Democracia sin eficacia

La Crónica, agosto 31 de 2003

Hasta en la promoción del informe que dará a conocer mañana, el presidente Vicente Fox entró en contradicción con su equipo de comunicación. El jueves en La Paz, Baja California, el presidente anticipó que en el mensaje que presentará este lunes ante el Congreso de la Unión habrá sorpresas “para algunos”.

Dijo que mencionará “las muchas cosas que marchan bien, también mucho reconocimiento a las cosas que no han marchado bien y los grandes retos que tenemos por delante, y una visión de lo que tenemos que hacer en estos próximos meses y estos próximos años”.

Un día antes, fuentes de Comunicación Social de la Presidencia “descartaron que en el documento haya ‘sorpresas’”, de acuerdo con la información de Elba Mónica Bravo publicada en Crónica.

El titular del Ejecutivo Federal, orgulloso del documento que hoy mismo debe estar impreso y bajo custodia militar para que no sea conocido sino hasta el momento de la ceremonia en San Lázaro, aseguró que su informe “va a ser un tiro”.

Necesario viraje

Tendría que serlo, porque no es poco lo que se espera del mensaje presidencial.

O, menor dicho, no es poco lo que el país requeriría para que el Tercer Informe contribuyera a sacudir la atonía política que padecemos y que en buena medida ha sido resultado de la ausencia de iniciativas, la impericia política y el candoroso triunfalismo que el gobierno ha querido inculcarle a la sociedad.

Demostrada en las elecciones de julio la ineficacia de esa actitud, durante las semanas reciente, quienes conducen al gobierno han tenido tiempo para admitir la necesidad de un viraje nacional.

La ausencia de concertación efectiva entre las principales fuerzas políticas, la falta de proyecto por parte del Ejecutivo, la abundancia de temas triviales que siguen dominando en nuestro escenario público y los tropezones frecuentes de muchos de los principales funcionarios del gobierno, comenzando por el más importante de ellos, han sido atribuibles tanto a su inhabilidad como a un contexto de descomposición que en nada ayuda a que tengamos una discusión provechosa y sensata acerca de los principales temas nacionales.

Si en su mensaje de mañana el presidente, como se ha anticipado, emprende una autocrítica de insuficiencias y faltas de su administración, tendría que ser para admitir que es preciso cambiar de modelo de gobierno.

La imagen del gobernante lisonjero, que supone que su función principal es levantar el ánimo de los ciudadanos incluso a costa de soslayar problemas cardinales, tendría que ser sustituida por un comportamiento no solo mesurado sino, antes que nada orientado, a cumplir con un proyecto de desarrollo en todos los terrenos.

Para ello haría falta que la autocrítica comprenda desde los errores personales hasta la ausencia de orientación institucional. Desgraciadamente el titular del Ejecutivo Federal parece tan empeñado en ser porrista de sí mismo que es difícil esperar un cambio de rumbo con el alcance que requiere.

Preocupaciones comunes

En la información que ha proporcionado acerca de los preparativos para el mensaje de mañana, la oficina de prensa presidencial ha querido destacar la interlocución que el licenciado Fox ha logrado con diversos actores de la vida pública mexicana.

Gobernadores, líderes partidarios, dirigentes políticos, funcionarios académicos, son enumerados entre quienes se han entrevistado en las semanas recientes con el presidente. Muchas de esas reuniones no han tenido como propósito nutrirlo de sugerencias para el Tercer Informe. Pero seguramente el presidente podría reconocer en ellas los temas que preocupan hoy a mexicanos ubicados en posiciones y con intereses muy variados.

Entre los puntos de vista creativos y útiles a los que podría acudir el presidente Fox se encuentra el documento que sintetiza las discusiones de dos docenas de especialistas e interesados en el rumbo que lleva la economía del país y que se reunieron hace un par de semanas en la Universidad Nacional.

Invitados por el rector Juan Ramón de la Fuente, el pasado 14 de agosto un significativo grupo de funcionarios y ex funcionarios públicos, así como empresarios y especialistas, discutió los trazos principales de la política económica.

La versión preliminar de la relatoría de ese encuentro contiene una crítica a la ausencia de desarrollo económico que resulta contradictoria con la transición política que ha logrado el país, reivindica el papel del Estado en la conducción de la economía, ofrece en líneas generales una propuesta de reforma fiscal y advierte que es necesario que el sistema financiero y el gasto público respalden la inversión productiva.

