Sociedad y poder

Expirada ilusión

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, julio 18 de 2004

   “Yo quiero decirle al pueblo de México que los asuntos mexicanos y el futuro del país está en buenas manos, está en manos responsables, está en manos profesionales; está en un equipo que trabaja por el futuro de nuestro país no sólo de corto, sino de mediano y de largo plazo y que hoy nuestro país es muy respetado fuera de nuestras fronteras; el Presidente de México es muy respetado, reconocido por su seriedad, por profesionalismo, por la manera en que manejamos los asuntos de México y los de Latinoamérica”.

   Presidente Vicente Fox Quesada en Brasilia, Brasil, el 7 de julio de 2004.

 

El gran solitario

   “El gobierno del presidente mexicano, Vicente Fox, vive una crisis interna que le deja cada vez más como el gran solitario de palacio, debido en parte al poder de la primera dama, Marta Sahagún, y a su protagonismo como aspirante a sucederle”.

   Antonio O. Ávila. Corresponsal de El País, Madrid, 7 de julio.

 

Incapacidad

   “Las encuestas indican que muchos mexicanos todavía simpatizan con Mr. Fox pero han dejado de creer en sus promesas para ‘transformar’ al país. Enfrentado a un Congreso hostil, ha demostrado ser incapaz de echar a andar una política de cambio”.

   The Economist. Londres, 10 de julio

 

Sin timón

   “En las semanas recientes Martita, como es ampliamente conocida, ocupó el papel central en un intenso escándalo político que ha conmovido a la ineficaz administración de Vicente Fox. A más de la mitad de su periodo sexenal, Fox no ha puesto en práctica ninguna de las reformas sustantivas que prometió durante su campaña electoral por la presidencia en 2000. Ni parece que lo vaya a hacer: con dos años por delante antes de la próxima elección presidencial, Fox está luchando para mantener el control sobre un gobierno que se despedaza rápidamente y una dividida base política que desconfía de las aparentes ambiciones presidenciales de su esposa…

   En medio de todo este drama, un aura de intriga palaciega y conspiración permea ahora a Los Pinos. Un ex funcionario dijo a Newsweek que la lucha interna ha dejado ver al presidente sin control de la situación. ‘El gobierno no obedece al presidente’. dice. ‘Simplemente hacen lo que quieren hacer’”.

   Scott Johnson, corresponsal de Newsweek, 10 de julio.

 

Credibilidad

   “Pero las declaraciones del presidente han perdido credibilidad entre los votantes. Encuestas recientes demuestran que muchos mexicanos consideran que Fox es un hombre simpático pero tienen poca fe en sus promesas. Una encuesta publicada el 2 de julio en el diario Reforma mostró que menos del 30 por ciento de los mexicanos considera que su gobierno está conduciendo al país en la dirección correcta, en comparación con cerca del 80 por cuento cuando Fox se encargó de la administración hace cuatro años”.

   Ginger Thompson, corresponsal de The New York Times, 12 de julio de 2004.

 

Debilidades

   “Cuatro años después de su notable victoria en las urnas sobre el Partido Revolucionario Institucional que estuvo largo tiempo en el poder el presidente de México, Vicente Fox, es una figura muy disminuida. En cierta medida, la aritmética electoral ha obligado a producir expectativas frustradas –el conservador partido de Mr. Fox carece de mayoría en el Congreso–. Pero sus problemas políticos han  sido innecesariamente incrementados por su riesgoso coqueteo con la idea de poner a su esposa –su antigua vocera, Marta Sahagún– como sucesora suya en la presidencia…

   “No solo la presidencia de Fox ha sido debilitada por ‘Martita’. También la inexperta democracia mexicana. La debilidad del partido del presidente en las recientes elecciones estatales, combinada con un escándalo de corrupción que mancha al izquierdista alcalde de la ciudad de México, deja al viejo PRI en una fuerte posición. El interés del gobierno ante la posibilidad presidencial de la primera dama –y su seguridad en que la oficina de su marido la colocaría como la santa matrona de la caridad mexicana– han ridiculizado la idea de una ruptura limpia respecto del viejo régimen corrupto. En la cultura política mexicana, llamar a un hombre de negocios y pedirle una contribución para la caridad de la primera dama equivale a un chantaje”.

   The New York Times, editorial del 12 de julio. Reproducido en International Herald Tribune, París, 14 de julio.

 

Irritación y burlas

   “La corresponsal de BBC en la ciudad de México, Claire Marshall, dice que la exposición de la controversia [acerca de las aspiraciones presidenciales de la señora Sahagún] ha dañado la credibilidad de su marido. Los periódicos mexicanos se burlan de la pareja, publicando caricaturas que a menudo retratan a Mr. Fox como lacayo de su esposa. Su activismo, especialmente con su fundación de caridad Vamos México, también ha irritado a algunos dentro del mismo partido de Fox, que se quejan de que ella tiene una ventaja injusta. A pesar de su decisión, dice nuestra corresponsal, es improbable que la señora Sahagún se retire completamente del centro del escenario. Ella insiste en que continuará trabajando hacia el bienestar de la comunidad a través de la caridad”.

   BBC News. Londres, 13 de julio.

 

Al gato y al ratón

   “En las democracias consolidadas las reglas y los procedimientos están entendidos y son, en general, acatados por los actores políticos. Sin embargo una naciente democracia debe gozar de tiempo para madurar y establecer estas reglas que han de normar su vida en libertad, al mismo tiempo que construye las instituciones que darán sostén a su futuro. Por ello resulta difícil entender el juego en el que el presidente mexicano Vicente Fox cayó con la escenografía montada en relación a las pretensiones políticas de su esposa a sucederlo en la presidencia de su país. México es un país que no cuenta con un gran historial democrático y que con las elecciones del año 2000 terminó un proceso político de apertura, que culminó con la alternancia en la presidencia de la República.

   “Beneficiado de esta elección Vicente Fox acabó con setenta y un años de gobiernos emanados del PRI, levantando grandes expectativas de cambio para la sociedad mexicana. Lo que nadie se esperaba fue que Fox jugara al gato y al ratón con la sucesión presidencial, permitiendo alimentar el rumor, no sólo con la larga ausencia de una declaración pública de su esposa de renunciar a la candidatura presidencial en el 2006, también contribuyó la sobre exposición de Sahagún en eventos internacionales y su activismo personal, que alimentaron la especulación

   Hola Hoy, Nueva York y Chicago, 14 de julio.

 

Sin aliados

   “Hoy el Presidente (Fox) se encuentra prácticamente sin aliados, con su autoridad abiertamente cuestionada y con su ambiciosa agenda de reformas permanentemente estancada a 29 meses de que concluya su periodo”

   John Authers, Richard Lapper y Sara Silver, corresponsales de Financial Times, Londres, 15 de julio, según nota de Reforma.

 

Mucho ruido

   (En ) lo que respecta a nuestro país, ustedes conocen las fuertes transformaciones que se están dando, hay mucho debate y mucho ruido en los medios de comunicación, hay mucho ruido en el ambiente

   Presidente Vicente Fox  en Sao Paulo, Brasil, el 7 de julio.

 

Prietitos y arroz

   “La próxima semana tendremos un evento aquí en México donde viene el Banco Mundial a entregarnos un estudio, un estudio que nos va a mostrar muchas de estas cosas exitosas que tiene México, que a veces por estar en este gran debate, muchas veces de sólo ver el prietito en el arroz, o sólo las partes débiles de la tarea que realizamos todos los mexicanos, nos encontramos con que también tenemos muchas cosas buenas, muchas cosas exitosas, que están funcionando y que están siendo copiadas por otros países”.

   Presidente Vicente Fox Quesada en el programa de radio Fox Contigo, ayer sábado 17 de julio.

 

Unanimidad crítica

   En la prensa de todo el mundo se encuentran testimonios de la generalizada decepción ante la ausencia de resultados y la desorientación que manifiesta el gobierno del presidente Fox.

   La renuncia de su secretario particular y la murmuración acerca de las ambiciones políticas de la señora Sahagún precipitaron los comentarios críticos sobre la gestión del presidente mexicano. Esos dos acontecimientos, junto con las versiones de tráfico de influencias con recursos de la Lotería Nacional, han sido tema de centenares de notas y comentarios en periódicos, televisión y radio de todas las latitudes.

   La que ofrecemos en los párrafos anteriores es solamente una selección, destacada por la importancia de los medios allí citados, de la gran cantidad de informaciones y juicios que han aparecido, acerca del gobierno mexicano, en la prensa internacional de los últimos días.

   Así como hace cuatro años había una apreciación ampliamente favorable al triunfo electoral de Vicente Fox y a las expectativas de cambio que aparentemente se abrían para México, hoy el juicio de los medios internacionales es unánimemente crítico.

   Al presidente mexicano, esos medios le cuestionan las inconsecuencias respecto de los compromisos que hizo en su campaña electoral, la falta de oficio que le impide tener el control de su propio gobierno y la frivolidad demostrada en la desatención que durante muchos meses tuvo con el problema que han significado las aspiraciones políticas de su esposa.

   La imagen del presidente Fox en esos espacios es la de un personaje quizá bien intencionado y que tuvo una función muy importante en la transición política mexicana, pero cuya impericia política está ocasionando una enorme desilusión dentro y fuera de nuestro país.

   Las alusiones a la codicia política de la señora Sahagún, las referencias a las caricaturas y las representaciones teatrales que hacen mofa de la “pareja presidencial” –como el mismo Fox la ha denominado– muestran un escenario público que pareciera más propio de una comedia que de un país en proceso de maduración política.

   Esa imagen de contrariedad y amargura de la sociedad mexicana ante un gobierno que no ha representado cambios sustantivos e incapaz de impulsar reformas indispensables, es una más de las malas noticias que amargan al país.

   El hecho de que en el extranjero ahora se reproduzcan las tendencias críticas que hace tiempo se pueden apreciar en los medios mexicanos, no es motivo de jolgorio alguno. Pero esa abundancia de apreciaciones desfavorables indica las dimensiones que están adquiriendo los desaciertos de nuestro gobierno.

   Si hay desengaño, es porque hubo quienes quisieron engañarse con las perspectivas que hace cuatro años encontraron en el gobierno del presidente Fox.

   Igual que muchos mexicanos que votaron por él, numerosos analistas y corresponsales de otros pases quisieron ver en el nuevo gobierno el inicio de una nueva era que estaría singularizada por el respeto a las leyes, la supresión de abusos y la renovación de los regímenes político y económico. El desengaño que experimentan hoy es proporcional a las acentuadas expectativas que quisieron tener en este gobierno.

   La ausencia de un proyecto de país sustancialmente distinto al que ya estábamos construyendo los mexicanos y la inexperiencia en muchos de los campos de los que tuvo que hacerse cargo, se encuentran entre las limitaciones de la administración que comenzó en diciembre de 2000 y a la que todavía le restan 26 meses.

   El contexto, desde luego, no ha sido favorable. El cambio de gobierno no significó la transformación de rutinas, intereses y ambiciones que ya definían al sistema político y a la sociedad de nuestro país. Fox, por sí solo, no podía rectificar defectos y carencias de un país sometido a poderosas inercias. Pero tampoco parece haber hecho lo posible para ello.

   Durante varios años el presidente Fox ha desdeñado las advertencias que han aparecido en numerosos medios de comunicación en el país. A las críticas a su administración las ha considerado parciales o incluso mal intencionadas. Ha insistido en que es mejor mirar las buenas noticias, como si poniéndole buena cara pudiera transformarse el panorama de frustraciones y penurias que los mexicanos viven todos los días.

   Ensimismado en un discurso autocomplaciente y, ese sí, parcial, el presidente con frecuencia se ufana de que en el extranjero sí son aplaudidos sus méritos. Ese es uno de los motivos por los que le gusta tanto salir a otros países, aunque con frecuencia lo haga en visitas de las cuales México no obtiene beneficios sustantivos.

