Entrevista con Raúl Trejo Delarbre

Entrevista realizada por Víctor Manuel Zepeda, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, el 7 de noviembre de 2003.

 

Entrevista con el Dr. Raúl Trejo Delarbre en el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM.

 

Por: Víctor Manuel Zepeda

 

Víctor Manuel Zepeda (VMZ): Estamos con el doctor Raúl Trejo. ¿Doctor, cuanto tiempo en la academia?

 

Raúl Trejo Delarbre  (RTD): Treinta años, yo empreñé a trabajar como ayudante de profesor en mi facultad de Ciencias Políticas cuando estaba en la licenciatura. Comencé  la licenciatura en 1972 y en enero del 74, con esa fecha, comenzó mi relación laborar con la Universidad. El próximo enero cumpliré 30 años de trabajo en distintos lugares de la Universidad, fundamentalmente en Ciencias Políticas, una breve estancia en Economía y luego este Instituto de Investigaciones Sociales.

 

VMZ: Pasando al tema de la academia, para usted qué ha estado tan cerca de este tema  y laborando desde el lugar donde se escribe: ¿qué es la opinión pública, cómo podríamos definir la opinión pública?

 

RTD: Yo creo que hay que preguntarnos si hay opinión pública. Yo no creo que haya una opinión generalizada y con consenso o extendida en toda la sociedad sobre todos los asuntos. Lo que hay son estados de opinión y hay sectores de la sociedad –y tan heterogénea como la sociedad que tenemos–  en donde hay gente que opina cosas muy distintas con perspectivas muy diferentes. Con esa heterogeneidad se puede evaluar la opinión pública. Hay estados de opinión y sectores de opinión. Pero no creo que podamos hablar de una opinión pública. Hay,  quizás, lo que los españoles con más precisión, han llamado la opinión publicada y a veces en algunos asuntos hay opiniones –que siendo publicadas tanto en la prensa escrita como  en los medios electrónicos– tienden a coincidir y entonces forman estados de opinión. Pero no creo que podamos hablar de una opinión pública porque esto sería tanto como suponer que la sociedad nuestra reacciona igual y piensa igual ante todos los acontecimientos.

 

VMZ: Entonces, matizando el concepto de opinión pública, ¿quienes son, si es que existen, los líderes de opinión; qué hacen?

 

RTD: Yo no sé si haya líderes de opinión y lamento ser tan tentaléate en estas respuestas. Tenemos gente cuya opinión es  capaz de influir pero no son liderazgos éstos ni permanentes si eficaces en todos los casos. Líderes de opinión son por su razón, por la posición que tienen los gobernantes, los dirigentes políticos, los líderes de los partidos, los líderes parlamentarios. Líderes de opinión son, de otra parte,  las personas que tienen alguna posición pública relevante. Aunque nos parezca grabe que lo sean, líderes de opinión son los sacerdotes que están a cargo de responsabilidades notables en las iglesias, especialmente la católica. Con otra calidad y otra manera de influencia, líderes de opinión son los rectores de las universidades,  o los líderes, o los personajes que tienen una presencia académica importante; los escritores también.

 

A veces se considera que son líderes de opinión, pero insisto, lo son de una manera muy circunstancial, efímera y sectorial, aquellos que tienen el privilegio de tener acceso frecuente a los medios de comunicación. Los locutores, muchos de los cuales conducen noticieros. No todos los conductores son sólo locutores, hay conductores que son a su vez periodistas, tienen un liderazgo de opinión que está circunscrito al espacio del medios en dónde están  y a la permanencia en ese medio. Los reporteros a veces tienen capacidad de influir  en los estados de opinión de la sociedad. Los artistas, los personajes de los medios, sea cual se su ubicación específica: cantantes, músicos, payasos, incluso, llegan a tener algún liderazgo en algunos segmentos y momentos de la opinión publicada.

 

VMZ: Entonces, si es efímera esta influencia que ejercen ante la opinión de los demás, que no opinión pública, ¿qué tan determinante es el medio para que los periodistas influyan a los demás, qué tan determinante es el tipo de medio?   

