Sociedad y poder

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Desencuentros con Fox

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Nexos, septiembre de 2008

La granja

La mañana del 16 de octubre de 2001 varios mexicanos presenciábamos en uno de los palcos del hermoso Teatro Calderón de la Barca, en Valladolid, la inauguración del II Congreso Internacional de la Lengua Española. A pocos metros estaban los reyes de España y los presidentes de Argentina, Colombia y México. Formalísima la ceremonia, se había escuchado ya un discurso de Camilo José Cela que no por casualidad nos pareció demasiado conocido a quienes habíamos atendido a su alocución en el Primer Congreso, cuatro años antes, en Zacatecas. Y es que era el mismo discurso de la ocasión anterior. Miguel León Portilla y especialmente Mario Vargas Llosa presentaron, en cambio, espléndidas y originales intervenciones.
El presidente Vicente Fox llevaba un discurso muy pulcro, reivindicando la vigencia del idioma español como una lengua de cultura y paz. Cinco semanas antes habían ocurrido los atentados terroristas en Nueva York y Washington. En medio de un mundo en pie de guerra, reunirse para hablar de lengua y cultura resultaba extravagante, pero promisorio.
Circunspecto y ceremonioso, el presidente mexicano prescindía de su estilo informal, célebre por desfachatado, y leía cada línea con voz engolada. Hizo menciones a Cervantes, Octavio Paz, a Gabriela Mistral, a Simón Bolívar, y resbaló con José Luis Borgues. Quizá únicamente algunos de los mexicanos que se encontraban en el teatro, anticipadamente preocupados por la cauda de yerros y sobreactuación que ya se le conocían a nuestro presidente, tosieron nerviosamente o movieron la cabeza con pesadumbre. La corrección del resto de los invitados, y especialmente de los anfitriones, impidió que la equivocación causara mayor inquietud en aquel recinto. Vicente Fox fue cortésmente aplaudido y cuando la ceremonia terminó, el Rey Juan Carlos y él se tomaron fotos junto a unos simpáticos niños vallisoletanos.
Cuando salimos del teatro, por supuesto rumbo a un taberna cercana, supimos que el yerro de Fox era la comidilla entre los periodistas mexicanos que habían visto la ceremonia por televisión y ya tenían la retroalimentación, por teléfono, de sus redacciones en México. Horas más tarde, para mi sorpresa, me llamaron de un par de programas de radio para que describiera el ridículo que nos había hecho pasar nuestro presidente. Pero no había tal. Si acaso entre los españoles, si algo criticable hubo en aquel discurso de Fox, fue la insistencia para hablar del “castellano” (que es como en aquel país se le dice a nuestra lengua en circuitos más bien conservadores) y no del “español”.
Paulatinamente entendimos la dramatizada reacción que la pifia borgiana de Fox había recibido en México. A la postre, en nuestro país de aquel Congreso se recuerda mucho más la equivocación presidencial que cualquiera de las muchas cosas que se dijeron durante esos días en Valladolid.
Aquella incorrección, pero también las repercusiones que tuvo en México, retratan inmejorablemente tanto la incultura del presidente como el mutuo alejamiento que mantuvo con las clases medias ilustradas. Si erró en el nombre del autor de Ficciones, fue porque no lo conocía. Fox no es un hombre de libros y ese no era un secreto. Para ser presidente de la República no hace falta haber leído El Aleph o Conversación en La Catedral pero siempre se agradece un poquito de ilustración, independientemente del cargo que se desempeñe. Fox era un presidente distanciado de la cultura y para el cual ese alejamiento no tenía importancia o se podía encubrir con simulaciones –basta recordar las vergonzosas pero en algunos casos además costosas pifias de la señora a la que hizo presidenta del Consejo para la Cultura y las Artes–.
Los antagonistas de Fox, que no eran pocos, estuvieron atenta y permanentemente a la caza de sus errores que, por lo demás, resultaban tan frecuentes y notorios que no hacía falta esmerarse para descubrirlos. En 2003 el comediante Andrés Bustamante hizo un extraordinario esfuerzo de selección para compilar 250 tonterías y despropósitos del presidente Fox en un pequeño libro llamado ¿Y yo por qué? (Ediciones B, México). A cada paso y por todo el mundo, el presidente confirmaba su arrogante ignorancia.
Quizá no era para tanto. Pero en la multiplicación de yerros la sociedad atenta a esos asuntos confirmaba la irremediable incompetencia del presidente, que muchos ciudadanos no quisieron ver antes de elegirlo en 2000. La oportunidad de echar al PRI de Los Pinos llevó a una buena cantidad de mexicanos a votar por un partido y un candidato a los que en otras circunstancias de ninguna manera hubieran apoyado. Esa mezcla de emoción e ilusión le dio a Fox un prestigio por encima de sus capacidades. Muy pronto, aquellos que habían soslayado sus defectos se llamaron a sorpresa cuando las equivocaciones de Fox dejaron de ser anécdota para convertirse en frecuente motivo de preocupación al menos en los circuitos atentos a los asuntos públicos.
El de Fox fue un gobierno sin consistencia política. Desdeñoso de opiniones que no coincidieran con las suyas, el presidente se fue subordinando a poderes fácticos que lo cortejaron primero y lo acotaron después. Empresarios influyentes, líderes religiosos, dirigentes sociales, rectores universitarios, directivos de medios de comunicación, comprobaron que bastaba presionarlo y sobre todo amagarlo con hacerlo víctima de reproches públicos para que Fox bajase la guardia y en muchas ocasiones terminara aceptando e incluso compartiendo decisiones contradictorias.
Las empresas televisoras y los campesinos de Atenco lograron paralizar y manipular al presidente en circunstancias desde luego distintas pero con recursos similares. Fox le tenía pavor a ser descalificado en las calles, pero sobre todo en la televisión. En privado, igual que en público, rehuía la discusión y la confrontación.
El viernes 23 de febrero de 2001 su oficina de Comunicación invitó a una veintena de periodistas a comer con el presidente Fox. Estaba por iniciarse la caravana del EZLN y el gobierno se había convertido en entusiasta promotor de ese recorrido hasta la ciudad de México. Fox se había construido una imagen idealizada del subcomandante Marcos, al que veía como un paladín justiciero con el que tenía coincidencias importantes. No le importaban el aventurerismo ni las fantochadas del jefe guerrillero. El presidente al parecer se identificaba con Marcos porque ambos habían tenido como adversario al PRI. Por eso le ilusionaba la posibilidad de reunirse con él, no para acordar temas específicos sino para que ambos aparecieran retratados en portadas y pantallas de los medios internacionales.
En aquella comida, el optimismo del presidente contrastaba con los reparos de varios de sus interlocutores. Durante casi una hora se le insistió en que los escenarios de la marcha zapatista podrían ser distintos a los que él anticipaba y en que la más elemental prudencia aconsejaba no confiar el desenlace de aquel episodio a las decisiones del subcomandante Marcos. Cuando se vio acosado, sin argumentos y quizá sobre todo hastiado de un intercambio en donde él ya no tenía la iniciativa, Fox, desde el otro lado de la mesa, se me quedó viendo en silencio durante varios segundos y requirió: “yo lo que te pido a ti, como mexicano, es que tengas confianza en tu presidente”.
Con Fox no se podía discutir. No admitía razones distintas a aquellas en las que había decidido creer. Cuando encontraba resistencia a sus puntos de vista, se encerraba en una coraza de incertidumbre revestida de peticiones de principio y reclamos de autoridad. Con otros presidentes en este país ha sido difícil discutir, pero por causas distintas. En otros sexenios, el autoritarismo de los propios presidentes y el aislamiento al que los conducían sus colaboradores más cercanos los volvían incontestables e inaccesibles. Fox, en cambio, era él mismo quien se construía una barrera de inseguridad y dogmatismo. Allí radica otro de los motivos de su alejamiento respecto de no pocos intelectuales.
Encontrarse con el presidente siempre constituye una oportunidad y una distinción que no todos los mexicanos tienen. Sin embargo con Fox lo único que podía esperarse era obtener una impresión de primera mano de las inquietudes y obsesiones, así como del estado de ánimo del presidente. Quizá era posible conocer el anticipo de alguna decisión, pero no eran encuentros para intercambiar opiniones ni para plantearle temas de una agenda que no fuese la que él ya tenía resuelta.
Aun así, en toda sociedad democrática el diálogo es importante no solamente entre los actores estelares de la clase política sino entre ellos y los ciudadanos que pueden tener puntos de vista distintos. A mediados de 2004 dos importantes funcionarios de la Presidencia me plantearon esa inquietud y reiteraron: ¿cómo hacemos para que el presidente Fox se reúna con intelectuales y periodistas? Seguramente la pregunta se la hicieron a muchas personas más y, sin duda, la respuesta en casi todos los casos habrá sido la misma: hay que convocarlos, invitarlos a conversar.
Pero en una conversación tiene que haber al menos dos partes, no hay que confundirla con una audición. Para entonces, la costumbre del presidente Fox para incorporar chascarrillos insustanciales en medio de alocuciones importantes era comentada mucho más allá de nuestras clases medias ilustradas.
A los amigos de Presidencia que me plantearon aquella inquietud les sugerí varios nombres de colegas universitarios. Algunas semanas más tarde recibí una invitación para cenar con el presidente y una decena de escritores y académicos. No pude acudir porque en esos días tenía un compromiso fuera del país pero en cuanto regresé les pregunté a varios de los asistentes cómo les había ido. El relato que me hicieron fue coincidentemente desalentador. El presidente los había recibido con amabilidad, pero cada vez que alguno de ellos planteaba un asunto serio él respondía con evasivas. Más que escucharlos, quería convencerlos de sus logros. Y cuando insistían en apartarse del guión presidencial, la señora Sahagún de Fox intervenía para enderezar la charla hacia la auto propaganda. El último trecho de la cena lo ocuparon Fox y su esposa en una discusión aparentemente baladí sobre un asunto doméstico, ante la perpleja incomodidad de sus invitados.
No sé si hubo más cenas. Pero el desastre que fue aquella reunión del presidente y varios mexicanos que trabajan con ideas constituyó uno más de los abundantes episodios –unos ampliamente conocidos, otros no– de desencuentro. No eran desavenencias entre el poder y las ideas, ni entre quienes hacen política y aquellos que la analizan. Se trataba de un desencuentro más elemental y por eso más drástico: el presidente, refractario a la discusión, no buscaba interlocutores sino audiencias.
Recordé esos episodios cuando leí, en Letras Libres de junio, el texto de Jorge G. Castañeda titulado “Fox y los intelectuales”. Después de preguntarse por qué no quisieron a ese presidente, el ex Canciller ensaya varias respuestas: lo detestaban porque era un presidente de derechas y muchos intelectuales son de izquierdas; les daba tirria su apego religioso y empresarial; les irritaba la incultura de Fox; las élites mexicanas lo veían como intruso; Fox mismo los rechazaba porque no encontraba provecho en alternar con ellos. A Castañeda le parece que la ausencia de prebendas que en otros gobiernos beneficiaron a algunos intelectuales con cargos diplomáticos y diversos favores, influyó en la mala imagen que tenía el presidente en ese ámbito.
La argumentación de Castañeda es bastante más amplia y no pretendo sintetizarla en estas líneas. Pero se equivoca cuando sugiere que la ausencia de canonjías o el desdén elitista determinaron de manera sustancial ese alejamiento, porque la desconfianza y los cuestionamientos al presidente no provenían solamente de intelectuales prestigiados o con acceso a espacios de opinión sino de una ancha franja de académicos y trabajadores de la cultura que nunca tuvieron empatía ni simpatía alguna con Fox.
El problema no era que el presidente desconociera a Borges, sino que jamás consideró que le podía resultar provechosa la lectura de ese y muchos otros autores. Esa autosuficiencia lo llevaba a desdeñar cualquier intercambio que no le resultara suficientemente gratificante. No había encuentro posible entre quienes no buscaban cultivar la egolatría foxiana sino plantear problemas y discrepancias, y un presidente que se había convertido en fanático de sí mismo.

