Seis para el 2 de julio

Publicado el 16 de enero de 2000

Seis candidatos a la Presidencia de la República solicitaron su registro, como tales, ante la autoridad electoral. Aunque son candidatos desde que sus partidos los designaron, el IFE debe revisar si cumplen los requisitos para reconocerles formalmente esa calidad.

Pasado mañana, martes, el Consejo General del Instituto Electoral aprobará los registros de esos seis candidatos. En los últimos días cada uno de ellos acudió a presentar sus documentos, incluso la plataforma electoral que junto con su candidatura, proponen a los ciudadanos.

Seis candidatos aparecerán, de esa manera, en las boletas electorales. Aunque las opciones realmente competitivas son tres, el resto de los candidatos actuarán como contrapesos y estarán en capacidad de imponer matices a una temporada electoral que será tan intensa como difícil.

Esa conflictualidad previsible en las campañas que formalmente comenzarán dentro de tres días, podrá ser contrastada con los compromisos para acatar la ley y las declaraciones de fe cívica que los seis candidatos y sus partidos, formularon al acudir al Instituto Federal Electoral a solicitar su registro.

Primicia y parquedad de Cárdenas

El 5 de enero, quizá recordando la ayuda que suelen recibir los que madrugan, el primero en cumplir con ese trámite fue Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. El ex jefe de Gobierno del Distrito Federal es candidato de la Alianza por México que reúne a los partidos de la Revolución Democrática, Alianza Social, Convergencia por la Democracia, Sociedad Nacionalista y del Trabajo.

A diferencia de la mayor parte de los candidatos que se presentarían en los siguientes días, en la postulación de Cárdenas no hubo discursos. Quizá porque en ese caso tendrían que haber intervenido dirigentes de las cinco agrupaciones que integran esa coalición, los proponentes de Cárdenas se limitaron a decir que cumplían con los requisitos de ley en voz de Jesús Ortega, representante de la Alianza por México ante el IFE.

Poco después, Cárdenas tuvo una intervención en el auditorio del IFE pero ya no delante de las autoridades electorales sino solamente rodeado de simpatizantes suyos y periodistas.

La sobriedad en su presentación como candidato coincide con el estancamiento perceptible, al menos hasta ahora, en la presencia pública de Cuauhtémoc Cárdenas. Es candidato por cuarta ocasión en doce años. Hace dos años, ganó las elecciones para el gobierno de la ciudad de México. Antes, en 1988 y 1994, fue aspirante a la Presidencia de la República.

Ningún otro personaje político en el país, ha tenido una exposición delante de la sociedad tan intensa y extensa como Cárdenas. Durante doce años ha sido una figura de primer nivel, a pesar de limitaciones propias y de la animosidad de numerosos adversarios suyos. En esa perseverancia, hay ventajas y menoscabos para la nueva campaña del ingeniero. En doce años, se ha consolidado como dirigente indiscutible de una influyente corriente política nacional. Pero junto con ello, las antipatías en contra suya se han acumulado.

El reto principal de Cuauhtémoc Cárdenas, hoy en día, es mostrarse, a la vez, como abanderado de una causa histórica y como dirigente moderno, capaz de superar las limitaciones de la izquierda tradicional a la que representa ahora y del priismo ortodoxo del cual proviene. Por lo pronto, sigue sin superar el límite del 15% que las encuestas le asignan en la intención de voto de los ciudadanos.

Camacho, siempre en domingo

El segundo candidato en solicitar su registro fue Manuel Camacho Solís. Anunció que llegaría al IFE en domingo, el 9 de enero. Atento como suele ser a la influencia de los medios de comunicación, quizá pensó que como los fines de semana hay menos noticias, los diarios del lunes destacarían de manera especial su petición de registro. Sin embargo, no tomó en cuenta que los domingos hay menos noticieros televisivos y radiofónicos, así que perdió la ocasión de tener presencia en tales espacios.

El candidato del Partido Centro Democrático dijo que no tenía previsto decir un discurso en esa ceremonia, pero nadie tuvo que insistirle para que se animara a hacerlo. Después de una breve presentación a cargo de José Angel Avila Pérez, el ex Regente de la ciudad de México elogió la imparcialidad del IFE en el proceso para que el PCD obtuviera su registro: “Fue la institución imparcial única en el país de la cual vimos que había voluntad de democracia y que había equidad. No puedo decir lo mismo de otras instituciones del Ejecutivo Federal, ni de muchos de los Ejecutivos Locales”.

El desacuerdo de Vicente Fox con la decisión del Tribunal Electoral para modificar el emblema de la coalición que lo apoya, le dio a Camacho oportunidad para presentarse al mismo tiempo como defensor de la legalidad electoral y como impugnador de las insuficiencias del régimen político. Consideró que el candidato panista tenía razón en su queja, pero lo exhortó a que respetase el marco jurídico: “Yo desde aquí invito a Vicente Fox, para que luchemos juntos dentro de la ley y dentro de las instancias, y para que denunciemos los asuntos realmente graves que están ocurriendo en el país. Lo grave no es que no se permita utilizar una fotografía, lo grave son las injusticias políticas, las arbitrariedades que se siguen cometiendo en el país… si estudiamos la ley, si conocemos la ley y actuamos dentro de ella, vamos a ser más eficaces en la lucha contra un aparato autoritario”.

