribución de gas, de los productos que se obtengan de la refinación de petróleo y de petroquímicos básicos.

“Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios podrán contratar con terceros los servicios de refinación de petróleo. Dicha contratación no podrá, en modo alguno, transmitir la propiedad del hidrocarburo al contratista, quien tendrá la obligación de entregar a Petróleos Mexicanos o sus organismos subsidiarios todos los productos y residuos aprovechables que resulten de los procesos realizados.

“Las personas que pretendan realizar las actividades o prestar los servicios a que se refieren los dos párrafos anteriores, podrán construir, operar y ser propietarios de ductos, instalaciones y equipos, en los términos de las disposiciones reglamentarias, técnicas y de regulación que se expidan…”

Y el artículo 6º. de esa misma iniciativa indica:

“Petróleos Mexicanos y sus organismos subsidiarios podrán celebrar

con personas físicas o morales los contratos de obras y de prestación de servicios que la mejor realización de sus actividades requiere, manteniendo en todo momento el control sobre las actividades en la exploración y desarrollo de los recursos petroleros.

“Las remuneraciones que en dichos contratos se establezcan, serán siempre en efectivo y en ningún caso concederán, por los servicios que se presten o las obras que se ejecuten, propiedad sobre los hidrocarburos, ya sea a través de porcentajes en los productos o de participación en los resultados de las explotaciones”.

Esas son las cartas del presidente Calderón. Decimos que las presentó mal y tarde por toda la especulación que el gobierno dejó brotar antes de decidirse a enfrentar las contingencias, pero también las ventajas políticas, de hacer una propuesta integral y clara.

Será difícil que alguien esté en contra de que Pemex trabaje con eficiencia, o de que haya más y más claros controles sobre su desempeño. Los “bonos ciudadanos” tendrán que ser evaluados independientemente de su fuerza simbólica. Y respecto de la contratación de empresas privadas para desempeñar tareas tanto en la búsqueda y obtención como en el procesamiento de crudo, subsisten preguntas básicas. ¿Pemex no puede hacerse cargo directamente de esas tareas? ¿Qué necesitaría para estar en aptitud de enfrentarlas sin subcontratar? ¿Cuánto perderemos a mediano plazo por ahorrar ahora en la inversión tanto para explorar y extraer como para refinar petróleo?

La solución a esas y las seguramente muchas otras interrogantes que suscitan las iniciativas presidenciales tendría que ocurrir en una auténtica deliberación nacional. El marco institucional deseable para ello es el Congreso y por eso ha sido pertinente que, ayer, el Senado estableciera un ambicioso temario para un debate sobre la cuestión energética. Quienesquiera que se opongan a esa discusión –y a que, al cabo de ella, los legisladores cumplan con la obligación que tienen para, valga la redundancia, tomar decisiones legislativas– estarán entorpeciendo no solamente la posibilidad de acuerdos básicos en un asunto nodal para el país. Además impedirían que en este debate los ciudadanos opinen, pregunten, entiendan y, así, se formen una posición enterada acerca de la reforma petrolera. No hay que hacer enredos de los veneros del petróleo lopezvelardianos.

No sería una novedad que López Obrador prefiriera las medidas de fuerza a la deliberación. El debate de ideas no es ni ha sido su fuerte. Pero no es la capacidad ni mucho menos la lucidez de ese dirigente lo que está a prueba, sino la aptitud del país para tomar decisiones a pesar de los segmentos más cerriles de la sociedad. La mitad del PRD que en el reciente y desastrado proceso electoral de ese partido se manifestó contra el caudillismo del ex candidato presidencial tendrá algo que decir en ese debate, a menos que involucione de nuevo y otra vez se mimetice con el inmovilismo político que, hipotecado únicamente a la expresión callejera, propone López Obrador. Los intelectuales que con este motivo refrendaron su adhesión al que unos cuantos de ellos consideran presidente legítimo, están ante la valiosa oportunidad de volver a las ideas. Las adelitas, como ellas mismas se denominan en autoflagelatorio vasallaje, tienen la ocasión de reivindicarse como mujeres plenas, dispuestas a actuar pero antes que nada a razonar, a diferencia de aquellas señoras que no acompañaban sino que simplemente seguían a sus hombres en la Revolución de hace casi un siglo. A ver si quieren.

Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Abril 10, 2008 a 10:26 am

López Obrador y Loret de Mola

con un comentario

La Crónica, jueves 3 de abril

   No se trató, desde luego, de una entrevista a modo como las que ha tenido con periodistas que decidieron no cuestionarlo sino simplemente abrirle espacios para que se hiciera propaganda. Pero tampoco fue una emboscada. La conversación que antier, martes 1 de abril, sostuvieron Andrés Manuel López Obrador y Carlos Loret de Mola en el noticiero matutino del canal 2 fue un intercambio difícil, áspero en ocasiones. El ex candidato presidencial, nervioso, a ratos incluso desconcertado ante preguntas triviales pero también agresivas, apareció sin argumentos cuando se tocaban asuntos de fondo.

   Loret condujo la charla por terrenos incómodos, que no son pocos para quien tiene una actuación pública repleta de contradicciones: el “presidente legítimo” repite un discurso cada vez más hueco, apela todavía a un fraude del que jamás ofreció una sola prueba rotunda, desconoce al gobierno “usurpador” pero le paga impuestos y le presenta exigencias, se dice democrático pero contribuyó a precipitar la patética crisis de antidemocracia y simulaciones por la que atraviesa su partido, se opone a la privatización del petróleo cuando nadie la ha propuesto al menos todavía, descalifica la posibilidad de que el gobierno se asocie con empresas privadas en la modernización del sector energético cuando él mismo lo propuso así, con esas palabras, en su proyecto de gobierno.

   El cerco informativo del que habla López Obrador para decirse marginado y perseguido se contradice con la amplia presencia que, de una manera u otra, ha tenido en los medios después de la elección de hace casi dos años. Desde luego sus posturas encuentran contrapuntos críticos en los medios de comunicación y es entonces cuando López Obrador se desconcierta y, exasperado, se proclama acosado. No es de extrañar que en Televisa sus tropiezos, y los de su partido, hayan sido ampliamente propalados como ocurre en la cobertura de la interminable postelección del PRD. Pero sería más sospechoso aún que esa televisora ocultase las notas de un escándalo político que resulta, por lo demás, insoslayable.

   39 minutos, de 7.09 a 7.48, estuvo López Obrador en el noticiero de Carlos Loret. De esa conversación hemos rescatado el segmento transmitido de 7.15 a 7.20 de la mañana, cuando el periodista le pregunta por el lodazal en que se ha convertido la contienda dentro del PRD y López Obrador replica quejándose de la cobertura que recibe en los noticieros de Televisa.

 

   Carlos Loret de Mola: ¿Oiga, cómo, cómo se, con qué autoridad moral nos dice usted, nos dice el PRD que nos va a defender a los mexicanos de los presuntos saqueadores, después de que vimos cómo se saquearon entre ustedes hace tres domingos en la elección interna del PRD? Porque fue un saqueo ¿no?

   Andrés Manuel López Obrador: Yo te digo dos cosas. En primer lugar yo tengo autoridad moral. Yo no tengo nada de qué avergonzarme. De mi pueden decir lo que quieran pero no pueden decir que yo sea el ladrón. Yo he sido consecuente toda mi vida y lo que estimo más importante en mi vida es la honestidad, entonces sí tengo autoridad moral, ¿eh?

   Loret: Para hablar de corrupción cuando tenía a Bejarano al lado…

   López: Si, cuando tenía yo a Bejarano al lado, que ustedes hicieron mucha propaganda de eso…

 Loret: Un video ¿no?

 López: Sí, que ustedes sacaron allí. Se demostró…

 Loret: Unas liguitas ¿no?

 López: Sí, que ustedes sacaron aquí.

 Loret: Unas liguitas, una lanita…

 López: Sí, sí, por…

 Loret: Una corrupción…

 López: Una, una confabulación, ustedes dieron a conocer ese video pero en esa ocasión, Carlos, se demostró de que yo no tenía nada que ver. Hay constancia de eso y se demostró de que era una confabulación para afectarme políticamente. Entonces te repito, yo tengo autoridad moral, ¿sí?

   Loret: ¿Y el cochinero del PRD?