Written by Raúl Trejo Delarbre

septiembre 30, 2008 at 6:52 pm

Publicado en Vicente Fox

El pararrayos

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Publicado en La Crónica de Hoy, jueves 4 de octubre de 2007

   Tenía que ocurrir. Tarde o temprano, alguno de los empresarios que aparentemente fueron chantajeados por la esposa del presidente Fox haría pública las presiones que recibió para ofrecer regalos o contribuciones que beneficiaron a Marta Sahagún y su familia.

   Luis Miguel Moreno Vélez, de la empresa de consultoría MM, le platicó al reportero Alberto Aguirre, de El Universal, que hace cinco años llevó a Los Pinos un jeep “Wrangler X” que le solicitó la señora Sahagún. Ella quería regalárselo al presidente Vicente Fox con motivo de su segundo informe de gobierno.

   A Marta Sahagún le gustaba hacer caravana con obsequio ajeno. Pedía que le dieran para ella, a su vez, mostrarse dadivosa. Eso hizo a través de la Fundación Vamos México que durante todo un lustro recibió donativos de empresarios y organismos públicos para, luego, repartir parte de ese dinero entre instituciones de beneficencia o, directamente, entre personas agraciadas con tal magnanimidad.

   La misma desfachatez con que le pidió a Moreno Vélez que le regalara el vehículo –que se dice costó 250 mil pesos– porque era igualito al que utilizaba el presidente Bush en su rancho en Texas, Sahagún la esgrimía al pedir donaciones para sus proyectos sociales que siempre tuvieron inclinaciones políticas.

   A ese empresario se le puede recriminar por qué hasta ahora denuncia el obsequio que se vio compelido a entregar. Al parecer el reportero se le acercó para comprobar esa información y él simplemente la corroboró. Moreno se dedicaba a organizar sorteos y hace varios años le propuso a Sahagún la realización de algunos de ellos para la fundación Vamos México. Aparentemente la esposa del presidente comenzó a requerirle distintos obsequios a cambio de esos contratos. El 1 de septiembre de 2002 él llevó, personalmente, el jeep rojo a la residencia presidencial. La factura quedó a nombre de otro empresario, que había mediado para acercar a Moreno con la señora Fox.

   El mencionado diario informa que dicho vehículo no aparece en la declaración patrimonial del presidente. Así que no es aventurado preguntarse ¿cuántos de los bienes que usufructúa la familia Fox no fueron resultado de transacciones similares? La señora pedía, los empresarios interesados en hacer negocios o simplemente en congraciarse con la esposa del Presidente de la República transigían y las pertenencias del consorcio Fox-Sahagún se incrementaban aunque no quedase registro de ellas en el inventario oficial de sus bienes.

   La propensión de la señora Sahagún para hacer negocio utilizando su influencia política e incluso a costa de recursos públicos no ha sido un secreto. Todavía no cumplían un año en Los Pinos cuando la para entonces ya esposa del presidente Fox inauguraba la Fundación Vamos México, a partir de contribuciones que solicitaba de manera muy persuasiva. Contrató al músico Elton John para que el 21 de octubre de 2001 cantara en el Castillo de Chapultepec y vendió a 10 mil pesos cada boleto para ese concierto.

   El 12 de octubre de aquel año escribimos en Crónica: “Aunque las metas de ‘Vamos por México’ sean de señalada nobleza, se trata de una organización privada. El dinero que recabe lo administrará según los criterios personales de sus directivos. Tendrán todo el derecho a hacerlo porque para eso han creado esa razón social. Pero los fondos que se obtengan con el mencionado concierto habrán sido posibles gracias al usufructo ilícito de un recinto y de facilidades oficiales… La señora Fox ha dicho que quiere dedicarse a promover acciones que beneficien a los pobres. Se trata de una aspiración meritoria. Sin embargo para echar a andar su proyecto emplea instalaciones, personal, facilidades y patrimonio del gobierno federal… Está construyendo una institución paralela a los organismos y los cauces que el Estado mexicano tiene para cumplir con sus responsabilidades en el combate a la pobreza. Nada habría de discutible si los recursos que obtendrá –100 millones de pesos, según se ha dicho– la señora Fox los entregase a la Sedesol, al Instituto Indigenista, al ISSSTE o al DIF, entre tantas opciones posibles”.

   Esas prácticas acercaban sobremanera al matrimonio Fox con las costumbres patrimonialistas que durante largo tiempo tanto les cuestionó su partido, Acción Nacional, a los gobernantes priistas. El 14 de mayo de 2002 esta columna, que en aquellos tiempos aparecía diariamente, consideraba acerca de Vamos México: “Se trata de una institución privada cuyo funcionamiento ha sido respaldado con recursos públicos y, notoriamente, con gestiones a cargo de la esposa del presidente de la República. Allí se encuentra un conflicto de intereses y una fuente de posibles acciones ilegales que podrían convertirse, en el futuro, en uno de los flancos más débiles en la gestión del presidente Fox”.

   Y el 4 de diciembre de aquel 2002: “Al presidente, la Fundación Vamos México le permite disponer de recursos frescos, líquidos y que no están sometidos al papeleo ni a la supervisión que hay en la administración pública, para satisfacer necesidades de promoción y atención sociales. Sin molestas contralorías, Vamos México le permite dispensar favores con tanto desprendimiento como el que desplegaron muchos de sus antecesores. Así como casi todos los presidentes del viejo régimen favorecían requerimientos de la gente con recursos públicos y en una actitud clientelar y populista, el presidente Fox lo hace con recursos privados. La Fundación le sirve para cumplir con funciones de gobierno que antaño eran desempeñadas con cargo al Estado. A su señora esposa, esa organización le permite mostrarse como benefactora de la sociedad”.

   Algunos resultados de las gestiones de Marta Sahagún fueron consignados en los informes financieros de la Fundación. A partir de ellos sabemos que Televisa fue el donante más espléndido, pero no el único. Entre 2002 y 2005 Vamos México recibió por lo menos 72 millones de pesos de esa televisora.

   Tales estados financieros reflejan todas las contribuciones recibidas por Vamos México. El 4 de febrero de 2004 esta columna señalaba: “No aparecen, por ejemplo, las aportaciones a proyectos específicos que la Fundación recibió en 2002. Entre ellas se encuentran 19 millones de pesos para la donación de 50 autobuses o las cantidades aun indeterminadas que obtuvo para imprimir la discutida Guía de Padres de la que, según se dijo, fueron editados un millón 184 mil ejemplares”.

   “Vamos México –decíamos hace tres años y medio– parece haber establecido una contribución de un millón de pesos como cuota a varios de los hombres más ricos de México. Sus apellidos o las razones sociales de sus negocios aparecen registrados junto a esa cifra: Alejandro Burillo, el Hospital Ángeles, la Cervecería Modelo, Alfredo Harp, Kimberly Clark, El Universal, Miguel Alemán Velasco, Televisión Azteca, Bachoco… De los donativos por 71 millones 990 mil pesos que la Fundación recibió en 2001, al menos 42 millones procedieron de entregas de, precisamente, un millón de pesos. No parecen contribuciones surgidas de una espontánea filantropía sino una cuota fija que docenas de hombres de negocios facilitaron, resignados o interesados, ante la convocatoria de la esposa del presidente”.

   “Se trata –decíamos el 1 de marzo de 2005– de la esposa del Presidente de México. Esa es la posición formal, y principalísima, que tiene la señora Sahagún de Fox. Gracias a ella, y no a cualquiera otra de sus adscripciones institucionales, numerosos funcionarios del gobierno federal escuchan, obedientes, las sugerencias que les hace y los empresarios más destacados del país se consideran obligados a contestarle el teléfono”.

