Sociedad y poder

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Rajones

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Varios senadores de Acción Nacional se inconformaron con el epíteto que anticipadamente les endosó Pablo Gómez Álvarez a quienes virarían en beneficio de Televisa.

Esa fue la calificación que merecieron algunos de los 66 senadores, de casi todos los partidos, que aprobaron el artículo primero transitorio de la Ley Federal de Derechos. Como se ha explicado, esa disposición exenta del pago de derechos por dos años a las empresas que resulten beneficiadas con la concesión para utilizar dos nuevas bandas para telefonía celular.

Cuantificada en 5726 millones de pesos, la exención beneficiará al consorcio Televisa cuyos directivos han reconocido estar interesados en explotar esos valiosos segmentos del espacio radioeléctrico para incursionar en el negocio de la telefonía celular. No en balde, durante los días recientes empleados de Televisa desplegaron una activa labor de presiones y cabildeo para modificar el voto de algunos de los senadores que habían rechazado tal exención.

Cualquiera que fuese el destinatario de esa dispensa fiscal, se trata de una decisión harto cuestionable y que no tiene sustento económico, ni técnico. El único o el principal motivo que llevó a la mayoría de los legisladores del PAN y a prácticamente todos los del PRI a respaldar esa exención, primero en la Cámara de Diputados y ahora en el Senado, es la gana para congraciarse con Televisa.

El Senado había manifestado una actitud distinta cinco días antes, la mañana del sábado 31 de octubre, cuando 58 de sus integrantes rechazaron la exención en ese pago de derechos, en tanto que 49 la respaldaron. En la votación de este jueves 5 de noviembre, al menos 15 senadores cambiaron de parecer y se sumaron los votos, además, de varios que no estaban presentes en la primera ocasión.

A esos legisladores que cambiaron su voto sin explicar tal mudanza el senador Pablo Gómez, con toda propiedad, les llamó “rajones”: “Como en este país los poderes oligárquicos sustituyen con una reciente rapidez a los poderes representativos del Estado, pues cualquier poder oligárquico convierte a la bancada más picuda, a la del gobierno, en un montón de rajones que no aguantan la requisitoria de un monopolio, estrictamente hablando, un duopolio. Así está todo México, ya veremos cuándo estalla”, dijo ese senador por el PRD.

Gómez se negó a retirar ese calificativo cuando el senador panista Ángel Alonso Díaz Caneja le pidió que se desdijera. Más tarde, el también panista Jorge Ocejo Moreno se inconformó explicando: “La expresión rajones en el lenguaje y en la realidad de nuestro país es una palabra que se dice en forma injuriosa al individuo que no cumple un pacto y entonces se le injuria  diciéndole: ‘oye no cumpliste’, sino se le dice: ‘rajón’. Y eso  es una injuria”. Tampoco así convenció al senador Gómez.

Tanto Alonso como Ocejo, votaron el sábado por cancelar la exención fiscal a Televisa. El primero de  ellos modificó su voto. El otro, lo mantuvo.

Ayer jueves hubo rajones en varios partidos, incluso en el que forma filas el senador Pablo Gómez.

Doce senadores del PAN que el sábado votaron contra la exención fiscal, ayer viraron su decisión para apoyarla. Se trata de los senadores Ángel Alonso Díaz Caneja, Humberto Andrade Quezada, Javier Castelo Parada, Blanca Díaz Delgado, Fernando Elizondo Barragán, José González Morfín, Emma Lucía Larios Gaxiola, Gustavo Madero Muñoz, Ramón Muñoz Gutiérrez, Adrián Pérez Rivera, Gabriela Ruiz del Rincón y Ricardo Torres Origel.

Pero no fueron los únicos. También cambiaron  su voto, de esa manera, Dante Delgado y Eugenio Govea, del Partido Convergencia. Otros cuatro senadores de ese partido, que se ausentaron de la votación del sábado, se definieron ayer a favor de la exención a Televisa. Se trata de Francisco Berganza, Gabino Cué, José Luis Lobato y Luis Maldonado Venegas.

Y en las filas del PRD, hubo una deserción. René Arce, que el sábado votó contra le exención, ayer se abstuvo. Cinco días antes, 18 senadores perredistas formaron parte del bloque contra la exención. Ayer fueron solamente 13. Hubo, de una manera u otra, quienes se abstuvieron de abstenerse.