   Ahora, sin embargo, la prensa internacional –en donde se manifiesta la apreciación que otras sociedades tienen de la nuestra– es inclemente con el presidente Fox. Además de pertinentes señalamientos críticos, en notas como las antes citadas se puede apreciar la contrariedad que suscita el desengaño ante un personaje en el que se invirtieron expectativas desmedidas.

   La desilusión que hace tiempo despunta en la sociedad mexicana, ahora también se manifiesta en la opinión internacional acerca del gobierno del presidente Fox. Él, abstraído en los espejos que se empeña en crear o en los que quiere creer, sigue diciendo que no hay que mirar al prietito en el arroz. No se da cuenta de que el arroz no se ha cocido o –si se quiere emplear esa metáfora de otra manera– que ya se le quemó.

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Los ángeles de Fox

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónicam 24 de noviembre 2004

   “–¿El presidente Fox cree en los ángeles?

   “–Yo creo que sí. Yo creo que todo mundo debería creer en los ángeles, debemos de creer más en los ángeles que en muchas otras cosas que creemos, los ángeles son vibraciones”.

   En esos términos, a pregunta de la periodista Carmen Aristegui, Santiago Pando, el ex publicista del presidente Vicente Fox, confirmó la inspiración de ceremonias y creencias ocultistas en la campaña del ahora presidente de la República.

   Pando, hoy distanciado del gobierno y cuya suegra Artemisa Aguilar fue consignada por la Procuraduría General de la República por asociación delictuosa y tráfico de indocumentados, fue entrevistado por la conductora del noticiero matutino de W Radio. La publicación en La revista que edita el periódico El Universal de un reportaje sobre los rituales “psicomágicos” que hace en Los Pinos una cercana colaboradora de la señora Marta Sahagún ha vuelto a llamar la atención sobre esas peculiares creencias que sostienen algunos miembros del equipo del presidente y su esposa.

   En esa publicación la reportera Anabel Hernández detalla una ceremonia que, con toda complacencia de la señora Fox, realizó Rebeca Moreno Lara para atraer “buenas vibras” o algo así. Allí también se dice que un spot de la campaña de Fox fue grabado en la casa de Pando en Cuajimalpa porque se decía que en ese sitio había ángeles (sic) cuya influencia sería benéfica para el entonces candidato.

   Las aficiones místicas, por llamarlas de alguna manera, de varios de quienes han colaborado con el matrimonio Fox, han sido conocidas en distintos momentos durante los años recientes. El 19 de agosto del año pasado esta columna relató algunas de esas prácticas. En aquellos días la actriz Lucero había dejado la obra de teatro “Regina”, sustentada en una historia repleta de charlatanerías en donde se sostiene que el asesinato de una joven edecán durante la Noche de Tlatelolco tenía como propósito la purificación de México. El productor y musicalizador de aquella obra, Antonio Calvo, aseguraba que había recibido inspiraciones místicas para vincular la trama de esa obra con la campaña de Fox. En este espacio, decíamos que Calvo:

   En un diario que mantiene en la página web de esa obra relata que en mayo de 2000, ya interesado en montar Regina, encontró en Seattle a una médium “que trabajaba con los ejecutivos de Microsoft en lectura de manos”.

   Esa espiritista, “me dijo que debía de componer una música con la vibración de la victoria que utilizaba Beethoven en su quinta sinfonía y que consistía en el patrón rítmico de ooo–, tres puntos y una raya, que equivalían a la clave morse de la letra ‘V’ ”.

   Calvo conocía a Santiago Pando, uno de los principales asesores de propaganda del entonces candidato Vicente Fox. En septiembre pasado Pando declaró a Proceso que los lemas de campaña de la Alianza por el Cambio le fueron sugeridos por seres extraterrestres (“mayas galácticos”, precisó) que quieren estimular la espiritualidad del pueblo mexicano.

   Cuando supo la tonada que tenía que propagar, Calvo buscó al publicista: “Pensé en hablarle inmediatamente a Santiago Pando para decirle que utilizaran esta vibración en la música de la campaña, pero antes de que le pudiera llamar …se dio otra de las ‘causalidades’ de esta aventura: Me llama Santiago y me pide a componer una música para cerrar la campaña de Fox”.

   Pando le dijo “que el comercial final de la campaña era un acto de psicomagia en donde se iba a generar la victoria en la mente del público antes de que ocurrieran”.

   De esa manera Antonio Calvo escribió los temas ‘Digan por qué’ y ‘Con un solo pensamiento’ que se escucharon en el cierre de campaña de Vicente Fox. En la página electrónica de ese compositor hay una fotografía tomada durante aquel mitin en donde aparece de camisa, pantalones y abultada peluca de color azul haciendo la “V” con ambas manos levantadas. Junto a él, ataviada de la misma extravagante manera  se encuentra Rebeca Moreno, coautora del libreto de Regina y productora de La dama de negro, otra obra montada por Calvo.

   La señora Rebeca Moreno Lara Barragán ha sido coordinadora de giras de la señora Marta Sahagún de Fox y tiene el cargo de directora de Operaciones, Producciones y Eventos de la Presidencia de la República.

   Cuando compuso la música del cierre de campaña, Pando ya conocía a Fox. El 6 de marzo de 2000 el entonces candidato presidencial develó la placa que conmemoraba seis años en cartelera de La dama de negro. Tres años después, el 24 de marzo pasado, Fox no asistió al estreno de Regina. Pero sí estuvieron la señora Marta Sahagún, el ex contralor Francisco Barrio y el vocero presidencial Rodolfo Elizondo, entre otros personajes políticos.

   Hasta aquí lo que publicamos hace 15 meses. Si el presidente cree en los ángeles es asunto suyo y de sus convicciones. Pero, por lo que puede apreciarse, ni siquiera con esa intercesión celestial le salen bien las cosas.

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Fox y JLP

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 22 de febrero de 2004

Al presidente Fox se le olvidó que lo cortés no quita lo distinto. Su ausencia en los funerales de José López Portillo fue notoria. Para deslindarse de ese ex mandatario que falleció el martes no era necesario faltar a las exequias. La personalidad de un gobierno se construye a diario, en las acciones más que en las omisiones. Sin embargo el presidente Vicente Fox ha querido definir a su administración por contraste con las anteriores, en vez de singularizarla por sus logros sustantivos. Tenemos, así, un gobierno en donde el cambio está resultando solamente de apariencias pero no de políticas y mucho menos de rumbo nacionales.

   Estar presente en las honras fúnebres de López Portillo hubiera constituido un gesto de cortesía política por parte del presidente Fox. Nadie lo hubiera interpretado como una deferencia personal sino como el reconocimiento formal a quien fue su antecesor. No hubiera honrado al ciudadano fallecido sino a un ex presidente de los mexicanos.

 

Cuestión de formas

   El presidente Fox no ha aprendido a distinguir la conducta personal de su responsabilidad institucional. La investidura política la asume como una serie de gestos, jactancias, promesas y obsesiones individuales. Si hay incertidumbre sobre la economía, propaga declaraciones jubilosas aunque las cifras se le hagan bolas. Si las pretensiones públicas de su esposa ocasionan suspicacias, las defiende como si de tratara de un desafío personal y no de un problema político. Si un asunto le resulta incómodo, lo soslaya aunque su responsabilidad sea enfrentarlo. Si las exequias de un ex presidente le resultan embarazosas, simplemente deja de asistir aunque con esa ausencia no lastima al partido político de ese antecesor suyo sino a la institución que él representa ahora.

   Es cuestión de formas pero, ya se sabe, la imbricación que tienen con el fondo le confiere densidad y color a la política.

   Al presidente Fox, según parece, le resultaba fastidiosa la posibilidad de que se le identificara con el recién fallecido ex mandatario. Los desplantes retóricos, la desmesura personal, las interminables murmuraciones y la maltratada fama pública que acompañaron a José López Portillo forman parte de las creencias de una cultura política tallada a fuerza de abusos, mitos y desinformaciones.

 

Vehemencia y atropello

   Las creencias que la sociedad mexicana tiene acerca de la clase política están fundadas en excesos reales. Los abusos que cometió López Portillo, o que se perpetraron a su amparo, fueron tan escandalosos que han sido tomados como emblemáticos del sexenio en que nos gobernó.

   El dispendio siempre a cargo de recursos públicos para complacer las aficiones artísticas de su esposa. El respaldo incluso hasta el encubrimiento a las tropelías de su amigo de la infancia al que convirtió en el más desacreditado jefe policiaco de nuestra historia reciente. Las gestiones –y concesiones– para llevar al Papa a Los Pinos con tal de que lo recibiera allí la señora madre del presidente. Los favores públicos, incluso convertidos en designaciones institucionales, a su compañera sentimental en turno. La naturalidad con que se decía orgulloso de su nepotismo. La desfachatez con que admitía munificentes regalos como el terreno en el que construyó su célebre residencia. Esos, entre tantos otros, fueron rasgos de la personalidad contradictoria hasta la incongruencia, vehemente hasta el atropello, con que este país fue gobernado entre 1976 y 1982.

 

Cima y sima

   A esos desplantes y excesos personales, siempre de consecuencias políticas o a cargo de recursos públicos, habría que entenderlos en la circunstancia de hace un cuarto de siglo. Para López Portillo el ejercicio del poder entrañaba privilegios extralegales de los que él y los suyos disfrutaron sin remordimiento. Aquellas demasías no suscitaban un comportamiento culposo porque para el entonces presidente eran parte de las reglas con que gobernaba. Se trataba de un presidencialismo sin más límite que el temporal. Al cabo de seis años esa omnipotencia terminaba y después de ese plazo no era permisible mantener control político ni privilegios desmedidos.

   Cabe recordar que, junto con tal comportamiento, López Portillo supo reconocer los riesgos de ese poder desmedido cuya cima y sima él encarnó. Electo sin competencia partidaria delante suyo –excepto la solamente testimonial presencia de la izquierda aun sin legalizar que había en 1976– López Portillo entendió que aquella no era hegemonía, sino distanciamiento del PRI respecto de la sociedad mexicana.

   Las fuentes de consenso del Estado se encontraban extenuadas. Persuadido por Jesús Reyes Heroles de que lo que resiste, apoya, López Portillo promovió la creación de un contexto de competencia electoral que incorporó a la lucha institucional a fuerzas políticas de las derechas y las izquierdas que habían estado marginadas de ella.

   Cardinal –y en varios sentidos además fundacional– la reforma política lopezportillista dejó fuera dos grandes áreas de dislocación y concentración del poder político. Por comodidad o conveniencia, ignoró la necesidad de reformar al PRI. Por negligencia, canceló la reglamentación del derecho a la información que habría establecido barreras al incontrolado poder de los medios que hoy padece el país.

 

Incontinencia y sino

   De la compleja biografía política y pública de López Portillo suelen apreciarse con más atención las frivolidades y arbitrariedades que los aciertos como gobernante. En la crónica periodística de sus exequias –especialmente en los noticieros radiofónicos, en donde la improvisación se vuelve cotidiana coartada para exprimir y reiterar los lugares comunes más obvios– los reporteros repitieron hasta la burla aquella frase del defensor del peso tan empecinado que está dispuesto a comportarse como un perro. Así se le recuerda por lo menos ahora: como un gobernante inconsecuente con sus compromisos –la defensa del peso fue tan fallida que poco después de haberla anunciado López Portillo tuvo que ordenar una severa devaluación– y, por añadidura, envuelto en vergonzosos escándalos personales.

   Los desplantes en el ejercicio del poder durante su gobierno y las vicisitudes privadas que la desmesura o la torpeza de algunos de sus familiares hicieron públicas en los últimos años de su vida, resultaron suficientemente perturbadoras para llamar la atención.

   La confusión acerca de su fallecimiento que se desató pocas horas antes de que el deceso realmente ocurriera, fue paradigmática de la incontinencia personal que definió parte de la vida de López Portillo. El hecho de que mientras él agonizaba se estuviera especulando sobre su muerte en un programa de espectáculos corroboró, además de la proverbial irresponsabilidad de TV Azteca, el patético sino de un personaje que nunca pudo estar a la altura de sus expectativas de grandeza histórica.