Por un Estado activo

En ese “seminario de reflexión” participaron, entre otros, el empresario Carlos Slim; el director del IMSS, Santiago Levy; el diputado federal priista Francisco Suárez Dávila; el presidente del IFE, José Woldenberg y Rolando Cordera Campos, profesor de la Facultad de Economía.

El cambio en el modelo que orienta a la economía mexicana fue reconocido en estos términos: “Desde hace veinte años, México se ha sumado al proceso global de revisión de la estrategia de desarrollo. Este importante cambio respondió al agotamiento de la estrategia anterior y a los cambios en el entorno internacional y en particular, en la dinámica de la economía mundial. Sin embargo, este cambio no ha podido ser encauzado para elevar el bienestar de la población”.

Más adelante se explican algunas de tales contradicciones: “En el caso mexicano se desmanteló un aparato estatal rebasado por la realidad, pero sin poder edificar un nuevo Estado capaz de aprovechar los retos de la globalización e incluso para cumplir con sus obligaciones fundamentales. En particular, se han abandonado funciones estatales que jugaban un papel decisivo para mantener la estabilidad política, encauzar los conflictos sociales y fortalecer el mercado interno. En estas dos décadas México evolucionó de un régimen autoritario a un sistema político más abierto y competitivo, que sin embargo no ha logrado llenar importantes vacíos”

Sobre la función estatal y la pertinencia de actualizas reglas e instituciones, más adelante se plantea: “Se requiere un Estado activo, responsable del crecimiento, que no puede volver a los mecanismos de intervención anteriores a la crisis de 1982. Pero para ello se requiere profundizar en cambios que son necesarios para hacer más eficiente la economía. Por ejemplo, la necesidad de la reforma laboral se fundamenta tanto en la necesidad de contar con mercados laborales más flexibles y eficientes como en el reconocimiento de que el sistema sindical corporativo se encuentra en crisis. Es urgente que el país tenga un Consejo Económico y Social en el que se encauce la discusión sobre las reformas necesarias”.

Mercado, globalización

El mercado ha sido “históricamente el mejor mecanismo para alcanzar la eficiencia económica y aprovechar las posibilidades de crecimiento, pero también ha propiciado la concentración del ingreso y las oportunidades. El Estado por su parte ha jugado un papel importante para acotar la desigualdad, distribuir las cargas, impulsar los derechos colectivos y reducir las disparidades, pero también está sujeto a las tentaciones del populismo, el autoritarismo y la corrupción”.

Sin hacer alusión al incumplimiento de las expectativas de desarrollo suscitadas por el actual gobierno y en busca de una mirada más amplia para entender el estancamiento de nuestro país, el documento que sintetiza esa discusión explica:

“Las promesas de la globalización no se han cumplido en México y en los últimos 20 años el crecimiento global anual ha sido del 3 % anual y prácticamente se ha estancado en términos per cápita. Este desempeño económico contrasta significativamente con el de otros países, desarrollados y subdesarrollados, que en estas mismas dos décadas se han beneficiado de su reinserción en los mercados internacionales al aprovechar las ventajas que la globalización les ofrece, en gran medida porque han contado con instituciones y políticas adecuadas para impulsar el crecimiento de sus mercados nacionales y lograr importantes avances en materia social”.

En esa reunión participaron varios funcionarios académicos, junto al ya mencionado Rector de la UNAM: Enrique del Val, que además de economista es secretario general de esa Universidad; Arturo Fernández, rector del ITAM; Gerardo Jacobs, director del Departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana; Roberto Escalante y Jorge Basave, directores de la Facultad de Economía y el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, así como Armando Labra, secretario de Planeación de la misma Universidad.

Ellos y el resto de los participantes comentaron, además del incumplimiento de las expectativas de la globalización, el desvanecimiento de instituciones e instrumentos de la acción pública.

La política fiscal y el déficit público no han sido utilizados con la intencionalidad de otros tiempos. “Si bien es cierto que los excesos del pasado y los pasivos contingentes del futuro justifican la prudencia en el manejo de las finanzas públicas y en particular del déficit fiscal, hoy nos encontramos en una postura que niega el potencial del gasto público para estimular la actividad económica ante condiciones externas particularmente adversas”.

Una lenta expansión del mercado interno, por otra parte, ha propiciado que la economía mexicana sea más vulnerable ante dificultades externas. “Esta circunstancia se ve además afectada por los efectos negativos del cambio estructural. Por ejemplo, la concentración del ingreso contribuye a comprimir y segmentar a los mercados nacionales”.