Por otra parte dos senadores del PAN que inicialmente respaldaron la exención fiscal, ayer votaron contra ella. Se trata de Jaime Rafael Díaz Ochoa y Eduardo Nava Bolaños.

En total, 66 senadores avalaron la dispensa fiscal, 38 se opusieron a ella y 3 se abstuvieron.

Quienes respaldaron la exención, no adujeron una sola razón para ello. Sí presentaron argumentos, en cambio, el ya mencionado Gómez Álvarez y el senador panista Ricardo García Cervantes, opuestos ambos al obsequio de 5726 millones de pesos.

No hay justificación alguna para que Televisa –y/o las empresas que ganen la licitación para las nuevas bandas de radiocomunicación– dejen de pagar los derechos que establece la ley cuando, al mismo tiempo, decenas de millones de mexicanos tendremos que pagar más impuestos. Rajón, se le dice “a una persona que incumple lo prometido”, precisa el indispensable Diccionario de la RAE. Así que se puede hablar de rajones, no por haber modificado una posición lo cual es de lo más legítimo en cualquier parlamento, sino por hacerlo sin explicar sus motivos y a favor de una posición inicua, que se contradice con el interés popular que esos legisladores presumen representar.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Noviembre 6, 2009 a 4:34 am

Estreno en San Lázaro

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Conocedores, como nadie, de que la forma es fondo –o, por lo menos, de que la forma puede contribuir a moldear la impresión que la gente tiene acerca del fondo– los priistas enviaron anoche a la discusión del Informe, para representarlos, a una mujer joven, atractiva e inteligente. Luz Carolina Gudiño Corro le permitió a ese partido recuperar, en julio pasado, uno de los distritos más difíciles de Veracruz. Ahora la recompensaron con la presencia estelar en la inauguración de la nueva Legislatura.

El contraste no podía ser más evidente. Frente al PAN que busca reafirmarse en un pasado que algunos de sus integrantes todavía consideran insigne y que envió a la tribuna a Manuel de Jesús Clouthier –hijo de aquel candidato presidencial que destacó por bravucón, quedó en tercer lugar en la elección presidencial cuando la confrontación Salinas-Cárdenas y falleció hace dos décadas en un accidente de carretera–, los priistas parecían sugerir que miran hacia adelante. El hijo de aquel Clouthier, ahora diputado, habló de diálogo y dijo que ningún tema es tabú para los panistas. Ya se verá.

Frente a Alejandro Encinas, viejo lobo de la política de izquierdas y uno de los pocos dirigentes del actual PRD que se formó en el antiguo Partido Comunista, el contraste que hacía la joven priista era igualmente drástico. El ex jefe de Gobierno del DF y ahora líder de los diputados perredistas acuñó dos fórmulas vistosas pero a final de cuentas huecas, porque serán entendidas según las convicciones y la conveniencia de cada quien: “tanta negociación como sea posible pero también tanta firmeza como sea necesaria” y, también, “tanto parlamento como sea posible y tanta movilización como sea necesaria”. De esa manera, Encinas buscaba diferenciarse del ala troglodita pero también del segmento que en el PRD hay quienes ven como demasiado condescendiente con otras fuerzas políticas. La joven Gudiño Corro, en cambio, no tuvo que hacer alusión a ningún sambenito y a ninguna escisión en su partido.

Y desde luego el contraste era marcado si se recordaba que alrededor de una hora antes, la tribuna de San Lázaro la había ocupado Porfirio Muñoz Ledo, que a su larga cuan pragmática hoja de servicios políticos ahora añade la circunstancia de representar al Partido del Trabajo. Sea cual sea el partido con cuyas siglas logra posiciones políticas, Muñoz Ledo siempre es notable artífice de la retórica y la política. Su alocución anoche en la Cámara de Diputados fue brillante y enjundiosa. Entró con filo a la delicada y urgente cuestión fiscal y proclamó que el dinero hay que tomarlo de donde abunda, no arrebatárselo a los desposeídos.

Muñoz Ledo era dueño, como pocos, del escenario parlamentario. Exigió que el Poder Legislativo les exija más a las grandes empresas, a la banca ahora desnacionalizada y al gobierno, cuya alta burocracia hace gastos ofensivos. Abrió su intervención con una reprimenda al poder incontrolado de las televisoras. Pintó su raya, así, en uno de los temas delicados en la nueva fase del Congreso y respecto del cual la mayoría de los legisladores tiene demasiado temor a comprometerse con una agenda de reformas.

