¿Legalizar las drogas?

La Crónica, 16 de noviembre de 2003

La conversación del procurador Bernardo Bátiz con los periodistas llevaba cerca de 15 minutos. Al salir de una reunión que tuvo con Andrés Manuel López Obrador los reporteros lo habían rodeado de grabadoras y, sin agenda previa, tocaron temas muy variados. Al procurador de Justicia del Distrito Federal le habían preguntado acerca de la opinión del presidente Fox sobre la muerte de la abogada Digna Ochoa, las denuncias contra la empresa Publi XIII, el aniversario del asesinato de la familia Narezo y el aumento de la venta de drogas en Iztapalapa –según las autoridades de esa delegación recientemente los puntos de distribución de estupefacientes se triplicaron–.

   Al hablar de la venta de drogas en Iztapalapa el procurador Bernardo Bátiz Vázquez comentó en que la responsabilidad de perseguir ese delito no es solo de la dependencia a su cargo sino, fundamentalmente, de la Procuraduría General de la República. Los reporteros insistieron, ahora reprochando en busca de una respuesta drástica de ese funcionario:

   “Pregunta: ¿No hay negligencia de la Procuraduría al seguirse incrementando de esta manera? ¿No es urgente el cambio?

   Bátiz: No, no hay negligencia.

   Pregunta: ¿De la Procuraduría General de la República, que no está cumpliendo con su encargo?

    Bátiz: No, pues tienen también carencias de personal, yo creo que sí están trabajando.

   Pregunta: ¿Pero no es preocupante el asunto?

   Bátiz: Pues sí es preocupante, es un problema social muy amplio, no

es sólo de policía, yo creo que la PGR hace su trabajo pero son muchas cosas. Son la escuela, la desorganización familiar, las carencias, son problemas graves, sociales, amplios. No es sólo perseguir. Habría que ver también otros factores”.

  

Comenzar en las prisiones

   Cuidadoso en sus expresiones, Bátiz no se dejaba impacientar. Sin embargo una pregunta menos agresiva pero de más fondo les dio a los reporteros la nota de ese día. Uno de ellos interrogó:

   “Quisiera conocer su opinión. El filósofo español Savater hablaba de la legalización de las drogas. ¿Usted cómo lo considera esto? ¿Positivo, favorable, es de análisis?”.

   La pregunta se refería a la opinión que el domingo pasado reiteró el escritor Fernando Savater después de un desayuno que tuvo con López Obrador. El procurador Bátiz contestó sin pensarlo mucho –o, talvez, como lo había pensado antes, no le costó esfuerzo formular una respuesta enterada y amplia–:

    “Yo creo que podrían irse legalizando paulatinamente, por ejemplo, empezando en los presidios, en las prisiones, que es un lugar donde hay control y tráfico y una verdadera estructura mafiosa alrededor de las drogas. Si se pudiera ahí ir dosificando a los viciosos, la entrega de la droga a partir de las autoridades, es decir, que las autoridades bajo control médico les fueran proporcionando la droga que requieren, cerraríamos ahí una fuente de tráfico muy importante. Y a partir de ahí, de ese ensayo, de esa experiencia, podríamos ir bajando a otros lugares donde se dé la droga gratuitamente”.

   Bátiz añadió: “El problema de la droga es que es muy cara porque es un gran negocio, porque está prohibida y porque hay muchos viciosos. Si a estos se les proporciona la que requieren, junto con un tratamiento, se tendría que abaratar el mercado y tendía que ir bajando el tráfico”.

   Entonces explicó su postura: “Se ha pensado, hemos comentado aquí en gabinete que es posible por ese lado estar buscando caminos. Yo creo que es un problema que tenemos pendiente pero lo vamos a seguir viendo hasta donde se pude resolver por ahí. Yo creo que si hay una buena sustitución de tratamiento, de entrega de la droga controlada con un sistema de salud simultáneo, educación a los jóvenes, se podría reducir sensiblemente o abatir este problema”.

   Una pregunta más, que resultó inaudible para los estenógrafos de la PGJDF, llevó a Bátiz a esta precisión final: “No, es apenas un análisis y una opinión”.

 

López se deslinda

   El interés, más sensacionalista que analítico que desató la posición del procurador Bátiz, inundó la prensa del viernes y todavía ayer se conocían reacciones y puntualizaciones. La más significativa fue la de su jefe inmediato, Andrés Manuel López Obrador, a quien no le hace falta un nuevo tema polémico junto a los diferendos jurídicos y políticos en los que está involucrado.

