Adolfo Sánchez Vázquez

La Crónica, noviembre 21 de 2001

Los premios nacionales de Ciencias y Artes de este año reconocen trayectorias destacadas y le permitirán al Estado mexicano reencontrarse, aunque sea brevemente, con la creación y la inteligencia.

El premio de Literatura es compartido por dos escritoras de sostenida trayectoria. Luisa Josefina Hernández, novelista y dramaturga, es parte de la generación del medio siglo anterior que renovó las letras mexicanas. Elena Poniatowska ha hecho literatura y periodismo, a veces con tanta intensidad política que en su obra la calidad artística se llega a confundir con la ideología; pero sin duda aportaciones suyas como Hasta no verte Jesús mío y la investigación que desembocó en La Noche de Tlatelolco forman parte de la cultura mexicana contemporánea.

Héctor García, cuyas fotos de espléndida calidad han nutrido la memoria de nuestro país en las décadas recientes, recibirá el premio de Bellas Artes.

El premio de Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales ha sido asignado a tres investigadores. El biólogo molecular Luis Rafael Herrera Estrella ha trabajado en la modificación genética de plantas en el Instituto Politécnico Nacional. El físico Luis de la Peña transitó de la ingeniería electrónica a la mecánica cuántica. El neurobiólogo Ricardo Tapia Ibargüengoitia ha estudiado el funcionamiento químico de las neuronas. Además De la Peña y Tapia, desde distintos puntos de vista, han participado intensamente en la transformación académica de la Universidad Nacional en donde son investigadores.

El premio en Tecnología y Diseño es para Alexandre Balankine que según se informa ha desarrollado métodos de exploración petrolera. El de Artes y Tradiciones Populares lo compartirán el músico tarahumara Erasmo Palma Fernández, el pintor de retablos Juan Rivera García y el polígrafo tapatío Ramón Mata Torres.

El premio nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía le ha sido adjudicado a don Adolfo Sánchez Vázquez, uno de los profesores más queridos en la UNAM y autor de obras esenciales en la reflexión filosófica de nuestros días.

Lo trajo la guerra civil española

En septiembre de 2000, en ocasión de su cumpleaños 85, a Sánchez Vázquez el gobierno de la Ciudad de México lo designó “Maestro distinguido”. Con ese motivo esta columna publicó una breve semblanza en donde decíamos que don Adolfo nació en Algeciras en 1915 y llegó a nuestro país a los 24 años, exiliado a causa del franquismo en España. Había militado en las juventudes socialistas y después de una misión de guerra que lo llevó a cruzar la frontera francesa ya no pudo regresar a su patria. Fue parte del primer grupo de refugiados españoles que vino a nuestro país en el barco “Sinaia”, gracias a la invitación del general Lázaro Cárdenas.

Sánchez Vázquez había estudiado filosofía en la Universidad Central de Madrid. Encontró empleo como profesor en la Escuela Normal de Morelia en donde estuvo tres años. Luego estuvo a cargo de una de las casas para niños del exilio español en la ciudad de México y más tarde se dedicó a traducir libros del inglés y el ruso. Incluso llegó a escribir un par de novelas a partir de los guiones de las películas Gilda que estelarizaba Rita Hayworth y Kismet de Marlene Dietrich.

En aquella ocasión recordábamos que en la UNAM, el entonces joven Sánchez Vázquez hizo la carrera de Letras y allí se encontró con otros intelectuales de la migración española. Así comenzó la tarea de reflexión que cristalizaría más tarde en obras como Filosofía de la praxis, Las ideas estéticas de Marx, Ética y su antología Estética y marxismo, publicadas en los años sesenta.

Todos esos libros, añadíamos, parten de una reivindicación crítica del marxismo y del trabajo humano, al que el doctor Sánchez Vázquez entiende como actividad creadora y libre. Frente a la estética sustentada en el culto a la personalidad que dominó en Europa del Este, ese filósofo avecindado en México defendió la creatividad y la diversidad de enfoques y formas de expresión muy diversos. El realismo no sería el único criterio para definir o valorar una obra de arte, según el enfoque de Sánchez Vázquez.