La diputada Gudiño Corro coincidiría con Muñoz Ledo y otros representantes partidarios que se apresuraron a subrayar que no admitirán incrementos de impuestos a costa de la economía de los más desamparados. Como declaración de principios, se trata de una definición que siempre concitará aplausos. Pero de allí a la indiferencia o incluso el abucheo de la sociedad más inquieta por la cuesta abajo sobre la que corre nuestra política económica, habrá poca distancia si esos legisladores no arriban a propuestas específicas para mejorar los ingresos del Estado –y, desde luego, para propiciar una auténtica redistribución de tales recursos–.

Por eso cuando la representante del PRI anunció, aludiendo al presidente Felipe Calderón como si estuviera presente en el salón de sesiones, “no permitiremos la creación de impuestos a los que menos tienen”, cosechó ovaciones incluso entre diputados de otros partidos. ¿Y luego? La diputada veracruzana enumeró algunas medidas rutinarias. Pero más de uno de quienes la escuchaban alzó la ceja cuando propuso “Menos gasto en publicidad y más inversión social”.

Ojalá y así fuera. Ojalá y los diputados del PRI legislaran para impedir el derroche de recursos fiscales en la contratación de anuncios que ponderan la imagen de los gobernantes. Ahora mismo, en ocasión de la presentación de su Tercer Informe, la oficina de comunicación del presidente Calderón nos atosiga con mensajes radiofónicos y hasta con incómodas y seguramente contraproducentes llamadas telefónicas.

Pero el abuso publicitario no lo practica únicamente el gobierno federal. De hecho, se trata de un recurso intensa cuan dispendiosamente desplegado desde que el PRI ocupaba la presidencia. Y ahora mismo, el gobernante que no solamente gasta en propaganda con notorio exceso sino que además se ha granjeado el respaldo de Televisa, es Enrique Peña Nieto, anticipado pretendiente a la candidatura presidencial en el partido donde forma filas la simpática diputada Gudiño.

Esa legisladora no tendría que mirar demasiado lejos para encontrar ejemplos de propaganda intensa y ofensiva. En su propio estado, el gobernador Fidel Herrera mantiene una constante promoción tanto de sí mismo como del color rojo con el que se ha querido identificar, uniformando personas, edificios públicos, propaganda, paisaje y medios de comunicación.

Así que la diputada Gudiño Corro tuvo que hacer gala de indiferencia política (que es una manera elegante de llamarle al descaro) cuando le reclamó al gobierno del presidente Calderón una conducta que numerosos y notorios gobernadores del PRI no han tenido empacho en practicar.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Septiembre 2, 2009 a 4:58 am

Nava en el PAN: humanismo o pragmatismo

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La insistencia de César Nava acerca del humanismo político que según dice lo orientará para conducir al PAN admite varias lecturas, sobre todo porque el nuevo presidente de ese partido no explicó de qué manera entiende a esa doctrina. El fin de semana pasado, en el discurso que ofreció al solicitar que votaran por él en el consejo nacional panista, Nava recaló en ese término pero no lo explicó.

Lo que sí hizo el también recientemente electo diputado federal fue distinguir al humanismo político de otras corrientes ideológicas: “No creo en el pesimismo de la socialdemocracia, que concentra la responsabilidad en el Estado; ni en el escepticismo del liberalismo radical que es incapaz de hablar de los valores que le dan sentido a la comunidad; ni en el odio del populismo demagógico que sólo divide y destruye. Sólo el humanismo integral es capaz de entender el equilibrio entre Estado, Mercado y Comunidad. Sólo el humanismo integral, es capaz de sintetizar la trilogía libertad, igualdad y solidaridad”. Eso dijo en su mensaje de postulación.

Esa ubicua y pragmática concepción de humanismo político le permitirá a Nava aderezar sus discursos como líder panista pero no aportará definiciones sustantivas mientras no la nutra de miga y orientaciones conceptuales.

El humanismo político puede ser entendido de varias maneras. Efraín González Luna, candidato presidencial panista hace medio siglo, consideró que esa era la clave ideológica del PAN y propuso un humanismo político comprometido con la superación de los rezagos de la sociedad mexicana. Sin embargo el humanismo político también ha sido reivindicado por el Centro Fox, que es la institución manejada por el ex presidente Vicente Fox Quesada cuya complicidad con el interés privado se demostró en los reiterados servicios que les hizo durante su gobierno a las corporaciones mediáticas.