 

Revancha y persecución

   La vida de José López Portillo estuvo rodeada de escándalos y abusos. Pero cabe preguntarnos si esos episodios determinarían tan irremediablemente la apreciación pública de ese personaje si él no se hubiera enfrentado al poder económico de manera tan drástica como hizo aquel primero de septiembre de 1982.

   Los dueños del dinero en este país jamás le perdonaron a López Portillo la nacionalización bancaria y el control de cambios que anunció ese día. Ninguna medida en la segunda mitad del siglo XX afectó de manera tan categórica el poder de un capital financiero cuyos excesos el mismo López Portillo documentó en aquel informe presidencial.

   Hoy en día –y ese se ha convertido en otro lugar común con que en diversos medios se suele sustituir el análisis por las frases hechas– es sencillo repetir que con aquella nacionalización comenzó la debacle del sistema financiero mexicano. Pero se olvida que aquella decisión resultó casi de inmediato fallida cuando, como resultado de la rebelión empresarial que la sucedió, el presidente Miguel de la Madrid tuvo que revertirla. Lo que hoy es la banca otrora mexicana no ha sido consecuencia de la decisión presidencial de 1982 sino de la usura y la avidez –además de algunos comprobados latrocinios– que los gobiernos más recientes permitieron en los años 90.

   Sin embargo a López Portillo se le acusó, con tonos incluso persecutorios, de haber iniciado la ruta de estropicios que ha mantenido golpeada y débil a nuestra economía. En esos juicios se soslayan las condiciones que padecía el país en 1982.

   A López Portillo se le suele describir como un hombre tan dominado por los arrebatos que, de la misma manera que cobijaba los atracos de su jefe de la policía, expidió los decretos de aquel septiembre del 82. En la caricaturización que suele hacerse de ese personaje como un presidente subyugado por las pasiones personales, suele haber más afán por cobrar venganza que para explicar la historia reciente.

   De todas sus decisiones, en la apreciación política del gobierno de López Portillo prevalece el juicio socialmente desfavorable a la nacionalización bancaria de 1982. Sin duda aquella medida no la tomó en las mejores condiciones posibles –nunca, para una acción de emergencia como esa se puede elegir una circunstancia del todo propicia–. Pero en la memoria colectiva sus consecuencias fallidas prevalecen sobre las ventajas que pudo haber significado para el país. 

   En esa imagen pública ha sido determinante el descrédito promovido por los damnificados de la nacionalización, con el diligente concurso de numerosos medios de comunicación. Después de aquel primero de septiembre –no hay que olvidarlo– hubo una orquestada campaña de grupos empresariales y de derecha no solo contra las decisiones que afectaban a la banca sino, de manera frontal, contra la fama pública de José López Portillo. 

 

Semejanzas incómodas

   Esa reputación debe haber persuadido a Vicente Fox para no acudir a los funerales del ex presidente fallecido esta semana. Después de todo, el actual titular del Poder Ejecutivo se formó políticamente a la sombra de Manuel Clouthier, uno de los empresarios más beligerantes a partir de la nacionalización bancaria de 1982. El presidente Fox ha heredado fobias, pero no necesariamente el proyecto o la visión de país –muy discutible, pero explícita– que tenía aquel dirigente patronal.

   Sin embargo al presidente Fox podría resultarle útil reflexionar sobre la circunstancia, así como los dilemas y problemas, que enfrenó el antecesor suyo en cuyo velorio se negó a estar presente.

   En varios sentidos y no obstante las enormes diferencias en la formación personal, la vocación política y el contexto nacional de cada uno de ellos, Vicente Fox tiene con López Portillo más semejanzas de las que posiblemente quisiera.

   López Portillo quería ser un hombre de Estado pero muy a menudo creyó que la voluntad personal bastaba para suplir las insuficiencias de las instituciones o de la sociedad con las que gobernaba. Precisamente, una de las debilidades de la nacionalización bancaria que emprendió estuvo en la ausencia de operación política para concitar un respaldo social suficientemente amplio.

   Vicente Fox con frecuencia pareciera creer que el voluntarismo sustituye a la política. Llegó a Los Pinos suponiendo que bastaba con ser distinto a sus antecesores para que las cosas le salieran mejor al presidente. Sigue pensando que proceder de un partido diferente al que nos gobernó durante siete décadas es suficiente para que la corrupción, los intereses creados y los enredos burocráticos sean superados. El resultado de estos tres años de gobierno indica que esa presunción era equivocada.

 

Pifias paralelas

   A López Portillo lo perjudicaron las desmesuras de algunos de sus amigos y parientes. Al confundir sus atribuciones públicas con su vida privada, propició los episodios de mayor descrédito en su administración.

   A la imagen del presidente Fox y su gobierno cada vez les afectan más las ambiciones políticas de su esposa. Junto con ellas, la difuminación entre la vida privada y las responsabilidades públicas del presidente y su cónyuge ha sido tan notoria como perturbadora.

   A López Portillo lo satanizó la derecha empresarial indignada porque rompió el tácito acuerdo que mantenía al gobierno alejado de sus negocios.

   Al presidente Fox las clases medias que votaron por él le reprochan, cada vez con más disgusto, el incumplimiento de la bonanza económica que les prometió impulsar.

   José López Portillo se decía incomprendido por una clase política con la cual nunca simpatizó del todo y por una sociedad que no lo respaldaba como necesitaba.

   Vicente Fox parece sentirse malquerido por una sociedad que magnifica sus tropiezos y no reconoce sus esfuerzos como él quisiera.

   A López Portillo, de manera caprichosa pero emblemática, se le reconoce por aquel compromiso para defender al peso como un perro más que por cualquiera otra de sus expresiones.

   A Vicente Fox se le identifica con una frase emblemática de la irresponsabilidad y la incomodidad en el ejercicio del gobierno: “¿Yo? ¿Por qué?”.

   La figura pública del ex presidente López Portillo ya es parte de la historia –y desde luego el tiempo añadirá o restará matices a la manera como, en el futuro, habrá de ser evaluado–.

   Al presidente Vicente Fox aun le quedan 33 de los 72 meses de su gobierno. Ese lapso, si su desempeño mejora, podría ser una ventaja en favor del perfil público con que los mexicanos lo habrán de recordar. Pero también puede significar todo lo contrario.

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Ofensa y advertencia

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 24 de octubre 2004

Varias docenas de personas fueron suficientes para vencer al sistema de seguridad que tenía la responsabilidad de proteger al presidente Vicente Fox el viernes, cuando terminaba una visita a Ciudad Juárez. Los empellones y golpes contra la camioneta en la que iban el presidente y el gobernador de Chihuahua, José Reyes Baeza, fueron menores. Pero la gravedad del incidente radica en el hecho mismo de haber ocurrido.

   Por una parte, es muy preocupante que los manifestantes que protestaban por las reformas que aparentemente se pretende imponer al funcionamiento del ISSSTE hayan optado por el enfrentamiento y la injuria en contra del presidente de la República. Las propuestas para la institución encargada de los servicios médicos y las pensiones de los trabajadores del Estado aun están a discusión. pero los empleados que agredieron de esa manera al convoy presidencial las dan por hecho. Las vías institucionales que podrían tener para hacer saber su inconformidad no les parecieron accesibles, o no las consideraron suficientes.

   Al mismo tiempo, el episodio en Ciudad Juárez revela un injustificable descuido por parte de los responsables de cuidar al presidente de la República. Aunque la vigilancia en las calles y la custodia general del trayecto de la comitiva durante la visita del viernes era tarea del ayuntamiento en esa localidad, la obligación directa en la protección del titular del Ejecutivo es del Estado Mayor Presidencial.

 

Engañosa privatización

   Siempre es difícil resguardar a un personaje exposición tan visible y que tiene que participar en tantos actos públicos como el presidente de la República. Por eso es necesario no solo custodiar los sitios a donde acudirá y por donde va a transitar sino, también, prever diversos escenarios en caso de una contingencia.

   El viernes en Juárez la visita del presidente Fox transcurría de acuerdo con los planes con que había sido diseñada. El presidente le había tomado protesta al nuevo Consejo de Seguridad Pública de esa ciudad. Al salir del Club Misión de los Lagos, en donde se realizó dicha reunión, lo aguardaban cerca de 300 manifestantes con pancartas en contra de la “privatización” del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado.

   El contingente estaba formado por maestros que se oponen a la propuesta de reforma a la Ley del ISSSTE  –y que se manifestaron sin la autorización de su sindicato–, por docentes sindicalizados, por trabajadores del “Programa Bracero” que exigen contemple el Congreso de la Unión una partida a su favor en el presupuesto del 2005 y por activistas que piden que los ingresos de los puentes internacionales se queden aquí”, indicó ayer el servicio de noticias Frontenet.com

   Antes de llegar a su vehículo el presidente fue abordado por Leticia Martínez, que dijo que forma parte de los profesores descontentos con el giro que según aseguran se le quiere dar al ISSSTE. La respuesta de Fox fue tajante: “Nada más le voy a pedir que no me grite y no traiga a tanta gente engañada, pues no hay nada de eso que usted dice, no hay tal reforma”.

   El intercambio incluyó varias frases más. Otros descontentos aseguraron que la privatización del Instituto obedece a designios del Banco Mundial y algunos más dijeron que habían leído la noticia en algunos diarios.

   Fox les explicó que hay un proyecto de ley para reformar la Ley del ISSSTE pero que no implica la desaparición ni la venta del Instituto.

 

Reforma desconocida

   El desconocimiento de aquellos empleados públicos sobre esos cambios indica deficiencias serias en la comunicación del gobierno. Si los posibles afectados con esa reforma no están al tanto de ella, no puede esperarse que aguarden resignados a que sea aprobada para, entonces, enterarse de sus contenidos.

   Las implicaciones de tales cambios en la Ley del ISSSTE o las apreciaciones que sobre dicha reforma tienen algunos grupos de trabajadores del Estado han suscitado conflictos en otras entidades, incluso en la ciudad de México. No ha existido una discusión suficiente acerca de ellas y muchos empleados públicos temen que se les quieran imponer cambios que afecten sus derechos laborales. Algunos, incluso, hablan de una posible privatización sin advertir lo difícil y remota que sería esa opción.

   Pero en Ciudad Juárez la protesta que sorprendió al presidente Fox no se debía exclusivamente a la reforma en la seguridad social para los empleados del Estado. Otros grupos con sus propias demandas, como indica la nota antes transcrita, protagonizaron también ese altercado.

  

Fuera de control

   La suburban verde que el presidente había abordado y el resto del convoy, avanzaron unos cuantos metros pero varios manifestantes le salieron al paso. Algunas versiones dicen que una mujer se tendió frente al vehículo en donde viajaba el presidente y que resultó herida. Ayer sin embargo, algunos reporteros de Ciudad Juárez aseguraban que buscaron en los hospitales a esa persona presuntamente arrollada por la camioneta del presidente pero que no encontraron a nadie.

   Cuando tuvo que frenar, el vehículo fue rodeado por varios manifestantes. Algunos comenzaron a dar de puñetazos, a patear y zarandear a la camioneta. Gritaban para exigir que el presidente saliera de ella. Varios más, incluso, se treparon en el cofre y gesticulaban para que el presidente los viera tras el parabrisas.

   En un momento dado –describe Frontenet.com– la situación estuvo a punto de salirse de control, pues los inconformes burlaron la vigilancia de los efectivos del Estado Mayor Presidencial y corriendo se dirigieron hacia la entrada del salón Misión de los Lagos, en donde se acordonó el área.

   “ ‘¡Fox, entiende, el ISSSTE no se vende!’, ‘!Salario al presidente, pa´que vea lo que siente!’, gritaban los manifestantes.

   “ ‘¡Queremos soluciones hoy, hoy, hoy!’, decían por su parte los ‘braceros’, en la que fue la tercera gira presidencial por el estado de Chihuahua del Presidente Fox”.

