Harry Potter y el cáliz mediático

etcétera, diciembre de 2001

Claro que Harry Potter es mago. Solo así se explica que centenares de millones de lectores especialmente niños y jóvenes, en todo el mundo, le hayan robado interés y tiempo a la televisión para leer sus libros.

Muchos lectores de Potter se han aficionado a otros libros. Bibliotecarios, editores y profesores de educación básica en todo el mundo reconocen la influencia que las aventuras del pequeño mago y sus compañeros en el colegio de hechicería en el castillo de Hogwarts han tenido en beneficio de la lectura. En Estados Unidos se estima que más del 60 por ciento de los niños entre 6 y 17 años ha leído por lo menos uno de los cuatro libros que hasta ahora se han publicado de la saga Potter <!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–>. De esos volúmenes hasta el mes pasado se habían vendido más de 116 millones de copias en todo el mundo, en 200 países y 47 idiomas <!–[if !supportFootnotes]–>[2]<!–[endif]–>

Harry Potter y la

fama generacional

Joanne Kathleen Rowling, escritora inglesa nacida en 1965 y que ahora vive en Escocia, dice que había concebido la novela como un relato para adultos. Quizá de allí se deriva la complejidad de su trama, distinta a la mayor parte de los libros para niños. Desde el primero (Harry Potter y la piedra filosofal) hasta el cuarto de los tomos que han sido publicados (Harry Potter y el cáliz de fuego) los personajes de Rowling están lejos de los buenos siempre buenos y los malos invariablemente repulsivos que pueblan la literatura exitosa, tanto para niños como adultos.

A sus lectores Potter les resulta simpático porque tiene capacidades para la hechicería pero porque antes que nada, criado en el mundo no mágico, es un niño como tantos otros. Ha padecido malos tratos con los tíos que lo adoptaron a la muerte de sus padres pero cuando descubre sus capacidades mágicas no se vuelve vanidoso ni por ello deja de tener debilidades, envidias y antojos como cualquier otro niño.

Las novelas de Potter cuentan con la complicidad del lector para suponer que, de manera paralela al nuestro, existe un mundo de magos que conviven entre nosotros pero con costumbres, jerarquías, instituciones y reglas propias de su condición. El de los magos es un universo a semejanza del de la gente sin esas facultades (los muggles, nos denominan) con un Ministerio encargado del gobierno y con funcionarios que no son ajenos a ambiciones de poder e incluso a traiciones entre ellos, un sistema educativo del que forma parte el colegio Hogwarts, un banco en donde cada familia –pobre o rica– deposita su capital, tiendas especializadas en artículos para magos, torneos internacionales de quidditch que es el deporte más popular entre ellos, medios de transporte propios, intentos de clases entre explotados y explotadores (en el cuarto volumen Hermione, la amiga de Potter, quiere organizar a los sirvientes que son una especie de inframagos y que padecen permanentes abusos) e incluso un diario –El Profeta– cuya reportera estrella, Rita Skeeter, es paradigma del periodismo chismoso y amarillista.

Famoso por haber sobrevivido al mago diabólico que mató a sus padres, Potter enfrenta monstruos mitológicos y serpientes milenarias con el desparpajo que cualquiera de sus jóvenes lectores quisiera tener ante peligros similares. Mas que con sus recursos mágicos sale adelante a golpes de tesón y valentía, atributos de todo héroe que se respete. Y de la misma forma que protagoniza combates que los magos adultos rehuyen, Potter se embelesa con unos dulces, se apasiona con el deporte, se enfrenta a los pequeños perversos que lo molestan en el salón de clases, les teme a los maestros gruñones y se enamora de alguna de sus compañeras de escuela. La magia de Rowling ha consistido en erigir ese universo paralelo compuesto por personajes fantásticos y hacerlo asequible a sus lectores a través de la identificación con Harry Potter: un niño que sufre, quiere, goza, codicia e incluso odia y pelea igual que todos los de su edad.

