Covey, el gurú de Fox

La Crónica, 11 de junio de 2002

¿Qué tienen en común AT&T, Ford, Marriot, Xerox, Bill Clinton y Vicente Fox? Amén de que son nombres que evocan poder (sea económico o político) todas estas entidades y personajes también han sido asesoradas en algún momento por Stephen Covey, autor de The Seven Habits of Highly Effective People y uno de los pensadores más famosos en los temas de motivación y desempeño.

   En esos términos circula por todo el mundo la propaganda de Covey cuyo libro más conocido ha vendido, según sus editores, más de 12 millones de ejemplares en 33 idiomas.

   Las similitudes entre nuestro presidente y las empresas telefónica, automotriz, hotelera y de máquinas para oficina que se mencionan en esos anuncios no se deben, al menos según esa publicidad, a una visión común del mundo o al afán para entender los acontecimientos contemporáneos a partir del tamiz de los negocios privados.

   Tales negocios, y personajes como Mr. Clinton y Mr. Fox, se encuentran hermanados en los servicios que les ha proporcionado la empresa de Mr. Covey, una consultora internacional que lo lleva por el orbe ofreciendo conferencias acerca de asuntos motivacionales y superación personal.

   Hace un par de semanas Covey estuvo en México para participar en un seminario empresarial. Fue uno más en los numerosos viajes que ha realizado a nuestro país en los últimos años.

   Cuando Fox era gobernador de Guanajuato, Covey lo asesoró en la integración de su equipo de trabajo. Y cuando el actual gobierno estaba por tomar posesión, en la última semana de noviembre de 2000, ese predicador de temas motivacionales les ofreció a Fox y a quienes serían sus secretarios de Estado un curso de dos días acerca del tema de su best seller  Los 7 hábitos de la gente altamente eficaz”.

 

Sinergia por liderazgo

   Su cercanía con el presidente Fox le ha proporcionado tanta familiaridad con los asuntos de nuestro país que en su reciente estancia Covey se prodigó opinando acerca de la política mexicana.

   Interrogado sobre el desempeño presidencial, ese consultor dijo que Vicente Fox ha sido bien líder pero no ha podido desplegar todas sus capacidades porque el Congreso le ha puesto “una chaqueta de fuerza”.

   Para Covey, los recientes enfrentamientos entre miembros del gabinete son evidencia de la capacidad del presidente Fox y no de lo contrario como han opinado muchos otros observadores. “Más que falta de liderazgo, yo diría que es lo contrario. Sin diferencias no podría haber sinergia. Ese es justamente uno de los elementos de la democracia en una sociedad abierta”.

   Esa voltereta retórica para justificar la que desde otros puntos de vista ha parecido riesgosa ausencia de liderazgo, forma parte de los recursos de Covey cuyas “reglas” para la eficacia en el desempeño humano pueden ser entendidas según la circunstancia y la conveniencia de cada quien.

   Con la misma holgura, ese consultor es capaz de justificar el desempeño de gobernantes de muy distintas tendencias vertientes ideológicas siempre y cuando estén de acuerdo en pagar sus honorarios, que no deben ser bajos.

   Consultor de más de 250 empresas ubicadas en la lista de los 500 negocios más prósperos en el mundo, ese experto ofrece sus conferencias y asesorías a través de la empresa Franklin Covey de la cual es fundador y vicepresidente. Su mensaje es siempre el mismo: reconociendo necesidades de la gente pero antes que nada sus posibilidades y limitaciones, es posible mejorar el perfil tanto de una compañía privada como de un gobernante.

   Para Covey no existen, esencialmente, distinciones entre el mundo de los negocios y el ámbito de la política. En ambos hay nombres y firmas que ofrecen servicios o mercancías a clientes cuya circunstancia es preciso entender para que exista una relación fructífera entre ambas partes.

 

“No atorarse en las críticas”

   Esa identificación de los asuntos públicos con criterios y valores de la empresa privada no ha sido obstáculo para que a Covey lo contraten presidentes y gobernantes como Kim Tae Jung de Corea del Sur, Nelson Mandela de Sudáfrica y George Bush padre, de los Estados Unidos.

   Con esa experiencia Covey aconsejó el 6 de junio pasado, cuando estuvo en México para ofrecer un seminario a ejecutivos de empresas, que cuando sus secretarios de Estado tienen diferencias el presidente Fox “no es para decir quién tiene razón, sino para comunicar… De otra manera es como tener un montón de egos políticos peleando entre sí, en vez de encontrar una conciencia común para la Nación”.

   Sin embargo admitió: “Si persiste la falta de consensos las viejas estructuras frenarán el enorme potencial del pueblo mexicano”.