   López: En el caso de lo que está sucediendo en el PRD, pues me gustaría que se resolviera. Pero, este, sin querer comparar, pues han saqueado al país, ¿sí? Este, ustedes por cierto no han dicho mucho sobre esto, sobre la privatización en general…

   Loret: En esta misma silla ya se sentaron, nada más faltaba usted…

   López: No, no, pero, sí, pero sabes qué, cuando el Fobaproa no hablaron mucho.

   Loret: Hasta programas especiales hubo, yo no trabajaba aquí entonces, pero me acuerdo que hubo programas de eso.

   López: Sí, no hablaron mucho pero qué bueno que ahora en el caso de este afán privatizador en lo que corresponde al petróleo, pues van a haber espacios, me importa mucho que me hayas invitado, porque ya pasaron…

    Loret: Y también vamos a hablar de los del PRD, ¿eh?

    López: Sí claro y de lo que tú quieras, yo no tengo ningún problema.

    Loret: Déjeme termino con esto. ¿Fue un saqueo, fue un cochinero la elección del PRD?

   López: Bueno, ahí están ya los datos, los informes, ustedes le han dado mucho vuelo, porque es un poco…

    Loret: Porque es nota.

    López: Y es el papel también que juegan ustedes, o sea…

    Loret: Dar la nota.

   López: Sí, le suben al volumen cuando se trata de asuntos que le conviene al régimen y que nos afectan a nosotros. Mira, ahora en Semana Santa…

   Loret: No, no, nada más le digo yo creo que todo lo que hemos dicho todos los comentaristas de Televisa juntos, con respecto a la elección interna del PRD palidece frente a lo que se han dicho entre ustedes, eh.

   López: Sí.

   Loret: Pero bueno, ahí se lo dejo. ¿Le parece que se ha maximizado?

   López: Sí, se ha maximizado.

   Loret: Es un problema del siete por ciento de las casillas dicen ustedes ¿no?

   López: No se ha maximi… pero vamos …

   Loret: ¿Qué porcentaje es el problema?

   López: No pero vamos, vamos de nuevo a la cobertura, déjame hablar. Primero, todo este asunto se dio en Semana Santa, dieron ustedes más al conflicto interno del PRD que al viacrucis.

    Loret: Ahí, oiga …

    López: Sí, permíteme.

    Loret: La última vez me acuerdo que se quejó de que le habíamos dado más al Papa que al desafuero. ¿Entonces ahora es al revés?

   López: No, no, no.

   Loret: ¿No es una contradicción?

   López: No. Estoy nada más planteando esto, ¿no? Porque los que nos están viendo y esa es una característica nueva eh, pues son, eh, ciudadanos pensantes, ya no se dejan manipular, eh, pero vamos a los tiempos, porque la comunicación es muy importante, Carlos, y hay mucho control de los medios…

    Loret: La elección del PRD ¿qué porcentaje de las casillas…?

    López: Antes te voy a decir que le dieron mucho más tiempo, le han dado mucho más tiempo, además, este, no te reto porque es una palabra muy fuerte, te sugiero y ojalá lo des a conocer, que veas cuánto tiempo le ha dado Televisa al conflicto interno del PRD y se compare con cuánto le dieron de tiempo ustedes al fraude electoral del 2006.

   Loret:¿Quiere ahora un recuento nota por nota?

   López: Sí porque no dijeron ni pío, o sea, el fraude electoral.

   Loret: ¿No estuvo usted aquí la mañana de 3 de julio, ahí sentado? No, de hecho, de este lado estaba.

   López: Sí, así nada más, nada más y luego no dieron ustedes ni una sola irregularidad.

   Loret: Usted vino aquí, estuvo con López Dóriga, estuvo con Víctor Trujillo ¿no?

    López: Sí, antes.

    Loret: No, no, antes no. Unos días después de la elección.

    López: Y luego se cerraron por completo y no vieron una sola irregularidad.

   Loret: A ver, está aquí.

   López: Pero digo, en el caso del PRD, te voy a contestar para…

    Loret: Está aquí, no, está bien, nada más le digo una cosa. Está aquí César Yáñez, su asesor de prensa de toda la vida, con quien tenemos una gran comunicación. Si quiere le ponemos un micrófono y que pase aquí a decirme si usted no recibió, por lo menos de este programa, dos invitaciones; una en noviembre del 2006 y otra en julio del 2007 que no aceptó para venir. Si quiere le preguntamos a César

   López: Sí, dos en año y medio.

