Arrepentimiento

La Crónica, 16 de noviembre de 2002

El presidente Fox se arrepintió de arrepentirse. En un episodio que sería deseable calificar como insólito excepto porque cada vez que sale de viaje crecen sus contradicciones y desatinos, nuestro presidente se consideró arrepentido por haber anunciado, durante su campaña electoral, una meta de crecimiento que no ha podido cumplir.

   Luego se desdijo y le echó la culpa a los traductores de su discurso. El intento de enmienda fue peor. Las palabras del presidente están grabadas y, en descargo de los intérpretes de su oficina de prensa, es preciso reconocer que hicieron bien su trabajo. Fox sí dijo lo que luego quiso desmentir. Se arrepintió de arrepentirse.

   Cambiar de opinión puede ser comportamiento de gente prudente. Un desliz cualquiera lo tiene. Rectificar, sobre todo a tiempo, puede evitar problemas y en muchas ocasiones es síntoma de madurez y autocrítica. Por desgracia el presidente Vicente Fox no reconoció un error sino que quiso ocultarlo echándole a otros la culpa de lo que había dicho. Se trata de un comportamiento infantil, que resulta muy preocupante no solo porque estamos refiriéndonos al titular del Poder Ejecutivo de nuestro país sino porque forma parte de un reiterado afán para negar la realidad.

 

A little bit repent

   Está por escrito. Y grabado. A la reunión del presidente Fox con el Consejo de Representantes Permanentes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, la tarde del pasado viernes 15 en París, no pudieron entrar los reporteros que lo acompañan en su viaje por el extranjero. Por eso la versión estenográfica que la Presidencia de la República proporciona de cada alocución del licenciado Fox era más necesaria que de costumbre.

   El presidente Fox comenzó: “Voy a hablar en inglés. Pido disculpas por mi inglés, quizás no lo hablo muy bien”.

   El discurso estuvo dedicado a reconocer los problemas que ha encontrado el desarrollo de la economía en los dos años recientes y a subrayar que, a pesar de un contexto internacional desfavorable, a nuestro país no le va tan mal como a varios de nuestros vecinos latinoamericanos.

   Inmediatamente después de comentar sus limitaciones idiomáticas el presidente dijo:

   “No hay duda de que estamos insertos en un mundo que nos ha dado muchas sorpresas últimamente, especialmente en los últimos dos años. Recuerdo cuando fuí electo. En ese entonces habíamos hecho campaña con la idea de que incrementaríamos el crecimiento en México de 5.5 a 6 por ciento en promedio y que podíamos llegar a un siete por ciento, considerando ese siete por ciento el mínimo que necesitábamos para lograr el millón 250 mil nuevos empleos que necesitamos cada año”.

   A continuación, la frase en litigio:

   “Hoy me arrepiento un poco de haberme comprometido a ese crecimiento del siete por ciento, porque todos los días la gente, la opinión pública, los medios me recuerdan mi compromiso. El año pasado nuestro crecimiento fue cero, ningún crecimiento. Este año terminaremos con cerca del dos por ciento”.

   A pesar del pronóstico de 3 por ciento de crecimiento para 2003, el presidente admitió que “la realidad es muy diferente al optimismo que tuvimos hace dos años”.

   En la grabación de ese discurso se escucha con claridad cuando el presidente dice que ahora, está “a little bit repent”, un poco arrepentido por haber ofrecido un crecimiento muy superior al que México ha podido alcanzar.

   No hubo confusión del traductor. Tampoco se puede apreciar un uso incorrecto del lenguaje que el presidente pudiera disculpar recurriendo a su inglés.

   El término más usual para la palabra arrepentimiento es “regret” pero ese vocablo lleva aparejada una connotación de pesar. Por eso suele ser traducido, sobre todo, como “remordimiento”.

   En cambio “repent”, según el Webster’s Dictionary, significa “sentir pena por algo (un error del pasado, un pecado, una omisión, etc.)”.

   Una segunda acepción es “sentir tal remordimiento por algo (alguna acción pasada, una intención, etc.) que uno cambia de opinión”.

   Repent se deriva del latín paenitere e implica sentir dolor acerca de algo, o recordar algo con dolor.

   Así que tanto por su traducción literal como entendida en su contexto, la expresión del presidente Fox implica una retractación de su compromiso acerca del crecimiento económico. Cuando dice que en México la gente y los medios le recuerdan esa promesa “todos los días”, el licenciado Fox exagera pero esa expresión indica lo mucho que ha calado en su ánimo la imposibilidad para cumplir con ese ofrecimiento que hizo cuando buscaba el voto de los mexicanos.

 

Elizondo aplaudió tal sinceridad

   Más tarde, cuando los reporteros le preguntaron acerca de ese arrepentimiento, el presidente Fox desconoció lo que había dicho. “Francamente no sé quien les hace las traducciones, particularmente en la que acaban de señalar que yo hablé de arrepentimiento, jamás lo hice”, replicó.