Consenso cuestionado

Las reformas económicas han tenido resultados insuficientes y han predominado concepciones no necesariamente preocupadas por el beneficio social de los ajustes de los años recientes. “La crisis latinoamericana de los años ochenta –explica el documento– llevó a la región a abrazar el consenso de Washington”

En un apartado especial se cuestiona el llamado “Consenso” que, se recuerda, “es un modelo de ajuste y de estabilización, pero no de desarrollo. Éstas recomendaciones tuvieron el apoyo del Congreso y las agencias económicas de los Estados Unidos, de sus medio académicos incluidos sus egresados y los organismos multilaterales. Entre sus postulados básicos destaca reorientar la economía hacia el exterior para exportar más. La inversión extranjera es deseable como complemento del ahorro nacional, pero cuando fluye hacía sectores estratégicos y en particular hacia servicios y bienes no comerciables aumentan la vulnerabilidad de la economía, además de que tiene un carácter pro cíclico: aumenta en las expansiones y disminuye en las depresiones”.

Hoy en día “resulta necesario realizar un balance crítico de las limitaciones del Consenso de Washington”. Y se apunta para esa evaluación: “las reformas recomendadas por el Consenso no bastan para encauzar una estrategia de desarrollo de largo plazo… se requiere de políticas económicas adecuadas para las características de cada país, que pongan el énfasis en la necesidad de reactivar y fortalecer los mercados internos, lo cual es perfectamente factible sin necesidad de cerrarse a los flujos internacionales de bienes, servicios y capitales, sino haciendo una utilización eficiente de los instrumentos con que cuenta el Estado en cada país para proteger los intereses de los productores nacionales de las prácticas desleales”.

Estado a revisión

En la discusión, que tuvo lugar en la Unidad de Seminarios de Ciudad Universitaria, participaron los economistas Carlos Bazdresch, José Ignacio Casar, David Ibarra Muñoz, Leonardo Lomelí Vanegas, Ifigenia Martínez, José Andrés de Oteyza, Virginia Pérez Cota y Elena Sandoval.

También estuvieron Carlos Tello Macías, ex director del Banco de México y de la secretaría de Programación y Presupuesto y Carlos Martínez Ulloa, ex director de Crédito Público de la Secretaría de Hacienda.

Allí se debatieron las incapacidades del Estado y de las políticas para conducirlo: “A lo largo del desarrollo económico de México, hemos pasado de una intensa intervención estatal en la economía a una creciente liberalización de los mercados. El cambio de modelo no trajo consigo la construcción de nuevas instituciones acordes a la nueva relación entre el Estado y el mercado y al cambio político que se ha operado en el país. Esto ha conducido a una parálisis gubernamental ante la falta de instrumentos adecuados para hacer frente al nuevo entorno económico y a los nuevos contrapesos políticos, así como una crisis de incentivos para los agentes económicos al percibir la debilidad gubernamental. También ha faltado capacidad de negociación frente al exterior”.

“El problema de fondo –se dice más adelante– no es la adopción del modelo, sino la instrumentación del mismo y la incapacidad del Estado para generar instrumentos acordes al mismo”.

En otra sección de la extensa relatoría se profundiza en el debate sobre la influencia estatal: “Las demandas por reducir el tamaño del Estado, que alcanzaron un amplio consenso a partir de la crisis fiscal de los países desarrollados y de la crisis de la deuda de los países en desarrollo, están a discusión ante los resultados de la última década del siglo XX. Lo que actualmente observamos en los países desarrollados es una expansión de los estados al calor de las contradicciones que propicia la globalización y ante los desafíos de amenazas como el terrorismo o el crimen organizado que obligan a revisar y reconfigurar los sistemas nacionales e internacionales de seguridad. En cambio, en algunos países en desarrollo y en particular en México, observamos un debilitamiento de los aparatos estatales después de un proceso de cambio estructural profundo y de democratización que no ha logrado inaugurar una nueva etapa de crecimiento sostenido, en parte por el entorno internacional adverso, pero también por los problemas que las reformas no pudieron resolver”.

Sin crecimiento sostenido y con una población que aumenta, los recursos para política social son cada vez más exiguos. “Es importante identificar –se añade– los riesgos que una situación de este tipo plantea para la consolidación de nuestra aún incipiente vida democrática. Hay dos grandes tentaciones que es necesario evitar: por un lado encontramos el salto al pasado en su sentido más literal, con una restauración autoritaria que no se haga cargo de los cambios que se han producido en la sociedad mexicana y en el contexto internacional, mientras que por el otro encontramos la idea de ver y entender a la política como un mercado más en el que interactúan agentes individuales, sin tomar en cuenta la densidad histórica de nuestras relaciones políticas y de nuestras formas de organización social”.

