De las fotos, a los pactos

La Crónica, 1 de septiembre de 2002

Ayer en Los Pinos con el presidente Fox y tres días antes en Morelia sin la presencia del PAN, los dirigentes de los partidos van de un encuentro a otro, reiteran argumentos y enfoques, posan para las fotos, ratifican el sitio central que tienen en la deliberación de los asuntos públicos y acaso contribuyen a que el clima político no esté ceñido por los enfrentamientos.

   Reunirse y dialogar está muy bien. Constituye un principio de civilidad y madurez democráticas. Ahora, para transitar de las apariencias a las decisiones, será preciso que se desarrolle un auténtico proceso de intercambio y negociación. Los tironeos que también ayer proseguían en San Lázaro indicaban, al mismo tiempo, que el espíritu de avenencia está lejos de permear en todos los espacios del quehacer político.

   La reunión de este sábado en la casa presidencial permitió enderezar el entuerto que el gobierno había propiciado cuando, diez días antes, convidó solamente a los líderes del PRI y el PAN a dialogar con el titular del Ejecutivo Federal. Rosario Robles exclamó que el PRD no era plato de segunda mesa y los partidos pequeños reaccionaron con el despecho que muestran cada vez que no son convidados a los eventos mayores.

   Pero más allá del signo promisorio que siempre constituye el diálogo, la reunión de ayer tendrá que desembocar en una discusión sistemática e inevitablemente extensa, sin duda de menor espectacularidad, para que pueda suscitar decisiones conjuntas.

  

Flashes y poses en Morelia

   Mientras eso no ocurra, convivios y tertulias serán lucidores en noticieros y primeras planas pero sin resultados que se traduzcan en políticas públicas de amplio consenso, o en decisiones legislativas capaces de lograr reformas de gran aliento.

   Agenda con temas, plazos y métodos: ese sería el camino para que reuniones como la de ayer condujeran a un auténtico pacto nacional.

   De otra manera los dirigentes comenzarán a convertirse no en protagonistas de la política sino en escenografía de sus propios encuentros y la forma seguirá desplazando al fondo de los acontecimientos. Como en Morelia el miércoles pasado.

   Muy contentos, orondos frente a los flashes, sonrientes y sobre todo juntos, los dirigentes de cuatro partidos políticos aparecieron fotografiados en todos los diarios del día siguiente.   Habían acudido hasta la capital de Michoacán para reunirse en la hermosa Casa de Morelos. Llegaron, deliberaron, pactaron y firmaron. Y se dejaron tomar fotos.

   Nada menos, pero nada más. El “Acuerdo Político” que suscribieron los dirigentes del PRI, el PRD, el PT y el PVEM manifiesta muchas intenciones pero escasos compromisos.

   Sin embargo muchos cronistas y observadores de esa reunión, comenzando por los conductores de noticieros siempre a la caza de acontecimientos límite y resoluciones perentorias, presentaron al encuentro en Morelia como si allí se hubiera formado un bloque de expresa oposición a las reformas propuestas por el gobierno para la industria eléctrica.

   A la mayoría de quienes sostuvieron esa interpretación se les olvidó leer el documento, profusamente publicado en los periódicos del jueves 29 de agosto. En vez de ello se conformaron con la fotografía.

 

Juntos, Madrazo y Robles

   La imagen, ciertamente, era llamativa. No por la discutible estética de las sonrisas forzadas y los trajes ajados después del viaje a Michoacán, sino porque no ha sido frecuente que se reúnan los dirigentes de partidos tan antaño antagónicos como el Revolucionario Institucional y el de la Revolución Democrática.

   Pero allí estaban, literalmente hombro con hombro, Roberto Madrazo y Rosario Robles. Como si nunca se hubieran dicho todo lo que se han dicho en los años recientes. Como si sus partidos no tuviesen las rencillas mutuas que han cultivado desde hace tres lustros. Como si el encuentro de dirigentes de organizaciones tan enfrentadas fuese habitual en la todavía inmadura cultura política mexicana.

   Ese tipo de reuniones resulta aun tan infrecuente que muchos, con diversas razones, alzaron las cejas y comenzaron a sospechar.

   En política la suspicacia más que un exceso puede constituir, cuando no es el único recurso, una vía de interpretación de los asuntos públicos. Pero si no se asienta en realidades la suspicacia puede llevar a conclusiones apresuradas.

   Así ocurrió con el encuentro en Morelia. La foto alcanzó más repercusiones que el texto firmado por los dirigentes partidarios.

 

Discutir, principal acuerdo

   Después de hora y media de reunión a puerta cerrada, suficiente para exacerbar la expectación de los reporteros y para que se considere que hubo discusión intensa, los cuatro dirigentes dieron a conocer el documento. El borrador había sido elaborado, esa mañana, por representantes de los cuatro partidos.