 

Improvisación y susto

   Después de varias maniobras, el conductor pudo sacar a la camioneta de esa emboscada. Varios elementos del Estado Mayor Presidencial se habían afanado para alejar a los manifestantes. Al menos dos de ellos se liaron a golpes con miembros de la sección 8 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Varios de los vehículos que seguían a la camioneta del presidente, incluso algunos en las que viajaban reporteros, quedaron atrapados y también fueron maltratados.

   El incidente no tuvo mayores consecuencias directas. El presidente Fox salió físicamente ileso aunque el sobresalto fue mayúsculo a juzgar por el rostro de alarma que tenía, según indican varias reseñas periodísticas.

   Junto al déficit de planeación que facilitó la agresión a la caravana presidencial, se pudo apreciar una inteligente prudencia por parte de algunos miembros del Estado Mayor Presidencial. En vez de enfrentar a los manifestantes, que eran muchos más, trataron de interponerse entre ellos y el vehículo del presidente sin provocar mayor violencia.

   De cualquier manera, al haber quedado desbordados por quizá un centenar de manifestantes los responsables de la seguridad del presidente mostraron una preocupante improvisación. Posiblemente no sabían que los manifestantes querrían interceptar al vehículo en el que viajaba Fox. Pero, de acuerdo con las reseñas en la prensa, durante la ceremonia en el fraccionamiento Misión de los Lagos era posible ver, en los alrededores de esas instalaciones, a manifestantes con pancartas contra los cambios en el ISSSTE. En todo caso, el equipo de seguridad no tenía despejadas las posibles salidas en caso de una emergencia como la que ocurrió el viernes por la mañana.

 

Incultura cívica

   No es la primera vez, en los años recientes, que el Estado Mayor se equivoca en la tarea de mantener al presidente a distancia de situaciones de violencia. Cuidar a un gobernante tan afecto a mostrarse en público no resulta sencillo. Pero esas reiteradas confusiones indican que no existe el rigor indispensable para salvaguardar al titular del Ejecutivo.

   El otro problema es el hecho de que los manifestantes en Juárez se hayan considerado tan agredidos por posibles acciones u omisiones del gobierno federal que hayan querido reclamarle de tan estridente manera.

   En ese comportamiento, además de una significativa incultura cívica, los manifestantes mostraron la ineficacia que –al menos a juicio de ellos mismos– tienen las instituciones que los representan o que pretenden hacerlo.

   La mayoría de ellos forma parte de una de las secciones sindicales otrora más activas en el SNTE. La sección de Chihuahua ha sido escenario de intensos conflictos internos y ahora, según parece, no mantiene con las autoridades federales y educativas la interlocución necesaria para expresar la desazón de los maestros ante posibles cambios en el ISSSTE.

   Esos maestros y quienes protestaban con ellos, tampoco encontraron confiables la interlocución que podrían haber tenido a través de alguna autoridad o la posibilidad de dirigirse a sus diputados o senadores.

 

Deterioro institucional

   Para los atacantes de la camioneta en la que iba el presidente la mejor forma de expresión eran los alaridos e improperios. Es sencillo descalificarlos. Nadie que se precie de reivindicar las formas y los métodos de la democracia puede compartir el empleo de esos recursos y mucho menos contra el jefe de las instituciones gubernamentales que es el presidente de la República.

   Pero además de condenarlos sin reserva, es importante entender la situación de esos manifestantes. El desprecio que muestran hacia los procedimientos civilizados para mostrar inconformidades, muy posiblemente lo han forjado en largos años de exigencias insatisfechas e incluso a veces ignoradas.

   Asambleas sindicales que se prolongan durante varias horas sin llegar a decisiones, trámites tortuosos e irritantes en las ventanillas de la autoridad educativa o en la delegación del ISSSTE, condiciones laborales precarias y salarios siempre insuficientes, forman parte de la situación de centenares de miles de trabajadores de la enseñanza.

   Quienes, de entre ellos, se inclinan por la agresión como forma de protesta, ahora son unos cuantos. Pero la irritación de tales grupos ha fermentado en ese descontento gremial y social que pocas veces recibe suficiente atención.

   Sería un exceso considerar que el despropósito de los manifestantes de Juárez es representativo del descontento que muchos otros segmentos de la sociedad mantienen ante autoridades e instituciones. Pero forma parte de insatisfacciones que no hallan suficientes cauces de expresión.

   Allí se puede advertir una carencia básica del sistema político que hoy tenemos. Al deterioro en muchas de sus estructuras, las instituciones de representación formales e informales –congresos, ayuntamientos, partidos, sindicatos, etcétera– añaden la debilidad de sus formas y espacios de interlocución con sus representados.

 

Contexto de estridencia

   Junto con ese deterioro institucional, estamos padeciendo la descomposición de una cultura política que no ha encontrado condiciones para madurar, extenderse y arraigar entre los ciudadanos. En vez de prácticas inherentes a las convicciones y aspiraciones democráticas que los mexicanos hemos querido ratificar en las urnas –independientemente de los partidos por los que cada quien haya querido votar– pareciera que cada vez se desenvuelve más una incultura de la desconfianza, el escepticismo y la arbitrariedad.

   Desacuerdos y protestas siempre hay. Lo que tenemos ahora es un contexto de estridencia y recelos   que tienden a imponerse por encima de cualquier expresión institucional y/o mesurada.

   En vez de que gracias a nuestro desarrollo político e institucional se hubiera extendido la convicción en la necesidad y la eficacia de los cauces formales para expresar y resolver inconformidades, lo que hemos tenido en los años recientes es una reivindicación del atropello como método de confrontación y soluciones políticas.

   Aparentemente el gobierno federal no ha terminado de advertir el enorme daño que se infligió a sí mismo cuando aceptó que la disputa sobre el predio en Atenco, en donde se pretendía construir un aeropuerto, se resolviera con la exhibición de machetes y los plantones de los comuneros más enardecidos.

 

Pedagogía de la agresión

   La incultura del agandalle, como de manera directa se le puede llamar a esa costumbre, ya existía en la sociedad mexicana y su pervivencia ha constituido uno de nuestros atrasos políticos y cívicos más notables y lamentables. Pero cuando además de recurso esporádico los instrumentos de dicha incultura cívica se vuelven de uso cotidiano en formaciones políticas de todos los signos y a través de todo el territorio nacional, no es exagerado considerar que ese desgaste gana terreno a expensas de recursos e instrumentos ciudadanos.

   La sociedad mexicana, que en estos asuntos es fundamentalmente espectadora, sigue aprendiendo que cuando está en juego algún asunto importante, o en cuya apreciación existan varios puntos de vista, le conviene emprender alguna forma de acción directa en vez de aguardar flemática y disciplinadamente.

   Gritar en vez de dialogar, golpear en vez de discutir, amagar y no negociar, se están convirtiendo en costumbres arraigadas en la impresión que muchos ciudadanos tienen de la vida y los problemas públicos.

   El asunto de los manifestantes en Juárez tiene antecedentes y se ha desarrollado en condiciones sin las cuales no se explicaría la notoria estridencia de esos ciudadanos. Pero junto con esos rasgos, es posible que en la gestación de esa estridencia haya tenido algo o mucho que ver el panorama de descomposición de la vida pública nacional.

 

Desmadejamiento

   El incidente en Ciudad Juárez ha sido condenado por personajes de todas las adscripciones políticas. Los unánimes rechazos que se expresaban desde el viernes y todo el día de ayer son importantes como expresión de cortesía pero también, quizá, como muestras de preocupación de gobernantes y dirigentes. Sin embargo mañana lunes esas invocaciones a la urbanidad se diluirán en los nuevos episodios de enfrentamientos, descalificaciones y denuncias mutuas.

   Cuando los ciudadanos ven que los diputados de un órgano legislativo asaltan las instalaciones de otro, cuando reconocen en los videos escandalosos los rasgos más retorcidos pero existentes del trapicheo de intereses y principios que ocurre en los intersticios de la llamada clase política, o cuando el intercambio entre los gobernantes queda acotado por vulgaridades y agresiones, no es extraño que al momento de presentar exigencias ante las autoridades empleen procedimientos similares. Quizá el incidente en Ciudad Juárez pudiera ser entendido como expresión y consecuencia, ciertamente exacerbada y siempre inaceptable, de un desmadejamiento de la vida pública que no parece tener fin.

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Viajar tanto para decir lo mismo

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, mayo 16 de 2004

El primer ministro húngaro Péter Medgyessy sonrió mientras escuchaba la respuesta del presidente Vicente Fox a una pregunta sobre política mexicana. No eran el sitio, ni el momento pertinentes para que el mandatario mexicano se ocupara de un asunto tan doméstico.

   Sin embargo en esa, como en el resto de las conferencias de prensa durante el recorrido de esta semana por varios países europeos, no eran el presidente Fox, ni sus anfitriones, ni sus equipos de comunicación, quienes establecían la agenda de los temas que habrían de ser noticia.

   Los asuntos de esa gira que los medios en México acabarían por destacar se referían a los conflictos dentro de las élites políticas en nuestro país. Los videos que todos hemos conocido, las tensiones entre las procuradurías General de la República y del Distrito Federal, la inexistencia de diálogo entre los partidos e incluso las acusaciones sin pruebas que el dirigente nacional del PRD hizo acerca de la presunta cercanía de algunos familiares del presidente Fox y su esposa con el empresario Ahumada, fueron temas que se ventilaban en Budapest, así como en Berna y Varsovia.

   Fue mucho viaje para acabar hablando de lo mismo que se dice aquí todos los días.

  

Lección húngara

   Quizá por eso el primer ministro Medgyessy dejaba ver una sonrisa mientras su colega mexicano hablaba de sus esfuerzos para que nuestros partidos platiquen acerca de asuntos necesarios. México no es tan diferente de Hungría, comentó, antes de relatar que también en su país las fuerzas políticas tienen que ponerse de acuerdo.

   Sin embargo los temas acerca de los cuales discuten los grupos políticos en Hungría no parecen ser tan triviales, o tan corrosivos, como los que suelen entretener a la clase política mexicana.

   En el Parlamento húngaro, explicaba Medgyessy, “hemos iniciado las negociaciones de mesa redonda agrícolas, agrarias, que continuaron a nivel político, pero considero que son muy importantes y estamos abiertos. Hemos iniciado una modernización del sistema institucional político, por lo visto también es un tema vigente en México”.   

   Aquí, lejos de haber comenzado alguna reforma sólida nuestros partidos y dirigentes caminan para atrás respecto de cualquier diálogo serio.

   Medgyessy, que tiene un doctorado en economía y se reconoce como socialdemócrata después de haber trabajado en el viejo régimen comunista, ha sido promotor de la incorporación de Hungría a la Unión Europea desde su elección hace dos años. Ahora que lo ha conseguido, impulsa el diálogo de los partidos en su país.

   No le queda de otra, porque la polarización de las fuerzas políticas definió las elecciones húngaras de abril de 2002. La alianza socialista y liberal que impulsó a Medgyessy obtuvo 198 diputados en tanto que sus adversarios de la coalición conservadora alcanzaron 188.

   Así que al primer ministro la situación mexicana le resulta familiar. Los gobiernos que deben desempeñarse en condiciones de intensa competitividad son cada vez más frecuentes en el mundo.

   El ejercicio del gobierno ya no se reduce a la tarea de administrar porque, antes que nada, necesita estar fincado en una perseverante búsqueda de acuerdos. Gobernar no es gestionar recursos y disponer de ellos (por eso la equiparación entre el gobierno y la conducción de una empresa es tan desafortunada) sino hacer política.

   En Hungría Medgyessy y sus interlocutores están diseñando, según explicó delante del presidente Fox, “la política de desarrollo húngaro entre 2007 y 2013”.

   Esa es la diferencia. Mientras en el país que recibió el jueves al presidente Fox los dirigentes políticos están pensando en el futuro y tomando decisiones para moldearlo en México, lamentablemente, todo se nos va en murmuraciones y desencuentros.

