Huelga sin requisa

La Crónica de Hoy, 3 de junio de 2001

Además del aumento salarial del 9.5% que obtuvo ayer después de casi dos días de huelga, la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación había ganado un importante triunfo político antes de llegar a un acuerdo con la empresa. En contra de la costumbre, en esta ocasión la huelga en una aerolínea no fue obstaculizada por la requisa que el gobierno federal solía poner en práctica.

   Las banderas rojinegras no fueron retiradas para que las instalaciones de Aeroméxico pudieran abrir el viernes primero de junio por la mañana. Los aviones dejaron, efectivamente, de volar y las sobrecargos en huelga no tuvieron que trabajar bajo protesta ni fueron sustituidas por personal de emergencia. La huelga pudo ser de a deveras y no el ejercicio virtual al que durante décadas han tenido que resignarse los trabajadores de la aviación y de otros servicios públicos que, al ser considerados como estratégicos, han quedado al margen de la suspensión de actividades por motivos laborales.

   Ese triunfo político del sindicato de sobrecargos se debe a una actitud en parte sorpresiva, pero congruente con los nuevos tiempos del país, que el gobierno del presidente Fox decidió mantener en esta ocasión y que ahora tendría que conducir a una revisión integral de la legislación laboral. Y por lo pronto, a la derogación de la requisa.

  

Actitud presidencial

La decisión de aplicar la requisa siempre fue tomada en las oficinas presidenciales y esta vez, simplemente no se optó por ese camino. El resultado de ese comportamiento tiene varias consecuencias.

   Por un lado el sindicalismo, en todas sus vertientes, aplaudió que el gobierno dejase de emplear un recurso que únicamente ha servido para limitar la acción de las agrupaciones de trabajadores.

   Desde luego los usuarios del servicio en huelga deploraron e incluso reclamaron esa actitud del gobierno que ha dejó sin cumplir con sus compromisos o planes de viaje a quizá 30 mil pasajeros diarios desde que estalló el movimiento sindical.

   No fue un dilema sencillo: entre afectar los derechos de los trabajadores y los derechos de los usuarios, en esta ocasión el gobierno optó por dejar que transcurriese el ejercicio de una reivindicación que la Constitución Política y la Ley Federal del Trabajo les confiere a los trabajadores.

   Hasta ahora no había sido así y por ello, la decisión que se tomó en Los Pinos respecto de la huelga en Aeroméxico tiene significados que van mucho más allá de esa aerolínea.

  

Derogación pendiente

   La Asociación Sindical de Sobrecargos, igual que el resto de los sindicatos que en distintos momentos han visto afectada su capacidad de presión debido a la requisa, lleva muchos años exigiendo la derogación de esa facultad del gobierno. Hace unas cuantas semanas la dirigente de la ASSA, que además es diputada por el PRD, presentó una iniciativa de ley que se suma a las varias que hay desde hace al menos un cuarto de siglo para que la requisa desaparezca del sistema jurídico mexicano.

   Por lo pronto la requisa dejó de ser aplicable, en este caso por decisión del gobierno. Sin efecto esa taxativa, la ASSA se encontró a cargo de una verdadera huelga. Si durante décadas se había limitado a estallar huelgas que era previsible que resultasen suspendidas por la aplicación de esa medida, ahora sus afiliados se encontraron con que desplegar las banderas rojinegras significaba interrumpir las labores.

 

Presión social

   Eso son las huelgas, momento extremo y de ninguna manera habitual de la lucha de los sindicatos. Las huelgas se estallan cuando las negociaciones no han llegado a ningún arreglo y sirven, precisamente, para expresar la capacidad de presión de los sindicatos.

   Delante del beneficio que puede conseguir merced a esa capacidad de presión, a todo sindicato una huelga le significa costos y desventajas. Cerrar la empresa aunque sea por breve tiempo pone en riesgo la fuente de trabajo y enfrenta a los sindicalizados no solo con la parte patronal, sino con los usuarios o clientes de los servicios o productos que ofrece la negociación en huelga.

   En este caso el servicio que presta la empresa que la ASSA puso en huelga, en ocasiones fue irremplazable porque hay plazas a donde solamente vuela Aeroméxico o porque los viajes en otras aerolíneas se saturaron debido a la suspensión de labores.

   Por primera vez, al menos en mucho tiempo, las sobrecargos experimentaron el desgaste público que puede significar una huelga. Por una parte la situación de Aeroméxico, que no es boyante, podía empeorar debido al conflicto e incluso podía ser aprovechada para que esa empresa fuese vendida en condiciones menos favorables. Al mismo tiempo, la manera como la suspensión de labores afectaba a los usuarios constituyó una fuente de presión contra el sindicato.