 

RTD: Bueno, mucho. Primero, yo le diría que quizá no, lamentablemente, no basta con tener una opinión inteligente, fundada, resultado de un análisis severo, cuidadoso, para que esa opinión sea capaz de influir en algo. Hay muchas opiniones en la prensa de nuestro país y de todos lados, muy serias, muy sólidas que pasan inadvertidas. Más aún, yo le diría, por desgracia en el contexto de mediocracia  que estamos padeciendo en países como el nuestro, casi siempre las opiniones fundadas, no drásticas, que no apuestan por definiciones maniqueas, que no dicen esto es negro y esto es blanco; que no dicen yo le voy al uno y no al dos, no son éstas las opiniones más exitosas. Las opiniones que influyen más suelen ser aquéllas que se allanan de manera mucho más contundente al maniqueísmo que suele proliferar en nuestra sociedad: por el PAN, por el PRI o por el PRD; por Fox o por Creel; por la señora Sahún o por la señora Gordillo. Están opciones cerradas que nos suelen ofrecer, sobre todo los medios de comunicación son las que concitan mucho más interés. Cuando uno –hablo de mí y de algunos otros– trata de tener una opinión más matizada, tratando  de encontrar los tonos grises y no sólo blancos y negros que tiene la realidad, no suelen ser estas opiniones capaces interesar a la  mayoría y no a unos cuantos.

 

 Bueno, le respondo entonces s su pregunta. Sin lugar a dudas los medios imponen sus formatos, a aquellos que quieren tener alguna presencia o punto de vista en la sociedad en general. La televisión, y con esto le repetiría lugares comunes, es más esquemática, influye mucho más;  tanto la imagen como el contenido, la imagen es parte del contenido. La radio es muy efímera, no deja mucho registro, sino en la memoria auditiva que no suele ser la  que requiera más concentración de la gente…

 

VMZ: ¿a corto plazo?

 

RTD: Más que a corto plazo, a veces la gente entiende lo que quiere. Cuando yo hacía comentarios en la radio, y los hice durante varios años, me encontraba con que me escuchaba mucha más gente de la que yo hubiera esperado aunque yo hablara de una estación de poco  raiting, de todos modos, la oyen miles de personas, pero no siempre escuchaban lo que yo había querido decir. A veces yo criticaba al PRI, y me decía “oye que bueno que bueno que dijiste esas cosas buenas del PRI”. Yo había dicho todo lo contrario, por eso dejé de colaborar en radio, sinceramente. En la prensa los lectores,  poquísimos que puede tener uno,  suelen ser lectores atentos. Cuando un lector se toma el trabajo de adquirir el periódico, de abrirlo, de llegar de la primera página al lugar donde está la columna o texto de opinión de un articulista o columnista; cuando ha trascurrido todo ese proceso y se pone a leer durante varios minutos un texto de opinión está destinándole una atención peculiar que lo obliga entonces a ese lector a tratar de descifrar y compartir, o no, lo puntos de vista del comentarista. Hay mucha más interlocución y más reflexión. Pero para que esto ocurra, se necesita que el lector quiera leer un diario, que escoja el diario donde uno escribe, que pase por la primera plana y en lugar de brincarse a la página deportiva se detenga en la columna de opinión. Llega a muy pocas personas pero llega con un efecto de mucho mayor densidad, de mucho mayor intensidad que el que se tiene en la televisión o en la radio.

 

VMZ: Pocos pero sinceros y con muchos filtros.

 

RTD: Pocos, pero interesados.

 

VMZ: Todos los días estamos viendo una columna de usted en Crónica, ¿Cómo se informa? Se levanta en la mañana, ¿cuántos periódicos lee?, ¿ve televisión? ¿Cómo se informa para poder analizar y dar su pinto de vista de lo que esta pasando en su columna?