 

Obsesiones temáticas

   La conferencia de prensa en uno de los elegantes salones del Parlamento en Budapest, en donde los mandatarios de ambos países dijeron todas las cortesías y bienaventuranzas que suelen repetirse en esos encuentros, había cambiado de rumbo cuando Karina Cuevas, del Canal 40, la preguntó al presidente Fox acerca del estancamiento en el diálogo entre los partidos políticos en México. No era el tema de la reunión pero resultaba entendible que la reportera tuviera interés en conocer una opinión del presidente Fox.

   Nuestro presidente enfrentó esa y otras interrogantes parecidas con tanto énfasis y extensión que, de inmediato, la política mexicana desplazó a la cooperación con Hungría. “A nadie, a nadie, en tres años y medio de gobierno le hemos negado el diálogo”, se ufanó. Para que haya diálogo se necesita “simple y sencillamente deseo, y voluntad de realizarlo, no poner condiciones”, replicó en alusión a la negativa del PRD y el PRI a discutir con el Secretario de Gobernación.

   La reportera de Radio Fórmula, Sara Pablo, aludió entonces a los escándalos políticos y a la disputa entre las procuradurías en el encausamiento de Ahumada. Fox parecía tener lista una contestación drástica: “Mi gobierno ha tomado el toro por los cuernos y ha tocado a fondo el tema de la corrupción”. Los asuntos judiciales tienen cauces institucionales y cada procuraduría tiene su ámbito de trabajo, “nosotros no nos hacemos bolas ni estamos perdidos en ese tema”.

   No están perdidos en el tema, pero el tema los pierde. La agenda política y mediática del viaje, la comunicación del presidente y el efecto del recorrido europeo en México estaban, para decirlo en esos términos, hechos bolas.  En varias ocasiones ese jueves el presidente Fox aludiría a la corrupción y especialmente a la que ha podido documentarse en el gobierno de la ciudad de México. La respuesta de Andrés Manuel López Obrador, como fue ampliamente difundido en los medios mexicanos, resultó estridente y encrespada.

 

Obstinación en Berna

   Los asuntos de política mexicana dominaron en el recorrido por tres países desde la primera escala, el miércoles 12 en Berna. Ese día el presidente de la Confederación Suiza, Joseph Deiss, había elogiado la historia y el actual empeño de México para singularizarse en el plano internacional. El presidente Fox aprovechó el foro para ufanarse de los avances que, de acuerdo con su diagnóstico, experimenta la economía de nuestro país. Luego, las preguntas de reporteros mexicanos lo condujeron de vuelta a nuestro diferendo nacional.

   El gobierno federal no rompe el diálogo, contestó a las declaraciones de los líderes priista y perredista. Y explicó: “Aquí estamos, para eso es la Presidencia de la República: para hablar con todas las fuerzas políticas, para dialogar, para negociar, para avanzar en la Agenda Nacional”.

   El problema es que no estaba en Los Pinos sino en la residencia oficial del Consejo Federal en Suiza. A la falta de cortesía con su colega Deiss, el presidente mexicano añadía una notoria ausencia de interés para privilegiar los temas de su visita. Los informes que le habían presentado acerca del tratamiento que los medios en México daban a la disputa política local le parecieron más inquietantes.

 

Explicación en Budapest

   Al día siguiente en Budapest ocurrió lo mismo. Luego del encuentro con el primer ministro, el presidente Fox acudió a una recepción en la embajada mexicana. Entre ambas reuniones concedió una entrevista a la HVG (cuya siglas significan Semanario de Economía Mundial) la revista más prestigiada de Hungría.

   Peter Vass, reportero de esa publicación, le preguntó sobre la corrupción en México. El periodista se refirió a ese problema de manera general pero Fox, además de culpar a “los gobiernos anteriores que generaron una cultura de corrupción muy amplia en el país” se refirió de inmediato a los casos de “corrupción en el gobierno del Distrito Federal”.

   El problema “es la corrupción grave que se dio en el gobierno del Distrito Federal y que fue públicamente exhibida a través de videos”. E insistió: “no debemos de permitir que se desvíe la atención hacia otros capítulos, sino al esencial”.

   No sabemos si el reportero Vass estaba al tanto de videos, negocios, amistades, socios y andanzas de un señor apellidado Ahumada que ha puesto de cabeza a la política mexicana. Tampoco hay indicios de que conociera las diferencias entre el jefe de Gobierno de la capital y el presidente de México, a quien entrevistó en un salón del Hotel Intercontinental en Budapest.

   En todo caso, aunque no la hubiera solicitado el representante de HVG obtuvo una enjundiosa opinión acerca de las confusiones que afectan a la investigación sobre los negocios sucios en los que han estado involucrados algunos colaboradores de López Obrador. “Todavía la justicia no ha sido plena en este caso, ni está aclarado lo de todos estos dineros que vinieron de la obra pública y de construcción en el Distrito Federal, no está aclarado dónde fueron a dar todos estos recursos”, reclamó el presidente.

   La opinión del presidente Fox hubiera sido muy pertinente en un espacio de discusión mexicano. Pero conceder una entrevista a la publicación política y financiera más importante de Hungría para desahogar su diferendo con el posible candidato presidencial del PRD, resultó algo excesivo.

 

Aclaración apremiante

   Para entonces el presidente Fox ya estaba encarrerado con el tema. Varios periodistas mexicanos lo abordaron después de la charla con el reportero húngaro y les dijo, acerca de Ahumada y el gobierno de la ciudad de México:

      “Aquí lo importante es que quienes fueron corruptos, quienes rompieron la ley, paguen el castigo con cárcel y no sólo quienes desde el lado empresarial hicieron estos actos de corrupción, sino los funcionarios que quedaron comprometidos en el mismo aspecto”.

   La posición del presidente Fox era enfática: que se haga justicia y que los actos de corrupción sean sancionados con todo rigor. La manera como ese punto de vista fue presentado en varios medios mexicanos, como señal de nueva ruptura del gobierno federal con López Obrador, suscitó nuevos reproches del jefe de gobierno del DF.

   Así llegó el viernes. Fox y sus acompañantes habían llegaron a Varsovia. Aparentemente los operadores de comunicación de la Presidencia advirtieron que algo no funcionaba, porque de los asuntos específicos del viaje por aquellos rumbos en los medios mexicanos nada se decía. Encabezados y comentarios eran acaparados por el nuevo vendaval declarativo que el presidente atizaba o resentía, según cada momento, desde su periplo europeo.

   Quizá por ello se organizó una rueda de prensa sólo con reporteros mexicanos. Allí Fox quiso aclarar que sus comentarios acerca de la corrupción y las penas carcelarias deseables para quienes la cometen no aludían al jefe de gobierno de la ciudad de México: “Yo no sé quién ha dicho que yo me refería al señor Andrés Manuel López Obrador”.

   En realidad el presidente nunca dijo que proponía encarcelar a López Obrador, ni algo similar. En los medios mexicanos tampoco se distorsionó así su declaración. Fox aludió a “quienes fueron corruptos”. Pero su explicación quedo convertida en un galimatías. Esto dijo, según la versión oficial de sus palabras:

   “A mí me parece que la verdad y la legalidad es un asunto fundamental que interesa a todos los mexicanos. Y sí, yo hice una mención o una referencia a que en el caso –en este momento– del Gobierno del Distrito Federal, se encuentre precisamente inmerso en la aclaración de la verdad en cuanto a casos de corrupción que son públicos y conocidos de todos los mexicanos; y que la mejor manera de enfrentar esto es por la vía de la legalidad, y así hice una invitación a las Procuradurías, a las dos: a la Procuraduría General de la República y a la Procuraduría del Distrito Federal, a que procedan con los términos que conocen de legalidad y que tienen claro, sobre los cuales deben de actuar”.

   El presidente subrayó: “Entonces, no es una agresión. Yo no sé quién ha dicho que esto se trata de una confrontación personal. Así lo leo hoy en los medios de comunicación”.

 

Infructuoso recorrido

   Así día tras día –miércoles en Berna, jueves en Budapest, viernes en Varsovia– el presidente Fox empleó parte de su viaje para contender, replicar y precisar asuntos de política mexicana.

   Naturalmente, no se puede esperar que mientras está de gira el titular del Poder Ejecutivo se desentienda de lo que ocurre en el país. Pero la ausencia de criterios precisos para deslindar la agenda del viaje de los temas mexicanos conduce a descortesías como las que se cometieron cuando el presidente Fox abordaba temas muy específicos de política mexicana frente a gobernantes que eran sus anfitriones en el extranjero. Y esa ausencia de jerarquización propició que, en México, las declaraciones sobre el diferendo nacional se sobrepusieran a la información acerca del viaje.

   Además el viaje mismo no fue especialmente interesante, ni importante.

   ¿A qué fue el presidente Fox a Suiza, Hungría y Polonia? La información disponible sugiere que se trató de un viaje innecesario, o cuya utilidad es auténticamente marginal.    

   En Berna conversó con el presidente Deiss sobre asuntos de intercambio cultural y se reunió con empresarios suizos. Nada más.

   En Budapest, suscribió acuerdos para fomentar el turismo entre Hungría y México conoció el acta de la “IV Reunión de la Comisión Mixta de Cooperación Técnica, Científica y Tecnológica México-Hungría”. Nada más.

   En Varsovia, Fox firmó otro convenio de cooperación turística. La futilidad de esa escala fue involuntariamente subrayada por el presidente Aleksander Kwasniewski cuando explicó que crearían “una comisión mixta que examine todos los problemas, todas las dificultades que imposibilitan un mejor desarrollo económico entre los dos países y que también examine cuáles son los campos en los que podemos intensificar el intercambio entre Polonia y México”.

   Ir a Varsovia para acordar la creación de una comisión que estudiará por qué nuestros países no tienen una relación más intensa parece un desperdicio de tiempo, expectativas y recursos.

 

Comitiva empresarial

   También en Budapest el presidente Fox se reunió con empresarios locales. Sin embargo más tarde dijo que le había pedido al ministerio de Economía y Desarrollo “que ojalá y nos presente una lista de esos empresarios que tengan interés en ir a participar en el mercado mexicano”. Es decir, la reunión con jefes de negocios húngaros no parece haber sido con los interlocutores más idóneos.

   Al presidente Fox lo acompañaban empresarios mexicanos de la producción de aguacate, plátano y tequila, así como de las industrias química, de autopartes y textiles, entre otros. La información oficial no ofrece indicios para considerar que esa visita –además de ampliar su erudición personal acerca del paisaje urbano y los sitios históricos en las tres ciudades por las que pasaron fugazmente– les haya sido de alguna utilidad a esos empresarios, o al país.

   Pero los viajes ilustran. De este infructuoso recorrido el presidente Fox y todos nosotros podríamos obtener un aprendizaje provechoso si recordamos la explicación que el primer ministro Medgyessy ofreció acerca del proceso de acuerdos políticos que se desarrolla en Hungría.

   Allá, el gobierno y los partidos están discutiendo qué desarrollo diseñar para el periodo 2007-2013.

   Aquí no tenemos un solo gobernante, ni dirigente partidario, que esté pensando más lejos de 2006 y no precisamente en el desarrollo económico, sino en sus propias ambiciones políticas.

   Los viajes, en efecto, siempre ilustran. Pero para aprender algunas cosas y para repetir lo mismo que se dice aquí todos los días no hace falta trasladarse tan lejos.

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Calderón, a la oposición

Publicado en Calderón, PAN, Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 1 de junio de 2004

Al renunciar como secretario de Energía, Felipe Calderón Espinosa emprende un camino político sin retorno –por lo menos a corto plazo–.

   Miembro destacadísimo del PAN, del que fue dirigente nacional cuando tenía 33 años, Calderón ha decidido pasar a la oposición dentro de ese partido.

   Así puede entenderse la dimisión que le presentó ayer al presidente Vicente Fox. Después de haber sido parte del equipo presidencial, Calderón podría intentar aglutinar a los no pocos panistas que se encuentran disgustados con la gestión del presidente de la República.

