Fox a los medios: ni los veo, ni los oigo

La Crónica de Hoy,4 de noviembre de 2001

La atonía informativa y política de este largo fin de semana fue sobresaltada ayer por el presidente de la República que, en su programa de radio, arremetió contra los medios de comunicación que no están dedicados a elogiarlo.

   El  presidente Vicente Fox dijo que los comentarios críticos en la prensa no le afectan y trató de quitarles relevancia: Mas aún, consideró que los periódicos en donde aparecen comentarios discordantes con sus puntos de vista lo quieren “tumbar”.

   La manera como se refirió a ellas fue a la vez magnificadora y descalificatoria de tales opiniones.

   “Hemos estado bajo una metralla impresionante de ataques por una sarta de babosadas que no tienen la menor importancia para nuestro país” consideró, disgustado, al referirse a cuestionamientos como los que aparecieron en numerosos periódicos y medios electrónicos en el transcurso de la semana que está concluyendo.

   La reprimenda que según diversas informaciones les propinó el presidente a varios miembros de su gabinete el lunes pasado al reclamarles la ausencia de resultados sólidos en varias áreas, dio lugar a comentarios acerca de la carencia de un auténtico proyecto de gobierno. Ese es el problema central más allá de las dificultades de coordinación que, como resulta cada vez más evidente, hay en el equipo de trabajo del presidente Fox.

   El presidente no desmintió esas versiones. En vez de ello habló elogiosamente de algunos de los secretarios a los que según se dijo había reconvenido y se mostró incómodo con apreciaciones que se han publicado acerca de su desempeño y el de sus colaboradores.

 

Reacio a las críticas

   Fox afirma, en tono de berrinche muy lejano al debate político que podría entablar a partir de esas discrepancias: “yo ya dejé de leer una
buena cantidad de periódicos, porque francamente me amargaban un poco el día”.

   Esa actitud señala un viraje en relación con el respeto que todavía hace unos días el presidente le había manifestado a la prensa.

   Ahora el presidente Fox anuncia que ignora a la prensa que le resulta incómoda.

   Tal comportamiento indica que al titular del Ejecutivo le gustaría una prensa ajena al análisis crítico, con la cual él se sintiera a gusto y en donde encontrase aplausos a granel.

   El presidente no quiere reconocer que en los medios de comunicación se encuentra uno de los recursos fundamentales en donde el poder político puede encontrar discrepancias y contrapesos a sus propias opiniones.

   La sociedad se expresa de diversas formas. Una de ellas es a través de los medios que, desde luego, no son ajenos a intereses de lo más diversos.

 

Atraso legal

   El presidente Fox estaba disgustado ayer cuando acudió a su programa de radio. Aun antes de presentar al conductor invitado, el periodista Carlos Loret de Mola, inició su catilinaria contra la prensa.

   “Luego hay muchísima distorsión en la materia en que se dan las
noticias, hay mucha calumnia, hay mucho engaño, hay mucha mentira
recientemente en los medios de comunicación”, se quejó el presidente.

   Posiblemente tenga razón. Los excesos a que han llegado numerosos medios en el afán por conquistar audiencias a partir del sensacionalismo y la exageración en ocasiones han conducido difamaciones y transgresiones a la vida privada de los personajes públicos.

   Pero el presidente confunde la distorsión intencional de las noticias con el análisis crítico acerca de los asuntos públicos.

   Cuando uno o varios medios mienten o adulteran una información incurren en una conducta profesional cuestionable pero que, por desgracia, las leyes mexicanas en esa materia no sancionan con toda la precisión que sería deseable. Por eso distintas voces han propuesto, desde hace décadas, la reglamentación del derecho a la información –que no es, como el gobierno ha pretendido mostrar, solamente el acceso a la información oficial respecto de la cual hay varias iniciativas de ley–.

   En las leyes para la prensa y el resto de los medios hace falta incorporar precisiones para que los ciudadanos, cuando son afectados por falsedades o insidias publicadas en ellos, puedan hacer las aclaraciones y exigir las reparaciones a las que tienen derecho. Sin embargo el mismo presidente Fox y otros funcionarios de su administración han desestimado los intentos para reglamentar esos y otros aspectos en la relación de los medios con el poder y la sociedad.

 

“Mucha calumnia”

   A pesar de los vacíos legales que padecemos en ese terreno los ciudadanos –incluso, desde luego, los funcionarios públicos– que se consideren infamados o afectados por falsedades que se dan a conocer en los medios, tienen recursos para defenderse. La legislación civil y penal ofrece algunas vías. Pero sobre todo, la exposición en los mismos medios de las distorsiones publicadas en otros puede resultar saludable y contribuye a que las empresas de comunicación atemperen sus excesos.