   Loret: Dos invitaciones. Bueno, las rechazaba y aquí estaba su cobertura, aquí estábamos, la rechazó.

   López: No, pero por el ambiente, porque yo no les voy a legitimar.

   Loret: Pero las rechazó.

   López: No les voy a legitimar, cuando no existe…

   Loret: Pero lo invitamos ¿no?

   López: Cuando no existe pluralidad…

   Loret: Sin contar las de Denise Maerker y Joaquín que le habrán hecho…

   López: No existe pluralidad, no hay equidad, hay mucho desequilibrio. Se la han pasado, eh, durante todo este tiempo, eh qué bueno que ahora se da esta posibilidad.

   Loret: ¡Sí hombre, encantado!

   López: Este, yo pedí, mandé una carta a Emilio Azcárraga, dueño de esta concesionaria para que me permitieran hablar sobre el tema del petróleo.

  Loret: Yo lo había invitado desde antes de que usted mandara la carta.

  López: Sí. No, eh…

  Loret: A ver dígame, ¿no lo había yo invitado desde antes de la carta?  

   López: Sí pero, bueno, en función de la carta no.

   Loret: Pero yo lo había invitado desde mucho antes.

   López: Después de la carta no, fue ahora. Pero, digo, no voy a polemizar sobre eso.

 

   En realidad no polemizó acerca de nada. Cuando Loret de Mola le recordó que en la página 42 de su libro Un proyecto alternativo de nación publicado en 2004 López Obrador admitía la participación de los sectores público y privado en las actividades petroleras, el ex candidato presidencial se enredó en justificaciones inverosímiles. Loret lo había pillado con los dedos tras la puerta (o, bueno, con el texto tras la arenga). López Obrador, descobijado de su discurso autorreferencial, quedó exhibido como mentiroso.

   Eso ocurrió, quién lo dijera, en el Canal de las Estrellas que tampoco se distingue por su congruencia ni su afición a la verdad (pregúntenle, si no, al hasta hace poco artificialmente engrandecido y hoy exageradamente vilipendiado Hugo Sánchez).

 


Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Abril 3, 2008 a 4:17 pm

Escrito en López Obrador, Medios

Petróleo: tres discursos, una opción

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La Crónica, jueves 20 de marzo

   En este 70 aniversario de aquella decisión valiente del general Lázaro Cárdenas se reiteró la fuerte carga simbólica que la nacionalización del petróleo sigue teniendo para los mexicanos. Recordar es reconocerse y en la remembranza del 18 de marzo nos advertimos como parte de una historia que no comienza ni termina ahora. Pero ningún país puede vivir de sus recuerdos. Y respecto del petróleo, la necesidad de tomar decisiones pronto y con seriedad condicionó las tres principales ceremonias con las que se conmemoró la expropiación de 1938.

   Andrés Manuel López Obrador ofreció, en el Zócalo de la ciudad de México, una visión del petróleo fundamentalmente anclada en la retórica y mirando hacia el pasado. El presidente Felipe Calderón Hinojosa mostró en Paraíso, Tabasco, una actitud de reconocimiento a la gesta histórica pero tan ayuna de definiciones sustanciales que resultó fundamentalmente estática respecto de los retos que hoy tiene nuestra industria petrolera. El ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano presentó en Morelia, Michoacán, una perspectiva fincada en la historia pero orientada a la solución de los problemas nodales de Petróleos Mexicanos. Paradójicamente, de esos tres mensajes el que menos se refociló en la épica de 1938 fue el que presentó el hijo del general Cárdenas.

   La de López Obrador, delante de un auditorio enardecido y complaciente, fue una postura cuya enjundia resultó inversamente proporcional a las ideas. El “presidente legítimo” se construye como referencia política a partir de la denostación de sus adversarios. En el mensaje del martes pasado abundaron expresiones al estilo de “¡ésos políticos y tecnócratas corruptos, acomplejados y vende patrias!”.

