Salinas, el resentimiento

La Crónica de Hoy, 26, 27 y 28 de marzo de 2002

Al ex presidente Carlos Salinas le gusta citar al médico madrileño Gregorio Marañón. Lo menciona en el libro que escribió para dar su versión del sexenio que gobernó a México y vuelve a nombrarlo en el ensayo que publicó la semana pasada en El Universal, elaborado a partir de la nueva introducción a ese libro.

Ese interés de Salinas no se debe a los textos sobre endocrinología, reumatismo o fisiopatología sexual del médico español que vivió durante la primera mitad del siglo pasado. Marañón se volvió interesante para el ex presidente mexicano cuando alguien le platicó del ensayo, marginal dentro de la obra del médico español, Tiberio, historia de un resentimiento que Marañón publicó en Buenos Aires en 1939.

En ese trabajo Marañón imagina los dilemas del emperador romano cuando, ya enfermo, debía designar a su sucesor. En su libro Salinas recuerda al médico español para decir que “el triunfo, lejos de curar al resentido, lo empeora, y es una de las razones de la violencia vengativa que el resentido ejerce cuando alcanza el poder”.

El ex presidente ha querido identificar con esa conducta a su sucesor, Ernesto Zedillo. Sin embargo es difícil leer los textos recientes de Salinas sin pensar que él también ha sido motivado por la conducta que el doctor Marañón encontró en los personajes de la Roma imperial.

Si no es el resentimiento, alguna pasión o interés que superan al frío cálculo político que Salinas solía tener están moviendo su campaña contra el ex presidente Ernesto Zedillo.

En diversas publicaciones y declaraciones recientes Salinas ha reiterado cifras y acusaciones para explicar la política de su gobierno, pero especialmente para descalificar el desempeño de su sucesor. Se trata de un debate interminable porque involucra apreciaciones políticas del comportamiento de uno y otro en momentos difíciles, especialmente en el terreno de la política económica.

Los saldos de esa discusión no los veremos pronto y quizá nunca. Salinas continuará argumentando que él dejó el gobierno con cuantiosas reservas monetarias que fueron dilapidadas entre 1994 y 95 por el nuevo presidente. Zedillo podría recordar que la deuda contratada en documentos de corto plazo y cuyos tenedores de pronto decidieron retirar, colocó al país en una situación de gran fragilidad.

Para evaluar al gobierno de Salinas es útil compararlo con los años que México vivió después y, a la inversa, a Zedillo y su sexenio no se les puede entender sin la etapa previa. Pero examinar a uno u otro de esos periodos solo a partir del contraste mutuo puede constituir un grave error metodológico y político. Se trata de momentos distintos, en contextos que también cambiaron.

Sin embargo el ex presidente Salinas insiste en esa confrontación. Tal interés se ha convertido en una manía que va más allá del análisis político y posiblemente algo tiene que ver con las difíciles circunstancias personales que ha vivido en los últimos años.

Lamentablemente, al simplificar de tal manera su examen de la historia contemporánea del país Salinas antepone sus preocupaciones, o sus prejuicios personales, al rigor analítico que hubiera sido esperable de un ex gobernante con la perspicacia y visión del mundo que demostró tener en otras ocasiones.

Seguramente el libro del ex presidente Salinas, con todo y los anexos que le ha incorporado para tomar posición sobre nuevas circunstancias políticas, podría ser motivo de un examen serio y sereno. Se trata de un trabajo respaldado por mucha investigación. Sin embargo él mismo se ha encargado de impedir que exista el clima necesario para un análisis de esa índole. El uso que su autor le ha dado a ese voluminoso libro, como si fuera un ordinario panfleto propagandístico, ha propiciado que en él se busquen solamente los segmentos capaces de nutrir el escándalo político y mediático.

La semana pasada el ex presidente aprovechó fragmentos de ese libro para publicar, durante dos días y a plana entera, una severa catilinaria contra Ernesto Zedillo. El motivo de ese texto era la Conferencia de Monterrey, cuyo documento básico fue elaborado por la ONU a partir del estudio que le encargó al ex presidente Zedillo.

Como el tema de la Cumbre era el financiamiento para el desarrollo, Salinas quiso demostrar que durante el gobierno de Zedillo México no contó con recursos para crecer lo suficiente. Su argumentación fue un tanto simple: Zedillo le aconseja al mundo cómo financiarse para combatir la pobreza pero él, cuando presidente, no consiguió que el país tuviera el dinero necesario.