Harry Potter y la

prueba de fuego

Antes de la colosal campaña mediática que promueve la película que se acaba de estrenar en todo el mundo, la fama de Harry Potter corrió de boca en boca. El libro se abrió paso él solo, sin las toneladas de publicidad que hoy conocemos. Rowling recuerda que el agente al que envió primero el manuscrito de La piedra filosofal (y que ahora debe ser uno de los hombres más deprimidos en Gran Bretaña) se lo rechazó. Un segundo agente se interesó por la historia pero tardó un año en encontrarle editor <!–[if !supportFootnotes]–>[3]<!–[endif]–>. Ya en circulación, sus lectores fueron los mejores propagandistas de Harry Potter y las ediciones comenzaron a agotarse.

Rowling asegura que desde el comienzo pensó que escribiría siete volúmenes. Los cuatro que se han publicado alcanzan, en la edición en español, 1534 páginas (tan solo el más reciente tiene 635).

Un lector promedio requiere de, cuando menos, medio centenar de horas para recorrer todas esas páginas. Se necesitan varios días, a lo largo de algunas semanas, para agotar la serie hasta donde ha sido publicada. De ese tamaño ha sido la hazaña de millones de niños y muchachos que han postergado otros entretenimientos para sumergirse en el mundo del pequeño mago de la cicatriz en la frente. Para la mayoría encontrar a Potter ha sido descubrir, o tomar en serio, el mundo de la lectura. Muchos pasan de allí a otros libros. Se trata de la reivindicación más masiva y planetaria que, en estos tiempos de globalización dominada por el lenguaje de las imágenes, se haya realizado a favor de la lectura.

Por eso no deja de ser paradójica la asimilación que la industria del espectáculo hace del mundo de Potter. La película sobre el primer libro está llamada a ser el éxito cinematográfico más grande de la historia.

Harry Potter y el

prisionero de la taquilla

En su estreno (inicialmente en Inglaterra, luego Estados Unidos, desde el 30 de noviembre en México y así por todo el orbe) esa cinta ha recaudado más dinero que cualquiera de sus predecesoras en el universo de las producciones más publicitadas. Durante los primeros tres días de exhibición en la Unión Americana la taquilla fue de 90.3 millones de dólares (la marca más alta era “El mundo perdido: Jurassic Park” que en 1997 vendió entradas por 72.1 millones de dólares en tres días). El desaliento que la tragedia del 11 de septiembre y sus secuelas desataron entre los públicos de los espectáculos no inhibió la asistencia masiva a esta cinta de la Warner Brothers. La película ha sido exhibida simultáneamente en 3 mil 672 cines en todo Estados Unidos en un total de 8 mil 200 pantallas (muchos cines tienen más de una sala) que constituyen casi la cuarta parte de todas las que hay en ese país.

El afán por imbricar el mundo mágico de Potter con la muy humana (aunque a menudo desalmada) economía de mercado ha tenido como consecuencia la fabricación de productos de toda índole con los temas de los libros y la película. El game boy acerca de las aventuras con la piedra filosofal, las figuras de Mattel que representan a los estudiantes de la escuela de magia y el castillo para armar de Lego estarán entre los juguetes más vendidos esta temporada de fin de año.

Harry Potter y la orden

de los Hermanos Warner

Cada uno de esos productos ha tenido que ser autorizado, previo convenio de regalías, por la Warner. La defensa de los derechos patrimoniales de ese consorcio sobre la imagen de Potter llevó el año pasado a sus directivos a exigir la cancelación de los sitios de Internet cuyos domicilios tenían alusiones al mago.

Centenares de niños y jóvenes crearon sus propios sitios en la red de redes para volcar su afición por las aventuras de Potter. Hace cerca de un año algunos de ellos recibieron amenazadoras cartas de los abogados de la Warner para exigirles que los sacaran de línea y no volvieran a emplear domicilios web con términos alusivos a Harry sus correrías. Sitios como http://harrypotterguide.co.uk/, http://harrypotter-world.com/ y http://www.hogwartsonline.net/ hubieran quedado suspendidos si sus creadores, la mayoría de ellos menores de edad, no hubieran exigido su derecho a utilizar la Internet para ocuparse de Potter. El movimiento en defensa de esas páginas se organizó en torno al sitio http://www.potterwar.org.uk hasta que la Warner dio a los internautas simpatizantes de Potter garantías de que no tendrían que eliminar aquellas páginas.