 

RTD: Bueno, mi columna, como usted bien lo ha advertido, no es de información. En las columnas políticas mexicanas todavía hay en algunos espacios la costumbre de dar filtraciones; yo no. En primer lugar porque nadie me cuenta chismes, y cuando me los cuentan, jamás los platico en mi columna. Es una columna sustentada en lo que ya se ha publicado o en lo que se puede documentar. Entonces, me levanto y, ya no con tanto gusto como antes sino como una obligación de la que no puedo prescindir, tengo que comenzar a ojear los periódicos. Yo recibo en la casa, no estoy seguro, como siete diarios. Estoy suscrito, desde luego, a Crónica que es el periódico donde yo escribo. También recibo Reforma, El Universal, La Jornada y Milenio. Recibo además una síntesis de prensa que me regala  el Senado de la República. Como ellos reproducen mi columna, creo que lo menos que pueden hacer es enviármela y la cargo todo el día. Recibo el periódico El País que se imprime en México. Los domingos recibo el New York Times  que trato de leer ese mismo día pero no siempre puedo  y a veces lo dejo para otro día de la semana. Compro y estoy suscrito  a muchas revistas. No sé, lo mismo especializadas en comunicación, que es el tema que más  me interesa. Desde luego recibo Nexos, Letras Libres, la revista Etcétera, naturalmente, que me siguen regalando mis amigos que la editan…

 

VMZ: Por algo ha de ser

 

RTD: Bueno porque la fundé yo y por mantener buena amistad. Quiero decir, leo mucho. Tengo poco tiempo y lo deploro mucho para leer todos los libros que yo quisiera. Todo el tiempo acarreo libros, me regalan mucho, no leo tanto como quisiera. Es muy dramático: cuando yo era estudiante no leía más porque no tenía más dinero para comprar más libros y ahora que sí tengo los libros necesarios me falta el tiempo  para ellos.

 

Todo el día escucho la radio, todo el día me conecto a la internet y veo las páginas de los diarios a ver si hay algo nuevo. Durante el día atiendo mis obligaciones académicas: vengo al cubículo, hago mi trabajo académico en la casa doy mis clases. Y en la tarde cuando tengo que hacer mi columna para que aparezca a la mañana siguiente, tengo que preguntarme de qué voy a escribir. Es el momento más angustioso del día, a veces lo resuelvo en un minuto. A veces hay temas que se me imponen  y si se trata de un tema que no conozco tengo que estudiar, tengo que documentarme. Los temas de carácter económico me son especialmente difíciles. Trato de entenderlos y dicen que los explico con naturalidad, quizá porque trato de entenderlos antes. Los de carácter jurídico son enredadísimos para mí. Ahora que ocurrió el litigio en torno al Paraje San Juan, me tardé cuatro horas o cinco tratando de revisar todos los documentos del litigio para hacer una columna de tres cuartillas que creo que expliqué con sencillez los puntos centrales del litigio. A veces no es tan engorroso el asunto, hay temas que me gustan mucho más y que explico con más sencillez. Me nutro entonces, tanto con lo que encuentro en los medios,  como en las lecturas que hago. Y ya que he definido el tema, casi nunca me cuesta más de una hora escribir la columna cuando ya sé qué voy a escribir. El problema no es desahogar un tema, sino llegar a precisarlo.

 

VMZ: Ya me dijo más o menos el cómo. Ahora la pregunta que le hago yo es para qué: ¿Para qué todos los días analizar, para que todos los días emitir un mensaje a un determinado público?

 

RTD: Y eso me lo pregunto yo todos los días, sinceramente. Cada vez, le digo con igual y escéptica sinceridad, encuentro menos respuestas. ¿Para qué? En primer lugar por gusto. Por el gusto de seguir ejerciendo el privilegio de tener acceso a un espacio que, si buen tiene pocos lectores, los tiene de calidad. Yo sé que mi opinión no es tan influyente como otras, no es tan taquillera como otras, no es tan estruendosa ni tan sensacionalista como otras, pero se toma como la de alguien que trata de ser serio con su trabajo. Creo que se le toma con respeto y que es un valor que yo aprecio mucho. Igual que respeto a los actores de la política, aunque los critico mucho, creo que tengo respeto de muchos de ellos y se lee con ese matiz. Para mantener el privilegio de que me sigan leyendo y de seguir opinando  es que sigo escribiendo. Pero muchas veces me pregunto si vale la pena.