Sin embargo mientras Salinas lo criticaba en la prensa Zedillo recibía reconocimientos de la ONU y del gobierno mexicano. Era un contraste, para decirlo sencillamente, un tanto patético. Mañana seguiremos con el tema.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

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Salinas y Zedillo (2 de 3)

En su ensayo publicado la semana pasada el ex presidente Carlos Salinas asegura que el gobierno del presidente Vicente Fox ha tenido enormes dificultades debido y las malas condiciones en las que Ernesto Zedillo dejó la economía de nuestro país. A partir de citas de varios funcionarios del actual gobierno y de algunas opiniones periodísticas Salinas describe un escenario de catástrofe financiera.

Con otras declaraciones podría haberse elaborado un diagnóstico distinto. Pero no es el rigor de las fuentes sino el cuestionamiento político lo que importa en ese texto. Para descalificar la política económica de Zedillo, Salinas la compara con la que él impulsó. Pretende ganar la simpatía del actual presidente al sugerirle que identifique en Zedillo al villano por cuyas omisiones y defectos el gobierno actual no ha podido cumplir todos sus objetivos.

No deja de ser curiosa la operación política a la que acude Salinas. Quiere ampararse en el poder presidencial para consumar su desquite contra Zedillo. Al parecer se ha equivocado de época, o de coordenadas políticas. El presidencialismo del cual él fue usufructuario privilegiado comenzó a cambiar gracias a la conducta que, por necesidad o convicción, puso en práctica Ernesto Zedillo.

Aquel presidencialismo totémico al que hoy apela el ex presidente Salinas ha comenzado a dejar de existir y es difícil suponer que el presidente Vicente Fox, con todo y los desplantes personales con los que a veces quiere suplir ausencias estratégicas de su gobierno, esté dispuesto a reivindicar ese viejo estilo con el que tanto se identificaron los regímenes priistas.

Para descalificar a su sucesor el licenciado Salinas alude a varios hechos ocurridos en el gobierno del doctor Zedillo. Se queja del espionaje político que ha ejercido el Cisen del cual su familia fue víctima cuando, de manera ilegal, a fines de 2000 fue filtrada la grabación de una charla entre dos de sus hermanos.

Carlos Salinas tiene toda la razón cuando reprocha la ilegalidad de esa grabación y de su transmisión televisiva. Sin embargo cuando fue difundida, en octubre de 2000, no negó la autenticidad de la conversación así registrada.

La intercepción telefónica ha sido uno de los instrumentos más ilegítimos e ilícitos en manos del gobierno mexicano. Se pueden compartir los argumentos de Salinas cuando cuestiona a Zedillo por emplear esos recursos. Pero no recuerda que entre 1988 y 1994, cuando él gobernó, ese espionaje era práctica común, conocida y temida en el poder político. Hay testimonios al respecto.

La ilegalidad en la procuración de justicia especialmente en casos como el que ha afectado a la familia Salinas fue una de las lacras del gobierno de Zedillo. La compra de testigos, la invención de cargos y hasta la siembra de un cadáver con tal de inculpar a Raúl Salinas fueron parte de una maquinación que torció el cumplimiento de la ley.

Pero es excesivo decir que a causa de episodios como ese la delincuencia creció en todo el país (sus causas han sido más complejas, determinadas especialmente por la connivencia de bandas criminales y jefes policíacos). El licenciado Salinas también olvida explicar el escandaloso enriquecimiento de al menos una parte de su familia.

Casi todas las recriminaciones que el ex presidente Salinas hace a su sucesor ya eran conocidas. Pero entre ellas destaca una acusación que tendría que ser aclarada. Salinas asegura que la crisis económica a fines de 1994 se debió, entre otros motivos, a que el ya para entonces presidente Zedillo les anticipó a varios empresarios la decisión de devaluar, de tal manera que pudieron comprar dólares a costa de las reservas mexicanas.

En aquellas fechas era evidente que el peso se devaluaría, de tal forma que no se necesitaba información confidencial para anticipar una situación monetaria de gran dificultad. Pero si Zedillo cometió una infidencia que tuvo como resultado el deterioro de la economía mexicana, el asunto debería ser analizado con mayor cuidado.

