El juego del hombre (futbol)

La Crónica, 14 de junio de 2002

Destreza, alma y convicción: la selección mexicana jugó de tú a tú, superándolo durante la mayor parte del partido, frente a uno de los mejores equipos del mundo. La desazón de los italianos era acrecentada por los minutos que corrían en su contra. Los mexicanos jugaron con inteligencia y temple. No se amilanaron ni desesperaron. Entraron con valentía, arriesgaron con talento.

   El gol de cabeza de Jared Borgetti fue de antología pero nuestra selección no se conformaba con un tanto. La anotación de Alessandro del Piero, ya casi exhausto el partido, nos quitó el gusto del triunfo aunque sabíamos que México llegaba a octavos de final como el primero de su grupo. Queríamos más porque los jugadores de Javier Aguirre querían y podían más.

   Con el resultado de este jueves la selección mexicana termina una etapa de éxito notable en el Mundial de Japón y Corea. Pueden más y por eso queremos más.

   Con lo que esos jugadores han demostrado hasta ahora quizá estamos finiquitando la historia negra de un futbol mexicano que se apocaba ante los desafíos. La escuadra de Aguirre jugó como grande y en adelante no será aceptable que lo haga de otra manera. Cualquiera que sea el resultado del partido del lunes, habrá que reconocerle a esta selección la inyección de ánimo y confianza que le ha dado al país.

 

Representar e improvisar

   El futbol es reflejo de la sociedad, el mundo, la política y la gente. No sustituye ni cambia a unas ni a otro pero forma parte de las expresiones vitales de la mayoría de las naciones y colectividades modernas.

   Imbricado en los circuitos del espectáculo masivo y especialmente mediático, el futbol constituye negocio e intereses pero es mucho más que eso. Es expresión personal y de trabajo en conjunto pero también vocación y oficio. Es representación pero además improvisación. En sus dimensiones sociales es recreación y solaz pero cuando entusiasma a las mayorías es fiesta y puede ser catarsis o catástrofe. La capacidad de atracción, el magnetismo mediático, la popularidad de su desempeño y la extensa presencia mundial del futbol lo convierten en uno de los acontecimientos más relevantes en el espacio público de nuestros tiempos.

 

Compartir el triunfo

   La dimensión política del futbol no escapa a sus espectadores ni a quienes, debido a ella, quieren ser protagonistas y de tal manera beneficiarios de ese espectáculo. Cuando un equipo triunfa, como el de México ante Italia, los gobernantes tratan de compartir los aplausos, las marcas comerciales cobran la inversión que han hecho en patrocinios y el público lo acepta todo porque el festejo se sobrepone a cualquier utilización que se haga de su deporte favorito.

   Las consecuencias que el éxito o la derrota deportivas puede tener en el ánimo de la sociedad son intensas y casi siempre anticipables. No en balde el gobierno argentino ansiaba el logro futbolístico de su selección para paliar la pesadumbre que apenas sobrellevan los ciudadanos en ese país. Como ni la suerte ni sus capacidades los favorecieron hoy las expectativas políticas son más sombrías en Argentina.

   El presidente mexicano felicitó a los seleccionados pocos minutos después del partido contra Italia. De esa manera representó el ánimo de los ciudadanos y también, de paso, ganó presencia pública a costa del futbol. 

   Centenares de miles de aficionados salieron a las calles en todo el país. Algunos de ellos cometieron desaguisados aunque el desbordamiento fue menos intenso de lo que habían previsto los medios y los cuerpos policiacos. Causa y catarsis, el futbol exalta y sacude, vende y convence, entusiasma y moviliza. La Copa del Mundo determina la programación de las televisoras, desvela a los aficionados, ocupa espacios privilegiados en la prensa. Hasta columnas políticas habitualmente dedicadas a otros temas se ocupan de la fiesta del hombre como, con explicable sexismo, ha sido definida por eminentes comentaristas deportivos.

   Diarios y revistas hablan de futbol con profusión y excitación. Entre los textos que hemos encontrado en los días más recientes, elegimos estos subrayados sobre distintas facetas de ese deporte.

