Chile. Más allá de la política pequeña

Publicado en La Crónica el 17 de enero de 2000

 

Ayer, la democracia chilena ofreció una extraordinaria demostración de civilidad y tolerancia. La segunda vuelta de la elección presidencial transcurrió sosegada y ordenadamente. Hora y media después de que se cerraron las casillas el gobierno, que organiza las elecciones, ya tenía los resultados.

Poco antes de las ocho de la noche tiempo de Santiago (tres horas menos en México) el vocero del ministerio del Interior ofreció los resultados en cada una de las demarcaciones, cuando había sido escrutado el 87.45% de las casillas. Uno tras otro, en la lectura de esos resultados se advertía la enorme cercanía entre los dos candidatos que llegaron a esa nueva votación después de que, en las elecciones de diciembre, ninguno alcanzó más de la mitad de los votos.

Ricardo Lagos Escobar, el candidato de la Concertación que reúne al socialismo y la Democracia Cristiana chilenos, obtuvo en ese corte el 51.31% de los sufragios. El candidato de la Alianza por Chile, Joaquín Lavín, alcanzó el 48.69%.

Aunque todavía faltaba por conocerse la votación en el 12.5% de las casillas, los equipos de campaña (“comandos”, los llaman) de ambos candidatos consideraron que la diferencia entre Lavín y Lagos era suficiente para reconocer el triunfo del candidato socialista.

No se trataba de una desproporción abismal. Apenas el 2.62% separaba al candidato de la derecha del aspirante socialista a la Presidencia de Chile. Pero en el panorama de competitividad extrema que se ha advertido en ese país, en donde las fuerzas políticas se polarizaron alrededor de esos dos personajes, ese porcentaje y el hecho de contar con datos de las casillas en las regiones más pobladas, bastó para que ambas partes considerasen que ya había un ganador.

Lo que siguió, es de una urbanidad política ejemplar –e incluso, envidiable–. Los dirigentes de la Concertación se apresuraron a declarar que habían ganado, lo cual no era sorpresivo. En cambio, al menos para un observador externo, la reacción de los líderes de la Alianza fue de una prontitud y una honestidad admirables.

Diez minutos después de que se conocieron los resultados parciales Lavín salió de su casa, junto con su esposa. Abordó un automóvil y se dirigió al Hotel Carrera en donde estaba instalado el comando de la Concertación. Entró por una puerta lateral, subió hasta el piso en donde se encontraba Ricardo Lagos y le dijo que reconocía su triunfo.

Luego, ambos aparecieron juntos en uno de los balcones interiores del Carrera, delante de los partidarios de la Concertación. Lavín saludaba con la mano derecha. Lagos, con la izquierda. No hubo discursos, pero menudearon los aplausos.

Mientras tanto, en la televisión chilena los principales dirigentes de la Alianza que cobijó a Lavín también aceptaban que habían perdido. Aunque con caras largas, se felicitaron de la votación que alcanzaron y en ningún momento pusieron en duda que el presidente electo de Chile era el candidato socialista.

Lavín llegó entonces a otro hotel en el centro de Santiago, en donde estaban reunidos sus adherentes. Sus primeras palabras fueron: “He ido a felicitar a Ricardo Lagos, quien es ya el próximo presidente de Chile”. Se escuchó un leve murmullo de decepción, aunque ya se sabía que el candidato de la derecha había aceptado la victoria del socialista. Lavín enfatizó, entonces: “que lo sepa Ricardo Lagos: él y Chile podrán contar siempre conmigo… sin las mezquindades de la política pequeña. Estoy en la mejor intención para trabajar por la unidad de los chilenos”.

El 12 de diciembre pasado, Lagos había obtenido el 47.85% de los votos y Lavín, el 47.51%. La diferencia era tan pequeña que se pudo pensar que las reclamaciones postelectorales serían difíciles, pero ambas partes aceptaron esos datos.

Para Lagos, aquel fue un revés importante porque esperaba ganar los comicios en esa primera vuelta. Lavín se afianzó no solo como un candidato competitivo, sino sobre todo como líder de una extensa fuerza política que se opone a los recientes gobiernos de Chile que han estado encabezados por la Concertación. La disputa fue, entonces, por los votos que en la primera vuelta favorecieron a otros candidatos y que, como se vio ayer, afianzaron la delantera de Lagos.

Pero no fue sencillo. Ayer por la tarde, mientras el subsecretario del Interior leía los resultados, podía apreciarse que en la mayoría de las regiones Lavín obtuvo más votos que en diciembre. Al contrario, en la zona de Santiago de Chile mejoró el porcentaje de Lagos y esa diferencia resolvió la elección.

Durante varios meses, los chilenos presenciaron campañas intensas, ríspidas en ocasiones. La escasa diferencia en el consenso electoral de las dos fuerzas que se confrontaron ayer en la elección final, indica que ese país se encuentra partido en dos en lo que toca a preferencias políticas.

Sin embargo ayer nadie se rasgó las vestiduras, ni jugó a la extorsión postelectoral. Los votos contaron y los contendientes los aceptaron. Sin las mezquindades de la política pequeña, como dijo el candidato de la derecha en un reconocimiento que lo honra y que da testimonio de la formidable civilidad de la vida pública en Chile. En México tenemos mucho que aprender de esa lección de decencia política.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s