La presencia de la potter-manía en la Internet es incalculable. A fines de noviembre Goggle.com, el buscador de mayor cobertura en la Internet, registraba un millón 20 mil páginas en la red que mencionaban el nombre de Harry Potter. La gran mayoría de ellas seguramente eran páginas de diarios o revistas o espacios de discusión que han registrado la fama de ese personaje. Cuando buscamos páginas que contuvieran el nombre de Potter, el del colegio de magia Hogwarts y los de sus amigos Ron Weasley y Hermione Granger (todos ellos nombres indispensables en cualquier descripción de las novelas de Rowling) Goggle ofreció una lista de 3 mil 310 sitios. De ellos, 2650 son sitios en inglés y 235 en español.

La gran mayoría de esos sitios son mantenidos por aficionados a las novelas de Potter. Algunos más venden artículos relacionados con los niños magos o están vinculados con la Warner. También existen aquellos que despliegan nuevas campañas en defensa del que sus promotores consideran el espíritu original de la saga de Harry Potter. El sitio http://www.saveharry.com/ está dedicado a promover mensajes para que la autora de las novelas, J.K. Rowling, se oponga a que la figura de Potter sea comercializada por la Coca Cola, empresa que le pagó a la Warner Bros 150 millones de dólares por el derecho a asociar el refresco con la magia del joven británico. Ese sitio tiene una versión en español: http://www.saveharry.com/espanol.html Es difícil que la autora quiera desligar a Harry Potter de la Coca Cola. Los derechos por ese contrato le produjeron, a ella sola, 15 millones de dólares. Es algo más que los 4 mil dólares que recibió en 1997 por la venta del primer libro, antes de que Potter fuera planetariamente conocido.

Harry Potter y la

cámara indiscreta

Harry Potter creció solo, en la imaginación y el gusto de sus lectores que pregonaron las virtudes de los primeros libros. Sin parafernalia publicitaria alguna la contienda del joven Harry contra el siniestro Voldemort, el mago que mató a sus padres y que ansía dominar al mundo fueron conocidas por miles de miles de lectores. Ahora Potter será varias veces más popular. Su efigie aparece en grandes carteles en las principales ciudades del mundo y se vende en tazas, playeras, sábanas, plumas, juegos electrónicos y de plástico, refrescos y cuadernos, entre tantas otras expresiones de la imponente mercantilización de ese personaje.

La nueva batalla de Harry Potter es contra su propia imagen. La versión cinematográfica de La piedra filosofal encontrará adeptos y desafectos como suele ocurrir cuando una obra literaria es llevada a la pantalla. Los lectores fieles encontrarán (como ya hacen, con vehemente pasión detallista en todo el mundo) discrepancias entre la versión fílmica y la obra escrita.

Muchos quedarán contentos con la reproducción de sitios y personajes que hasta ahora solamente habían vislumbrado en la lectura. Otros echarán de menos la versatilidad que siempre ofrece el texto, que no puede traducirse en imágenes si no es con la colaboración del lector que imagina las situaciones del relato escrito.

La industria de los medios no toleró –o dicho de otra manera, no quiso desperdiciar– el auge de Harry Potter como asunto literario. Igual que con cualquier personaje de la vida pública contemporánea (políticos, artistas, deportistas, héroes cívicos, criminales notorios) la industria del espectáculo no permitió que este personaje de ficción se desarrollase al margen de ella. Su éxito tenía que ser incorporado –y de esa manera mediatizado– al circuito industrial del entretenimiento.