El humanismo político ha sido reivindicado fundamentalmente por pensadores que, de una u otra manera, supeditan las relaciones sociales y la política a las convicciones y determinaciones religiosas. No deja de ser significativo que César Nava haya terminado su discurso, antes de que lo eligieran, con una alusión a Jacques Maritain, el filósofo francés que fue uno de los referentes más importantes en el pensamiento político de la iglesia católica.

Jesús Moreno Frías, estudioso y dirigente local de Acción Nacional, describe así el significado que el humanismo político ha alcanzado dentro de ese partido:  “En el caso del PAN, se concibe al hombre como un ser único e irrepetible con alma espiritual y cuerpo material; sujeto de derechos y deberes; además y esto es específico en este Partido, cuenta con una cualidad trascendente denominada sentido religioso. Esta dimensión la toma muy en cuenta el Partido Acción Nacional, ya que considera que el aspecto religioso del hombre es el que da significado total a la vida, a la sociedad, y sobre todo a la historia humana”.

Otra interpretación de esa vertiente ideológica considera que el humanismo político acerca al PAN al compromiso social. El año pasado, en un seminario organizado en la UNAM, Rodrigo Guerra López, del Centro de Investigación Social Avanzada de Querétaro, ofreció una concepción más amplia del humanismo político panista:

“El humanismo político, antes que ser una teoría sistematizada en algún manual, es una experiencia en América Latina. La experiencia del aprecio y la acogida solidaria del otro. El humanismo político vuelve cuando reaparecen gestos de humanidad en las situaciones límite, en las crisis sociales, y eventualmente, en las crisis políticas. Cuando hombres como Manuel Gómez Morín, Efraín González Luna, Rafael Preciado Hernández o más recientemente Carlos Castillo Peraza reproponen al humanismo político a través de su palabra y de su acción, lo que sucede es la recuperación de una vida que los excede y que busca expresarse también como teoría y como organización política. Todos estos hombres fueron frágiles y limitados. Todos cometieron errores. Sin embargo, en su conciencia habitaba la certeza del carácter trascendente e irreductible de la persona humana a cualquier sistema material complejo. Esta convicción en muchos casos estaba alimentada por la reflexión creativa sobre las posibilidades que brinda el pensamiento social cristiano”.

Ahora César Nava, formado en la clerical Universidad Panamericana, tiene la responsabilidad de mirar más allá de las vertientes ortodoxas que hacen del humanismo político un corsé y no una plataforma para la democracia.

En la circunstancia mexicana de nuestros días el humanismo político, entendido en la acepción solidaria y social, tendría que comprometerse con la abolición de desigualdades y con la justicia redistributiva. Sin embargo el lastre religioso que tiene ese concepto puede conducir a una mayor cerrazón panista en temas de política económica y en el acotamiento de los monopolios en áreas como el sindicalismo o las telecomunicaciones.

Sobre todo, una interpretación estrecha del humanismo político puede alejar todavía más al partido en el gobierno del respeto a los derechos de las personas en temas como el aborto o en el respeto a los derechos humanos, como se ha demostrado en la reticencia del presidente Calderón para castigar abusos de algunos miembros del Ejército y en su decisión para defender el fuero militar.

Pronto se verá si la definición que asumen el PAN y su nuevo dirigente nacional es la del humanismo político entendido como coartada para refrendar y ampliar privilegios o aquella que dice rescatar el interés de la sociedad.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Agosto 12, 2009 a 4:26 am

Escrito en PAN

César Nava, censuras y discrepancias

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Cinco veces mencionó César Nava Vázquez el término humanismo en su discurso de postulación para ser electo presidente nacional del PAN. Esa fue, de hecho, la única definición ideológica que manifestó para concitar la adhesión de sus correligionarios que el sábado pasado, 8 de agosto, confirmaron la decisión que había tomado el presidente de la República, Felipe Calderón.

La designación de Nava cumplió con los requisitos estatutarios pero padeció notorios déficit políticos. La falta de una auténtica competencia dentro de ese partido, estuvo acompañada del rechazo de la cúpula panista al debate de ideas. La discusión en profundidad que habían propuesto algunos miembros de ese partido que estuvieron en desacuerdo con la decisión presidencial fue supeditada al balance que hará una comisión propuesta por el propio Nava.