Esa concepción de la estética y su propia militancia política en el Partido Comunista Español –en el que participó desde el exilio– condujo a Sánchez Vázquez a una actitud cada vez más crítica, desde la izquierda, a los regímenes del llamado realismo socialista. La disidencia respecto de las vías únicas y la discrepancia con posiciones que en la izquierda comunista eran tomadas como doctrina indiscutible, fueron llevándolo a posiciones heterodoxas. Sin dejar sus principios, fue pionero en el cuestionamiento al gobierno de la URSS y sus satélites.

 

* * *

Del pensamiento de don Adolfo Sánchez Vázquez hay registro en más de una veintena de libros suyos y en numerosos ensayos. A continuación, una arbitraria y parcial pero –esperamos– indicativa selección de algunas de sus opiniones aparecidas en declaraciones y artículos de prensa. Todas las entrevistas citadas se encuentran en Francisco Álvarez, editor, Adolfo Sánchez Vázquez: Los trabajos y los días. UNAM, 1995.

Exilio y arraigo

“El exiliado vive siempre escindido: de los suyos, de su tierra, de su pasado. Ya a hombros de una contradicción permanente: entre una aspiración de volver y la imposibilidad de realizarla. Tiene por ello su vida un tinte trágico… Y cuando más avanza el tiempo, cuando más permanece y dura el exilio, tanto más crece la contradicción entre el ansia de volver y la imposibilidad de saciarla. Y sin embargo no se puede vivir un día y otro, un año y otro, y en ocasiones un decenio y otro, en vilo, en el aire, sin tierra, sin raíz, sin centro… Y es entonces cuando la contradicción, el desgarramiento que ha marcado su vida años y años, llega a su exasperación, tanto más cuando se repara que son ya pocos los que pueden experimentarla, y sobre todo, tanto más cuanto hay que contar con lo que durante años no existía. En verdad, las raíces han crecido tanto, tanto las penas y las alegrías, tanto los sueños y las esperanzas, tanto el amor y el odio, que ya no pueden ser arrancados de la tierra en que fueron sembrados”.

“Fin del exilio y exilio sin fin” (1977) en el libro Adolfo Sánchez Vázquez, Del exilio en México. Grijalbo, 1997.

Política sin moral

“La política se separa de la moral tanto si desconoce la autonomía (relativa, por supuesto) y la especificidad de ella, como si al afirmar una y otra lo hace con un criterio ajeno a la moral. En el primer caso, la moral se concibe –parafraseando el famoso aforismo de Clausewitz– como la continuación de la política por otros medios; en el segundo se introduce, como criterio propio e incompartido de la política, el instrumental o maquiavélico de la eficacia, medida ésta por el éxito alcanzado en la conquista, el mantenimiento o la destrucción del poder existente y ajena a toda consideración moral. O sea: la moral se disuelve en la política, en el primer caso, y la política se sustrae a la moral, en el segundo.

“Al disolverse la moral en la política con la pretensión de servirla, el servicio se convierte en servidumbre, ya que al perderse su autonomía y especificidad, se desvanece como comportamiento libre, voluntario y responsable ante la política. Al absorber así la política a la moral –si se trata de una pretendida política de izquierda–, ésta entra en contradicción –por la servidumbre que impone a la moral– con los valores asumidos de libertad y autodeterminación individual y social que definen políticamente a la izquierda, y con ello imprime un sesgo ajeno a sus valores propios en el terreno de la moral. Semejante servidumbre de la moral a la política es consustancial con los regímenes totalitarios, antidemocráticos o autoritarios, pues constituye el corolario forzoso de su política, y lo es también –como demuestra la reciente experiencia histórica– de los regímenes supuestamente socialistas que, con esa servidumbre, castran el contenido libertario y emancipatorio propio del socialismo”.

“Izquierda y derecha en política: ¿y en la moral?”. Artículo en La Jornada, 28 de febrero de 1996.

 

Reivindicación de la política

“(La) transformación del poder… es asunto no sólo de conciencia, individual, moral, sino de la actividad colectiva que llamamos política. Y corresponde, sobre todo a la izquierda, reivindicar su naturaleza propia en un mundo –como el actual– en el que el poder económico –tanto el interno de los empresarios como el externo de las instituciones financieras globalizadoras– tiende a reducir el ámbito de la política, o sea, tiende en el primer caso, a limitarla, al poner el poder político en manos de los empresarios, y en el segundo, a anularla al supeditar la política nacional a las instancias que rigen la economía mundial.