Comprometido así con el cumplimiento de la ley, Manuel Camacho ya es, por fin, candidato a la Presidencia de la República. Quiso serlo con el apoyo de una amplia coalición opositora, suponiendo que los partidos se rendirían ante su reciente experiencia como antipriista. Como no los convenció para que declinaran en su favor y puesto que no encontró acomodo en la coalición de Cárdenas, no tuvo mejor opción que presentarse como candidato de su pequeño y nuevo partido.

Fox, confianzudo con los consejeros

Al día siguiente en ese mismo sitio –el vestíbulo de uno de los edificios del IFE– compareció el candidato de la Alianza por el Cambio. Vicente Fox Quesada fue presentado por el diputado panista Germán Martínez Cazares.

Jorge González Torres y Luis Felipe Bravo Mena, dirigentes del PAN y el PVEM que integran esa alianza, pronunciaron sendos discursos. Luego el ex gobernador de Guanajuato habló, como era previsible, para reiterar su protesta por la decisión del Tribunal Electoral que enmendó el emblema con su fotografía y que había sido inicialmente aceptado por los consejeros del IFE.

Quién sabe si el hecho de hablar delante de algunos de esos consejeros, que habían votado a favor de su primer emblema, llevó a Fox a dirigirse a ellos con curiosa familiaridad. Después de una breve introducción, inició su discurso diciendo: “El cambio que a ti te conviene ya está en marcha y ya nadie lo para. El próximo 2 de julio todos tenemos un gran reto, el reto de ganar la confianza, el reto de creer en nosotros mismos, el reto de alcanzar un cambio seguro”.

Las transcripciones de esa sesión no registran la expresión de los funcionarios del IFE sometidos a tan comprometedora y autopromocional arenga. Fox, en ese momento, se comportaba como si hiciera proselitismo delante de ellos, o como si no existieran, hablando solamente para las cámaras y micrófonos que recogían sus palabras.

Luego, el candidato panista y pevemista correspondió a la decisión del Consejo del IFE respecto de su emblema, con un reconocimiento que lo llevó a considerar pertinente: “Construir la confianza en elecciones justas e integrar un Instituto Federal Electoral independiente, fuerte, profesional y confiable, como ha sido hasta la fecha, al que reiteramos nuestro respaldo y confianza total. Sin embargo, en un solo día pueden tomarse decisiones parciales, partidistas y no apegadas a la ley, como la tomada recientemente por el Tribunal Federal Electoral, que minan el esfuerzo de millones de mexicanos”.

Rincón Gallardo, difícil apuesta

Cuarto candidato en solicitar su registro, Gilberto Rincón Gallardo y Meltis, igual que Cuauhtémoc Cárdenas, se abstuvo de tomar la palabra al presentar sus documentos a las autoridades del IFE. De la misma forma, después de esa ceremonia pronunció un mensaje. Ese martes 11 de enero, el candidato de Democracia-Social-Partido-Político, como sus dirigentes insisten que se les diga, atestiguó las intervenciones de sus compañeros Ricardo Raphael y Jorge Javier Romero, Secretario General y Secretario de Construcción Ideológica.

Romero ubicó el sitio que Democracia Social aspira a ocupar en un panorama aparentemente copado ya por tres grandes partidos nacionales: “Los partidos que han dominado hasta ahora la escena política mexicana, se han caracterizado por poseer visiones de corto plazo en las que sólo imperan los intereses inmediatos, la necesidad de derrotar al contrincante y el salirle al paso a los problemas, mientras que han carecido de una visión de Estado que les llevara a emprender una reforma a fondo para construir un nuevo régimen, capaz no sólo de darle cabida a las distintas expresiones políticas, sino de conducir al país hacia la solución de sus históricos problemas de desigualdad y pobreza”.

El problema para Democracia Social, consiste ahora en lograr espacio para sus argumentos y propuestas en un clima no sólo dominado por tres grandes partidos nacionales sino, peor aún, condicionado a la estridencia mediática y no a la discusión de ideas. Racional y seria, la apuesta de ese partido y sus dirigentes se enfrenta a las tradiciones y, también, a las nuevas costumbres de un sistema político y una cultura ciudadana que distan de ser receptivos a los contenidos programáticos.

Labastida: acarreo, debate y programa

Quinto en ese desfile ante la autoridad electoral, Francisco Labastida Ochoa y los operadores de su campaña quisieron que a nadie le quedara inadvertida la presentación de su candidatura. El acarreo de miles de ciudadanos y no pocos menores de edad, fue constatado por los medios y padecido por funcionarios y empleados del IFE que no deben haber visto con mucha simpatía el abuso que los priistas hicieron de las instalaciones de esa institución el pasado jueves 13 de enero.