   El presidente Fox dijo ayer que en los medios, recientemente, ha existido “muchísima distorsión en la materia en que se dan las
noticias, hay mucha calumnia, hay mucho engaño, hay mucha mentira”.

   Si eso es cierto él tiene la obligación, como gobernante y como ciudadano, de señalar públicamente a qué informaciones se refiere.

   ¿Qué distorsiones en el manejo noticioso han provocado el disgusto del presidente?

   ¿Cuáles calumnias se han publicado?

   ¿A qué engaños se refiere?

   ¿Qué mentiras puede señalar en el comportamiento de los medios?

   ¿Cuáles son las “babosadas” que le irritan al presidente de tal manera que las descalifica, en vez de explicarlas o refutarlas?

 

Excesos mediáticos

   Seguramente hay algunas. Los medios no son inocentes en la desfiguración del ambiente público que estamos viviendo. Hay medios en donde se publican engaños no por error sino para lucrar con ellos, mientras que existen muchos otros que procuran tener una política editorial y profesional.

   En la medida en que sepamos identificar sus tropiezos o incluso la mala fe que también existe en algunos de ellos, contribuiremos a un mejor desempeño de los medios. Precisamente ahora, por cierto, comienza a circular la edición de noviembre de la revista etcétera cuyo tema central se titula “Cien víctimas de los medios”. Una de esas víctimas ha sido el presidente Fox.

 

Gabinete, filtraciones

   Si hay calumnias, el presidente tendría que señalarlas con toda responsabilidad.

   Pero todo indica que no son falsedades,  sino las consideraciones políticas de algunos medios y periodistas lo que está disgustando al titular del Ejecutivo.

   Los cuestionamientos a la fragilidad de su gabinete, las revelaciones sobre las pugnas que se manifiestan en ese equipo de trabajo y el reconocimiento de la desazón presidencial ante la falta de coherencia entre sus colaboradores, parecen haber estado entre las causas de su disgusto con los medios.

   Pero en vez de explicar qué ocurre y cuáles son las soluciones que dará a esas desavenencias, el presidente quiere soslayarlas y pretende que no pasa nada.

   Ayer dijo que, a diferencia de lo que señalan algunas especulaciones, no habrá cambios en su gabinete. Mantener a ese equipo tal y como ha funcionado hasta ahora es privilegio del presidente. Pero no les haría mal, ni a él ni al gobierno, poner mejor atención a los reparos que suscitan los errores e inexperiencias que se han apreciado en algunos de sus colaboradores.

   El presidente se molesta por las informaciones sobre los enfrentamientos dentro de su gabinete los cuales ha confirmado, al referirse a ellos sin desmentirlos. Los medios no han sido culpables de esas divergencias. Si tales episodios han sido del dominio público, por cierto, no se ha debido a que algunos reporteros estuvieran husmeando tras las puertas de una sala de juntas en Los Pinos. Esas versiones fueron conocidas porque alguno o algunos de los colaboradores del presidente se las contaron a varios periodistas.

 

“Inclusive a su esposa”

   Otro frente crítico que le incomoda al presidente han sido los señalamientos acerca del desempeño público de su cónyuge.

   El afán crítico de los medios, dice, “ha sido espectacular, yo creo que nunca había pasado en el país que así se tratara al presidente de la República, inclusive a su esposa”.

   ¿Qué se ha dicho de la señora Martha Sahagún de Fox? En términos generales, en las semanas recientes se ha cuestionado el abuso que hace de recursos públicos para promover una asociación privada con la que dice emprenderá acciones de beneficencia. También, aunque con menor intensidad, se ha cuestionado la   contratación de un avión privado para que regresara de Europa y su excesivo afán protagónico en momentos de la gira a ese Continente como la visita a Roma, cuando fue recibida por el Papa.

   Esas reprobaciones al desempeño de la señora Sahagún de Fox no surgieron de la imaginación de ningún periodista. No existirían si no se hubieran producido las conductas que a algunos nos parecen inconvenientes.

   Al buscar una participación pública tan intensa como la que quiere procurarse, la señora Sahagún de Fox se coloca en el centro de la atención de los medios.

   Lo mismo ocurre con el presidente. El mismo ha reconocido que constantemente busca estar presente en los medios.

   Puesto que ocupa un cargo público, al presidente Fox no debiera extrañarle que los medios se ocupen de él con algo más que reconocimientos y aplausos.

   Y ya que sus dichos y hechos resultan discutibles, tampoco debieran sorprenderle las apreciaciones críticas sobre su desempeño como gobernante.

 

Temas discutibles

  Casi cada una de las principales acciones en los 11 meses que lleva su gestión ha tenido aristas polémicas. Ayer el presidente Fox se refirió a sus propuestas en materia de derechos humanos, a la iniciativa de reforma fiscal y a su postura respecto del conflicto en Chiapas como demostraciones de que él y su gobierno asumen de manera responsable el compromiso que tienen con la sociedad.