   Antier López Obrador dijo que su administración carece de una postura definitiva sobre la despenalización del uso de drogas en las cárceles, Más aun, a diferencia de la información que dio el Procurador, el jefe de Gobierno aseguró que en el tema no ha sido analizado en su equipo de trabajo.

   Quizá ellos no lo han discutido pero la despenalización de las drogas es un tema que por lo menos desde hace 10 años se encuentra –aunque marginalmente– en la agenda de los asuntos públicos en México y otros países. En las elecciones federales recientes el partido México Posible propuso despenalizar el uso de la mariguana aunque no hizo de ese tema el centro de su campaña.

   En otros sitios la discusión sobre la pertinencia de quitar prohibiciones para impedir que las drogas sigan siendo el negocio trasnacional y enormemente adinerado que manejan los cárteles que las cultivan y comercializan ha suscitado confrontaciones sociales y políticas. Hoy en día esa pareciera seguir siendo la única posibilidad para derrotar al poder salvaje –como le ha llamado el politólogo Luigi Ferrajoli– que constituye el narcotráfico.

 

Mosaico de posiciones

   Hace ocho años, en junio de 1995, la revista Nexos publicó una encuesta que el periodista Néstor L. Ojeda realizó entre una docena de ciudadanos involucrados en distintas actividades. Escritores, políticos, artistas y periodistas ofrecieron, en sus respuestas, un mosaico de convicciones y dudas acerca de ese tema. A la sencilla pero resbaladiza pregunta ¿legalizar la droga, sí o no?, se ofrecieron respuestas como las que parcialmente transcribimos a continuación, en el orden en que fueron publicadas.

   El escritor José Agustín contestó sin titubear: “Por supuesto que sí, yo creo que se tiene que empezar por despenalizar y finalmente legalizar y reglamentar todo el consumo de drogas. Hay que discernirlas muy bien para ver el campo de acción de cada una de ellas, los efectos que producen y su reacción ante determinados grupos de la sociedad. Pero de entrada sería una medida muy positiva, especialmente porque representaría una lucha muy fuerte contra el narco, pues sacaría de la ilegalidad al tráfico de drogas. Tendería a desmantelarse toda la red de narcotráfico con las implicaciones profundas y monstruosas que tiene en los gobiernos de muchos países”.

   La cantante y actriz Gloria Trevi, que en esa época no imaginaba las vicisitudes que padecería después, tuvo una posición adversa y le dijo al reportero: “No. Si me preguntaras si estoy de acuerdo con la legalización del aborto, te diría que sí, pero en el caso de las drogas estoy completamente en contra porque son terriblemente adictivas. Si quieres fumar cigarros, pues bueno, ya sabes que luego de muchos años te vas a morir de cáncer pulmonar, pero no es lo mismo con las drogas. A la gente le basta probar la droga unas dos que tres veces para volverse adicto. La legalización le daría muchas facilidades a los narcos, y no se vale, porque abusan y obtienen sus ganancias vendiendo a niños y chavos que tienen alrededor una realidad horrible y triste, y que con las drogas buscan escaparse a un mundo mejor y distinto aunque sea falso o sólo una ilusión. Lo que se debe hacer es luchar contra las drogas, pero de verdad, y condenar a todos los que las trafican, aunque estén en el gobierno… legalizar las drogas no, porque con ellas se muere la gente. Hay que estar por la vida. Por eso voten por mí cuando me lance de candidata a la presidencia, ¿no?”.

 

“Es un tema bien difícil”

   Tampoco Jacqueline Peschard, en esa época profesora en El Colegio de México, adivinaba que los siguientes años de si vida los pasaría como consejera en el IFE. Su respuesta fue: “Sí, estoy a favor, pero con condiciones precisas, no puede ser algo que haga sólo un país individualmente, sino que tiene que hacerse a través de un ordenamiento legal preciso, acordado por el conjunto de los países, en este caso, por lo menos de los países de América. Pero lo que me queda claro es que no se puede hacer una legalización unilateral o aislada, ya que no operaría si así fuera. Eso representaría necesariamente un acuerdo entre Estados Unidos y los países productores latinos. Uno de los beneficios que se obtendrían de la legalización sería disminuir el tráfico. Lo que ha hecho la prohibición es abrir márgenes de complicidad y de espacios dentro de los gobiernos que han sido ocupados por los grupos de narcotraficantes… Si no se hace la legalización se corre el peligro de la generación de Estados dentro de Estados”.

