El cielo y la tierra

La Crónica, octubre 15 de 2003

Posiblemente Felipe Calderón nunca pensó que acudiría al edificio del PRI a presenciar una de las disputas ideológicas y políticas más enconadas que se hayan librado dentro de ese partido. Acaso tampoco imaginó que él, forjado en la militancia anti priista que lo llevó a adherirse desde los 18 años al PAN, saldría de esas instalaciones reconociendo la actitud “de madurez, de apertura y de diálogo” que, según dice, ahora muestra el Revolucionario Institucional.

   Dichas al cabo del encuentro que tuvo antier con los dirigentes del PRI, esas palabras del Secretario de Energía fueron expresión de gentileza pero, también, de la casi desesperada preocupación del gobierno para que prospere su iniciativa de reforma eléctrica.

   Solo por esa causa puede suponerse que Calderón haya canjeado su histórico anti priismo por la actitud que lo lleva a reconocer “el contraste de lo que era el PRI en aquel tiempo y lo que es ahora”.   Además de esas declaraciones que aparecen en una nota del periodista Roberto Zamarripa la edición de ayer de Reforma, en información de los reporteros Claudia Guerrero y Benito Jiménez, menciona algunas de las paradójicas circunstancias que pudieron registrarse en el encuentro de Calderón con los priistas.

   El encuentro había comenzado con una explicación que Calderón y dos directivos de la Comisión Federal de Electricidad, hicieron acerca de la situación de esa industria y de la propuesta de reforma legal que impulsa el gobierno. Allí se reiteró la inevitable necesidad de modificar la referencia que nuestra Constitución Política hace a la exclusividad del Estado en el manejo de la electricidad si es que se quiere abrir dicho sector a la inversión privada.

   Algunos priistas han mantenido la ilusión de que tales enmiendas no son indispensables o de que se les puede dar la vuelta. Para la mayoría de los dirigentes de ese partido, más que el destino de la electricidad el tema central es cómo emprender esa operación reformadora sin que les cueste mucho en términos políticos.

   Tocar o no la Constitución y, en ese caso, acatar o no los documentos básicos del PRI según los cuales cualquier reforma constitucional en materia energética que apoyasen sus legisladores tendría que ser aprobada en una asamblea nacional del partido, constituyen las preocupaciones que más inquietan a esos dirigentes.

   No ha existido, ni dentro ni fuera del Revolucionario Institucional, una discusión informada, capaz de trascender los cartabones ideológicos, acerca de los cambios que podría necesitar la industria eléctrica o sobre la pertinencia de mantener intocada la exclusividad del Estado.

   Por eso a Calderón le tocó presenciar un diferendo que los priistas no han podido resolver en sus propias deliberaciones. Mientras varios ellos se mostraban no solo anuentes sino hasta entusiasmados con la propuesta del gobierno, algunos más la rechazaron bruscamente.

   Fue entonces cuando el secretario de Energía dejó a un lado los argumentos técnicos, financieros y jurídicos para tratar de encandilar a los priistas con el tema que más los conmueve. Piensen, les dijo, qué pasará si ustedes ganan la próxima elección presidencial.

   “En la eventualidad de que el PRI regrese en el 2006 a Los Pinos, pues la reforma es una cuestión que a ustedes les interesa para que no les pase lo que nos está pasando a nosotros”.

   Continuó el secretario, de acuerdo con la mencionada versión: “Ahora el PRI está entendiendo. Nosotros estamos viviendo lo que ustedes vivieron y quiero decirles que estar en la oposición es el cielo, pero estar en el gobierno es la tierra”.

   Según esa reconstrucción el primero en contestar fue el senador Manuel Bartlett: “Ahora sí nos vamos entendiendo, Calderón”.

   Así que no son la capacidad  de autosuficiencia, la disponibilidad de fluido, el mantenimiento de las redes o el precio de la electricidad los factores que pueden convencer a muchos priistas. Lo que más entenderán es esa lógica desde el poder que les planteó Calderón y que a ellos, nostálgicos del mando presidencial que perdieron hace tres años, los estremece sobremanera.

   Sin embargo hay premisas que no encajan del todo en el razonamiento de Calderón. Él ahora trabaja en la administración federal pero su partido se mantiene tan distante –y no por respeto, sino por una cada vez más clara incompatibilidad con el presidente– que difícilmente se puede decir que el PAN se encuentra en el gobierno. Y el PRI, más que reconocerse como partido en la oposición, actúa como grupo de presión sin coordenadas claras y supeditado al vaivén de los intereses que se desgarran a su interior.

   Así que ni el partido opositor experimenta una situación tan celestial, ni el gobierno ha demostrado tener los pies en la tierra como pretende el secretario de Energía.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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