La explanada del IFE quedó ocupada por los presuntos simpatizantes labastidistas, muchos de los cuales no sabían para qué habían sido llevados, como quedó registrado en la oportuna encuesta del noticiero del Canal 40. Dentro del recinto en donde fueron entregados los documentos del candidato priista hablaron el diputado Enrique Ibarra, representante de ese partido ante el IFE y la presidenta nacional del Revolucionario Institucional, Dulce María Sauri.

En su turno, Labastida aludió al affaire sobre el emblema de la coalición panista-pevemista para darle una repasadita a Vicente Fox y mostrarse, él sí, como respetuoso de las leyes. “El sistema y las instituciones electorales de México no pueden ser objeto de cuestionamiento o desconfianza por el sentido de sus actos o resoluciones. El criterio para evaluar su desempeño no es a qué partido dan la razón, sino si sus actos y decisiones se apegan estrictamente a la Ley”, indicó el ex gobernador de Sinaloa.

Insistió Labastida: “Superemos la estrecha visión que juzga a las autoridades electorales en función de los particulares intereses de quien ve sus intereses juzgados, para aplaudir cuando se les da la razón y condenar cuando ésta no les asiste. Vamos a la campaña con la fuerza de nuestras ideas”. Para ello, convocó a todos los candidatos presidenciales “a realizar campañas de ideas, de propuestas, siempre en un clima de respeto y tolerancia” y a debatir las posiciones de cada partido.

Ese llamado, compromete antes que nada al mismo Labastida y a su equipo de campaña. En los siguientes meses, es posible que la polarización de la competencia electoral lleve a la tentación de olvidar la tolerancia y el respeto que ahora se postulan como ordenadores de las relaciones políticas en estas campañas. Será pertinente, ante tal riesgo, que se recuerde ese compromiso.

El debate directo entre candidatos será inevitable. Labastida prefiere confrontarse con todos juntos para diluir la presencia de sus adversarios principales, Fox y Cárdenas.

Ese jueves, el candidato presidencial del PRI entregó la Plataforma Electoral Federal 2000-2006 que su partido había aprobado el día anterior. Se trata de un documento de una densidad y una riqueza inesperadas, al menos si se les compara con el tono que ha tenido el discurso priista en los meses recientes. La Plataforma del PRI, es muy posiblemente el documento más complejo, y completo, entre los programas que los partidos políticos han presentado para las próximas elecciones. Con ese PRI que apuesta a las ideas, contrasta el mismo PRI que recurre al acarreo, incluso de manera tan vulgar como la que se apreció el día de la presentación de Francisco Labastida en el IFE.

Equidad, preocupación de Muñoz Ledo

El viernes 14 de enero acudió al IFE el sexto de los candidatos presidenciales, Porfirio Muñoz Ledo. Fue presentado por Carlos Guzmán Pérez del Comité Ejecutivo Nacional del PARM, pero habló en representación de ese partido y del grupo Nueva República, que encabeza desde que estaba en el PRD.

Su satisfacción era inocultable. Muñoz Ledo, por fin, es candidato presidencial. No pudo serlo hace un cuarto de siglo, cuando pugnó por afianzarse como delfín del echeverrismo. Tampoco hace dos sexenios, en la hora de la Corriente Democrática que se escindió del PRI. Nunca podría haberlo sido en el PRD, al menos mientras prevaleciera la hegemonía cardenista. Muñoz Ledo ya es candidato, aunque sea por un partido menor y desprestigiado al cual intentará resucitar para apropiárselo.

Además del gusto, ese candidato tiene preocupaciones que manifestó en el IFE. En su discurso, defendió la igualdad de los partidos políticos con tanto énfasis que aseguró: “El tema de nuestro tiempo es la equidad”. Quizá lo sea, pero no de manera predominante en el sentido que al candidato del PARM le interesó destacar cuando exhortó a las autoridades electorales, “para que sean no sólo garantes de la igualdad, la imparcialidad y la certeza, sino también activos promotores de la equidad en estas elecciones”.

Equidad electoral, para Muñoz Ledo, significa que todos los aspirantes presidenciales reciban el mismo trato: “A todos los candidatos nos asisten los mismos derechos fundamentales, y sólo al ciudadano corresponde, al término del proceso, definir el sentido de la preferencia pública y, por lo tanto, escoger, entre los candidatos, a quienes habrán de ser sus mandatarios”.

En tal virtud, igual que Labastida, sugirió debates entre todos los candidatos. Allí, su capacidad oratoria y su ingenio le permitirán a Muñoz Ledo salir airoso delante de candidatos menos diestros en la confrontación verbal. Pero que haya debate, todos juntos o unos con otros, no significa que en las elecciones, equidad sea idéntica a igualdad.

Las prerrogativas que la ley establece benefician a los partidos que han demostrado, en las urnas, tener mayor arraigo entre los ciudadanos. Las coaliciones cardenista y foxista y el PRI, reciben mucho más dinero y recursos propagandísticos que los partidos de Camacho, Rincón Gallardo y Muñoz Ledo. Allí no hay vuelta de hoja, al menos para estas elecciones.

Esas son las reglas y esos, los candidatos. Seis, para el 2 de julio.


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