   Cuando le informaron que las traducciones de sus mensajes las hace la oficina de prensa de la Presidencia de la República insistió en mentir: “Bueno, pues por eso, yo no sé quién les está traduciendo, pero está equivocado”.

   Para entonces el vocero presidencial, Rodolfo Elizondo, había justificado el arrepentimiento del licenciado Fox. Cuando algunos reporteros le comentaron que el reconocimiento ante la OCDE podría tener costos políticos Elizondo replicó que mientras más sincero fuese el presidente menores serían tales costos para su imagen.

   Pero si alguna virtud no tuvo el presidente Fox, esa misma tarde del viernes 15, fue la sinceridad. Al desmentir la expresión que estaba registrada incluso en la página web de la Presidencia de la República y que su vocero había dado por buena al justificarla e incluso ufanarse de ella, el presidente se desautorizó a sí mismo.

   Ni los traductores, ni Elizondo, ni los operadores del sitio en Internet, ni la agencia gubernamental Notimex que envió a todo el mundo las palabras auténticas del presidente Fox estuvieron equivocados. Pero debe ser muy desalentador trabajar para un personaje que a la primera ocurrencia desmiente lo que acaba de decir y desacredita sin reparar en las consecuencias el trabajo de sus colaboradores, comenzando por el funcionario que designó para hablar a nombre suyo.

   En un gobierno serio esa constituiría causa suficiente para que renunciaran varios funcionarios de Comunicación, comenzando por el titular de esa oficina. Pero no hay seriedad alguna en una administración cuyo titular, el presidente de la República, dice, desmiente y falsea con todo desparpajo, echándole a otros la culpa de lo que ha manifestado.

 

Incierto crecimiento

   Al presidente le interesaba subrayar que no se había retractado del crecimiento del 7% que auguró para México. Ese compromiso le ha causado problemas en varias ocasiones. Aunque durante su campaña presidencial habló de esa meta de desarrollo económico para el primer año de su gestión, más tarde dijo que se trataba de un horizonte para alcanzar al cabo del sexenio.

   Y si no se arrepiente (como, después del arrepentimiento, rectificó el viernes) pero tampoco sostiene expresamente el compromiso de llegar a ese crecimiento, la indefinición que queda resulta peor. Uno de los asuntos económicos respecto de los cuales el gobierno actual ha manifestado más contradicciones es la evaluación del crecimiento o el estancamiento productivos de cada año.

   A punto de llegar al primer tercio de su administración el presidente Fox carece de un horizonte definido. Cuando culpa a las circunstancias externas de la imposibilidad para lograr el desarrollo que anunció hace dos años, describe un panorama de inerme sujeción mexicana ante los vaivenes de la economía internacional.

   Ciertamente nos encontramos en una situación de profunda interrelación con otras economías, comenzando por la estadounidense. Pero cuando las circunstancias externas son el único argumento que ofrece para explicar la pobreza del desarrollo mexicano en este lapso, Fox se muestra como un presidente desprovisto de recursos y sin proyecto para salvaguardar los intereses económicos de su país.

   Ante el Consejo de la OCDE y a reserva de que mañana también desmienta esas afirmaciones, el presidente mexicano dijo:

   “En lo fundamental, en las variables macroeconómicas México es fuerte”.

   Esa expresión dibuja con claridad la visión del gobierno. Al presidente le interesan los datos gruesos, las grandes cifras de la economía. Pero no repara en los números desagregados que muestran las profundas desigualdades en la distribución del ingreso.

   El presidente Fox se ufana de que “México se encuentra dentro de las 10 economías más grandes del mundo”. Pero no dice que a la enorme mayoría de los mexicanos esa ubicación no le significa mejores salarios, mayor cobertura en los servicios de salud o educación, ni menos desempleo.

 

Acicate político

   El arrepentimiento no es de por sí censurable aunque tampoco soluciona siempre los errores respecto de los cuales se ofrecen excusas. De hecho, parece haber una tendencia mundial de distintos personajes que lo utilizan como recurso de proselitismo político.

   En un espléndido ensayo que apareció hace pocas semanas en el sitio openDemocracy (http://www.opendemocracy.net) la escritora británica Marina Warner, autora de numerosos textos acerca de mitos y metamorfosis culturales, disecciona las representaciones del arrepentimiento en la literatura y la política.

   En la presentación de ese ensayo los editores del sitio se preguntan: “¿Por qué el tema de la ‘disculpa’ ha llegado a tener una actualidad tan amplia? Tres posibles razones: el fin de la guerra fría, la diseminación de la democracia, un intento de las élites para conservar el poder o legitimarse a sí mismas delante del cambio social. ¿Quiénes están diciendo lo siento? Los gobiernos lo están diciendo a sus antiguos súbditos coloniales; o a los presos políticos en las post-dictaduras. Antiguos terroristas a sus blancos; banqueros y hombres de negocios a los clientes saqueados o perjudicados; las iglesias y las sectas a las víctimas de sus abusos. Todo el mundo se disculpa”.

