Las películas, la política. Emilio García Riera

La Crónica, 14 de octubre de 2002

Aunque se empeñó en demostrar que el cine es mejor que la vida Emilio García Riera nos hizo la vida más disfrutable y compartible gracias, entre otras demostraciones de su generosidad intelectual y personal, a la monumental historia del cine mexicano que elaboró durante varias décadas. Ese trabajo bastaría para asegurar, sin duda, que García Riera dejó una aportación indeleble en la cultura mexicana. Pero junto con ese trabajo de inventario y explicación de nuestra desigual y exuberante cinematografía escribió guiones y novela, fundó publicaciones cardinales para el cine, encabezó el único centro mexicano dedicado a la investigación filmográfica y sobre todo desplegó una perseverante labor crítica en donde la inteligencia no estaba reñida con la vehemencia.

   La frase que ha sido muy recordada con motivo del fallecimiento de García Riera el viernes pasado en Guadalajara, se origina en esta reflexión: “Voy a proponer una definición hipotética y muy personal de la política: debería ser el arte de hacer a la vida como el cine. Dicho de otro modo: el quehacer político, que me ha preocupado desde niño y me preocupará, creo, hasta la muerte, debería convertir a la vida humana en algo más justo, más satisfactorio y menos aburrido; algo con sentido y con estilo, como una buena película” (El cine es mejor que la vida, Cal y Arena, 1990).

   En esa descripción la ética va de la mano con la estética aunque una no dependa de la otra. Así como en el cine las coartadas ideológicas por muy nobles que resulten no disculpan una mala realización, en política las buenas intenciones no son suficientes. De la misma manera jamás puede decirse, sin una actitud cínica, que el fin justifique los medios.

   Sentido y estilo, decía García Riera. Ambas coordenadas son aplicables tanto a la política como al cine –también a la vida, de manera más amplia– y en su ausencia encontramos las pobrezas de cada uno de esos ámbitos. Una mala película es insoportable por muy abnegada que sea nuestra vocación fílmica. García Riera vio millares de cintas, entre ellas muchas de factura y contenido infames, pero luego reparaba ese tormento desbaratándolas en sus textos críticos. A la política en cambio tenemos que sufrirla sin que hablar o escribir de ella sea suficiente para purgar los malestares que nos causa. Acaso también por ello el cine es mejor que la vida.

   García Riera, en el texto que hemos citado, reconocía ese inconveniente: “Tropiezo ahí con una contradicción: la política es una actividad evidentemente social, y el sentido y el estilo que puede tener una vida son asuntos del todo individuales. O sea, que no se trata de que la política nos dé tales cosas, en rigor: se trata de que una sociedad más justa lograda por la política haga lo más viables posible el sentido y el estilo que cada quien quiera dar a su vida, si es que quiere, y aun despreocuparse del asunto si es que no le importa, pues pocos empeños pueden resultar más siniestros que el de imponer a los demás la virtud –cualquier virtud– a la fuerza”.

   Hombre de izquierdas, García Riera abominó de la política militante cuando experimentó las limitaciones que imponía y asumió como compromiso vital la vocación por el cine. Alguna vez reconoció, según relata en el mismo libro: “Si el cine ha sido tu placer de siempre, séle fiel a ese placer, y no te dejes enajenar por la cultura de la buena conciencia estética, social y política, aunque esa cultura se proclame a sí misma enemiga de la enajenación”.

   El placer por el cine le permitió a García Riera celebrar como apreciables y reivindicables a muchos directores y obras que en su momento fueron considerados vulgares, menores o políticamente incorrectos. La pasión crítica que desplegó desde fines de los años 50 cuando escribía de cine en el suplemento México en la Cultura de Novedades la mantuvo en revistas especializadas, en programas de televisión y a comienzos de los setenta en una columna diaria que hacía para Excélsior.

   Dos décadas más tarde García Riera abominaría de la ideologización de algunos de esos textos pero la mayor parte de ellos resiste con gran decoro la prueba de los años. Aquellas colaboraciones suyas en el diario junto con el programa Tiempo de Cine que hacía en Canal Once al lado de José de la Colina, Tomás Pérez Turrent y Fernando Gou, contribuyeron a moldear el gusto cinematográfico de quienes seguíamos sus artículos y libros con fiel entusiasmo.

   La muerte de Emilio García Riera suscita una profunda tristeza en quienes hemos leído, con gozo y provecho, muchos de sus textos. A causa de ellos su recuerdo va acompañado, inevitablemente, de un profundo agradecimiento.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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