 

Espejo nuestro

   “El futbol es el juego de la vida. Hay toda una representación social en la cancha. Te encontrarás con el corrupto, con el político, con el estudiante, con el rufián. El origen del futbolista es inolvidable. Si bien es cierto que el hilo conductor es la pelota, también es verdad que no nos desprendemos de aquello que somos en esencia. No puedes desprenderte de la vida durante noventa minutos. Yo tenía un técnico que nos decía que los problemas personales debían quedarse en el umbral de la puerta de los vestidores. No creo que esto sea posible. Si tengo hijos, los tendré durante el juego. Si soy agresivo, lo seré en el terreno de juego. Somos en el campo como somos en la vida. El futbol es un espejo de lo que somos”

Javier Aguirre. Nexos, México, junio 2002.

 

Pasión y nación

El fútbol, además de un deporte, es una pasión colectiva y un vehículo de identificación comunitaria por encima de diferencias de género, posición social y pertenencia política. Por eso, aun en la época de la globalización de las comunicaciones y de la unificación muchas expresiones de la cultura, en los mundiales de fútbol se expresan los fervores nacionales, los colores de las banderas nacionales invaden las vestimentas, los rostros y las ciudades y, en los casos extremos, se viven las glorias o las derrotas de los equipos como glorias o derrotas de los países.

Editorial. Clarín, Buenos Aires, 13 de junio 2002.

 

Muros y dólares

   “Que el futbol es uno de los grandes negocios del mundo, capaz de generar grandes sumas de dinero y repartirlas adecuadamente. Inolvidable aseveración de Joao Havelange a la caída del bloque soviético: ‘Con la caída del bloque socialista quedan, en el mundo, dos potencias: Estados Unidos y la FIFA’. Y va una prueba: en la próxima Copa del Mundo de Japón y Corea se calcula que las ganancias de ambos países alcanzarán los cincuenta mil millones de dólares”.

Carlos Azar Manzur, Letras Libres, México, versión electrónica, junio 2002.

 

Los dueños del circo

   “Antes los izquierdistas más bobos, más bobos que izquierdistas, pensaban que el fútbol detiene la marcha al socialismo. Las masas se embrutecen tanto que ni piensan. O piensan más en Batistuta que la forma de librarse del catenaccio de la burguesía. Los derechistas más primates decían (y hacían) algo parecido: demos circo, así la gente se divierte y no discute cómo sacar a los dueños del circo.

Martín Gravovsky, Página 12, Buenos Aires, 13 de junio de 2002.

 

Lo importante sí es ganar

   “La política y el fútbol comparten pulso y aliento. Y si tensiones como la citada son frecuentes dentro de un país, no lo son menos cuando los dioses que se enfrentan en el estadio son de naciones diferentes. En tales casos, la selección nacional de fútbol se vuelve un símbolo de las aspiraciones más profundas de la gente y quienes saltan al campo se transforman en algo más que once hombres en pantalón corto y camiseta. La selección es un factor de unidad que borra por dos horas toda diferencia social, política o ideológica. Y demuestra la banalidad de esa ética insulsa según la cual lo importante no es ganar, sino competir. Al estadio y al Mundial se acude a ver cómo nuestro país derrota al país adversario y lo demás es pura retórica”.

Francisco Pérez de Antón, La Nación, San José de Costa Rica, 13 de junio de 2002.

 

Agonía del tiempo

   “Todos los juegos generan una tensión, todos son agónicos, en todos  combaten dos rivales, pero si en unos hay más tensión que en otros, ello solo puede deberse a que existe una tensión agregada, la del tiempo, que es la que realmente afecta a jugadores y espectadores. Si el juego, como es el caso del futbol, está sometido al implacable paso del tiempo, no sólo quienes participan de una u otra forma en él sienten que el juego se está desarrollando, como suele decirse, ‘contra reloj’, sino que, al suceder tal, por el hecho de estarse llevando a cabo bajo el signo del proceso temporal real, pasa entonces el juego a formar parte de la existencia”.

Juan Nuño. Letras Libres, México, mayo de 2002, versión electrónica.

