José Sarukhán

La Crónica, 1 de febrero de 2002

La renuncia del doctor José Sarukhán constituye la baja más notable, la más lamentable, que podía tener el equipo de trabajo del presidente Fox.

Por numerosas razones la presencia del ex Rector de la UNAM prestigiaba al gabinete presidencial. A pesar de los desaciertos y contradicciones que se han apreciado en el trabajo de ese equipo, Sarukhán constituía un factor de confianza en el gobierno.

Junto con su conocimiento sólido de asuntos ambientales y educativos, Sarukhán tiene una vocación social afianzada en el cumplimiento de responsabilidades públicas destacadas. Sabe, puesto que las ha padecido, de las tortuosidades en la administración gubernamental pero también de las posibilidades que tiene la acción del Estado. Es un hombre que escucha y se hace oír y que infunde respeto gracias a su autoridad moral y política. A sus aptitudes académicas añade una probada capacidad en la gestión pública.

Todo ese caudal de experiencia y legitimidad lo ha perdido el gobierno del presidente Fox.

La dimisión de José Sarukhán pareciera confirmar, con los peores auspicios, muchas de las dudas y suspicacias que se han generado sobre la aptitud y las posibilidades de gran parte del gabinete presidencial.

Sarukhán, un hombre cuya paciencia ha estado a prueba en conflictos universitarios de la mayor estridencia, aguardó más de un año a que hubiera orden en el área que pretendidamente le tocaba coordinar, la de Desarrollo Social y Humano del gobierno de la República.

Padeció la indefinición jurídica del cargo que el presidente le invitó a ocupar, el de “comisionado”, para el cual no existían funciones claras y cuyas atribuciones eran más de carácter simbólico que legal. Prácticamente sin recursos financieros y ceñido a una disputa de posiciones y atribuciones que seguramente para él no tenía el menor interés, Sarukhán trató de desplegar, con tolerancia pero también exigencia, programas que implicaran coordinación de varias dependencias para el cumplimiento de objetivos sociales mínimos. Sin embargo sus propuestas tropezaron con el regateo interno que ha tenido paralizado, o casi, el trabajo de buena parte del gabinete.

La figura del “Comisionado” no adquirió formalidad dentro de la estructura del gobierno pero además el presidente no quiso, o no pudo, lograr que los secretarios de Estado la entendieran como oficina de coordinación y no para competir con ellos.

Adicionalmente, la política social del gobierno ha estado al garete de ocurrencias e inexperiencias. Era imposible articular algo decoroso entre el voluntarismo al menos en apariencia cándido de la titular de Desarrollo Social, la penosa impericia del secretario de Educación Pública y el desmañado protagonismo de la titular de la oficina para Pueblos Indígenas, para mencionar solo algunos de los personajes con quien Sarukhán tenía que conciliar. La tarea de gobierno parece haberse convertido en un juego de regateos y pugnas cuya esterilidad debió haber sido desesperante.

Si a ello se añade la privatización que se está haciendo al menos con un segmento de la política social, supeditándola a proyectos particulares como el de la señora Martha de Fox, podrá comprenderse la imposibilidad para que el gobierno tenga una auténtica política nacional de desarrollo para la sociedad.

Las capacidades de quien durante dos periodos fue Rector de la Universidad más grande del país estaban siendo desperdiciadas. A otros “comisionados” el presidente les encontró nuevos destinos. Eduardo Sojo ha sido un operador de privilegiada cercanía con el presidente para la gestión de asuntos económicos, más que el comisionado de “crecimiento con calidad” que se dijo hace 14 meses. Adolfo Aguilar Zínser nunca pudo articular una auténtica comisión de “orden y respeto” y ahora nos representa en la ONU.

Sarukhán no buscó otra posición, ni quiso mantenerse en la que no había funcionado. El comunicado que ayer difundió la Presidencia informa que el doctor en Ecología por la Universidad de Gales presentó su renuncia desde el 11 de enero.

La Presidencia no explica por qué tardó casi tres semanas en dar a conocer esa decisión del doctor Sarukhán.

Investigador en el Instituto de Biología de la UNAM del que fue director Sarukhán, de 61 años, es uno de los especialistas en ecología más respetados en el mundo. Ha recibido doctorados honoris causa en universidades como las de Lima, Gales y Nueva York y varios premios nacionales en nuestro país. No le faltarán cosas que hacer. En cambio al gobierno sí le harán falta su inteligencia y sutileza.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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