   En su trabajo “Arrepentimiento: el estado actual de la disculpa” Marina Warner explica:

   “La disculpa se ha convertido en un acicate político. Comenzó antes de la actual administración en Washington, la cual no se disculpa. Probablemente ha crecido fuertemente después de entonces; no precisamente gracias al lenguaje de buenos y malos con que el presidente Bush ha moralizado la presentación de su gran estrategia. Bill Clinton se disculpó con muchos grupos, incluyendo ex prisioneros que habían sido utilizados en experimentos humanos acerca de la sífilis; se disculpó con las víctimas del conflicto civil en Rwanda, muchas de las cuales debieron haber sido salvadas, y se disculpó con El Salvador por una política estadounidense que no fue responsabilidad suya”.

   “La Reina del Reino Unido –añade– se ha disculpado formalmente con los maoríes por el tratado que los despojó de sus tierras en Nueva Zelanda; y se disculpó con la India por la masacre de Amristar en 1919. Tony Blair ha actuado como ella y se disculpó por la hambruna irlandesa. El Papa se ha disculpado en cerca de un centenar de ocasiones diferentes. En una especial Misa para el Milenio se abochornó por 2 mil años de injusticia de la Iglesia en una amplia súplica de perdón y purificación. Invocó los crímenes contra los judíos, las mujeres y las minorías en general y algunos episodios históricos en particular como las cruzadas y la inquisición. Después de invocar cada categoría lo que realmente dijo fue “perdonamos y pedimos perdón”.

   Marina Warner apunta que el Papa, sin embargo: “No mencionó la complicidad del Vaticano con el fascismo en Italia y Alemania y omitió cualquier ruego por el tratamiento cometido con los homosexuales. Así que mientras su reconocimiento de la culpa de la iglesia y su arrepentimiento fueron convincentes y calurosamente bienvenidos para algunos, para otros no resultaron suficientes”.

 

Actitudes sacerdotales

   La autora que estamos citando considera que no basta con esa oleada de repentinos arrepentimientos:   “Soy muy recelosa acerca de la corriente que empuja este diluvio de disculpas… Para ser anecdótica, el término ‘perdón’ es casi mi manera de decir ‘hola’. Es quizá la palabra que empleo más a menudo –a veces como una manera de llamar al mesero o, incluso, no llego muy lejos diciéndola cuando alguien pisa mi pie. Debe haber un sentido de clase en eso, o una cierta formación y conciencia liberal. (Decir ‘perdón’ puede ser un estilo de vida). Más en serio, quiero dar mi respaldo a los actos –expresiones verbales– que representan aborrecimiento en contra de la maldad, al aceptar que olvidar y perdonar es la mejor parte, y reconocer el encantador poder del lenguaje para suscitar cambios en el aire –airear cualquier cosa, incluso insustancial, es airear algo de todos modos–. Como dice Hipólita en El sueño de una noche de verano, un relato hecho de palabras inmateriales puede causar una impresión permanente, puede ‘llegar a ser algo de gran persistencia’”.

   Pero en el campo de la política, “las disculpas públicas que hacen los dirigentes de los asuntos mundiales los ubican en actitudes sacerdotales; Tony Blair no está directamente implicado en los hechos por los cuales se ha disculpado, tampoco Clinton. Sin duda, ellos se muestran a sí mismos algo más reticentes a disculparse cuando están directamente involucrados. Sus retractaciones verbales son mágicas, actos sacramentales, diseñados para aliviar y apaciguar y limpiar el odio y el rencor. Tales disculpas son como rituales religiosos para exorcizar demonios. El propósito en el presente, respecto de los partidarios potenciales, es generar la identificación que acompaña a la experiencia compartida de la cicatrización, sin embargo momentánea”.

   “Tales disculpas difieren de las declaraciones públicas de responsabilidad y arrepentimiento de aquellos directamente involucrados, a aquellos que han sido lastimados. Ni los discursos sacerdotales ni la sanación son jurídicas o políticas en el sentido tradicional. Pero en tanto la política se vuelve crecientemente presidencial y como la política presidencial se vuelve crecientemente sacerdotal, es importante evaluar el cambio y no solo descartarlo debido a todo su cinismo. Como escribe Roy L. Brooks en su libro de ensayos Cuando no basta decir perdón, ‘lo que está sucediendo (en la era de la disculpa) es más complejo que la ‘contrición chic’ o la ‘canonización del sentimentalismo”.

   El presidente Fox a veces comparte esa proliferación de la disculpa pero luego se arrepiente. En esta abundancia de retractaciones y desmentidos quienes más arrepentidos comienzan a estar son muchos de quienes votaron por él hace dos años.

   Ahora, lo que viene, es el debate sobre la mujer que el presidente quiere ver en la Presidencia de la República. Claro, hasta que se arrepienta de ello.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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