   Entre 2001 y 2005, de acuerdo a sus documentos públicos, Vamos México recibió contribuciones por más de 497 millones de pesos. En ese lapso, entregó donativos por 340 millones de pesos. No hay registro claro del destino que tuvieron los más de 157 millones de pesos de diferencia.

   A los negocios políticos, sociales o de cualquier índole que la señora Sahagún haya realizado con su Fundación, habrá que añadir las dádivas no documentadas que pudo haberse procurado cuando su marido era presidente. Quizá ahora comiencen a conocerse otros episodios como el del jeep rojo que tan ufano manejaba el licenciado Fox.

   El ex presidente afirma que es él quien debe ser criticado, que quisiera servirle de pararrayos a su esposa. No hace falta que lo diga: los abusos que pudieron haber cometido Sahagún y sus familiares fueron corresponsabilidad, por acción u omisión, del ahora ex presidente de la República.

   El 2 de marzo de 2003 esta columna decía: “Al presidente Fox le inquieta que haya quienes quieren ver caer, o tropezar, a la pareja presidencial. A muchos mexicanos nos sobresalta la posibilidad de que él, con su señora esposa, hagan tropezar al país”.

 

ALACENA: Regreso a Acteal

   El 22 de diciembre se cumplirán 10 años de la masacre de Acteal, en Chiapas, en donde fueron asesinados 45 indígenas –niños, mujeres, hombres–. La discusión acerca de ese pavoroso episodio se reactivará gracias al reportaje de Héctor Aguilar Camín cuya primera de tres partes aparece en la edición de octubre de la revista Nexos. Más allá de versiones mitificadas o políticamente correctas, allí se muestran hechos apoyados en una amplia documentación.


Written by Raúl Trejo Delarbre

octubre 4, 2007 at 2:33 pm

Publicado en Vicente Fox

Al fin: todo en 15 minutos

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La Crónica, 8 de mayo de 2005

Las expectativas acerca de la reunión en Los Pinos fueron desmedidas. Del presidente Vicente Fox y de Andrés Manuel López Obrador, había quienes presumían una mayor interlocución ya que se trata de los dos personajes más relevantes en el panorama político mexicano de nuestros días. Pero el viernes ambos confirmaron que no están a la altura de tales presunciones.

   Acosado y aburrido, el presidente de la República no ha sido capaz de tener una línea clara ni siquiera en el nuevo trato que hace once días resolvió dispensarle a López Obrador. Para el presidente Fox, dejar saldado el intenso y costoso diferendo con el jefe de Gobierno del DF pareciera significar hacer a un lado la necesidad de alternar con él. Acaso por ello la Presidencia de la República insiste a diario en que el desafuero y sus implicaciones quedaron resueltos. El titular del Ejecutivo Federal se incomoda tanto con López Obrador que no es capaz siquiera de interesarse en un diálogo creativo y provechoso con ese inevitable interlocutor suyo.

   Envalentonado y ambicioso, el jefe de Gobierno de la ciudad de México quería todo y salió con las manos vacías de Los Pinos. Ahora reconoce que el pacto político que busca para darle estabilidad a las elecciones del año próximo no surgirá únicamente de la decisión suya y del Presidente de la República. Se le había olvidado que aun hay partidos políticos que es a quienes corresponde entablar compromisos de esa índole. Y que los comicios federales están garantizados por la legislación y la institucionalidad que respaldan al IFE.

  

“No quiero llegar”

   Para el presidente Fox la reunión que tendría en sus oficinas, en punto de las 6 y media de la tarde, con López Obrador, era una auténtica monserga. No escondió el disgusto que le producía ese encuentro y un poco antes, en León, cuando hablaba delante de un grupo de empresarios, lo dijo con toda claridad: “Una disculpa porque abusé de su tiempo, lo que sucede es que no quiero llegar a México y quiero tardarme lo más que se pueda”.

   La frase fue registrada por el diario Reforma, el cual también dice que no apareció en la transcripción oficial de esa ceremonia.

   El presidente no quería regresar a la capital del país. Hubiera preferido marcharse al rancho en donde suele encontrarse tan a gusto. Pero no podía faltar a la cita con López Obrador. Allí estuvo, pero la desazón que le producía ese encuentro le impidió aprovecharlo y lograr que le fuera útil al país.

   Si lo que se buscaba con el cónclave en Los Pinos era ofrecer una imagen de concordia entre dos personajes que hace menos de dos semanas mantenían una gravosa contienda política, difícilmente se puede considerar que la reunión sirvió para eso.

   Si se pretendía simplemente era quitarle a López Obrador la bandera que acostumbraba levantar al exigir que el presidente lo recibiese, también habrá sido un encuentro infructuoso porque en pocas semanas el jefe de Gobierno local podrá quejarse del distanciamiento que le impone el titular del Ejecutivo Federal.

  

Bitácora de la Cumbre

   La reunión del viernes por la tarde no sirvió siquiera para la foto. Las imágenes que se conocieron de ese encuentro han sido las de López Obrador cuando llega con notoria puntualidad a la residencia presidencial y cuando sale del encuentro mucho más rápido de lo que cualquiera de los reporteros allí presentes hubiera esperado.

   Del diálogo que tuvieron se conoce únicamente la versión de López Obrador. De acuerdo con esa información se ha podido saber que en el transcurso de la entrevista:

   1. El presidente y López Obrador se saludaron. El jefe de Gobierno también debió haber saludado al subsecretario de Gobernación, Felipe González, que auxilió a Fox en la reunión.

   2. Mencionaron el tema del desafuero pero acordaron discutirlo en otro momento.

   3. Hablaron de las elecciones de 2006 e hicieron votos para que se realicen en paz y con limpieza.

   4. López Obrador propuso que haya un acuerdo político que otorgue certeza a dichos comicios.

   5. El presidente le respondió que ese asunto corresponde resolverlo a los partidos, al IFE y al Tribunal Elector al del Poder Judicial de la Federación.

   6. López Obrador le entregó al presidente un informe sobre la Seguridad Pública en el Distrito Federal entre diciembre de 2000 y el 30 de abril de 2005. Le explicó el contenido de ese documento, así como las reuniones que tiene todas las mañanas con los funcionarios de su gobierno que atienden asuntos de seguridad. También le dijo que en 70 puntos de la ciudad cada mañana hay reuniones similares.

   7. López Obrador se ufanó de la que consideró disminución en los índices delictivos en la ciudad de México. Dijo que nunca habían sido tan bajos desde 1993. Le explicó al presidente la evolución de indicadores como los de robos de vehículos y homicidios. Comparó esos datos con los de administraciones anteriores y con la evolución de los delitos en otras entidades del país, contrastó promedios y concluyó que la delincuencia está disminuyendo en el DF.

   8. El presidente Fox le respondió que él contaba con otros datos que le entregan cada mes. Pero, según López Obrador, añadió que desde luego el informe que estaba recibiendo era más ambicioso porque incluía un recuento desde que comenzó el actual sexenio.

   9. López Obrador le mencionó entonces su aceptación para que el Distrito Federal se incorpore al Seguro Popular que el gobierno del presidente Fox ha promovido y que había sido rechazado por la administración local. Le explicó, con datos de beneficiarios, el sistema de seguridad social que existe en la ciudad de México. Añadió que su gobierno no quiere obstaculizar la existencia de otras opciones y que está de acuerdo en que se firme el convenio respectivo.

   10. El presidente Fox le respondió que tomaba nota de ese interés y anunció que le daría instrucciones al Secretario de Salud para la firma de dicho acuerdo.

   11. López Obrador, a continuación, invitó al presidente para que lo acompañe el 29 de mayo en la inauguración de varias obras viales, del Metrobús de Insurgentes el 19 de junio y del edificio de Relaciones Exteriores el 29 de julio.

   12. Además le propuso que en esas fechas, o en otras, se vuelvan a reunir para evaluar temas como la seguridad pública o la rehabilitación del Centro Histórico.

   13. El presidente Fox tomó nota de las invitaciones pero no se sabe si las aceptó. Tampoco se ha dicho qué comentó cuando fue convidado a inaugurar un inmueble –el de Relaciones Exteriores– que es propiedad del gobierno federal.

   14. No se ha explicado a iniciativa de quién terminó la reunión. Pero el presidente Fox, el jefe de Gobierno y el subsecretario González tuvieron que haber dedicado algunos instantes para hacer a un lado la taza de café que no se sabe si apuraron, ponerse de pie, estrecharse la mano y decirse buenas noches.

 

Inusitada velocidad

   Todo eso ocurrió en aproximadamente 15 minutos. López Obrador llegó a Los Pinos, a bordo de su austero automóvil, a las 18.30 en punto. A las 18.51 el vehículo ya estaba saliendo de Los Pinos.

   Descuente usted el tiempo que le habrá tomado descender del coche, subir las escaleras, aguardar a que el presidente apareciera y el resto de las formalidades propios de una entrevista de esa índole.

   El presidente Fox y López Obrador no deben haber conversado más de 15 minutos.

   En ese tiempo desahogaron los temas antes enumerados. Más o menos un minuto para cada asunto.

   En un minuto mencionaron el desafuero y coincidieron en que la solución que le encontró el presidente Fox había sido pertinente. Al siguiente, confirmaron sus buenos augurios para el desarrollo político del país.

   En otro minuto el jefe de Gobierno resumió su propuesta de acuerdo político y en uno más el presidente le dio su opinión.

   En un minuto López expuso la situación de la seguridad pública en el DF, luego presumió la disminución de delitos y en otro escuchó los reparos  que al respecto tiene el presidente Fox.

   Al minuto siguiente el jefe de Gobierno aceptó el Seguro Popular, no sin jactarse de la dotación de medicinas y servicios médicos que hay en el DF. El presidente reconoció esa aprobación.

   En los 60 segundos que siguieron López Obrador le hizo tres invitaciones y le pidió otras tantas audiencias.

   Y se acabó la reunión.