   El sindicato de sobrecargos entendió esa nueva situación. Su secretaria general, Alejandra Barrales, reconocía desde el viernes la reacción adversa que se podía generar entre los pasajeros que dejaron de volar debido a la huelga. Esa apreciación fue compartida por sus compañeros y compañeras que no dudaron en aprobar el aumento ofrecido por la empresa en una breve asamblea, poco después de que la negociación concluyó ayer en la Secretaría del Trabajo.

   Esa presión social antes no existía. Aunque la aplicación de la requisa siempre afectaba las operaciones regulares de la empresa en donde se empleaba ese recurso, los vuelos por lo general se mantenían y los pasajeros podían darse el lujo de desearles suerte a las aeromozas cuya huelga las hacía llevar un brazalete rojinegro mientras seguían trabajando a bordo de los aviones.

 

Ley de guerra

   Aquellas huelgas simbólicas se acabaron, al menos por lo pronto. Para que la requisa deje de existir será necesaria una reforma a la Ley de Vías Generales de Comunicación.

   El artículo 112 de esa Ley forma parte del espíritu más autoritario que aun existe en algunas disposiciones de nuestro sistema jurídico. Creada al comienzo del gobierno de Manuel Avila Camacho en los años 40, se trata de una disposición para mantener el funcionamiento de los servicios públicos en tiempos de guerra.

   En aquel momento México estaba por involucrarse en la Segunda Guerra Mundial. Ese fue el pretexto para, en la práctica, abolir las huelgas en empresas relacionadas con la comunicación y no solamente en circunstancias de conflicto bélico. Han pasado seis décadas y esa taxativa todavía existe.

   El artículo 112 de la mencionada Ley, indica: “En caso de guerra internacional, de grave alteración del orden publico o cuando se tema algún peligro inminente para la paz interior del país o para la economía nacional, el gobierno tendrá derecho de hacer la requisición, en caso de que a su juicio lo exija la seguridad, defensa, economía o tranquilidad del país, de vías generales de comunicación, de los medios de transporte, de sus servicios auxiliares, accesorios y dependencias, bienes muebles e inmuebles y de disponer de todo ello, como lo juzgue conveniente. El gobierno podrá igualmente utilizar el personal que estuviere al servicio de la vía de que se trate cuando lo considere necesario…”

   El artículo 113 se ocupa de las medidas que el gobierno ha de adoptar para poner en práctica la requisa.

 

Sindicatos activos

   México no ha estado en guerra desde aquella ocasión pero el artículo 112 ha permitido afectar huelgas, especialmente de telefonistas, transportistas y trabajadores de la aviación. El hecho mismo de encontrarse en una ley ajena a los asuntos laborales, indica el carácter contradictorio que la requisa tiene respecto del derecho aplicable a las relaciones entre sindicatos y empresas.

   Significativamente, algunos de esos gremios se han encontrado entre los más activos y aptos para defender sus derechos laborales.

   Es conocida la solidez del sindicato de Telefonistas que se convirtió en uno de los más exigentes y propositivos del país después de su democratización, de la cual en pocas semanas se cumplirán 25 años.

   Los trabajadores de la aviación también han mantenido sindicatos representativos, equidistantes del sindicalismo tradicional aunque con una política de alianzas que les ha permitido contemporizar con las viejas centrales.

   La Asociación de Sobrecargos, ASSA, se constituyó en enero de 1960 y su primer desafío fue lograr la titularidad de los contratos colectivos de las principales aerolíneas, que eran administrados por sindicatos blancos. Dos años antes había surgido la Asociación Sindical de Pilotos de Aviación (que obtuvo su registro hasta 1960, un poco antes que la ASSA).

   Actualmente la ASSA tiene unos mil 500 agremiados, entre los cuales cerca del 75% son mujeres. El promedio de edad de los socios (y socias) del sindicato es de 35 años. La escolaridad promedio es de estudios profesionales.

   ASSA y ASPA han tenido una trayectoria paralela, casi siempre hermanada y no sin altibajos. En 1990, junto con sindicatos como el de Telefonistas, crearon la Federación de Sindicatos de Empresas de Bienes y Servicios que durante varios años intentó ser una coalición avanzada dentro del Congreso del Trabajo. Al no encontrar espacio para ellos, se salieron del CT y luego crearon la Unión Nacional de Trabajadores.

    

Elogios de Fox

   Una de las demandas constantes de la FSEBS y la UNT ha sido la derogación de la requisa. Por eso los dirigentes de esos sindicatos reconocieron ahora la decisión del gobierno para no emplear dicho recurso contra la huelga de la Asociación de Sobrecargos.

   Hace cuatro meses, el 7 de febrero cuando tomó la protesta del nuevo comité ejecutivo de la ASSA que acudió a saludarlo a Los Pinos, el presidente Vicente Fox  definió a los integrantes de ese sindicato como un “grupo de mujeres y hombres que saben llevar la imagen eficiente y atenta de su respectiva compañía aérea, así como de nuestro país, la imagen de nuestro querido país cuando transportan a millones de pasajeros por México y por el mundo”.

