Estorbosos sindicatos

La Crónica, 6 de junio 2002

Las imágenes de los maestros agarrando a patadas las puertas del Senado o de Gobernación, no están entre las más edificantes de estos días. Tampoco las exigencias del dirigente de uno de los sindicatos de la radiodifusión cuando se opone a la reforma legal para esa industria, o la defensa de privilegios que hacen los líderes gremiales en Pemex. son de las más afortunadas en los tiempos que corren.

   Silenciosos casi siempre, los dirigentes sindicales hablan solo para reivindicar franquicias contractuales. La semana pasada supimos del sindicato de los trabajadores del Distrito Federal cuando realizó un paro que tenía propósitos tan nobles como el derecho de esa organización a fungir como contratista en la compra de uniformes y calzado. El paro terminó gracias a la presión de los trabajadores de limpia que habían dejado de recibir las propinas (nada voluntarias) que los ciudadanos les entregamos para que nos hagan el favor de llevarse la basura de nuestras casas.

   Cada vez que el líder del SUTERM abre la boca delante de la prensa es para reclamar concesiones o vilipendiar a sus interlocutores, pero jamás para ofrecer idea alguna acerca del estancamiento de esa industria o del sindicalismo.

   Los sindicatos creativos y propositivos, que eran capaces de articular sus reivindicaciones peculiares con los problemas del país, pasaron a ser historia. Hace pocas décadas uno de los espacios propicios y fructíferos para la deliberación de los asuntos nacionales eran los sindicatos de avanzada. Siempre fueron minoría dentro de un sindicalismo fundamentalmente anodino y servil, pero aquellos sindicatos tenían una importancia cualitativa que les permitía influir en la vida pública mexicana.

   Electricistas democráticos, universitarios, trabajadores de la industria nuclear, secciones del sindicato minero y de la insurgencia magisterial se singularizaron, entre otros grupos, porque buscaban una perspectiva nacional en sus diagnósticos y propuestas. Esa vocación abierta contrastaba con la visión estrecha que suelen tener los sindicatos atenidos solo a posiciones gremiales y se perdió cuando el gobierno desarticuló a varias de aquellas agrupaciones en tanto otras, se sumergieron en su propio marasmo.

   Hoy en día varios de los sindicatos otrora inteligentes y comprometidos con un proyecto parecieran haberse mimetizado a las inercias del llamado movimiento obrero. Los sindicatos universitarios, lejos de ser una palanca de avance y defensa de la educación superior, suelen ser obstáculos cotidianos en las tareas de enseñanza e investigación. En el gremio de los telefonistas, uno de los más activos en la última cuarta parte del siglo XX, la perspicacia de los dirigentes ha quedado fundamentalmente al servicio de sus reelecciones.

   En el sindicalismo magisterial se ha confirmado que la democracia no basta para que una organización gremial esté en condiciones de levantar la mira para servir al país y de esa manera a sus afiliados. La peregrinación que cada año hacen varias secciones del SNTE para reclamar en la ciudad de México las condiciones salariales y laborales que no obtuvieron en las negociaciones en cada estado, se ha convertido en quebranto habitual para los ciudadanos y el poder político. Las carencias económicas que puedan padecer no legitiman la patanería y la ignorancia cívica que manifiestan algunos de esos profesores.

   En el sindicato Minero Metalúrgico, otrora uno de los más sólidos y en donde la legalidad estatutaria se respetaba aun a costa de las posiciones políticas de los líderes el hijo del viejo cacique sindical, recién fallecido, se impuso como secretario general. Históricamente lejano de la CTM a la cual siempre cuestionó los procedimientos tramposos que practicaba, ese sindicato funciona ahora con el desprecio a la voluntad de los trabajadores que antaño criticó en otras organizaciones gremiales.

   La situación de los sindicatos mexicanos es tan deplorable que no asombra a nadie. Nos hemos acostumbrado a que sean el fardo inevitable con que tienen que cargar el país y su transición política pero nadie hace algo para que se comporten de otra manera.

   La solución no es prescindir de los sindicatos, que representan intereses legítimos, sino incorporarlos al cambio que experimenta el resto del país. Se requerirían reformas legales para propiciar su democracia interna y una profunda reforma moral entre sus integrantes. Pero eso no es posible con los actuales dirigentes sindicales –ni con la resignación del gobierno que, como se puede apreciar cada vez que el presidente acude a sus ceremonias, los trata con tanto aprecio como el que les manifestaban las administraciones anteriores–.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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