Reforma fiscal, un proceso

Acerca de la reforma fiscal, el texto deplora “la falta de acuerdo entre las fuerzas políticas el Estado ha incurrido en una creciente inoperancia”. Ese tema, se dice también, “solamente puede entenderse como un proceso y no como un paquete legislativo que puede aprobarse de golpe, pero que tendrá que ser instrumentado gradualmente”.

Bajo esa perspectiva “es muy probable que no haya que aumentar tasas sino reducir el costo de operación del sistema tributario, aumentar la recaudación, simplificar y aumentar la certeza jurídica de los contribuyentes. Incluso habría que examinar la posible idea de manejar un impuesto proporcional que corrige su regresividad por la vía de las exenciones y las sobretasas”.

“El principal problema que enfrenta el Estado es eminentemente fiscal, sin ser el único –se explica, de manera más amplia, en otro capítulo–. Es importante aumentar la recaudación y aumentar el gasto, pero también es necesario revisar puntualmente los mecanismos de intervención más eficaces. Es importante un rediseño de los instrumentos de intervención social con mayores recursos fiscales, pero también con mayor eficacia. También es necesario evitar duplicidad de funciones entre dependencias de un mismo nivel de gobierno o entre niveles distintos”.

Ya casi al final de sus 18 nutridas cuartillas, la relatoría añade: “Es indispensable una reforma fiscal que fortalezca las finanzas públicas e impulse el desarrollo económico. Pero también hace falta hacer una revisión general de la eficiencia con la que funcionan ciertos mercados, la seguridad jurídica con que cuentan los agentes económicos, revisar la regulación y erradicar prácticas monopólicas. El dilema no es el mercado interno o el mercado externo, sino la forma de lograr una mejor articulación entre ambos y la manera de promoverlos elevando la competitividad de la economía en su conjunto. PEMEX debe ser una empresa del Estado pero manejada fuera del presupuesto y con autonomía de gestión”.

Banca y déficit

Al seminario acudieron, del flanco empresarial, la presidenta de la Canacintra Yeidckol Polevnsky y Alfredo Camahji de la misma Cámara; los empresarios Carlos Abedrop y Eugenio Clariond; Mario Rodarte, director del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado y el ya mencionado Carlos Slim.

Allí se recordó la urgencia de vincular al sistema financiero con la expansión productiva. Después de la crisis a mediados de los noventa, “la banca ha tenido una lenta recuperación y está muy lejos de ofrecer una intermediación financiera eficiente. La estructura oligopólica de la banca, con una fuerte tendencia a la concentración, aunada a los altos costos de intermediación, mantienen restringido el acceso al crédito. A estas circunstancias hay que añadir la propiedad de los bancos, que en algunos casos ha influido para que la banca no apoye a ciertos sectores económicos y tarde mucho en procesar decisiones importantes. También es necesario revisar el marco jurídico para aumentar la certidumbre de acreedores y deudores, reducir riesgos y abaratar el crédito”.

Otro asunto discutido en el mencionado seminario fue el déficit de las finanzas públicas. Allí se dijo que la política fiscal, y por lo tanto el gasto público, “no debe limitarse al control del déficit, sino concebirse como el principal instrumento potencial de desarrollo del país. No debe tener exclusivamente fines recaudatorios, sino atender la promoción de ciertos sectores y en particular las necesidades del mercado interno. Solo se puede generar riqueza invirtiendo y la inversión pública debe jugar un papel importante en la promoción del empleo y el bienestar”.

Por otra parte, se añade, “La falta de inversión pública y el crecimiento del gasto corriente han reducido la eficacia del Estado y se han traducido en un costo para las empresas. El actual gobierno no ha promovido una racionalización de la burocracia, sino que por el contrario ha creado nuevas estructuras con la consiguiente duplicidad de funciones”.

Desencanto y crispación

Entender a la economía como sustento de la política –y viceversa– parece haber sido preocupación reiterada en ese encuentro de especialistas, empresarios y hombres dedicados al servicio público. En un escenario de desigualdad el principal problema para la democracia se dijo allí, “es el desencanto. Hay fenómenos de crispación social que acompañan a la crisis de las expectativas que franjas importantes del electorado depositaron en la democracia como un medio efectivo de enfrentar la desigualdad y de atención de las demandas sociales”.

“Si en el pasado tuvimos un déficit de democracia y una cierta eficacia –menciona en otro sitio esa relatoría– , hoy enfrentamos una pérdida de eficacia en la acción estatal a pesar de que hemos avanzado en nuestra vida democrática”.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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