   El presidente prometió que impulsaría una nueva legislación laboral para cuya confección pidió la participación de sindicatos como el de sobrecargos y más tarde dijo: “ASSA es una organización que ha sabido, desde su origen, responder a los desafíos del cambio. Su representatividad, su ejemplo, su espíritu combativo, su profundo sentido democrático, su amor a México, son la base para responder a los nuevos desafíos”.

   En ese momento, ni el presidente los sobrecargos sabían que Aeroméxico estaría en huelga, por un par de días, al comenzar el mes de junio. Ese respeto a los derechos laborales es una actitud que es pertinente reconocer, como parte de los contraluces del actual gobierno.

   Una consecuencia deseable de esa actitud podría ser la derogación de los artículos 112 y 113 de la Ley de Vías Generales de Comunicación.

 

Huelgas poco útiles

   Tres veces, en los últimos tres años, el sindicato de sobrecargos ha estallado huelgas contra Aeroméxico.

   En 1998 la huelga duró formalmente 6 días pero estuvo limitada por la aplicación de la requisa. En aquella ocasión la ASSA logró mejorías en jubilaciones y pago de horas nocturnas, pero el aumento salarial pactado fue el mismo que la empresa ofrecía antes de la huelga.

   El año pasado hubo una huelga de 13 días, durante los cuales la empresa también estuvo intervenida por la requisa. El aumento salarial que los sobrecargos consiguieron fue el mismo que Aeroméxico proponía antes de que fuesen desplegadas las banderas rojinegras pero lograron apoyos para guarderías y en otras prestaciones.

   En esta ocasión la demanda salarial que llevó a estallar la huelga fue algo extraña: de entre el 10 y el 15 por ciento, se dijo. La empresa ofrecía el 9% y ayer sábado por la tarde el sindicato aceptó un aumento del 9.5%.

   La huelga, de esa manera, permitió que los sobrecargos obtuviesen un aumento salarial del 0.5% adicional al que ya tenían asegurado antes de la suspensión de labores. También ganaron algunas precisiones en su contrato colectivo y un bono por antigüedad y productividad.

 

Responsabilidades

   Habrá quienes se pregunten si la huelga valió la pena, a costa del perjuicio para decenas de miles de pasajeros y de 80 millones de pesos que Aeroméxico dijo haber perdido a causa del conflicto.

   Esa pregunta tendría que ser formulada no solo a los sobrecargos, sino antes que nada a la empresa.

   La huelga fue decisión de los trabajadores, pero motivada por la ausencia de respuestas suficientemente favorables por parte de la parte patronal. En este caso se trata de una empresa en proceso de venta e incluso en medio de la incertidumbre que sigue causando la posibilidad de que Aeroméxico sea vendida por separado de Mexicana de Aviación. Ambas compañías, como se sabe, forman parte de una misma empresa controladora propiedad del Estado y sigue sin resolverse si se adjudicarán a un mismo o a distintos clientes.  

   Los sindicatos de pilotos y sobrecargos sostienen que las aerolíneas deben seguir siendo propiedad de una sola firma, para que la aviación mexicana se fortalezca frente a las compañías extranjeras. Sin embargo si Aeroméxico y Mexicana tienen un funcionamiento autónomo entre ellas habría competencia y eventualmente, una política de precios y servicio menos abusiva hacia sus clientes.

   Actualmente los boletos de avión para viajes domésticos cuestan tanto como los boletos para ir al extranjero e incluso, a veces son más caros. Aeroméxico y Mexicana imponen tarifas que los usuarios tienen que pagar al no contar con otras opciones. El servicio de esas aerolíneas no es tan eficiente como asegura la propaganda de ambas, según les consta a los centenares de pasajeros que todos los días se encuentran con vuelos para los cuales se venden más sitios de los que caben en cada aeronave.

 

Los pasajeros

   Después de esta experiencia, los sobrecargos y otros trabajadores del área de las comunicaciones tendrán que evaluar con una nueva mirada la decisión de ir a la huelga si es que, en congruencia con la actitud que mostró ahora, el gobierno renuncia a aplicar la requisa.

   Ahora que han salido de una huelga exitosa los miembros de la ASSA y sus compañeros pilotos tienen por delante la venta de las aerolíneas. Es entendible que quieran que las dos empresas se mantengan coaligadas porque así las condiciones laborales se verían menos afectadas. Pero hasta ahora sus propuestas no parecen tomar en cuenta a los usuarios de las aerolíneas para las cuales trabajan. No han demostrado que, vendiéndose juntas, esas compañías serán capaces de ofrecer mejor servicio y mejores precios a los clientes de Aeroméxico y Mexicana.

   Huelga breve, logros laborales, respeto a los derechos sindicales y negociación provechosa: no es un saldo desdeñable para una semana repleta de asuntos escabrosos.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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