   El hecho de que la reunión se hubiese realizado a invitación de la presidenta nacional del PRD, en un estado gobernado por ese partido y aparentemente en contraposición con el encuentro que una semana antes tuvieron en Los Pinos los dirigentes del PAN y el PRI, permitió suponer que las decisiones allí tomadas se ajustarían al enfoque perredista.

   Las carcajadas de Rosario Robles al escuchar a Madrazo después de la reunión parecían indicar que sus propuestas acerca de la reforma eléctrica habían prosperado.

   Alberto Anaya, líder del Partido del Trabajo y Bernardo de la Garza, coordinador de los diputados del Partido Verde, parecían testigos de la alianza PRI-PRD.

   Pero el único acuerdo que tomaron esos cuatro dirigentes fue seguir discutiendo.

   “México –dijeron– requiere de un nuevo pacto que le de rumbo y certidumbre a la nación, al que concurran todas las fuerzas…” Pues sí. Nadie negará la pertinencia de ese compromiso que, sin embargo, los partidos y otros sectores no han podido alcanzar pese a la insistencia de la secretaría de Gobernación en que hay un acuerdo nacional vigente y eficaz.

   Luego se insertó otra declaración de intenciones plausible, pero de escasos efectos prácticos:

   “En el México democrático de hoy todas las fuerzas políticas tenemos un espacio y compartimos la responsabilidad de conducir a la República. Ninguna debe ser excluida, a todas debe reconocerse su representación y su derecho”.

   Los dirigentes políticos se comprometieron a impulsar cambios legislativos para destinar más recursos al desarrollo social, a “un programa emergente de apoyo” y para que los programas sociales queden excluidos de los recortes presupuestarios.

   Si esos acuerdos tienen vigencia después de los siguientes días, tendrían que traducirse en acciones conjuntas de los senadores y diputados de tales partidos.

 

Rectoría, energía, soberanía

   Pero el tema central era la reforma eléctrica. Esa ha sido la causa de los recientes encuentros de dirigentes políticos de todos los signos.

   Al asunto eléctrico se le destinó el 35% (151 de 427 palabras) del documento suscrito en Morelia.

   En ese tema abundaron las frases ceremoniosas que visten mucho pero, puestas en contraste con disyuntivas reales, dicen poco:

   “Coincidimos en la necesidad de impulsar una reforma eléctrica que fortalezca la soberanía nacional”.

   El abasto de energía, dijeron también, debe ser “suficiente, confiable, de buena calidad y a tarifas justas y competitivas”.

   Ninguna fuerza política nacional estará en desacuerdo con tales fórmulas.

   Ni siquiera habría objeciones al siguiente compromiso:

   “Las empresas públicas deben seguir siendo la base del sistema eléctrico nacional. Representan la garantía de que el Estado mantendrá el control sobre un servicio público fundamental”.

   La propuesta de reforma eléctrica del presidente Vicente Fox no se propone aniquilar a la Comisión Federal de Electricidad sino abrir el mercado de grandes consumidores de ese servicio para que en él participen empresas privadas.

   El titular del Ejecutivo federal, si se lo propusieran, seguramente suscribiría la frase antes reproducida y también esta, acerca de la CFE y la Compañía de Luz:

   “Es necesario revisar su estructura orgánica, dotarlas de mejores instrumentos y de autonomía de gestión, para que, con los recursos que generen, puedan mantenerse y consolidarse como empresas productivas del Estado”.

   Tampoco la siguiente afirmación contradice la propuesta del gobierno federal para que haya empresas particulares en la generación y dotación de dicho servicio no a la sociedad en general sino a quienes consumen mayores cantidades de fluido eléctrico:

   “En materia eléctrica debe mantenerse la participación del Estado y su condición rectora. Es uno de los elementos de fortaleza de nuestra soberanía”.

 

Compañías privadas, sí o no

   Tales son, ni más ni menos, los compromisos de Morelia. El llamado “Acuerdo político por México” ha sido un pacto cuya principal y casi exclusiva consecuencia se encuentra en el terreno de la propaganda (ciertamente una de las áreas más politizadas en el espacio público de nuestro país).

   Por eso las fotos resultaron más contundentes que el contenido de tales acuerdos.

   Pero de la apariencia a la constitución real de un frente en contra de la reforma eléctrica que el gobierno ha sugerido, hay una distancia que el PRI no parece estar dispuesto a recorrer y          que el PRD no quiere reconocer abiertamente.

   Ese documento no contiene definiciones precisas, capaces de traducirse por sí solas, en medidas para alentar o entorpecer alguno de los proyectos de reforma eléctrica que han sido presentados al Congreso.