 

Entendimiento express

   Ante esa inusitada diligencia, posiblemente habrá que desechar opiniones como las que incorporamos al comienzo de esta columna y asumir una perspectiva más optimista.

   ¡Qué capacidad de acuerdo –podemos afirmar a partir de la celeridad antes descrita– tienen el presidente Fox y el jefe de Gobierno!

   ¡Qué precisión deben lograr en sus argumentos, cuánta claridad han de ofrecerse mutuamente!

   ¡Qué decantadas han quedado sus diferencias y qué gran labor de preparación previa han debido haber logrado sus asesores para aceitar el funcionamiento de la reunión!

   Hablando se entiende la gente. Ahora queda demostrado que si tenían diferencias era simplemente porque no se encontraban a conversar. ¡Qué enseñanza le brindan esos dos personajes al resto de la sociedad y al país!

   Es evidente que los licenciados Fox y López Obrador han tenido discrepancias. Pero las hicieron a un lado y consiguieron dialogar, de manera por lo visto tan fructífera.

   En ese plano, no resultará exagerado considerar que si después de haber mantenido rencillas tan intensas y desgastantes son capaces de ponerse de acuerdo en apenas un cuarto de hora debe ser porque, cuando estuvieron frente a frente, algún rapto de concordia y realismo los iluminó.

   ¡Qué lección le ofrecen al país después de la temporada de angustia y confusión que dominaba al ánimo público!

   ¿Qué podrán decir, luego de esa muestra de conciliación express, los dirigentes y partidos políticos que tanto se consumen en querellas mutuas? ¿Cómo reaccionarán los legisladores que mantienen tantas dificultades para arribar a decisiones comunes? ¿Y qué dirán diputados y senadores tan proclives a extensas peroratas al cabo de las cuales el acuerdo se extravía en medio de toneladas de retórica?

 

“Doblemente buena”

   Gracias a la afable disposición del jefe de Gobierno del DF, el presidente de la República consiguió hacer realidad uno de sus compromisos tan ingratamente pospuestos: resolver un problema nacional en 15 minutos.

   Claro que el DF no en Chiapas ni López Obrador es Marcos, pero detenernos en esas minucias resultaría una mezquindad.

   Desde ahora no habrá quien le regatee al licenciado Fox el mérito del cuarto de hora.

   Ni, a los dos, el mérito de la concertación súbita.

   López Obrador dijo que salió satisfecho. La corta duración de la entrevista, lejos de incomodarle, la evaluó como una virtud. Ella, aseguró, “fue productiva, breve y buena, por eso doblemente buena”.

   A juzgar por esa explicación el tiempo que tuvo para resumir temas como la situación política del país, la inseguridad también con parámetros nacionales y la dotación de servicios médicos fue suficiente. Uno por minuto.

   ¡Qué extraordinario talento para la síntesis demostró el jefe de Gobierno! Y, en correspondencia, ¡qué desarrollada aptitud de entendimiento exhibió el Presidente de la República!

   Y eso que no utilizaron power point.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 15, 2005 at 1:46 am

Publicado en López Obrador, Vicente Fox

Fox se corrige

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La Crónica, mayo 24 de 2005

Despistado y aturdido, al presidente Fox ya no le hace falta que lo rectifiquen. Como ya se conoce su desafecto con los diarios no puede esperarse que contraste su desempeño con las opiniones de la prensa crítica. Como hasta donde puede apreciarse el hermético círculo que lo rodea no se distingue por la autocrítica, resulta difícil que allí encuentre discrepancias en las cuales pudiera nutrir la evaluación de sus acciones cotidianas. Y como los dirigentes políticos ya no discuten con él –y cuando acuden a verlo es más en busca de reflectores como Andrés Manuel López Obrador que solamente se entretuvo un cuarto de hora con el presidente– será difícil que el licenciado Fox se beneficie de esos contrastes y contrapesos.

   No se sabe que el presidente acostumbre conversar con personas de otros circuitos políticos o sociales. Hace como un año algunos de sus colaboradores comenzaron a organizarle cenas con dirigentes sociales, escritores, periodistas o empresarios con el propósito de que encontrase en ellos una variedad de opiniones menos obtusa que la que suele rodearlo en Los Pinos.

   Aquellas cenas fueron un fracaso. Por lo general, cuando alguno de los interlocutores pretendía ir más allá de las cortesías y los lugares comunes el presidente atajaba la conversación. En otras ocasiones las diferencias de juicios que allí se expresaban fueron drásticamente zanjadas adelantando el momento del postre o, de plano, prescindiendo de él. A veces las tertulias eran acaparadas por las conversaciones entre el señor y la señora Fox ante la mirada primero curiosa y luego empalagada de sus convidados.

   Ahora parece, sin embargo, que el presidente ha encontrado una fórmula novedosa –con riesgos pero, eso sí, original– para resolver la necesidad de interlocución crítica que a todo gobernante le resulta fundamental.

   Ya no le hace falta que los quisquillosos de siempre le señalen insuficiencias a sus declaraciones. Ahora él se encarga de corregirlas. Para no equivocarse, aparentemente ha resuelto desarrollar un método dialéctico: lo que dice por la mañana, él mismo lo contradice al mediodía.

   Ayer temprano fue a la Convención Nacional de Aseguradores. Aunque no tenía relación con los temas de esa reunión el presidente se refirió al asesinato de varias niñas en Ciudad Juárez.

   El tema es, más allá de cualquier comentario subjetivo, de la mayor gravedad. El crimen de centenares de mujeres en aquella población fronteriza ha sido una de las mayores vergüenzas nacionales. Peor aún está ocurriendo con el sacrificio de pequeñitas cuyos asesinos deben ser localizados y castigados.

   Pero la única explicación que el presidente ofreció acerca de esos crímenes, fue la ausencia de decisiones por parte de los senadores y diputados para aprobar leyes capaces de combatir la delincuencia con mejores recursos.

   La indignación que pueda haber tenido –y que, valga decirlo, habla bien de su sensibilidad para esos asuntos– no justifica el exabrupto que manifestó el presidente. De esos crímenes, dijo, “hago responsable al Congreso de la Unión, a senadores y diputados del PRI, del PRD”.

   Podemos tener muchas discrepancias con los legisladores. Pero de allí a culparlos por crímenes tan atroces hay una distancia que la más elemental seriedad obligaría a observar. El presidente fue más allá. No sólo descargó su animosidad contra diputados y senadores. Además se erigió en portavoz de las niñas muertas e inició esta lapidaria frase con un notable gerundio: “Exigiendo, a nombre de estas niñas y de todos quienes sufren violencia e inseguridad en el país, que se apruebe la ley que enviamos hace ya más de un año”.

   El presidente se refería al paquete legislativo que turnó al Senado en 2004 y de cuyo examen no son responsables los diputados. Pero a todos ellos les exigió, ya encarrerado: “No queremos abonitos, no queremos aprobaciones parciales”.

   Eso fue como a las 10 de la mañana. Una hora más tarde el presidente celebraba el Día del Politécnico y allí dijo que por encima de diferencias ideológicas y desencuentros, “tenemos todos la obligación de reflexionar”.

   “No se trata de jugar a las vencidas sino de privilegiar la ética, el compromiso personal, la racionalidad política”, dijo. Parecía otro. El presidente berrinchudo y resentido de las 10 de la mañana, a las 11 era un dechado de tolerancia y apertura. Habló de “pasar de la estridencia a la prudencia, de la cerrazón a la razón”. En menos de 60 minutos, un viraje de 180 grados.

   No faltarán puntillosos que quieran encontrar, en ese afán de mejoramiento, cierta esquizofrenia presidencial. Pero es que hasta cuando trata de renovarse a nadie le da gusto el licenciado Fox. Hace falta una mentalidad abierta para entender la munificencia de ese método de ensayo y error, error y ensayo, ensayo y ensayo ¿error y error? En fin.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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Despistado y aturdido, al presidente Fox ya no le hace falta que lo rectifiquen. Como ya se conoce su desafecto con los diarios no puede esperarse que contraste su desempeño con las opiniones de la prensa crítica. Como hasta donde puede apreciarse el hermético círculo que lo rodea no se distingue por la autocrítica, resulta difícil que allí encuentre discrepancias en las cuales pudiera nutrir la evaluación de sus acciones cotidianas. Y como los dirigentes políticos ya no discuten con él –y cuando acuden a verlo es más en busca de reflectores como Andrés Manuel López Obrador que solamente se entretuvo un cuarto de hora con el presidente– será difícil que el licenciado Fox se beneficie de esos contrastes y contrapesos.

   No se sabe que el presidente acostumbre conversar con personas de otros circuitos políticos o sociales. Hace como un año algunos de sus colaboradores comenzaron a organizarle cenas con dirigentes sociales, escritores, periodistas o empresarios con el propósito de que encontrase en ellos una variedad de opiniones menos obtusa que la que suele rodearlo en Los Pinos.

   Aquellas cenas fueron un fracaso. Por lo general, cuando alguno de los interlocutores pretendía ir más allá de las cortesías y los lugares comunes el presidente atajaba la conversación. En otras ocasiones las diferencias de juicios que allí se expresaban fueron drásticamente zanjadas adelantando el momento del postre o, de plano, prescindiendo de él. A veces las tertulias eran acaparadas por las conversaciones entre el señor y la señora Fox ante la mirada primero curiosa y luego empalagada de sus convidados.

   Ahora parece, sin embargo, que el presidente ha encontrado una fórmula novedosa –con riesgos pero, eso sí, original– para resolver la necesidad de interlocución crítica que a todo gobernante le resulta fundamental.

   Ya no le hace falta que los quisquillosos de siempre le señalen insuficiencias a sus declaraciones. Ahora él se encarga de corregirlas. Para no equivocarse, aparentemente ha resuelto desarrollar un método dialéctico: lo que dice por la mañana, él mismo lo contradice al mediodía.