 

Yo nunca me pregunto, nunca me planteo –y cuando lo hago trato de borrármelo de la cabeza– quienes van a leer mi columna. Sin duda hay veces que yo estoy seguro: “esta columna la va a leer el presidente del IFE porque acabo de develar cuál era su trayectoria, o esta columna”… antes pensaba que la leía el presidente de la República y me constaba que lo hacía en gestiones anteriores, ahora dice el presidente que no lee la prensa, me ahorra la posibilidad de especular al respecto. Sé que sí la leen en su oficina  en algunas ocasiones. A veces sé que me lee el rector, que me leen mis colegas, no tanto aquí en la academia sino en otras publicaciones. Pero si yo me planteara quiénes van a leer exactamente cada texto  empezaría a incurrir en un vicio que es muy fácil cuando uno escribe este tipo de materiales periodísticos, que es escribir dedicando o pensando, o mandando recadaos y trato de no hacerlo. Pienso en un lector sin rostro ni apellido, pienso en un lector serio, pienso en un lector que me va a tomar en serio y que me va, lo mismo a decir que comparte o no su opinión, que a señalar errores. Entonces, trato de hacer una columna tratando de no equivocarme en los datos, ni en la ortografía, ni en la sintaxis. No siempre lo consigo y a veces yo mismo advierto en qué me he equivocado. Pero bueno, usted me dijo para qué. Por gusto, por vocación. Yo soy profesor, soy investigador, pero también soy periodista. Lo he sido siempre y con mucho orgullo. Y como no ejerzo el periodismo de redacción para el que no tengo aptitudes, nunca las procuré desarrollar y nunca he sido reportero, supongo que nunca lo seré. Soy periodista de opinión. Lo hago por todo esto y en alguna medida también en parte porque vivo en parte de ello…Todo el tiempo pienso también que eso se puede terminar en cualquier momento, la permanencia en un medio de comunicación no depende tanto del colaborador sino del propietario o el director del medio. Yo estoy en un medio en la Ciudad de México que tiene opiniones  y posiciones editoriales peculiares que no comparto todo el tiempo. Y a veces pienso que alguno de mis artículos puede ser el último y, con ese riesgo que asumo conscientemente, es que escribo. Mi columna se publica en la Ciudad de México en La Crónica y como en ocho o siete diarios de los estados. El hecho de que se publique en otros sitios me da una suerte de autonomía adicional. Mi columna hoy podría dejar de aparecer en alguno de esos diarios, incluyendo el de la Ciudad de México, y yo podría seguir escribiendo para todos los demás. De hecho ocurrió hace dos años y pico, yo dejé de escribir en La Crónica durante algunas semanas.

 

VMZ: Yo lo que he podido percibir en su columna es… bueno, hablar de objetividad siempre es complicado, pero hablar de lo mayor imparcial posible, creo que es más concreto ¿No ha tenido problemas con las personas a las que a veces usted les está diciendo que andan mal;  algún actor político que le haya dicho “oye, tranquilo, no me estés aventando tantas pedradas”?, ¿ha tenido ese tipo de problema?

 

RTD: Sí. Cuando el reclamo es directo, es mucho más manejable. Incluso uno puede reconocer que fue injusto, que se equivocó, yo lo he hecho cuando he reconocido que así ha sido. El problema es cuando los reclamos no son directos y hay presiones que a veces ignoro, sinceramente. Yo no sé en que medida una crítica mía a un gobernador le limita  a mi periódico la posibilidad de conseguir publicidad de ese gobierno, no lo sé, no me lo dicen. El director de mi diario tiene el tiento de no presionarme con eso, aunque sé que son presiones, como yo he estado a cargo de medios también, son presiones reales.