   Puede considerarse que después de la insólita descalificación que antier le enjaretó el presidente, Calderón no podía hacer mas que renunciar. Cuando consideró imprudente y fuera de lugar el mitin de los panistas de Guadalajara para promover al secretario de Energía como precandidato presidencial, el licenciado Fox le retiró la confianza que deben merecerle sus colaboradores. Así lo destaca el renunciante en la carta de la que entregó copia a los medios.

   Esa renuncia ubica a Calderón en una posición notoria, difícil y arriesgada, pero diferente respecto de otros aspirantes a la candidatura presidencial del PAN. Fuera del gobierno, carecerá de las ataduras institucionales que sigue teniendo Santiago Creel.

   Sobre todo Calderón se beneficiará, dentro de su partido, de la equívoca pero en ocasiones eficaz reputación que disfrutan aquellos que, por disentir, sacrifican una posición política.

   Al hasta ayer secretario se le considerará abanderado del panismo que, sin desatender la doctrina y tradiciones de ese partido, encuentra en el gobierno de Vicente Fox errores que perjudican al país y sobre todo, deterioran la presencia pública de Acción Nacional.

   A diferencia de Fox –y, por cierto, también de Santiago Creel– Calderón no es nuevo en la militancia panista. Hace 20 años –cuando tenía 22– ya era consejero nacional en ese partido. En aquel tiempo el ahora presidente de la República seguía dedicado a sus negocios y el ahora secretario de Gobernación únicamente atendía los asuntos de su despacho de abogado.

   Más tarde Calderón encabezó al PAN en una fase de notable desarrollo electoral de ese partido. Su desempeño como legislador fue notorio y cuando en 2003 concluyó su segundo periodo en San Lázaro, parecía evidente que ocuparía una posición destacada en el gobierno. La dirección de Banobras, que desempeñó entre febrero y septiembre del año pasado, era un encargo menor para sus capacidades y experiencia. Por eso no fue una sorpresa su ascensión al gabinete, hace nueve meses, como secretario de Energía.

   La reforma de la industria eléctrica y la apertura de Pemex, que eran las tareas principales que tenía Calderón, parecían difíciles desde que fue designado pero transcurridos estos meses se han convertido en uno de los principales escollos de las fuerzas políticas del país. No se le puede achacar a Calderón el fracaso de esas reformas. Pero tampoco se puede considerar que haya tenido un desempeño destacado para hacerlas posibles. Así que parte de los fiascos que se le pueden imputar al gobierno del que hasta ayer formaba parte, han sido corresponsabilidad de suya.

   La decisión de Calderón profundiza las fracturas en el PAN cuya dirección nacional parecía pasmada, todavía anoche, ante ese acontecimiento. El mitin del sábado cerca de Guadalajara fue un albazo el estilo –y con los modos– del priismo más tradicional. Durante mucho tiempo se discutirá si fue una decisión oportuna, o si Calderón y sus partidarios violentaron innecesariamente el proceso político en Acción Nacional.

   Apenas el 15 de enero pasado el gobernador Francisco Ramírez Acuña aseguraba que el momento para que se manifestaran posibles candidaturas sería hasta 2005: “Los que tengan ganas tienen que trabajar fuertemente todavía éste y el próximo año, los adelantados han salido vituperados por todos lados, pero además han salido con acciones muy lamentables en sus tareas, tanto dirigentes de partidos como funcionarios del gobierno federal”. Poco más de cuatro meses después el gobernador jalisciense promovió a su propio adelantado y ambos se expusieron a la reprimenda presidencial.

   Seguramente Calderón tenía ganas, y prisa, para hacer evidentes sus aspiraciones políticas. Aun así, es difícil entender por qué se apoyó, para su lanzamiento, en el panismo de Guadalajara que ha sido uno de los segmentos política e ideológica más retardatarios –y autoritarios– dentro de Acción Nacional.

   Ese respaldo oscurece el perfil de Calderón, un político que alguna vez se describió como de centro izquierda y que ahora se resguarda en compañías de signo contrapuesto a esa preferencia.

  

La charola de Vamos México

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, 4 de febrero de 2004

La publicación de algunos documentos sobre la situación financiera de Vamos México abre más preguntas que las que esclarece acerca de esa organización privada. Aunque ayer sus directivos, por instrucciones de su presidenta Marta Sahagún, dieron a conocer la relación de donativos recibidos contra los que entregaron en años pasados,  allí no están registrados todos los ingresos de los que se benefició Vamos México.

   No aparecen, por ejemplo, las aportaciones a proyectos específicos que la Fundación recibió en 2002. Entre ellas se encuentran 19 millones de pesos para la donación de 50 autobuses o las cantidades aun indeterminadas que obtuvo para imprimir la discutida Guía de Padres de la que, según se dijo, fueron editados un millón 184 mil ejemplares.

   Por otra parte se confirma la disparidad que hay, especialmente en los primeros años de la Fundación, entre las aportaciones que recibió y las donaciones que entregó a instituciones y grupos de asistencia social. Ese fue uno de los señalamientos en el reportaje de la periodista Sara Silver que el diario Financial Times publicó el fin de semana pasado que más incomodaron en la residencia presidencial.

   En los informes que Vamos México presentó ayer no se explica con claridad el destino del dinero que gastó en tareas distintas al apoyo a otras organizaciones de carácter filantrópico. En 2001 y 2002 solamente donó a instituciones de asistencia el 30% de los recursos que, a su vez, recibió como contribuciones. De 153 millones 257 mil pesos que entraron a sus arcas, aportó algo menos de 46 millones.

   Hasta septiembre de 2003, de acuerdo con otro documento, Vamos México había recibido aportaciones –sumando los donativos que le hicieron en los años anteriores– por 277 millones 618 mil pesos. Sin embargo, al corte en ese mes las donaciones totales que había realizado ascendían a 114 millones 275 mil pesos en números redondos. Es decir, en los tres ejercicios financieros había trasladado a otras agrupaciones únicamente el 41% del dinero que recabó. La diferencia, fue desembolsada fundamentalmente en gastos de operación sobre los cuales no hay información en tales documentos.

   Las ganancias del concierto que el cantante Elton John ofreció el 21 de octubre de 2001 en el Castillo de Chapultepec –que marcó la cuestionable práctica de apoyar a esa fundación con la explotación de bienes públicos– no están registradas en el informe, correspondiente a ese año, que desde hace tiempo se encontraba en el sitio web de Vamos México.

   Allí simplemente se apunta que en 2001 la Fundación recibió donativos por 71 millones 990 mil pesos. Ese año hubo “otros ingresos” por 3 millones 804 mil pesos que según se decía en el informe correspondiente provinieron de donantes cuya identidad no se conocía. Esos ingresos no aparecen en la relación de ingresos y contribuciones que se dio a conocer ayer.

   En el documento presentado ayer aparecen los donantes de la Fundación durante 2001 y 2002. Ese inventario de apellidos conspicuos y denominaciones mercantiles permite trazar el mapa político de los soportes que la señora Marta Sahagún ha requerido.

   Vamos México parece haber establecido una contribución de un millón de pesos como cuota a varios de los hombres más ricos de México. Sus apellidos o las razones sociales de sus negocios aparecen registrados junto a esa cifra: Alejandro Burillo, el Hospital Ángeles, la Cervecería Modelo, Alfredo Harp, Kimberly Clark, El Universal, Miguel Alemán Velasco, Televisión Azteca, Bachoco… De los donativos por 71 millones 990 mil pesos que la Fundación recibió en 2001, al menos 42 millones procedieron de entregas de, precisamente, un millón de pesos.

   No parecen contribuciones surgidas de una espontánea filantropía sino una cuota fija que docenas de hombres de negocios facilitaron, resignados o interesados, ante la convocatoria de la esposa del presidente de la República. Hubo quienes como los Servitje, acaso por motivos fiscales, otorgaron el millón de pesos a nombre de varios integrantes de la familia.

   Bardahl, cuyo propietario Sergio Díaz Torres forma parte de la mesa directiva de la Fundación, aportó 5 millones de pesos. Esa firma estuvo involucrada en un enconado litigio con otra empresa por la propiedad de las marcas de lubricantes comercializados por Pemex. Otros 5 millones fueron donados por Carlos Slim a través de la Fundación Telmex.

   En 2002 Televisa donó 15 millones de pesos. Esa contribución de Emilio Azcárraga Jean recuerda el gesto de su padre aquella noche de febrero de 1993 cuando el presidente Carlos Salinas les pidió a los hombres más adinerados de México que respaldaran las finanzas del PRI. Cuando algunos empresarios ofrecieron sus aportaciones Emilio Azcárraga Milmo anunció que él pondría el doble. Son otros tiempos, pero hay prácticas que no desaparecen.

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Quién manda en Vamos México

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 14th, 2005

La Crónica, febrero 3 de 2004

La señora Fox se plantó ayer en un andador de Los Pinos para aclarar los cuestionamientos que han circulado sobre la Fundación Vamos México. El más importante de ellos, señala que ha empleado recursos públicos en beneficio de su fundación privada.

   Al hacer su declaración en la casa presidencial y utilizando infraestructura del gobierno, la señora Martha Sahagún de Fox confirmó que utiliza bienes de la nación en provecho de Vamos México.

   Hace tres meses a la señora Sahagún le urgía tomar distancia de la Fundación, debido a críticas como las que han arreciado en estos días. Para ello nombró a una directora, la señora Verónica Ortiz de Elizondo.

   Sin embargo ayer fue terminante cuando dijo que ha dispuesto que la Fundación informe con amplitud acerca de su situación financiera. Así, queda claro que la señora Sahagún de Fox ha sido y sigue siendo quien decide lo que se hace en Vamos México.

   La preocupación de la esposa del presidente para esclarecer el estado patrimonial de ese organismo privado se debe a la publicación, el viernes pasado, de una nota muy crítica en el diario londinense The Financial Times. Casi nada de lo que allí se dice resulta nuevo. El manejo de Vamos México de acuerdo con las necesidades políticas de Sahagún, las presiones que ella y algunos de sus subordinados han ejercido para conseguir patrocinios de empresas privadas y la utilización de recursos públicos para respaldar a esa Fundación, son hechos ya conocidos en nuestro país.

   El cotidiano británico cita la opinión de la politóloga Verónica Baz, miembro del Centro de Investigación para el Desarrollo, CIDAC, que dirige el respetado consultor Luis Rubio. Los juicios de Baz sobre Vamos México forman parte de un artículo que ella publicó el 4 de noviembre de 2001 en el diario Milenio. Allí, con ironía, escribe: “Tildada de elitista y protagónica, la fundación ha sido vista como una ocurrencia más en ese ánimo de ingenuidad triunfalista que ha vuelto de Los Pinos un capítulo sacado de un libro de Miguel Ángel Cornejo”.

   Esa autora explica el auge global de las organizaciones altruistas y comenta que, en nuestro país, muchas de ellas están inconformes porque la agrupación de la señora Fox tiene un apoyo gubernamental del que ellas carecen. “Lo que Vamos México reciba es probable que se le reste a lo que otras organizaciones hubieran recaudado. Esto, sin duda, no es ni reprobable ni inmoral… Sin embargo, ¿con qué derecho el Presidente, o su esposa, hacen de una de estas organizaciones su monopolio personal, inclinando toda la influencia de Los Pinos a favor de ella?”.

   Al cabo de esa reflexión, la investigadora considera: “En el caso del Presidente, dándole el espaldarazo a Vamos México recurre a la misma práctica detrás de Amigos de Fox: saltar por encima de las instituciones. Y en el caso de la Primera Dama, habiendo incubado su propia organización con el apoyo presidencial, está: 1. Haciéndole el juego a las limitaciones del sistema político y 2. Destinando lo público a un fin privado”.

   Todo eso ya lo sabíamos. Lo destacado es que haya aparecido en uno de los periódicos que dicen leer algunos funcionarios importantes en nuestro país.

