¿Menos pobres?

La Crónica, 22 de junio de 2003

El gobierno tuvo demasiada prisa para dar a conocer las nuevas estimaciones sobre la pobreza. Ni siquiera los miembros del Comité Técnico, integrado por especialistas invitados a establecer los parámetros para esas mediciones, sabían que la Secretaría de Desarrollo Social anunciaría esos resultados el miércoles pasado. Varios de ellos han expresado su extrañeza ante tal precipitación.

   Tanta prisa, despierta suspicacias especialmente cuando estamos a dos semanas de las elecciones federales. Quizá la prontitud para anunciar que de acuerdo con las estimaciones oficiales hay menos mexicanos en condiciones de pobreza extrema se debió al entusiasmo del gobierno para compartir con el resto del país una noticia tan estupenda.

   Posiblemente el presidente Vicente Fox y quienes lo acompañaron en esa decisión consideraron que esa noticia contribuiría a impulsar el optimismo nacional que tanto hace falta en las más variadas actividades en todo el país.

   Pero también es factible suponer que la celeridad para anunciar cálculos que unos días antes todavía no estaban listos (de acuerdo con el doctor Rodolfo de la Torre, uno de los miembros del Comité Técnico para la Medición de la Pobreza) pudo haber tenido propósitos políticos. Las elecciones están muy cerca.

 

Incredulidad

   En todo caso todo es política, siempre, en las decisiones del poder. Sorprenderse ante ello no resuelve los dilemas que abre la utilización de logros del Estado como los que podrían existir en el plano de la política social.

   En el campo de las percepciones públicas, que siempre son subjetivas y suelen estar sujetas a vaivenes e influencias muy variados, ha destacado la extendida incredulidad ante las cifras que proporcionó el gobierno.

   Muchos mexicanos, y de ello dan cuenta los recelos manifestados en los medios de comunicación, no creen que la pobreza sea, hoy, menor que hace dos o tres años. Esa sensación no se apoya en instrumentos estadísticos sino en la impresión personal de la gente sobre su propia situación y la de su entorno.

   En el plano del debate político, distintos adversarios y críticos del gobierno han aprovechado esa percepción, aparentemente extendida en la sociedad, para refutar las cifras que ofrecieron el presidente Fox y la secretaria Josefina Vázquez Mota.

   Esa es una confrontación sin remedio posible. Unos, de acuerdo con su sensación personal o la que recogen entre la colectividad, dicen que no hay más pobres. Otros, con datos en la mano, aseguran que la indigencia está disminuyendo.

   Sin solución, ese debate indica que si al proporcionar las cifras sobre pobreza en los meses recientes quería ganar más aceptación social, el gobierno se equivocó. La impugnación retórica y mediática a esos datos parece ser mayor que el rédito que pudieran significar en la imagen del presidente y su administración.

 

Discrepancias

   En otro plano de esta discusión se encuentran los especialistas en temas de política social. Entre ellos, hay quienes rechazan la información del gobierno debido a discrepancias o imprecisiones técnicas. Sin embargo ese es un debate que apenas comienza.

   Los datos recientemente conocidos se originan en dos fuentes. La primera de ellas es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares que el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática levantó en el último trimestre de 2002. Se trata de un enorme ejercicio para medir la situación económica de los mexicanos, que continúa el esfuerzo de encuestas anteriores aunque su metodología no es idéntica a la de otras mediciones.

   A partir de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en hogares, cuyos datos se dieron a conocer el pasado martes 17 de junio, la Secretaría de Desarrollo Social hizo las estimaciones que anunció al día siguiente, miércoles 18.

   Así que la discusión acerca de los rasgos técnicos de la medición de la pobreza tiene que distinguir entre esos dos documentos.

   Una es la información del INEGI, cuya seriedad suele ser reconocida por quienes utilizan estadísticas sobre la situación del país. Otra, es la elaboración que a partir de esos datos hizo la Sedesol.

   Esa elaboración fue realizada, según se ha dicho, a partir de los criterios que estableció el Comité Técnico designado en 2001 para diseñar parámetros confiables en la medición de la pobreza. Hasta ahora los integrantes de ese Comité no han dicho que esos lineamientos no hayan sido utilizados aunque varios de ellos se han declarado sorprendidos por la prisa que había para presentar esos resultados.