“La política es hoy tanto más necesaria cuanto que el sistema capitalista, con su fase actual neoliberal, trata de reducir el homo politicus al homo economicus y en cuanto que el viejo Dios del Dinero, o el nuevo ídolo del Mercado, tratan de imponer sus ‘virtudes’ –las de la competitividad y la productividad– en todos los campos y también, con su mercadotecnia, en la política”.

“Encuentros y desencuentros entre política y moral”. Ensayo en La Jornada, 3 de mayo de 2001.

Cuba

“…ese tipo de socialismo o lo que se presenta como tal, me parece que cae dentro de las objeciones que yo desde hace años he venido haciendo al modelo del llamado socialismo real. Y aunque naturalmente haya matices y variantes entre lo que se ha hecho en Cuba y en la desaparecida URSS, en cierto modo responde al mismo modelo de socialismo real que yo he criticado y combatido. Ahora bien, en las circunstancias actuales me parece que, independientemente de que se esté de acuerdo o no con ese modelo, hay que estar, en primer lugar, frente a la política de bloqueo y agresión que los Estados Unidos desde hace treinta años están llevando a cabo contra Cuba y que representa un obstáculo decisivo para que en la isla se den los cambios que creo necesarios para la democratización de su vida económica, política y social”.

Entrevista con Fernando Orgambides, El País, 12 de septiembre de 1992.

 

Transformación y globalización

“…Con el derrumbe del ‘socialismo real’ que se presentaba falsamente como la realización del proyecto emancipatorio de Marx, se ha avivado en algunos un desencanto y escepticismo de buena fe, pero también la apostasía de otros que habían asumido acrítica e incondicionalmente ese seudocialismo. En verdad, los vientos que hoy soplan, los de la globalización, no son favorables para una alternativa socialista. El capitalismo neoliberal extiende o globaliza sus males estructurales: la explotación, la miseria, la extrema desigualdad social, la erosión de la soberanía nacional y la brecha entre los países ricos y pobres, a la vez que el desarrollo científico y tecnológico rentable mina la base natural de la existencia humana y amenaza incluso, con sus usos genético y militar, a su supervivencia”.

Discurso al recibir el nombramiento “Maestro distinguido de la Ciudad de México” el 20 de septiembre de 2000.

 

Necesidad del arte

“Es un hecho comprobado que el hombre antes de hacer magia, religión, filosofía, política o ciencia ha hecho arte. Esto, unido a la comprobación de que es difícil encontrar sociedades sin arte, nos hace pensar que no estamos ante algo casual o accidental, sino necesario y esencial.

“Ciertamente casi siempre se ha hecho arte “para”, como medio o instrumento al servicio de un fin. En los tiempos más remotos se hacía incluso para satisfacer las necesidades más inmediatas: para sobrevivir (las pinturas prehistóricas de Altamira funcionaban como instrumentos –mágicos– de caza). Pero este arte de servicio (en los tiempos históricos al servicio de la religión o de la política) siempre ha exigido un plus sobre la magia, la religión o la política que hoy llamamos estético. Es lo que en nuestros tiempos quería decir Gramsci al afirmar que el arte puede servir a la política, pero “como” arte. Este poder del arte de transformar en arte lo que no es y de ponerse al servicio –como arte– de lo que no es tal, explica su necesidad en toda la sociedad. El pensamiento de Marx, al destacar la naturaleza creadora y la función social del arte, nos permite comprender la necesidad social de él”.

Entrevista con Javier Molina para unomásuno, 12 y 13 de marzo de 1983.

 

Creación y escritura

-…Nos gustaría que nos explicara su concepción del trabajo poético.