   Ayer temprano fue a la Convención Nacional de Aseguradores. Aunque no tenía relación con los temas de esa reunión el presidente se refirió al asesinato de varias niñas en Ciudad Juárez.

   El tema es, más allá de cualquier comentario subjetivo, de la mayor gravedad. El crimen de centenares de mujeres en aquella población fronteriza ha sido una de las mayores vergüenzas nacionales. Peor aún está ocurriendo con el sacrificio de pequeñitas cuyos asesinos deben ser localizados y castigados.

   Pero la única explicación que el presidente ofreció acerca de esos crímenes, fue la ausencia de decisiones por parte de los senadores y diputados para aprobar leyes capaces de combatir la delincuencia con mejores recursos.

   La indignación que pueda haber tenido –y que, valga decirlo, habla bien de su sensibilidad para esos asuntos– no justifica el exabrupto que manifestó el presidente. De esos crímenes, dijo, “hago responsable al Congreso de la Unión, a senadores y diputados del PRI, del PRD”.

   Podemos tener muchas discrepancias con los legisladores. Pero de allí a culparlos por crímenes tan atroces hay una distancia que la más elemental seriedad obligaría a observar. El presidente fue más allá. No sólo descargó su animosidad contra diputados y senadores. Además se erigió en portavoz de las niñas muertas e inició esta lapidaria frase con un notable gerundio: “Exigiendo, a nombre de estas niñas y de todos quienes sufren violencia e inseguridad en el país, que se apruebe la ley que enviamos hace ya más de un año”.

   El presidente se refería al paquete legislativo que turnó al Senado en 2004 y de cuyo examen no son responsables los diputados. Pero a todos ellos les exigió, ya encarrerado: “No queremos abonitos, no queremos aprobaciones parciales”.

   Eso fue como a las 10 de la mañana. Una hora más tarde el presidente celebraba el Día del Politécnico y allí dijo que por encima de diferencias ideológicas y desencuentros, “tenemos todos la obligación de reflexionar”.

   “No se trata de jugar a las vencidas sino de privilegiar la ética, el compromiso personal, la racionalidad política”, dijo. Parecía otro. El presidente berrinchudo y resentido de las 10 de la mañana, a las 11 era un dechado de tolerancia y apertura. Habló de “pasar de la estridencia a la prudencia, de la cerrazón a la razón”. En menos de 60 minutos, un viraje de 180 grados.

   No faltarán puntillosos que quieran encontrar, en ese afán de mejoramiento, cierta esquizofrenia presidencial. Pero es que hasta cuando trata de renovarse a nadie le da gusto el licenciado Fox. Hace falta una mentalidad abierta para entender la munificencia de ese método de ensayo y error, error y ensayo, ensayo y ensayo ¿error y error? En fin.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 15, 2005 at 1:44 am

Publicado en Vicente Fox

El poder de la familia

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La Crónica, 6 de marzo de 2005

Las familias mexicanas se festejan a sí mismas cotidianamente, en el solo hecho de seguir juntas. Pero hoy, prácticamente por disposición presidencial, es Día de la Familia.

   De las abundantes y en varios casos innecesarias fechas que abruman hoy a nuestro calendario social, con homenajes impuestos que los ciudadanos practican más por inercia que convicción, esta es de las pocas conmemoraciones que han sido establecidas con anuencia expresa del gobierno de la República.

   Eso hizo el presidente Vicente Fox el 13 de enero pasado, al firmar el documento llamado “Compromiso de Fomento a la Unidad Familiar” que estableció el primer domingo de marzo de cada año como “Día de la Familia Mexicana”.

   Esa celebración fue formalmente propuesta por el Consejo de la Comunicación, la asociación civil formada por empresas mediáticas y anunciantes que antes convergían en el Consejo Nacional de la Publicidad. El afán por tener una imagen menos supeditada a los intereses mercantiles que determinan las relaciones entre anunciantes y medios llevó a ese grupo a cambiar de nombre hace tres años. Las campañas que suele realizar, independientemente de la utilidad social que puedan tener, forman parte de esa tarea permanente para remozar la presencia pública de las empresas dedicadas a lucrar en y con los medios de comunicación.

 

Interés de la señora Fox

   La más reciente de esas iniciativas es el Día de la Familia. Pero no se trata solo de una propuesta de los empresarios mediáticos y sus anunciantes. La conmemoración que hoy congrega el entusiasmo televisivo ha sido promovida –así lo confirman diversas puntualizaciones en los medios– por la esposa del presidente de la República.

   A la señora Marta Sahagún de Fox el tema de la familia le ha permitido acercarse, con cierta eficacia, a las preocupaciones cotidianas de los mexicanos. El apego a la familia, la defensa de sus integrantes, los lazos de solidaridad que se reproducen en ella con naturalidad, el papel que desempeña en la propagación de valores y costumbres y el hecho de ser referencia entrañable de las relaciones sociales, forman parte de la centralidad que tiene en este como en todos los países.

   Por eso el discurso tradicional del poder político ha recalado de manera importante en la reivindicación de la familia. En la construcción de la ideología post-revolucionaria la idea de la familia era uno de los ejes que el Estado proponía para cohesionar y nutrir de identidad a los mexicanos.

   Además de implicaciones políticas, la insistencia en la integración y la consistencia familiares tuvo connotaciones morales y religiosas. Por lo general, cuando se hablaba de familia se aludía a la estructura convencional –padre, madre, hijos– sin reparar en las modalidades, cada vez más frecuentes, que asumen los núcleos familiares.

   La esposa del presidente Fox aprovecha la simpatía que despierta la idea de familia y la incorpora prácticamente en cada una de sus cotidianas alocuciones. Habitualmente se refiere a las familias en general, sin reconocer los rasgos específicos que tienen en la sociedad contemporánea. En unas cuantas ocasiones la señora Sahagún ha recordado la existencia de familias de corte no tradicional.

 

Nueva idea de familia

   Un estudio sobre la presencia de las mujeres en el discurso y las políticas públicas en nuestro país recordaba, recientemente: “En la cultura política hegemónica del México posrevolucionario, el  ciudadano era pensado en masculino. A las mujeres se les concedía importancia, eso sí, (el ejemplo más claro es el pedestal que se les erige en el día de la madre) pero no como sujetos activos, diferentes y dotados de razón, sino como meros receptáculos. Como ‘depositaria (s) de nuestra nacionalidad’, para decirlo en las palabras del presidente Miguel de la Madrid. Prosigue el ex presidente: ‘Nuestra nacionalidad es fuerte porque tenemos una familia fuerte que debemos a una mujer admirable y responsable’. Aparte de que los intereses de las mujeres solían subsumirse a los intereses de la familia, existen paralelas entre el discurso oficial acerca de la mujer (la madre) y el de la familia mexicana. Ambas, la mujer y la familia, han sido instrumentalizadas como pilares de la ‘identidad nacional’, y ambas han sido homogenizadas y des-historizadas a este efecto por el discurso oficial”.

   Esas son algunas de las conclusiones de la investigación de Miriam Lang, que hizo un doctorado en Sociología en la Universidad Libre de Berlín y que hace un lustro estuvo en México investigando el papel de la mujer desde la perspectiva del poder político.

   La doctora Lang identificó cambios importantes en ese tema: “Los discursos que se manejan hoy en las políticas públicas mexicanas sobre el tema de la violencia hacia las mujeres difieren fundamentalmente de esta visión, que sin embargo influyó en la construcción de los géneros desde el oficialismo durante décadas. Obviamente, esta construcción tradicional de los géneros se encuentra actualmente en un proceso de transición, al igual que el proyecto nacional en el cual se inscribía. Durante los dos últimos gobiernos PRIistas, los sexenios de Carlos Salinas (1988-1994) y Ernesto Zedillo (1994-2000), el recurso discursivo tanto a la Nación histórica como a la Revolución, mito fundador de aquella, perdió en importancia. Fueron reemplazados en la retórica oficial por promesas de modernización y de democratización del país, y de su entrada económica al ‘primer mundo’. Es en el marco de este nuevo proyecto nacional, que se inscribe en la globalización neoliberal y también incluye una renovación de las formas de interacción política, que la participación de mujeres como ciudadanas se hizo pensable por primera vez. Este contexto de la modernización neoliberal de México también conforma el marco de referencia para mi análisis”.

 

Moderno discurso político

   Denominada “¿Mujeres vulnerables o ciudadanas plenas?”, la investigación de Lang sobre políticas públicas, violencia de género y feminismo en el México de los años recientes considera que a fines del siglo XX el discurso gubernamental toma en cuenta a las mujeres ya no solo como madres y esposas sino como profesionistas, electoras e individuos. Eso ocurre tanto en los textos programáticos del PRI y el gobierno de Zedillo, como en documentos del PRD y el gobierno de la ciudad de México.

   “Hasta mediados de los 90 –explica– los textos elaborados por entidades públicas partían de un modelo inalterable y normativo de familia patriarcal, a pesar de que éste correspondía cada vez menos a las realidades sociales mexicanas. Daban prioridad a la preservación de la unidad de esta familia y automáticamente descalificaban otras formas de convivencia como ‘anormales’ o inferiores”.

   Eso comienza a cambiar en el gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas en el Distrito Federal cuyos textos, “fueron los primeros en distinguir diferentes tipos de familias: la familia extensa, la familia nuclear, la familia monoparental, etc. La definición de familia que propone la Dirección General de Equidad y Desarrollo Social evita valoraciones: ‘Es un grupo de personas unidas por un parentesco (consanguíneo, afinidad o adopción), quienes generalmente conviven en un mismo espacio hogar’. En un hogar también pueden convivir varias familias o personas sin consanguinidad. En estos textos, la importancia que se le da a la familia proviene de una valoración social y no es ‘natural’ ”.

