José Woldenberg

La Crónica, 31 de octubre de 2003

Desde hace varios años José Woldenberg tenía contados cuántos meses y cuántos días faltaban para llegar a este 31 de octubre de 2003. No era que su trabajo no le gustase –de otra manera no habría invertido en él la pasión vital y la intensidad profesional que el país le aplaude hoy– sino que conocía como nadie las limitaciones que, como toda responsabilidad trascendente, imponía la presidencia del IFE.

   En varias ocasiones lo explicó con una figura futbolera. Después de haber participado en los esfuerzos para crear una izquierda razonable y respetable y de escribir centenares de cuartillas acerca de las angustias de la política mexicana, ahora tendría que fungir como árbitro de la disputa por el poder. Ya no sería jugador ni espectador. 

   La metáfora mejoró a la realidad. A diferencia del balompié, el árbitro termina el largo partido en medio de las ovaciones de jugadores y el respetable. El desde mañana ex presidente del IFE comenzará a recuperar las libertades que no se podía tomar en ejercicio de esa responsabilidad. Podrá opinar con holgura, como hizo en la prensa durante 17 años. Podrá desplegar la vocación por la investigación y la escritura de las cuales surgieron media docena de libros antes de su incorporación a la presidencia del Instituto Electoral.

   Esa trayectoria está definida por una esmerada búsqueda de los resortes que mueven a la política y de los elementos que pueden dotarla de racionalidad. Su tesis de licenciatura, que hizo con Mario Huacuja y que sería publicada con el título Estado y lucha política en el México actual describió, no sin una prescindible rigidez conceptual, al país que gobernó Luis Echeverría. Luego se metió a estudiar la formación de agrupaciones gremiales en el último cuarto del siglo XIX. Su ensayo sobre la Sociedad de Socorros Mutuos de Impresores (en el libro Antecedentes del sindicalismo) es de una minuciosidad que solo pudo ser resultado del entusiasmo por sus hallazgos hemerográficos. Los tres años del Sindicato del Personal Académico de la UNAM de cuyo comité ejecutivo formó parte, le dieron tema para escribir cerca de mil 500 cuartillas compiladas en la Historia documental del SPAUNAM.

   Cuando se involucró en la formación del PSUM, de donde pasaría al PMS y al PRD, los temas de los que escribía estaban más claramente ceñidos por la política. En ese periplo fue definitoria la investigación que hizo, hacia 1990, acerca de la idea de democracia en el Congreso Constituyente de 1916-1917. Le interesaba identificar cómo surgió el entramado de instituciones destinadas a encauzar la política en este país. No imaginó que acabaría encabezando a una de las más importantes. Un resultado de esa indagación apareció en el libro México a fines de siglo que coordinó junto con José Joaquín Blanco.

   El resto de su obra es más conocido. En Memoria de la izquierda reseña parte de la trayectoria personal y colectiva que lo llevó de las lides sindicales a la andanzas partidarias. Concebido como un relato por entregas que abarcaría desde sus militancias en los tempranos setenta hasta comienzos de los noventa cuando abandona el PRD, ese ejercicio de recordación quedó interrumpido al ser designado presidente del IFE. “La cálida memoria tendrá que esperar mientras me sumerjo a las aguas frías del presente”, dijo en la última de esas colaboraciones. Al iniciarlas había escrito que ese recorrido por su biografía y la de una parte de su generación, “me lo debo y a lo mejor se lo debo a alguien más”. Ya no tendrá pretexto para seguir saldando esa deuda.

   Ahora tiene más cosas que relatar. Tal vez quiera narrar la experiencia lograda desde que en mayo de 1994 fue designado consejero ciudadano,  pasando por sus siete años al frente del IFE. A ese libro le podría titular Memoria de la democracia.

   Muchos comentaristas han destacado en estos días la tolerancia admirable, el raciocinio contundente, las convicciones sólidas, la institucionalidad a toda prueba y la entereza franciscana que Woldenberg supo mantener durante estos años. Algunos le han dicho adiós, como si su salida del IFE nos fuera a privar de su presencia pública.

   Aquí, al contrario, quiero congratularme por la exitosa reincorporación de Pepe a la vida no institucional. No se le puede dar la bienvenida porque durante su gestión en el IFE jamás dejó de tener los pies en la tierra. A veces incluso, era demasiado heterodoxo para la institucionalidad que tenía que representar. La corbata desaliñada, los sacos demodé, el puro indispensable, han sido rasgos de una personalidad que no cedió en forma ni en fondo a las tortuosidades del mundo político cuyas contiendas le tocó arbitrar.

   A partir de hoy Pepe dejará de contar los días faltan para dejar el IFE. Él sabe que sus amigos estamos profundamente orgullosos por la manera franca, inteligente y fructífera con que cumplió esa responsabilidad. Aquí simplemente lo quiero repetir porque es justo decirlo y por el gusto de decirlo aquí.

Correo electrónico: rtrejod@infosel.net.mx

Página web: http://raultrejo.tripod.com/

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