   Las grandes expectativas que el presidente Fox levantó a su llegada al gobierno han comenzado a deteriorar su presencia pública, en opinión de Covey. “La idea de que un solo líder vendrá a hacer todos los cambios es un concepto obsoleto del pasado”.

   Por ello habría que “desinflar” esas expectativas a fin de que los ciudadanos le tengan más paciencia a la actual administración. “Si el gobierno del Presidente Fox puede tener la capacidad de darle la vuelta a esa esquina, ayudará a colocar a este país en una autopista y la productividad del país asombrará al mundo”.

    “Hay que permanecer en el camino, seguir comunicando la visión y los valores y no atorarse en las críticas” dijo, revelando de esa manera una de las recetas que le ha proporcionado al presidente Fox y que, como puede apreciarse, el presidente mexicano ha cumplido de manera escrupulosa.

   El desdén por las opiniones distintas a las que prevalecen el gobierno, la intención de mantener inercias aunque no exista un rumbo claramente definido y la reiteración de propósitos demasiado generales –que no atienden a necesidades coyunturales y tampoco alcanzan a conformar un proyecto de país– son actitudes recurrentes en el gobierno, comenzando por el presidente.

   Esas declaraciones de Covey las publicó el 7 de junio el diario Reforma. De inmediato fueron reproducidas en el sitio de Internet de la presidencia de la República. De manera vistosa y con traducción al francés, esa nota fue colocada en medio de los discursos del presidente Fox. Es evidente, hasta en esos detalles, la identificación del actual gobierno con Mr. Covey así como con sus recomendaciones y recetas.

 

El presidente Fox “asimiló bien”

   Covey ofreció la conferencia “Cómo vencer a través de las personas en la nueva economía” en un evento denominado Expo Management México 2002. Allí reiteró algunas de sus fórmulas para las organizaciones empresariales o políticas. Lo básico es, considera, la confianza y la integridad. “Los altos ejecutivos no son bomberos. No pueden apagar todos los incendios. Por eso, deberían aprender a centrar su vida sólo en las tareas de más alto rendimiento. Hoy es vital que los líderes se concentren en lo que para ellos resulte verdaderamente importante”.

   Esas fórmulas fueron inculcadas al equipo del nuevo gobierno durante la última semana de noviembre de 2000. Más tarde Covey recordaría de esta manera la utilidad de aquel seminario: “Estos principios fueron muy bien asimilados por Fox durante el entrenamiento intensivo de dos días”.

   Una de sus asistentes consideró: “Fue una gran experiencia trabajar con el presidente Fox. A él lo conocimos desde que era gobernador de Guanajuato, pero a su gabinete no, y fue un placer convivir con todos ellos”.

 

Nuevo clásico político

   La influencia que tienen las fórmulas de Covey en el presidente Fox y al menos algunos de sus principales colaboradores hacen necesario voltear hacia ese conferencista y escritor, cuyos textos fueron inicialmente preparados para ejecutivos y corporaciones privadas. El solo hecho de que una colección de normas del mundo de los negocios orienten actitudes dentro de un gobierno, no solo es signo de nuestros tiempos sino ante todo indicio de un viraje respecto de los principios que solían orientar la actividad pública.

   Considerar que un gobierno puede ser conducido como si fuese una empresa ya parece suficientemente grave. A diferencia de las firmas privadas que tienen como meta fundamental la ganancia de réditos económicos, un gobierno está obligado a representar el interés público.

   El campo de prioridades y las metas básicas de una empresa y un gobierno son radicalmente distintos. Pero esa diferencia, que durante siglos ha sido elemental en la ciencia política y en el cumplimiento de los asuntos públicos se difumina cuando hay gobernantes, como el presidente Fox, que orientan sus procedimientos y decisiones a partir de fórmulas de superación individual para la eficacia empresarial.

   Quizá los analistas políticos han equivocado el marco de referencia al tratar de entender al actual gobierno mexicano a partir de la teoría del Estado, su imbricación con las élites, las reflexiones acerca del cambio político en circunstancias de transición y el desarrollo de la competitividad partidaria y el comportamiento ciudadano en las sociedades modernas.

   Posiblemente todo ese bagaje conceptual tenga que ser prescindible ante la constatación de que no hay pensamiento específicamente político, sino una intencional despolitización en aras del individualismo de manual, en la orientación general de la actual administración presidencial en nuestro país.