   Más adelante, ya casi al final de los años 90, esa autora identificó documentos del gobierno federal en donde “el espacio social familiar es mucho menos idealizado y mistificado, ya no es considerado el pilar de la identidad nacional o la célula básica de la organización social, y por ende del poder estatal. Ya se habla mucho menos de él – como solían hacerlo los textos de tinte católico o nacionalista hasta hace pocos años atrás – como de un espacio de protección especial y como instancia transmisora de valores esenciales”.

 

Más allá de la pareja

   Desde luego no hay una definición oficial de familia pero en la propaganda para la conmemoración de este domingo prevalece una idea tradicional acerca del núcleo familiar. La pareja presidencial misma, al aparecer alternándose en la lectura de un breve mensaje para promover esta fecha, privilegia –y aprovecha– esa imagen convencional de la familia.

   Aunque no suele hacer precisiones sobre la existencia de familias que no se ciñen al modelo tradicional, en unas cuantas ocasiones la señora Fox se ha referido a ellas. El 7 de noviembre de 2003, en un congreso llamado “La Familia Hoy, derechos y deberes” realizado en la ciudad de México, la esposa del presidente aludió a las nuevas formas de organización familiar de la siguiente manera: “hoy la familias, sin duda alguna, tienen que ser consideradas así, las familias. Quizás no bajo escenarios ideales, no bajo lo que representa, lo que en algún momento fue realmente nuestra propia convicción, sino que tenemos que respetar a las familias, no solo a la familia tradicional”.

   Señaló entonces la señora Sahagún: “dentro de las familias se han ido rompiendo paradigmas para conformar nuevos modelos que nos imponen nuevos retos, a los que no escapamos los gobiernos ni las organizaciones de la sociedad civil”.

   En aquella ocasión la esposa del presidente recordó que, en México, solamente seis de cada diez hogares descansan en el núcleo conyugal. Pero no se aventuró a mencionar otros tipos de familia, entre las que se encuentran aquellas cuyo núcleo lo forman parejas del mismo sexo.

 

Papel de las mujeres

   El creciente peso de la responsabilidad familiar sobre las mujeres y la existencia de núcleos familiares a cargo de mujeres solas han sido las dos variantes principales en el discurso del gobierno actual –y especialmente de la esposa del presidente– en este asunto. El 27 de octubre de 2004, en el congreso panamericano “La Familia: base del desarrollo integral del niño, la niña y el adolescente” celebrado también en la capital del país, Sahagún recordó que cada vez tenemos más familias distintas del esquema tradicional:

   “Las familias monoparentales, las familias en las que las mujeres representan el principal sustento económico o las familias en las que los hijos han tenido que abandonar la escuela para contribuir al gasto, son sólo tres ejemplos que iluminan la magnitud de las transformaciones irreversibles que se ha experimentado en las últimas décadas”.

   Es importante que se reconozca el papel activo, y a veces único, que tienen las mujeres en la conducción y el sostenimiento de numerosas familias. Allí hay un avance, sobre todo porque los ajustes en el discurso resultan necesarios para que, entonces, haya cambios en las políticas públicas.

   Pero otros rasgos en la conformación de las familias, originados por preferencias sexuales heterodoxas o por la simple decisión de varias personas para vivir juntas aunque no tengan relaciones de pareja, todavía no suelen ser admitidos entre los lazos de integración familiares.

   Según el INEGI, encargado de nutrir al país de información estadística, no todos los hogares son familiares. Para que lo sean, es preciso que están formados por un “conjunto de personas que residen habitualmente en la misma vivienda y se sostienen de un gasto común para la alimentación, en el que por lo menos uno de los integrantes tiene relación de parentesco con el jefe del hogar”.

   Se trata, por supuesto, de una definición de trabajo. Pero delimita el alcance de la idea de familia que hay en numerosos documentos y posiciones oficiales.

 

Uno de cada cinco

   En México, según el Censo de 2000, el 69% de las familias mantienen la organización tradicional: una pareja con sus hijos. El 17.3% están encabezadas por uno de los padres y el 10% las constituyen parejas sin hijos.

   De los 22 millones 269 mil hogares que teníamos hace 5 años, el 20.6% –4 millones 597 mil– estaban encabezados por mujeres. Se trata de uno de cada cinco hogares en México.

   En 1960 los hogares con jefa de familia eran el 13.7%. En 1970, así como en 1990, los hogares encabezados por una mujer eran el 17.3%.

   Ese cambio en la responsabilidad familiar –y con ello social y laboral– de las mujeres constituye la principal fuente de transformaciones en la definición sobre núcleo familiar que se abre paso en nuestro país. Sin embargo la imagen que se impulsa en la conmemoración de hoy es únicamente la de la familia convencional. Tres de cada siete familias en México tienen formas de organización y cohesión diferentes.

 

Convenenciera iglesia

   La celebración de este día, forzada pero ampliamente publicitada, ha sido apoyada por conveniencia, más que por convicción. En la Iglesia Católica, que promueve la idea tradicional de valores y estructura familiares, esa iniciativa provocó sorpresa y cierta incomodidad pero, a final de cuentas, la decisión de subirse al tren del festejo para no quedarse al margen de él.

   En un comunicado a los cardenales, arzobispos y obispos de esa corporación en México el obispo de Matehuala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar, Rodrigo Aguilar Martínez, dispuso el 22 de enero pasado:

   “Teniendo en cuenta que es un hecho la declaración del primer domingo de marzo como el Día de la Familia en México; teniendo en cuenta también que no dejará de haber riesgos de que esto se tergiverse por diferentes grupos, sea con promoción de enfoque consumista o sea con posturas divergentes a la doctrina de la Iglesia Católica, conviene ser proactivos y aprovechar la fecha para difundir nuestro mensaje según el Evangelio del matrimonio, la familia y la vida”.

   El obispo Aguilar les recordó a sus colegas que el establecimiento del primer domingo de marzo como Día de la Familia, era una “iniciativa que el Presidente Vicente Fox ha aceptado y apoyado al hacer la declaración respectiva el pasado día 13 de enero”.

 

Celebración y promoción

   No es censurable –al contrario– que a la familia se la festeje y reivindique. Pero hacerlo sin recordar la variedad de prácticas y expresiones familiares que hoy forman parte de la diversidad mexicana y con el propósito esencial de promover intereses mercantiles y políticos, da cuenta de la parcialidad de esa iniciativa.

   Aficionada a reivindicar a la familia en sus discursos, aunque al mismo tiempo contribuye a la privatización de la política social y de esa manera a la desprotección de muchas familias, la señora Sahagún de Fox parece especialmente interesada en mostrarse como campeona de los valores familiares. Las empresas mediáticas y publicitarias han avalado, interesadamente obsequiosas, esa iniciativa.

   Si la señora Sahagún de Fox, como es inocultable propósito suyo, contrae nupcias religiosas, esa reivindicación publicitaria de la familia le ayudaría en sus aspiraciones políticas. Si se casa o no por la iglesia tendría que ser asunto concerniente solo a su vida privada y la de su marido. Pero la pareja presidencial insiste tanto en exhibir intimidades suyas que esos proyectos personales han adquirido inevitable connotación pública.

 

El Día de la Mujer

   Con o sin día marcado por las televisoras y las ambiciones políticas, cada familia se celebra de la manera y en las fechas que a sus integrantes les parece posible o pertinente. No hacía falta un día especial para ello.

   Aparte de otras implicaciones, no deja de ser sintomático el hecho de que esta festividad se encuentre tan cerca del Día Internacional de la Mujer que pasado mañana, como cada año, se recuerda el 8 de marzo. Inevitablemente, el empeño publicitario e institucional invertido en el Día de la Familia –que el presidente Fox, manifestando la visión que tiene de la sociedad y sus protagonistas, promovió ayer en su programa de radio acompañado por Chabelo y César Costa– le restará presencia pública al día de las mujeres.

   Claro, todo ello se entiende cuando estamos en vísperas de decisiones políticas y electorales en las que cada quien –la señora Marta y su marido no son la excepción– querrá beneficiarse del poder de la familia.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 15, 2005 at 1:38 am

Publicado en Cultura, Vicente Fox

El fantasma de Atenco

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La Crónica, 28 de abril de 2005

Quizá cuando se haga la historia de estos días desastrados y tensos el nombre de Raúl Alberto Sánchez sea reconocido entre los más asociados al intento que anoche anunció el presidente Vicente Fox para atenuar la crispación política. El martes en Cuilapan de Guerrero, en Oaxaca, donde el presidente de la República estaba de visita, ese joven estudiante sostenía una cartulina con la frase “Fox, traidor a la democracia”. Cuando lo vio, el destinatario de ese reproche le reclamó con agresividad.

   Anoche en cambio el licenciado Fox comenzó su alocución, en cadena nacional, con una expresión que respondía al reclamo que encontró en Oaxaca: “El presidente de México cree en la democracia”.

   Fox está empeñado en que la sociedad acepte que tiene esa convicción. Es un buen propósito. Pero quizá lo manifiesta de manera demasiado tardía. Si hubiera dicho lo mismo tres semanas antes, la víspera del desafuero de Andrés Manuel López Obrador, otros habrían sido los resultados. Si, con mayor anticipación, se hubiera tomado en serio esas convicciones, no habría impulsado el proceso judicial que tuvo que pasar por San Lázaro.

   Ahora, las decisiones anunciadas anoche serán reconocidas no como resultado de las convicciones del presidente sino como consecuencia de la presión social que se expresó en la movilización del domingo pasado.

   El gobierno llevaba por lo menos un mes evaluando la destitución del general Rafael Macedo de la Concha. Se le atribuyen las posiciones duras, enfrentadas con iniciativas de negociación que aparentemente proponía Santiago Creel, en la deliberación frente al Presidente. La PGR cometió errores técnicos y de apreciación en la presentación del expediente de López Obrador. Esa dependencia, además, perpetró injusticias como las que padeció el ex funcionario de Los Pinos Nahúm Acosta.

   Macedo permanecía porque su presencia era importante en la línea de confrontación que el gobierno federal había decidido mantener respecto de López Obrador. Además, de acuerdo con la información oficial, los logros del General en la persecución del narcotráfico no fueron desdeñables.

