Dios mío, hazlos cultos

La Crónica, 6 de abril de 2001

La propuesta fiscal del gobierno cobró ayer su primera víctima en el terreno de la cultura por escrito. La imprenta de la Cámara de Diputados no resistió el millón de páginas del paquete de reforma hacendaria que debía duplicar junto con otros trabajos y esos legisladores se quedaron sin su ejemplar de la propuesta que les envió el Presidente de la República.

En las próximas horas los diputados contarán con esas copias y podrán revisar a detalle la compleja y discutible iniciativa que el gobierno quiere que sea aprobada con prisa y complacencia. En esas deliberaciones seguramente influirá el rechazo que centenares de escritores, editores y promotores culturales han manifestado al proyecto para gravar los libros y otros impresos con el 15% de IVA.

La reacción de esos ciudadanos, fuertemente disgustados por lo que consideran un atentado a la promoción de la lectura en México, es tan explicable como compartible. Si de por sí se leen poco, muy por debajo de los parámetros internacionales, con ese gravamen los mexicanos estarían más alejados de los libros. Por eso se justifican reclamos como los que ayer hicieron miembros de la Sociedad General de Escritores de México y que continuarán en los próximos días.

Varios de los autores que cuestionan la propuesta para gravar a los libros consideran que el gobierno desprecia la promoción de la lectura porque algunos de los actuales funcionarios no tienen apego por la cultura escrita. “Ni nuestro secretario de Hacienda ni nuestro Presidente han sido hombres de libros”, escribió en Reforma el autor y editor Alberto Ruy Sánchez.

Un alegato similar, aunque concediéndole cultura literaria al secretario Francisco Gil Díaz, fue publicado en unomásuno por Aurelio Asiain, también escritor y editor: “El hecho patente de que los integrantes del gobierno, del Presidente para abajo y con muy pocas excepciones, no tengan el hábito de la lectura es, como símbolo, de consecuencias nefastas. Contra todas las declaraciones, discursos, iniciativas y programas, la población percibe que para manejar los destinos de la nación no hace faltar leer libros, ni saber quiénes son y qué han hecho los principales escritores de nuestro país, ni hablar correctamente la lengua española”.

Además de los libros, también periódicos y revistas serían gravados con el IVA si prospera la iniciativa presidencial. Así que es previsible que a las protestas de estos días se sumen trabajadores y editores de publicaciones periódicas.

Quizá no el afán para promover la lectura sino el más elemental pragmatismo, conduzca al gobierno a considerar que el impuesto a los libros es uno de los aspectos negociables de su propuesta fiscal. Posiblemente los legisladores, para quedar bien con los distinguidos escritores que se han opuesto al 15% a los libros, eliminen sin dificultades ese gravamen. Después de todo, como ha señalado la Cámara Nacional de la Industria Editorial, imponer el IVA a los libros le significará al gobierno una recaudación de solamente 485 millones de pesos, cantidad menor al 5% de lo que aportará el impuesto a las cervezas y refrescos.

Si el gobierno acepta que se mantenga la tasa cero para libros, escritores y editores habrán demostrado que siguen teniendo una presencia pública notable y ese no será un mérito menor. Tampoco lo habrá sido, como apuntaba ayer Carlos Monsiváis, la defensa de la lectura que ante la amenaza del IVA han emprendido muchos mexicanos. Una política inteligente y oportuna para promover a los libros podría aprovechar este episodio y desplegar nuevas iniciativas alrededor de bibliotecas, editoriales y librerías.

Es alentador el empeño para defender el acceso a los libros. También lo sería que esos escritores y editores manifestaran similar preocupación por otras implicaciones de la propuesta fiscal del gobierno. Los libros son fundamentales, pero también los comestibles y las medicinas.

Los argumentos contra el impuesto a los libros han sido impecables aunque insuficientes. Es pertinente señalar, además, que la política fiscal que impulsa el gobierno quiere gravar a las clases medias y a buena parte de los mexicanos pobres al mismo tiempo que establece nuevos privilegios para quienes ganan y tienen más.

Discutible, esa política fiscal no es sorprendente ni siquiera en sus implicaciones para la cultura. Cuando los best sellers de dos notables damas del equipo gobernante son “Martha, la fuerza del espíritu” y “Dios mío, por favor hazme viuda” –como con su habitual agudeza señaló ayer el cartonista Falcón– hay poco qué esperar del interés del poder político por la cultura escrita.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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