   Quizá más que actualizar a Linz, poner en contexto a O’Donell, consultar a Sartori, desempolvar a Dahl o acudir a Popper, nuestro análisis político tenga que ser más realista. Stephen R. Covey es el autor de cabecera (suponiendo que en la cabecera no caben libros mas que de un solo autor) de quienes gobiernan en México. El problema es que, a pesar de los 7 Hábitos, no se ve por dónde aparezca la eficacia.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/


 

PRONTUARIO

Primero, claro, lo primero

Inicialmente publicados en 1989, Los Siete Hábitos que Covey recomienda para que los ejecutivos y gobernantes sean gente eficaz han experimentado ligeras variantes según las circunstancias en las cuales ese autor los presenta. Hace un par de años publicó una versión de sus siete fórmulas adaptada a las circunstancias tecnológicas de nuestros días. Este es un resumen.

   1. Sea proactivo. Pregúntese a sí mismo ¿estoy definiendo mis actos a partir de elegir entre mis valores y preferencias, sentimientos y circunstancias? A menudo nos sentimos víctimas de toda la tecnología –correo electrónico, correo de voz, localizadores, faxes, teléfonos celulares– que nos bombardea a diario. Nos convertimos en esclavos de la tecnología y sentimos que debemos responder inmediatamente sin tomar en cuenta la importancia del mensaje.

   2. Comience pensando en el final. Pregúntese: ¿qué quisiera que escribieran en mi lápida? ¿He redactado una declaración de intenciones personales que proporcione significado, propósito y dirección a mi vida? ¿Mis acciones se derivan de esa misión?

   3. Primero lo primero. Pregúntese: ¿estoy dispuesto a decir no a lo que no es importante, independientemente de cuán urgente sea y a decir sí a lo importante? Cuando el celular está llamando y el encabezado del e-mail dice urgente, nos sentimos apremiados a abandonar lo que estábamos haciendo, para responder. Pero a menudo esas interrupciones no se relacionan con lo que estamos tratando de lograr.

   4. Piense en gano-ganas. Pregúntese ¿estoy buscando beneficios mutuos en todas mis relaciones?  Para construir una relación de alta calidad es importante, cuando sea posible, tener primero interacción cara a cara. La segunda opción es hablar por teléfono.

   5. Trate de comprender antes de ser comprendido. Pregúntese ¿evito hablar inicialmente acerca de mis preocupaciones en vez de expresar mi entendimiento al punto de vista de la otra persona? Para escuchar efectivamente usted debe emplear los mismos instrumentos de comunicación.

   6. Sinergice. Pregúntese ¿busco y aprecio opiniones, puntos de vista y perspectivas de otros para crear soluciones que sean mejores que las que hubiera creado yo mismo?

   7. Afile la sierra. Pregúntese ¿estoy mejorando continuamente las dimensiones físicas, mentales, espirituales y sociales de mi vida?.


Contexto

Riesgosa ética del individualismo

   A pesar de la influencia que tiene en la actual clase gobernante, el pensamiento de Covey ha sido escasamente discutido en nuestro país. Pablo Latapí Sarre, reconocido especialista en asuntos educativos, publicó en el número 1289 de la revista Proceso uno de los pocos textos críticos que se han conocido recientemente en México acerca de Los siete hábitos de la gente altamente eficaz.

   Escribió Latapí: “Este y otros libros semejantes pueden verse como epítomes de un ideario que ha venido permeando en los últimos años la educación del país. La enseñanza privada, y en menor medida también la pública, han enarbolado ‘los valores del éxito’ como ideal educativo: se proponen formar en los jóvenes las virtudes de competitividad, eficiencia, pragmatismo, capacidad de resolver problemas y de procesar la información útil; más veladamente se estimula en ellos el afán de lucro y de poder, se les incita al consumo desenfrenado y se les inculca una visión materialista de la vida; el ‘éxito’ consiste en alcanzar el puesto más alto, el mejor salario y la posesión de más cosas. En función de estos valores se define la ‘excelencia educativa’ y con ellos se construye su ‘liderazgo’”.

   “La filosofía del éxito –añade el artículo aparecido el 15 de julio de 2001– se ha colado a la educación pública por las rendijas de las muy reales deficiencias de que ésta adolece: se la ve como el remedio de su mediocridad y conformismo y de sus irresponsabilidades toleradas y protegidas. Ante la competencia de una educación privada que pregona las virtudes contrarias, la reacción de algunas instituciones públicas ha sido equivocada; por falta de una definición consistente de calidad educativa y de capacidad crítica se han dejado llevar también por la fascinación de esta falsa ‘excelencia’. Deberían corregir sus vicios, ser eficientes, aceptar ser evaluadas y preparar a los jóvenes para la vida productiva, pero sin perder la perspectiva amplia del sentido de la vida; arraigar a los jóvenes en su realidad humana completa; y seguirse guiando por los valores humanistas y sociales del artículo tercero sin caer en las distorsiones individualistas y materialistas de la llamada ética del éxito”.

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