   La sustitución del Procurador constituye un viraje en esa táctica de enfrentamiento con el jefe de Gobierno del DF. Los argumentos insistentemente sostenidos por el presidente, el PAN y la mayoría de sus legisladores quedaron derrotados por el estupor de Fox ante la marcha del domingo, la caída de su popularidad en las encuestas y las descalificaciones en la prensa internacional.

   Más que consecuencia de una emergencia tardía pero estimable de las convicciones democráticas, la decisión de ayer parece obedecer al sobresalto del Presidente ante una situación que él mismo contribuyó a desatar y luego no supo manejar. El recuerdo de Atenco campeó anoche en Los Pinos.

   Eso sí, más vale tarde. Si el mensaje presidencial realmente significa un cambio radical respecto del empeño para privilegiar intereses facciosos por encima de otras consideraciones políticas, será preciso conocer qué otras decisiones lo complementan.

   Anoche mismo se hablaba de la inminente renuncia de Santiago Creel para competir abiertamente por la nominación presidencial en el PAN. Si la salida del secretario de Gobernación se hubiera anunciado junto con la del Procurador General habría parecido que se trataba de dos bajas, en una operación aparentemente salomónica, en el organigrama del gabinete legal. Pero la decisión para proponerle al Senado que al general Macedo lo sustituya Daniel Francisco Cabeza de Vaca, que hace cinco meses era colaborador cercano de Creel, pareciera ofrecerle un saldo favorable al todavía secretario de Gobernación.

   Esas decisiones de Fox, que además anunció iniciativas para impedir situaciones como la inhabilitación política que López Obrador estaba en riesgo de padecer, pueden ayudar a resolver la descomposición de los meses recientes. Sin embargo sigue pendiente el dictamen de la Suprema Corte sobre las solicitudes de controversia constitucional que presentaron la Asamblea del DF y la Cámara de Diputados.

   La polarización, no hay que olvidarlo, ha tenido dos afluentes. Además de Los Pinos, ha sido perseverante y cotidianamente impulsada por el gobierno de la ciudad de México.

   Las decisiones del presidente quizá impidan que siga creciendo la popularidad de López Obrador a costa de los errores del gobierno federal. Pero pueden tener un efecto perverso si alientan el caudillismo y el autoritarismo que han definido al jefe de Gobierno del DF.

   El presidente Fox le ha concedido a López Obrador un triunfo inapreciable. No tardaremos en saber si el beneficiario de ese gesto responde con sensibilidad política, o si lo domina la bravuconería de la que ha hecho gala en otras ocasiones. Después de descorchar la champaña como posiblemente hicieron anoche, López Obrador y sus partidarios más cercanos pueden construirse un perfil responsable o perseverar en el comportamiento abusivo que hasta ahora ha singularizado a ese personaje.

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 15, 2005 at 1:12 am

Publicado en López Obrador, Vicente Fox

Se dice fácil, se entiende mal

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La Crónica, 10 de enero de 2005

El spot de televisión de la Cámara de Diputados que tanto estruendo causó la semana pasada, era tan críptico que difícilmente debe haber afectado la imagen pública de los tres personajes del PAN exhibidos de esa manera: el presidente Vicente Fox, el senador Carlos Medina Plascencia y el secretario de Gobernación Santiago Creel.

En 30 segundos, de manera atropellada, ese anuncio reproduce sendas frases de esos personajes cuando eran diputados federales. Aparentemente se trata de mostrarlos en contradicción con las posiciones recientes de por lo menos dos de ellos en el reciente litigio por el presupuesto federal entre el gobierno y la Cámara de Diputados.

Sin embargo es preciso conocer el contexto de esa discusión para entender tales alusiones.

La transmisión del anuncio de 30 segundos causó disgusto en el gobierno y en Acción Nacional. Algunos de sus voceros consideraron que la Cámara excedía sus funciones al destinar parte de su presupuesto a pagar mensajes de impugnación política cuyo contenido no comparten todos los partidos en San Lázaro. Otros comentarios consideraron que con ese mensaje la mayoría en la Cámara entraba al terreno de las confrontaciones personales.

Quizá algunas de esas opiniones no tomaron en cuenta el contenido del anuncio. Por eso vale la pena recordarlo.

El medio minuto comienza con la frase “Se dice fácil” resaltada sobre fondo negro.

A continuación aparece Vicente Fox cuando era diputado federal en 1988, en mangas de camisa y hablando aparentemente en la tribuna de la Cámara. Mientras dice tres palabras (“comuniquen, razonen, legislen”) esa imagen se va difuminando para que aparezca de traje negro y ya como presidente de la República.

En segundo lugar se muestra a Carlos Medina Plascencia, a quien se identifica como diputado federal 1998. Esa imagen se traslapa con una más reciente junto a la cual se le reconoce en un rótulo que dice “precandidato a la presidencia 2004”. También aparece el logotipo del PAN. En esa transición de escenas se le escucha decir: “nos hemos enfrentado a las mas groseras presiones del gobierno y su partido. ¡En la cámara de diputados qué no manda el presidente!” (sic).

El tercer término aparece Santiago Creel que dice “debatidas y aprobadas por esta soberanía” mientras se le identifica: “diputado federal 1997”. Luego se le ve en una escena reciente, aparentemente refiriéndose al actual litigio mientras dice: “este procedimiento está poniendo a cada cual en su lugar”. Un letrero lo señala como “precandidato a la presidencia 2004” junto a un emblema de su partido. Durante un segundo y medio, todavía con el secretario de Gobernación a cuadro, aparece escrita la frase: “se olvida pronto”.

Finalmente se lee sobre fondo negro mientras se escucha una voz en off: “La Cámara de Diputados trabaja con seriedad y tiene memoria…”. El logotipo de esa cámara rubrica el anuncio.

Esas frases dicen nada, o algo, según la interpretación que les de cada telespectador. Confuso y hasta anodino, el spot provocó indignaciones políticas, vestiduras desgarradas y protestas enfáticas. Pero es difícil que haya alterado la apreciación pública, cualquiera que sea, del diferendo entre los diputados y el presidente.

Algunos dirigentes del PAN se quejaron por el empleo del emblema de su partido sin recordar que se trata de un símbolo público y no se engañaba a los televidentes al colocarlo junto a panistas notables.

Todo parece indicar que el anuncio es parte de la publicidad institucional de la Cámara de Diputados. En ese caso sería importante que se aclarase si fue difundido en ejercicio del tiempo estatal en televisión o si fue pagado con dinero de esa Cámara. El asunto es más confuso porque algún diputado del PRI aseguró que el spot fue pagado por varios partidos.

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 15, 2005 at 12:57 am

Se dice fácil, se entiende mal

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La Crónica, 10 de enero de 2005

El spot de televisión de la Cámara de Diputados que tanto estruendo causó la semana pasada, era tan críptico que difícilmente debe haber afectado la imagen pública de los tres personajes del PAN exhibidos de esa manera: el presidente Vicente Fox, el senador Carlos Medina Plascencia y el secretario de Gobernación Santiago Creel.

En 30 segundos, de manera atropellada, ese anuncio reproduce sendas frases de esos personajes cuando eran diputados federales. Aparentemente se trata de mostrarlos en contradicción con las posiciones recientes de por lo menos dos de ellos en el reciente litigio por el presupuesto federal entre el gobierno y la Cámara de Diputados.

Sin embargo es preciso conocer el contexto de esa discusión para entender tales alusiones.

La transmisión del anuncio de 30 segundos causó disgusto en el gobierno y en Acción Nacional. Algunos de sus voceros consideraron que la Cámara excedía sus funciones al destinar parte de su presupuesto a pagar mensajes de impugnación política cuyo contenido no comparten todos los partidos en San Lázaro. Otros comentarios consideraron que con ese mensaje la mayoría en la Cámara entraba al terreno de las confrontaciones personales.

Quizá algunas de esas opiniones no tomaron en cuenta el contenido del anuncio. Por eso vale la pena recordarlo.

El medio minuto comienza con la frase “Se dice fácil” resaltada sobre fondo negro.

A continuación aparece Vicente Fox cuando era diputado federal en 1988, en mangas de camisa y hablando aparentemente en la tribuna de la Cámara. Mientras dice tres palabras (“comuniquen, razonen, legislen”) esa imagen se va difuminando para que aparezca de traje negro y ya como presidente de la República.

En segundo lugar se muestra a Carlos Medina Plascencia, a quien se identifica como diputado federal 1998. Esa imagen se traslapa con una más reciente junto a la cual se le reconoce en un rótulo que dice “precandidato a la presidencia 2004”. También aparece el logotipo del PAN. En esa transición de escenas se le escucha decir: “nos hemos enfrentado a las mas groseras presiones del gobierno y su partido. ¡En la cámara de diputados qué no manda el presidente!” (sic).

El tercer término aparece Santiago Creel que dice “debatidas y aprobadas por esta soberanía” mientras se le identifica: “diputado federal 1997”. Luego se le ve en una escena reciente, aparentemente refiriéndose al actual litigio mientras dice: “este procedimiento está poniendo a cada cual en su lugar”. Un letrero lo señala como “precandidato a la presidencia 2004” junto a un emblema de su partido. Durante un segundo y medio, todavía con el secretario de Gobernación a cuadro, aparece escrita la frase: “se olvida pronto”.

Finalmente se lee sobre fondo negro mientras se escucha una voz en off: “La Cámara de Diputados trabaja con seriedad y tiene memoria…”. El logotipo de esa cámara rubrica el anuncio.

Esas frases dicen nada, o algo, según la interpretación que les de cada telespectador. Confuso y hasta anodino, el spot provocó indignaciones políticas, vestiduras desgarradas y protestas enfáticas. Pero es difícil que haya alterado la apreciación pública, cualquiera que sea, del diferendo entre los diputados y el presidente.