   Más escéptica y drástica Teresa Jardí, defensora de Derechos Humanos, declaró a esa encuesta publicada en el número 210 de Nexos: “La lucha contra el narcotráfico está perdida, porque los intereses son grandísimos por la derrama de dinero que significan y porque los gobiernos nunca tuvieron interés en controlar el problema en virtud del dinero que reciben. La guerra contra el narco es una farsa. La única solución es despenalizar el producto, convertirlo en una mercancía sujeta a aranceles y dedicar los recursos a la atención de la adicción, mandando dinero a salud y educación para atender a los adictos adecuadamente y prevenir la adicción. Que la mercancía se sujete a aranceles y se caiga la cantidad de dinero que produce como un producto clandestino. La droga sería un producto que los adictos encontrarían en las farmacias, en lugares sujetos a la reglamentación adecuada para obtenerlo en condiciones de sanidad. Así se acabaría además con la generación de una enorme cantidad de delitos que se dan porque se necesita el dinero para obtener el producto”.

   La actriz y cantante Sasha (que más tarde añadiría el apellido Sokol a su nombre artístico y participaría en campañas para prevenir la drogadicción) tuvo esta postura: “Bueno, de entrada es un tema bien difícil. Igual, no porque se legalizó el alcohol dejaron de haber alcohólicos y aunque se legalice la droga seguiremos habiendo adictos. Pero creo que si se legalizara tendría que ser una cuestión global, porque si no, México sería el antro más grande del mundo. Y no sé si México como país este preparado en el terreno de la educación, en el terreno cultural, para la legalización de las drogas… Probablemente legalizándolas a nivel mundial se evitarían el narcotráfico y el lavado de dinero. El narco no nada más afecta la salud, afecta la economía de los países. Mi respuesta es ‘no sé’. No sé qué sería mejor…”

 

Ley, rock y Apocalipsis

   En esos años Procurador General de la República, Antonio Lozano Gracia respondió: “No estoy de acuerdo pero no tendría que ser, o no es, un no rotundo. Me explico. La legalización de las drogas traería consigo el alto riesgo de degenerar, contaminar y dejar de proteger valores fundamentales para una sociedad, porque una legalización ahora, sin razón, sin medida o proyecto, atacaría a las clases más vulnerables de la sociedad, que en este momento en México son muchas, pero que además en los países productores o consumidores, cada día lo vemos por la estadística, son crecientes… Por ejemplo, Holanda legalizó y no hubo reducción ni de consumo ni de precio. Nos tienen que servir esas experiencias, pero tampoco podemos seguir indefinidamente en una carrera en donde cada vez invertimos más recursos y más esfuerzo humano y no se tiene el resultado deseado o esperado a mayor inversión… Antes de pensar en una legalización tenemos que pensar en otras muchas cosas como, primero, fortalecer los valores y la unidad familiar mediante la educación. Segundo, fortalecer el combate frontal a las drogas…”

   Alejandro Encinas actualmente es secretario de Gobierno en la administración de López Obrador y era secretario de Organización  del PRD cuando, en 1995, ofreció esta opinión: “Estoy en favor de que se legalicen las drogas blandas, no las duras. Es decir, aquellas drogas que no tienen procesamiento químico. Eso ayudaría sin lugar a dudas a evitar el desarrollo de mafias vinculadas con el narcotráfico y a regular —a través de una política de salud pública— su uso”.

   Especialista en asuntos del narcotráfico sobre los que suele escribir en la prensa mexicana, Eduardo Valle Espinosa se mostró partidario de la legalización. Entre otras consideraciones, explicó: “Porque no hay otra manera de, primero, bajar las ganancias de las organizaciones criminales multinacionales. Y segundo, porque es la única forma de que tú como Estado, o como el conjunto de la comunidad internacional, puedas establecer verdaderas políticas de salud preventivas”.

   En cambio Gerónimo Prigione, que era embajador del Vaticano en nuestro país, se objetó: “La droga no se debe legalizar. La droga es un mal y al mal no se le debe combatir con el mal, como lo consigna el Apocalipsis”.