Potter, como negocio del espectáculo, adquiere dimensiones que multiplican su ya muy notable éxito en los libros. Pero al salir del texto la imagen del mago y sus coprotagonistas se estandarizará. Hasta ahora cada lector imaginaba a Potter y a su universo de ficción como mejor podía y quería. Las portadas de los libros no coincidían en la apariencia de ese personaje y más allá de ellas cada quien concebía como le daba la gana al bosque encantado, al castillo escuela, a la casa de los tíos, a los sótanos poblados de maldad, o al tren que conduce a Hogwarts. Esos y otros escenarios del mundo-Potter eran ejercicio de imaginación personal –idealización– a partir de la lectura.

Después de ver la cinta la lectura de Potter tendrá que ajustarse a los estereotipos que hemos conocido en la pantalla. La capacidad de evocación del texto quedará determinada por las miradas re-educadas en la versión cinematográfica. No es una tragedia, pero el imaginario potteriano será otra cosa.

La mayor prueba será para el hábito de lectura que han desarrollado los miles de miles que se reencontraron con el texto gracias a Harry Potter. Muchos de ellos regresarán al game boy y al televisor. Otros habrán ganado, en el placer de la lectura, una experiencia indeleble. Allí se encuentra un reto enorme para autores y editores de literatura para jóvenes y niños y también para quienes hacen programas de televisión dirigidos a ese público. Por lo pronto la ola expansiva de la potter-manía tiene ocupados, quién lo hubiera pensado, a los optometristas. En Gran Bretaña ha aumentado el deseo de los niños de 8 y 9 años para que les examinen los ojos y no porque sientan molestias visuales <!–[if !supportFootnotes]–>[4]<!–[endif]–>. Lo que quieren es tener anteojos para parecerse a Harry Potter.

(Raúl Trejo Delarbre).

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Solo para iniciados

Avances del volumen 5

La quinta novela del joven mago se llamará Harry Potter y la Orden del Fénix, tal vez haciendo alusión al hermoso pájaro de esa mitológica especie que descansa sobre una percha en el despacho de Albus Dumbledore, el director de la escuela de magia y que en más de una ocasión ha sacado de apuros al héroe de esta serie. La autora, J.K. Rowling, es reacia a anticipar la trama del próximo volumen pero asegura que lo entregará a la imprenta en el transcurso de 2002. Sin embargo en diversas entrevistas, muchas de ellas en Internet, ha dejado saber algunos detalles del quinto libro. El sitio www.mugglenet.com compiló algunos de esos datos.

“En el quinto volumen entramos en un área completamente nueva, un área que ustedes jamás vieron antes, un mundo mágico”.

“Será terrorífico. Harry encuentra muchas cosas con las que nunca había tropezado”.

Harry tiene que examinar exactamente qué significa la muerte, incluso de formas muy cercanas.

A los Dursley, sus tíos no magos, y les ocurre algo inesperado.

Se conocerán revelaciones acerca de la señora (Arabella) Figg.

Harry verá al auténtico Ojoloco Moody.

Averiguará por qué Voldemort mató a sus padres, Lily y James Potter.

Se sabrá algo GRANDE acerca de Lily Potter.

El nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras será una mujer.

El profesor Lupin aparecerá de nuevo.

Ginny Weasley (la hermana de Ron, el mejor amigo de Harry) jugará más de un papel en el quinto libro.

Uno de los seguidores de Harry morirá en este libro.

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<!–[endif]–>

<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> The New York Times, 11 de noviembre de 2001.

<!–[if !supportFootnotes]–>[2]<!–[endif]–> The New York Times, 4 de noviembre de 2001.

<!–[if !supportFootnotes]–>[3]<!–[endif]–> Lindsey Fraser, J.K. Rowling vista por J.K. Rowling. RBA, Barcelona, 2001, 80 pp.

<!–[if !supportFootnotes]–>[4]<!–[endif]–> http://movies.eonline.com

He tenido que cerrar los comentarios a este texto porque la gran mayoría de las entradas que colocaban eran publicidad y/o spam. Lo siento.

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