 

Sí, en los años más recientes he tenido presiones pequeñas, qué sé yo, a veces algún diputado que se ha inconformado con un punto de vista, o algún dirigente del PRI me ha llamado. Por ejemplo, he defendido mucho la gestión de mi colega y queridísimo amigo  José Woldenberg, consejero presidente del IFE, de los ataques del PRI. Tengo una biografía un tanto paralela a la suya hasta que él decidió irse a las tareas de dirección electorales. Crecimos juntos en la facultad, escribimos juntos, empezamos a escribir juntos en la prensa. En Uno más uno compartíamos el mismo  espacio, él un día a la semana y yo otro; hasta que nos dieron un espacio a cada quien. Lo menciono eso porque tenemos tanta cercanía que cuando lo criticaron los dirigentes del PRI recientemente, era evidente que yo tenía una dosis de emotividad adicional a la que tengo en cualquier otro asunto y esto no lo oculté. Me habló el señor Yunes del PRI, muy agresivo para decirme que por qué cuestionaba a su partido y a él. Y él no sabía de esa cercanía. Me dice “es que yo le voy a explicar, señor Trejo quién es Woldenberg”. “A ver, explíqueme”. “¡Woldenberg va  a Los Pinos!”. “Y qué usted también, Madrazo también”.  Los argumentos que me daba eran tan infantiles que yo acabé regañándolo porque, por lo visto,  no sabía todo el derecho constitucional que debería saber. Le dije “Oiga, y a lo mejor yo sé más y es una vergüenza”.

 

Hablamos cuarenta minutos por teléfono y creo que el señor se dio cuenta de que no me iba a presionar ni a persuadir. Dentro de toda su ordinariez le agradezco a ese personaje que me haya hablado, que se haya tomado el trabajo de decirme “oiga, esto opino; no estoy de acuerdo, no me convenció”. A veces sí aprecio una rectificación a tiempo.

 

Fuera de eso le podría contar anécdotas de otros momentos en donde sufrí censuras; nunca persecución alguna, no puedo presumir de eso. En algún momento tuve que traer una escolta policíaca por alguna amenaza, hace muchos años. Pero son incidentes que no han sido relevantes, sinceramente. Ni me han quitado el sueño, porque yo creo que cuando alguien quiere presionar drásticamente lo hace en lugar de estar mandando amenazas.

 

Yo una vez escribí en el periódico Excelsior mi columna, que era sólo semanal en ese momento, y llegó a ocurrir que me enteré de que al director de Comunicación Social de la Presidencia  no le gustaba el contenido de mi columna antes de que se hubiera publicado. Carlos Salomón se llama, ahora es funcionario en una cadena de periódicos. Cuando yo entendí que el señor Salomón había recibido mi columna antes de que saliera publicada  entendí que el diario sería presionado para que no apareciera. En efecto, no apareció. Yo simplemente renuncié al periódico. Yo no tenía reclamos contra Salomón, aunque hablé con el Presidente diciéndole lo que había ocurrido. El doctor Zedillo no quiso creerlo aunque tiempo después, seguramente por otras causas, removió a Salomón de la responsabilidad que tenía. Mi reclamo era con el periódico. Cuando yo acepto, o cuando una casa editorial acepta publicar mis textos, el trato es entre ellos y yo. Si el gobierno los presiona o si me presiona a mí es asunto de cada una de las partes. Si un día me despiden del diario en donde escribo, mi pleito será con ese diario, no con el empresario o con el político que los hubiera presionado.

 

VMZ. Platicar con usted es platicar de…

 

RTD. …quizá me estoy extendiendo mucho…

 

VMZ. …No, me interesa mucho para el trabajo que estamos haciendo y creo que a mucha gente le interesa qué hay detrás de un columnista, porque uno puede ve nada más la página publicada pero no sabe todo lo que se tuvo que sortear para estar ahí publicando ese mensaje.

 

Bueno, usted me dice que no se puede hablar de líderes de opinión como tal. Sin embargo yo estuve haciendo una encuesta informal con algunos periodistas y con algunos reporteros. Yo les preguntaba acerca de quiénes eran para ellos líderes de opinión, de quiénes se valían para entender lo que estaba pasando, a quienes le confiaban esa responsabilidad de que les dijera, a través de un análisis, qué estaba pasando en el país. Muchos de ellos me dijeron, “el Doctor Trejo; es un excelente periodista, un excelente académico”.Y fueron bastantes, aunque usted no cree mucho en los líderes, sobre todo desde el lado académico, hay muchas personas y, le digo, muchos periodistas,  entre ellos estudiantes de comunicación, que sí lo tienen a usted como su líder de opinión…

 

RTD. Yo le agradezco mucho y me compromete más que algunos colegas piensen eso. Yo sé que hay gente que me lee con respeto aunque no estén de acuerdo, eso lo aprecio. Trato de hacer bien mi trabajo para estar a la altura de esas expectativas.