   El Financial Times también informó que la señora Sahagún quiso presionar a ese diario cuando supo que se estaba preparando un reportaje sobre Vamos México. El jefe de la corresponsalía del periódico y el editor para Latinoamérica en Londres recibieron llamadas para preguntar sobre la indagación que realizaba aquí la reportera Sara Silver. La secretaria privada de Sahagún quiso encontrar al dueño de ese periódico británico, pero el Financial Times es propiedad del Grupo Pearson que edita libros y controla medios de comunicación en varios continentes.   

   Tampoco esa práctica es nueva. Presionar a propietarios y directivos de medios para obtener comentarios favorables e incluso para desplazar a periodistas críticos ha sido una actitud que se le ha imputado, a partir de testimonios confiables, a la señora Fox. Hace dos años y medio actuó de la misma forma para conseguir que al periodista Raymundo Riva Palacio lo despidieran de la dirección del diario Milenio.

 

ALACENA: Renunciante

El voto de la frustración

Publicado en Democracia, Transición mexicana, Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 13th, 2005

La Crónica, 12 de julio de 2003

No podremos decir que no nos lo advirtieron. La confusión de los ciudadanos, propiciada por candidaturas sin rumbo claro, partidos desprestigiados y una avalancha de propaganda destinada a abrumar pero no a convencer, se veía llegar desde hace tiempo.

   El entusiasmo social desatado por las elecciones de 2000 tuvo una vigencia muy corta. Partidos y gobernantes dilapidaron tres años sin obtener, de aquellos comicios, las lecciones y la madurez que les permitiera orientar y no solamente usufructuar a la sociedad mexicana.

   Exhaustos prácticamente los mecanismos tradicionales para nutrirse de consensos, partidos y dirigentes no pensaron mas que en la capacidad propagadora de los medios para relacionarse con los votantes. En vez de inducirlos a participar, terminaron por ahuyentar de las urnas a seis de cada 10 posibles electores.

   Luego de los comicios de hace una semana, todo parece indicar que partidos y dirigentes tampoco sabrán tener una lectura capaz de permitirles no solo recuperar la presencia que han perdido sino, fundamentalmente, fortalecer al sistema político del que son integrantes centrales.

   No hay indicios de que ninguna de las dirigencias partidarias esté pensando en algo más que en las siguientes elecciones federales. Pugnas y reproches, e incluso posibles alianzas, parecen estar definidos exclusivamente por la competencia de ambiciones rumbo al próximo cambio de gobierno. Todos piensan en 2006. Pero pocos reparan que el camino hacia esa fecha pasa por lo que suceda en el país –y por la percepción que los ciudadanos tengan de los acontecimientos públicos– en el año que ahora transcurre y en 2004, y en 2005…

 

PRI: 32% votos menos

   El PRI sostiene una interpretación exageradamente triunfalista de los recientes resultados. Sin duda hay motivos para que líderes y militantes de ese partido estén de plácemes. Tendrá 224 sitios en la Cámara de Diputados y posiblemente más gubernaturas que las que los priistas esperaban. Su votación total fue de 9 millones 334 mil 805 sufragios, según información publicada ayer por El Universal y que esta noche la autoridad electoral tendría que confirmar o precisar. (Lamentablemente el IFE no es tan eficaz para dar a conocer los resultados como en su tarea para organizar las elecciones y asegurar su transparencia. Los datos del Programa de Resultados Electorales Preliminares desaparecieron del sitio web de esa institución y bajo el rubro “resultados electorales” en la página de inicio del IFE aparecen las cifras de las elecciones ¡de hace tres años!).

   Según esa información la votación total fue, el domingo pasado, de 26 millones 968 mil 371 sufragios. Eso significa que el PRI obtuvo el 34.61% de todos los votos emitidos.

   Indudablemente en esta elección el Revolucionario Institucional tuvo más votos que otros partidos. Pero en comparación con su propia votación en la elección para diputados de hace tres años, cuando recibió el 36.92%, bajó 2.3 puntos porcentuales.

   La cantidad de ciudadanos que fue a votar disminuyó 27.44% en comparación con los votos de hace tres años en la elección de diputados (la votación para presidente fue mayor pero a fin de utilizar datos más equiparables empleamos los datos de la elección para diputados federales de mayoría relativa).

   En contraste con esa cifra la votación del PRI, comparando sus números absolutos de 2000 y ahora, cayó un 31.97%.

   Es decir, los sufragios por ese partido disminuyeron 4.5 puntos más que la participación de los ciudadanos.

 

PRD 31.6% menos, PAN 41.6%

   Al PAN le fue peor. Ese partido, según se ha publicado, recibió 8 millones 303 mil 417 sufragios. Eso implica que tuvo el 30.78% de la votación total.

   En 2000 el PAN –aliado con el Partido Verde– ganó el 38.24% de los sufragios para diputados federales.

   Los votos panistas sumaron 14 millones 212 mil hace tres años. El domingo pasado fueron un 41.6% menos.

   El Partido de la Revolución Democrática obtuvo ahora una votación de 4 millones 747 mil 376. Se trata del 17.6% respecto de la votación nacional.

   Hace tres años el PRD alcanzó en la elección de diputados, junto con los partidos que llevó como aliados, 692 mil 800 votos. Se trataba del 18.68% de la votación.

   Medida con ese parámetro, la votación perredista cayó algo más de un punto porcentual.

   Pero si comparamos la cantidad de votos de hace tres años con los que recibió ahora, la pérdida del PRD es del 31.62%.

   La caída en el número total de votos de los tres partidos más importantes del país no es solamente reflejo de la abstención. La pérdida neta de votos ha sido, en los tres casos, mayor a la concurrencia de los ciudadanos a las urnas.

   En suma, el domingo pasado asistió a votar un 27.44% de ciudadanos menos que hace tres años.

   Pero la votación del PRI y la del PRD cayó casi un 32%. Y la del PAN, más de 41%.

 

Democracias delegativas

   No diremos que no nos lo advirtieron. En febrero pasado el politólogo español Ludolfo Paramio envió a un seminario organizado por el IFE una brillante ponencia acerca de las causas de la frustración de los electores en América Latina.

   A diferencia de otras regiones del mundo, explica ese autor, parecería que en nuestros países los ciudadanos se encuentran con que no solo han fallado los gobernantes sino, junto con ellos, el modelo de política económica. Como ningún partido ofrece alternativa a ese modelo la gente vota, entonces, orientada por promesas coyunturales o simplemente por la gana de castigar, retirándole la confianza, a los gobernantes cuyo desempeño no ha tenido la eficacia que habían prometido.

   Esos electores, que no deciden por convicción sino por frustración, podrán mudar de preferencia a la siguiente elección. Se trata de una ciudadanía al garete de la coyuntura y sin horizontes de futuro suficientemente claros –igual que los partidos–.

   Paramio aprovecha, en su análisis, el término democracias delegativas que el especialista argentino Guillermo O´Donell acuñó hace una década para describir a regímenes políticos en América Latina, o en Europa del Este, que han resultado de procesos electorales democráticos pero que no cuentan con una institucionalidad sólida para resolver las crisis económicas o políticas que se desarrollan a su alrededor. Son una suerte de democracias imperfectas, en países con tradición autoritaria, con Ejecutivo fuerte, parlamento débil y sociedad insuficientemente organizada.

 

Difícil, el voto racional

   En un vistazo a los años recientes en la política de esta región, Paramio apunta:

   “Podemos plantearnos sin embargo una hipótesis alternativa para entender la situación y la evolución previsible de la democracia en América Latina, una hipótesis que se relacionaría más con la trayectoria de la región en los últimos veinte años que con su trayectoria anterior. En primer lugar, la crisis de la deuda habría hecho surgir en la región una fuerte demanda de orden, de restablecimiento de la previsibilidad, especialmente en aquellos países en los que la crisis se había traducido en una grave inestabilidad monetaria —los casos ejemplares de democracia delegativa se han dado en países con hiperinflación— o un alto crecimiento del desempleo. En una situación de alta incertidumbre, lo primero que los electores reclaman a los gobernantes es la definición de unas reglas de juego estables, que les permitan planear su futuro.

   “Después, la tendencia a la personalización de la política —inevitable a causa del auge de los medios audiovisuales—, en el contexto de instituciones presidencialistas, habría traducido esa demanda de orden en un apoyo delegativo a los presidentes elegidos en esas circunstancias de grave crisis, en los que se deposita una fe incondicionada (muy poco racional) para superarla, aunque sea al precio de reformas profundas y de alto costo inmediato o de un tratamiento muy discutible de las propias instituciones democráticas. Aceptar este planteamiento no implica que la tradición clientelar o populista de América Latina no tenga peso, tanto a la hora de explicar la delegación en las figuras carismáticas (caudillistas) de los presidentes, como a la de dar cuenta de la exclusiva valoración de la democracia por los resultados. Pero la raíz del problema estaría en la excepcionalidad de la situación creada por la crisis de la deuda, que no permite a los electores decidir su voto en términos racionales, desde el momento en que las consecuencias de las propuestas políticas han dejado de ser predecibles”.

 

Candidatos sin programa

   Las crisis propulsadas por la deuda externa, además de drásticas vicisitudes económicas implicaron “el final de las reglas de juego sobre las que habían descansado las sociedades y las economías de la región”. El mercado se impuso a cualquier otro paradigma. Esa nueva condición de nuestros países y del mundo tendría que haber sido entendida por instituciones y ciudadanos pero no siempre ocurrió así.

   Explica Paramio: “Lo que cuenta es que los actores sociales, económicos y políticos se vieron obligados a tratar de modificar sus estrategias para adaptarse a un nuevo contexto. Puede por tanto que los electores tradicionales se sintieran desconcertados ante los cambios en el funcionamiento del intercambio clientelar, pero tampoco los electores modernos podían prever ya los efectos de su voto a los distintos candidatos, prever las consecuencias de las propuestas de cada uno de ellos. No es extraño que, en esa situación, la victoria electoral pudiera corresponder a los candidatos que no presentaban un programa concreto, sino propuestas contradictorias o más bien demagógicas con las que sólo pretendían ganar la confianza de los electores. Pues éstos no buscaban tanto promesas creíbles como señales de proximidad y confianza por parte de los candidatos”.

   Candidatos vistosos con programas huecos: esa realidad forma parte de la política en América Latina y el resto del mundo. En México los partidos han apostado a las frases más que a los compromisos. Del desconcierto, no pocos electores transitarán al disgusto ya sea absteniéndose de ir a las urnas o, delante de ellas, marcando su boleta para castigar y no para respaldar a alguna de las opciones que se les muestran.

   Añade el politólogo español: “Ahora bien: lo que estamos viviendo desde el nuevo estancamiento de 2001 es una etapa de imprevisibilidad. Los electores que llegaron a confiar en que las reformas estructurales, a un alto precio, habrían el camino a un desarrollo sostenido y estable, sienten ahora que esas promesas no se han cumplido y no se van a cumplir. Esto es lo que podemos definir como un sentimiento de frustración, y el argumento central que se pretende desarrollar aquí es que esa frustración —patente ya en Venezuela en 1998, y latente en México desde 1995, aunque la alternancia de 2000 haya pospuesto sus efectos— puede hacer crecientemente imprevisibles tanto los procesos democráticos de selección de gobernantes como el propio mantenimiento de la gobernación democrática, y que en este sentido es un factor de crisis de la democracia”.

 

Imprevisibilidad, perplejidad

   Esa era la advertencia que Paramio envió hace cinco meses al seminario del IFE. El cambio de gobierno en 2000 pospuso, pero no canceló en nuestro país las manifestaciones de esa frustración ciudadana. La imprevisibilidad que en muchas ocasiones es consustancial a la democracia, en nuestro caso se ha vuelto perplejidad de los ciudadanos y sus instituciones.

   ¿A partir de qué consideraciones votan los ciudadanos sometidos a esa imprevisibilidad? Habitualmente se considera que el sufragio está enlazado con la economía. Si les va bien, se suele decir, los votantes premiarán al gobierno bajo el cual mejoren sus condiciones de vida. De lo contrario castigarán con el sufragio. Sin embargo Paramio considera que esa posibilidad existe cuando el ciudadano encuentra que, delante de la postura en el gobierno, algún partido le ofrece una alternativa.