   Respaldar la hegemonía del Estado, la consolidación de las empresas públicas y el carácter social de la energía generada por ellas resulta compatible con la propuesta del presidente Fox, al menos dentro de los parámetros que el gobierno ha establecido.

   Para el gobierno, soberanía nacional y rectoría estatal en la electricidad no son contradictorias con la ampliación del mercado para legalizar y promover la participación de empresas privadas.

   Así que todo depende del sentido que se le quiera dar a los conceptos claves en este asunto.

   Hay quienes consideran que no hay soberanía nacional en la generación y distribución de energía eléctrica si tales actividades son compartidas por compañías cuyo interés no será el servicio público sino la ganancia privada.

   Los defensores de la exclusividad del Estado en ese mercado sostienen que el servicio eléctrico se encarecerá y su calidad será peor si las empresas públicas dejan de atender a los grandes consumidores, como pretende la iniciativa presidencial.

  

Dos fundamentalismos

   Y el gran tema de litigio, en donde también se está propiciando una resbaladiza ambigüedad en el sentido (semántico y jurídico) de algunos términos clave, radica en la necesidad o no de la reforma constitucional para aceptar la apertura del mercado eléctrico.

   La iniciativa presidencial reconoce que no hay más remedio que modificar la Constitución. Se trata, en ese aspecto, de una propuesta congruente –sin que por ello deje de ser discutible–.

   Algunos dirigentes del PRI aparentemente prefieren una interpretación torcida, para que la apertura del mercado eléctrico sea posible sin modificar la Constitución. De esa manera podrían respaldar el propósito básico de la propuesta del presidente Fox sin infringir la decisión de la Asamblea de ese partido que vetó cualquier cambio constitucional en materia energética.

   Pero por muchos vericuetos y resquicios que se busquen la Constitución es muy clara. Si se quiere abrir el mercado eléctrico a la participación de empresas privadas, resulta preciso modificar los artículos 27 y 28.

   No hay de otra. Pero eso no implica que la discusión tenga que entramparse entre el fundamentalismo de quienes consideran que la Constitución debe ser intocable y la intolerancia de aquellos que encuentran indispensable la privatización de todos los espacios de la actividad pública.

   El debate central tendría que ser, en primer lugar, acerca de la electricidad que tenemos y la que queremos.

   Si de esa discusión resulta que la mejor opción es permitir la participación de negocios particulares en el campo eléctrico, entonces habría que pasar a la deliberación constitucional.

 

Tironeos en San Lázaro

   La Constitución no es inalterable y los dogmas de ayer pueden ser lastres en el presente. Pero la apertura en todas las áreas tampoco es solución mágica, ni óptima.

   Ese fue el tema central del mañanero encuentro de ayer sábado en Los Pinos. Pero fuera del significado político que tiene una reunión como esa el principal acuerdo fue que, en reconocimiento a la ausencia de coincidencias suficientes, la discusión tiene que continuar.

   Y para servir de algo, tendrá que desembocar en mecanismos de solución que no son otros que los que ofrecen las instituciones.

   Así ocurrió, también ayer, en San Lázaro. La ausencia de acuerdo entre los grupos parlamentarios llegó a tal estancamiento que, un día antes de comenzar el periodo de sesiones, aun no se integraba la mesa directiva de la Cámara de Diputados. La disputa por ese cargo, que incluye el privilegio de responder el informe que esta tarde rendirá el presidente de la República, ocupó de manera infructuosa varias semanas de escarceos entre los dirigentes parlamentarios.

 

Discordancias y apariencias

   Convencido de que la rotación establecida hace dos años para presidir la Cámara –y que ahora el PAN y el PRI quisieron olvidar– tendría que beneficiar al PRD, a la vez que resignado a la ausencia de acuerdo en tal asunto, Martí Batres presentó una planilla integrada por siete diputados perredistas. Fue una medida solo para el testimonio y que resaltaba la ausencia de decisiones conjuntas con otros partidos.   La cuerda de la negociación, de tanto tensarla, acaba por romperse incluso en un ambiente tan dúctil como el que campea en el Congreso.

   Sonrisas en Morelia, encuentro en Los Pinos, rispidez en San Lázaro. La democracia nunca es sencilla. Para ser provechosa tiene que ir de las fotos, a los pactos. Si no se queda en pura escenografía.

   El gran riesgo para el informe presidencial del día de hoy es, precisamente, estancarse en las apariencias. A juzgar por su mensaje radiofónico de ayer el presidente Fox ha resuelto mostrar a un país en marcha, unido, con metas claras y gobierno lúcido: todo lo contrario a la percepción que se afianza entre la mayoría de los ciudadanos. Si no incorpora en su mensaje una mínima autocrítica, capaz de suscitar el cambio de rumbo que el país requiere, el presidente de la República no hará mas que reincidir en fórmulas retóricas que, lejos de convencer, erosionan su presencia pública. 

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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