“La estética marxista al respecto tiene que quedarse en las tesis generales que subrayan el carácter de trabajo que tiene precisamente la práctica poética, el quehacer poético es un trabajo y, muchas veces, penoso, doloroso, angustioso; por algo se habla de la ‘agonía’ del ‘parto’ de la obra. Es además un trabajo creador que consiste en la transformación de un material verbal. Hacer que ese material se convierta en expresión de ideas, de sensaciones, es algo que desgraciadamente no está al alcance de cualquiera. Ni tampoco consiste en la observancia de ciertas reglas o normas. Es creatividad, libertad. La tesis romántica, todavía muy difundida, exalta la inspiración, invitando a los poetas a que se sienten a esperar que les llueva, que les soplen las musas no se sabe de dónde. Hay poetas, incluso clasicistas, que declaran que no saben cómo han hecho su poema ni para qué ni por qué ni dónde… El elemento creador del trabajo poético no puede ser jamás secundario, pero representa esfuerzo y oficio. Esfuerzo y oficio que a veces pueden llegar a extremos verdaderamente sorprendentes. Usted sabe que toda la obra de Antonio Machado cabe en un volumen no muy extenso; pues bien, me contaba hace años un amigo de Machado, que iba a verlo todas las mañanas, que al entrar en su habitación encontraba su cesto lleno de todos los borradores, de todas las correcciones y versiones que Machado había elaborado la noche anterior para escribir tan sólo ocho versos. De Tolstoi se conocen, a veces, hasta ochenta borradores de una sola de sus hojas. Todo esto viene a confirmar que escribir es una tarea seria que aunque creativa requiere disciplina, organización. Esto no quiere decir que lo que cualquiera realice con esfuerzo tenga valor. Ya decía el propio Machado que ‘la dificultad no tiene valor estético’”.

Entrevista con Julio Valle-Castillo y Luis Rocha Urtecho para Nuevo Diario de Managua, 8 de mayo de 1983.

 

La riqueza de la filosofía

-¿Cuál es el papel del filósofo en México?

“Naturalmente, dependerá del tipo de filosofía que profese. Dependerá de si su filosofía se limita a interpretar el mundo y dejarlo como está, o si se trata de que sirva como teoría a su transformación. Si –como marxista– se acoge a esta perspectiva, deberá contribuir a elevar la conciencia de que el mundo puede y debe ser transformado y que nuestra opción –la de una sociedad desenajenada– puede realizarse si se da el grado necesario de conciencia, organización y acción, razón por la cual esa realización no está dada inevitablemente. En momentos en que los sectores más agresivos del capitalismo en crisis recurren a las filosofías irracionalistas, escépticas, ‘asépticas´o nihilistas que se cuecen en los laboratorios ideológicos de Occidente y que pretenden influir entre nosotros para desmovilizar las conciencias, el filósofo marxista debe elevar más y más la función crítica y cognoscitiva de su filosofía. Pero sólo podrá cumplir esta tarea si la derechización intelectual y filosófica que nos llega de Europa occidental y que aquí encuentra algunas cajas de resonancia, se enfrenta con un pensamiento vivo, crítico y autocrítico”.

Entrevista con Oralba Castillo Nájera para Excélsior del 6 de abril de 1985.

 

Optimismo de la inteligencia

“Muchas verdades se han venido a tierra; ciertos objetivos no han resistido el contraste con la realidad y algunas esperanzas se han desvanecido. Y, sin embargo, hoy estoy más convencido que nunca de que el socialismo –vinculado con esas verdades y con esos objetivos y esperanzas– sigue siendo una alternativa necesaria, deseable y posible. Sigo convencido asimismo de que el marxismo –no obstante lo que en él haya de criticarse o abandonarse– sigue siendo la teoría más fecunda para quienes estamos convencidos de la necesidad de transformar el mundo en el que se genera hoy no sólo la explotación de los hombres y los pueblos, sino también un riesgo mortal para la supervivencia de la humanidad. Y aunque en el camino para transformar ese mundo presente hay retrocesos, obstáculos y sufrimientos que, en nuestros años juveniles, no sospechábamos, nuestra meta sigue siendo ese otro mundo que, desde nuestra juventud –como socialismo– hemos concebido, soñado, deseado”.

Vida y filosofía (1985) citado por Ana Lucas en Adolfo Sánchez Vázquez: Los trabajos y los días, UNAM, 1995.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

–0–

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s