La inconformidad dentro de ese partido originada primero en las decisiones políticas y los errores de Germán Martínez que condujeron a su renuncia y luego en la postulación de Nava, fue exacerbada por nuevos desplantes autoritarios. El discurso de Martínez durante el consejo nacional panista fue transmitido través de la red de televisión que tiene ese partido. En cambio intervenciones como las del senador Santiago Creel y del diputado electo Javier Corral, no recibieron esa difusión.

Nava fue electo con una significativa mayoría: 290 votos a favor, 39 anulados y 19 abstenciones. Por inercia o convicción, 83 de cada 100 consejeros panistas respaldaron al candidato del presidente Calderón.

Los cuestionamientos que durante varias semanas presentaron panistas destacados como Manuel Espino y Ricardo García Cervantes así como Corral y Creel, fueron avasallados por una votación que muy posiblemente hubiera resultado menos contundente de no haber sido impulsada desde Los Pinos. El poder presidencial sigue imperando en el partido en el gobierno, ahora igual que en tiempos del viejo PRI.

Hubo, incluso, consejeros panistas que además forman parte del gobierno y que consideraron impropio que la ropa sucia dentro de ese partido se lave de cara a la sociedad.

Juan de Dios Castro, subprocurador en la PGR, en una carta dirigida al Consejo Nacional de su partido recomendó que la discusión dentro del PAN se mantuviera fuera de la mirada de los medios de comunicación: “Jamás, en ningún momento, aunque tengo adversarios políticos dentro de mi partido y diferendos con ellos, he expresado esos diferendos ante los medios masivos de comunicación. Para hacerlo, no es válido que se afirme que los asuntos internos del PAN interesan a la sociedad en su conjunto, porque ésta es plural. Estimo que dar a conocer sus diferendos, que no son más que opiniones personales, dan material para una nota escandalosa, magnificada, sucia para la caricatura obscena y la caricatura malévola”.

Así que los llamados a la censura dentro de ese partido, fueron atendidos con decisiones como la que bloqueó los discursos críticos en la televisión de los panistas.

Cabe preguntarnos qué habrían dicho los actuales dirigentes de Acción Nacional si, durante cualquiera de los gobiernos del PRI, el ex secretario particular del Presidente de la República hubiera sido habilitado como presidente nacional del partido en el poder.

Y no es culpa de Nava, sino de quien lo ha hecho dirigente de esa manera.

El nuevo presidente nacional del PAN tuvo por lo menos sensibilidad suficiente para reconocer que su designación ha estado acompañada de reproches dentro de ese partido. En su discurso de postulación admitió: “He palpado la existencia real de sentimientos de exclusión en muchos panistas del país, así como la inquietud en torno a la necesidad de una reflexión seria y profunda sobre los procesos electorales recientes”.

Pero no aportó elementos para esa deliberación. Solamente anunció la creación de una “Comisión de Reflexión y Análisis de los Procesos Electorales de 2009” que deberá presentar un documento para la discusión que tendrá el PAN a partir del 12 de septiembre, poco antes de que se conmemoren los 70 años de ese partido.

Lo que sí dijo Nava es que rescatará la identidad del PAN. Fue cuando dijo: “Estoy convencido que en el humanismo político que postulamos están las respuestas que necesita México”.

Nava no dijo qué entiende por humanismo político. El término es tan ambicioso y puede ser empleado con propósitos tan contradictorios que vale la pena seguir con el tema esta misma semana.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Agosto 10, 2009 a 3:20 am

Escrito en PAN

El “Can Mayor”

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La relación entre Carlos Castillo Peraza y Felipe Calderón estuvo cruzada por los afectos profundos y las reconvenciones esporádicas pero intensas. Como suele ocurrir cuando la diferencia de edad, pero antes que nada el respeto intelectual marcan distancias lo mismo que identidades entre quienes comparten proyectos y esperanzas, en algunas ocasiones las desavenencias momentáneas resultaron más vistosas que las coincidencias básicas.

Así sucede con la carta que Castillo Peraza le envió en mayo de 1996 al hoy presidente de la República. Pocos meses antes Calderón, que apenas tenía 33 años, ocupó la presidencia nacional del PAN. Sucedió allí a Castillo Peraza, con quien fue secretario general del partido.