   Sin embargo la conducta del gobierno en cada uno de esos temas es discutible.

   En derechos humanos, ¿a qué “propuestas en el Congreso” se refiere el presidente? Hace poco se ha sabido que la participación de México en el Tribunal Penal Internacional está demorada porque el gobierno no presentó al Senado la iniciativa para ratificar la adhesión de nuestro país a ese nuevo organismo. Y más allá de la buena voluntad del gobierno en el cumplimiento de los derechos humanos, el asesinato de Digna Ochoa indica que hay algo que no se ha atendido en ese campo.

   La iniciativa de reforma fiscal, que el presidente considera “responsablemente presentada y responsablemente elaborada” ha sido impugnable especialmente por los gravámenes que impondría a los mexicanos más pobres. El presidente no podrá dejar de admitir que en ese, como en otros temas, existen opiniones tan discrepantes como atendibles.

   Respecto del conflicto chiapaneco el presidente Fox asegura “hicimos propuestas profundas de cambio radical”. En realidad solamente se allanó a una vieja iniciativa que, como se comprobó, no contaba con el suficiente consenso para ser reconocida como pertinente por los legisladores que le impusieron modificaciones sustanciales.

 

“Que ya ponga orden”

   Así que, como el licenciado Fox podrá admitir, cada uno de los asuntos que reivindica entre los más destacados de su gobierno han sido de naturaleza y consecuencias polémicas.

   Pero al presidente no le gustan las discrepancias: comienza a confundirlas con calumnias y falsedades.

   Peor aún, ahora manifiesta un amago, indirecto pero claro, cuando después de reivindicar la libertad de expresión que permite que se expresan posiciones distintas a la suya advierte que “no faltan las voces” que le piden “que ya ponga orden. Por supuesto que no voy a poner ese tipo de orden a través de restringir la libertad de expresión”.

   El presidente actúa como si la libertad de expresión que los medios ejercen de diversas maneras –con o sin responsabilidad– fuese una gracia que él otorga y que de pronto podría revocar.

   Pero esa libertad no se debe a la tolerancia ni la magnificencia de nadie: se trata de una prerrogativa que ha ganado la sociedad mexicana y forma parte de las condiciones en las cuales se desarrolla la actual transición política.

   Qué bueno que el presidente reconoce que la libertad de expresión es pertinente. Además podría aclarar, a quienes le susurran que “ponga orden” respecto de las críticas de los medios que ni puede, ni tiene atributos legales y que para su gobierno sería políticamente suicida tratar de someter la libertad que la sociedad ha conquistado para los medios de comunicación.

   El presidente también podría explicarles, a quienes le sugieren que adopte un espíritu inquisidor, que no puede poner “orden” porque no hay desorden en el comportamiento de los medios y en su relación con el poder. Lo que tenemos es un desarrollo de los medios que en muchos casos desborda a las leyes actuales y que en ocasiones asumen comportamientos irresponsables. A ese nuevo orden comunicacional es preciso procurarle reglas que garanticen la libertad de expresión sin demérito de los derechos de los ciudadanos.

 

“No me van a tumbar”

   Ayer sábado el presidente despidió su programa de radio con una nueva reprimenda a los medios: “ni se crean que me van a tumbar a mí con críticas de periódicos”.

   Se necesitaría ser demasiado ingenuo para suponer, dentro o fuera de los medios, que al gobierno se le va a destituir a periodicazos. Suponemos que el presidente tampoco piensa en esa posibilidad. Pero en esa frase pueden advertirse la inconsistencia de su estado de ánimo y el resentimiento que le ha causado la publicación de informaciones y juicios desfavorables a su gestión.

   Al pretender que son despreciables el presidente magnifica la capacidad política de los medios. Pero sobre todo elude la discusión política a la cual lo obligarían su investidura y la importancia de los asuntos que menciona.

   En vez de enfrentar las discrepancias con razones y explicaciones el presidente Fox les atribuye a los medios intencionalidades que no son comprobables.

   Esa manera de eludir a la crítica, descalificándola, está muy lejos de ser saludable y congruente con el espíritu democrático que el titular del Ejecutivo considera que define a su gobierno.

   Hablar de una “sarta de babosadas que no tienen la menor importancia” indica que el resentimiento desplaza a los razonamientos en las reacciones del titular del Ejecutivo Federal.

   Será muy grave si la conducta del presidente ante los medios críticos se traduce, como parodia de tiempos que se han creído ya superados, en una actitud maniquea que podría sintetizarse: “ni los leo ni los oigo”.

   En esta época la sociedad exige y el país merece un comportamiento de mayor madurez lo mismo de los medios que, antes que nada, del gobierno.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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