 

Popularidad y facilidad

   ¿Por qué el futbol es más popular que otros deportes? “Una razón puede ser que no se necesita equipo costoso ni una superficie de juego bien cuidada. El futbol es ideal para dar de patadas en los alrededores de la favelas en Brasil o en los pueblos de barracas en África, que siguen produciendo muchos de los jugadores más destacados del mundo. La sencillez del futbol también puede haber contribuido a su popularidad como deporte para espectadores. Esto significa no solo que todo el mundo puede jugar, sino también que cualquier país o club pueden aspirar a ganar. Incluso los más famosos jugadores de las naciones o los clubes más ricos pueden ser desafiados por 11 inspirados oponentes. Mientras que la tabla de medallas olímpicas tiende a reflejar el jerarquizado orden global –con los Estados Unidos invariablemente a la cabeza– en el futbol los estadounidenses son simpáticos competidores recientemente vencidos por Irán. Los superpoderes en el futbol son Brasil, Argentina, Italia, Francia y Alemania. Sus poderes emergentes están en África”.

Expediente sobre futbol. The Economist, Londres, junio de 2002.

 

Mundialización

   “Los equipos de futbol han dejado de ser organizaciones provincianas, es decir, formaciones arraigadas a una ciudad o a un pueblo concreto y particular que los acompañaba completamente desde la cuna hasta la tumba, para convertirse ahora en representaciones itinerantes, nómadas, plenamente dirigidas por la conveniencia y el dinero.

   “Más que eso: usted puede ser aficionado a un equipo italiano en el cual militan apenas dos jugadores italianos; a un equipo formado por alemanes, holandeses, brasileños, serbios y camerunenses; a un equipo que ayer pertenecía a una ciudad y hoy ha mudado de colores por una transacción comercial; y usted puede ser aficionado de muchos otros equipos a los que ya no les importa ser campeones, ganar, sostener un plantel, sino rotar, comprar y vender jugadores permanentemente”.

Ricardo Becerra. Arcana, México, junio de 2002.

 

Soft power planetario

   “A partir de la irrupción de los medios de comunicación en nuestras vidas y de la absoluta dominación de lo audiovisual, la pareja fútbol-televisión y su traducción económica se convierten en una maquinaria imparable que todo lo arrolla y se constituyen en el proceso más significativo de la mundialización porque es el que responde más cabalmente a sus tres características principales: establecer una interacción efectiva y directa entre elementos de todos los países del mundo; ofrecer un acceso inmediato y global a sus contenidos; ser de dominante económica. Hoy el poder y la guerra, parámetros de la potencia mundial no se miden sólo por la demografía, los ejércitos, ni siquiera la tecnología, sino por el perfil simbólico de los países. En ese soft power el fútbol y sus avatares ocupan, para bien y para mal, un lugar de excepción”.

José Vidal-Beneyto. El País, Madrid

 

Unificador y catalizador

“Pese a todas las sutilezas y diferencias entre las reacciones de los diversos pueblos cuyas selecciones van a participar en el Mundial, lo que habremos vuelto a descubrir a finales de junio, por encima de cualquier otra cosa, es que el futbol es un gran unificador… El que exista un escenario en el que la gente puede desahogar sus instintos tribales y competitivos sin matarse unos a otros, respetando unas reglas aceptadas por todos (y que se obedecen con más rigor que el Convenio de Ginebra); el que exista un dios –la Copa del Mundo– que veneran todas las naciones del planeta, muestra que, aunque tal vez le quede aún a la humanidad un largo camino por recorrer hasta abandonar sus impulsos más retrógrados, la evolución funciona. Estamos en el buen camino”.

John Carlin, El País Semanal, Madrid, 26 de mayo de 2002.

 

Éxito, carácter y fracaso

   “El futbol es como la vida misma. Sólo la aceptación de los errores te libera de los fantasmas. Si das un paso al frente y aceptas que tiraste mal el penalti y que por tu culpa el equipo perdió, te liberas. Si, en cambio, dices: perdóname, yo lo tiré bien, el portero detuvo mi disparo porque se lanzó al lugar exacto. Si dices esto, un día volverás a tirar un penalti y otra vez lo fallarás. Si te niegas a aceptar los errores, los cargarás muchos años sobre tu espalda. Si te mientes en la vida, te mientes en el campo de juego. El éxito y el fracaso van en relación directa al carácter”.

Javier Aguirre entrevistado por Rafael Pérez Gay. Nexos, México.

 

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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