Algunos dirigentes del PAN se quejaron por el empleo del emblema de su partido sin recordar que se trata de un símbolo público y no se engañaba a los televidentes al colocarlo junto a panistas notables.

Todo parece indicar que el anuncio es parte de la publicidad institucional de la Cámara de Diputados. En ese caso sería importante que se aclarase si fue difundido en ejercicio del tiempo estatal en televisión o si fue pagado con dinero de esa Cámara. El asunto es más confuso porque algún diputado del PRI aseguró que el spot fue pagado por varios partidos.

Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 15, 2005 at 12:53 am

De Eva Perón a la Madre Teresa

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La Crónica, febrero 17 de 2004

Al decir que no hará trabajo “político partidista” la señora Sahagún de Fox sugiere que seguirá haciendo política, pero al margen del que hasta ahora ha sido su partido. Si hubiera querido aclarar la equívoca situación que ella misma ha creado al presentarse como posible candidata presidencial al tiempo que disfruta de los recursos, la visibilidad, la información privilegiada y la influencia de los que goza en Los Pinos habría anunciado, simplemente, que se retira de la política.

Para que no hubiera lugar a confusiones, la señora Marta de Fox podría haber declarado, llana y claramente, su renuncia a cualquier posibilidad de suceder a su marido. Pero no era esclarecimiento alguno sino mantenerse en una amenazadora ambigüedad lo que pretendió la llamada primera dama.

Lo que procuró ayer la esposa del presidente fue, antes que nada, replicar a las presiones que ejercía la dirección del PAN para mantenerla al margen de la competencia por la candidatura presidencial. Los líderes de ese partido y no pocos miembros del gobierno han entendido que la candidatura de Sahagún sería una traición a los principios de equidad en la competencia política que el PAN ha querido sostener. Además han anticipado que, si bien actualmente tiene índices de reconocimiento público importantes, si se convirtiera en candidata presidencial la señora Sahagún sería vista como prolongación de un gobierno cuyas ineficiencias le resultan cada vez más claras a la sociedad mexicana.

En tono artificiosamente perentorio la esposa del presidente dice, a través de su oficina de prensa, que “por ahora no dedicará ni un solo minuto de su tiempo a hacer trabajo político partidista, sino que se concentrará totalmente en el trabajo social”. Por eso renuncia a la posibilidad de formar parte del consejo nacional panista. Pero como la política se hace en ámbitos cada vez más versátiles –incluso, para muchos estar en un partido tiende a convertirse en limitación más que en un recurso– la señora seguirá influyendo en la vida del país.

Avisar que se concentrará en el trabajo social, puede ser entendido como una amenaza y no como un alivio a las preocupaciones que el gobierno y no pocos mexicanos han experimentado a causa del activismo de la señora. La fundación Vamos México, impulsada por la esposa del presidente de la República, implica una suerte de privatización de la política social. En vez de apuntalar los organismos y cauces institucionales que el Estado tiene para combatir a la pobreza, la señora Fox apuesta por la caridad privada.

En varias ocasiones la señora ha dicho que se identifica con la Madre Teresa, conocida por la congregación que dirigió en Calcuta. Las obras que esa religiosa de origen albanés promovió en favor de los pobres le permitieron ganar notoriedad mundial. Sin embargo una mirada menos complaciente permite reconocer, en el activismo de la Madre Teresa, comportamientos de manipulación e intereses políticos que pondrían en entredicho la filantropía que propagaba.

El escritor Christopher Hitchens mantuvo hace pocos años una espléndida discusión al respecto luego publicada en el libro, provocador desde su título, The Missionary Position. Mother Teresa in theory and practice (Verso, New York, 1995). Esa obra cobró nueva actualidad hace pocos meses cuando la religiosa, seis años después de su muerte, fue beatificada.

Hitchens explica la fama internacional de la Madre Teresa gracias a la preferencia de los medios que consideraron que su causa era políticamente correcta y destaca el enorme poder económico que acumuló su congregación. La reticencia de esa agrupación para ofrecer informes financieros claros o admitir auditorías, el autoritarismo de la Madre Teresa cuya palabra delante de sus subordinados era ley inapelable y su aparente rechazo al quehacer político como una forma eficaz de hacer política, son comentados por ese autor.

“La intervención ya sea moral o política –escribe Hitchens– siempre y en todas partes es un asunto del más exquisito timing. La elección del tiempo y del lugar puede ser muy significativa… La Madre Teresa es afecta a decir que no está muy por encima de la política sino realmente más allá de ella, operando en una manera que resulta trascendental. Todos los reclamos de los personajes públicos que dicen ser apolíticos merecen un doble escrutinio crítico. Los ingenuos y simples pocas veces son tan ingenuos y simples como se ven, y esta sospecha es reforzada por quienes proclaman su propia ingenuidad y simpleza. No hay engreimiento equivalente a la falsa modestia, y no hay política como la antipolítica, así como no hay refinamiento que se compare con la ostentación de quienes dicen que no les interesan los asuntos materiales”.

Si la señora Sahagún ha cambiado de paradigma y en vez de aspirar a ser Eva Perón quiere parecerse por algún tiempo a la Madre Teresa, habrá que tomar con atención las advertencias que Hitchens contra la política disfrazada de filantropía.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 14, 2005 at 11:22 pm

Publicado en Vicente Fox

Colisión anunciada

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La Crónica, 24 de agosto de 2004

La colisión hacia la que se dirigen los gobiernos federal y de la ciudad de México es uno de esos conflictos en donde ninguna de las partes tiene toda la razón y ninguna de ellas, además, alcanza beneficios plenos en tal confrontación.

   Nadie gana, como decía una de las caras más temidas en el viejo y sabio juego de la pirinola. Todos pierden y en este caso antes que nada perderá el país que está invirtiendo tiempo, atención y perplejidad en un pleito que la sociedad mexicana no buscó y al que, para muchos, ni les va ni les viene nada a cuento.

   Tanto los impugnadores, como los adeptos de Andrés Manuel López Obrador, tienen argumentos atendibles en este conflicto. Ninguna de ambas partes cuenta con toda la razón.

   El jefe de Gobierno se ha empeñado en singularizarse por el desprecio que les tiene a las leyes y al orden jurídico cuando no se ciñen a sus proyectos, o a sus caprichos. En el caso que lo podría privar del fuero constitucional hay evidencias de que desatendió, sistemática, enterada y abiertamente, las instrucciones judiciales para que suspendiera una obra que afectaba los derechos de un particular. Podrá decirse que con esa obra el gobierno de López Obrador beneficiaba al interés de la sociedad, pero eso sucedía en contra de la explícita resolución de un juez.

   A sabiendas de esa instrucción López ordenó que las obras prosiguieran. En ese, como en otros casos, ha querido imponer su voluntad a contrapelo de las decisiones del Poder Judicial. Y cuando se ha visto presionado por la aplicación de las leyes, ha intentado respaldarse en movilizaciones como la que encabezará el domingo próximo.

   Las Procuraduría General de la República ha considerado que tiene la obligación de llevar ese caso ante el Congreso de la Unión porque solo si se le priva del fuero López Obrador podría ser sometido a un juicio por tal desacato. El gobierno federal sostiene que no había otro camino y que de haber ignorado ese problema habría incurrido, también, en una conducta ilegal.

   En el transcurso de este litigio, los partidarios de López Obrador han esgrimido abundantes motivos políticos y unos cuantos argumentos jurídicos para oponerse al desafuero. Dicen que lo que realmente pretende el gobierno federal –muy posiblemente con la interesada ayuda del PRI– es sacar a López de la carrera por la presidencia de la República. Me quieren derrotar a la mala, se queja el jefe de Gobierno.

   Mientras el Congreso resuelve si el desafuero es procedente o no, López Obrador ha adquirido una imagen de político perseguido por un sistema autoritario. Con más explicaciones emocionales que solidez jurídica, sus defensores están consiguiendo promover la impresión de que como va adelante en las encuestas, al jefe de Gobierno lo quieren desplazar con una chicana de insuficiente consistencia legal.

   En el plano jurídico la defensa de López ofrece evidencias solamente parciales. Ha intentado demostrar que ese funcionario no ordenó directamente la continuación de las obras vetadas por el juez. Luego ha informado que, en casos similares, algunos gobernantes que incumplieron una instrucción judicial no fueron sancionados como se pretende hacer con el jefe de Gobierno del Distrito Federal.

   Sobre todo, los simpatizantes de López alegan que las dimensiones de la falta por la que se pretende juzgarlo son minúsculas en comparación con las consecuencias políticas que acarrearía la inhabilitación de sus derechos ciudadanos.

   Ese argumento tiene una clara (y en algunos casos razonablemente interesada) solidez política. Pero al prescindir del flanco jurídico involucrado en este litigio no solamente ofrece un enfoque parcial. Además implica el riesgo de aportar una solución riesgosamente cínica para enfrentar el diferendo en torno a López Obrador.

   Si la razón jurídica se impone por encima de la razón política y los legisladores votan por el desafuero del jefe de Gobierno, estaremos quizá ante una aplicación rigurosa de la ley pero de corolarios políticos inciertos. Si la política impera sobre el Derecho, se establecería un precedente que sujetaría cualquier diferendo, en cualquier circunstancia, a la lógica de las presiones y no al marco de las leyes.

   Hay que recordar que si se le priva del fuero López Obrador tendría que acudir ante el juez y exponer allí sus argumentos. Solo en caso de que entonces hubiera una sentencia que lo condenara por haber cometido un delito su candidatura presidencial podría ser afectada. Pero bastará la aprobación del desafuero para que sus seguidores consideren que se le quiere aplicar, con fines de persecución política, la fuerza de la ley. Y habrá entre ellos quienes consideren que los marcos institucionales no bastan para ceñir la lucha política en México.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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Written by Raúl Trejo Delarbre

diciembre 14, 2005 at 10:57 pm

Publicado en López Obrador, Vicente Fox

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