Borges para presidentes

La Crónica, 11 de febrero de 2002

Invitada al programa del presidente Vicente Fox, la escritora Ángeles Mastretta llevó, como regalo para el anfitrión y los radioescuchas, un breve texto para leer en voz alta. De entre todos los autores posibles eligió a Jorge Luis Borges de quien escogió el breve poema “Los Justos”.

   La selección del autor argentino cuyo nombre ha sido reiterado por motivos fortuitos en la discusión política mexicana, manifestó una intencionalidad crítica. Además el contenido del poema borgiano, actual y aleccionador siempre, cobra peculiar actualidad en la situación mexicana de nuestros días.

   Junto al gozo por las sencillas maravillas de la vida diaria en esas líneas puede encontrarse una redención de la tolerancia. No es un texto escrito con la intención de ser conocido por gobernantes, pero a quienes ejercen el poder (o a quienes solamente lo contemplan) no les viene mal deambular por este poema de Borges:

   “Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.

   El que agradece que en la tierra haya música.

   El que descubre con placer una etimología.

   Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

   El ceramista que premedita un color y una forma.

   El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

   Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

   El que acaricia a un animal dormido.

   El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

   El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

   El que prefiere que los otros tengan razón.

   Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo”.

   La autora de “Mujeres de ojos grandes” comentó que el poema habla “de las personas a las que nadie considera de excepción y que
sin embargo, los son por eso mismo”.

   “Los Justos” forma parte de “La Cifra”, uno de los últimos libros de Borges publicado en 1981, cinco años antes de su muerte. El autor argentino advierte en la presentación de ese poemario:

   “El ejercicio de la literatura puede enseñarnos a eludir equivocaciones, no a merecer hallazgos. Nos revela nuestras imposibilidades, nuestros severos límites. Al cabo de los años, he comprendido que me está vedado ensayar la cadencia mágica, la curiosa metáfora, la interjección, la obra sabiamente gobernada o de largo aliento. Mi suerte es lo que suele denominarse poesía intelectual. La palabra es casi un oximoron: el intelecto (la vigilia) piensa por medio de abstracciones, la poesía (el sueño), por medio de imágenes, de mitos o de fábulas. La poesía intelectual debe entretejer gratamente esos dos procesos…”

   Borges aborrecía la política y, cuando se ocupaba de ella, lo hacía con desprecio e irreverencia intencionales. En ese terreno era un hombre profundamente conservador. Abominaba del Estado y descreía de la democracia a la que llegó a calificar como “ese curioso abuso de la estadística”.

   Partidario del individualismo, el autor de la “Historia universal de la infamia” prefería postular la ética personal como remedio a los abusos que muchos otros consideran que solo pueden remediarse con la acción de la política. En el relato “Utopía de un hombre que está cansado” uno de sus personajes sueña con el momento en que ya no habría más gobiernos:

   “-¿Qué sucedió con los gobiernos?

   -Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más compleja que este resumen”.

   Dispersas y discutibles, las ideas políticas de Borges han sido marginales en su obra pero nunca han dejado de causar curiosidad e irritación. Recientemente Martín Krause, de la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas de Buenos Aires, publicó un ensayo sobre “La filosofía política de Jorge Luis Borges” en donde rescata esta drástica opinión borgiana acerca de  los políticos:

   “En primer lugar no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad… La profesión de los políticos es mentir”.

   La lectura de “Los justos” en el programa presidencial del sábado permite recordar, con Borges, no solo a las personas habitualmente ignoradas en el debate público sino, con ellas, los versátiles caminos que tiene la salvación del mundo.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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