   Antes de que exista una propuesta formal y pública sobre ese tema, López Obrador ya decidió que Calderón y sus colaboradores quieren privatizar la industria petrolera. Él se opone por tres motivos: “la primera razón es la defensa de nuestra soberanía nacional”; “la segunda razón…es que sería una violación infame a nuestra Constitución Política”; “la tercera razón es que detrás de la privatización está el interés de un grupo para hacer negocios privados al amparo del poder público”.

   Como no discute con un proyecto ya conocido sino con el fantasma del que él asegura es el propósito de Calderón, la eficacia del discurso de López Obrador radica únicamente en sus coartadas autorreferenciales. Ciertamente la falta de definiciones del gobierno federal, reiterada en el mensaje que el presidente Calderón ofreció en Tabasco, alimenta esas especulaciones. Pero en todo caso, la postura de López Obrador no enfrenta los problemas actuales de la empresa petrolera.

   La administración de Pemex y diversos especialistas sostienen que a México se le está haciendo tarde para explorar las aguas profundas del Golfo de México. López Obrador simplemente considera que las principales reservas de crudo no están allí.

   Ante la preocupación de numerosos analistas de la cuestión petrolera por la extracción subrepticia de petróleo mexicano que podrían estar realizando empresas estadounidenses en los límites territoriales en el Golfo, López Obrador se limita a descalificar “la vacilada del ‘efecto popote’, para tratar de justificar la pretendida reforma a las leyes y permitir la asociación con empresas extranjeras”.

   Allí se agota el discurso, ayuno de propuestas, del despechado ex candidato presidencial. Esas limitaciones no le impiden llamar a una campaña nacional contra una privatización todavía incierta.

   El mensaje del presidente de la República, en Tabasco, no fue mucho más puntual en las propuestas aunque sí en el diagnóstico de la industria petrolera. Después de afirmar que “Petróleos Mexicanos no se privatizará”, Calderón ofreció datos alarmantes: al ritmo de producción actual, las reservas probadas nos durarán apenas 9 años; la producción diaria cayó en 300 mil barriles entre 2004 y 2007 y seguirá reduciéndose porque el yacimiento de Cantarell, de donde se extraía el 62% de la producción petrolera nacional, está extinguiéndose;  hoy en día tenemos que importar y subsidiar la venta de 4 de cada 10 litros de la gasolina que consumimos en México.

   El presidente anunció inversiones para respaldar a Pemex y, sin precisar plazos ni sitio, ordenó que se realicen estudios para construir una nueva refinería. Todo ello es importante pero no enfrenta las principales carencias de la paraestatal. Faltaron definiciones claras cuando dijo que es preciso “transformar a Pemex en una empresa que tenga la libertad suficiente en la toma de decisiones para que pueda utilizar mejor sus recursos y contratar, en las condiciones que más le convenga, a los mejores en su especialidad”.

   Con la campaña que despliega en numerosos medios audiovisuales, Pemex ha sembrado la inquietud acerca de la exploración en aguas profundas. Cabe preguntarse por qué la empresa petrolera dilapida centenares de millones de pesos en esa campaña en vez de utilizar el tiempo al que tiene derecho el Estado en las emisoras de radio y televisión.

   El presidente Calderón estima que Pemex debería “contar con el soporte técnico y operativo de empresas especializadas, que le permitan superar su rezago tecnológico y multiplicar su capacidad financiera y de ejecución”. Nadie se opondría a ello. El problema es en qué condiciones, a qué precio y con qué compromisos, Pemex recibiría ese respaldo.

   Y a propósito de compromisos y costos, el mensaje presidencial en Tabasco dejó ver uno de los lastres que el gobierno ha decidido seguir cargando en cualquier eventual renovación de Pemex cuando Calderón reconoció “la responsabilidad en la defensa de sus agremiados, la responsabilidad con la empresa y con el país, con la cual se ha conducido el sindicato, su dirigencia y su líder Carlos Romero Deschamps”. Tan inciertas y quizá tan costosas como los tratos que pretende con empresas extranjeras, son las alianzas que el gobierno panista ha decidido mantener con el sindicalismo de origen priista, ideología convenenciera y acreditada corrupción.