  

Transferencias

   Julio Boltvitnik, conocido investigador de la pobreza en México y actualmente candidato a diputado del PRD, señala que la Encuesta del INEGI ha tenido modificaciones sustanciales que hacen difícil su comparación con los anteriores ejercicios de medición ingreso-gasto. Entre los ingresos ese especialista advirtió, por ejemplo, un inexplicado aumento en el rubro de “regalos” que las familias habrían recibido según la encuesta. También ha señalado dificultades para calcular, a partir de esos datos, las dimensiones y variaciones de la pobreza en el país. En un texto publicado el viernes 20 en La Jornada Boltvitnik cuestiona la seriedad de los datos de la Sedesol.

   Otra opinión, también crítica, es la del senador Carlos Rojas Gutiérrez, cuya experiencia en política social es indiscutible y que en un oportuno artículo publicado el jueves en La Crónica dice que los segmentos de menores ingresos en la población mexicana tuvieron un ligero alivio gracias al dinero que algunos de sus familiares les envían desde Estados Unidos. Esas transferencias, dice Rojas, no implican que la situación económica en el país haya mejorado.

   Sin embargo en la información del INEGI el rubro denominado “ingresos provenientes de otros países” representa solamente el 1.33% del total de ingresos de las familias mexicanas y el 2.2% en los ingresos de las familias más pobres.

 

Caída y redistribución

   Acerca de la distribución del ingreso, esta semana se hicieron dos grandes anuncios, sustentados primero en la Encuesta del INEGI y luego en la elaboración de la Sedesol.

   El primero de ellos fue la divulgación de dos grandes tendencias que indica la  Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos.

   De allí resulta que entre 2000 y 2002, los ingresos totales de las familias del país cayeron un 2.6%.

   Ese dato expresa la recesión que ha experimentado al menos parte de la economía mexicana.

   Sin embargo, al examinar la situación en distintos sectores de la población resulta que el segmento de mexicanos que acapara una mayor parte de los recursos tuvo a fines de 2002, una participación menor a la que había tenido dos años antes.

   Y, al contrario, las familias de menores ingresos lograron una mayor tajada de las ganancias y los beneficios obtenidos en conjunto en todos los hogares del país.

   Para poder hacer esas comparaciones al total de familias del país se le divide entre 10. Cada uno de tales segmentos conforma uno de los deciles que se utilizan para estos ejercicios estadísticos.

   El decil de mayores ingresos, que en 2000 había concentrado el 38.7% del ingreso total de las familias mexicanas, recibió dos años después el 35.6%.

   En cambio los mexicanos ubicados en los seis deciles de menores ingresos, que en 2000 recibieron el 25.1%, en 2002 percibieron el 26.8%.

   Dicho de manera más simple: los más ricos son ahora un poco menos ricos. Y los más pobres son ahora un poco menos pobres.

   Esas tendencias serían suficientes para considerar que, aunque de manera muy modesta, existe un cambio en la distribución del ingreso y por lo tanto en la inequidad económica que padece la mayoría de los mexicanos.

   Sin embargo las explicaciones a esa modificación en el reparto del ingreso pueden ser varias. Es posible que para ser un poco menos pobres los más necesitados de la sociedad mexicana hayan tenido que trabajar más. O, como se ha señalado, quizá mejoraron su situación gracias al dinero que les envían familiares en Estados Unidos.

   Sin tomar en cuenta esas y otras posibilidades, el gobierno se apresuró a festejar esa modificación de 1.7 puntos porcentuales como si fuera uno de los resultados de la actual política social.

   Luego, con esos datos, la Sedesol nutrió los parámetros ya establecidos para evaluar la pobreza y concluyó que, en lo que va de la administración actual, 3 millones 400 mil mexicanos han superado las condiciones consideradas como de pobreza alimentaria.

 

Mala señal

   Allí es en donde comienzan las discrepancias. Hará falta que quienes diseñaron la metodología para calcular la pobreza expliquen si sus criterios han sido respetados o no en la evaluación de la Secretaría de Desarrollo Social.

   Pero, más allá de esa discusión y para no quedarnos en espera del dictamen de los expertos, supongamos que esas apreciaciones son correctas y que, en buena hora, la pobreza de los más pobres haya comenzado a disminuir.

   De esa constatación no se concluye, automáticamente, que la situación de los mexicanos haya mejorado gracias a las políticas sociales del gobierno actual.

   Mucho menos puede considerarse que la economía del país esté funcionando menos mal que en el pasado reciente.

   Al contrario: la caída del 2.6% en el ingreso total de las familias mexicanas, si bien constituye un menoscabo antes que nada para quienes tienen más recursos, es un hecho terrible para todo el país.

   Aunque no se trata de un dato sorprendente porque ya se le esperaba, esa disminución en el ingreso de los mexicanos está relacionado tanto con el estancamiento de la economía mundial como con la ausencia de una auténtica estrategia de desarrollo en nuestro país.