   En circunstancias como la que experimentan México y cada vez más naciones, las opciones en materia de economía se encuentran clausuradas por las circunstancias globales y domésticas. El margen de maniobra es tan estrecho que, salvo detalles, todos los partidos ofrecen lo mismo en materia de economía. “Para poder hablar de voto económico –agrega ese autor– es necesario además que los ciudadanos tengan el sentimiento de que las reglas de juego de la economía no están en cuestión, y de que sólo se trata de elegir estrategias de juego y un equipo capaz de aplicarlas con competencia. Si se decide castigar al gobierno es para que se forme otro que aplique una estrategia distinta, y lo haga de forma competente”.

   Pero elegir un rumbo auténticamente distinto parece imposible en un contexto como el que tenemos ahora. El Estado se encuentra limitado por el nuevo paradigma de desarrollo económico. Y el mercado ha sido claramente insuficiente para resolver los requerimientos más urgentes de la sociedad. Los electores perciben que no hay salidas, por ahora al menos, a ese entrampamiento. Y todo ello no hace mas que aumentar su disgusto no solo con los dirigentes políticos que no proponen nada sustancialmente distinto sino, junto con ellos, ante las instituciones en las que se respaldan.

   En algunos países de América Latina esa peculiar situación, en donde no hay mas modelo que la economía de mercado pero en donde –incluso para atemperar al mercado mismo– el Estado sigue resultando indispensable, ocasiona situaciones harto heterodoxas.

   La propuesta neoliberal no es cuestionada, en el fondo, ni siquiera por gobiernos estridentes como el de Hugo Chávez que, en Venezuela, habla de medidas de viejo corte clientelar pero sin romper con las propuestas del llamado Consenso de Washington. (Así es como fueron denominadas las posiciones de los principales organismos internacionales que desde la perspectiva estadounidense propusieron a comienzos de los años 90 una política de liberalización para las economías latinoamericanas).

 

Apatía y agresividad

   Esa es la situación que a Paramio le llama la atención cuando dice: “Conviene insistir en que, si bien el discurso neoliberal ha dejado de ser aceptable, ni han surgido propuestas de regreso al pasado —al Estado intervencionista de la industrialización sustitutiva— ni existen propuestas radicalmente alternativas a la ortodoxia neoliberal: en este

sentido es muy notable observar como la retórica populista del presidente Chávez no ha ido acompañada en ningún momento por la definición de un marco alternativo de política económica. Simplemente ha dejado de ser creíble el marco definido en el Consenso de Washington, y cuando las demandas sociales resurgen, reclamando una respuesta inmediata, los gobernantes deben tratar de darla sin contar con un marco definido de formulación de políticas. La muy extendida creencia de que los gobernantes no saben satisfacer las demandas sociales, o de que no son capaces de enfrentar las presiones de los grandes intereses externos e internos que se oponen a los intereses de la mayoría, es precisamente la raíz de lo que se puede definir como frustración de los electores en América Latina”.

   El ensayo que estamos citando, titulado “Frustración de los electores y crisis de la democracia”, forma parte del trabajo de la Unidad de Políticas Comparadas que Paramio encabeza en el Centro Superior de Investigaciones Científicas en Madrid. Allí se añade: “La frustración implicaría una actitud de apatía y agresividad ante la necesidad impuesta de elegir entre opciones que no implican diferencias reales en términos de resultados, o cuyos resultados son imprevisibles. La renuencia a elegir sería la actitud racional cuando de la elección no cabe esperar los resultados deseados: así se minimizan los costes y los riesgos (ataraxia). Si independientemente de su programa o su discurso los gobernantes al final adoptan el mismo tipo de política y son incapaces de satisfacer las demandas sociales, la ilusión de elegir entre distintos candidatos y partidos no tiene un contenido real. El voto a candidatos sin historia o filiación partidaria cumple una doble finalidad: por una parte amplía el universo de posibilidades, por otra permite dar salida a la agresividad de los electores, castigando colectivamente a los candidatos de las opciones conocidas y que ya les han decepcionado”.

   La depreciación de la democracia, que ocurre cuando no tenemos candidatos y partidos que ofrezcan contenidos sólidos, constituye un riesgo grave para la estabilidad y la eficacia políticas. La gente, entonces, vota con irritación, desgano o por simple trámite. La democracia deja de ser una fiesta pero no comienza a ser asumida como un deber. Todo ello debería preocuparnos. Pero la codiciosa disputa entre Manlio Fabio y Elba Esther, los catárticos reproches ante Luis Felipe, la fallida apuesta de Rosario, encandilan nuestro aldeano escenario político.

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Voces del círculo rojo

Publicado en Vicente Fox by rtrejo en Diciembre 13th, 2005

La Crónica, 3 de agosto de 2003

El presidente dice que no les hace caso. Pero los diarios están repletos de discrepancias, reconvenciones e incluso advertencias acerca del rumbo que llevan el gobierno y el país. El estilo personal de gobernar del presidente Vicente Fox –o, visto de otra manera, la ausencia de estilo– causa una preocupación inédita o que por lo menos no se había visto en México desde hace décadas.

La abundancia de juicios críticos en la prensa no se debe a la existencia de nuevos márgenes de libertad porque, en lo fundamental, los medios mexicanos ya disfrutaban de ella desde gobiernos anteriores. Pero el contraste con otros momentos en la historia reciente del país es sorprendente y, sobre todo, muy preocupante. Nunca antes, al menos en los términos en que se expresa ahora, la imagen del presidente de la República había suscitado juicios tan adversos. Pocas veces como ahora los problemas del país son identificados con la impericia o los errores del titular del Ejecutivo.

Ese desgaste augura momentos difíciles y quizá representa un nuevo sitio para la imagen presidencial en la sociedad mexicana.

El presidente dice que no atiende a las apreciaciones del Círculo Rojo como con tan simbólicamente él, o sus publicistas, han denominado a los circuitos en donde se expresa e influye la opinión enterada en los medios de comunicación. Valga, entonces, esta ayuda de memoria.

Los siguientes, son puntos de vista aparecidos en las últimas dos semanas y media en distintos diarios de la ciudad de México. Sus autores suelen tener opiniones diversas, en ocasiones discrepantes entre sí, acerca de los más variados asuntos de la agenda pública mexicana. Pero en algo coinciden ahora: creen que el gobierno y el presidente, van mal.

 

 

Presidente debilitado

“La imagen que queda es de un presidente debilitado, alejado de su partido y con desconfianza hacia su propio equipo”.

Jorge Fernández Menéndez. Milenio, martes 15 de julio.

 

Cambiar de tono

“¿Está acaso Vicente Fox perdido? Todo depende de cómo reaccione, de cómo asuma la lección. Lo primero es aceptarla, no negarla. Al hacer suya la elección también se hizo responsable. Imaginemos que Fox cambia su lectura del poder, de la autoridad, de estrategia y probablemente de estrategas. Acercarse con humildad a su partido y encarar que los pudo llevar a Los Pinos y también los puede sacar de allí, sería un primer paso. Gobernar distanciado del partido en el gobierno es un sinsentido. Si quieren salir adelante se necesitan mutuamente. Vicente Fox tendría también que dejar atrás el tono rijoso, con frecuencia burlón, que ha usado con sus adversarios en particular con el priismo. No importa si no lo hace por convencimiento, que lo haga por simple conveniencia. Esos dos hechos por sí mismos bastarían para cambiar el ambiente del segundo trienio. ¿Y qué tanto pesa el ambiente? Mucho y por más que pregonen la voluntad de acuerdos, la verdad sea dicha hasta ahora el desprecio hacia sus adversarios ha predominado. La costosa parálisis es la consecuencia”.

Federico Reyes Heroles. Reforma, martes 15 de julio.

Cruzarse de brazos

“El presidente Fox ha convocado asesores y consejeros y llegado a la mejor conclusión, digna del I Ching: nada, dizque meditar y reflexionar, pero en realidad solicitar el azaroso auxilio de la fuerza de las cosas. Que ocurra lo que tenga que ocurrir. Cuando el mundo se pone color de hormiga ya es ganancia, se supone, no cooperar activa y multiplicadoramente con el desastre, ofreciéndole la propia inventiva: nomás cruzarse de brazos, y al menos no seguir metiendo las manotas en la revoltura fatídica…

“Con un presidente indeciso, impotente e inmóvil, la fuerza de las cosas se impone por sí misma. Los intereses y poderes reales más fuertes siguen obrando como siempre. Nadie puede señalar un solo cambio real, ni siquiera microscópico, en la vida nacional. Todo lo de antes del 2000 sigue tan campante, calvos orejones incluidos. Todos los caciques de entonces siguen caciqueando, en el PRI, el PAN y en el PRD, en la Iglesia y el narcotráfico, en el contrabando y la economía informal, entre los magnates y entre los nuevos codiciosos. Y Fox, ya sin botas ni votos, sigue repitiendo su discurso de candidato, cuando contaba con unas y otros…

“Gobierna el azar, la fuerza de las cosas. Lo gobiernan los demás, y él se encarga del espectáculo, ahora nuevamente sólo sobre la escena, pues al parecer Martita ha descubierto el mundo de las ideas, y se ha recluido a su escritorio de neoliterata intrépida”.

José Joaquín Blanco. Crónica, jueves 17 de julio.

 

Deambular sin rumbo

“En este panorama de reiteradas conductas irracionales, la gran pregunta es: ¿qué quiere el Presidente? Tal vez lo que quiere ya lo logró: sacar al PRI de Los Pinos y lo demás ya no le importa. Eso parece. Lamentablemente el tiempo para hacer ajustes de hecho ya está agotado. Si no ocurre algún cambio espectacular en su gobierno, que incluya un ajuste ‘mayor’ (no medidas cosméticas) de su gabinete y un cambio radical de su estrategia antes de que tome posesión la nueva Cámara de Diputados, el Presidente va a ser el resto de su sexenio un zombie de la política: deambulará sin rumbo y sin autoridad, mientras los nuevos dueños del poder preparan el asalto a Los Pinos para el 2006.

“Si Fox no enmienda la caída libre en la que está su gobierno (y no se ve que quiera hacerlo) su sexenio pasará a la historia como un interregno en dos siglos de dominación de la Revolución Mexicana. Un accidente de la historia, pues. Patético destino para quien quiso ser ‘el mejor Presidente en la historia de México’”.

Jorge Chabat. El Universal, viernes 18 de julio.

 

Evadir la responsabilidad

“¡Qué decir de la reacción inicial de Vicente Fox frente a los resultados del 6 de julio! Evadir la responsabilidad que tuvo y tiene en la derrota es poco inteligente y poco honorable. Poco honorable, porque todo mundo percibió que el Presidente hizo campaña, en forma explícita e implícita, a favor de su partido. Las evidencias sobran. Van desde su intervención en la elección en el estado de México hasta la serie de spots de la Presidencia de la República, pasando por los llamados abiertos a que los ciudadanos le quitaran ‘el freno al cambio’. Poco inteligente, porque la alta abstención y la sanción contra el PAN sí constituyen una evaluación del desempeño del gobierno de la alternancia. Los ciudadanos están inconformes con los resultados de estos casi tres años y consideran que los principales responsables tienen nombre y apellidos: el Presidente, el gabinete y Acción Nacional. De ahí que las frases: ‘yo no estuve en la elección, ‘no se evaluó a mi gobierno’ y ‘no habrá cambios en el gabinete’ sean verdaderamente alarmantes y pongan los pelos de punta. Porque si no se reconoce que hubo una sanción, que se sufrió una derrota y que se cometieron una serie de errores, no habrá manera de enmendarlos ni de corregir el rumbo”.

Jaime Sánchez Susarrey. Reforma, sábado 19 de julio.

 

Enorme frustración

“El principal frustrado porque las cosas no se cumplan y no salgan como se esperó que salieran es precisamente Vicente Fox, para quien el ejercicio presidencial se ha convertido en una lucha contra molinos de viento, que fatiga mucho