   Frente a la demagogia de López Obrador y las indefiniciones de Calderón, el discurso de Cuauhtémoc Cárdenas en Morelia fue de agradecible mesura y seriedad. Gran parte de las carencias que se deploran hoy, subrayó, se deben a la exacción que el país ha hecho de su industria petrolera. Ahora, sin embargo, los yacimientos se están agotando y no hemos tenido una política para restituir las reservas.

   El cuestionamiento de Cárdenas va más allá de la situación petrolera e involucra a la política económica: “La ineficiencia de las autoridades recaudadoras para cobrar impuestos  se ha resuelto imponiendo a Pemex un sistema de pagos por adelantado y con una fiscalidad que absorbe el 74 % de sus ingresos por la venta de crudo y algo más por otros conceptos. La pregonada estabilización macroeconómica y el equilibrio en las finanzas públicas, no provienen de una mayor eficiencia en el gasto, sino del embargo del presupuesto de las empresas públicas, en especial Pemex y Comisión Federal de Electricidad, a las que se impide disponer de recursos autorizados de inversión…”

   Igual que Calderón, Cárdenas destaca la dependencia mexicana respecto de las empresas de refinación extranjeras y ofrece otro dato: la importación de gasolinas nos cuesta 15 mil millones de dólares al año. Pero además, alerta, nuestras refinadoras están diseñadas para  crudo ligero y no pueden procesar el de tipo pesado por lo que es indispensable modificar el sistema nacional de refinación y construir dos nuevas refinerías (Calderón anunció al menos una de ellas).

   La petroquímica, indicó Cárdenas, “acumula más de quince años de estancamiento, deterioro, baja utilización de su capacidad instalada, ruptura de cadenas productivas nacionales y crecimiento de las importaciones, cuya factura supera ya los diez mil millones de dólares anuales”. La organización de Pemex en varias empresas ha significado “una separación rígida y una relación comercial entre filiales que las hace conducirse como si se tratara de negocios separados y en competencia”.

   La deuda de Pemex, documentada en los llamados pidiregas que han alcanzado los 50 mil millones de dólares, “no es sino una doble contabilidad que lleva el gobierno para cuadrar las cuentas que oficialmente rinde a los organismos internacionales, que no ignoran la existencia de esa deuda pero se engañan a sí mismos al no registrarla como tal”. Esa deuda, dice Cárdenas, “debiera ser absorbida y en su caso renegociada por el gobierno federal, descargando de ese pesado lastre al sector energético”.

   La exploración en aguas profundas en el Golfo, a juicio del hijo del General, es necesaria pero no tiene por qué realizarse con contratos de riesgo como sugiere el video gubernamental que todos conocemos. Esos contratos, recuerda Cárdenas, “están expresamente prohibidos por nuestra Constitución”.

   Para Cuauhtémoc Cárdenas esa exploración puede realizarse con tecnologías compradas o contratadas pero sin compartir riesgos e inversiones con empresas privadas: “no existe razón para que la industria nacionalizada no sea la que reciba el 100% de los beneficios del petróleo que se extraiga de las aguas profundas”. De cualquier forma, si esos trabajos de exploración comenzaran hoy tendríamos que aguardar 8 o 10 años antes de que se extrajera el primer barril de petróleo.

   De allí la insistencia del fundador del PRD –un partido hoy tan lejano de cualquier deliberación seria y atrapado por el canibalismo de las corrientes que lo están despedazando– en que, además de la exploración profunda, la empresa petrolera emprenda otras tareas: “construir refinerías, extender la red de ductos, modernizar terminales de almacenamiento, explorar en aguas someras, reactivar campos maduros, explotar los yacimientos en tierra, conceder autonomía presupuestal y liberar de la deuda en pidiregas a Pemex”.

   Además, Cárdenas Solórzano apremió al gobierno mexicano para que acuerde con Estados Unidos las condiciones de explotación de los yacimientos submarinos en la zona transfronteriza en el Golfo de México.  

   Allí hay una opción integral para que conmemoremos las 7 décadas de petróleo nacionalizado pensando responsablemente en el futuro sin darle la espalda a la historia. Por desgracia, es altamente posible que la obcecación revanchista de López Obrador y la perspectiva limitada que hasta ahora ha mostrado el presidente Calderón les impidan aquilatar la propuesta que presenta Cárdenas.      

     


Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Marzo 20, 2008 a 5:22 pm