   Un voto por el sí lo manifestó el músico Poncho Figueroa, que era y sigue siendo bajista del grupo de rock Santa Sabina: “Estoy de acuerdo con que se legalicen las drogas. Porque la penalización hoy en día es el pretexto para que la autoridad se yerga sobre la sociedad y trate a los ciudadanos como menores de edad. Por la desinformación que existe, se comete el error de generalizar las drogas. Sabemos que hay drogas duras y blandas. La penalización no ha logrado que se acaben las drogas, ni los drogadictos, ni la producción ni el comercio de las drogas, por lo contrario, ha justificado que por ejemplo se siga produciendo armamento con base en la guerra contra el narco, la poca seguridad ciudadana”.

 

Hay de drogas, a drogas

   Esa encuesta incluyó también la respuesta de este columnista. Allí dijimos, ante la pregunta “¿legalizar la droga, sí o no?”:

   “No sé, no estoy seguro. Una posición liberal, flexible, libertaria, me sugiere casi de una manera espontánea que la legalización sería el mecanismo no sólo para admitir el derecho de los individuos a consumir lo que les dé la gana, sino para de esa manera combatir el negocio de los estupefacientes. De inmediato, vienen a la memoria, y a la imaginación, las escenas del prohibicionismo estadounidense al consumo del alcohol, que dio lugar al surgimiento de poderosas y alcaponescas mafias que medraban fabricando y vendiendo el indispensable producto que, encarecido, se volvía más codiciable. La desprohibición no terminó con las mafias pero las obligó a cambiar de giro. Tampoco aumentó el alcoholismo, pero lo hizo menos punible y, ya sin el halo perverso de la clandestinidad, menos extravagante.

   “Otras experiencias indican que el problema no es tan sencillo. En Holanda, la despenalización al consumo de drogas creó un aparentemente paradisíaco territorio liberado que poco a poco fue confrontándose con la realidad hasta que la posibilidad del consumo sin prohibiciones dejó de ser tan atractiva. Sin embargo ese intento recordó que de nada sirve la liberalización en un país cuando en el entorno existen otras reglas. Es decir, en nuestro caso puede resultar ociosa la discusión sobre despenalización y legalización sólo en México. El problema no es únicamente nuestro. La solución, tampoco.

¿Cuál es el problema? No el consumo sino las poderosas redes de interés que se tejen en torno a la producción y el comercio de un producto que, por ilícito resulta más costoso. Sin embargo, pensar que los carteles y los capos desaparecerían si creamos una Disneylandia del consumo abierto en donde ellos no son necesarios, equivaldría a suponer que ellos y sus intereses existen por la prohibición, y no por el afán de ganancia ilícita y enorme que es lo que realmente los mueve. Por otro lado una cosa sería legalizar el consumo y otra, muy distinta, el comercio de estupefacientes. También hay de drogas a drogas, es preciso esclarecer a cuáles se refiere la pregunta. No es lo mismo (ni en precio, ni en disponibilidad, ni en efectos químicos, ni en capacidad relajante o perturbadora) la mariguana que la cocaína, por ejemplo.

   “El asunto es muchísimo más grande y espinoso que preguntar ¿legalizar, sí o no?, pero si encuestas como éstas sirven para destacar las complejidades del tema estaremos avanzando hacia una discusión enterada y completa. En fin, ¿legalizar sí o no? Yo diría, después de todas las premisas anteriores: depende”.

   Pues sí. El debate no es nuevo. Cada día, cada año que transcurren sin que las naciones resuelvan una política integral para combatirlo, el narcotráfico avanza. El gobierno del DF, temeroso de incurrir en un asunto políticamente incorrecto, querrá desalentar la discusión suscitada por las opiniones del procurador Bátiz. El valor de ese punto de vista, además de la posición enterada de quien lo formuló, radica en la exposición abierta, más allá de prejuicios e intolerancias, de un asunto que a nuestras sociedades les urge resolver.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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2 comentarios en “¿Legalizar las drogas?

  1. ps la vdd ami no me gustaria qe las legalizaran de por si ahorita tanta violencia debido a esto imaginenence cuando las legalizen va a hacer mucho peor asi qe no estoi de acuerdo. Aparte porque,la biblia dice que presentemos nuestro cuerpo limpio santo a dios sin ninguna contaminacion..ok bie

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