 

VMZ. Le pregunto ahora: ¿Desde su punto de vista, en México cuáles son los periodistas (articulistas, columnistas) que más influyen en la vida política del país?

 

TRD. Mire, hoy en día no lo sé. Desde luego, sé que lo que algunos escribimos tiene alguna consecuencia. Hay autores mucho más leídos que yo. Sin lugar a dudas, Miguel Ángel Granados Chapa, en primer lugar. Él sigue teniendo un enorme respeto aunque mucha gente discrepa de lo que él dice, tiene una seriedad a toda prueba. Jorge Fernández Menéndez, con otro sesgo, es de los columnistas que tengo que leer antes de salir de la casa o venir  leyendo… hay un trabajo y una solidez investigativa, sobre todo en el caso de Jorge que hay que tomar en cuenta.  

Ellos dos, para no hablar no hablar de otros casos. Qué tanto influyen en el poder político, no sé. A veces, ellos son eco de presiones del poder político que en buena lid aceptan publicar. Miguel Ángel con una posición muy cercana al PRD; no incondicional, para nada; Jorge con una posición más cercana a sectores del PAN o sectores del PRI.

 

En otras épocas podría haber reconocido que sí hay autores que influyen en decisiones políticas; hoy en día no sé. Tenemos una clase política tan poco letrada, por decirlo de manera elegante… No creo que no lean nada, no es que no lean, es que hay una decisión política expresa  para congraciarse con la televisión. Y toman en cuenta lo que se dice en la prensa porque hay una influencia de la presa sobre la televisión sino creo que no estarían muy preocupadas en la actual administración de lo que se publique en la prensa.

 

Lo que sí hay, yo creo, es –en el poder político en todos sus segmentos, el PAN, el PRI, etcétera– el reconocimiento  a estados de ánimo o a coincidencias significativas en los medios y cuando la opinión publicada en los medios, coincide en algún asunto, entonces se reconoce  a este asunto como digno de atención: los mismo cuando muchos coincidimos en criticar el abuso de Televisión Azteca cuando ocupó violentamente las instalaciones del Chiquihuite, que en considerar que  hubo una actitud desafortunada en el nombramiento de los consejeros del IFE, le hablo de circunstancias muy distintas. Cuando existe tal coincidencia, creo que sí hay una reacción del poder político. En otros casos es más difícil que esto ocurra.

 

VMZ. Hay una pregunta que me interesa que conteste. Sobre todo por su perfil académico y porque es, y ha sido, profesor de la Facultad. Hay, habemos, cientos de personas en la Facultad de Ciencias Políticas preparándonos. Algunas con la idea y el perfil de ser periodistas y de influir en lo que se llama opinión pública. ¿Cuál es el consejo para las personas que quieren se articulistas- investigadores como usted? ¿Cuál debe ser su preparación?

 

RTD. Bueno, uno es el oficio de periodista más en la búsqueda de las noticias y otro es el de articulista; son muy diferentes. A veces se transita de uno a otro. Hay excelentes articulistas y columnistas que fueron reporteros mucho tiempo. Pero desde mi experiencia personal, ¿qué consejo? No sé. En primer lugar creo que habría que tener paciencia, perseverancia y hacer lo posible por tener mucho los pies en la tierra. Yo creo que es legítima la aspiración para ganar notoriedad pública a partir de la exposición en los medios. A mucha gente –le digo, honestamente, que a mí no es algo que me inquiete hoy en día, quizá me ocurrió hace muchos años— le encanta ver su nombre en letras de molde, o su imagen en la televisión, o ser  escuchada en la radio por la idea mítica –que uno comprueba con el tiempo que es  más mítica que fundada en la realidad— de que uno está influyendo mucho en otros. Creo que la influencia se logra, si es que existe, con la constancia a lo largo de mucho tiempo y de repetir mucho a veces (y a veces es muy aburrido también) las mismas ideas: que hay que tener democracia, sí; pero de qué tipo, con argumentos, con qué acotamientos, en fin. Yo recomendaría mucho eso: paciencia, perseverancia y modestia, si es que esto es posible en los medios. Uno está muy dispuesto a no tenerla y uno llega a creer que lo que uno dice es muy contundente, que todo mundo lo lee o lo escucha, lo mira y lo atiende, y no es cierto.