¿Debe el ex presidente Zedillo responder a tales acusaciones? Eso es asunto suyo. Quien ahora tiene obligación de precisar la denuncia sobre la presunta revelación de Zedillo a “unos cuantos empresarios mexicanos” es el ex presidente Salinas. Sin nombres, datos, fechas, esa quedará como una de tantas imputaciones que se han formulado, carentes de pruebas, en torno a los ex mandatarios de nuestro país.

Salinas y Zedillo (3 de 3)

 

En el estudio de los asuntos públicos del país en los años recientes serán útiles testimonios como el libro y otros escritos del ex presidente Carlos Salinas de Gortari. Pero no es preciso esperar a que cada ex mandatario escriba sus memorias políticas para emprender el examen de su gestión.

El gobierno del ex presidente Ernesto Zedillo tuvo luces y sombras. Entre estas últimas se encuentran la incapacidad para enfrentar eficazmente a la delincuencia e indecisiones como la que mantuvo secuestrada durante casi un año a la Universidad Nacional.

En el plano de la economía durante ese gobierno sigue abierta la evaluación sobre el Fobaproa; todo parece indicar que al amparo de ese programa se cometieron excesos que aun podrían ser revisados y sancionados. Pero sus críticos suelen olvidar que el Fobaproa sirvió para ayudar a los deudores tanto o más que a la banca. Para descalificar a ese programa sería preciso decir, además, qué alternativa existía para evitar la quiebra de los bancos con el consiguiente daño que hubiesen sufrido los ahorradores.

En el campo de la política en el periodo 1994-2000 los saldos son óptimos. Sin duda quienes perdieron en las elecciones de 2000 tendrán un balance negativo, pero es indudable que la democracia electoral se consolidó en ese proceso.

Cuando insiste en comparar a su sexenio con la gestión de Zedillo el ex presidente Carlos Salinas comete un error de método y otro político. Se trata, como hemos dicho, de periodos que transcurrieron en circunstancias nacionales y mundiales muy distintas. Pero sobre todo Salinas se coloca en desventaja al contrastar su gestión con la de su sucesor que tuvo, al menos según el balance que se puede hacer ahora, resultados más favorables.

El jueves pasado, un día después de que apareció el opúsculo de Salinas contra Zedillo, éste era ensalzado en la Conferencia en Monterrey. El presidente en turno de la Asamblea General de Naciones Unidas, el ministro coreano Hang Seung-soo, declaraba su “tributo al Dr. Ernesto Zedillo por las muy valiosas contribuciones que ha formulado como presidente del Panel de Alto Nivel sobre Financiamiento para el Desarrollo”.

La noche siguiente, invitado a la cena de los jefes de Estado que asistieron a Monterrey, Zedillo llegó con discreción. La periodista Patricia Ruiz, en Milenio, relató la actitud del presidente Vicente Fox cuando identificó a su antecesor: “Al verlo el guanajuatense le gritó ‘¡Zedillo!’ y éste se dirigió a saludarlo. Hubo abrazo afectuoso entre ambos…”

Todo parece indicar que el presidente Fox no está dispuesto a atender la sugerencia de Carlos Salinas para convertir a Zedillo en el villano preferido del actual gobierno. Lejos de ello, se reconoce la tarea que después de haber sido presidente ha desempeñado en escenarios internacionales.

Ese reconocimiento no significa complacencia ni impunidad algunas. Si, como se ha dicho en los días recientes, se documentan acciones ilícitas perpetradas por funcionarios del gobierno del entonces presidente Zedillo, tendrán que ser castigadas de acuerdo con la ley. Si Zedillo hubiera cometido alguna falta susceptible de ser legalmente sancionada la acción judicial también tendría que alcanzarlo. De la misma manera es indispensable que cualquier acusación, de cualquier nivel que hagan las autoridades, sea sólidamente sustentada.

Si algo caracterizó a la gestión presidencial de Carlos Salinas de Gortari, más allá de vicisitudes domésticas, fue su capacidad para entender los cambios que el mundo experimentaba en esa época y ubicar a México en ese contexto. Ojalá recupere esa visión precursora y global para que siga contribuyendo a la comprensión de las transformaciones del país y el mundo. Para ello, parece necesario que atienda y resuelva la obsesión que él mismo menciona cuando cita al médico español Gregorio Marañón. El resentimiento es pésimo punto de partida tanto en la práctica como el análisis de la política. El enemigo de Carlos Salinas no es Ernesto Zedillo, sino su propio rechazo a dejar de mirar con rencor al pasado.

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