   Ese dato confirma advertencias y aprensiones de economistas de distintas posiciones doctrinarias así como de empresarios notables. El país no marcha bien. La economía no solo sigue al garete de las vicisitudes globales sino que nuestro país no hace lo suficiente para paliar tal dependencia.

   La restricción del gasto público, que se traduce en una lamentable ausencia de inversiones, lejos de contribuir a la estabilidad macroeconómica se está constituyendo en uno de los principales factores de estancamiento.  Sin inversión –vale la pena subrayarlo aunque sea tan obvio– no hay producción ni desarrollo. Y sin ellos ninguna política social puede ser exitosa.

 

Mucho optimismo

   Es de justicia admitir que cuando presentó, el miércoles, los resultados de la estimación que sus asesores hicieron a partir de los datos del INEGI, la secretaria Vázquez Mota no propaló el triunfalismo que luego se apoderaría del presidente.

   Luego de recordar que el entorno mundial había sido desfavorable para México, la secretaria de Desarrollo Social consideró que la reducción de la pobreza era un logro de muchos. “Es el resultado de la suma de voluntades y esfuerzos de gobiernos estatales y municipales y del gobierno nacional, del gobierno de la República; es la suma de las decisiones responsables del Poder Legislativo, de las acciones con compromiso social del sector privado y de la creatividad de iniciativas de la sociedad civil organizada”.

   También reconoció que los mexicanos en el extranjero “también han puesto su parte”.

   Otro, fue el tono con que el presidente Fox se ufanó de esa noticia. Habló más de su gobierno que de los pobres.

   Durante varios días, varias veces al día, el presidente de la República celebró el aumento de 1.7% respecto del ingreso nacional, por parte del 60% de las familias del país, como un logro de su administración.

   Ayer en su programa de radio el presidente Fox pareció incorporar una dosis de realismo a ese diagnóstico al decir que es resultado de un esfuerzo más amplio.

   Pero de inmediato se dejó llevar por un optimismo otra vez sin sustento sólido. El presidente dijo que con ese ritmo, en 15 años es posible que los mexicanos “cantemos victoria” en la lucha contra la pobreza.

   ¿Qué proyectos de desarrollo, qué inversiones, con qué monto, con cuáles cifras de empleo, en qué sitios, para cuántos mexicanos, con qué política social, explican ese entusiasmo del presidente?

   Mucho nos tememos –y, sinceramente, nos gustaría equivocarnos– que el presidente Fox no cuenta con datos, ni hechos –y menos aun con proyectos de desarrollo– capaces de respaldar ese optimismo.

 

Otras lecturas

   Las cifras del INEGI permiten constatar que hay alguna movilidad en la distribución del ingreso. Pero sin una verdadera estrategia de desarrollo económico que esté acompañada de una auténtica política social, esos datos que tanto regodeo causan en el gobierno serán solo variaciones momentáneas y no expresión de una tendencia de redistribución de la riqueza.

   Esas cifras, de cualquier manera y más allá del dato que el gobierno ha celebrado con tan intencionado énfasis, también ratifican la profunda desigualdad que tenemos en México.

   A partir de los datos del INEGI se puede apreciar que las familias que constituyen el 10% de las más pobres del país recibe únicamente el 1.59% del total del ingreso nacional.

   En contrapartida, las familias ubicadas en el decil de mayores ingresos concentran el 37% de todo ese ingreso.

   Más aun: ese 10% de hogares más ricos tiene un ingreso superior al que, en conjunto, percibe el 70% de todas las familias.

   2 millones 465 mil familias (el 10% de los 24 millones 650 mil hogares que el INEGI contabilizó el último trimestre del año pasado) reciben 241 mil 423 millones 482 mil pesos.

   Mientras tanto, 17 millones 255 mil familias (el 70% de todos los hogares mexicanos) reciben menos de 231 mil millones de pesos.

 

Inmensa desigualdad

   Entre aquel 10% de las familias con más recursos seguramente hay, a su vez, numerosas disparidades. El promedio de ingreso mensual de esa décima parte de los hogares mexicanos fue de 32 mil 600 pesos. Sería preciso conocer con mayor detalle la composición de dicho segmento para apreciar mejor la concentración extrema de la riqueza.

   Las familias ubicadas en los primeros siete deciles recibieron, en promedio, un ingreso de 4 mil 462 pesos mensuales. Y en el decil de menores recursos el ingreso fue de mil 400 pesos al mes.

   Más allá de la discusión metodológica y a pesar del litigio político acerca del combate a la pobreza, los datos del INEGI muestran la radiografía de un país escindido por sus desigualdades. No hay auténticos motivos para el optimismo.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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