 

En segundo lugar habría que tener idea clara de qué se quiere hacer. Hay muchos colegas que quieren tener un espacio de opinión en los medios para promoverse ellos mismos, para ser luego candidatos o consejeros electorales, o funcionarios  académicos, no sé. Cada vez más se puede demostrar que la exposición en los medios no es el camino pertinente para lograr posiciones políticas o de representación. Hay otros caminos más fáciles.  Si alguien quiere ser articulista porque quiere ser delegado de Azcapotzalco pues yo le diría que mejor se vaya a hacer proselitismo a la delegación, es más eficaz. Si uno quiere tener presencia como comentarista en los medios por el solo hecho de contribuir con su opinión a documentar, a airear, a propagar puntos de vista, creo que entonces se está en el camino adecuado. Por lo menos en el camino para no tener tantos desengaños. Qué recomendaría yo, pues desde luego tratar de buscar acceso a algún medio, pero esto no se da de la noche a la mañana. Tratar de escribir, tratar de fundar su opinión, tratar de estudiar, tratar de leer la prensa y, sobre todo, antes que nada, yo recomendaría leer. Leer mucho, leer de todo. Leer lo mismo novelas que análisis políticos; leer lo mismo en la prensa que en la internet. Asomarse a los libros, no tenerle miedo a los libros… leer libros que parecen densos, que si se asoma uno con cuidado a ellos no lo son tanto.

 

Yo me he encontrado, y eso es lo que les quería decir, cuando he tenido oportunidad de dar clases en la Facultad –que no siempre puedo, creo  hay demasiados profesores y no siempre me invitan y me cuesta mucho trabajo dar clases en mi Facultad–. Cuando he tenido alumnos, sobre todo en los últimos semestres, me he encontrado con grupos enteros que en los cuales hay muchos compañeros estudiantes que jamás en su vida han leído un libro completo; muchos. Han leído fragmentos de libros, han leído fotocopias, pero un libro completo, de la primera a la última página, nunca han tenido la experiencia de hacerlo. En primer lugar por culpa nuestra, de los profesores y de sus papás, de los papás de los alumnos que no les enseñan esta disciplina. Hay que leer, hay que asomarse, hay que arriesgarse, incluso a invertir tiempo, a la aventura y al aprendizaje que implica recorrer, entender, decodificar –como se dice ahora—, compartir el razonamiento de un autor a lo largo de una obra literaria o ensayística completa. Esa sería mi recomendación, pero les diré también, que salvo excepciones, el de comentarista en los medios es un mal negocio. Casi nadie vive sólo de eso ni sólo para eso. Entonces, hay que tener en cuenta que casi toda la gente que hace comentario, sobre todo político en los medios mexicanos, lo hace como manera complementaria a otras ocupaciones: la academia, la política, la consultoría profesional, hay muchas opciones. Si usted revisa qué más hacen los que escriben en la prensa, incluso los que escribimos de manera diaria, todos tienen otro tipo de ocupaciones.    

 

VMZ. Pues qué más, agradecerle su tiempo, es valiosísimo. Y felicitarlo por la dedicación; creo es la palabra: dedicación. Diario esta dándonos su opinión de lo que está pasando y es muy valiosa para nosotros.

 

RTD. Pues es mi trabajo, tengo el privilegio de tener un trabajo aquí y el que  hago en el periódico, que hago con gusto. Y creo que vale la pena seguirlo haciendo.

 

VMZ. Muchísimas gracias.

 

RTD. Gracias a usted.

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