Pocos años más tarde, cuando Castillo Peraza falleció de manera tan sorpresiva y prematura durante un viaje por Alemania en septiembre de 2000, a los 53 años, Calderón recordó aquellos tiempos trabajando juntos:

“El PAN creció como nunca antes en la presidencia de Castillo. Yo era entonces el secretario general, como aprendiz de brujo, como Sancho Panza al lado de un Quijote audaz, inteligente, de gestos adustos en público y de una sonrisa fresca y resonante que explotaba como su ingenio. Y no perdía el amigo oportunidad para adelantar el quehacer, para entrenar al timón, para aconsejar, leer y regalar poemas, como Itaca, de Cavafis, que me hacía verlo como hoy lo veo como un Ulises pleno de vida, en largo trayecto. Porque la vida de Carlos fue un largo y placentero viaje, lleno de ámbar, ébano, coral, madreperlas, playas nunca antes vistas, amaneceres, perfumes voluptuosos puestos en cada libro, en cada palabra, en cada arenga, en cada rasgo de sus letras hermosas escrita con rigor, con disciplina, como la que tenía en su vida y en su rostro”.

Aquel afectuoso recuerdo lo escribió Calderón para la revista etcétera, que todavía se publicaba cada semana. Ahora esa misma revista, en una etapa distinta y en su sitio web, ha dado a conocer otro testimonio de la relación entre esos dos personajes. Se trata de una carta que Castillo Peraza le escribió a su sucesor en la presidencia del PAN después de la que parece haber sido una discusión entre ambos por motivos relacionados con la conducción del partido.

Calderón se habría quejado de la insuficiente eficiencia de sus colaboradores en la dirección panista y Castillo considera que le falta capacidad de mando. Lo dice con suma elegancia, contrastando los méritos intelectuales con la inhabilidad de Calderón para crear un equipo de trabajo:

“Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ése, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra: ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya; será sombra para sí, no contigo, no tuya. Dile al perro de adelante de cada uno de los trineos de tu flotilla que él es el único que ve un horizonte distinto. Tú tendrás así la mirada de todos los horizontes; no tendrás que verle las patas a todos, ni las correas a todos: serás el Can Mayor, vigía de todos los horizontes y patrón de todos los trineos. Presidirás: estarás sentado arriba. Desde allí, vigila y exige  con suavidad; carga sobre tí los errores de ellos. Acertarás con ellos”.

Las metáforas caninas que en esa ocasión empleaba el siempre refinado Castillo Peraza podrían ser discutibles, pero contribuyen a subrayar el mensaje central de aquella carta a Calderón: debía aprender a mandar sin avasallar, tenía que organizar en vez de reemplazar a todos en sus tareas.

“El riesgo –añadía el filósofo Castillo Peraza– es que todas las fallas se te carguen a tí. La oportunidad es que los aciertos serán todos tuyos. Pero con este proceder, lograrás que tus subalternos serán tuyos contigo: no envidiarán tus medallas porque las sabrán de ellos; no te cargarán sus tropiezos porque los sabrán suyos. Serán uno. Crecerá el partido con el crecimiento de sus dirigentes. Serás su líder, la cabeza del cuerpo que sabrán y sentirán suyo; te sabrán su cabeza. Y esto es importante porque nadie te niega que eres cabeza y que tienes cabeza. Yo menos que nadie”.

La publicación de esa carta en el sito de la revista etcétera ha contribuido a la discusión sobre las capacidades y los defectos del presidente Calderón. El estilo metafórico y acaso también el paso del tiempo –13 años son muchos en medio de cambios tan drásticos como los que ha experimentado el país en ese tiempo– contribuirán a que esa carta sea entendida de diversas maneras.

La capacidad de mando de Calderón enfrenta hoy exigencias mucho mayores que las señaladas por Castillo en ese texto de 1996. Crear y mantener un equipo de trabajo no es sencillo. Mucho menos cuando se trata de un equipo que tiene que enfrentar exigencias como una crisis económica extremadamente difícil (que apenas ayer propició un nuevo y costoso recorte en el gasto público) y una expansión delincuencial que pareciera no tener fin.

El conductor de un equipo de gobierno a cargo de tareas como esas no solamente debe mantener la confianza en sus colaboradores. También tiene que reconocer cuando han dejado de funcionar, o cuando no responden de manera suficiente a esa confianza. Ya sea que recuerde o no las recomendaciones de Castillo Peraza, hay motivos suficientes para que Calderón esté reflexionando en estos días acerca de los discutibles méritos y las reconocibles impericias de varios de sus colaboradores.

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Escrito por Raúl Trejo Delarbre

Julio 24, 2009 a 4:04 am

Escrito en Calderón, PAN